Disclaimer: Ni el universo de Sherlock ni Star Trek me pertenecen, son ambos propiedad de sus respectivos creadores, Sir Arthur Conan Doyle y Gene Rodenberry y sus ahora, respectivos dueños.
Advertencias: Drama, slash y rape no muy explicito pero mejor prevenir, así que si no te gusta, tan sencillo como que no leas y te evitas disgustos.
Capítulo 8: Traiciones
(Dos semanas atrás)
Hirem apareció, con un revuelo de luces doradas, en medio de la cabina de la shuttle de espionaje. En cuanto Sherlock le vio subió de nuevo los escudos y alzó una ceja en ademán interrogante. Llevaban días realizando cortas misiones de reconocimiento, estudiaban el terreno, tratando de encontrar un agujero en la seguridad romulana, una oportunidad para llevar a cabo su misión de una vez por todas.
—Nada, creo que mi ex esposa lleva guardias hasta la ducha—el romulano se quitó el casco de su disfraz de guardia—. Casi me descubren.
—También corremos peligro manteniéndonos en la Zona Neutral—chasqueó Sherlock. Revisando los sensores, aquella acción casi se había convertido en un tic nervioso.
—Necesitamos mantenernos cerca, ante cualquier oportunidad podemos actuar.
—El transportador transwarp puede llevarnos a casi cualquier lugar—contestó Sherlock enfrentando a Hirem.
—No me fío de la tecnología de la Flota.
—Ha salvado tu inútil cabeza más de una vez.
—Es una misión delicada, no podemos apresurarnos ni dejar nada al azar, ¿Acaso lo extrañas?
Sherlock apretó los puños y bajó la cabeza, murmuró por lo bajo y se lanzó a la única cama. Hirem rodó los ojos y tomó asiento frente a los controles.
—Bien, nos alejaremos de Romulo—anunció.
La ligera duermevela, en la que Sherlock se había sumido, se vio interrumpida por un sonoro estruendo en la zona de máquinas de la shuttle, abrió los ojos y tuvo que cerrarlos inmediatamente por el ardiente humo que inundaba el lugar.
—Trastos de la Flota—gruñó Hirem mientras se abría paso hasta el centro del estropicio.
Finalmente Sherlock pudo ver, se levantó y con paso vacilante -aun estaba medio dormido- se unió a Hirem. Algunos circuitos se encontraban literalmente fritos y hervían sobre el fondo del carter.
—El sistema de refrigeración falló, he desviado el del soporte vital al motor para mantenerlo fresco así que hará algo de calor—explicó Hirem limpiando una gota de sudor de su frente.
— ¿Tendremos capacidad Warp? —Sherlock formuló la pregunta que rondaba con más fuerza en su mente.
—Sólo por unos minutos, a menos que desees explotar en miles de pedazos.
El detective tomó asiento en los controles y comprobó su posición. Al confirmar sus temores dio un golpe a la consola y gruñó.
—Estamos varados en la Zona Neutral.
—Aún podemos seguir adelante con la misión—Hirem tomó asiento en la cama.
—No, no podemos, debemos abortar.
—No podemos dejar la nave varada en el espacio, tu hermano dijo que su diseño no podía caer en manos enemigas.
Sherlock dio la espalda a Hirem y empezó a teclear, sus rizos temblaban ante el movimiento frenético de sus hombros. No había nada bueno en quedarse en ese lugar, cada segundo que pasaba aumentaban la probabilidad de ser descubiertos.
—Activaré la autodestrucción, usaremos los dos últimos transportadores transwarp personales para ir a una base fronteriza de la Federación, mi hermano nos sacará de allí.
—El Sherlock Holmes que yo conocí nunca hubiera abandonado una misión—espetó Hirem poniéndose en pie.
—Para empezar este no es mi "tipo" de misión—dijo Sherlock con marcada ironía—. Mycroft se enfadará y eso no me importa.
—Interesante—la mano de Hirem se posó sobre el hombro de Sherlock—. No te importa la estabilidad del cuadrante.
Sherlock giró en la silla para contestar y apartar la mano de su hombro, mas sin embargo un duro puñetazo lo recibió y lo envió al suelo.
—Me temo, Holmes que tu misión ha cambiado y por tu bien espero algo de colaboración—la voz de Hirem había cambiado, ahora era más grave, con un tinte oscuro al final.
A pesar de su aturdimiento, Sherlock buscó en los archivos de su palacio aquel tono de voz. Lo ubicó en la biblioteca polvorienta donde se encontraban aquellos que Mycroft le facilitaba sobre Moriarty.
—Un gusto conocerlo, Coronel Moran—saludó con ironía, enfocando la mirada en su atacante.
Los ojos de Moran se estrecharon, pateó a Sherlock en el estómago y, aprovechando que este luchaba por recuperar el aliento, lo arrastró por los cabellos hasta el final de la shuttle. Le ató las manos por encima de la cabeza con los cables, aún calientes, que quedaban de la falla.
—Puedes colaborar e irte—ofreció Moran sacando un rifle del compartimento de armas—. O puedes hacer de esto algo divertido.
Sherlock no contestó, los cables quemaban la piel de sus muñecas y eran tan cortos que lo obligaban a permanecer en una incómoda posición de cuclillas. Miró a su alrededor tratando de ubicar algo que le sirviese de apoyo para escapar, tenía que hacerlo, confiaba en su capacidad para resistir lo que Moran planease, pero Mycroft y la Flota habían confiado en Hirem, tenía que advertirles.
…
(Durante la batalla con los klingons)
Sherlock sintió un nuevo golpe en sus costillas. El frío metal de la culata del rifle había hecho contacto con su piel a través de los jirones en los que se había convertido su camisa por el paso de los días y el continuo maltrato. Sentía la piel pegajosa y sucia, su cabello se encontraba enmarañado y una barba rala cubría sus facciones, se removió incómodo, aquello estaba tomando ya demasiado tiempo.
—Eres duro de roer, lo admito—Sebastian tomó asiento sobre la cama, con las piernas abiertas de manera desenfadada—. Apenas te alimento, apenas bebes algo de agua, no te dejo dormir y he freído tu débil cuerpo humano con temperaturas insoportables, ¿Qué debo hacer contigo, Sherlock?
—Dejarme ir es una buena opción—la voz de Sherlock apenas era un graznido. Agua ¿Hacía cuanto no probaba una gota de agua?
—No, dejarte ir no es una opción. No después de todas las molestias que Moriarty se tomó para infiltrarme, no después de todo lo que hice para que tu hermano mayor no sospechara—hinchó el pecho con orgullo—. Engañé a dos Holmes.
—Mmm es algo para estar orgulloso—Sherlock felicitó a Sebastian con casi auténtica honradez deportiva.
A los ojos del coronel el detective parecía ignorar la incomodidad de su cuerpo, trataba de controlarlo para evitar movimientos que delataran su debilidad.
—Suficiente descanso—Sebastian tomó de nuevo el rifle y acarició la punta—.Se acabó la hora del té, señor Holmes.
Con solo mirar aquellos ojos que gritaban toda la maldad que su dueño callaba, Sherlock dedujo lo que planeaba hacerle. Instintivamente se tensó, trató de apartarse, pero sus piernas débiles no respondieron.
—Puedes evitarlo, ya sabes, unos cuantos códigos, un par de planos, nada muy costoso ni elaborado—el eco de las botas de Sebastian al dar vueltas a su alrededor le llegaban con dolorosa nitidez a sus oídos.
Sherlock apretó los dientes, no iba a decir nada y mucho menos le haría saber a su captor lo aterrado que estaba. Aun así, el sudor frío que rodaba por su espalda y caía dolorosamente sobre sus heridas abiertas lo delataría si Moran se inclinaba un poco más.
—Lo tomaré como tu consentimiento—Moran se agachó frente a Sherlock y desabotonó y bajó el cierre de su pantalón con excesiva lentitud. Sherlock contrajo el vientre tratando de huir del roce de los dedos de su captor—.No, no tengo ganas de tocarte, solo toco a Moriarty pero eso, ya lo sabias.
Los pantalones cayeron a sus rodillas, su ropa interior algo sucia era todo lo que lo separaba de Moran y sus planes. Sherlock cerró las piernas defensivamente, acto que le llevó a alzarse completamente de pie, extendiendo sus brazos a los lados casi al punto de una dislocación.
—Pensé que ibas a colaborar—Moran alzó su pie y lo dejo caer con fuerza sobre uno de los, apenas temblorosos, tobillos de Sherlock.
La antigua lesión inflingida por Khan llameó con el fuego de una fractura limpia justo en el mismo lugar del hueso regenerado.
—Regeneradores, nada como dejar que el hueso sane por su cuenta—se mofó Moran.
Empujó la espalda baja de Sherlock con la culata y este cayó de nuevo en la anterior, e incómoda, postura de cuclillas, sus muñecas ahora soportaban casi todo su peso. Su respiración agitada y algunos gemidos graves eran la única evidencia que dejaba escapar de su estado.
—Que bueno es compartir genes con un superhombre—rió Sebastian bajando de golpe los boxer de Sherlock—. Es impresionante—concedió—. Para un simple humano.
Sherlock se sintió ruborizar, apretó la mandíbula y sus dientes rechinaron, no iba a responder a la humillación, no iba a hacerlo, no iba a alimentar la crueldad de Moran. Segundos después sintió el frío cañón de metal recorrer el camino que formaban los huesos de su cadera hasta llegar a la cúspide de sus nalgas, sintió como los rudos y rasposos dedos de Sebastian separaban su carne y tanteaban su entrada.
—Ultima oportunidad, Sherlock—Sebastian posicionó la punta del fusil contra la carne apretada y empujó sorpresivamente, sin introducir nada aún. Rió por el gritito bajo que Sherlock dejó escapar—. Sólo mírate, a mi merced.
Sherlock cerró los ojos e ingresó a su palacio mental casi al tiempo que sentía el frío y duro metal desgarrar su entrada e ingresar sin compasión a su interior. Corrió por los grises pasillos apretando la palma de su mano contra su boca, corrió hasta alcanzar la puerta tras la cual se encontraba su salvador, su calmante, su remedio para esas horas tan oscuras que había vivido durante esos días.
—Sherlock, oh Sherlock—John lo abrazó con fuerza y Sherlock se dejó desfallecer en sus brazos, poco le importaba ahora lo que hiciera su cuerpo físico, él deseba mantener su mente intacta.
—John—gimoteó, asegurándose de hacerlo sólo en su mente. Cuanto deseaba estar lejos de ese lugar, haberse negado a esa estúpida misión, aun si el cuadrante caía en manos enemigas seguirían ocurriendo asesinatos y misterios, él no tenía porque aceptar esas misiones encubiertas, ya no era un agente independiente de la Flota, no lo era.
—Todo esta bien, todo estará bien, lo prometo—Sherlock aspiró el aroma de su John-mental, olía exactamente igual al real y eso lo reconfortaba.
Sherlock regresó a la realidad en cuanto Sebastian le jaló dolorosamente el cabello de la coronilla.
— ¿Qué dijiste? ¿Qué murmurabas? —sacó el cañón del rifle casi por completo y volvió a introducirlo— ¿Mi nombre?
Sherlock cerró los ojos ante el ardor que recorrió desde el final de sus entrañas hasta la espina dorsal, sus ojos lagrimearon y se forzó a regresar de nuevo a su palacio, de nuevo a brazos de John. Sin embargo, lo recibió alguien inesperado.
—Eso es muy sentimental—Mycroft giraba su paraguas, bloqueando la entrada hacia la habitación de John.
— ¡Apártate, Mycroft! —rugió Sherlock tratando de empujarlo.
—No podrás verlo a los ojos de nuevo si continuas refugiándote en él mientras ocurre esto, sentimental lo se, pero cierto—las comisuras de los labios de Mycroft se crisparon ligeramente—.Pagará, Sherlock—aseguró—.Sebastian Moran pagará.
Sherlock se sintió empequeñecer, en un segundo era el pequeño, perdido e incomprendido niño que se aferraba al regazo de su hermano mayor.
—Lo cazaremos—Mycroft dejó caer una mano tensa, como todo su cuerpo, sobre los rizos del niño que sollozaba contra sus piernas.
— ¡Maldición! ¡Necesito más tiempo!
—No, Seb, es hora, déjalo donde esta, te necesito en mi nave—la variante voz de Moriarty trajo a Sherlock a la realidad, sentía cuerpo libre de intrusos, el ardor continuaba y podía sentir como algo cálido, probablemente sangre, bañaba sus piernas.
—Iba a asarle las entrañas—protestó Moran.
—Pagaría millones por ver eso, pero la tripulación que contratamos hizo un desastre en ingeniería, quiero que vengas, lo arregles y descubras al culpable.
Sebastian sacudió la cabeza, cerró la radio subespacial y giró hacia Sherlock.
—Tuviste suerte, pero no me iré de aquí sin darte un último regalo—Sebastian sacó un pequeño cuchillo—.Considéralo una muestra de misericordia—apuñaló a Sherlock en la parte baja de la espalda.
"Ningún órgano comprometido, peligro: inminente desangramiento"
Sebastian sonrió, guardó el cuchillo en su bota y tomó los dos últimos transportadores transwarp personales, activó uno y se desvaneció.
Conciente de su entorno Sherlock forcejeó contra los cables que le sujetaban, durante el paso de los días había logrado comprometer uno sin que Sebastian lo notase y había evitado forcejear con él mientras era vigilado de cerca por el romulano.
Finalmente la goma y la fibra cedieron, liberando la mano derecha de Sherlock, este soporto su peso en el pie sano y liberó la otra antes de tambalearse y dejarse caer sobre la cama.
—Sherlock debes moverte, Moriarty es tu único pase de salida—murmuró John-mental con premura—. Se que estas cansado, se que duele como el demonio pero maldita sea, ¡Se el sabiondo de siempre y formula un plan!
Sherlock abrió un ojo empañado en sudor, se impulsó con los brazos y se puso en pie, su trasero protestó el rudo movimiento pero lo ignoró. Cojeó hasta los controles y comprobó que la nave de Moriarty seguía varada cerca de la suya, quizás podía intentar un salto espacial y abordar el gran destructor cuyo diseño estaba basado en el de la Narada. Tomó un tricorder y empezó a modificarlo para lanzar una señal que obligase a la escotilla de salto de la Narada abrirse a su orden. Lamentablemente sólo tendría una oportunidad para probarlo. Sonrió ladinamente, sin presiones, era Sherlock Holmes y nunca cometía errores de ese tipo.
Se separó de la consola y cojeó hasta el pequeño compartimento ubicado sobre su cama, allí, cuidadosamente empaquetado y doblado, se encontraba su traje de salto negro. Nunca había sido fan de lanzarse al espacio buscando apuntar a un blanco lejano, pero no tenía opción. Sacó el traje y lo dejó sobre la cama, trató de inclinarse para deshacerse de sus zapatos y sus pantalones maltrechos y una aguda punzada le recordó porque sus piernas se encontraban casi bañadas en sangre.
Hasta ese momento sus planes le habían hecho olvidar la vejación sufrida y debía de asegurarse que así fuera, tenía que salir de ese lugar cuanto antes.
Se dejó caer de lado en el colchón, logró quitarse las botas, el pantalón y su ropa interior. Tanteó otro cajón y ubicó un par de boxers nuevos, no tenía la absurda idea de que un par limpio haría menos penosa la idea de lo ocurrido pero, no iba a usar el traje de salto estando completamente desnudo.
Maldijo por lo bajo lo apretado del traje y el diseño de las botas estándar de la Flota, había perdido valiosos minutos vistiéndose así que no le sorprendería no ver la nave de Moriarty al asomarse a la ventana principal. Por suerte aun se encontraba estática en la misma posición, aquella visión casi hizo que Sherlock admitiera que sintió su corazón volver a latir, algo absurdo ya que nunca se había detenido.
Activó la autodestrucción de la shuttle y la alineó con la nave de Moriarty, casi corrió hacia la plataforma de salto y se maldijo por no poder tomar la postura estándar para la operación. No podía agacharse. Cerró los ojos y dejo que su respiración se regularizara, no podía perder el control en ese momento.
La opresión y el vacío de su pecho se expandieron de improviso, Sherlock abrió los ojos justo a tiempo para verse lanzado a toda velocidad hacia el destructor. A su espalda su nave estaba a punto de estallar así que abrió la válvula de combustible para impulsarse y poner la mayor distancia posible entre él y la futura explosión.
La onda expansiva lo alcanzó justo a tiempo para despertarlo de su ensoñación con el silencio y la velocidad que alcanzaba su viaje en el vacío. Luchó por tomar el tricorder y activar la señal, con el corazón en un puño corrigió la ligera desviación que no paraba de señalar, con un alarmante tono rojo, la pantalla de su casco.
La escotilla de la nave de Moriarty abrió con lentitud, Sherlock se preparó para el impacto, sabía que en su estado sería casi mortal, que si no perdía el conocimiento bien podía ser capturado antes de poder usar el transportador.
Aterrizó como si fuera un fardo, un cuerpo sin voluntad, sus huesos crujían ante las vueltas que daba sobre el suelo. Su traje amortiguaba parte del impacto pero cada giro era un suplicio constante para sus heridas. Finalmente impacto contra la pared con un ruido sordo.
—Bienvenido a bordo—Sherlock maldijo mientras se ponía de rodillas—. Espero que hayas tenido un buen aterrizaje.
Moriarty le veía desde uno holopantalla, abrazaba a un pálido, y podía decir, hastiado John.
—Como decidiste visitarme traje a tu mascota conmigo.
…
Sherlock abrió los ojos, estaba empezando a quedarse dormido por la falta de oxígeno, jadeaba tratando de acaparar la mayor cantidad posible de aire, una respuesta natural de su cuerpo. Sus brazos se encontraban inertes a ambos lados de su cuerpo, así como sus piernas colgaban sin fuerzas bajo el mismo.
—John—llamó, sintiendo como su aliento se transformaba en vaho, hacía frío en el espacio.
Sabía que moriría antes de cumplir el ciclo vital estándar para un humano, sabía que lo haría, pero ahora…se resistía a la idea, por John, por lo que podían hacer juntos.
…
Tan pronto se materializó en su nave, John corrió hacia el puente, Jim Kirk hablaba con una aterrada Molly, discutían acaloradamente su paradero.
—Watson—dijo Jim aliviado al verlo entrar en el puente— ¿Qué ocurre? —agregó, al ver el rostro pálido del médico.
—Moriarty acaba de lanzar a Sherlock al espacio, justo en la Zona Neutral Romulana, debemos buscarlo—John se dejó caer en la silla del capitán, sus piernas no le sostenían, no después de lo que había presenciado. Sherlock, su Sherlock, perdido en el espacio, en medio de la nada, a merced de cualquier cosa.
—Doctor Watson, la Zona Neutral abarca millones de parcecs de distancia, aún con equipo avanzado sería imposible localizar al señor Holmes. Un ingreso no autorizado a la misma significa un acto de guerra.
— ¡No me importa! —gritó John—. Lo buscaré por mi cuenta, Molly fija rumbo a la Zona Neutral. Se que su traje espacial lo mantendrá vivo.
Spock alzó una ceja y abrió la boca para protestar y empezar a recitar las órdenes que tenían que cumplir en la frontera.
—Sulu, ponga rumbo a la Zona Neutral, ayudaremos al doctor Watson—ordenó Jim.
—Capitán…
—Ya escuchó mis órdenes, señor Spock.
—Permitir que los sentimientos ponderen sobre las órdenes es…—presionó Spock.
—Usted y gran parte de la tripulación han sobrevivido gracias a ello, no me contradiga ni desautorice y cumpla mis órdenes—siseó Jim—. Doctor Watson, creo que podemos ubicar a Sherlock si escaneamos la zona buscando un material en específico ya que, conociéndolo, seguramente tomó la "lógica decisión" de apagar la señal de emergencia.
John asintió, Sherlock haría algo como eso, la señal consumía energía en el traje así que la mejor opción, si no esperabas ser localizado, era apagarla. Hizo memoria, forzó a su cerebro a pensar por encima de la turbación que sentía. Sherlock dependía de él ahora.
—Un anillo de platino, llevaba un anillo de platino—murmuró John rozando con los dedos la caja de terciopelo que llevaba en el bolsillo de su pantalón.
—Existe un 0.000005% de posibilidades de encontrarle—calculó Spock, ganando una mirada iracunda de parte de McCoy.
—Usted si que sabe animar—gruñó cruzándose de brazos.
…
El último klingon en pie se encontraba arrodillado sobre el fango del pantano, Khan le había seguido hasta allí en una loca carrera a través del lodo y los manglares y ahora le apuntaba a la nuca con su rifle.
— ¿Quién los envió? —exigió ante la atenta mirada de sus colonos.
—Las nobles casas que usted ofendió al matar a sus hijos—respondió el klingon con valentía.
— ¿Cómo me encontraron? —presionó Khan cargando el rifle. El fino silbido de la energía llenando el cañón hizo que el klingon sonriera.
—Tienes un traidor entre tus filas—con un movimiento que Khan no esperaba el klingon sacó un daqtagh* de su bota y se arrojó sobre él, dispuesto a matarlo.
Un disparo resonó en el pantano y el klingon cayó, salpicando lodo y sangre fucsia alrededor.
—Bien, eso fue muy irresponsable—dictaminó Khan mirando al autor del disparo—. Señor Di Benedetto, la próxima vez espere la orden antes de acabar con la vida de un prisionero.
—Un "Gracias" no habría estado mal—protestó el geólogo.
—Khan—Mark acababa de llegar al claro, sus botas salpicaron lodo mientras se abría paso casi frenéticamente hasta llegar a su pareja— ¿Estás bien? —inquirió, revisando cada centímetro de Khan con su mirada, la ropa rasgada, la sangre seca, tanto de Khan como klingon, que adornaba el tejido, el sudor que bajaba a raudales por la sien de su pareja y se perdía en el cuello de su camisa… ¿Eso se suponía que debía excitarlo?
— ¿Dónde estabas? —preguntó el superhombre sorprendido, Mark había estado en la batalla y no donde él lo creía, no había estado a salvo en lo más mínimo.
—En el escuadron de Alexandro—contestó el historiador bajando la mirada.
—Hablaremos luego—suspiró Khan abrasándolo con sus ojos fríos como témpanos de hielo, tenía que encargarse de la aburrida burocracia—. Estás herido—señaló la manga llena de sangre de Mark.
—Un rasguño—desestimó Mark, sabía que Khan no dejaría pasar esa insubordinación, y en el fondo deseaba con todas sus fuerzas que fuera así.
—Un rasguño que llega hasta el hueso, señor, yo me encargaré de Mark mientras pone orden en este lugar—ofreció Alexandro jalando a Mark hacia un vehículo de trasporte estacionado a cientos de metros del pantano. Khan lo permitió, no podía encargarse de Mark en esos momentos.
Mark trastabilló y siguió el paso rápido de Alexandro.
—Mark, debo confesarte algo—murmuró apenado, sus ojos revisaban los alrededores como un ciervo ante un cazador, nadie les prestaba atención, todos celebraban la victoria, ayudaban a los heridos y otros se encargaban de vigilar la zona—. Pero debes prometer que como mi mejor amigo guardarás silencio sobre el asunto hasta que pueda resolverlo por mis propios medios.
El tono grave y casi triste de Alexandro hizo que Mark asintiera sin dudar. ¿Alexandro iba a confesarse de nuevo? ¿Iba a pedir su amor?
—Yo soy el traidor que reveló la posición de Khan—reveló mirando a todos lados para asegurarse que nadie le escuchaba. El vehiculo aún se encontraba a unos cien metros de distancia.
— ¿Qué? —Mark le empujó para mirarlo frente a frente, los ojos de Alexandro miraban el suelo— ¿Por qué? —lo sacudió por los hombros con furia—. Alexandro, no se los balances pero, creo que tres colonos murieron, ¿Estas diciendo que todo esto fue tu culpa? —la bilis subía a la traquea de Mark, ¿Su amigo había puesto en riesgo su nuevo hogar? ¿Había traicionado a Khan?
—Necesitaba dinero, Khan mató a mi familia al estrellar la Vengeance en la ciudad, yo… Mark, por favor deja que lidie con esto por mi cuenta, sólo necesito tiempo para prepararme. Por favor, Mark, juro que me entregaré, sólo necesito tiempo—por las mejillas del geólogo bajaban lágrimas—. Se que no merezco ni siquiera hablarte, pero por favor, necesito tiempo.
Mark asintió soltando los hombros de su amigo. Alexandro se veía muy apenado y arrepentido ¿Cómo no podía confiar en él?
—Necesito un último favor—Alexandro aferró las manos de Mark—. Di que lo hiciste tú.
— ¡¿Qué?! —Mark casi se atraganta con su propia saliva— ¿Estás loco?
—Eso me dará tiempo, Khan jamás te creería capaz de ello.
Mark se detuvo al llegar a la camioneta ¿Debía hacerlo? ¿Alexandro tenía razón y Khan no le creería?
—Sólo debes decirlo aquí, confesarlo, Mark es lo último que te pediré—los ojos de Alexandro brillaron—. Por favor, ¿No es prueba suficiente que salvara a Khan de ese klingon? Salve su vida, estoy arrepentido y pagaré, lo juro.
Mark asintió con lentitud, después de todo, siempre podía fingir que había sido una especie de ataque de pánico. Khan lo conocía, Khan jamás le creería capaz de una traición. Tomó asiento en la parte trasera de la camioneta y, mientras el doctor de la colonia le vendaba el brazo, empezó a gritar:
— ¡Yo lo hice, yo revelé la posición de Khan a los klingons!
Inmediatamente le cayeron encima tres colonos, incluyendo a Alexandro, lo esposaron y acostaron en el suelo. Llamaron a gritos a Khan, muy orgullosos por haber capturado al traidor.
— ¿Qué sucede? —preguntó Khan nada más llegar. Al ver a Mark en el suelo, esposado y con una ceja partida casi se abalanzó contra sus propios hombres.
—Acaba de confesar que es el traidor, señor—explicaron entre tartamudeos, ahora no estaban muy seguros de haber actuado correctamente.
— ¿Lo confesó? —Mark sintió como un martillo aplastaba su corazón, la voz de Khan sonaba fría y carente de emoción alguna, ¿Tan fácilmente creía esa historia?— ¿Mark? —había un deje de ruego en aquella pregunta.
—Si, lo hice—Mark cerró los ojos para no ver el dolor y la decepción en las facciones de Khan.
—Enciérrenlo—ordenó el superhombre dando la espalda. ¿Mark? ¿Su Mark un traidor? Se dirigió a la colonia, debía dar el anuncio de la liberación del planeta, de la victoria, sin embargo sentía que, ese día, lo había perdido todo.
…
Tres horas, tres horas de búsqueda, de tener el corazón en un puño, de sentir que cada respiración que daba era oxígeno que le negaba a Sherlock, tres horas de ver el cronómetro que, en brillantes letras rojas, marcaba los minutos de vida que le quedaban al detective.
Sherlock cabeceó, su casco no paraba de murmurar "Oxígeno en niveles críticos, pérdida de conocimiento inminente" como si necesitara que se lo recordaran, no lo necesitaba, no quería escucharlo. Forzó a sus manos a moverse y apagó los sistemas de su traje.
Sus músculos ardían, sus ojos se resecaban, sabía que no tendría que soportarlo más, en segundos se desmayaría y todo acabaría. Sherlock cerró los ojos disfrutando de la ingravidez. Cruzó por última vez su palacio mental, las paredes se derrumbaban, años de conocimiento se perderían, pero era lo que menos le importaba en ese momento, después de todo, era el único detective consultor del cuadrante. Corrió trastabillando de vez en vez, por los escombros, hasta llegar a su destino, la habitación de John, ésta aún se encontraba en pie así que en ella se refugio.
—Te encontraré—murmuró John contra su cabello, sus dedos se enterraron entre los rizos del menor. Sherlock sonrió débilmente contra el regazo de John y cerró los ojos.
El corazón de John casi se detuvo, el cronómetro había llegado a cero justo cuando la Enterprise localizaba una minúscula cantidad de platino justo frente a ellos, a miles de metros.
—Transpórtenla—ordenó Jim—. Y al doctor Watson—agregó—. Equipo médico al transportador, espero no haber transportado un asteroide—gimió apretándose el puente de la nariz.
John abordó la Enterprise antes que Sherlock, abandonó la plataforma del transportador de un salto y dejó que la ansiedad le dominara mientras una segunda figura tomaba forma sobre la plataforma.
— ¡Sherlock! —gritó tratando de acercarse a la figura vestida de negro, sin embargo el equipo médico se interpuso en su camino.
El escuchar aquel grito, ver al dueño de la voz y sentir la gravedad actuar de nuevo sobre su cuerpo, provocó que Sherlock se desplomara sobre los brazos de McCoy. John patinó para frenar al llegar a su lado, en esos momentos el doctor sureño lanzaba lejos el casco murmurando "cachivaches tecnológicos" y colocaba una mascara de oxigeno en el rostro del detective.
—John.
—Idiota—John respiraba entrecortadamente, su alivio era tan grande que estaba por provocarle un desmayo.
McCoy recorrió el cuerpo de Sherlock con su tricorder médico, evaluó cada herida y apretó un puño con ira.
—Súbanlo a la camilla, de costado, tiene una herida en la espalda—ordenó, guardando para si las otras lesiones—. Doctor Watson, le llamaré cuando logre estabilizarlo, no quiero verlo en mi enfermería—agregó con seriedad.
—Soy su maldito doctor—protestó John tratando de acercarse a Sherlock mientras los enfermeros lo subían a la camilla.
—Y tienes una conexión sentimental con él, no eres el más apto para tratarlo.
—Tú tienes una con Jim y aun así eres el CMJ de su nave.
— ¡John! —gritó Sherlock forzando la voz.
El grito agónico de Sherlock hizo que John casi se transportase por cuenta propia a su lado.
—John...
—Todo está bien, Sherlock, McCoy se encargará de ti—John apretó la mano de Sherlock, el terror lo dominó al sentir sólo un débil apretón de vuelta. ¿Qué tan grave estaba?
Los ojos de Sherlock se estrecharon, ¿Acaso John sabía de lo ocurrido y se alejaba de él? No, imposible, su semblante no lo demostraba, si era así entonces McCoy sabía todo y estaba tratando de resguardar su privacidad.
—Esta bien—aceptó.
…
Khan paseaba fuera de la celda, la puerta negra sin barrotes o cristal impedía que viera hacia el interior, sacó un vial de espeso líquido blanco y le dio vueltas entre los dedos, aquella sustancia podía ser la solución a sus dudas, así como la condena total para Mark, su pareja, aquel por el que lo había dado todo.
Finalmente, ingresó a la celda con paso firme y decidido, sus ojos no transmitían más emoción que la firme y fría decisión. Mark se encogió sobre el catre hasta llevar su espalda contra la pared, elevó sus rodillas hasta el pecho, las rodeó con los brazos y ocultó el rostro entre ellos. No podía ver a Khan a los ojos, se sentía tan avergonzado. ¿Cómo había accedido a hacer eso por Alexandro?
—Harás esto fácil y rápido—escupió Khan tomando con fuerza el brazo izquierdo de Mark—.Aunque si dependiera totalmente se mi... no lo haría de esta manera.
—Suéltame por favor—Mark ahogo un gemido cuando Khan estrujo la herida recién vendada— ¡Khan! —gritó con desesperación.
Khan trató de ignorar aquel grito que dobló sus entrañas, forzó a Mark a extender el brazo y sacó un hypospray. Ignorando las negativas de Mark, y sus débiles esfuerzos por evitarlo, inyectó el espeso líquido en las venas del joven.
—Ahora me dirás la verdad—sentenció el superhombre soltando al humano. Tomó asiento en la cama, limpió la sangre que la herida había dejado en sus dedos y espero—. Nombre y número de registro—exigió.
—Mark McGivers, Teniente de primera clase, número de registro h-54197—recitó Mark de carrerilla. Llevó las manos a sus labios. Las respuestas parecían salir de su boca por si solas, no tenía sentido ¿Qué demonios le había dado Khan? La pregunta debió de reflejarse en sus ojos ya que Khan contestó:
—Suero de la verdad, un gran invento, ilegal en algunos lugares, pero no en mi planeta, yo mismo mejoré la fórmula—los ojos de Khan brillaron—. Te obliga a responder con la verdad todo lo que te pregunte, sin dolor—acarició la última palabra con la lengua—. Esa última parte ya la veremos.
—No. Por favor, no preguntes más—Mark se dejó deslizar por la pared hasta caer en posición fetal sobre la cama. Alexandro era su único amigo, debía protegerlo hasta que este decidiera entregarse por su cuenta a Khan.
— ¿Nombre de tu pareja?
—Khan Nonien Singh.
— ¿Edad?
—27 años.
Khan hizo una pausa y respiró profundamente, quería hacer la siguiente pregunta y salir de dudas de una vez por todas pero, ¿Y si la respuesta era la que menos deseaba escuchar? ¿Sería capaz de aplicar la pena por traición?
— ¿Fuiste tu quien informó a los klingons de mi posición?
—No—Mark cerró los ojos y Khan respiró aliviado, gran parte del peso que sentía sobre los hombros había desaparecido.
— ¿Sabes quién lo hizo? —inquirió, deseando con todas sus fuerzas que la respuesta a aquella pregunta librara a Mark de toda culpa.
—Si—Khan apretó los puños, entonces Mark lo sabía, había omitido información importante. Con un gruñido sordo siseó en el oído de Mark.
— ¿Quién?
—Alexandro.
Khan se levantó de la cama y empezó a pasear agitado, Mark alzó la vista, nunca había observado tal agitación, desprecio y decepción en Khan.
— ¿Eras su cómplice? —la mirada traicionada de Khan dolió en lo más profundo del pecho de Mark.
—No. Lo confeso tan pronto dejamos el pantano—Mark cerró los ojos y se abrazó a si mismo.
— ¿Por qué lo encubriste?—preguntó el gobernador, deseando con todas sus fuerzas que Alexandro hubiera amenazado a su Mark, de ser así, el historiador estaría libre de toda culpa y podría dar caza al maldito geólogo.
—Para protegerlo, es mi único amigo, yo no sabia que hacer, él se mostró arrepentido, él planeaba hablar contigo, pero no se porque ha tardado tanto en hacerlo—explicó Mark abandonando la seguridad de su cama para plantarse frente a Khan.
El superhombre abandonó la celda sin siquiera mirar atrás. Estaba dispuesto a encontrar a Alexandro.
—No se pongan cómodos—espetó a los colonos nada más salir— ¿Dónde se encuentra Di Benedetto?
—Lo vimos ingresar al bosque, señor. Dijo que cazaría algo para la cena.
—Mark acaba de confesar, bajo los efectos del suero, que Alexandro es el traidor, lo confesó al acabar la batalla—Khan ocultó los motivos de Mark, nadie tenía porque enterarse—, Mark asumió la culpa debido al pánico.
—Iremos tras él, señor, debe responder por las tres vidas que tomaron los klingons y el ataque a nuestro planeta.
Khan asintió.
—Iré con ustedes—recibió un rifle de manos de un colono—. Lo quiero vivo—agregó.
Se dividieron al ingresar al bosque, Khan trotaba con el rifle cruzado al pecho, seguía unas huellas, casi invisibles al ojo humano, y el ligero olor a sudor que impregnaba el ambiente. Sabía que estaba siendo egoísta al permitir que sus colonos siguieran pistas falsas, pero quería ser él quien capturara al geólogo, de ser posible, a solas.
Alexandro corría a toda velocidad, sus piernas ardían y el sudor le cegaba al caer sobre sus ojos, desesperado trataba de hacer funcionar un comunicador klingon, no podían dejarlo abandonado, ¿O si? Bien, el plan había fallado, pero traicionarle a él sería un deshonor. No podían hacerlo, no podían.
Alexandro fue conciente de su situación en cuanto escuchó un ruido a su espalda, la fuerza de un par de piernas destruyendo la maleza a su paso y el succionar del lodo sobre las botas de su perseguidor. Se detuvo y esperó a que éste se acercara.
—Nunca confié en ti.
—Bien por ti.
—Arrodíllate—ordenó Khan golpeando con el rifle los omoplatos de Alexandro.
—No tengas tanta prisa—espetó entredientes el historiador. Obedeció y colocó las manos sobre la cabeza.
—Desearía que te resistieras, así al menos sería entretenido—masculló Khan sacudiendo la cabeza para apartarse el cabello del rostro—. Oh… espera, estamos solos—Alexandro alzó la vista lo justo para ver a Khan sonreír—. Tú y yo nos vamos a divertir un buen rato y luego, simplemente diré que te resististe al arresto.
— ¿Vas a vengar al pequeño idiota que tienes por novio? Es tan fácilmente manipulable… Si hubiera podido lo habría puesto de mi lado, sólo necesitaba enamorarlo.
—No, Mark me pertenece—Khan paseó un rato—. No hubieras podido enamorarlo ni enredarlo en tu plan.
— ¿Cómo estás tan seguro de ello?
—Porque fue creado sólo para mí—un brillo de orgullo llenó los ojos de Khan antes de girarse hacia Alexandro y patearle de lleno en el rostro—. Si pides piedad puede que te escuche—Khan apretó los puños ante el odio que bullía en su interior, aquel humano inferior, que sostenía su nariz sangrante, había intentado separarlo de Mark, casi había caído en su trampa y ahora, lo haría pagar por ello.
…
Khan regresó a la celda, entró, cerró y se quedó junto a la puerta mirando a Mark temblar en una esquina. Le encantaba la imagen, todas las emociones del día habían convergido en ese punto, en el deseo que crecía en su interior. Necesitaba celebrar la victoria, pero antes, tenía que hablar y arreglar cierto asunto con Mark.
—Logramos capturarlo. Admitió manipularte. Dijo que eras un pequeño idiota—avanzó hasta quedar frente a Mark—. Y yo también lo creo. ¿Cómo pudiste creer que salvar mi vida era una prueba de su palabra? Por favor, ni siquiera necesitaba que me salvara.
Mark bajó la mirada hasta las botas llenas de barro, maleza y sangre que portaba Khan. Todo en el corroboraba lo sucedido. Todo lo que Khan decía caía sobre él como la verdad más lógica, había sido un total estúpido.
—Al menos sabes quien esta a cargo—se mofó Khan casi endulzando las palabras— ¿Cuál crees que sería el castigo apropiado?
—Yo... no, no lo se—Mark respiraba entrecortadamente, las palabras de Khan le excitaban y no estaba seguro de si esa reacción era la que esperaba su pareja. ¿Sólo hablarían, cierto?
— ¿Debería ponerte sobre mis rodillas? ¿Azotarte hasta que no puedas pedir piedad? Te comportaste como un maldito crío y no como un adulto hecho y derecho. No le debías nada, no te salvo la vida en el campo de batalla, decidiste encubrirlo basándote sólo en una amistad de días—jaló a Mark por el cuello de la camisa, tomó asiento en la cama y con facilidad le colocó en la posición que había descrito—. Después de todo parece un problema de disciplina—acarició las nalgas de Mark.
—No, no por favor—Mark se pateó mentalmente por rogar, no deseaba humillarse de esa manera.
—Contaras cada uno, si dejo de escucharte empezaré de nuevo.
Khan dejó caer su mano con fuerza, abarcando ambas nalgas. Alzó una ceja esperando oír a Mark contar.
—No te escucho—volvió a azotar al joven.
—No voy a contar—dijo el joven controlando el temblor en su voz. Aquello no era justo, era terriblemente vergonzoso.
— ¿No? —Khan rió—. Bien, lo haré interesante—rasgó el pantalón, y con el, la ropa interior de Mark—. Sin protección, cuenta—exigió—.O será peor para ti.
Para sorpresa, y quizás diversión de Khan, Mark continuó resistiendo, algunas lágrimas bajaban por sus mejillas y de sus labios escapaban algunos quejidos sordos, pero aun se negaba a contar.
— ¡Basta! —gritó casi histéricamente ante el último azote. Empezaba a sorber por la nariz, las lágrimas caían con rapidez al suelo y no estaba seguro de poder controlarse antes de empezar a llorar más ruidosamente.
—Cuenta—exigió Khan dejando caer su mano sobre la carne dolorosamente roja.
—Veinte—gimoteó Mark rendido a su destino. Mentalmente había contado cada uno, esperando que Khan se cansara de azotarlo, que simplemente lo recostara en la cama y le perdonara.
—Empieza desde el principio—instruyó Khan con dureza volviendo a nalguear.
—Uno—lloró Mark. ¿Cuándo iba a acabarse aquella pesadilla?
—Dos.
—Tres—debía de tener un problema, estaba duro. Khan no podía enterarse, no podía.
—Cuatro
—Cinco, ¡Ahhgggg por favor! —perdió la cuenta y empezó a patear las firmes piernas de Khan, pero era como patear pilares de roca.
—Aprenderás a no traicionarme. A no poner por encima a tus insulsas amistades. Mira hasta lo que te llevó tu lealtad. Mira como él no dio la cara por ti— a cada oración Khan dejaba caer azotes aun más fuertes.
—Lo siento—lloriqueó el menor, sorbiendo por la nariz.
— ¿Qué te impulsó a desafiarme por él? —quizo saber Khan, sabía que el suero aun hacía efecto.
—Me sentía solo, quería saber que podía hacer algo por mi amigo, que podía ayudarle, que podía saldar la deuda porque él te había salvado la vida, no es lo que tú crees, no lo hice por amor.
—Bien—Khan se movió, dispuesto a dejar a Mark sobre la cama, pero sus piernas rozaron el erecto miembro del historiador—. Creo que los disfrutaste—dijo con sorna—. No puedo dejarte así, no—lanzó a Mark a la cama—. La pregunta es: ¿Debería tomarte en cuatro o frente a frente? —fingió meditarlo mientras acariciaba el pene de Mark—. Me encanta tu expresión cuando te lleno por completo—apartó un mechón empapado en sudor de la frente de Mark—. Pero esto no será ni suave ni amoroso, simplemente te usaré, así que en cuatro—acompaño su decisión presionando el miembro de Mark casi dolorosamente.
—Mmmhh—Mark obedeció enseguida, dejó que su cabeza descansara sobre la cama, no quería apoyarse en sus manos, su brazo herido palpitaba y sangraba al mínimo movimiento.
—Dije en cuatro—Khan le jaló por el cabello obligándolo a apoyarse en sus brazos—. Mejor—concedió, acariciando con los dedos la entrada, los llevó a hasta la boca de Mark y éste sólo chupo como si la vida se le fuera en ello.
Satisfecho fue preparando al joven y, cuando lo juzgo conveniente, lo llenó de una sola estocada.
—Mierda—escupió Mark apretando los puños—. Mierda—apenas soportaba las embestidas de Khan sin irse de bruces contra el colchón, sin irse ruidosamente, el calor empezaba a desbordar su control y el cansancio lo estaba destruyendo.
—Esa boca—advirtió Khan mordisqueando los hombros de Mark.
—Khan... Oh, si, sigue—Mark cerró los ojos y se dejó llevar, vaciándose sobre la cama. Khan abandonó el cuerpo de Mark y se fue sobre su espalda sudorosa.
— ¿Aprendiste algo? —preguntó recostándose y jalando a Mark para llevarlo sobre si.
—Lo siento, no volveré a poner a nadie sobre ti.
—Tus acciones pudieron poner en peligro la colonia, si Alexandro hubiera escapado pudo haber contactado con más klingons.
—Creí en él, me había prometido entregarse.
—Eres tan ingenuo—Khan besó el cuello de Mark, se encontraba mucho mejor ahora, había perdonado la estupidez de su pareja—. Que no vuelva a repetirse—advirtió rodeando con sus brazos el torso del historiador.
—Jamás—Mark buscó los ojos de Khan y formuló la pregunta que pugnaba por salir de sus labios— ¿Cuál será mi condena? Digo, retuve información, puedo pasar por cómplice ante la ley.
Khan fingió meditarlo unos segundos, disfrutando de ver como Mark se ponía cada vez más y más nervioso.
—Ya la pagaste. ¿Acaso quieres más? —sonrió y abrazó a su pequeño, dulce y estúpidamente inocente humano—. Yo hago la ley en este planeta—susurró—. Puedo darte más.
—No—Khan rió casi musicalmente.
—Todos saben que Alexandro te manipuló, aprovechó el sentimiento de hermandad que surge en batalla para hacerlo—peinó el cabello castaño con los dedos, no quería que Mark se torturase aún más.
Mark asintió y se removió para acomodarse mejor sobre Khan, aspiró profundamente, Khan olía a plantas, a barro y a algo de sudor, pero aún así olía a Khan, a seguridad. Bostezó y se dejó caer en brazos de Morfeo.
N/A: Listo otro cap ^^ espero que les haya gustado, fue oscuro pero prometo que en el siguiente todo será fluff y amor :3
Daqtagh: daga klingon
