Disclaimer: Ni el universo de Sherlock ni Star Trek me pertenecen, son ambos propiedad de sus respectivos creadores, Sir Arthur Conan Doyle y Gene Rodenberry y sus ahora, respectivos dueños.
Advertencias: Slash y sexo duro, así que si no te gusta no leas XD.
Disfruten :)
Capítulo 5: Problemas en el paraíso
—Fascinante—dijeron Spock y Sherlock al unísono, tras sintetizar un potente ácido a partir del inocente y aparentemente inocuo fluido de uno de los cactus del planeta.
—Dios me salve—suspiró John al asomarse al laboratorio.
—Spock aún no ha ocasionado ningún accidente, me lleva el diablo si tengo que admitirlo, pero el duende es sensato—afirmó McCoy tras John.
—No puedo decir lo mismo de Sherlock—suspiró John echando a andar.
—Un día estalló el replicador de nuestro laboratorio—afirmó Molly.
—Intentaba programarlo para replicar ácido sulfúrico en cantidades industriales—explicó John a McCoy.
— ¿Para qué haría eso?
—Quería estudiar cuanto tardaba el cuerpo de un Vulcano en disolverse en un tanque lleno de esa sustancia en específico. Ayudaría a esclarecer la hora precisa del asesinato de un importante senador—respondió John—. En realidad era un caso viejo que Lestrade le dio para evitar que lanzara a Khan por la escotilla de la basura.
—Chico, no te envidio—cabeceó McCoy consternado.
…
Alexandro caminaba por la superficie del planeta, analizando con su tricorder las formaciones rocosas y cuevas que se abrían paso hasta más allá del horizonte. Su paso era seguro, no se notaba afectado por la gravedad o la falta de oxígeno, el afán de exploración era un increíble aliciente.
— ¿Cómo van tus análisis? —preguntó Khan apareciendo de improviso de dentro de una de las cuevas, con el cadáver de algo parecido a un búfalo excesivamente colmilludo en brazos. Mark le seguía, pálido y sudoroso.
—He demarcado las zonas seguras para construcciones en el mapa, señor—explicó Alexandro sin inmutarse por el cadáver—. Son estas señaladas en verde—indicó en una tablet—. Las zonas en amarillo suelen ser sísmicas y admiten construcciones diseñadas para tal fin, y bueno, las rojas indican actividad volcánica—explicó—. En imposible vivir o construir algo en ellas, quizás alguna central térmica pero nada más.
—Bien, es bueno saber que cerca del 80% de la superficie terrestre es apta para la construcción—afirmó Khan—. Continua tu trabajo, llevaré la cena al campamento—indicó el cadáver—. Perfectamente comestible, odio los replicadores y su comida artificial.
—No comeré algo que intentó matarme—gimió Mark.
—Lo harás—susurró Khan fulminándolo con la mirada—. Tú insististe en seguirme.
—Lo hice, pero no sabía que cazaríamos algo tan…
— ¿Colmilludo? —opinó Alexandro—. Puedes ayudarme, oh que modales, soy Alexandro, geólogo—se presentó extendiendo una mano que Mark no dudó en estrechar con entusiasmo.
—Soy Mark, doctor en historia.
—Nada como conocer el pasado para construir un buen futuro—sentenció Alexandro sin soltar la mano de Mark. Khan gruñó algo por lo bajo y Mark se apresuró a soltar la mano de Alexandro.
—Creo, creo que mejor voy con Khan y…
—Quédate con él, después de todo, no serás de mucha ayuda—cedió Khan luchando contra todos los impulsos que trataban de obligarlo a arrastrar a Mark lejos de ahí. No era correcto y debía dar cierto espacio a Mark, no podía mantenerlo pegado a su cuerpo todo el tiempo, aunque lo desease.
—Si eso deseas…—Mark vio interrumpidas sus palabras por un beso fogoso de Khan contra sus labios, pronto, estuvo deleitado por el fuerte sabor de Khan danzando contra su lengua, el sabor a sudor de sus labios y el propio en un baile erótico que Alexandro detuvo con un carraspeo.
—Creo que entendí el punto—afirmó sonrojado—. No se preocupe señor, cuidaré de él—prometió.
—Yo cuido de él—bufó Khan sacando el pecho. A cada instante crecía la sensación de que el haberle dado permiso a Mark para explorar con Alexandro era una muy mala idea.
—Puedo cuidarme solo—protestó Mark zafándose de los brazos de Khan.
Khan alzó una ceja y sus ojos brillaron durante unos segundos, Mark se encogió un poco ante aquella mirada, estaba haciendo méritos para una noche terriblemente placentera y no sabía si aquello le excitaba o aterraba, quizás sentía ambos sentimientos a partes iguales.
—Tráelo de vuelta a las 1800, la temperatura empieza a descender en ese punto—indicó Khan antes de darse vuelta y echar a andar hacia el campamento.
—Si que es dominante—rió Alexandro echando a andar en dirección contraria.
—No tienes ni idea—contestó Mark aliviado siguiendo los pasos de Alexandro.
— ¿Es tu novio?
—Algo así.
—Pareces su esclavo—opinó Alexandro mientras entraba a una de las cavernas—. Lo siento, eso no fue apropiado—se disculpó.
—No, esta bien, a veces creo que lo soy—suspiró Mark tomando asiento sobre una roca, empezaba a ser agradable el compartir con alguien más que no fueran Khan o la tripulación de la Hurakan— ¿Estarás mucho tiempo en esta cueva? Necesito descansar.
—Oh si, adelante, descansa, sólo vigila en caso de que la cueva no este deshabitada—indicó Alexandro dando palmadas a su phaser para dar énfasis a sus palabras. Mark asintió y tomó el suyo con seguridad.
Mark fijó su mirada al fondo de la cueva, ansioso por esperar algún movimiento extraño desde su interior.
—No estés tan tenso—rió Alexandro con los ojos fijos en su tricorder—. Dime, ¿Fuiste tu quien liberó a Khan?
—Si, algo así supongo—admitió Mark.
— ¿Algo así? —inquirió el geólogo mirándolo con curiosidad.
—Es difícil de explicar—Mark se removió incómodo, algo en esos ojos azules le transmitía confianza, pero no se sentía seguro explicando su condición ni si eso era lo mejor.
—Bien, no indagaré—rió Alexandro—. Debemos irnos, aun quedan cuevas por explorar y pronto empezará a bajar la temperatura.
Mark asintió y siguió a Alexandro fuera, pasaron el tiempo entre cuevas y rocas curiosas, llenas de minerales nuevos y conocidos, algunas incluso brillaban como joyas.
—Toma—ofreció Alexandro tendiendo una de esas piedrecillas brillantes a Mark.
—Es hermosa—admitió Mark mirándola a contra luz, el sol se estaba poniendo, dándole nuevas tonalidades, con su luz mortecina, a aquella piedra azul marino.
—Se hace tarde, empieza ha hacer frío, regresemos—indicó Alexandro mirando su reloj.
—No es tan… ¡Mierda! —exclamó Mark guardando la piedra en su bolsillo—. Con razón empezaba a hacer frío.
— ¿Tienes toque de queda? —sonrió burlón el geólogo ayudándolo a bajar de las rocas—. El campamento queda a media hora de camino, no nos hemos atrasado tanto y no hace frío en exceso.
—No entiendes, Khan dijo una hora y…
—Eres un sometido—continuó Alexandro con sus burlas—. No corras, te hará mal—indicó a un apresurado Mark.
—Son casi las 1900, estará, oh dios, estará furioso—gimió Mark llevando las manos a sus cabellos sucios de tierra.
—No podemos correr—suspiró Alexandro—. Seguro entenderá.
—No lo hará, me va a matar—gimoteó el joven historiador.
—Si te sirve de consuelo, lo hará conmigo primero—le picó Alexandro adelantándolo por el camino que previamente habían recorrido, caminando de espaldas para mofarse mejor.
—Si, y luego se divertirá, lo hará de manera lenta y sádica y…
—Quizás primero me arranque las uñas y los cabellos—opinó Alexandro.
— ¡Aagghhh eso es horrible!—exclamó Mark sin poder contener las risas.
—Eres historiador, conoces todas las torturas antiguas, cuéntame alguna para darle ideas a Khan.
Así, entre risas y bromas un tanto macabras Alexandro borró de la mente de Mark toda preocupación por la ira de Khan, la cual, seguramente estaba por caer sobre ambos.
—Ya que les divierte tanto…—dijo una fría voz.
—Oh dios—jadeó Mark deteniendo su caminar, habían llegado al campamento, todos los colonos se encontraban ya en las grandes, como cabañas, tiendas climatizadas, Khan era el único que estaba fuera, esperando por ellos frente a una enorme fogata.
—Puedo explicarlo señor, investigaba unas cuevas y el tiempo…
—Esta bien, Alexandro, no tengo problemas contigo—siseó Khan, su tono indicaba lo contrario, pero no podía lanzarse sobre Alexandro, tenía una norma que cumplir—. Ve a tu tienda—ordenó, señalándola con un ademán de su cabeza.
—Si, señor—suspiró Alexandro, dio una mirada de conmiseración a Mark y se alejó cabizbajo.
— ¿Cuál prefieres? —interrogó Khan a Mark rodeándole los hombros con uno de sus brazos, estrechándolo contra su cuerpo con fuerza. Empezó a caminar y lo guió hasta la tienda principal, la cual sólo sería habitada por ellos dos.
— ¿A qué te refieres? —inquirió Mark, sabiendo que aquello era sólo una pantomima y en cuanto la puerta de la tienda se cerrase tras su espalda estaría en serios problemas.
— El potro, el trono, la dama de hierro—enumeró Khan cerrando la puerta tras de si.
—Oh bueno, es una difícil decisión—Mark tragó con dificultad, casi gimió cuando, de improviso, Khan lo empujó hasta una mesa cercana y con sorprendente fuerza lo sentó sobre ella— ¡Lo siento! —exclamó aterrado.
—Oh, yo lo sentiré más, créeme—aseguró Khan con suavidad acercando su rostro al del joven.
—El tiempo pasó y…—Khan se alejó hasta un estante cercano y empezó a rebuscar en el.
—Continua, soy alguien justo y siempre escucho todos los testimonios—indicó, desenfadado.
—Pues, eso, el tiempo pasó y cuando Alexandro y yo nos dimos cuenta ya estaba anocheciendo—admitió, cabizbajo. Khan regresó hasta su posición y la curiosidad lo obligó a subir la mirada, había demasiado silencio.
—Triox—explicó Khan señalando la hypospray que llevaba en la mano. Mark asintió y se quedó muy quieto, esperando que Khan le apuñalara con el aparato o algo parecido, sin embargo a penas y sintió la descarga del mismo en su cuello—. Tenías los labios ligeramente azules—indicó, dejando el aparato de lado, luego con sus dedos delineó los labios de Mark hasta que estos recuperaron su color— ¿Tienes hambre?
—No—mintió Mark, siendo traicionado por un leve gruñido de su estómago. Khan lo escuchó y sonrió.
—Parece que si, no me mientas—advirtió, dirigiéndose a la cocina de la tienda, ubicada en la sala contigua.
Mark se removió, incómodo, sobre la mesa, no quería pensar en lo que pasaría luego, porque seguramente no sería bueno, Khan estaba conteniéndose.
—Ten, una mujer preparó este platillo especialmente para nosotros, comí mi parte y dejé la tuya en la cocina para que se mantuviera caliente mientras regresabas—Khan regresó, con un plato en las manos, lleno con ensalada y un enorme y jugoso bistec de carne—. Baja de la mesa, no comerás ahí sentado.
"Ahí está, indicando la falta", gimió el cerebro de Mark.
Mark bajó de la mesa, deseando poder controlar el temblor de sus piernas, tomó asiento y Khan colocó el plato frente a él.
—Come—ordenó, tomando asiento justo al frente.
"Dios me libre", pensó Mark empezando a cortar el filete, le costaba hacerlo ya que sus manos temblaban.
— ¿Tienes frío? —inquirió Khan con una sonrisita de suficiencia en sus labios.
—No, estoy bien.
—Entonces será por el frío que has pasado fuera—teorizó Khan repantigándose en la silla.
—No pasé frío afuera—contestó Mark forzando al trozo de filete a bajar por su garganta, tenía hambre, pero los nudos ubicados en su estómago y garganta no parecían naturales.
— ¿No? Curioso, porque casi empezábamos a estar a -10 ºC.
—No me di cuenta.
Khan asintió, sin apartar la mirada. Mark continuó comiendo hasta que la tensión fue demasiada.
—No puedo con esto—admitió, dejando el plato lejos de si, prefería tener hambre luego que el seguir aguantando los nervios provocados por la anticipación. Su propio cuerpo incluso, estaba más sensible, el mero contacto con la silla le recordaba el poder que tenía Khan sobre él.
— Comiste muy poco—suspiró Khan retirando el plato para tirar su contenido a la basura.
—Así estoy bien—mintió Mark.
—Lo estas haciendo peor—advirtió Khan mientras se lavaba las manos, sus dedos largos y pálidos se frotaban entre si, lubricados por el jabón, Mark tuvo que pisarse a si mismo para apartar la mirada.
—Yo…
—Te di una oportunidad para explicarte, ya la usaste, ahora—empezó Khan tomando asiento en la mesa, frente a Mark, quien trató de alejar la silla. La mano firme de Khan la detuvo y sus ojos brillaron en advertencia—. Es mi turno.
Mark asintió, a punto de desmayarse, no deseaba aquella situación a nadie, no por el temor o el estrés, si no porque Khan era sólo suyo.
—Llegaste tarde—Mark trató de interrumpir, sin embargo se mordió la lengua para no hacerlo—. Te di una hora de llegada, una hora segura, para que estuvieras a salvo, a mi lado, en el campamento—explicó Khan con suavidad, Mark se encogió en su sitio, esperando la explosión— ¡Por tanto no comprendo como es que dejaste pasar el tiempo! ¡Este planeta es peligroso para ti! ¡Existen toques de queda por las bajas temperaturas, pudiste quedar congelado en algún lugar!
Mark respiró aliviado, un Khan furioso era algo a lo que estaba más acostumbrado.
— ¡Pudiste comunicarte y explicarme la situación! —Mark se dio una palmada mental en el rostro ¡El comunicador! ¡Que idiota! —. Seguro estabas muy entretenido con Alexander.
"Khan celoso, mala señal", indicó su cerebro.
—Explorábamos las cuevas que están tras el lago, no vimos el paso del tiempo, lo siento—Mark respiraba entrecortadamente, nervioso, aterrado en realidad. Bajó la mirada y se entretuvo detallando sus botas altas llenas de barro como si fueran lo más interesante del universo.
—Me has desobedecido—ronroneó Khan tomándole de la barbilla para alzar su mirada.
—Lo se, lo siento, no se repetirá, lo juro—prometió entre tartamudeos. Khan le sondeó con la mirada, serio, luego suspiró, cerró los ojos como si estuviera agotado y le soltó.
—Bien, asunto arreglado—Khan bajó de la mesa—. Ve a darte un baño—ordenó—. Y duerme. Yo redactaré algunas leyes y revisaré los informes de los científicos.
—Si, señor.
"Bien, eso no estuvo tan mal", se dijo Mark mientras arrojaba la ropa sucia por el ducto de la lavandería y guardaba la piedra preciosa en su mesa de noche. Estiró sus músculos y entró a la ducha, disfrutando del agua caliente y el jabón como nunca antes lo había echo, estaba harto de las duchas sónicas de las naves.
Al salir fue conciente del frío, a pesar de tener la calefacción encendida al máximo, este aún se colaba por las paredes de titanio aislado térmicamente, era algo imposible, pero estaba pasando.
—Supongo que me pondré pijama, ni loco duermo desnudo, Khan lo entenderá—se mintió a si mismo mientras sacaba un esponjoso y mullido pijama de uno de los closets de la habitación.
Tan pronto su cuerpo hizo contacto con las sábanas y el colchón, cerró sus ojos y cayó en un cómodo sueño que duró horas, o al menos eso creyó Mark.
—Creí que te había dado una regla para seguir al dormir—susurró con suavidad una voz tras su espalda. Mark abrió los ojos de golpe, los dedos de Khan recorrían su abdomen con lentitud, delineando los poco marcados músculos de la zona.
—Hacía frío—justificó Mark pegando su cuerpo al de Khan sin pudor alguno, sintiéndole desnudo.
—Creí que no te afectaba—rió el superhombre en su oreja antes de pasar la lengua por el lóbulo con excesiva lentitud.
—Si, si lo hace, ahora hace demasiado frío afuera.
— ¿Cuestionas mi capacidad para darte calor? —la suavidad en la voz de Khan le puso la piel de gallina a Mark.
—No, sólo digo la verdad, hace mucho frío para estar desnudo.
—Pues si…aguantaste un buen rato afuera…
— ¡Hacía -10 ºC no -50 ºC! —exclamó Mark interrumpiendo a Khan.
—Los números me dan igual—siseó Khan aferrando en un puño parte de la camisa del pijama con fuerza. De un jalón rompió la prenda, apretando con sus frías manos los pectorales de Mark—. Sabes, has estado haciendo meritos para esto desde que estábamos en la Hurakan.
— ¡Dios! Khan, no, estoy cansado, hace frío, no ahora—gimió Mark sin control.
— ¿No? —a la camisa del pijama siguieron el pantalón y los boxer de Mark, todas las prendas convertidas en jirones bajo las sábanas.
—No.
—No puedes negarte, no puedes negar un castigo, este simplemente se da—la voz de Khan era oscura y aquello encendió a Mark.
—Pero, me habías perdonado—jadeó Mark.
"¿Pero que clase de enfermo soy?", gimió en su mente, estaba imposiblemente duro, y Khan a penas lo había tocado. Por otra parte, el contacto con la cálida piel del superhombre era casi hipnotizante.
—Oh, si, ahora lo recuerdo, obtuviste mi perdón, pero siempre es necesario un…refuerzo positivo—Khan extendió tres dedos frente a la boca de Mark, una orden muda que mas le valía cumplir.
—No, no creo que sea necesario, es decir, entendí el punto—musitó Mark a la carrera, tratando de ignorar los blancos dedos que se mostraban indolentes frente a su boca.
—No, no lo has entendido—Khan rozó su miembro entre las nalgas de Mark—. ¿Quieres que sea rudo? —presionó sus dedos contra los labios de Mark—. No doy segundas oportunidades y estoy otorgándole una concesión a tu castigo—amenazó con un suave ronroneo. Mark brincó en su sitio y se apresuró a llevar los dedos a su boca, sintiendo como le acariciaban su cavidad, como simulaban penetrarle. Sin poder evitarlo gimió y trató de darse vuelta, deseaba un beso, deseaba tocar a Khan—. No, no, ya soy bastante benévolo.
—Por favor—dijo, aún con los dedos dentro de su boca.
—No, sólo una concesión—el pecho de Khan vibró por la risa, conteniendo los intentos de Mark por girarse apretando su brazo libre contra el pecho del historiador.
—Pero…
—Suficiente—sentenció Khan sacando sus dedos de la boca de Mark, divertido por el gemido de protesta del mismo—. No, no tienes derecho a quejarte—su mano bajó por la espalda de Mark hasta llegar a su entrada con exacerbada lentitud—. Te gusta que sea así—metió un dedo sin avisar, por lo que Mark arqueó su espalda por la sorpresa y el dolor—. Te gusta te domine, te gusta sentir mi peso sobre tu cuerpo, mi virilidad, mi poder—enunció con voz grave.
—K…Khan, oh, ahí—gimoteó Mark empezando a sudar.
—Esto no es para tu disfrute—un nuevo dedo se abrió paso dentro de Mark, quien sólo alcanzó a morderse la mano para acallar los gemidos—. No, no te lastimes—Khan tomó la mano de Mark y la llevo hasta su boca, para después lamer la herida.
—Aaaggg, detente por favor, oh dios, detente—jadeaba Mark.
—No—satisfecho al ver que la herida no sangraba más soltó la mano de Mark—. Tienes prohibido tocarte, si lo haces te dejaré así, caliente, sudado, abierto para mi.
—No, no lo haré, ¡Oh! ¡Ah! —la mano libre de Khan empezó a masturbarlo, rápido, sin pausa, su único objetivo era lograr llevar a Mark a su orgasmo, sin detenerse en el placer—. No, ahora no.
—Vente para mi—un tercer dedo entró en Mark, golpeando con los otros dos la próstata del historiador sin ningún tipo de tregua.
— ¡Khan! ¡Aaaaah! ¡Khan! —finalmente las sensaciones fueron demasiado para Mark, acabando con él perdido en un orgasmo rápido y abundante—. Maldición—gimió, tratando de doblarse sobre si mismo para preservar el calor y el agradable cosquilleo de su cuerpo.
—Eso fue, perfecto—la voz de Khan sonó oscura y lujuriosa, soltó a Mark y embadurnó su miembro con la semilla del joven. Sacó los dedos del interior de Mark y posicionó su pene en la entrada, presionando, haciéndose notar, Mark apenas protestó, inmóvil, esperando una embestida brutal que no tardo en llegar.
— ¡Aaaagggg! Khan, eso… eso dolió—gimió entre jadeos, demasiado débil para moverse.
—Lo se—Khan acarició la espalda de Mark con suavidad, disculpando su arranque explosivo.
—Esta bien, no es para tanto—contestó Mark comprensivo.
—Por supuesto que esta bien, tu y yo, mezclados, dentro de ti—susurró el superhombre empezando a moverse.
—Eso sonó sucio.
—No sabes lo que es ser sucio—se burló Khan acelerando su movimiento.
Mark cerró los ojos, concentrado en el vaivén del miembro de Khan en su interior, en la fricción, se estaba poniendo duro de nuevo y algo le decía que Khan no iba a aliviarle en esa ocasión.
…
Un nuevo día llegó al planeta, demasiado rápido para el gusto de algunos, quienes sentían en sus cuerpos los estragos de las actividades, tanto de investigación como de otra índole, realizadas el día anterior.
—Cierra las cortinas—gimió Mark ocultando el rostro bajo una almohada.
—Ya amaneció y hay mucho trabajo que hacer hoy—gritó Khan desde el baño.
"Maldito bastardo, como el no durmió con una molesta erección pulsando contra las sábanas", agradeciendo que Khan no podía leer sus pensamientos, Mark estiró su cuerpo agarrotado, bostezó y procedió a levantarse, observando, al darse vuelta, los estragos que Khan había echo con su cuerpo en el espejo de cuerpo entero de la habitación.
—Ven a bañarte—ordenó Khan por sobre el ruido de la ducha.
—Claro, para regodearte en lo que has echo—gruñó mientras arrastraba los pies hacia el baño—. Eso es un poquito enfermo.
—Me gusta marcarte, eres mío—ronroneó Khan jalándolo de un brazo hasta tenerlo bajo el chorro de la ducha—. Un bonito diseño—aceptó, recorriendo con sus largos dedos las marcas que adornaban la espalda y el cuello de Mark.
—Deberé taparme con bufanda para que no vean…
—No—rugió Khan estampándolo contra la pared—. No cubrirás nada.
—Pero…
—Además—continuó Khan enjabonando a Mark, paseando sus dedos por su espalda y trasero, quitando los rastros de las actividades de la noche—. Durante el día se sienten temperaturas que van desde los 30 hasta los 37 ºC.
—Genial—cedió Mark sonrojado por lo íntimo de la situación.
—Acaso, ¿Te importa lo que piensen? —cuestionó el superhombre llevando a Mark bajo el agua para aclararle el jabón.
—Pues…no, en realidad no.
—Entonces no hay problema—Khan cerró el grifo y tomó su toalla para secarse, empezando por su cabello—. Sécate—ordenó a Mark arrojándole una toalla limpia y seca.
—Esto—murmuró Mark entre dientes, notando como una erección pulsaba alegre sobre su ingle.
—Oh, lo siento, ya nos bañamos, no hay que desperdiciar el agua—sentenció Khan con malicia—. En la cocina en tres minutos—ordenó al salir—. Y no te molestes en hacerlo rápido, sabré si te has tocado.
Mark presionó su cabeza contra la pared, tratando de aliviar, con su frescor, los calientes pensamientos que poblaban su mente. Tras unos segundos se apartó y corrió a la habitación, busco ropa ligera y se vistió.
—Desayuna—ordenó Khan colocando un plato rebosante de huevos y tocino frente a Mark—. Tus costillas se notan, comes poco. Vigilaré que acabes el plato.
Mark asintió y empezó a comer, notando que todo era de replicador y que sabía potentemente a hierro.
— ¿Has…Has hackeado mi cuenta para el replicador? —preguntó a Khan tratando de tragar.
—Si—el superhombre se encogió de hombros, concentrado en devorar su comida.
—Sabe horrible.
—Hasta que recuperes peso comerás de esa manera, es mi última palabra.
En esos momentos sonó el timbre.
—Adelante—gruñó Khan limpiando sus labios.
Alexandro entró a la sala con paso seguro, sus ojos brillaban, nerviosos, pero se esforzaba por ocultarlo.
— ¿Se te ofrece algo? —preguntó Khan levantándose de la silla.
—Venía a buscar a Mark, señor, es un excelente ayudante y ayer avancé mucho gracias a él—explicó Alexandro manteniendo la mirada fija en Khan, algo que sorprendió a Mark ya que Khan parecía querer destruirlo sólo con los ojos.
—Ya salgo, Alex, ¿Puedo decirte así? —rió Mark dejando el plato a medio acabar.
—Si, claro, adelante—Alex se apartó para dejar salir a Mark primero, sonrió a Khan y salió tras el historiador.
—Oh, santo cielo, lo he desafiado—gimió para si Mark una vez se vio fuera de la tienda. Había salido como poseído por un hechizo, al lado de Alexandro, era perfectamente capaz de retar a Khan, de desobedecerlo sin temer por su vida.
—Creo que estuvo bien—susurró Alex en su oído, regalándole una brillante sonrisa—. Vamos a las cuevas, ¿Llevas tu phaser y tricorder?
—Por supuesto—afirmó Mark señalando su cinturón.
Khan los observó marchar a través de la ventana, su día sería largo y tedioso, con todas esas cosas que organizar, pero no podía apartar de su mente los celos que aquel italiano le ocasionaban. No quería verlo cerca de Mark, por muy feliz que hiciera al joven historiador. Con un gruñido se apartó de la ventana, notando como sus dedos habían quedado grabados en el marco.
…
El cantar de misteriosos pájaros llenaba el bosque y los rayos del joven sol se colaban por entre las ramas de los árboles, calentando lentamente el frío suelo, llenándolo de charcos que ambos hombres pisaban en su marcha al lago.
— ¿Y bien? ¿Te torturó anoche? —preguntó Alexandro con sorna.
—No tienes ni idea—contestó Mark sonrojado.
—Oh, si lo hizo, bien—el geólogo carraspeó, incómodo sin saber el motivo—. Imagino que estuvo mal.
—No, en realidad, estuvo bien.
— ¿Lo hace bien? —inquirió Alex con fingido asco, al menos en parte, en su voz.
—Es superior—Mark saltó un tronco con torpeza—. No logro habituarme a esta gravedad—admitió, sorprendido por haber manejado solo la situación, en cualquier otra circunstancia Khan lo habría sostenido.
—Oh, no digas "Superior" imagino muchas cosas—Alex fingió arcadas—. Camina con cuidado, no quiero que Khan me azote por permitir que su principito se raspe las rodillas.
—Calla—exigió Mark entre risas, tomando nieve semi derretida del suelo y usándola como munición contra Alex.
—Ey, es limpia—se quejó Alex limpiando el lodo de su camisa.
Continuaron su marcha en silencio, Alexandro no paraba de darle vueltas a la palabra "Superior", francamente, debía admitir que Mark le atraía, era dulce e inocente, tierno, pero era el novio de Khan Nonien Singh, ¿Cómo podía competir contra eso? Incluso si lograba hacerse un espacio en el corazón de Mark, Khan podía tomarlo muy mal.
—Llegamos a tus preciadas cuevas—señaló Mark subiendo por las rocas.
—Si, vaya, el lago se ve hermoso desde aquí.
Fijaron sus miradas en la cristalina agua del lago, los peces estaban muy activos, parecían formar pequeños remolinos de colores y la brisa apenas perturbaba la superficie del mismo, permitiéndole lucir el aspecto de un espejo.
—Nadaremos—prometió Alexandro—. Luego de estudiar cierta formación rocosa que noté anoche.
…
Las alarmas rompieron la quietud de las dos naves que se encontraban en órbita en el planeta, John voló hasta su puesto y lanzó un juramento por lo bajo, abriendo un canal para comunicarse con la Enterprise.
—Una tormenta se acerca al campamento—anunció— ¿Pueden corroborar los datos?
—Enseguida, doctor—afirmó Jim girando en su silla para dar una mirada a Spock.
—Cerca de 50 kilómetros de radio, vientos de hasta 200 kilómetros por hora, presenta una fuerte carga eléctrica y temperaturas por debajo de cero—anunció el Vulcano con voz neutra.
—Avisa a la colonia—ordenó Kirk.
—Subiré a Sherlock y a Molly, están investigando una bahía ubicada a unos kilómetros del campamento—John empezó a teclear furiosamente contra su consola, transfiriendo los controles del transportador a su estación.
—Su alférez se encuentra con nosotros—explicó Jim con afabilidad.
—Bien, ya están a salvo dentro de la nave—suspiró John dejándose caer en su silla— ¿Y la colonia?
—Khan ha informado que ha reunido a los colonos en sus tiendas, todos tienen la orden de asegurarlas contra los vientos—anunció Uhura desde su estación.
—Eso fue rápido—jadeó John.
…
Mark observaba como Alexandro nadaba en el lago, parecía un tritón en el agua, sus movimientos eran menos gráciles y fluidos que los de Khan, pero era casi tan hermoso como el superhombre.
—Vamos, entra al agua—le instó Alexander salpicándolo con agua.
—No lo creo, me siento cómodo sentado en la orilla.
—Cobarde—se burló el geólogo—. Vamos, ¿Tienes miedo de nadar desnudo? No tienes nada que yo no ¡Miedoso!
—Eso no te lo permitiré.
Olvidando las marcas de su cuerpo Mark se desvistió ante la mirada de Alex, quien no pudo esconder un jadeo producido por la sorpresa. Mark se lanzó al agua y nadó hasta la posición de Alexandro.
—Cuando dijiste que te había castigado…no mentías—siseó Alex señalando algunas marcas en el pecho de Mark.
— ¿Esto? Ha veces es peor—tal fue el tono desenfadado en la voz de Mark que Alex gruñó en desaprobación.
—No esta bien que haga eso—sentenció.
— ¿Por qué? —preguntó Mark con inocencia.
—Porque te lastima, eso no es correcto—espetó Alex con asco.
—A mi me gusta, es rudo, pero así demuestra su amor.
—No tienes ni idea de lo que es el amor—le regañó Alexandro rodando los ojos. Gracias a esa acción notó los negros nubarrones que se acercaban por el oeste.
— ¿Hace frío verdad? —tiritó Mark.
—Maldición, se acerca una tormenta, salgamos del agua y busquemos refugio—ordenó Alex jalando del brazo a Mark.
— ¿No alcanzamos a llegar al campamento? —preguntó Mark luchando con los pantalones.
—No—gimió Alex al sentir sobre su rostro las primeras y frías gotas de lluvia.
—Vayamos a alguna de las cuevas, esas donde descubriste aguas termales.
…
Khan daba vueltas en círculos, Mark estaba solo, a merced de la tormenta, y él se encontraba ahí, encerrado en su cabaña, cuidando de sus colonos, del campamento, ese era el precio de ser un líder.
—Señor, perderemos los generadores—anunció una joven morena que acababa de volver del exterior, su abrigo se encontraba empapado, incluso estaba congelado en algunas zonas.
—Esta bien, Carla, convoca a cuantos conozcan lo básico de ingeniería, necesitamos mantenerlos encendidos o perderemos la calefacción—ordenó, saliendo tras Carla al exterior.
—Los iones de la tormenta impiden cualquier transporte, señor, estaríamos condenados—gritó Carla para hacerse oír por encima del rugir de la tormenta.
…
—Esto esta mal—gimió Mark notando como las aguas termales empezaban a congelarse—. Esto no debería estar pasando—gimió, casi al borde de un ataque de pánico.
—El frío es demasiado intenso, el agua apenas se conserva líquida por el calor de la corteza terrestre—exclamó Alex tomando asiento junto al pequeño pozo de agua hirviente—. Quizás, debamos abrazarnos, ya sabes, mantener el calor.
Mark alzó la mirada, respirando con dificultad y muy nervioso, asintió a la idea del geólogo. Alexandro sonrió a Mark con candidez y le estrechó en sus brazos fuertes y seguros, sus ojos transmitían calma y su cuerpo un calor deseado y necesario en aquellas circunstancias adversas Mark no podía evitar comparar y aquello le estaba llevando por un muy mal camino.
Sentado entre las piernas de Alexandro, no podía evitar pensar que era el polo opuesto a Khan, el joven doctor en geología era brillante, amable, sus maneras para con él eran suaves, no tenía motivos para temerle, cosa que no sucedía con Khan. Con el superhombre siempre tenía que andarse con cuidado, cualquier palabra fuera de lugar, acarreaba consecuencias.
"Pero, ¿En verdad eso me molesta?"
—Mark, se que nos conocemos poco—empezó Alexandro, apoyando la cabeza en el hombro del historiador—. Pero quisiera que me permitieras demostrarte lo que pierdes al estar con Khan, lo que yo podría darte.
—Alex yo, no puedo hacer eso.
—Claro que puedes, ¿Antes de Khan hubo alguien más? ¿Alguien que te enseñara como amar?
—Pues—Mark hizo memoria, tratando de acceder a esos recuerdos impuestos por las máquinas del hospital donde lo criaron, sin embargo, se hacían borrosos, como si alguien los hubiera suprimido, y no le extrañaba, quizás lo habían echo para que sólo amara a Khan—. Sólo los líos usuales de la Academia—mintió.
—Entonces, no sabes lo que es amar—sentenció Alexandro con convicción—. Si me permites, puedo enseñarte.
—Alex no puedo ponerte en esa posición de peligro, no puedo permitir que Khan te…
Alexandro interrumpió las palabras de Mark con una rápida sonrisa sincera, y unió sus labios con suavidad, deleitándose con el sabor del joven historiador, quien jadeó quedamente, contestando al beso, rozando con lentitud aquellos labios gruesos y varoniles.
— ¡Nhnng! —gimió, al sentir la lengua de Alexandro tratando de entrar a su boca. Lo permitió tras unos segundos de vacilación, disfrutando de la suave invasión a su boca, aquella lengua no era demandante, sólo acariciaba la suya con delicadeza.
Alexandro rompió el beso y bajó lentamente al cuello de Mark, dejándose llevar por la pasión empezó a besarlo hasta detenerse en un punto detrás de su mandíbula, donde empezó a succionar con fuerza, arrancando largos gemidos a Mark.
—Ahora tienes algo para recordarme—jadeó Alexandro al separarse.
— ¡Oh dios mío!—exclamó Mark enterrando la cabeza entre las piernas.
—Tranquilo, puedes pensarlo con calma—Alexandro acarició tiernamente la espalda de Mark con los dedos—. Creo que la tormenta ha amainado, deberíamos tratar de regresar al campamento.
Mark asintió, nada le apetecía más que alejarse de Alexandro, debía hacerlo, su presencia le confundía.
…
Tras un viaje accidentado y húmedo, los vientos habían amainado, pero aún caía agua nieve de las oscuras nubes que encapotaban el cielo. El frío líquido chocaba contra la piel desnuda de sus brazos y era difícilmente detenido por aquella ropa fina que habían decidido vestir.
Dando un grito de alivio abrieron la puerta de la tienda principal, deseosos del calor que se colaba desde el interior. Khan se encontraba solo en la sala, con los brazos cruzados, mirando hacia el exterior, Mark estornudó y llamó su atención.
Khan giró rápidamente hacia Mark, encontrándole empapado por la nieve y la lluvia, tiritando hasta más no poder. A su lado, Alexandro estaba en iguales condiciones, manteniéndose en pie gracias a pura fuerza de voluntad, y aun así, atravesaba a Khan con la mirada, altivo, seguro de si mismo. En ese momento, todos los nervios que había sentido el superhombre desde que había visto a Mark desaparecer por la puerta de entrada estallaron en su pecho como una súper nova.
—Ve a la cabaña médica—ordenó a Alex con suavidad. Una que sólo dejaba entrever su enojo.
—Si señor—tartamudeo Alex ante el poder que parecía desprender su gobernante. Lanzó una mirada de disculpas a Mark y salió de la cabaña, cabizbajo. No podía protegerlo de todo, al menos, no de Khan, sólo de pensarlo sus rodillas se aflojaban y empezaba a temblar.
Con Alexandro lejos, Mark perdió todo el color que aún mantenía su piel, Khan estaba muy cerca de su cuerpo, le examinaba usando sus sentidos.
—Ven al baño—indicó Khan tomándolo de los hombros para guiarlo, ocultando su alivio por tenerlo en casa.
—Se, se donde esta—Mark temblaba, en parte por el frío, en parte por el miedo a Khan.
—Tienes hipotermia—dictaminó Khan mientras le desvestía, rozando intencionadamente la piel desnuda con la yema de sus dedos. Mark ya estaba a salvo.
—Oh por dios—jadeó Mark al sentir los dedos de Khan recorriéndolo.
Khan abrió la ducha y llevó a Mark bajo el agua tibia, aumentando la temperatura poco a poco hasta que el color regresó a la piel de Mark. Un ligero soplo de aire caliente de la calefacción trajo una fragancia a las fosas nasales de Khan, alzando todos sus escudos al conocer a su dueño.
—Hueles a él—gruñó el superhombre entrando al agua, poco le importó estar vestido—.Hueles como ese idiota.
—Me abrazó para ayudar a conservar el calor—explicó Mark a la carrera. Khan inhaló de nuevo, notando algo que sencillamente lo enfureció.
—Oh—la voz de Khan se volvía más oscura a cada sílaba, sus dedos continuaron recorriendo la piel de Mark— ¿Caíste al lago?
—No.
—Entonces no hay otro motivo por el cual tu aliento huela a él—sentenció Khan untando jabón en sus manos.
—Por favor... fue mi culpa, yo...
—Luego—indicó Khan apretando los dientes—. Me contaras luego, sabes soy justo y escucho todos los testimonios—empezó a restregar el jabón por la piel de Mark.
—Pero...
—Detallo las pruebas que existen contra ti—sin poder contenerse Khan apretó una de las nalgas de Mark, arrancándole un gemido, música para sus oídos, sólo para sus oídos. Notando una marca extraña en Mark, le obligó a girar la cabeza con rudeza—. Como esta—señaló el cuello del joven, donde el chupetón se marcaba con un color groseramente morado—. Imagino que trataba de agilizar la circulación de tu sangre.
—Por favor—lloriqueó Mark.
—Calla—ordenó Khan con un siseo, controlando sus propios temblores ocasionados por la rabia. El geólogo se había atrevido a marcar a su Mark.
Mark ahogó un sollozo, provocado por el terror, con su puño.
—Quisiera saber que tan grave es—continuó Khan pasando los dedos por entre las nalgas de Mark—. Tu mismo, te lo buscaste—un dedo entró en Mark con suavidad, detallando con su tacto superior la zona. Satisfecho sacó el dedo con rudeza—. Suerte para ti, no te hizo suyo.
— ¡Habrías sabido eso si me hubieras permitido hablar! —gritó Mark ruborizado por el examen.
—Pero no lo tenías—Khan, tomó por los cabellos a Mark y lo obligó a inclinarse, para revisar con la mirada su entrada. Con un bufido de aceptación lo soltó y cerró la ducha—. Sécate.
Mark asintió y salió con paso inseguro de la ducha, tomó una toalla y empezó a secarse. Durante todo ese proceso Khan no le miró, concentrado completamente en controlarse para no saltarle al cuello, al menos no antes de haber escuchado su explicación. Conocía los hechos, mas no el "por qué" y aquello era algo que estaba dispuesto a darle a Mark, aunque todo su cuerpo gritase para que lo reclamase como suyo en esos momentos.
—Listo—susurró Mark tras envolver su cuerpo en un albornoz.
—Espérame en la cama—indicó Khan.
Mark asintió y avanzó a trompicones hasta la cama, donde se escondió bajo la sábana como si esta fuera una tienda de campaña. Ahora que no estaba Khan cerca podía pensar con más claridad y ello sólo le conllevó a sentir culpa.
Había fallado a Khan, él, quien sólo era un clon de su verdadero amor, quien apenas le merecía.
— ¿Qué he echo? —gimió, escondiendo la cabeza entre las manos.
—Eso me pregunto yo—Khan se acercó a la cama, vistiendo un albornoz idéntico al de Mark, azul marino, de paño grueso.
Mark alzó la mirada, Khan estuvo a punto de derrumbarse ante aquellos ojos llorosos y llenos de culpa, pero permaneció firme en su lugar frente a Mark, erguido gracias a los celos y el dolor que la traición producía en su corazón.
—La tormenta nos sorprendió en una de las cuevas más lejanas—empezó Mark—. Alexandro me abrazó para conservar el calor.
Khan asintió, aquello era algo que podía entender y disculpar.
—Durante ese contacto—Mark tragó con dificultad—. Alex confesó sus sentimientos, fue tan dulce, me sentí tan protegido que... —los nudillos de Khan tronaron por culpa de la fuerza con la que los apretaba—.Correspondí a sus besos—bajó la cabeza—. Cuando me quise dar cuenta, estaba marcando mi cuello con su boca.
—Alexandro debe darle gracias a Kirk—empezó Khan con la voz oscura, sus pupilas estaban dilatadas y miraba hacia el techo como si fuera lo más interesante del universo—. Esta vivo gracias a una tonta norma impuesta por Kirk, porque si no, ten por seguro que ahora estaría muerto.
La firmeza con la que Khan pronunció aquellas palabras hizo llorar a Mark.
—Aunque en estas colonizaciones pueden ocurrir accidentes—Khan alargó la sílaba de la última palabra
—No, por favor, no lo lastimes, no le hagas nada, no es su culpa—imploró Mark cayendo de rodillas al suelo.
— ¿De quien si no? —inquirió Khan ladeando la cabeza.
—Mía—susurró Mark, le debía aquello a Alexandro, el geólogo le había salvado la vida, lo mínimo que podía hacer por él era asumir toda culpa así como sus consecuencias.
Khan sonrió de lado, aquello lo complicaba todo, aquello sólo demostraba que Mark sentía verdadero aprecio por el maldito geólogo italiano.
— ¿Tuya? —ronroneó Khan.
N/A: Si, dije dos capítulos pero me emocioné XD en el siguiente estará la continuación ;) gracias a todos por sus reviews :) un adelanto como regalo de Navidad, Felices Fiestas a todos ^^
Khan apretó los puños, había tantas cosas que deseaba hacerle a Mark en ese momento, que no contaba con que su débil cuerpo pudiera soportarlo. Por otra parte, se había prometido no lastimarlo jamás.
—Todos rompen sus promesas—murmuró para si, fulminando a la temblorosa figura de Mark con la mirada—. ¿Sabes?, la norma de Jim Kirk me impide lastimar a los colonos, pero tu, tu no eres un colono.
…
—Te advertí una vez sobre esas palabras en particular—bufó el hombre alzándolo del suelo hasta llevarlo a la altura de sus ojos—. Te dije cuales serían sus consecuencias.
—Oh dios, no, Khan, por favor—rogó Mark pataleando en el aire.
— ¿No? —rió Khan con los ojos brillantes— ¿Acaso crees que un "no" me detendrá?
Mark bajó la cabeza, temblando de manera incontrolable, su cuerpo vibraba por la anticipación, su cerebro no paraba de mostrarle las mil y un cosas depravadas que podría hacer Khan, sin ningún tipo de autocontrol, con su cuerpo en una noche.
—Ya no eres tan valiente—dijo con sorna el superhombre.
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