Disclaimer: Ni el universo de Sherlock ni Star Trek me pertenecen, son ambos propiedad de sus respectivos creadores, Sir Arthur Conan Doyle y Gene Rodenberry y sus ahora, respectivos dueños.
Advertencias: Slash y sexo duro, así que si no te gusta no leas XD.
Disfruten :)
Capítulo 6: Sólo cállate
—Si, señor—Mark bajó la cabeza hasta tocar su pecho con la barbilla.
Khan apretó los puños, había tantas cosas que deseaba hacerle a Mark en ese momento, que no contaba con que su débil cuerpo pudiera soportarlo. Por otra parte, se había prometido no lastimarlo jamás.
—Todos rompen sus promesas—murmuró para si, fulminando a la temblorosa figura de Mark con la mirada—. ¿Sabes?, la norma de Jim Kirk me impide lastimar a los colonos, pero tu, tu no eres un colono.
Mark cerró los ojos con fuerza, apretó los puños y giró el rostro, esperando un golpe que nunca llegó.
—Mírame—ordenó el superhombre, aquella era la última oportunidad de Mark para evitar salir lastimado.
Con no cierto recelo Mark abrió los ojos y alzó la mirada. Aquella acción reveló la marca morada de su cuello, acabando con todo el control que aun quedaba en Khan.
Con un rugido alzó a Mark por las solapas de la bata de dormir, dispuesto a arrojarlo sobre cualquier superficie, sin embargo se contentó con estamparlo contra la pared.
—Valoro la lealtad, Mark, es uno de mis principios morales más fuertes y sólo la traiciono cuando hay un motivo de peso, un motivo que ponga en peligro la vida de quienes amo—Mark asintió, boqueando en busca de aire—. Me engañaste, traicionaste mi confianza y por eso te trataré como la basura traicionera que eres—Khan sentía como su boca se llenaba de un sabor amargo, adrenalina, seguramente.
—Lo siento, señor, lo siento—gimoteaba Mark entre sorbos, su estómago se encontraba dolorosamente contraído por el miedo—. Khan, por favor perdóname.
—Patético—escupió Khan soltando a Mark, quien sólo se deslizó por la pared hasta caer en el suelo, con la bata descolocada.
—Yo, yo, no merezco lo que me das—empezó—. Yo sólo soy una maldita copia del ser que amaste alguna vez, has lo que desees conmigo, no soy él, jamás podré serlo, jamás llenaré sus zapatos.
Khan alzó una ceja, aun más furioso que antes. Mark volvía a despreciarse, a despreciar el valor que le daba todo lo que había echo por él.
— ¿Lo que sea?
—Lo que sea—afirmó el joven—. Mátame si eso quieres, mi vida no vale para nada, no merezco...
La perorata de Mark se vio interrumpida por un grito iracundo, sonido que acabó con toda la valentía momentánea del historiador, conocía ese tipo de gritos, era un grito de guerra, descubierto en el pasado y diseñado para paralizar al adversario y cundir de miedo su corazón. Y vaya que le había paralizado, todo deseo por salir corriendo de ahí estaba negado por el temblor de sus piernas.
—Te advertí una vez sobre esas palabras en particular—bufó el superhombre alzándolo del suelo hasta llevarlo a la altura de sus ojos—. Te dije cuales serían sus consecuencias.
—Oh dios, no, Khan, por favor—rogó Mark pataleando en el aire, recordando a que se refería el superhombre.
— ¿No? —rió Khan con los ojos brillantes— ¿Acaso crees que un "no" me detendrá?
Mark bajó la cabeza, temblando de manera incontrolable, su cuerpo vibraba por la anticipación, su cerebro no paraba de mostrarle las mil y un cosas depravadas que podría hacer Khan, sin ningún tipo de autocontrol, con su cuerpo en una noche ¿Una noche? ¡Un día entero!.
—Ya no eres tan valiente—dijo con sorna el superhombre llevándolo hasta la cama, donde lo arrojó como un saco—. Fuera bata—ordenó.
Mark negó lentamente con la cabeza, a lo que Khan se inclinó, soltó el cinturón de la bata y la destrozó con sus manos.
—Nada impedirá lo que voy a hacerte—anunció, tomando el cinturón de la bata, con fuerza giró a Mark hasta dejarlo bocabajo, ató juntos los tobillos y las muñecas, inmovilizándolo por completo.
—Buscaré algunas cosas—comentó mientras salía de la habitación, dejando a un Mark jadeante y aterrado, sobre las sábanas.
Ya solo, Mark trató de relajarse, de someterse a su inminente destino y sucumbir ante Khan y su poderío. O quizás a su propia culpa, ese era su castigo, esa era la pena por su traición. Debía tratar de ser valiente, tratar de no gritar o gemir demasiado, ¿Dónde estaba su orgullo? Khan siempre lo hacía pedazos, siempre le recordaba lo inferior que era, pero a su vez, le demostraba que para él, era la cosa más valiosa del universo, por mucha debilidad que acarreara consigo el sentimiento. Aquello era algo completamente contradictorio, inseguro, y sin embargo, le atraía como una llama a una polilla.
Khan regresó con los brazos cargados de objetos, los soltó sobre la mesa de noche y se dedicó a ordenarlos serenamente. Mark espió el contenido y su vientre se contrajo dolorosamente por los nervios.
En la mesa descansaba una hypospray, a su lado, se encontraban diversos viales llenos de proteínas, estimulantes, reconstituyentes, triox y nutrientes. A la derecha se encontraba un dermoregenerador y a la izquierda un objeto que casi provoca el vomito en Mark cuando lo identificó, un regenerador óseo.
—Te cuidaré—prometió Khan con suavidad, ante el terror que manifestaban los ojos de Mark—.Son mera precaución. Soy demasiado fuerte, y hoy has acabado con todo autocontrol que he mantenido para contigo.
Tras calmar a Mark, Khan se dirigió hasta el replicador, donde solicitó tal cantidad de objetos que este quedó fuera de servicio por horas. Mark trató de espiar los objetos, pero la firme mano de Khan en su nuca se lo impidió.
—Los descubrirás a su tiempo—dijo, con un tono ciertamente amenazante.
—Por favor—rogó Mark sudando a raudales.
—No, no lo entenderás de ninguna otra manera—por el tono de voz usado por Khan se hubiera podido decir que casi lamentaba lo que estaba a punto de hacer.
Mark giró el rostro hacia la pared y concentró su mirada en la ventana ¿si gritaba lo escucharían sus vecinos? Toda idea se borró de su mente cuando Khan acarició su espalda antes de soltar sus manos y pies del cinturón, para sustituirlos con esposas acolchadas. Mark ahora descansaba sobre la cama, con el cuerpo completamente extendido, manos por encima de su cabeza y piernas juntas, casi cómodo a pesar de la situación.
—No perdono fácilmente una traición—empezó Khan, rompiendo el tenso silencio—. Considérate afortunado de ser la excepción—Mark sintió como un pequeño cuadro de cuero paseaba por sus nalgas—. Sin embargo, el perdón tiene un precio.
Mark escuchó el silbido, luego el chasquido y finalmente sintió en carne propia, la mordedura de la fusta contra la tierna carne de su trasero.
—El abrazo es algo que puedo entender, sin embargo no vigilaste el clima, pudiste haber evitado quedar varado si hubieras observado las nubes—dos nuevos golpes cayeron sobre sus nalgas—. El beso es algo que debiste de rehusar de inmediato—tres nuevos golpes cayeron, arrancando un grito de dolor en Mark—Finalmente, la marca—Khan caminó hasta quedar a la altura de la cabeza de Mark, con la punta de la fusta le obligó a exponer el cuello—. Sólo yo puedo marcarte—esta vez fueron diez los golpes dados con la fusta, Mark gimoteaba por el dolor, incómodo por sentir su miembro palpitando alegremente contra las sábanas gracias al castigo. ¿Cómo podía siquiera tener esa reacción?
—Khan—lloriqueó, al sentir las frías manos del hombre recorrer sus castigadas nalgas.
—Apenas he comenzado—advirtió el superhombre dejando de lado la fusta, se sentía más ligero, la piel de Mark ahora llevaba su firma. Necesitaba confirmar que ese pequeño humano era suyo, que nunca se iría de su lado—. No quiero lloriqueos, no quiero quejas, Mark, tu te lo buscaste, te informé, te advertí lo que ocurriría ¿No es así? —exigió, alzando el rostro de Mark por la barbilla con sus fríos y blancos dedos—. Contesta—ordenó.
—Si, si lo hiciste—afirmó Mark tratando de contener algunos sollozos.
—No quiero lloriqueos—repitió Khan besándole con rudeza, nada de ternura, quería borrar esas lágrimas del rostro de Mark, pero no deseaba ser blando—. Hace siglos, durante mi entrenamiento, el no llorar durante una paliza era sinónimo de fuerza, de orgullo—explicó— ¿Acaso no los tienes?
Mark respiró profundamente, expulsando el aire con lentitud, calmando sus temblores y sollozos. Luego le dio a Khan una mirada, que aunque resignada, estaba llena de calma.
—Bien, entonces podemos seguir—sentenció Khan con orgullo.
Khan tomó un par de guantes de látex y el envase con lubricante, se colocó los guantes y los embadurnó con la sustancia, luego ubicó una almohada bajo la pelvis de Mark, dejando su entrada disponible.
—Dime—exigió, recostándose en la cama. Miró a Mark a los ojos, y sin revelar sus intenciones comenzó a pasear los dedos por la entrada del historiador, logrando que colocara los ojos en blanco por el placer— ¿Te gusta?
—Si—contestó el joven, la sensación era nueva, extraña, casi refrescante.
— ¿Te gusta sentir que algo muy diferente a mis dedos te brinda placer?
Mark asintió.
—Entonces te complaceré—dos dedos entraron de improviso en Mark, haciéndole morder el colchón para acallar el grito que pugnaba por salir de su garganta—. No dije que sería fácil, ni que sería placentero, hay algo por lo que debes pagar, algo muy costoso—los dedos empezaron a moverse, dentro fuera, en círculos. Haciendo lugar para algo más.
—No, de nuevo tus juguetes no—gimoteó Mark al sentir como un vibrador se abría paso a través de su carne.
—Mera utilería—despreció Khan arrojando los guantes lejos—. Sólo son útiles para deleitarme con tu expresión.
—Pero, oh dios, oh, por favor—su carne se apretaba contra aquel infernal aparato, enviando tales ondas de placer que no podía siquiera contener los gemidos.
—Creo que esta vez si habrá doble penetración, ¿Qué me dices?
—Por favor—rogó Mark cegado por el calor y el hormigueo de su cuerpo.
…
Fuera de la cabaña la tormenta arreciaba de nuevo, el viento silbaba contra las estructuras, aunque no tan fuerte como en las horas anteriores. Khan y Mark aun continuaban en la cama, los viales de reconstituyentes se encontraban desperdigados por el suelo, vacíos.
Mark no podía negarse a nada, no podía, amaba esa manera de Khan de amarle, ese salvajismo innato del superhombre, esa sensualidad, su porte, todo le volvía loco, y a pesar de haberlo tenido dentro durante horas, a pesar de haber sido marcado con su semilla por casi todo su cuerpo -no quería imaginar el estado de su cabello y su rostro- no paraba de desear sentirlo dentro de su cuerpo de nuevo. Se vio complacido.
Khan presionó su cuerpo contra el de Mark, disfrutando del calor de aquel cuerpo delicado y sudoroso, un cuerpo que era sólo suyo y que protegería hasta el cansancio de posibles pretendientes.
— ¡Khan! —gritó Mark al sentirse invadido por el duro y turgente miembro del superhombre, finalmente sus ruegos habían sido escuchados. No más dildos, vibradores, bolas chinas o lo que sea que Khan había estado usando junto a su miembro, en su cuerpo durante las últimas horas.
Con lentitud y disfrutando de la piel que le era ofrecida Khan empezó a moverse, fuerte e intenso, dejando ir la estocada por su propio peso.
—Khan por favor, oh por Dios, deja que me corra, Khan—rogó Mark con la voz ahogada por la tela del colchón, su miembro palpitaba, duro, rojo, y la fricción de Khan sólo empeoraba el cuadro—. Déjame tocarte—luchó contra las esposas—. Déjame verte—Khan se había desnudado frente a él horas antes, jugueteando con los bordes de su bata de baño, rodeando el cuello de Mark con el cinturón hasta llevarlo peligrosamente al punto de asfixia, todo aquello sólo había disparado la lujuria y el deseo en el historiador, quien, ahora sólo deseaba aquellas tres cosas que Khan le había negado durante todo el tiempo que estuvieron juntos.
—Silencio—ordenó Khan empujando la cabeza de Mark contra el colchón.
—Quiero, oh, quiero venirme—Mark había sido sacudido por un solo orgasmo durante todas aquellas horas, Khan le controlaba, sabía que al ser un humano normal no tendría la misma resistencia que él, lo cual era una lastima, disfrutaba de ver como Mark se dejaba llevar por los orgasmos, disfrutaba de ver esa expresión de placer en su rostro.
—Paciencia—indicó Khan con dulzura en su voz mientras acariciaba el cabello de Mark—. Te correrás muchas veces durante la noche—agregó, aferrando unos cuantos mechones de cabello entre sus dedos.
Cumplió aquella promesa, si bien no era aún de noche, esta estaba próxima a caer. Las horas pasaron, placenteras, agotadoras y finalmente el cuerpo humano de Mark se rindió ante un último orgasmo.
—Khan, no...No puedo más—gimió Mark entre temblores, no sabía cuantas horas había estado bajo Khan, el cielo a través de la ventana se veía oscuro, pero no podía confiar en sus sentidos en ese momento.
— ¿No? —algo de genuina preocupación escapó en el tono de voz de Khan.
—No— jadeo Mark, sus labios enrojecidos y desgastados estaban tomando una tonalidad morada.
Khan salió de Mark, extendió un brazo y tomó una hypospray, ciertamente Mark no podría seguir, ya había superado aquella etapa con estimulantes y proteínas antes pero, en ese momento, era peligroso continuar.
—Shhh, sólo es triox—le susurró Khan en el oído a Mark, cuando este se agitó al verlo tomar aquel instrumento médico. Mark dejó caer la cabeza con pesadez sobre lo que parecían los restos de una almohada, expuso el marcado cuello, por culpa de las hypospray y Khan, y dejó que este aplicara el medicamento—. Ya esta, trata de dormir—Khan soltó las esposas que sujetaban las manos y los pies de Mark y tendió una manta sobre él con cuidado.
—Khan—le llamó Mark al verlo levantarse para recoger las cosas que habían utilizado—. Lamento todo lo que hice—bajó la mirada.
—Mark—Khan se inclinó sobre Mark—. No me dejes hacerte algo como esto de nuevo.
—Lo prometo—murmuró Mark adormilado.
—Duerme.
…
Sherlock se notaba aburrido en su silla, estaban sólo él y John en el puente, la señora Hudson y Molly dormían mientras a ellos les tocaba cumplir el turno de la noche, con un planeta tan impredecible no podían darse el lujo de dormir durante la noche.
—Aburrido.
—Sólo una semana más Sherlock, sólo una más y luego nos iremos en busca de casos—dijo John.
—John, ven.
—Estoy ocupado con un informe, Sherlock.
—Para Kirk—masculló Sherlock.
—Si, para el capitán Kirk, ¿Celoso? —rió John.
—Los celos son una manifestación de inseguridad en uno mismo, no estoy celoso—gruñó Sherlock enroscándose sobre si mismo en su silla.
—Si lo estas—rió John—. Estas celoso del capitán más joven de la Flota Estelar.
Sherlock no contestó, alzó el cuello de su abrigo y empezó a dormitar en su silla, los últimos días habían sido intensos y muy educativos, junto a Spock había desarrollado nuevas sustancias químicas y realizando multitud de experimentos, siempre manteniendo el sobrehumano ritmo del vulcano. John apartó la mirada de su tablet y lo observó dormir, se veía pacífico, sosegado, incluso tierno. Procurando no hacer ruido, John se acercó hasta Sherlock y ajustó su abrigo para mantenerlo caliente, luego se inclinó y posó un cálido beso sobre su frente.
—Descansa, amor—John regresó sobre sus pasos y continuó tecleando, más tranquilo al saber que Sherlock no leería el movimiento de sus dedos.
"Se ha dormido" JW
"Tenemos informes prioridad uno de nuevos movimientos en la frontera con los romulanos" JK
"No debería compartirlos conmigo" JW
"Estoy autorizado por el canciller" JK
"Mycroft" JW
"El mismo, pero no debes preocuparte, John, nuestra misión tras culminar con el traslado de colonos es ir a investigar dicha irregularidades en la frontera, Sherlock estará a salvo" JK
"Algo me dice que no lo estará" JW
Tras teclear aquello John tragó saliva con dificultad, el nombre de Moriarty le recordaba todas aquellas aventuras en las que apenas habían logrado sobrevivir. Sherlock jamás se negaría a un caso donde estuviera inmerso ese hombre, la intriga que le brindaba era sencillamente cautivante para el detective.
"Existen muchas entidades omnipotentes en el universo Doctor Watson, sin embargo desestimo totalmente el que alguno de ellos se esté comunicando con usted para informarle sobre los hechos futuros" SS
…
Mark despertó con los músculos agarrotados, pesados, estaba seguro que, de intentar moverse, el dolor sería casi insoportable, por lo que decidió mantenerse en la misma posición y continuar durmiendo, recuperar algo de fuerzas sonaba realmente bien.
Sin embargo su cerebro estaba completamente conciente y por mucho que deseara volver a dormir, los recuerdos del día anterior lo asaltaron, llenándolo de vergüenza, culpabilidad y muchas dudas. ¿Había amor en todo lo que Khan había echo con él? ¿Era simple venganza, un castigo?
No, Khan le amaba, y él había destruido esa confianza, Khan sólo había reaccionado como cualquier persona normal, y a pesar de ello había convertido toda su violencia en lujuria pura, le había marcado, había asegurado su posición, aquella era la forma en la que Khan demostraba su inseguridad, aunque lo negase por orgullo.
Mark había transgredido una de las muchas fronteras que Khan le había impuesto, aquello lógicamente iba a tener consecuencias, unas que ya había comunicado una vez, prometiendo aplicarlas si se daba de nuevo la situación. Khan sólo había cumplido su promesa, Mark se acordaba de él hasta en un acto tan sencillo como lo era respirar.
Mark, recostado bocabajo tenía la cara vuelta hacia la ventana, las cortinas grises tapaban toda vista del exterior, haciendo aquella situación algo aburrida, quería despejar la mente, no seguir dándole vueltas a los motivos y sentimientos de Khan, así que reunió el valor suficiente para extender un brazo hacia las cortinas, sólo unos centímetros le separaban de la vista del exterior.
—No puedo—gimió con voz ronca, dejando caer su mano sobre el colchón, sus músculos protestaban ante el más mínimo de los movimientos.
—Oh, estás despierto—la sinuosa voz de barítono le llegó desde la puerta, ubicada contraria a la ventana.
Mark se mordió la lengua, sin saber como actuar ¿Debía de aparentar normalidad? Su orgullo lo pedía a gritos, ¿Debía mostrarse tal cual se encontraba y exigir cariño? No, Khan no era de ese tipo.
—La ventana permanecerá cerrada—sentenció Khan con suavidad, mientras se acercaba con lentitud, la cercanía de cada paso angustiaba a Mark, quien, inconscientemente tensó los músculos de su cuerpo, ganando con ello una muestra detallada del estado de su anatomía—. Así no podemos hablar—antes de poder quejarse Mark sintió las manos de Khan tomar sus brazos por sobre la sábana y luego la fuerza que este aplicó para girarlo, sonsacándole un gemido ahogado—.Mucho mejor—Khan estudió a Mark con la mirada, detallando desde los jadeos agitados del joven hasta los ligeros moretones que lucía en su torso, los cuales tenían el tamaño exacto de sus dedos.
—Khan—gimió Mark, podía sentir su piel tirante, producto del dermoregenerador.
—Debes comer.
—No me apetece.
—Come—Khan colocó sobre las piernas de Mark una bandeja llena hasta rebosar de un desayuno digno de un rey.
— ¿Sigue alterado el replicador? —inquirió Mark con desagrado.
—Lo preparé por mi cuenta—bufó Khan tendiendo una cuchara a Mark.
— ¿Tu? —Mark tomó la cuchara y la hundió en lo que parecía ser avena.
— Los xenoagrónomos han dictaminado que ciertos cereales de este planeta guardan estrecha relación con los de la Tierra, siendo, obviamente, más resistentes—recitó Khan con orgullo—. Si, yo, come.
—No puedo moverme del todo.
Los labios de Khan se torcieron en una sonrisa, logrando un bufido por parte de Mark. Altivo, el superhombre le quitó la cuchara al historiador y la rellenó con la avena.
—Podré asegurarme de tu correcta alimentación—explicó—. Quizás debería hacerlo más a menudo.
—Puedes estar seguro de mi nutrición, no tienes porque hacer esto todo el tiempo—dijo Mark a la carrera, engullendo una generosa cucharada de avena.
Situaciones como aquella eran las que confundían al joven historiador, no entendía como Khan podía pasar de los arranques explosivos, como el del día anterior, a los cuidados más delicados, sencillamente era difícil de creer.
…
Sherlock despertó pasadas unas horas, sentía el cuerpo rígido y dolorido, había dormido convertido en una bolita en la silla de capitán. Dando un bostezo se estiró, haciendo sonar algunas de sus articulaciones.
—Buenos días—le saludó John, tendiéndole una taza de té.
— ¿Cuánto tiempo estuve dormido? —inquirió Sherlock dando un sorbo a la bebida.
—Todo el turno beta—sonrió John satisfecho—. Un descanso completo, es un alivio, empezaba a creer que te desplomarías por uno de los pasillos.
—Tonterías—desestimó Sherlock poniéndose en pie— ¿Dijiste beta? —preguntó, algo alarmado.
—Si, ¿Por qué? ¿Esperabas algo?
—Nada, sólo una comunicación—Sherlock subió las escaleras de una zancada e ingresó al turbolift. Se dio vuelta para encarar a John, quien ya le seguía y le empujó contra la pared del turbolift, juntó sus labios con fuerza y deslizó su lengua con presteza dentro del doctor. John contestó al beso, disfrutó del suave sabor a té remanente en los labios de Sherlock y gimió cuando este le sujetó por la nuca para profundizar aún más el beso.
—Sherlock—jadeó John cuando se separaron, Sherlock respiraba de manera entrecortada, y esquivaba la mirada. John sintió como su estómago se encogía, había algo en aquel beso que se le antojaba desgarrador, había un sabor a despedida.
—Todo está bien, John—Sherlock sonrió con inocencia, sin embargo poco de esa expresión llegó a sus ojos, los cuales se notaban tristes, vacíos. John trató de protestar pero Sherlock le sacó fuera del turbolift con una mano—. Regresaré pronto, cuida del puente.
John asintió a la puerta cerrada, confundido, ¿Qué comunicación era tan importante como para hacerle correr así? ¿Por qué esa expresión tan triste en sus ojos? ¿Qué planeaba hacer?
Con la fuerza de un tsunami la respuesta llegó a su mente.
—Maldición—golpeó la puerta con fuerza, dicha acción le hizo notar un bulto en el bolsillo del pecho de su chaqueta -ubicado sobre su corazón-, llevó la mano hacia este y sacó una pequeña caja de terciopelo púrpura—. Maldición, Sherlock—sus piernas fallaron y terminó de rodillas en el suelo, incapaz de abrir la caja y observar su contenido—. Maldición.
…
Sherlock cerró su gabardina y caminó con decisión por el pasillo, en esos instantes John debía de haber visto la caja y su contenido, así que sacó la suya, de terciopelo rojo, y la abrió, revelando un anillo de oro blanco atravesado por una cadena de plata. En su anillo, a diferencia del de John, no había ningún escrito, eso sólo pondría a John en peligro. Sin dejar de caminar, Sherlock cerró la cadena en su cuello y escondió el anillo bajo su camisa interior. Directamente sobre su pecho, ahí era donde debía estar.
"Lo siento, John"
Sherlock sacó un pequeño cilindro de uno de los bolsillos interiores de su gabardina, un transportador personal, cortesía de los amplios conocimientos de Khan y sus contribuciones para la Flota Estelar. Sus pasos ahora le parecían ilógicamente más pesados, como si la gravedad artificial de la nave estuviera fallando, algo imposible, seguramente todo era debido a los sentimientos.
Un clic y una potente luz azulada le indicaron a Sherlock que el dispositivo ya se había puesto en marcha, tal cual indicaba su cronómetro interno, justo a tiempo.
N/A: Sorry por la demora, pero el ataque de feelings de la tercera temporada fue brutal para mi inspiración, no podía escribir nada x.x a pesar de tener el fic casi listo jejeje ^^ pero ya regresé, quizás más dramosa ^^
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Adelanto:
"El anillo golpeaba contra su pecho con suavidad, sus rizos flotaban, ingrávidos, sobre su cabeza y sus ojos sólo le mostraban la infinidad del espacio.
—Un antiguo castigo pirata, actualizado a nuestros tiempos—explicó Moriarty por la radio—. Pensé que lo apreciarías, Sherlock"
