Disclaimer: Ni el universo de Sherlock ni Star Trek me pertenecen, son ambos propiedad de sus respectivos creadores, Sir Arthur Conan Doyle y Gene Rodenberry y sus ahora, respectivos dueños.
Advertencias: Drama y slash.
Disfruten :)
Capítulo 7: Culpa
El puente de una shuttle se mostró ante Sherlock. La nave era pequeña pero potente, uno de los últimos diseños de la Flota, y como tal, ultrasecreto. Un solo asiento en los controles indicaba que estaba diseñada para un único pasajero-quizás dos-, y un pequeño replicador y una litera plegable, que no estaba allí en busca de confort.
—John ha dejado el puente—comunicó la voz de Mycroft desde la pantalla principal, una frecuencia cifrada, ni el mejor criptógrafo podría penetrar en la comunicación.
Sherlock se encogió de hombros, Mycroft no podría verlo, pero deduciría su reacción.
—No puedes llevarlo contigo, Sherlock.
—Jamás lo pondría en riesgo—musitó Sherlock, tratando de superar el tono ahogado de su voz.
—Te lo advertí, Sherlock, el cariño no es una ventaja, no en tu trabajo.
—Calla, y dame los detalles de la misión.
—Kirk y John tienen coordenadas erradas, cercanas a la frontera con los romulanos, eso los mantendrá a salvo, quizás un par de batallas, nada que no puedan librar, las tuyas están ubicadas justo en su centro.
Sherlock asintió, esperando que Mycroft continuara con su explicación.
—Te encontrarás con Hirem y juntos secuestrarán a la presidenta del Congreso romulano. La traerás a territorio de la Flota Estelar y nosotros nos encargaremos del resto.
—La interrogarás para descubrir los planes de Moriarty—bufó Sherlock dando una vuelta por la shuttle.
—Puedes verlo así, querido hermano, pero los planes de Moriarty ya son de dominio de la Federación.
— ¿Entonces?
—Limítate a cumplir con tu misión, piensa que… mientras más rápido la culmines más rápido regresarás a los brazos de John—la ironía en la voz de Mycroft hizo que Sherlock rechinara los dientes—. Por cierto, buena elección de anillos.
La comunicación se cortó, dejando oír sólo estática desde el canal, Sherlock la ignoró y se dirigió a una de las diminutas ventanas de la shuttle, el espacio se le antojaba triste y vacío, un prisión llena de millones de luces parpadeantes, tragó con dificultad y cerró su puño sobre el anillo, permitiendo que una lágrima solitaria bajara por su mejilla.
—Es una misión prioridad alpha 1, Sherlock, no puedes negarte.
—No abandonaré a John, Mycroft.
—Si no cumples con ella el universo que conoces pronto dejará de existir, todo será destruido por la guerra.
—No es de mi agrado trabajar con este tipo de intrigas y lo sabes, la política no es mi área.
—Si lo son los asesinatos y los misterios, y Jim Moriarty.
— ¿Qué debo hacer? —preguntó Sherlock, tras dar una mirada nerviosa a la puerta del baño, tras la cual, John se duchaba, completamente ignorante de la conversación que se llevaba a cabo en la habitación.
—Trabajarás con Hirem y la resistencia romulana, te facilitaré los detalles en cuanto te encuentres en la shuttle.
— ¿Cómo llegaré a ella? —jadeó Sherlock, conciente de la necesidad de alejar a John de esa futura misión.
—Con un transportador transwarp personal, cortesía de Khan—los labios de Mycroft se torcieron en una sonrisa—. Organízate pronto hermano, está configurado para activarse en el siguiente turno alpha.
Una luz dorada se materializó en medio de la habitación de John, dejando tras de si un cilindro plateado. Sherlock lo miró sin verlo en realidad, concentrado en los ruidos que provenían del baño, John estaría aclarándose el jabón y el shampoo, luego saldría y le daría un beso húmedo y él se perdería en el olor del gel mentolado que usaba para bañarse. ¿Volvería a disfrutar de esa sencilla acción de nuevo?
Un carraspeo le hizo girar la cabeza, Mycroft le miraba con incredulidad, incluso, con algo de reproche.
—Olvida las emociones, Sherlock.
"No es tan sencillo, al menos, no ahora", Sherlock apartó la frente del frío titanio transparente de la ventana, caminó hasta la silla y tomó asiento, introduciendo las coordenadas facilitadas por Mycroft en la computadora de navegación.
…
John respiró profundamente, y sólo tras asegurarse de mostrar un semblante tranquilo abandonó el puente, Molly y la señora Hudson debían de conocer la verdad, era su derecho y él tendría que explicársela.
Molly se encontraba en el laboratorio de la enfermería, diseccionando una rana gigante del planeta, se le veía concentrada, enfocada en su objetivo a pesar de estar cubierta de sangre verde.
—Molly—llamó John, sin poder ocultar el tono serio de su voz.
—Limpiaré luego, no te preocupes—sonrió Molly dejando el bisturí láser a un lado.
—Sherlock se ha ido—musitó, de manera directa, sin rodeos.
El tener que decirlo en voz alta otorgó al hecho de un peso nuevo e insoportable, John mordió su labio y se dio vuelta, ignorando la mirada sorprendida y preocupada de Molly.
— ¿Una misión en solitario? ¿Lo ha hecho antes?
—No—contestó John tras carraspear un poco—. A veces salía por unos días, solo, a buscar pistas, pero siempre volvía. Esta vez, es diferente.
—Lo siento.
La señora Hudson se tomó la noticia con preocupación maternal, John sonrió a su calidez ya que aquello le daba fuerzas para tomar el puesto para el que apenas estaba preparado.
—Asumiré como capitán interino de la nave mientras Sherlock este fuera—carraspeó para desenredar el nudo de su garganta y alzó la mirada—. Mi ordenes serán apoyar a la USS Enterprise en su misión en el planeta y luego, en su futura misión en espacio romulano.
Molly y la señora Hudson intercambiaron miradas, John se notaba decidido y sin embargo podían escuchar como su voz temblaba, no hicieron preguntas, sabían que Sherlock se había marchado.
John regresó a su camarote, Martha se encargaría del puente mientras el redactaba su bitácora personal, recientemente le había tomado el gusto a contar sus aventuras a aquel aparato electrónico, en muchas de ellas Sherlock era la estrella absoluta.
Apretó los dientes ante el recuerdo, tomó asiento en su sillón con la espalda rígida y acerco la tablet a su regazo, carraspeó antes de comenzar a dictar.
"Bitácora del oficial médico en jefe ahora capitán interino de la USS Hurakan, fecha estelar… ¿Acaso importa?"
Respiró profundamente para calmar el temblor en su voz y reanudó la narración.
"Como capitán interino he decidido quedarnos aquí apoyando a la USS Enterprise, sonará extraño pero ahora siento que debo mucho a Khan y me es imposible dejarlo solo con uno de sus enemigos"
Acarició sus labios al decir aquello.
"Presiento que este es nuestro lugar ahora, algo me ata aquí, no quiero pensar que es para esperar a Sher…"
Apretó la caja de terciopelo púrpura en su puño.
"Sólo quiero terminar esta misión."
"Quiero abrir esta caja contigo presente, como debe ser, Sherlock"
John apagó la tablet, cerró los ojos y recostó la cabeza sobre el espaldar del mullido sillón.
…
— ¿Espías su bitácora? —la voz de Hirem rompió el silencio en la pequeña shuttle, ni siquiera se molestó en preguntar si la transmisión se encontraba cifrada, con Sherlock eso era lo más obvio.
—Sólo investigo—murmuró Sherlock desde la única litera, la única evidencia de sus sentimientos: apretar los bordes de su tablet con fuerza.
John le esperaba para ver el anillo, no leería el grabado, y probablemente nunca lo haría.
—No seas pesimista.
—Soy realista—corrigió Sherlock alzando una ceja ante la deducción de sus sentimientos implícita en el comentario de Hirem.
—No eres tan difícil de leer, aunque te creas por encima de los demás eres tan, o incluso más transparente que el resto—Hirem volvió su vista a los controles, dando a Sherlock privacidad.
Sherlock observó la tablet, pronto perdería contacto con la de John, dejaría de escuchar su calmada voz narrando los acontecimientos del día. Y pensar que antes se burlaba de cada entrada, despreciándolas y tildándolas de demasiado románticas y sensibleras, muy adornadas.
— ¿Por qué llevas una bitácora donde no relatas los hechos como ocurrieron? ¿Por qué siempre los relatas con tantos adornos? —bufó tras escuchar la última entrada sobre el caso del secuestro de la política vulcana.
—Y si lo criticas tanto… ¿Por qué la escuchas? —contestó John.
Sherlock se dio media vuelta dejando la tablet sobre la consola de John.
¿Por qué la escuchaba?
Aceptación, tras tantos años solo, finalmente era aceptado. Amor, un sentimiento antes despreciado y sin embargo, ahora valorado.
Otra lágrima bajo por su mejilla.
…
En la cabaña principal del campamento de los colonos, Khan tipiaba febrilmente en la consola de su oficina, en la pantalla se mostraba el gráfico de un radar espacial, y en él, se veía la inconfundible marca de seis aves de presa klingon. El superhombre golpeó el teclado para volver a comprobar el curso de las mismas y obtuvo el mismo resultado de horas antes.
Se dirigían a su planeta.
Su nuevo hogar.
Aplastó las palmas de sus manos contra sus ojos y las deslizó por sus mejillas, su cuerpo demandaba algo de descanso, pero él no estaba dispuesto a dárselo. Bajó ambas manos, sus ojos cansados y rodeados de profundas ojeras notaron la tablet que contenía el registro oficial de su planeta, la tomó con cautela y la encendió, el ícono de la Federación Unida de Planetas le dio la bienvenida.
—Planeta: Rodyone. Miembro secreto de la Federación—susurró, una concesión, de las muchas que había tenido que otorgar para finalmente ser dueño de su propio planeta—. Población actual: 102 colonos, en espera por la aceptación de mil más—apartó la mirada de su lectura y la enfocó en los archivos que rodeaban su escritorio, no había tenido tiempo de firmar las solicitudes de los nuevos colonos—. Duración de los días: 29 horas, duración de un año: 207 días locales—detuvo su lectura y acarició la pantalla que contenía los datos de su planeta, su hogar.
Cansado giró el torso hacia el radar, volvió a activarlo, tenía la ligera esperanza de que fuera quizás un error de telemetría, una mala lectura, pero no, ahí estaban las seis aves de presa, más cerca de su hogar. Pateó el escritorio y abandonó la oficina, subiría a la antena para revisar el radar, quizás lo había instalado mal, quizás su diseño era erróneo, quizás no estaban en peligro. Se enfundó el abrigo tratando de mantener las esperanzas, las mismas que le permitieron cruzar la fuerte nevada y subir a lo alto de la antena de ocho pisos.
El amanecer lo encontró en lo alto de la antena, casi congelado se sostenía por pura fuerza de voluntad, había desmontado y vuelto a montar todo, había revisado sus planos cientos de veces.
No había errores.
…
Mark se desperezó bajo las sábanas, dos días llevaba en cama, viendo a Khan solamente a las horas de las comidas y para un baño ocasional. El historiador se encontraba preocupado, ¿Khan se habría aburrido de él? ¿Dónde dormía? Aún más fuerte que sus dudas era su aburrimiento, deseaba salir y explorar, pero no quería hacerlo solo.
Un golpeteo en su ventana le saco de sus cavilaciones, con un gruñido apartó las cortinas y miró hacia fuera, donde se encontraba la solución a uno de sus problemas.
Alexandro le miraba preocupado a través del titanio transparente. Mark sonrió y le hizo un gesto para que esperara fuera. Cerró las cortinas y saltó fuera de la cama, se sentía mejor, era hora de salir y dejar de parecer inválido.
Al llegar a la sala de la cabaña dio una ojeada rápida, Khan no se encontraba cerca, seguramente se encontraba en su estudio o fuera evaluando el plan de urbanización de la zona.
Un paseo no vendría mal y Khan no tenía porque enterarse, no cuando parecía no prestarle mucha atención, al menos no más de la necesaria para vigilar su alimentación.
—Pensé que te había encerrado cual Rapunzel—bromeó Alexandro acercándose a su lado con las manos en los bolsillos de su mono de trabajo gris.
—No, me encontraba indispuesto—Mark notó la incomodidad en la postura de Alex y simplemente agregó: —Todo está bien, no te preocupes.
—No está bien, Mark, maldita sea yo…No pude contenerme contigo, no se que me pasó—Alexandro agitó la cabeza—. No pensé en las consecuencias, no pensé para nada en lo que Khan podría hacerte al descubrirlo—alzó la mirada y escudriñó el rostro de Mark— ¿Te lastimó?
—No lo hizo—mintió Mark.
— ¿No? Creí que mínimo destruiría la cabaña con tu cuerpo.
—Y yo que lo haría con el tuyo—bromeó Mark quitándole peso al asunto.
Alexandro rió y empezó a caminar hacia una de las cabañas más alejadas.
—No, en realidad sólo me evita, es mejor así, no quiero ni pensar que haría si nos encontramos frente a frente.
—Nada, señor Di Benedetto—una sombra se cruzó en el camino de ambos hombres—. Mark, regresa a la cabaña—ordenó Khan cuadrando los hombros, sostenía su abrigo en uno de los brazos, irguió aún más su postura, luchando por no verse cansado ni débil ante Alexandro.
—No—Mark alzó la mirada y retó a Khan con la misma—. Me apetece salir.
Khan inclinó la cabeza con curiosidad.
—Bien, hablaremos luego—se alejó pisando fuerte hacia su cabaña.
Sólo Khan poseía la habilidad para convertir aquella frase en una sensual amenaza que provocó deseo y miedo en Mark por igual.
—Deberías ir con él, no quiero ser el culpable de una nueva discusión.
—Yo…—Mark recordó las horas de soledad y abandono e irguió su postura—.No, paseemos un rato.
Khan se encerró en la cabaña, respiraba con fuerza, agitado por los celos, le había costado controlarse. Mark se encontraba de nuevo al lado de Alexandro, no confiaba en ese colono, no quería que pasaran tiempo juntos y a solas.
Por otra parte su reciente descubrimiento le hacía hervir la sangre, horas de comprobación e insomnio y siempre el mismo resultado.
Un batallón klingon se acercaba al planeta.
Su autocontrol se caía a pedazos, esa era la razón por la que había claudicado ante Mark con tanta facilidad.
Su nuevo hogar, amenazado.
¿Qué podía hacer?
Dejó que su espalda se deslizara por la pared, a través de las ventanas abiertas le llegaba el susurro del viento, las risas y las conversaciones de sus colonos mientras trabajaban.
¿Sacrificarían sus vidas por un planeta que apenas empezaban a apreciar?
¿Estaba él dispuesto a sacrificarles?
En el pasado no lo habría dudado, apenas les conocía, pero ahora… aquellas personas habían echado a un lado sus prejuicios sobre sus mejoras genéticas y le habían dado una nueva oportunidad para comenzar de nuevo.
Le habían dado la oportunidad de reiniciar su gran sueño.
— ¿Khan? —Mark le apretaba un hombro con suavidad, la penumbra invadía la sala y por las ventanas se colaba el frío y cortante viento nocturno.
¿Cuánto tiempo había estado en el suelo divagando?
Los temblores de su cuerpo le confirmaron que había sido el tiempo suficiente como para empezar a sufrir de una ligera hipotermia.
—Maldición—Mark se levantó y corrió por la sala cerrando las ventanas a su paso— ¿Khan qué sucede? —se arrodilló frente a él y le apartó el cabello del rostro.
Mark había vuelto a la cabaña cuando faltaban apenas unos minutos para el toque de queda, casi había caído al tropezar con las piernas de Khan y ahora se encontraba seriamente preocupado por el estado físico y emocional de su novio. Khan nunca se dejaba vencer por las emociones, era frío y calculador. ¿Qué le había puesto así? ¿Estaba herido?
No recibió respuesta a su pregunta así que se levantó de nuevo y fue a buscar una hypospray, una manta y ordenó al replicador chocolate caliente para tratar el inicio de hipotermia del superhombre.
Luchando contra el temblor de sus manos rodeó los hombros de Khan con la manta y se aseguró de cubrirle bien, dejó la taza a un lado y apartó el cuello de la camisa de Khan para inyectarle el medicamento contra la hipotermia.
—Te sentirás mejor pronto, lo prometo—murmuró con la voz temblorosa mientras le tendía la taza de chocolate, Khan jamás habría aceptado que le diera de beber.
—Klingons—suspiró Khan apartando la taza.
— ¿Qué con ellos? —Mark volvió a tenderle la taza—. Bebe por favor—rogó cabizbajo.
—Amenazan el planeta, su curso los lleva a nuestro planeta, Mark—Khan alzó la mirada, sus ojos lanzaban chispas de rabia—. Nuestro planeta y mientras lo investigo tu… ¡Tu te paseas por allí con el geólogo!
—Lo siento, no lo sabía, yo… ¿Por eso no pasabas tiempo conmigo? Pensé yo pensé…soy tan egoísta—Mark se dejó caer hacia atrás derrotado—. Debí pensar que atendías tus deberes como Gobernador, yo…
Khan se inclinó y calló la sarta de disculpas de Mark con un beso largo y profundo.
—Mucho mejor—sentenció levantándose—. Estaré en mi despacho—anunció. Estaba decidido a no dejarse avasallar por las emociones, lucharía por su planeta, aún si ello implicaba solicitar apoyo a sus enemigos.
Mark se quedó sentado en el suelo, con el cabello revuelto y atontado por el beso.
…
Los días fueron pasando, llevándose con ellos las esperanzas que John guardaba de un pronto regreso de su detective. Hastiado observó el terreno que pisaba, Khan y Mark se encontraban a unos pasos de distancia usando un trasplantador antigravedad para mover algunos árboles fuera del camino de la carretera principal que uniría las viviendas de los colonos. Era un trabajo sencillo pero Khan exigía ayudar alegando que, con su apoyo, terminarían el trabajo antes. John sabía que aquello no era cierto y que en el fondo Khan era un buen hombre.
— ¿Se ha ido no es así? —jadeó Mark al llegar a su lado.
—Es obvio.
—Lo siento—Mark hundió los hombros ante la rudeza de la respuesta de John y se limitó a guardar silencio.
— ¿Cómo es Khan? —preguntó John finalmente, curioso por la pasividad del joven.
—Es… asombroso—los ojos de Mark brillaron—. A veces me asusta pero… Es Khan.
John pateó una piedrecilla y sonrió, si, él diría algo parecido de Sherlock.
—Pensé que se había marchado, doctor—Khan llegó hasta ellos cargando el pesado trasplantador en un hombro, vestía de negro y, John agradeció al cielo, no llevaba ningún abrigo largo, cuando lo hacía el parecido se acentuaba y no podía aguantar estar siquiera a dos metros de él.
—Aún no es tiempo—admitió.
— ¿Se quedará a cenar?
La amabilidad de la invitación hizo que Mark disimulara un sonido de sorpresa con una tos y que John carraspeara incómodo y apretará sus puños juntos tras su espalda.
— ¿Cena?
—Con los oficiales de la Enterprise—el gesto de Khan se torció—. Me temo, doctor que algo amenaza mi planeta—claro, eso lo explicaba todo, Khan era capaz de hacer un lado su orgullo por aquello que amaba, y había aprendido a amar aquel planeta, incluso a sus colonos, aunque fueran simples humanos.
— ¿Algo? ¿Quién puede siquiera tener interés en esta naciente civilización?
Los puños de Khan se cerraron con fuerza y sus ojos brillaron, un ligero temblor recorrió sus hombros, taladró a John con la mirada y enderezó su postura.
—Klingons.
—Los sensores de mi nave no han-
—Por supuesto que no—Khan rodó los ojos—. Los primitivos sensores de la Flota Estelar no tienen el poder ni el alcance de los míos—explicó con orgullo.
—Bien—John tensó sus hombros, dispuesto para la acción—Allí estaré, Khan.
—Me gusta su espíritu, doctor—Khan sonrió de una manera casi gatuna, sus ojos brillaban—. La cena será a las 0800, no se retrase.
John se ruborizó hasta las orejas, asintió y dio media vuelta para disimular su vergüenza.
…
El camarote se le antojaba asfixiante, apenas podía encontrarse ahí durante unos minutos, los que tardaba en bañarse y vestirse. John observó su uniforme de gala azul colgado en el armario, paseó los dedos sobre él tratando de ignorar el uniforme dorado que se encontraba justo al lado del suyo. El detective nunca lo había usado, quizás era muy llamativo para su gusto, siempre iba a las cenas vestido con una combinación de pulcro blanco y de profundo negro, dependiendo de su objetivo, lucía o no sus medallas.
—Maldita sea, Sherlock—John apretó la manga dorada, inspiró profundamente y sacó su uniforme del armario. Cerró las puertas sin mirar atrás.
Diez minutos después se encontraba en la sala del trasportador junto a Molly, La señora Hudson les sonrió desde los controles tratando de animarlos.
Molly se notaba bastante incómoda con su uniforme de gala, no paraba de jalonear los bordes de la falda, sólo se detuvo cuando el trasportador comenzó a funcionar.
—Lo harás bien, Molly, no te preocupes—dijo John en cuanto se materializaron en la sala de la cabaña de Khan.
—Este uniforme es ridículo—gruñó—. Demasiado corto.
—A mi me gusta—respondió John juguetón.
Molly se ruborizó enseguida y dejó de jalar la falda. Justo en ese momento Kirk, Spock y McCoy se materializaron junto a ellos.
—Tratemos de mantener todo en paz—ordenó Jim a modo de saludo, quizás más para si mismo que para los presentes.
—Creo que Khan se mostrará bastante cooperativo—opinó Spock.
— ¿Un ser como él? —bufó McCoy—. Esto me huele a cena aderezada con veneno.
—En realidad, doctor, es una cena completamente natural preparada con los alimentos que produce esta tierra—dijo Khan cerrando la puerta de su oficina a sus espaldas—. No se queden ahí, pasen.
El grupo avanzó un poco más y se quedó sorprendido ante la vista de una enorme mesa que se extendía a lo largo del fondo de la sala, las sillas se encontraban apretujadas alrededor de la misma y frente a estas platos y copas vacíos, todos dispuestos a llenarse con los alimentos y bebidas que se encontraban en el centro.
Había pescados empanizados, rebanadas de blanquísimo pan, sopas, ensaladas bastante coloridas, y el plato central: un enorme jabalí asado.
—Vaya—atinó a decir Jim— ¿Todo esto lo produce tu planeta?
—Mi planeta y mi gente, capitán—corrigió Khan mientras se dirigía a la cabecera de la mesa. Agitó la mano en un gesto para invitar a sus visitantes a sentarse.
—Me tomé la libertad de traer un buen bourbon—agregó McCoy tomando asiento, extendió la botella hacia Khan.
—Interesante elección, doctor.
El ambiente se había convertido en el de toda una cena diplomática, John estiró el cuello de su camisa con incomodidad.
— ¿Falta alguien? —inquirió Jim notando una silla vacía a la diestra de Khan.
—Mi pareja—y como si aquellas palabras hubieran sido una fórmula mágica, Mark salió de la cocina con un delantal en las manos
—El pastel esta listo... oh—Mark se ruborizó hasta las orejas mientras recorría con la mirada los rostros de los comensales—. Disculpen—lanzó el delantal sobre su hombro, revelando su uniforme de gala rojo—. Mis deberes aun no habían terminado.
Spock alzó una ceja y McCoy pateó a Jim bajo la mesa para que cerrara la boca. El capitán frunció el entrecejo cuando Mark tomó asiento entre Khan y él.
—Teniente McGivers—saludó con formalidad extendiendo su mano.
Mark la estrechó.
—Un placer volver a verlo, capitán Kirk.
—Bueno, basta de saludos, empecemos a comer.
Por un buen rato sólo se escuchó el tintinear de los cubiertos y las alabanzas de los comensales hacia la comida. McCoy no dejaba de analizar con el tricorder todo lo que Jim se servía en el plato, no quería tener que atender un episodio de alergias.
—Fascinante—dijo Spock tras vaciar su plato de ensalada—. Tiene una gran capacidad agrícola en este planeta, Khan.
—Me gustaría ir al grano, si no les importa—interrumpió Jim sirviendo bourbon a los presentes.
Khan inclinó la cabeza a modo de aceptación y juntó sus largos dedos frente a si.
—Seré franco, hay seis naves klingon en rumbo a mi planeta—explicó Khan.
—Nuestros sensores no han detectado nada—dijo Spock.
—Sus sensores son inferiores a los míos—dijo Khan con prepotencia.
Molly y Mark llevaron un trozo de pastel a sus bocas, compartieron una mirada nerviosa y volvieron su atención a la discusión.
—Los sensores de la Enterprise son los más avanzados de la Flota—apostilló Spock alzando una ceja.
—No detectaran las naves hasta que sea demasiado tarde.
—Se me hace muy difícil creerte, Khan—Jim sacudió la cabeza con pesar.
—Oh, entiendo, ¿Esta es tu manera de decir que no prestaras tu apoyo para la defensa de un planeta que miembro legítimo de la Federación?
—No he dicho tal cosa, Khan.
Ambos hombres se habían levantado y se miraban con fiereza.
— ¿Entonces?
—No puedo creer algo que no detecta mi nave.
John carraspeó para romper la tensión.
—Si me disculpan—se levantó de su asiento para dar énfasis a su declaración—. Se que hablo por mi tripulación cuando digo que prestaremos todo el apoyo necesario para proteger este planeta—John guardó la compostura ante la inexplicable mirada que Khan le regaló.
— ¿Cuántos días tenemos? —exigió saber Jim.
—Seis días—contestó Khan sin apartar la mirada de John.
— ¿Es conciente, doctor, de que en seis días debemos partir a la frontera romulana?
—Lo soy—asintió John—. Pero confío que esto no retrazará nuestra misión.
—Existen, un 99,9% de probabilidad de que ambas naves resulten con severos daños durante la batalla—informó Spock.
—Siempre tan optimista—McCoy rodó los ojos y se giró hacia Khan— ¿Tus colonos lo saben?
—Mañana temprano serán informados de la situación, aquellos aptos y dispuestos para el combate recibirán armas y la apropiada instrucción para defender el campamento.
— ¿Y los que no? —preguntó Molly dejando el pastel a medio comer sobre su plato, el simple hecho de escuchar la palabra "batalla" le había convertido el estómago en un nudo.
—Se les proporcionará un refugio adecuado, en caso de perder el planeta el capitán Kirk y el capitán Watson conocerán las coordenadas para evacuarlos.
Lo que comenzó como una cena diplomática llena de tensiones terminó como un acuerdo bilateral entre fuerza bruta y razón. Un acuerdo donde imperaban la nobleza y el honor.
Tras la partida de sus visitantes, Khan y Mark se quedaron recogiendo el lugar.
—Lucharé—afirmó Mark con seriedad.
—No lo permitiré—Khan dejó los platos que sostenía en el fregadero y se giró para encarar a Mark.
—Es mi hogar, lucharé por él.
—La última vez que luchaste a mi lado te perdí—Khan arrinconó a Mark contra la encimera de la cocina—.No te perderé de nuevo.
—Tengo que hacerlo—Mark no bajó la mirada ni siquiera unos milímetros—. Khan este es mi hogar también, necesito saber que soy útil, que valgo para algo.
—Tú vales para mí, y es lo que importa.
— ¡No! Khan, quiero ser de utilidad, necesito saber que valgo, para mí, necesito saber que tengo valor, que mi vida tiene un sentido.
—Y para ello quieres arriesgarla en una batalla—Khan alzó una ceja—. Bien, lo permitiré, pero Mark, no te atrevas a dejarme de nuevo o haré que te clonen y castigaré ese nuevo cuerpo hasta que pidas compasión—amenazó casi ronroneando en el oído de Mark.
—Prometo que no moriré—toda la compostura que Mark se había esforzado por mantener para verse marcial ante Khan cayó por su cercanía.
—Bien—tan pronto como se acercó se alejó hacia el fregadero, la luz de la luna le iluminó el rostro—. Ve a dormir, mañana hablaré con los colonos y comenzará la instrucción.
—O…Ok—Mark bajó la mirada hacia su entrepierna, ¡Se había puesto duro!
—Y ni pienses en arreglar eso, sólo te debilitará—agregó el superhombre con sorna.
Mark asintió y abandonó la cocina no muy seguro de lo que había hecho, pero confiado en que eso era lo correcto.
…
Mark levantó el rostro del barro, frente a él se encontraban los zapatos de Khan y, a medida que subía la vista, sus torneadas piernas, su marcado miembro… Mark enterró el rostro en el lodo de nuevo, pero su imaginación continuó el detallado estudio de Khan, su camisa gris húmeda, sus cabellos despeinados, su penetrante mirada.
—Creo que alguien se ha distraído—escuchó decir a Khan con sorna, algunas risas ahogadas lo corearon. Mark sintió sus orejas arder—. Teniente McGivers—Mark alzó el rostro y miró a Khan expectante—. Si no puede cruzar los pantanos de su planeta a una velocidad apropiada ¿Cómo espera hacerlo cuando los klingons le persigan y le disparen?
—Yo… yo
—Pongase en pie—Mark obedeció en el acto—. Lo intentará todas las veces que sea necesario hasta que su velocidad me convenza de su capacidad para hacer frente al ataque—canturreó con los ojos brillantes—. El resto—giró hacia los 50 colonos que habían aceptado luchar—. Tienen práctica de tiro con Watson.
Alexandro dudó unos segundos antes de lanzar una mirada de conmiseración a Mark, dar media vuelta y marcharse chapoteando con los demás.
—No te veo en el punto de partida Mark, mientras más tardes más nos demoraremos y sabes lo que ocurre con esta zona cuando anochece.
Mark asintió y se alejó chapoteando, Khan sonrió y subió a un manglar cercano, la seguridad de Mark estaría asegurada si le presionaba durante el entrenamiento.
Casi al anochecer Mark arrastró los pies hasta la ducha, su ropa era un desastre así que la descartó en el cubo de la basura. Abrió el grifo y se colocó directamente bajo el chorro de agua tibia, una increíble cantidad de lodo verdoso bajó hasta el desagüe, ante tal vista Mark arrugó el rostro.
— ¿Disfrutando de un baño? —Mark brincó al sentir los dedos de Khan recorrer su espalda—. En media hora saldremos a practicar tiro sobre esquí—anunció.
—Hará frío, no sudaré, no voy a salir con kilos de lodo maloliente sobre mí—bostezó agotado—. Se que quieres que renuncie, no lo haré—afirmó con seguridad cerrando el grifo.
—No esperaba menos de ti.
…
Mark se metió entre las sábanas, la llegada de los klingons estaba pautada para el día siguiente, los sensores de las naves finalmente los habían detectado y en el ambiente sólo eran palpables la tensión y la excitación ante la inminente batalla.
—Aún puedes renunciar, nadie te juzgará—los dedos de Khan apartaron la sábana del rostro de Mark. El superhombre se encontraba vestido ya para la batalla.
—Yo lo sabré—masculló Mark apartando la tela del todo, su torso desnudo se encontraba bañado de un sudor tan frío como la nieve que caía en el exterior.
—Tiene sentido—Khan tomó asiento en el borde del colchón—. Trata de dormir.
—Lo dice quien ya está armado hasta los dientes.
—Debemos estar preparados para todo, si las naves klingons aceleran, el ataque será mucho antes de lo esperado.
—No creo que lo hagan, se creen a salvo por su nuevo sistema de ocultación, creen que no son detectables.
—Y no lo serían si yo no hubiera mejorado los sensores de tercera de esas dos inútiles naves de la Flota—Khan sonrió de lado—. Todo saldrá bien, estás en mi escuadrón—Mark no estaba seguro si aquellas palabras buscaban tranquilizarlo a él o a Khan.
—Eso es… bueno—Mark calló, apenas podía pronunciar palabra.
—Ven, es obvio que no dormirás—Khan tomó la mano de Mark y le ayudó a levantarse—. Al menos estarás listo—le arrojó la ropa de camuflaje al pecho—. No esperarás que te vista ¿O si?
—No, ¡No! —Mark empezó a vestirse, sus dedos temblaban pero logró estar listo en minutos.
—Bien— Khan se acercó con la armadura de fibra de carbono—. No detendrá un phaser, pero si cualquier arma afilada klingon—explicó. Mark no protestó mientras Khan le iba ajustando cada pieza al cuerpo, sólo lo hizo cuando este descargo un hypospray contra su cuello—. Es sólo triox, no te quejes. Iré a dar una vuelta, ¿Puedes arreglártelas por tu cuenta?
Mark alzó el rostro y mantuvo su mirada fija sobre la de Khan.
—Por supuesto.
Mark tomó asiento en la cama y aguzó el oído, en cuanto escuchó la puerta de entrada cerrarse salió de la habitación y entró en la oficina de Khan. Su objetivo era el cambiarse de escuadrón, lo vivido en la habitación le había demostrado que Khan sólo estaría pendiente de su seguridad, algo impensable en una batalla, no iba a arriesgar el futuro del planeta, o la vida de Khan, por la suya.
—Lo siento—gimió mientras hacía el traslado hasta el escuadrón que lideraba Alexandro. Las luces Led de su muñequera cambiaron a verde.
Salió de la oficina limpiando el sudor de su frente, pidió agua al replicador de la cocina, sabía que en unas horas la necesitaría, pero ni siquiera esa idea ayudó a que el vital líquido pasara por su garganta.
…
—No quiero que corramos riesgos innecesarios—John tomó asiento en la silla del capitán—. Si vemos la batalla perdida partiremos hacia la frontera romulana, tenemos otra misión que cumplir.
— ¿Los abandonaremos?
—Ellos sellaron su destino al decidir luchar, me temo que no podemos hacer mucho—John suspiró—. Esto me gusta tan poco como a ustedes, pero tenemos órdenes.
—Creí que no respondíamos ante la Flota—dijo la señora Hudson.
—Y no lo hacemos, pero la seguridad del cuadrante depende de la misión en la frontera.
—Sigue sin gustarme la idea—Molly cerró su puño sobre la consola de seguridad.
—No llegaremos a ese extremo, sólo quiero garantizar vuestra seguridad, las vidas que Sherlock dejó a mi cargo—sentenció John con firmeza.
—Se están acercando—anunció Molly.
…
Khan organizó a su escuadrón, Mark brillaba por su ausencia y aquello tranquilizó al superhombre, quien creía que Mark se había guarecido en el refugio junto a los colonos que no lucharían en la batalla.
—Trataran de atacar la superficie con sus phaser, no se preocupen, la USS Enterprise y la USS Hurikan se encargaran de cubrirnos, nuestro objetivo es frenar el avance de las tropas que transportaran.
— ¿Cómo asegura que se transportaran a este pastizal? —preguntó un colono.
—Porque hemos generado tormentas en otras partes del planeta, los klingons son idiotas, pero no se arriesgaran a perder una extremidad al transportarse a través de una tormenta iónica.
Alexandro sonrió al ver a Mark a su lado, se quitó el casco y apartó el cabello húmedo de su frente.
—No sabía que Khan te había confiado a mi cuidado.
—Se cuidarme solo, gracias—espetó Mark tratando de aparentar seguridad.
—Conmigo no tienes que guardar la compostura, esta bien tener miedo—Alexandro endureció su expresión—. Aunque entiendo que de entre todos debes ser el menos aterrado, estudiaste en la academia, tienes madera para ser un soldado.
—Soy historiador.
—Y yo geólogo.
Rompieron a reír, parando sólo al ver luces de transportador en medio del enlodado pastizal.
—Es hora—suspiró Mark sintiendo como de pronto el casco le asfixiaba.
—Debemos reencontrarnos con el escuadrón de Khan, trata de hacerlo en una pieza, o si sobrevivo, me matará.
El pecho de Mark vibró, reconoció en él la emoción de antiguos guerreros del pasado, había estudiado la historia, sabía la teoría de lo que era la emoción antes de una gran batalla, ahora lo vivía y era mil veces mejor, y peor, de lo que había imaginado. Tomó su rifle y lo cargó.
—Acabaré con más klingons que tu.
—No creo, al final sumaremos para ver si le ganamos a Khan.
Mark bajó las lentes del casco, ante sus ojos la pantalla le mostró el estado de salud de su cuerpo y el campo.
—Avancen—ordenó Alexandro.
…
Temblores sacudían a la Enterprise, Jim se esforzaba por mantener la calma y dar las órdenes más acertadas por sobre los gritos de los heridos.
—Escudos al 50%, capitán—anunció Checov tecleando furiosamente en su consola.
—Entendido, phaser a toda potencia, maniobra evasiva, derriben esa ave de presa, no quiero que ataquen la superficie del planeta.
Las naves danzaban casi como si bailaran un vals, los klingons trataban de ponerse a tiro para atacar la superficie y la Enterprise y la Hurikan los detenían en el último segundo, aun si tenían que poner en riesgo la integridad estructural de sus naves.
—John no aguantaremos otro disparo como ese—anunció Molly con los cabellos despeinados, se había pasado las manos por el mismo llevada por la desesperación.
—Lo se, lo se, concéntrate en disparar—ordenó John con los controles de pilotaje en ambas manos.
Molly tragó y fijó su mirada en la pantalla, era un juego, sólo era un video juego como los que jugaba cuando niña, sólo eso, su vida no dependía de ello.
…
Mark cayó al suelo con el rifle echó añicos, un klingon levantaba su bat'leth contra él.
— ¿Última palabra humano? —preguntó con sorna mientras descargaba el filo contra Mark con todas sus fuerzas.
Mark alzó su antebrazo en el último segundo, el arma klingon atravesó la armadura y el metal separó limpiamente la carne de Mark hasta casi llegar al hueso. El historiador gritó, apartó su brazo y pateó hacia la sien del klingon, matándolo en el acto.
—Chico, Khan va a matarme—jadeó Alexandro al llegar a su lado—. Eso es más que un rasguño.
Mark fijó la mirada en el sucio rostro del geólogo.
—Estaremos bien, lo estaremos—el historiador tomó el bat'leth del klingon caído—. Debemos evitar que lleguen al campamento.
—Moriremos todos—bromeó Alexandro siguiendo a Mark.
Del otro lado del campo Khan se encargaba de todos los klingons que se acercaban a su tropa, éstos solo lo apoyaban cuando el superhombre se encontraba en extremo peligro.
—Él podía solo—bromeaban mientras apuntaban y disparaban.
—No creo, necesitaba publico—rió otro.
Khan disparaba, golpeaba y pateaba klingons a diestra y siniestra, saltaba sobre los cuerpos caídos como si la gravedad no existiera y reemplazaba sus armas con la de sus colonos a una velocidad casi pasmosa.
—Tanto sudar para que él, ¡Oh mierda! —uno de los colonos se apartó justo a tiempo del proyectil que había caído justo sobre su antigua posición.
…
La batalla en la órbita del planeta había terminado, John maniobró la nave fuera del perímetro lleno de escombros, y pidió ayuda a la Enterprise para las reparaciones.
—Parece que no tendremos un descanso—jadeó a Jim en cuanto lo vio aparecer en la pantalla.
—No, doctor, no lo tendremos, en unas horas partiremos a la frontera—Jim se frotó los ojos—. La academia nunca me preparó para esto.
— ¿Más de 24 horas de batalla? Lo dudo —John sacudió la cabeza—. Nos vemos en la frontera y te devolveré a tus hombres—tecleó en su consola para comprobar que los ingenieros de la Enterprise se encontraban a salvo a bordo de la Hurikan—. Hasta pronto.
—Cuide de mis hombres.
John asintió, se levantó de su silla y ayudó a Molly a levantarse del suelo, llevaba algunos minutos allí.
—Está roto—susurró sosteniendo el brazo de la forense—. Tranquila.
—Las consolas no deberían de estallar así—gimió ella mientras caminaban rumbo a la enfermería.
—Gajes del oficio, te sorprendería la cantidad de cosas que pueden estallar en una nave espacial.
—Sobre todo si Sherlock es el capitán—rió Molly.
John guardó silencio mientras curaba a Molly, no quería pensar en Sherlock, no cuando este se encontraba solo en cualquier rincón desconocido de la galaxia a merced de peligros inimaginables.
—Deberías dormir, John, luces agotado.
John frotó sus ojeras y sonrió lánguidamente.
—Estoy bien, nada que un té no pueda arreglar.
John se encaminó hacia el comedor, tenía pensado pedir un té y quizás un sándwich, algo ligero para enfrentar la misión en la frontera.
—Mierda—rugió en cuanto notó en su cuerpo las señales inconfundibles de una transportación. ¿Por qué siempre tenía que pasarle eso a él?
Aparecer en brazos de un criminal era algo a lo que estaba acostumbrado, pero éste no era como los demás.
—Doctor Watson, que bien que haya decidido unírsenos.
…
Sherlock observó en la pantalla de su casco como la estática que, minutos antes, lo cegaba se transformaba en la imagen de Jim Moriarty apuntando con un phaser a la cabeza de John. Las facciones del criminal consultor se encontraban torcidas en una mueca de infinito odio y locura sin parangón. Lentamente el detective soltó su tricorder y elevó con dificultad las manos por sobre su cabeza. Invadir la nave de Moriarty entrando por la escotilla de salto estando seriamente herido le parecía ahora una pésima idea.
—Que dócil eres cuando tengo algo que te pertenece—se burló Jim apretando a John contra su pecho. Sherlock cerró los puños con fuerza ¿Qué hacía John allí?
—Sherlock—jadeó John.
—Es lindo tener una mascota, sobre todo si es tan fácil de localizar—el criminal peinó los cabellos de John con el cañón del phaser—. Vacía tus tanques de combustible—ordenó Jim sonriendo.
La mirada de John dejó ver todo el horror que sentía, no luchaba contra el criminal consultor porque desde su posición podía ver como una mira láser apuntaba al tanque de oxígeno de Sherlock. El detective obedeció, el combustible bañó los pantalones de su traje de salto espacial.
—Arrodíllate—exigió Jim.
Sherlock apretó los dientes y plantó su rodilla en el suelo de la plataforma de salto. Sus manos continuaban sobre su cabeza, la puerta que daba al interior de la nave se abrió con un chirrido y un phaser rodó hasta su posición. John dio un pisotón, no soportaba ver a Sherlock así de indefenso. Jim rió.
—Un antiguo castigo pirata, actualizado a nuestros tiempos—explicó Moriarty por la radio—. Pensé que lo apreciarías, Sherlock—. La comunicación se corto con un chillido de estática que lastimó sus oídos. Sherlock tomó el phaser y lo aseguró a su cinturón justo a tiempo. La escotilla se abrió y su cuerpo fue arrojado a miles de kilómetros por hora hacia el espacio profundo, el silencio lo rodeó hasta que su cuerpo perdió velocidad.
La nave de Jim dio media vuelta y se alejó a velocidad de impulso. Sherlock la observó empequeñecerse hasta que la perdió de vista, no hizo ningún movimiento tonto ni desesperado para seguirla, eso hubiera sido un sin sentido. Suspiró, ahora estaba solo en la inmensidad del espacio.
Ante aquella infinita oscuridad fue conciente de cómo el anillo golpeaba contra su pecho con suavidad, de cómo sus rizos flotaban, ingrávidos, sobre su cabeza, sus ojos apreciaron la belleza del espacio que le rodeaba.
Nunca le había importado morir, nunca, sabía que era la consecuencia lógica a su estilo de vida. Ahora, cuando veía alejarse la nave de Moriarty, llevándose con ella a John, su cuerpo entero se negaba a ello. Su autocontrol evitó que agitara las piernas y soltara el sollozo que pugnaba por salir de su garganta, desesperación, dolor, soledad, culpa. Había fracasado en su misión.
Pasados unas horas de silenciosa contemplación Sherlock levanto la mano derecha y observó el phaser que sostenía entre sus dedos. El sensor del nivel de oxigeno no paraba de anunciar el bajo nivel de este, pronto se asfixiaría y su sangre herviría.
¿Podía acabar con todo?, sostuvo el phaser con más fuerza. Sacudió la cabeza y consideró otras opciones:
La herida en su espalda sangraba lenta y constantemente, no era suficiente para matarlo antes que el oxigeno se terminara.
Podía aturdirse, si, podía hacerlo y morir dormido. Revisó el phaser y notó que estaba programado sólo para matar.
—Idiota—masculló, ignorando como su aliento empañaba el cristal de su casco.
John cayó de rodillas tan pronto Moriarty lo soltó. Su mente no paraba de repasar todo por lo que Sherlock pasaría antes de finalmente morir en el espacio.
—Debí luchar, al menos así le habrían disparado, habría muerto de una manera más rápida, ahora… ahora morirá en agonía.
—Laméntelo en su propia nave, doctor.
John rodó los ojos al verse envuelto de nuevo en la luz dorada del transportador.
N/A: aparecí ^^ un nuevo cap, prometo que el próximo no tardará tanto y explicará como se llegó al final tan abrupto del presente capítulo. Gracias a todos aquellos que le han dado follow y fav al fic :3
¿Algún review?
