Disclaimer: Ni el universo de Sherlock ni Star Trek me pertenecen, son ambos propiedad de sus respectivos creadores, Sir Arthur Conan Doyle y Gene Rodenberry y sus ahora, respectivos dueños.

Advertencias: Capítulo con relaciones slash, ¬¬ si tres seguidos XD pero este lemon es más suave.

Disfruten :)

Capítulo 3: Viejas heridas

Al salir Khan de la habitación, Sherlock ignoró a John y tomó asiento en el escritorio con rapidez, haciendo ondear su bata y mirando a su vez, la tablet con algo de aprehensión escapando de su control, era el video, de nuevo, Moriarty estaba atormentándolo desde la distancia, jugando con él.

—Sherlock, ¿Qué es? —preguntó John.

—Una tablet—espetó Sherlock fulminando a John con la mirada, era su culpa el que estuviera tan vulnerable, desde que había conocido a John habían despertado en él sentimientos, emociones, cosas que creía reprimidas para su propia seguridad.

John observó, atónito, como Sherlock reproducía el video de lo ocurrido con Khan hacia semanas atrás, y su sorpresa superó al estupor y a la vergüenza de verse gemir y jadear, al ver como Sherlock repetía las escenas una y otra vez. John luchaba contra el impulso de arrancarle el aparato de las manos, nada bueno podía salir de esa situación.

— ¿Sherlock, que demonios haces viendo ese video de nuevo? —exclamó, boquiabierto ante las imágenes con las que tanto había luchado para poder borrar de su cerebro.

—No es de tu incumbencia—respondió con frialdad el detective, apoyando la barbilla en sus manos como siempre hacía para analizar algo.

Cada vez que repetía cada cuadro, lo ampliaba, lo reducía, detenía la reproducción o la reiniciaba, su cuerpo se llenaba de una amargura desconocida, de un dolor acuciante, pero él ante todo era lógico y frío, se apartaba del lado sentimental para resolver sus casos, entonces, ¿Por qué no podía cerrar esa parte de si mismo?

John le vio destrozarse, minuto tras minuto, imagen a imagen, él conocía a Sherlock y sabía interpretar esos ligeros temblores en su cuerpo, esas manos aferradas en puños al lado de la tablet, sin embargo, no le interrumpió, Sherlock se estaba sacrificando por resolver los problemas que estaba generando Moriarty, y mientras más rápido analizara el video, más rápido saldría de esa situación.

Tras varios minutos de reproducción y repeticiones, Sherlock dejó caer la tablet con fuerza sobre la mesa, molesto por no haber descubierto los motivos o algún mensaje oculto en aquellas dolorosas imágenes; imágenes que habían reabierto ciertas heridas que John había cerrado a base de amor y comprensión, aunque ello sonara cursi. Ni siquiera había podido rastrear el origen del mensaje, estaba fuertemente codificado, ningún computador de la Federación o a bordo de la nave, podría con el.

— ¿Sherlock? —llamó John acercándose con cautela a su novio, sabía que Sherlock había terminado de analizarlo todo, ahora, sólo importaba su bienestar—. Sherlock, ¿Cómo estas?

—Estoy bien, ¿Acaso no puedes verlo? —respondió Sherlock masticando las palabras, sujetando entre si sus manos temblorosas—. Sentimientos—espetó con un chasquido de su voz.

—No lo estas, por favor Sherlock, dime, se que puedo ayudar—presionó John agachándose hasta quedar por debajo de la línea de visión de Sherlock, sujetando sus antebrazos con las manos.

"Debajo de mi, se ubica debajo de mi para no intimidarme, me esta dando él control, quiere que esté cómodo"

Sherlock bajó la mirada, con los ojos encendidos, lleno de una inexplicable necesidad de tomar a John, de hacerlo suyo, de marcarlo, quería demostrarse a si mismo que John era sólo de él, que nadie más lo apartaría de su lado, que le haría gritar su nombre al llegar a un orgasmo atroz como prueba definitiva de su amor, control y posesión.

Pero principalmente, necesitaba comprobar que John jamás se iría de su lado, que jamás le dejaría solo.

Temía a la soledad.

"Miedo, que absurdo"

"Nadie te apartará de mi lado, John"

Con un rugido sordo proveniente de su pecho, Sherlock saltó sobre John, tumbándole de espaldas contra el suelo, John no reaccionó, conciente de que Sherlock se sentía herido y no quería admitirlo y que si esa era su manera de demostrarlo, de expresarlo, lo dejaría hacer, la culpa era una poderosa aliada.

—No hables—ordenó Sherlock escondiendo el rostro en el cuello de John, respirando pesadamente, John asintió, esperando que empezara a hablar, sin embargo, como siempre ocurría, Sherlock lo sorprendió.

Repentinamente mordió su cuello con fuerza, arrancándole un gemido de dolor, mientras con las manos temblorosas luchaba contra el cierre de su pantalón. ¿Qué estaba pensando, Sherlock?

— ¿Sherlock? —tanteó entre jadeos, al sentir la lengua del detective recorrer las venas de su cuello con tortuosa lentitud.

—Calla, John—gruñó contra la sensible piel de su cuello mientras le bajaba los pantalones con rapidez, presionando su miembro con una mano por sobre la ropa interior.

John jadeó, sorprendido por las repentinas acciones de Sherlock, dejándose hacer, Sherlock nunca tomaba la iniciativa, y algo en aquella situación le empezaba a excitar, ¿Y si esa era la manera en la que Sherlock curaría sus heridas? ¿Y si el detective nunca volvía a arrojarse así sobre él?

—Mio—susurró Sherlock rompiendo la ropa interior de John, atrapando su miembro semirrecto con una mano, suyo y bajo su completo control, nadie más haría eso con él.

—Mmmm, Sherlock, si—gimió John perdido en las sensaciones, completamente concentrado en la cálida mano que subía y bajaba por su húmedo miembro.

Sherlock bajó sus pantalones y su ropa interior, mientras John, enceguecido por el placer rompía su camisa y dejaba vagar sus manos por aquel pálido pecho. Con un gemido y los ojos encendidos Sherlock tomó ambas manos de John y las inmovilizó sobre su cabeza, quería el control, necesitaba el control, necesitaba de esa sensación de poder, así que sin más dilación besó con fuerza los enrojecidos labios de John, mordiendo sin cuidado para exigir acceso total a su boca.

Los fluidos y roces iban y venían, cada vez más calientes y necesitados, John se había rendido y sólo dejaba que Sherlock le guiara por el camino de la lujuria y el desenfreno.

Entonces, un único grito acabó con la calma del lugar.

— No… por favor —la voz de Mark llegó desde el piso superior aderezada con jadeos y gritos roncos.

Ante ello John rió quedamente, inocente de lo que había desencadenado en el inestable detective.

Sherlock rugió de ira mirando hacia el techo, para luego bajar la mirada y clavarla completamente sobre John, quien, se quedó de piedra al notar en la misma una frialdad y una dureza impropias de Sherlock.

— ¿Te parece divertido? Oh si, seguro que si, Khan hace gritar a Mark y ello te excita, recuerdas esos momentos en la celda, lo noto en tu mirada, lo anhelas, anhelas su brutalidad, He leído que mucha gente imagina a otras personas durante sus relaciones sexuales, yo soy parecido a él, así que has estado imaginando que lo haces con él, no te preocupes, te lo haré más fácil—soltó Sherlock sin respirar masticando veneno con cada palabra, provocando una mirada confusa en John y, antes de que este siquiera pudiera responder, se vio girado bocabajo, con el trasero en pompa y el rostro apoyado en el suelo.

— ¿Sherlock? —tanteó John, tratando de levantarse, aquello no estaba marchando bien.

—Calla—bramó Sherlock sujetándolo con su peso al suelo mientras que con una mano temblorosa ubicaba la punta de su miembro en la entrada de John—. Te lo haré tal como él te lo habría echo—sentenció, empezando a empujar, John se removió, aquello dolía, nada de preparación ni de lubricante, sentía como si algo dentro de él fuera a romperse, el dolor comenzaba a volverse agudo e insoportable; debía detener eso, no estaba de acuerdo con lo que estaba ocurriendo.

—No, Sherlock, no—exclamó con la voz rota, empujando el pecho del detective con la espalda, para alejarlo de su cuerpo, pero resultaba imposible, así que con todo el dolor de su alma lanzó un cabezazo hacia atrás.

—Lo prefieres a él—chasqueó Sherlock al caer sentado sobre su trasero, sujetando una nariz sangrante con la mano—. Él estaba siendo rudo contigo y tu lo estabas disfrutando, ¿Por qué no conmigo? John, ¿Por qué me rechazas? —inquirió con la voz rota y los ojos otrora iracundos, tristes y heridos.

John sintió sus ojos escocer ante la inocencia y el dolor ocultos en aquella pregunta, y antes de que pudiera siquiera pronunciar palabra, Sherlock se levantó y subió sus pantalones. En esos instantes, algunos gemidos ahogados se dejaron escuchar de la habitación superior revelando que Mark y Khan habían llegado a un final atroz y lleno de lujuria, derribando todo control y toda barrera que Sherlock aún pudiera mantener.

—Acabaré esto—rugió, saliendo de la habitación, semidesnudo.

John reaccionó y se levantó de un brinco, sin embargo al llegar a la puerta la encontró cerrada, Sherlock la había asegurado, y conociendo sus códigos, le sería imposible salir, estaba atrapado, encerrado mientras Sherlock iba en busca de Khan, en busca de una venganza, completamente cegado por la ira y el dolor.

"Esto no es bueno, esto esta mal, Khan lo matará", pensó angustiado, luchando con la cerradura, la abriría de forma manual, poco le importaban los riesgos de hacerlo, necesitaba llegar hasta Sherlock, debía evitar el desastre que ocasionaría el choque de ambos hombres, Khan no se contendría, jamás lo haría, y mucho menos se negaría al desafío.

Sherlock se detuvo frente a la puerta de Khan, con la mente completamente enfocada en sus acciones futuras, decidido a acabar con la competencia, a destruir toda la fuente del descontrol en su vida, a acabar con el hombre que tenía un lugar en el corazón de John, su John, su pareja y compañero.

—Khan—llamó contra la puerta, con un rugido animal saliendo de su pecho.

Pasaron unos segundos, suficientes como para que Sherlock pensara en derribar la puerta, sin embargo, la cabeza despeinada y el rostro relajado de Khan aparecieron tras un siseo de la misma.

— ¿Qué sucede? —inquirió el superhombre, vestido apenas con sus boxers negros.

"Restos de fluidos sobre él, cansancio postcoital, drogado con endorfinas, acaba de tener sexo con Mark, ahora es cuando es más vulnerable"

Sin pensarlo dos veces, Sherlock jaló por los cabellos a Khan hasta sacarlo por completo de la habitación, la puerta se cerró, dejando a Mark dormido y completamente inocente de la situación.

— ¿Qué crees que haces? —gritó Khan zafándose del agarre de Sherlock.

— Tú, tú y John—jadeó Sherlock sacudiendo los cabellos de sus manos.

— ¿El video? —rió Khan— ¿Viste el video? ¿Te gustó? —inquirió con sorna, Sherlock lo fulminó con la mirada—. No me mires así, él lo pidió, él rogaba, él me dejó hacer lo que quisiera, acaso, ¿Contigo no es igual?

Sherlock se abalanzó sobre Khan, sin medir consecuencias, sólo deseaba callarlo, borrar esa sonrisa de su rostro, destrozarlo, nunca en su vida se había sentido de esa manera, dominado por sus sentimientos y no podía, ni quería, encontrar la manera de subir sus barreras mentales de nuevo.

— ¿Crees que puedes conmigo? —rió Khan esquivando con facilidad los golpes de Sherlock, para luego arrojar una patada sobre las costillas del mismo cuando un bloqueo lo sacó de balance—. Te dije que eras una mera copia de mi, un ser inferior—espetó, observando como Sherlock jadeaba en busca de aire.

"Costillas fracturadas", anotó Sherlock mentalmente, sujetando su costado herido con la mano contraria, aquello no detendría su venganza, nuevamente se arrojó contra Khan, quien con un fluido movimiento lo llevó al suelo, luego, el superhombre dejó caer su pie sobre el estomago de Sherlock, ahogándolo por falta de aire, y así, al tenerlo indefenso, casi doblado sobre si mismo, Khan subió a sus caderas, inmovilizándolo por completo.

— ¿Crees que tienes oportunidad? —inquirió, dejando ir un puñetazo sobre el rostro de Sherlock — ¿Qué puedes compararte conmigo? —lanzó un nuevo golpe que cayó sobre la mejilla de Sherlock — ¿Qué puedes retarme a una pelea y salir ileso? —Khan se levantó al notar sus nudillos manchados de sangre —. Mira, dos golpes—indicó, ante la mirada perdida y nublada del detective—. Sólo dos golpes y ya te hice sangrar, ¿Crees que no puedo matarte aquí mismo? ¿Qué me detiene? ¿Qué me detiene de matarte, acabar con tu tripulación y hacerme con el control de la nave?

Sherlock gimió de dolor, tratando de proteger su cuerpo al abrazarse en posición fetal.

—Nada de eso te protegerá, puedo romper tus huesos—se burló Khan lanzando una patada al pecho de Sherlock. Los brazos del mismo soportaron el impacto, fracturándose en el acto, aquella patada podía haber sido mortal—. Quédate y medita todo lo que te he dicho—Khan dio media vuelta, volviendo a su habitación sin un sólo cabello fuera de lugar.

Sherlock quedó tendido en el suelo, con los brazos sobre el pecho, ahogado por la sangre en su boca, temblando, ¿Qué había echo?

"Sentimientos, vaya debilidad, esta es la prueba definitiva"

Giró hacia un lado para escupir la sangre, asqueado de su metálico sabor, la adrenalina había abandonado su cuerpo, dejándole sentir todo el dolor físico de la derrota, del castigo inflingido por Khan a su cuerpo.

"Se acabó, John, esto no puede seguir, no puedo seguir con esto", en el mismo instante se atrevió a pensar aquello, una aguda punzada cruzó su corazón, sin John estaría solo de nuevo, sin amor, sin nadie que le comprendiera como sólo él lo hacía, sin unos brazos amorosos que le recibieran durante las noches que decidía dormir, sin las miradas preocupadas ni las continuas regañinas sobre su salud, sin ser arropado con cuidado durante los casos extensos donde caía rendido por el sueño, en resumen, sin John en su vida.

Aquel análisis le llevó a dejar escapar un grito ahogado y agónico, producido sólo por el dolor de un alma solitaria que conoce el amor y que luego debe verse forzada a abandonarlo y volver al vacío. Ignorando el dolor de sus costillas Sherlock giró hasta quedar recostado de lado, en esa postura sentía que su pecho no se rompería en mil pedazos, quizás si se mantenía así el tiempo suficiente, podría superar la crisis y regresar el control y la frialdad a su mente.

—Sherlock—escuchó decir a una voz conocida—. Oh Dios mío, esto es mi culpa.

John, ¿Por qué siempre aparecía en las situaciones en las que estaba en peligro? Su cuerpo se relajó en el acto, condicionado por los cientos de situaciones similares vividas en el pasado. Sus parpados empezaron a pesar, ocultando sus ojos tras un manto oscuro.

—No te preocupes, estarás bien—musitó John cayendo de rodillas a su lado, empapando el pantalón con la sangre que manchaba el suelo—. No, no te duermas—instruyó, rozando con la mano su cabello.

—Estoy bien, John—pronunció con dificultad, quería cerrar los ojos, descansar al calor de John, si es que este volvía a aceptarlo después de su estúpida reacción al video.

—No lo estas, espera aquí—John se levantó y se dirigió al intercomunicador más cercano.

—Como si pudiera irme—espetó Sherlock por lo bajo, nervioso, necesitaba a John cerca, sentir que sería perdonado.

—Molly trae una camilla antigravedad al nivel dos y un equipo médico básico, habitación S5, no, no debes preocuparte.

Molly, la última adquisición a su tripulación, no estaba solo después de todo, pero ello era gracias a John, sin él, aun estaría perdido por el cosmos, resolviendo casos en compañía de la señora Hudson.

—Santo cielo—escuchó exclamar a Molly luego de esperar unos minutos disfrutando de las tranquilizadoras caricias de John en su espalda, sus ojos hacía tiempo que se habían cerrado.

—Llévalo a la enfermería y asegúrate de que permanezca despierto hasta que llegue—ordenó John a Molly mientras subía con cuidado a Sherlock a la dura camilla—. Debo solventar una situación—agregó en un tono peligroso, alzándose para quedar de pie frente a la puerta de Khan.

—Si, puedo empezar a correr algunos exámenes—ofreció Molly nerviosa, pero conservando su perfil profesional.

—Has lo que consideres necesario, Molly, pero llévatelo de aquí.

Molly asintió, programando la camilla para un recorrido rápido hasta la enfermería, Sherlock alzó un poco la cabeza, tratando de incorporarse.

—John, no, no es necesario que busques a Khan—afirmó, no era necesario, no, John no podía enfrentar a Khan, no podría protegerlo.

—Yo decidiré que es lo necesario—sentenció John activando las correas de sujeción sobre su novio—. Te veré pronto, Molly te cuidará, no debes preocuparte—tras esas, poco, tranquilizadoras palabras John se inclinó y dejó ir un beso sobre la frente del menor.

Sherlock protestó y sus quejas fueron haciéndose más difíciles de escuchar a medida que la camilla se alejaba por el pasillo. John se giró y exhaló, tratando de calmar los impulsos asesinos que en ese momento invadían su cuerpo.

— ¡Khan! Se lo que hiciste, sal de esa maldita habitación—exigió.

—A ver, ¿Cuáles son tus quejas? ¿Qué le hice daño a tu noviecito? —espetó Khan asomando la cabeza por una rendija de la puerta, John no perdió el tiempo y le lanzó un puñetazo directo a la nariz, logrando que Khan se echara hacia atrás y le mirara con frialdad.

—No vuelvas a tocarle, Khan, te lo advertí en el pasado y vuelvo a repetírtelo, no habrá una tercera vez—rugió John ignorando olímpicamente el hecho de no haber causado ni el más mínimo daño en Khan, con la intención bastaba. John se giró y desapareció pasillo abajo, conciente de que Khan no le seguiría ni le atacaría por la espalda.

Atender a Sherlock fue duro, algunos podrían pensar que ya estaba acostumbrado, después de todo, el Detective Consultor vivía metiéndose en problemas, rara era la semana donde no acababa en la enfermería, o bien atacado por algún criminal o bien víctima de algún nuevo experimento.

No, aquello no lo hacía menos duro y los quejidos sordos que dejaba escapar Sherlock aún estando bajo el efecto de poderosos sedantes jugaba aún más en su contra.

—Esta así por mi culpa—suspiró John apartando los rizos de la frente de su novio, Molly alzó la vista de su tablet y sonrió con timidez.

—No lo creo, no es tu culpa, John.

—No conoces la historia, no sabes porque buscó a Khan ni porque…

—No necesito saberla, sólo se que él necesitaba de esto, necesitaba medirse con quien fue su origen—explicó Molly—. Sabe que no puede competir contra él y sin embargo… lo intenta, una y otra vez, Sherlock es testarudo y no soporta perder, tu sólo estabas en medio, John.

—Entonces fui la gota que colmó el vaso—dijo John apesadumbrado.

—Eso no puedo negártelo—confirmó Molly—. Deberías llevarlo a su habitación, estará más cómodo en ella, ambos lo estarán—agregó apartando algunos mechones de cabello sueltos de su rostro.

Sherlock despertó en su cama a mitad de la noche, aún adormilado por los sedantes sintió que John estaba a su lado, pacíficamente dormido a juzgar por su respiración acompasada. Su mente se aclaró poco a poco, recordando de improviso lo que había perpetrado contra aquel hombre que descansaba tranquilamente a su lado.

Con un gemido el detective se dio la vuelta, John era demasiado bondadoso y bueno, no merecía su presencia, no merecía las continuas heridas que le causaba con su inseguridad. John merecía alguien mejor, tendría que alejarse para demostrárselo.

No, no quería alejarse, no deseaba hacerlo. Pero, ¿John aún lo querría? Quizás sólo estaba ahí con él para cuidarlo, para asegurarse que guardaba el debido reposo.

—Tranquilo, Sherlock—susurró John con calma, le habían despertado los temblores de Sherlock. Con una sonrisa acarició el cabello rizado del tembloroso hombre que le daba la espalda en la cama.

Sherlock se encogió aun más en respuesta, temeroso, en su mundo personal, de las probabilidades de que John le abandonara después del ataque que perpetró contra él. Eran muy altas, demasiado para su gusto.

—No voy a dejarte—suspiró John dibujándole las vértebras con los dedos.

De nuevo, John le sorprendía, aquello no era posible, iba completamente en contra de sus deducciones, era inconcebible que disculpara aquella falta garrafal tan rápido, ¿Sería la culpa? Debía de ser la culpa, nadie podía ser tan bueno.

—Oye, deja de darle vueltas—susurró John con dulzura contra su nuca antes de posar un cálido beso sobre la misma, deseaba proteger a Sherlock, cuidarlo, pero no podía hacerlo si el propio enemigo era el detective.

—John—llamó Sherlock por fin, luego de un largo silencio, uno tan prolongado que John le creía dormido.

— ¿Si? —quiso saber John, conteniendo las ganas de abrazar a su novio, ya que no sabía como reaccionaría a ese contacto.

Sherlock gimió un poco al darse vuelta, aun abrazado a si mismo, alzó la mirada y John le comprendió como siempre lo había echo desde que se conocieron. Abrió los brazos, dejando que Sherlock buscara refugio en su pecho.

—No hiciste nada malo—aseguró John contra su cabello—. Fue una reacción natural e instintiva.

—No tengo ese tipo de reacciones. Yo me guío por la razón y la ciencia—afirmó Sherlock con asco.

—Como tú digas, Sherlock—cedió John, sabía que sus argumentos poco podrían hacer contra el detective, así que se limitó a permanecer ahí para él.

—John—la voz trémula de Sherlock rompió el silencio tras unos minutos de mutismo, John inclinó la cabeza hacia su cuello para demostrarle que estaba escuchando. Sherlock inspiró y pronunció por lo bajo un: —.Lo siento.

—Esta bien, no hay nada que perdonar—contestó John, inconciente del resultado que originaria esa frase llena de comprensión y calidez.

— ¿Nada? John, ¿Tan poco te valoras? —escupió Sherlock con dramatismo alzando la mirada para fulminar a John con la misma.

—Puedo asegurarte que me valoro mucho, pero en estas circunstancias, el amor propio, el orgullo, deben ser silenciados, así sea un poco.

— ¿Por qué?

—Porque no llevaran a nada.

Sherlock cerró los ojos mientras meditaba las palabras de John, completamente inmóvil hasta sentir los dedos de John recorrer su cabello, acción que le provocó un respingo.

—Esta bien, no te tocaré, sólo, descansa—cedió el doctor—. Luces al cero por ciento—ordenó a la habitación, en microsegundos la habitación quedó sumida en una profunda oscuridad.

Las horas pasaron, lentas, tortuosas, Sherlock no deseaba dormir, el remordimiento le estaba matando, ¿Cómo podía llegar a sentirse tan mal?

—Sherlock—suspiró John dibujando formas inciertas en la espalda del menor—. Tranquilízate.

—Yo… John…

John rodó los ojos y bajó su boca hasta encontrarla con la de Sherlock y le besó, con lentitud, permitiendo al detective acostumbrarse al suave contacto.

—Todo está bien—susurró contra sus labios antes de separarse, conciente de que la oscuridad le brindaría seguridad a Sherlock—. No te dejaré.

—No debes repetirlo—chasqueó Sherlock.

—Al parecer si debo hacerlo, aún tiemblas—señaló John aferrando el delgado y trémulo cuerpo contra el suyo.

Sherlock recorrió con una mano los brazos de John, sintiendo la suave tela del pijama con las yemas de los dedos y su contraste con la piel de John, había algo que le convencería de las palabras de John, algo que le ayudaría a regresar a la calma.

—No, Sherlock, no—le regañó John al sentir los labios de Sherlock sobre su cuello—. No estás del todo bien, no debes moverte demasiado.

—No seré yo quien se mueva—alegó Sherlock rozando la entrepierna de John con una de sus rodillas, una invitación más que clara para el doctor.

—No, no es lo correcto, no ahora, Sherlock—negó John cerrando sus piernas.

¿No lo era? ¿Acaso John…? ¿No le deseaba? ¿Podría vivir con ello? Era su culpa, quizás ese sería el castigo por sus acciones desmedidas, quizás…

Sherlock giró con rapidez, ignorando olímpicamente las punzadas en sus costillas, rechazo, como dolía el rechazo. La cama se agitó, rebelando que John se había levantado, ¿Se iría? No, John se agachó frente a Sherlock, mirando a sus ojos, comprensivo, lleno de amor.

—Te sigo deseando, Sherlock, mírame—ordenó al ver a Sherlock agachar la mirada—. Sólo que ahora no, ¿Entiendes?

—No—admitió Sherlock con molestia.

—Estás lastimado, confundido, no haremos nada mientras te sientas así, mientras creas que esta sería la manera correcta de pedir perdón.

Los ojos de Sherlock brillaron confundidos y John sólo pudo inclinarse y besarle con cariño.

—Lo entenderás—prometió John recostándose a su lado.

—Quiero hacerlo, mi cuerpo, mi mente no paran de repetirlo—admitió el menor.

—No ahora, Sherlock.

— ¿Es porque te lastimé? —inquirió Sherlock con una expresión de total y devastador arrepentimiento en la mirada.

—No, Sherlock ya te dije mis razones, estás siendo ilógico.

—Los sentimientos son ilógicos, sólo mírame—exclamó Holmes con asco.

John rodó los ojos y dejó caer con suavidad el torso de Sherlock en la cama. Con cuidado y evitando descansar el peso de su cuerpo sobre el del detective se recostó sobre él y le inspeccionó con la mirada.

—No esta noche, aún estas lastimado.

—Estoy bien—sentenció Sherlock sin poder contener un jadeo al sentir los dedos de John rozar una de las magulladuras ubicada sobre sus costillas.

—No, ahora duerme, órdenes del médico—indicó John con afabilidad rodando hasta quedar al lado de Sherlock.

— ¿Quién inventó esa absurda regla? El médico en jefe no tiene porque tener más autoridad que el capitán de la nave.

—Considerando que la mayoría de los capitanes son idiotas buscadores de peligro—empezó John conteniendo un bostezo—. Es una medida más que sensata.

Sherlock gruñó algo inentendible antes de buscar refugio en el pecho de John. Este acarició su cabeza hasta que le notó lo suficientemente adormilado como para no despertar tras detener las caricias.

Los días pasaron con igual tensión entre Sherlock y Khan, el ambiente en cualquier habitación en la que se juntaban se cargaba de una energía terrible y nadie duraba en el lugar más de unos minutos.

—No lo soporto, John—exclamó Sherlock una noche, arrojando las botas con descuido por el suelo de la habitación.

—Lo se, pero esta zona esta llena de planetas, es cuestión de encontrar uno y…

—Dos meses, lleva dos meses en mi nave, dos meses sin un caso, voy a morir—se quejó Sherlock con dramatismo.

—No lo harás, sería negligente por mi parte el dejarte morir ¿No crees? —ronroneó John abrazándolo por la espalda.

—Tu también me deseas muerto, hace días que no me… ¿John? —jadeó Sherlock al sentir un brusco empujón que le llevo a la cama de golpe.

—No digas eso—rugió John fulminándolo con la mirada desde las alturas, Sherlock sólo admiró su rostro, maravillado por lo extraño que era visualizar a John, enfadado, al revés.

—Sólo señalaba el hecho de la falta de actividad sexual—explicó Sherlock con inocencia—. Va a acabar conmigo la abstinencia, John—para dar más énfasis a sus palabras alzó las caderas con pereza.

—Claro, bien—carraspeó John aún molesto—. Y no se te ocurre una metáfora mejor que decir que te deseo muerto.

—Es evidente, la falta de sexo ha disparado ciertas reacciones en mí que…

Antes de seguir escuchando la sarta de locuras que probablemente saldrían de labios de su novio, John se decidió a callarle con un beso, uno rápido y apasionado, directo al punto, investigar cada rincón de la boca de Sherlock con su lengua.

—John—jadeó Sherlock sorprendido cuando finalmente pudo respirar, una fina pátina de saliva cubría sus labios enrojecidos, abrillantándolos.

— ¿No querías sexo? —inquirió John con un tono algo sádico y peligroso, subiendo por el cuerpo de Sherlock hasta sentarse sobre sus caderas.

—Si lo quiero, pero… ¿John? —Sherlock alzó una ceja al sentir el suave roce del trasero de John contra su miembro.

—Calla, Sherlock—volvió a decir John mientras se recostaba a gusto sobre el pecho del detective.

—Te has juntado mucho con Khan—reprochó Holmes con molestia.

—Estaba jugando contigo—suspiró John abandonando toda mirada sádica.

—No quiero sexo, quiero…—Sherlock llevó las manos a su barbilla para pensar, confundido, su cuerpo bramaba por atenciones, pero algo dentro de él deseaba algo distinto.

— ¿Hacer el amor? —completó John por el detective.

—Bah, John sólo tu puedes agregar tal cursilería a un acto natural y…

—Es lo que te pide tu cuerpo y tu corazón, y no puedes negar que tienes uno, Sherlock, lo has descubierto en esta misión—contestó John acariciando los marcados pómulos del menor.

—Bien, no me gusta tener uno. Es algo inútil.

— ¿Lo es? —cuestionó John con tristeza, una pregunta retórica que Sherlock no pudo evitar querer contestar.

—Si, lo es, ha logrado que cometa más errores que en todo el resto de mi carrera.

—Bien, lo entiendo—suspiró John bajando del cuerpo de su novio.

— ¿John?

—Sherlock, si eso es lo que piensas quiere decir que no he logrado enseñarte lo que es el amor y lo que puede lograr.

—Asesinatos pasionales, errores garrafales, toma de decisiones sentimentales sin basamento lógico, ¿Eso es lo que tanto valoras? —chasqueó Sherlock con asco.

—Se acabó—bramó John saliendo de la habitación echo un vendaval.

— ¿John? —Sherlock observó marchar al doctor, esperó sólo unos segundos, el suficiente para que algunas piezas encajaran en su cerebro y salió tras John.

"Soy un estúpido", se dijo por el camino, hiriendo su ego.

John respiraba entrecortadamente con la cabeza apoyada contra el vidrio de titanio de la sala de observación, la frialdad del material contrastaba contra su frente febril y sudorosa.

—John—llamó Sherlock nada más entrar al lugar.

—Vete, Sherlock, no respondo de mi, no en estos momentos—advirtió John.

—John, yo…—sin poder ubicar ninguna palabra que le permitiera expresarse Sherlock recorrió la distancia que le separaba de John en dos zancadas y estrechó al doctor contra si con fuerza. John gruñó algo inentendible y reaccionó como el ser emocional que era, lanzó un golpe que voló hasta el rostro de Sherlock.

—Te lo advertí, idiota—reprochó agotado, enterrando el rostro en el cuello de Sherlock—. No se como puedes tener la cara para negar algo que siempre demuestras tener.

—No es algo que vaya conmigo, es demasiado nuevo—admitió Sherlock apretando a John contra su cuerpo—. No comprendo porque siento estas cosas por ti y la experiencia me lleva a ocultar mi sentir, en mi mundo, esto sólo es debilidad, una que tarde o temprano lleva a la destrucción.

—Entonces nos destruiremos juntos—prometió John alzando la mirada para encontrarse con los ojos de Sherlock—. Después de todo venimos del mismo "Mundo"

Sherlock rió aliviado y buscó los labios de John, había sido perdonado y eso le alegraba, le importaba la opinión de John, era la única que pesaba en su conciencia.

—Sherlock, estamos en la sala de observación—advirtió John al notar que ambos estaban recostados en la mullida alfombra del lugar, convertidos en un lío de piernas y brazos.

—No me moveré, es mi nave—sentenció Sherlock besando a John—. Código alpha 0001 bloqueo del acceso a la sala de observación 3—recitó.

—Dios, ese código es muy parecido al de autodestrucción—gimió John ocultando los ojos tras las palmas de sus manos.

—El reconocimiento de voz evitaría cualquier accidente, John—explicó Sherlock sin entender—. Y tú posees el otro código.

—No lo decía por eso, creí que…espera ¿Poseo el otro código?

—No voy a poner fin a lo nuestro de una manera tan dramática, según tú soy teatral pero no llego a esos límites—bufó Sherlock rodando los ojos—. Si, tú posees el otro código, es lo lógico ya que eres el segundo al…

John interrumpió a Sherlock con un beso convulso por las risas, se sentía tan vivo, tan correspondido, a la manera de Sherlock, en el amor que nada podía detener sus acciones.

Sherlock observó a John con curiosidad, se desvestía apresurado, como si no contaran con tiempo para nada, Sherlock le imitó mas sin embargo John sujetó sus manos con fuerza y negó con la cabeza.

—Lo haré yo, tu sólo relájate.

—Si hubiera sabido que esto generaría esta reacción, te habría dicho que poseías el código desde el mismo momento en que lo configuré—sonrió Sherlock burlón, disfrutando de las manos de John bajo su camisa.

— ¿Y, desde cuando lo configuraste?

—Desde que pusiste un pie en esta nave—admitió Sherlock.

—Oh dios mío—gimió John rompiendo la camisa de Sherlock. "Adiós al romanticismo"

—Alguien esta muy desesperado—susurró Sherlock acariciando la dura erección de John, aun oculta por su ropa interior—. Interesante color, rojo.

John se ruborizó hasta las orejas y balbuceó alguna que otra explicación.

—Oh vamos, se que has desarrollado una pequeña capacidad de observación, sabes que ese tipo y color de ropa interior me excita mucho más que la normal—sentenció Sherlock jugueteando con el elástico.

—Entonces sabes que esta es la que me enloquece a mi—señaló John tras deshacerse de los pantalones de Holmes, unos slips negros, con una inocente abeja grabada justo sobre el miembro de su novio salieron a relucir.

—Te gusta que sea "Inocente" tienes un fetiche con ello—rió Sherlock entre besos.

—Y tú con la ropa roja.

Empezaron a reír abrazados, compartiendo el movimiento de sus torsos cálidos y húmedos, tras unos segundos John se separó y obsequió a Sherlock una mirada significativa.

—Supongo que es lo justo—cedió Sherlock mordisqueando uno de los pezones de John con gula.

— ¿Lo deseas? —cuestionó John entre jadeos, rompiendo la ropa interior de Sherlock, aún abrazado a su cuerpo, necesitaban estar concientes de la presencia del otro, habían pasado por demasiadas tensiones esos últimos días.

—Lo deseo John—afirmó Sherlock con seriedad, clavando sus ojos oscuros por el deseo en los cálidos de John—. Deseo sentirte—agregó, llevando los dedos de John a su boca. Una invitación que John no rechazaría, sacó sus dedos húmedos y los reemplazó con su lengua dentro de la boca de Sherlock para comenzar a dilatarlo con cuidado.

Sherlock dejó a su mano vagar hasta la erección de John y la encerró entre sus dedos, provocando un respingo en el doctor, quien mientras le dilataba buscó con su boca el pene de Sherlock.

—John—gimió Sherlock al sentir los labios de John sobre su ingle—. Creo, que estoy listo.

John le miró a los ojos con profundidad, no muy convencido, sin embargo, era el cuerpo de Sherlock después de todo, él sabría cuando estaba listo y cuando no.

— ¿Seguro? —quiso saber mientras se posicionaba en su entrada. John temblaba deseaba tanto perderse dentro de Sherlock que apenas y podía contenerse.

—Si, John—aceptó Sherlock rodeando las caderas de John con sus piernas.

¿Por qué mentía? Sentía que le debía eso a John, aún estaba fresca en su memoria ese momento en el que casi le forzó, ¿Qué mejor manera para retribuirle que su propio dolor? Pero nunca sintió nada, John fue exquisitamente suave con él, prácticamente se deslizó sin inconvenientes a su interior, llenándole con su calidez.

—Te conozco bien, Holmes—susurró John en su oído—.Lo suficiente como para comprender tus motivos, no tienes nada que retribuir—le consoló John entre besos—. Esto es algo delicado con lo que no puedes jugar.

Sherlock asintió entre jadeos, estaba tan lleno por John que apenas y podía concertar alguna frase entendible para responder.

—Sherlock, te amo—afirmó John con una sonrisa cálida y brillante, entre vaivenes de su cadera—. Eres el ser más tierno que puede ser encontrado en toda la faz del universo.

—John, por dios bendito, no seas tan cursi—gruñó el detective entre gemidos.

—Es la verdad, eres hermoso.

La sala de observación continuó cerrada por horas, albergando a dos amantes que a penas y comprendían el poder de su unión, Sherlock descansaba la cabeza sobre el pecho de John, amodorrado, sin ningún interés por contemplar las estrellas que dejaban atrás. John en cambio si admiraba el espacio, aquel lugar que le brindó la oportunidad de encontrar su destino, con métodos algo extraños, pero jamás de quejaría, su vida jamás sería aburrida.

N/A: Bien, este capítulo ya estaba listo, sólo necesitaba corregirlo y culminarlo ^^' aaa la uni tan necia con quienes disfrutamos de escribir :) espero disfruten del capítulo ^^

Lo prometido es deuda, pueden hacer peticiones para los siguientes capítulos ^^

¿Reviews?