"She returned, babies..."


Disclaimer Applied.

Advertencias: Universo alterno, Out of Character, violencia.

Espero disfruten la lectura. :)


Capítulo 2

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Dєspєяαтισ


«El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal.»

- Aristóteles.


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Sakura sabía que había diferentes clases de miedos, porque ya había experimentado varios de ellos y presenciado otros tantos. Incluso podía clasificarlos entre los racionales y los imaginarios, pues recordaba haberlos estudiado en clase de neurología. También estaba consciente de que el miedo era sólo un mecanismo de preservación activado por medio de la amígdala que estaba situada en el lóbulo temporal. Sin embargo nada de sus conocimientos previos la ayudaron para sobreponerse al pánico que sintió comprimir su pecho cuando una mano desconocida le cubrió la boca y apretó la punta de un arma contra su sien.

El tiempo parecía haberse detenido, pero al mismo tiempo, todo pasaba muy rápido. Manos sujetando su cuerpo. Palabras vulgares. Hombres sin rostro empujándola fuera de su auto. Su mente no iba acorde a su cuerpo sin embargo hacia movimientos erráticos en un intento inconsciente por escapar del frenético agarre que la apresaba.

Supuso, en medio de su letargo, que les pareció que causaba menos problemas si la mantenían quieta puesto que el hedor dulzón del cloroformo hizo efecto tan pronto lo inhaló y su cuerpo se desplomó bajo su propio peso.


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Sasuke estaba asustado. Obviamente no lo reconocería ni siquiera para sí mismo, mucho menos daría muestras de ello, pero lo estaba. Sabía desde el principio cual era su objetivo y aunque no estaba de acuerdo con ello era consciente que lo tenía que llevar a cabo de todas formas. Sin embargo, hablar de secuestrar a una persona a hacerlo en verdad había una gran tramo para el cual él no se había preparado. Por lo que ahora tener entre sus brazos el cuerpo inerte de la mujer a la cual acababan de bajar de su auto a punta de pistola le hacía temblar la quijada.

Dejó que Deidara, el chico rubio con un parche en el ojo, tomara las llaves del coche robado para conducirlo y subió a la camioneta negra donde lo esperaban un hombre de piel azulada y dientes filosos, de quien no recordaba su nombre, y su hermano, Itachi. Depositó a la mujer entre ambos mientras el automóvil avanzaba con un rechinido agudo, a toda velocidad. Itachi asintió con la cabeza cuando Sasuke lo miró expectante, como si esperara su aprobación, y notó como los músculos de sus hombros se relajaron casi imperceptiblemente.

Siendo Sasuke su hermano menor, Itachi tenía la necesidad de cuidarlo, aunque él se resistiera; él era el único que lo conocía bien y casi podía adivinar cómo se sentía. Lo cual era realmente difícil, pues, Sasuke nunca supo exteriorizar bien ninguna emoción, incluso cuando pequeños. Y empeoró desde la muerte de sus padres, cuando tenía dieciséis. Se volvió taciturno y más callado, si es que era posible e Itachi encontró un reto comunicarse con él. Sin embargo con el paso de los años aprendió a leer su limitado lenguaje corporal y ahora mismo podía advertir su nerviosismo en el apretón constante de su mandíbula.

—Fue rápido, lo hiciste bastante bien —murmuró Itachi—, para ser tu primera vez.

—Lo sé.

—Pero será la última. No me agrada envolverte en el trabajo sucio —, dio una rápida mirada al cuerpo inmóvil entre los dos —Esto es diferente a la droga, porque cuando vendes droga no la haces daño a nadie, sólo le das las herramientas a quien quiere joderse con sus propias manos. Esto va más allá.

Sasuke miró a su hermano, frunciendo el ceño —, siendo parte de los Yakuza, me parece idiota tener miramientos en cuanto a hacerle daño a los demás.

—Sabes que ese no es mi punto, no quiero que te involucres demasiado en todo esto, porque es temporal, recuerda los ideales de nuestro padre.

—Esos ideales lo mataron —dijo Sasuke con acritud—, y es por papá que lo hago.

—Simplemente mantén el perfil bajo— Itachi lo observó con serena severidad, —No seas testarudo.

Sasuke soltó un bufido.


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Cuando se sabe que un ser querido está en peligro, el primer pensamiento, guiado por el instinto de sobrevivencia, es la negación. Exactamente lo que estaba experimentado Naruto. Se negaba a creer que Sakura estuviera en peligro. Apenas por la mañana que la había visto al despertar, acurrucada en su pecho. Sólo habían pasado seis horas de estar separados, por lo que le parecía inverosímil que ahora su vida corriera peligro. No. Simplemente no era posible.

Con manos sudorosas volvió a marcar el último número registrado, esperando oír la agradable voz de su prometida del otro lado, sin embargo, el único que respondió fue el buzón de voz automático. Dos. Tres. Cuatro. No importaba cuantas veces marcara, ella no atendía. Se dejó caer sobre la silla giratoria, con una mano en la cabeza y la otra apretando el teléfono sobre su pecho. No podía pensar con claridad, ni moverse, sólo estar ahí, con el cuerpo rígido esperando a que alguien le dijera que era una broma de muy mal gusto. En medio de su sopor pudo vislumbrar a su asistente entrar en la habitación con algo en las manos.

—Uhm, traigo el analgésico que me pidió, pero no pude conseguir ramen a ésta hora de la mañana— murmuró entre sonrisas la sonrojada chica, extendiéndole un sobre de pastillas y un vaso con agua —, sin embargo le he mandado traer un emparedado de carne y….

—Hinata, llama al hospital— la interrumpió Naruto sin mirarla, tratando de disimular el nudo en su garganta—, Necesito hablar con Sakura. Es urgente.

La chica salió presurosa de la oficina, contrariada por la actitud tajante de su jefe, y se dirigió al teléfono sobre su escritorio. Naruto podía ver sus movimientos desde donde estaba sentado, pero no registraba realmente la actividad. A pesar de que comprendía que era inútil llamar a nadie, una parte de él creía inocentemente que tal vez ella se encontraba ahí. Pero no se mostró sorprendido cuando Hinata sólo confirmó lo que ya sabía; ese día no se había presentado a trabajar.

—¿Algo anda mal?— preguntó Hinata al regresar a su lado, percibiendo la inusual palidez en su rostro.

Naruto mordió con fuerza su labio. No sabía de qué manera decirlo. No sabía incluso si creerlo, pero de ser cierto, debía actuar rápido.

—Secuestraron a Sakura.

La reacción de horror no se hizo esperar. Los ojos de la joven se llenaron de lágrimas y sus trémulas manos ahogaron un sollozo de incredulidad.

—¡De-debemos llamar a la policía!

Él la miró como si esa idea fuese inverosímil —¡No! No… — se levantó, con el pánico latente en su expresión. Sabía que no estaba pensando con claridad y que cada segundo que tardaba al tomar una decisión podía ser crucial para Sakura; necesitaba alguien que fuese de ayuda —Iré por Shikamaru.


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La casa de seguridad en donde mantenían ocultos a los rehenes se encontraba a las afueras de la ciudad, escondida entre los límites del monte Fuji y el bosque Aokigahara, a varios kilómetros lejos de la gran urbe. Había sido edificada específicamente en esa zona, pues gracias a la oleada de suicidios producidos dentro del bosque durante los últimos años así como las innumerables leyendas sobre las maldiciones que lo rodeaban era un lugar inhabitable y poco concurrido; perfecto para poder llevar sus negocios sin interferencias.

Sasuke miró con interés la intrincada ruta que debían seguir para llegar al lugar, al ser la primera vez que la visitaba. Eran pocos los miembros que conocían el lugar, para evitar soplones y riesgos de ser descubierta. Después de dos horas de viaje, tiempo que aprovechó Itachi para maniatar a la chica de cabello rosa, llegaron por fin. La casa de tres pisos, amplia a simple vista tenía una fachada rústica de piedra que se perdía fácilmente con la vegetación. No había ningún tipo de iluminación por fuera, sin embargo, Sasuke vislumbro a dos francotiradores parcialmente ocultos en la azotea que supuso vigilaban las veinticuatro horas al día.

Una puerta basculante situada a un costado no tardó en elevarse para darles paso al garaje y ambos coches descendieron por una rampa hasta un piso subterráneo donde había más autos almacenados. Sasuke no pudo evitar sentir asombro por el orden y disciplina que parecía reinar en el lugar, como si lo que hiciesen no fuese ilegal.

Itachi tomó el cuerpo aún inerte de la mujer entre sus brazos y se adentró al lugar seguido por su silencioso hermano. El efecto del cloroformo sólo duraba quince minutos pero durante el trayecto él mismo se había encargado de inyectarle una pequeña dosis de propofol para facilitar su traslado. Después de algunos años de práctica había aprendido que esa la manera menos violenta de lidiar con los rehenes. Tras de ellos conversaban animosamente Kisame y Deidara, quien jugueteaba con las llaves del coche.

El primer piso constaba de una sala de estar a manera de obertura hacia una vistosa escalera imperial. Contrario a lo que esperaba Sasuke la decoración no era nada modesta. Totalmente opuesto a su ordinario exterior, de las paredes blancas colgaban paisajes al óleo y algunos pergaminos enmarcados donde las pulcras pinceladas mostraban su antigüedad. En el rellano de la escalera pudo apreciar una vitrina plana donde se exhibían katanas de diferente calibre y por los escalones caía elegante una alfombra color vino hasta desembocar a la entrada principal.

—Madara es muy quisquilloso con su lugar de trabajo— Dijo Itachi al percatarse como devoraba el lugar con la mirada —, aquí es donde pasa la mayor parte del tiempo. Los cuartos de seguridad están en el segundo y tercer piso, pero como puedes imaginar son una historia diferente.

Sasuke asintió con un movimiento de cabeza y con las manos en los bolsillos le siguió a una puerta de doble hoja, la cual era custodiada por dos hombres robustos que parecían conocer muy bien a Itachi, pues le permitieron la entrada sin preámbulos. Dentro del lugar había varios hombres que guardaron silencio al verlos llegar.

—Itachi— dijo con calma una voz ronca desde detrás del escritorio —, Los estaba esperando.

Tenía algunos años que Sasuke no veía al hermano de su padre. Por alguna razón Itachi le había mantenido lejos de él todo ese tiempo, pero al cumplir él la mayoría de edad decidió, contra la voluntad de su hermano, entrar al mundo de los Yakuza y eso conllevaba por obviedad tratar con el jefe, su tío. Nunca había tenido una relación estrecha con él y habían sido pocas las veces que se vieron mientras su padres vivían por lo que no recordaba con exactitud su rostro, pero ahora que lo veía frente a él sintió que era más viejo que cualquier recuerdo que albergara su mente. El largo cabello salpicado con canas caía ligero a los costados de una cara llena de surcos y arrugas. Su semblante era tranquilo, casi amable.

—Sasuke— Madara se levantó y caminó hacia él, aún con su edad era robusto y le sacaba una cabeza de altura a Sasuke. Puso una mano sobre su hombro, sonriendo con sobriedad —, me alegra ver que poco a poco te adentras al negocio familiar. Itachi me ha dicho que has hecho un gran trabajo con mis camellos en los distritos internos, pero quería apreciar tu trabajo de cerca. Esto es un poco diferente pero sé que te adaptaras rápido.

—Gracias, espero alcanzar tus expectativas— fue su escueta respuesta.

—Hombre de pocas palabras, como tu padre.

Itachi pareció molestarse tras ese comentario y carraspeó para devolver la atención al asunto que los llevaba ahí.

—Aquí está lo que nos pediste— dijo mientras ponía el cuerpo inerte en un sofá al lado del escritorio.

—Oh, sí. La chica Uzumaki— la tomó del mentón para examinar su rostro —, Siempre durmiéndolos ¿Te gusta cargar con pesos muertos eh, Itachi?

—Es más fácil de éste modo.

Madara pareció no estar de acuerdo en ello, por su expresión mientras apretaba con fuerza los dedos en sus mejillas, como si quisiera avivarla.

—¿Se comunicaron ya con la familia?

Deidara, que se había mantenido al margen de la conversación junto a Kisame, sacó un teléfono del bolsillo y lo entregó a Madara.

—Yo lo hice, desde su celular, mientras veníamos hacia acá— explicó con altanería —, el novio es un imbécil.

—Pero es el imbécil que pagara el rescate —le reprendió un hombre pelirrojo que ya estaba al ellos llegar.

—Éste es tu aprendiz ¿no es así, Sasori?— preguntó Madara mirando al rubio que pronto se inquietó al sentir la atención en él.

—Lo es, pero todavía es un mocoso idiota y explosivo. No lo tome en cuenta, por favor— respondió el pelirrojo.

—Ya veo— sin darle mayor importancia Madara regresó a su lugar tras el escritorio —, la próxima vez intenta no comunicarte por un teléfono por el cual te puedan rastrear. Al menos tuviste la inteligencia para apagarlo y quitarle la batería después de ello.

Humillado y con el rostro rojo, Deidara asintió sin mirar a sus dos mayores.

—Aunque es una conversación de lo más entretenida es hora de que Sasuke y yo nos retiremos. Ya hemos cumplido con nuestra parte— intervino Itachi.

Madara deslizó la mirada a sus sobrinos, próximos a la puerta.

—Espera. Quiero que Sasuke se haga cargo de ella, como su primera tarea.

Itachi frunció el ceño, preparado a responder por Sasuke—, Acordamos en ir poco a poco, ¿Por qué no se encarga Sasori?

El aludido resopló con burla —, ¿Desde cuándo sabes que hago de niñera?

—Desde que cargas con la rubia tonta— murmuró Sasuke, irritado porque ni siquiera pidiesen su opinión.

Las sonrisas y risilla burlesca que se soltó en general encolerizaron a Deidara, quien ya había demostrado anteriormente su inestable temperamento. Sin vacilar tomó a Sasuke por el cuello de la camisa para asestarle un puñetazo directo a la nariz. Éste, anticipando sus movimientos giró la cara, logrando que el golpe llegara más suave hacia su mejilla y tomó por la muñeca la mano que apretaba su camisa mientras que enterraba los dedos en la garganta del rubio. El ambiente se tensó al momento pero ninguno de los dos tenía intenciones de ceder ante el otro. Tanto Itachi como Sasori se mantuvieron al margen, mirando al jefe, conscientes de su desagrado por las peleas entre miembros del grupo.

—Detente, Sasuke— murmuró discreto su hermano.

Madara alzó una mano, con semblante avinagrado —Si lo que quieren es pelear, aconsejo que lo hagan de la manera correcta— dejó sobre la mesa el arma que sacó de la funda en su pantalón y la deslizó hacia ellos, con una amenaza implícita —No quiero escenas baratas aquí. Recuerden contenerse, porque la próxima vez los pararé yo, con un tiro entre las cejas.

Esto bastó para que Deidara aflojara su agarre, aunque sin dejar de mirar con rabia al Uchiha.

—Para evitar este tipo de comportamiento en el futuro, trabajaran juntos— habló con peligrosa suavidad —, ambos serán los encargados de cuidar a la nueva huésped. Como siempre, yo me encargaré del trato con la familia pero ustedes la cuidaran durante su estancia aquí. La quiero viva hasta el final, ¿entienden?

Sasuke apretó lo quijada y asintió con la cabeza, así como Deidara. Cada uno tenía sus razones para obedecer sin rechistar pero en la mente de ambos había un pensamiento en común. Madara era peligroso.


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Habían pasado casi cuatro horas desde la llamada que había recibido Naruto. A pesar de su desasosiego, logró mantener la calma para contactar a Ino, la última persona con la que había hablado Sakura; ella confirmó que su actitud durante su llamada había sido inusual pero no tenía más información de la que Naruto sabía.

Shikamaru había llegado junto con ella 20 minutos después de que Naruto le gritara por teléfono la situación. Él mejor que nadie entendía el pánico por el cual pasaba su amigo, pues varios años atrás su madre había muerto durante un secuestro y aunque más que por pedir dinero a cambio de su libertad esto había sido consecuencia del trabajo en la policía militar de su padre sabía el proceso que se llevaba durante eventos así.

—No creo que sea conveniente involucrar a la policía, por ahora— repitió por segunda vez Shikamaru ante la insistencia de Hinata e Ino por llamarle —, no sabemos de qué manera responda ésta gente. La vida de Sakura es nuestra prioridad. Debemos tener especial cuidado durante las primeras horas.

—Pero …y sí, ¿Y si ya no está viva?— murmuró inquieta la mujer de ojos grises.

—¡Cállate!— recriminó Naruto, cegado del dolor al sólo pensar que esa fuera una posibilidad—¿¡Qué te hace decir esas tonterías!? Sakura está bien, es fuerte.

—Cálmate, Naruto. Por supuesto que ella estará bien —intervino Ino, vacilante de sus propias palabras —, hay que confiar en Shikamaru, él tiene más experiencia en esto que nosotros. Lo único que nos queda por ahora es esperar a que vuelvan a llamar.

—No puedo… ¡No puedo sólo esperar! —Errante, caminando por toda la oficina, golpeó la pared en un intento de calmar su ira—, ¡Tengo que salir a buscarla!

—¿Y a dónde se supone que irás? No sabemos nada de ella— interceptó Shikamaru —, Sé que es difícil para ti pero aguarda un poco más. Además no estamos sólo aquí sentados, le he mandado el teléfono de Sakura a mi padre para que intente registrar desde donde se hizo la última llamada.

—Dijiste que no llamaríamos a la policía.

El hombre negó con la cabeza —, Esto es de manera privada. Mi padre está retirado, pero aún guarda contactos que nos pueden ayudar. Lo más que podemos hacer por ahora es intentar ubicarlos de manera externa. Puede que suene paranoico, pero debemos pensar en que te mantienen vigilado para evitar cualquier acción equivocada que ponga en riesgo a Sakura.

Ante las palabras fundamentadas de su socio, Naruto se convenció en ser paciente. Para su alivio no espero mucho, treinta minutos después el teléfono de la oficina sonó. Como había previsto Shikamaru no sólo tenían registrado el celular de Naruto, también el de la empresa. Cuando se decidía a responder, Shikamaru creyó que sería mejor que él fuese el que hablara. Pulsó el botón de altavoz y con la ayuda de una aplicación en su teléfono comenzó a grabar la conversación.

—Quien habla— dijo Shika, con actitud tranquila.

Después de una larga pausa la voz áspera respondió —, Esa es mi frase, ¿Quién habla? Quiero comunicarme con Naruto Uzumaki.

—Soy yo el único con quien puedes hablar por el momento.

—Vaya, ¿y quién eres tú?— el hombre al otro lado sonaba confiado, con un tinte ligero de burla —Estoy siendo condescendiente, porque creo que es a él a quien le interesa más que a nadie lo que pase con Sakura.

Naruto, sin soportar un momento más empujó a un lado a su compañero para acercarse al teléfono y con violencia golpeó con ambas manos el escritorio.

—¡Bastardo! ¿Dónde está? ¿¡Donde la tienen!? Si le tocas un solo cabello juro que te mataré, pedazo de mierda.

—Así que ahí estabas, por un momento creí que no te interesaba. Me tentaste a matarla, porque si no das nada por ella bueno… no me interesa.

El rubio apretó los dientes hasta sentir una punzada en la quijada. La impotencia de saberse vulnerable ante el hombre del teléfono le corroía el cuerpo. Lanzó un alarido de furia frente al aparato, mientras Shikamaru lo sujetaba por los brazos para contenerlo—, Están logrando alterarte, no les des el gusto— le murmuró al oído —Contrólate. Intenta hablar con él.

—En fin, basta de bromas. Vamos a negociar— la persona pareció dejar ese aire de banalidad que desesperaba a ambos —, tengo entendido que su negocio ha sido fructífero durante los últimos años. Su empresa está en pleno apogeo, debo felicitarte a ti y a tu padre —Naruto se tensó cuando mencionó esto —lástima que haya muerto… o no. En realidad es bastante bueno para ambos, porque te dejó una increíble fortuna como herencia, ¿Me equivoco?

—¿Qué es lo que quieres, maldito?

—¡Dinero, por supuesto! Nosotros sólo hacemos nuestro trabajo, no queremos lastimar a nadie —el murmullo de una risa alteró al rubio —Menos a Sakura, ¿has visto lo linda que es? Sería una pena tener que cortar un dedo, o tener que deformarla a golpes.

—Si te atreves a lastimarla te mataré.

—No, no lo voy a hacer. Todo está en tus manos —hubo otra larga pausa—, mi primer oferta tiene diez ceros, y aunque sé que no es difícil para ti te daré un tiempo para que lo pienses, sabrás de nosotros pronto.

—¡Oye! Queremos escuchar a Sakura. Saber que está bien— exigió Shikamaru ante el mutismo de Naruto, provocado por la rabia.

—Oh, sí, sobre eso…-

La línea se cortó al instante.


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Después de decidir que la chica estaría en una de las alcobas del tercer piso, a regañadientes Deidara se encargó de llevarla sobre su espalda, en calidad de costal. Sasuke e Itachi lo seguían de cerca mientras subían las escaleras. Al llegar comprobó lo que le había dicho anteriormente, las habitaciones de seguridad distaban mucho en cuanto a la elegancia de la primer estancia. Cada piso era una serie de pasillos estrechos, y en cada costado había por lo menos tres puertas. Parecido a un hotel, pero mucho más simple, con las paredes pintadas de blanco y sin ventanas. Sasuke se sintió ligeramente sofocado por el poco espacio carente de ventilación.

Al llegar al lugar el rubio dejó caer sin contemplaciones el cuerpo de la mujer sobre la cama destinada para ella, se acomodó con enfado el parche en su ojo y salió a zancadas sin mediar palabras con los hermanos Uchiha. No podía ocultar el desagrado por ambos, en especial por el menor, pero a éste en realidad parecía no importarle mientras acatara las órdenes de Madara.

Itachi se acercó a la chica y se sentó al borde de la cama mientras la sujetaba de la muñeca para tomar su pulso. Sasuke dio un vistazo a la austera habitación en tanto, había una pequeña ventana alta cubierta con barrotes por donde apenas pasaba la luz y no tenía otra decoración más que una mesa y una silla replegables, además de la cama individual donde su hermano parecía estar muy atento a los signos vitales de la joven.

—¿Qué haces?— preguntó, acercándose a los pies de la cama.

—Hace cuarenta y cinco minutos le apliqué una dosis de anestésico, pero por la cantidad ya debió haber pasado el efecto, o al menos debería comenzar a reaccionar— mientras explicaba le alzaba los párpados y chasqueaba los dedos cerca de su oreja para ver su respuesta —espero no haberme excedido.

—¿Y qué importa?, sería mejor si se muriera, nos ahorraría el trabajo de estarla cuidando. De cualquier modo van a pagar por ella.

A Itachi no le gustaban en lo absoluto las palabras de su hermano. Entendía porque veía la vida de esa manera tan egoísta y lúgubre. No lo culpaba, él era el causante de que Sasuke tuviera que adentrarse en aquel desagradable ambiente pero no quería verlo convertirse en un ser sin sentimientos.

—Oíste a Madara, la quiere viva, a pesar de lo que pueda parecer, es un hombre de palabra. Creo que se siente absuelto por alguna divinidad si regresa con vida a las personas —se detuvo, pensativo—, aunque no veo que dude cuando tiene que matar.

—Sí, tampoco me parece que sea del tipo que siente remordimientos.

—Aun así intenta seguir la orden— después de verificar que estaba bien le vendó los ojos y ajustó la cuerda que inmovilizaba sus manos frente a su estómago —despertara dentro de veinte minutos o media hora, cuando lo haga dale la camiseta y el pantalón que están sobre la mesa.

—¿Para qué?

—Las primeras señas que dan de la gente que desaparece es la forma que iba vestida. En el caso que llegara a escapar no será tan fácil de reconocer y nos da tiempo de… ya sabes, regresarla.

Sasuke respondió con un monosílabo, sin estar del todo convencido.

—El trabajo no es muy pesado además te repartirás medio día con Deidara. Lo único que debes evitar es que se deshidrate o muera de inanición— le explicó mientras caminaba hacia la salida.

—Ya, comprendo.

—Lo más importante, no dejes que miré tu rostro o la tendrás que matar, para evitar que te reconozca. Y créeme, no quieres vivir con una muerte en tu conciencia.

—Intentaré seguir tus sugerencias— respondió Sasuke irritado por sus instrucciones, como si fuese un niño pequeño —, pero recuerda que aunque respeto tu forma de pensar no la comparto, Itachi. Si tengo que asesinar, lo haré. Con conciencia o sin ella.

—Sólo no quiero que olvides tu humanidad al estar aquí.

Dio una larga mirada a la chica de la cama, como si la mirara por primera vez.

—No lo haré.


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