Disclaimer: Ni el universo de Sherlock ni Star Trek me pertenecen, son ambos propiedad de sus respectivos creadores, Sir Arthur Conan Doyle y Gene Rodenberry y sus ahora, respectivos dueños.
Advertencias: Slash, spoilers de los comics de Star Trek y los de Khan que continúan a la película.
Disfruten :)
Capítulo 4: Finalmente, un hogar
La USS Hurakan había llegado a un nuevo sector de la galaxia, en el, un joven sistema solar albergaba tres planetas, uno de los cuales era clase M, muy parecido a la Tierra y casi paradisiaco. Existía también uno clase N algo hostil para mantener la vida y uno clase Q, con un clima variable pero igual de hermoso que el clase M.
—Perfecto, Khan, tienes tres planetas de donde escoger—dijo Sherlock dando vueltas en su silla, con las piernas colgando graciosa y despreocupadamente de uno de los reposabrazos.
—Necesitan ser estudiados a fondo, evaluarlos a ver si a largo plazo son capaces de soportar una civilización, no es tan sencillo, Sherlock—explicó John, obviando el hecho de que esos eran conocimientos de primer año en la academia.
—Pues mi promesa sólo incluía el traerlos hasta uno, no quedarme a estudiarlos, ese es trabajo para los científicos de naves más grandes.
—Recuerda lo que dijo, Mycroft, una vez escogido el planeta se establece una frontera de un parsec de distancia sujeto a una normativa muy parecida a la que se debe mantener con el planeta prohibido Talos IV—acotó John.
—Oh y a mi hermano se le escapó el detalle del estudio necesario para…Oh—volvió a exclamar Sherlock—. A menos que deseara que los abandonáramos a su suerte.
—Es evidente—chasqueó Khan estudiando en la consola del puesto científico los planetas.
—Estúpido—gruñó Mark.
—Ese Mycroft Holmes—suspiró enfadada la señora Hudson.
— ¿Qué haremos? No podemos estudiar por nuestra cuenta el planeta—dijo Molly—. No contamos con todos los equipos ni el instrumental necesario.
—Y en caso de encontrar algún planeta apto, no podrá ser colonizado sin rebelar el secreto de la liberación de Khan.
Khan suspiró, siempre le ponían trabas a sus planes, siempre había algo que le detenía, era lo que obtenía por confiar en la Flota Estelar.
—Lo solucionaremos, digo, son sólo detalles—sonrió Mark tomando la mano de Khan para calmarle.
Sherlock llevó las manos a su barbilla, pensativo.
—Haré algunas llamadas—dijo al fin mientras se levantaba de su silla.
El puente quedó sumido en un tenso silencio nada más marcharse Sherlock, John carraspeó y asumió el mando, tomando asiento en la silla para dar orden al caos que empezaba a generarse en las mentes de los presentes.
—Bien, se que no esta en nuestras manos, pero adelantaremos el trabajo necesario—empezó.
—Usted es médico, no tiene los conocimientos para…—le interrumpió Khan con ira.
—Estudié ocho años en la academia para tener los mismos conocimientos que mis colegas en una nave espacial, se cual es el procedimiento de rigor en estos casos—acotó John fulminándolo con la mirada, Khan asintió no muy convencido y se cruzó de brazos, rumiando las ganas de golpear al rubio matasanos.
John carraspeó de nuevo y se removió incómodo en la silla, Sherlock siempre le dejaba esas cosas a él, después de todo el detective había "suprimido" todo conocimiento que consideraba inútil.
—Empecemos, el planeta clase N queda absolutamente descartado, no puede mantener la vida en esa clase de condiciones y asumiendo que existan colonos que acepten vivir bajo tu mando, Khan, no aceptaran vivir en el—Khan asintió—. Queda por tanto a tu criterio decidir que planeta, el clase Q o el M escoger, dicho planeta será objeto de estudios temporales y espaciales, quienes posean conocimientos en Geofísica, Geología, Geomorfología, Paleontología, Ciencia del suelo, Climatología, Hidrología, Meteorología, Oceanografía deben ayudar en lo posible, se que no estamos especializados en esas áreas pero es lo único que podemos hacer por ahora—John inspiró a profundidad—. Khan, debes dar el primer paso, habla con Mark, escojan un planeta y hágannos saber su decisión, nosotros estudiaremos el espacio que rodea este sistema solar y el comportamiento de su estrella.
Khan gruñó por lo bajo, odiaba recibir órdenes, pero ante todo era un ser conciente, tomó la mano de Mark y prácticamente lo arrastró fuera del puente. John rodó los ojos y sonrió aliviado, finalmente avanzaban en su misión.
…
—Khan, yo… Cualquier planeta que escojas esta bien, en serio—sonrió Mark dando vueltas a su sopa de verduras, habían terminado en el comedor, Khan sólo miraba por las ventanas a los azules planetas que podrían ser su futuro hogar.
—No puedes ser permisivo en esto, Mark—dijo con seriedad—. Eres un científico, estúdialos y refuta mis deseos como uno—exigió mirando a Mark con los ojos brillantes.
—Soy historiador, no tengo muchos conocimientos en las ciencias que nombró John—admitió Mark jugueteando con un trozo de zanahoria.
—Úsalos para decidir—presionó Khan tomando asiento frente al joven.
—Si debiera guiarme por mis conocimientos, escogería el clase M, es el más sencillo para poblar—Khan torció el gesto— ¿No te gusta?
—El clase Q presenta niveles un poco más elevados de gravedad, por poco y duplica a la terrestre, el nivel de oxígeno es un poco bajo, se que las condiciones son duras, pero quienes vivan en el y logren sobrevivir, serán superiores—sonrió Khan.
—Entonces será el clase Q—sonrió Mark tomando finalmente una cucharada de sopa.
— ¿Estas seguro? —presionó Khan alzando una ceja.
—Deseas crear un imperio de seres superiores, una utopía del orden y la fuerza, no puedo hacer nada contra eso—suspiró Mark dejando de lado la cuchara, su estómago se negaba a recibir más alimento—. Me lo has dado todo, Khan, es justo que lo retribuya de alguna manera.
Khan reclinó su cuerpo en el respaldar de la silla, su mirada se volvió dura y penetrante por unos segundos, luego, se reblandeció y permitió a que una sonrisa petulante escapara de sus labios.
—Entonces, estás dispuesto a sufrir ese infierno por mí. Para complacerme.
Ante aquellas palabras Mark se ruborizó fuertemente, esquivó la mirada y se concentró en visualizar los planetas a través de la ventana.
—No sólo por eso, ese ambiente me fortalecería.
—Oh—exclamó Khan sonriendo, deduciendo correctamente los motivos de Mark para desear aquello—. Entonces deseas ser más fuerte, deseas llevarme el ritmo.
Mark frunció el entrecejo al verse descubierto.
—Me molesta ser inferior a ti—admitió—. Si voy a ser tu pareja debo estar a tu altura—suspiró—. Aunque sea imposible.
Khan no supo que contestar a aquella confesión, su pecho vibraba lleno de felicidad y de una inusitada calidez.
—Los primeros años necesitarías de medicamentos para acostumbrarte—dijo pasados unos minutos.
—Lo se. Pero luego no los necesitaría y todo estaría bien—sonrió Mark—. Ve y dile a Watson de nuestra decisión, no hay tiempo que perder.
Khan torció el gesto, dividido entre el deseo de castigar a Mark por aquella petición tan descarada y besarlo profundamente hasta dejarle los labios marcados por la pasión. Molesto sacudió la cabeza, Mark se encogió en su sitio, maldiciéndose por su atrevimiento, su cuerpo lo pagaría, de eso estaba seguro, sin embargo Khan sólo le regaló una mirada profunda antes de abandonar la sala.
—Esto no puede ser nada bueno—suspiró Mark temblando, casi prefería que Khan le hubiera saltado al cuello en ese mismo instante, ahora pasaría las siguientes horas temiendo por su integridad física.
…
—Matasanos—llamó Khan a John nada más entrar al puente.
—Si, Khan—suspiró John apartando los ojos del visor científico.
—El planeta clase Q es el escogido—anunció entregándole una tablet.
— Es un planeta con un ambiente cambiante causado por su órbita peculiar, factor que causa que las condiciones climáticas cambien drásticamente en el tiempo—leyó John frunciendo el entrecejo al leer las demás características básicas del planeta—. Khan, este planeta no es muy apto para Mark.
—Él lo sabe y aún así decidió vivir en el.
— ¿Decidió? —cuestionó John con incredulidad—. O, ¿Lo obligaste?
—En este caso, es su decisión—bufó Khan.
—Bien—cedió John cerrando los ojos—. En cuanto Sherlock termine su larga charla vía radio espacial, bajaremos al planeta para estudiarlo más a fondo.
Khan asintió, luego dirigió sus pasos fuera del puente, lleno de dudas por la reacción de John, ¿Acaso creían que siempre obligaba a Mark? Y, ¿Por qué le interesaba lo que pensaba ese grupo de seres inferiores? No, no era eso, sólo pensaba en Mark y su opinión acerca de ello, acerca de su naturaleza imponente.
— ¿Mark? —llamó al entrar al camarote, Mark dormitaba sobre el escritorio, su algo largo cabello castaño le caía sobre la frente, dándole un aire inocente, Khan sonrió y lo alzó en brazos para llevarle hasta la cama.
— ¿Uh, Khan? —dijo Mark con pereza al sentirse arropado en la cama.
—Puedes descansar, bajaremos en un rato—explicó Khan tomando asiento en uno de los sillones de la habitación—. Revisaré los datos del planeta y anotaré los más relevantes—agregó tomando una tablet, en una muda invitación a que Mark siguiera en su sueño.
—Ya lo hice yo—dijo Mark—. Caí dormido mientras lo hacía—se excusó.
Khan alzó una ceja y dejó la tablet sobre el escritorio, luego caminó hasta la cama. Mark siguió sus pasos con la mirada, Khan se detuvo frente a la cama y se subió en ella con las rodillas, doblando el colchón con su peso.
— ¿Estas seguro?
— ¿De vivir en un planeta hostil con una pareja igualmente ruda? Si—sonrió Mark arrebujándose más en la sábana, en respuesta, Khan se recostó a su lado y lo encerró en un duro abrazo— ¿Khan?
—No fuerces a tu suerte—gruñó el superhombre.
Mark rió quedamente y se dejó llevar de nuevo por el sueño, seguro, como jamás lo estaría, al encontrarse en brazos de su pareja.
…
Sherlock paseaba por su habitación, la única solución al problema de Khan sólo traería más tensiones a su vida, ¡Con lo que deseaba dejar al superhombre e irse pitando de esa zona del cosmos en busca de un caso! Ahora debía quedarse en calidad de juez de paz entre Jim Kirk y Khan. Lo peor sería comunicar aquello a Khan, como lo deseaba fuera de su nave, lejos de John y de todos a quienes valoraba.
—Sólo serán unos días, quizás lo mejor sea mantenerlos separados mientras duren los estudios—suspiró John.
— ¿Abandonar la orbita mientras llega la Enterprise? —tanteó Sherlock tomando asiento en su cama sin poder evitar una mueca de dolor al mover sus brazos hacia atrás para sostenerse.
—No, estoy seguro que ni a Kirk ni a Khan les gustaría eso—acotó John masajeando gentilmente los hombros tensos de Sherlock.
—Llegarán en unas 25 horas, tenemos tiempo para bajar y hacer estudios preliminares—opinó el detective conteniendo algunos sonidos de placer—. Maldita burocracia—gimió cuando John deshizo uno de los tantos nudos de tensión ubicado en su cuello.
—Bueno, Lestrade y Mycroft te debían ese favor, nos los debían a todos, no se porque tardaron tanto en decidirse a llamar a una nave científica, incluso la USS Enterprise era la solución más lógica al problema.
—Bajaremos en una hora—continuó Sherlock, desestimando el seguir discutiendo el tema de la larga llamada espacial—. ¿Qué tipo de vida existe en el planeta?
—Casi prehistórica, ningún indicio de homínidos inteligentes, sólo bestias enormes y mares llenos de tiburones y ballenas—explicó John empujando a Sherlock hacia el colchón.
— ¿Algún dinosaurio que pueda devorar a Khan? ¡Auch!
—No, ninguno, no seas tan desagradable—le regañó John terminando de masajear el trapecio del menor.
—Él es el desagradable—acusó Sherlock con un mohín.
—Si, lo es, pero no te rebajes a su nivel.
…
—Señora Hudson a la mínima señal de peligro súbanos inmediatamente—explicaba Sherlock a la amable anciana mientras se enfundaba su abrigo sobre el traje de exploración. Molly luchaba con las amarras del mismo, sin poder sujetar su phaser o su tricorder al cinturón, John fue a ayudarle con una sonrisa.
—No te preocupes querido—sonrió Martha activando los controles.
La luz del transportador rodeó a los exploradores, separando su estructura en átomos para reunirlos de nuevo en la superficie del planeta clase Q.
—Había perdido la practica—se quejó Mark frotando su torso.
—Para transportarse no se requiere practica, quizás hables de la sensación—corrigió Sherlock sacando su tricorder.
Tras aquel pequeño intercambio de palabras todos se dedicaron a observar a su alrededor, si bien era cierto el clima variable y hostil, el paisaje no podía ser menos hermoso y contrastante.
—Plantas xerófilas compartiendo el suelo con plantas propias de una tundra—exclamó John sorprendido tomando muestras de las espinas de una especie de cactus en miniatura.
—Hay agua cerca—señaló Khan con los ojos cerrados, concentrado en escuchar los sonidos que le rodeaban.
—Lo olvidaba—se disculpó John deteniendo al grupo que ya empezaba a avanzar por aquel bosque singular—. La gravedad es casi dos veces superior a la terrestre y hay poco oxígeno en el aire, traten de no agitarse, a la mínima señal de agotamiento deben avisar a Molly o a mí y les daremos Triox para solventar el problema.
—Aburrido—suspiraron Khan y Sherlock al unísono, bastante alejados del grupo principal, John rodó los ojos y Molly rió apenada.
—Khan no lo necesita—dijo señalándolo, el superhombre ya avanzaba delante de ellos, subiendo rocas y esquivando troncos caídos como si fuera lo más sencillo del mundo.
—No, él es superior en ese aspecto—cedió John caminando con lentitud junto a Molly y Mark—. Pero Sherlock no comparte esas características y le sigue el ritmo.
Ciertamente, el Detective Consultor prácticamente brincaba de planta en planta, tomando notas, muestras de suelo y fluidos y mil y una cosas más con las que seguramente experimentaría luego.
—Sherlock, como llegues quejándote porque te falta el aire la vamos a tener—amenazó mientras tomaba muestras de una de las plantas olvidadas por el menor.
—John, esto es una aventura, hay que explorar, quien sabe cuantos venenos y antídotos y nuevas armas homicidas se pueden crear con los nuevos elementos de este planeta— dijo emocionado.
—Y pensar que te aburría la idea—rió John.
—Ey, miren lo que encontré—gritó Khan regresando sobre sus pasos con emoción.
— ¿Qué? —inquirió Mark corriendo hasta llegar a su posición—. Vaya—exclamó entre jadeos.
Un gran claro se extendía ante ellos, alimentado por un lago completamente cristalino habitado por las más singulares y hermosas criaturas acuáticas. Khan ya analizaba el agua con su tricorder, emocionado por lo que descubría.
—Es completamente pura—anunció al grupo. Todos, menos Sherlock, se acercaron para contemplar el espectáculo creado por los peces de colores al nadar en el agua.
— ¡John! —gritó Sherlock de improviso, John rodó los ojos y giró para ubicar a su novio entre la maleza.
— ¿Qué sucede? —preguntó, observando que Sherlock tenía el brazo derecho semioculto entre los árboles.
—Dijiste "casi" prehistórico ¿No? —dijo con voz contenida, John caminó hasta alcanzarlo, era sospechosa la manera en que su brazo parecía ser jaloneado hacia dentro del bosque—. Creo que esta planta carnívora entra dentro de esa categoría—gimió.
John alzó las manos al cielo en una muda exclamación de sorpresa y bajó la mirada hasta ubicar el "problema" que sujetaba a Sherlock del brazo. Una gigante y maloliente planta carnívora, muy similar a una Venus atrapamoscas, sujetaba la mano de Sherlock con fuerza, sus espinas eran similares a dientes, estos parecían sonreír y su tallo jaloneaba con fuerza a su presa.
—Dios santo, sólo a ti se te ocurre—regañó John buscando la manera de abrir las mandíbulas de la planta sin dañarla.
—Pero, John—se justificó Sherlock con dolor en su voz—Sólo quería una muestra de sus fluidos, podrían ser poderosos ácidos que…
—Claro, y ¿Qué mejor forma para estudiarlos que evaluar cuanto tardan en disolverte la mano? —gruñó John molesto logrando abrir, por fin, las mandíbulas de la planta. Sherlock retiró su mano y John soltó a la planta, que en respuesta pareció gruñir salvajemente—. Déjame ver la mano—ordenó a Sherlock mientras este se esforzaba por recuperar el aliento.
—Ay, se gentil, no, duele—se quejaba Sherlock dando brincos en su lugar.
—Eres todo un niño cuando lo deseas—espetó John alborotándole los rizos luego de vendarle la mano—. No vuelvas a tocar nada que parezca peligroso, mejor aún, no toques nada—le advirtió.
Un fuerte sonido de chapoteo les llegó desde el lago, John rodó los ojos y trotó hasta el lugar, ignorando sus propias advertencias de tomar todo con calma.
—Pero… ¿Qué? —exclamó al notar el traje de Khan perfectamente doblado en brazos de una sonrojada Molly y al susodicho nadando inocentemente en el lago.
—No pude detenerlo, John—se excusó Molly.
—Claro, él si puede experimentar—dijo Sherlock masticando las palabras.
—Probablemente en el momento en el que te sumerjas saldrán unos tentáculos del agua y te jalaran hasta el fondo del lago—acotó John mirando con seriedad a su novio.
—Ilógico, desde aquí podemos ver el fondo y sólo se ven pequeños peces de colores en el agua.
Otro gran chapoteo les indicó que Mark había seguido a Khan al lago, el joven de cabello castaño seguía a su novio con algo de dificultad, aún no recordaba del todo como nadar ni flotar.
—Es un hermoso lugar—dijo entre jadeos al llegar a su lado.
—Excelente para construir mi imperio—afirmó Khan antes de sumergirse y bucear a gusto. Los peces no parecían temerle y se le acercaban, curiosos, acompañándolo en su paseo submarino.
Sherlock bufó y continuó estudiando los alrededores del lago, siempre bajo la atenta mirada de John.
—Desearía pasar la noche en este lugar—dijo Molly tomando asiento bajo un árbol, el suelo estaba recubierto de suave musgo e invitaba a recostarse y dormir largamente.
—No creo que desees hacerlo, la temperatura empieza a descender—comentó John con los ojos fijos en su tricorder—. A razón de 10 grados cada hora—leyó en el aparato.
—Eso explica la vegetación—apuntó Sherlock, notando con curiosidad como salía vaho de su boca.
— ¡¿Por qué demonios hace tanto frío?! —gritó Khan mientras se acercaba al grupo, a su lado un casi azul Mark le seguía el paso—. El lago casi nos congela vivos—explicó, mientras se quitaba la chaqueta negra de su traje para cubrir con ella a Mark.
—El ambiente es variable—recitó John de memoria—. Mejor subamos a la nave—aconsejó—. Una bebida caliente, descanso y nuevos trajes nos permitirán continuar con los estudios.
—Creí que estos trajes tenían un sistema de adaptación térmica—chasqueó Khan con fastidio.
—Lo tienen, pero no para las temperaturas extremas que se empezaran a sentir en minutos—respondió John tomando su comunicador—. Señora Hudson, súbanos.
En un abrir y cerrar de ojos se encontraron en la plataforma del transportador, sintiendo de lleno, en sus pieles, el cambio de temperatura.
— ¡Oh dios mío!—exclamó la buena señora—. Prepararé chocolate caliente.
—Agréguele unas gotas de Brandy Sauriano—apuntó John evitando que Mark se sentara en la plataforma—. Necesitas moverte para entrar en calor—le dijo.
—No puedo evitarlo, no estoy acostumbrado al frío—dijo entre temblores, Khan le rodeó con los brazos y pasados unos minutos estos cesaron casi por completo.
— ¿Cuánto tardaremos en bajar? —cuestionó Sherlock haciendo tintinear los frascos de las muestras en sus bolsillos.
—Dos horas, a los sumo tres, la temperatura será de -30 ºC para ese momento—anunció John toqueteando su tricorder.
—Suficiente para un experimento o dos—musitó Sherlock emocionado.
—Nada de eso, tomarás el chocolate e irás a tu camarote a dormir un rato.
—No eres el capitán—bufó el detective saliendo de la sala de transportadores, dejando a John con la respuesta en la boca. Khan rió y arrastró a Mark a la salida.
—Se me ocurre una buena actividad para entrar en calor—susurró en el oído del joven.
— ¿Dormir juntos? —tanteó Mark sin poder ahogar un bostezo. Khan rodó los ojos y lo subió a su espalda como si de un fardo se tratase.
—si, Mark, dormir juntos.
…
Una suave pátina blanca recubría el otrora bosque semi-tropical, un frío y cortante viento helaba las ramas descubiertas de los pinos y palmeras, y la aguanieve chocaba contra los cinco cuerpos que se atrevían a caminar bajo semejantes condiciones.
—Esto es increíble—exclamó Sherlock estudiando las plantas xerófilas—. Están hibernando.
—Yo tengo ganas de hibernar—suspiró Molly aferrando con dedos temblorosos, a pesar de estar cubiertos por un grueso guante, su abrigo de ultima tecnología—. El agua que conforma el hielo y la lluvia es perfectamente pura—dijo con asombro— ¿Qué más estudiaremos?
— ¿Cómo sobreviven los peces en el lago? —inquirió Khan sujetando a Mark a su lado—. No me interesa un planeta donde los recursos mueren durante la noche.
—Buena idea y luego subimos—tiritó John—. Casi estamos a -40 ºC.
Se abrieron paso entre el viento, la nieve y las ramas heladas hasta llegar al lago, el cual, lucía perfectamente congelado. Bajo su superficie los peces nadaban con tranquilidad, casi parecían ignorar las duras condiciones bajo las cuales vivían.
—Increíble—dijo John analizando a las criaturas con su tricorder—. Sus cuerpos están adaptados para calentarse a voluntad.
—Dime algo que no sepa—chasqueó Sherlock caminando sobre el hielo con dificultad.
—Bien, resuelto el misterio, ¿Por qué no subimos y nos calentamos? —opinó Molly entre dientes.
—Sería bueno—secundó Mark tras tomar muestras de suelo—. No siento las manos.
— ¿Y los mamíferos? ¿No existe otro tipo de animal a parte de inocentes pececitos? —cuestionó Sherlock.
—Estarán ocultos—contestó Khan empujando a Sherlock, a través del hielo, de vuelta al grupo—. Vámonos, mañana puede continuar el estudio.
Sherlock rodó los ojos, la preocupación de Khan por Mark a veces rozaba lo patético.
—Cierto, eso me recuerda—John hizo señas a Sherlock para que guardara silencio, no era el mejor momento para dar la noticia—.Khan, mañana arribará la USS Enterprise para ayudarte con el estudio del planeta.
Khan frenó en seco su caminar, Mark, John y Molly se encogieron en su sitio, Sherlock estudiaba las reacciones de Khan, fascinado por como su rostro dejaba ver todo lo que pensaba con tanta facilidad.
— ¿No podías llamar a otra nave? —preguntó Khan masticando las palabras, con las manos cerradas en puños temblorosos, dio un par de pasos y acercó su rostro al del detective—. No, tenías que llamar a Jim Kirk y su banda de traidores.
— ¿Tanto odias que te hayan derrotado dos veces? —John golpeó su rostro con la palma de su mano, si Khan golpeaba a Sherlock se lo tenía bien merecido y no iba a intervenir.
—Soy tan mal perdedor como tú—aceptó Khan—. Accedí a recibir ayuda de la traicionera Flota, pero no aceptaré la de Jim Kirk.
—Orgulloso.
—Tanto como tu—bufó Khan fulminando a Sherlock con la mirada, ambos no parecían conocer lo que era el respeto al espacio personal.
—Son los únicos que pueden ayudarte, y los únicos, a parte de nosotros—señaló a su tripulación—. Que pueden cruzar la frontera de un pársec para traer colonos y ayuda a tu planeta sin sufrir la pena de muerte—explicó, como si fuera lo más obvio, altivo como sólo él podía serlo.
Khan gruñó, controló los temblores de su cuerpo y cerró los ojos, abatido. A pesar de su orgullo y superioridad, al contrario que muchos de sus hermanos, él era capaz de acallar su ego en pos de una solución más eficiente. Sin embargo, no iba a aceptar las burlas de la copia errónea de su ADN, sonriendo peligrosamente de dio vuelta, alguien debía enseñarle a Sherlock a controlar su tonito altivo e insultante. Sherlock relajó su cuerpo al ver a Khan girarse, sin esperar el siguiente movimiento del superhombre.
Se vio tendido en el suelo, con Khan sobre su cuerpo y un puño alzado peligrosamente cerca de su rostro, sereno observó el puño bajar hasta hacer contacto con su pómulo derecho.
—Bien, ya entendimos, te has desquitado—suspiró John tratando de apartar a Khan a jalones, tras unos cuantos lo logró, Khan sonrió y se alejó del grupo a través de la nieve e hizo señas a Mark para que no le siguiera, no era seguro que nadie le tocara mientras estuviera tan lleno de ira—. Sherlock, eso no fue muy inteligente—regañó al menor.
—Decía la verdad—se defendió Sherlock con un mohín.
—No, te hacías el sabiondo, el poderoso—espetó John ayudándolo a ponerse en pie—. Eso sólo empeorará todo.
…
Kirk golpeó con fuerza el botón que cerraba la comunicación, vía radio subespacial, con el comodoro Lestrade y el canciller Mycroft, aquellas eran órdenes superiores que ni siquiera él podía burlar.
—Asumo que las nuevas órdenes no son de su agrado, capitán—dijo Spock tras de él.
—Las escuchaste conmigo, Spock, ¿No te causa ningún tipo de respuesta emocional? —inquirió Jim mirando a su t'hy'la, sus ojos azules parecían haber envejecido diez años debido a la preocupación y a las miles de emociones encontradas que sentía en esos momentos.
—Es una decisión lógica, dada la actual situación—cedió el Vulcano con serenidad—. Las tretas de la sección 31, el imperio Romulano y el Klingon nos llevaron a buscar alianzas necesarias.
—Te olvidas del desquiciado de Moriarty—señaló Jim—. Demonios, Spock—exclamó fuera de si—. Es decir, Khan sólo reaccionó a la maldad y la traición, él nunca quiso hacer daño, él no disfruta con eso, pero… No puedo evitar pensar que no es justo.
— ¿A qué se refiere?
—Al hecho de que nosotros, siendo inocentes en todo esto, tengamos que solucionar las consecuencias de las acciones de humanos inescrupulosos del siglo XX y XXI, las de un desquiciado psicópata y las de gobernantes y militares—inspiró profundamente para gemir—. Somos exploradores, Spock, no inocentes palomas blancas con banderas de paz universal. No es nuestro trabajo.
—Al vernos implicados en dichas situaciones, capitán, nos vemos, en la obligación de responder a…
— ¡Maldita sea, Spock!
—Adoro cuando le gritas al duende—rió McCoy mientras entraba al camarote de Jim—. Bien, ¿Cuál es esa nueva y "segura" misión?
—Considerando las características y estándares de la misma, difícilmente la veo como"segura", doctor—acotó Spock llevando las manos tras su espalda—. Confío en que el capitán podrá explicársela apropiadamente—sus ojos bajaron hasta ubicarse en la puerta inferior del closet de Jim, donde sabía, se ocultaba la cerveza romulana—. Iré a supervisar el puente.
—Bien, desembucha y no te guardes nada, ya sabes que le hace mal a tu digestión—bromeó el médico sacando dos copas y la botella del azul líquido de su escondite.
—Oh, McCoy—gimió Jim enterrando la cabeza en los brazos y alborotándose los rubios cabellos con las manos crispadas—. No tienes ni idea.
—Sólo cuéntame, pero no vuelvas a gemir de esa manera—chistó el doctor colocando una copa rebosante en las manos de su amigo.
Las expresiones del buen doctor sureño variaron durante toda la narración, desde la sorpresa hasta la ira y de ahí al miedo, situación que enfrentó con ironía y sarcasmo, algo normal para él.
—Míralo de este modo, serán los colonos los que deban soportarlo—rió McCoy— ¿Quién querrá vivir con él?
—El canciller y el comodoro ya se encargaron, al menos cien colonos están interesados en iniciar una vida nueva bajo el mando de Khan, se les dotó de toda la información, tanto la actual como la pasada, valoraron más la pasada, para ellos es un líder sin tacha y eficiente, una víctima de la humanidad.
—Vaya grupo de locos.
—No, McCoy, pienso igual y eso es lo que me aterra.
—Puedo asegurarte que tu evaluación psicológica salió normal—rió el doctor—. Bien, suficiente cerveza para un día—añadió guardando la botella y las copas—. Cálmate, Jim, todo saldrá bien, ya hemos salido de situaciones peores—le sonrió paternal.
—Debo comunicarlo a la tripulación, sin tapujos ni secretos, esta misión se hará bajo mis términos—afirmó con seriedad, afectado quizás por el ligero envalentonamiento producido por la cerveza.
La USS Enterprise se desvió de su rumbo para dirigirse a la base espacial K-7, de uso civil, y recoger a los colonos, todos eran bastante jóvenes, científicos en su mayoría, deseosos de comenzar una vida nueva en un lugar inexplorado.
—Están dementes—chasqueó McCoy.
—Por el contrario, doctor, sus exámenes han sido impecables y…
—Olvídalo, duende de sangre verde— Spock alzó una ceja y no contestó al doctor.
—No quiero ver a Khan de nuevo, no creo poder controlarme—gruñó Jim desde la silla.
—Si me permite, capitán, yo…
—No, Spock, es mi responsabilidad.
La USS Enterprise se encontró con la nave de Sherlock a la hora estipulada. Anclada la pequeña nave del detective, Jim decidió bajar a la misma y acabar con toda la tensión de una vez.
—Capitán Kirk—saludó Sherlock formal.
—Sherlock—contestó el rubio paseando la mirada por el hangar.
—Estoy aquí, capitán—señaló Khan saliendo de una de las puertas del lugar.
—Khan—gruñó Jim, siendo detenido por la mano de Spock en su hombro.
—Le recuerdo la misión capitán—dijo con serenidad.
A pesar de su advertencia ambos hombres continuaron fulminándose con la mirada, Khan altivo y orgullo, Jim molesto y lleno de afán por proteger a su gente de aquel hombre que consideraba un maniaco vengador.
—Todo esto puede cortarse con un maldito bisturí láser—gruñó McCoy—. Sean lógicos—se estremeció ante la palabra—. Y empiecen a trabajar, mientras antes comencemos antes culminaremos.
—Muy acertado, doctor—afirmó Spock.
—No me des la razón—gruñó el buen médico sureño.
—He tomado algunas muestras que desearía analizar en sus laboratorios—dijo Sherlock ha Spock, quien inclinó la cabeza.
—Entonces acompáñeme, Detective—invitó, Sherlock encabezó la marcha, con las botellas y demás sustancias tintineando alegremente en su gabardina.
—Empecemos con el inventario de suministros médicos—ofreció John a McCoy.
—Si, dios sabe que los necesitaran en ese planeta de locos.
Y así todos dejaron, quizás inconcientemente, solos a Jim, a Khan y a Mark.
—Escúchame cúmulo de genes superiores, te impongo una sola ley para tu planeta, una única ley, y soy respaldado por el canciller y el comodoro Lestrade y todo el almirantazgo—Khan sólo miró a Jim esperando terminara—. Jamás lastimaras a tus colonos, ni física ni psicológicamente, una sola queja, Khan y serás devuelto a la Tierra para responder por tu crimen.
—Curiosa regla—aceptó Khan controlando algunos temblores de ira, Mark le miraba, temeroso de verse envuelto en una pelea—. Supongo que es justo, a cambio de darme total libertad en mi gobierno.
—La tienes, pero no quiero ningún colono herido por tu mano ni por la de nadie de tu gobierno.
—Tienes mi palabra—afirmó Khan entre dientes.
Jim asintió, luego se dio la vuelta y regresó a la Enterprise, pisando fuerte y respirando con igual intensidad.
—Es razonable—murmuró Mark por lo bajo, Khan giró y prácticamente le heló con la mirada.
—Ve a la Enterprise—ordenó—. Ayuda con los estudios del planeta, me entrevistaré con los colonos.
—Pero…
— ¡Ahora!
Mark se encogió en su sitio ante tal grito y no se movió hasta que Khan abandonó el lugar. La había fastidiado y a lo grande.
…
Alexandro Stefano Di Benedetto, doctor en geología, era uno de los científicos asignados al estudio del planeta clase Q elegido por Khan para fundar su imperio, también era uno de los cien colonos decididos a vivir bajo el mando de Khan.
—Interesantes credenciales—le felicitó Khan dejando la tablet sobre el escritorio de la sala de juntas de la USS Hurakan. Jim Kirk y sus científicos hacían estudios profundos al planeta, todo parecía indicar que era más que apto para soportar vida humana y mantenerla a lo largo del tiempo, las únicas dificultades venían dadas por el clima variable y la gravedad, nada que no pudiera superarse con tecnología y ciertas medidas de seguridad- Khan se había negado a alterar el clima del planeta mediante métodos invasivos como los aplicados en la Tierra-
—Si me lo permite, bajaré enseguida a la superficie y continuaré con los estudios para evaluar las zonas más seguras y óptimas para un asentamiento humano—dijo Alexandro solícito. Khan se reclinó sobre su silla y le estudió con la mirada-había echo aquello con los cien colonos que deseaban vivir bajo su mando-.
— ¿Estas seguro de tu decisión? Luego de tomada no podrás salir del planeta en toda tu vida, serás un prisionero del secreto guardado por la Flota, al menos hasta que encuentren la manera de revelarlo a los miembros de la Federación—dijo Khan con suavidad.
—Estoy seguro, para mi no hay nada mas apasionante que ser de los primeros en estudiar este magnífico planeta—contestó el científico con emoción.
—Veinticinco años, una edad muy corta para saber lo que deseas hacer con tu vida.
—No para mi, señor.
Khan asintió, tomó la tablet y la firmó con su huella digital, Alexandro hizo lo mismo y se levantó con decisión, tendiendo una mano al superhombre en señal de saludo, Khan la estrechó y le invitó a abandonar la sala con la mirada.
El joven era alto, casi de su estatura, de cabellos castaño claro y ojos increíblemente azules, sin duda, poseía unos genes magníficos que permitirían poblar aquel planeta con lo mejor de lo mejor, dentro de lo que la sencilla genética humana permitía, obviamente. Sin embargo Khan se permitió sonreír, finalmente su sueño se veía cerca de ser cumplido.
N/A: Bien capítulo en respuesta a la petición de Hayden1989, serán dos capítulos ya que me explayé con el planeta ^^' sorry ante todo soy trekkie y pues… los orígenes me llaman fuertemente XD. Espero te guste ^^
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Adelanto:
"Alexandro sonrió a Mark con candidez y le estrechó en sus brazos fuertes y seguros, sus ojos transmitían calma y su cuerpo un calor deseado y necesario en aquellas circunstancias adversas. Mark no podía evitar comparar y aquello le estaba llevando por un muy mal camino."
