Las confusiones se acaban

Ikki quedó mirando de hito en hito a Shun, negándose a creer lo que había escuchado. ¡Shun trató de contratar los servicios de una prostituta! Era una agente encubierta, pero de todos modos, ¡Shun trató de contratar sus servicios!

-La delincuencia y la depravación están en la sangre de estos hermanos – murmuró Tatsumi, lo bastante alto para que Ikki lo oyera – uno es un terrorista, el otro un degenerado...

Ikki salió de la oficina del jefe de la estación, mirando fijamente a Shun, que parecía absolutamente feliz.

-¡No puedes hacer eso! - gruñó alguien - ¡Corten, corten!

Shun se detuvo, avergonzado y los policías que lo estaban sujetando lo miraron con odio y alzaron la vista, buscando paciencia en el techo. Una mujer pelirroja se acercó a Shun y lo golpeó con un papel enrollado.

-¡No puedes andar saludando a todos los que conoces! Es actuación, te repito que tienes que fingir todo el tiempo, como si fueras otra persona.

-Lo sé – dijo Shun, sonriendo dulcemente – pero es que cuando veo a alguien conocido, no me gusta fingir que no lo veo. Es de mala educación.

-Es de peor educación que tengamos que repetir cada escena diez veces porque saludas a alguien, o sonríes a una ancianita, o le das la mano a un niño...

-O acaricia a un perro, o juguetea con un gato, o recoge la basura de las calles... - dijo uno de los policías que antes lo sujetaban.

-Llevamos cinco noches firmando este corto. Deberíamos habernos demorado una hora, pero llevamos ¡cinco noches! Porque tú no te puedes concentrar. Es la escena final. Ahora descubres que el jefe de la estación es tu padre. ¿Crees que puedes terminar esta escena sin saludar a las mosquitas que anden por ahí?

Shun había escuchado el reto de la directora en total silencio, y luego asintió sin decir una palabra. La directora volvió a su silla, la cámara volvió a encenderse, y cuando ella dijo "acción" los policías (o más bien, supuestos policías) sujetaron a Shun que empezó a retorcerse muy molesto.

-¡Eso no es cierto! - gritó Shun. De pronto, se quedó en blanco y miró a Ikki – Hermano, no es cierto que traté de contratar a una mujer de la calle. Lo que pasa es que ¡estoy actuando! ¿Qué tal?

-¡Corten! - gruñó la directora, con el rostro desencajado - ¿NO quedamos en que ahora sí actuarías?

-Es que no podía dejar que mi hermano pensara que traté de hacer algo incorrecto – explicó Shun – pero ahora sí. Lo prometo.

-Bueno- suspiró la directora. - ¡Acción!

Los policías, con cara larga, agarraron a Shun que se retorcía desesperadamente mientras égritaba "Eso no es cierto". La agente encubierta (vestida con minifalda y medias de malla) se acercó a él diciéndole que todo estaba grabado, que había evidencia suficiente para meterlo a la cárcel.

Shun, entonces, se soltó y miró a sus amigos.

-¡Había olvidado saludarlos a ustedes! - se acercó a ellos y les dio un alegre saccudón de manos - Lo siento, no puedo hacer más, quisiera conversar pero estoy trabajando. ¡Después hablamos!

-¡Corten! - gritó la directora – Shun, querido, concéntrate, ¿quieres? Estamos agotados y solo por hoy nos dieron permiso para grabar en la comisaría.

-De hecho, su permiso se acaba en quince minutos – dijo la agente que había querido tomar café con Hyoga.

-Entonces me apuraré – dijo dulcemente Shun. Los actores que hacían de policías volvieron a sujetarlo. La actriz que era agente encubierta volvió a decir sus líneas. Shun bajó la cabeza, con una expresión de odio total que provocó escalofríos de miedo en quienes lo miraban.

Un hombre vestido como general entró entonces a la comisaría.

-¡Soy el jefe de la estación! ¿Qué está pasando acá? - exclamó el actor. Shun se volvió tan rojo que casi parecía tomate.

-Papacito... - murmuró Shun – Lo siento.

Y luego se volvió a Ikki.

-Esta parte del libreto es un poco tonta, ya lo sé, pero no quisieron cambiarla. ¿Qué opinas, Ikki? Si me encontrara con mi padre en una situación así, no le diría "papacito" sino "señor", o "padre". Pero ¿decirle "papacito"? Qué tontería.

-¡Basta! - gritó la directora - ¿No quedamos en que dejarías de criticar el libreto?

-No me dejan hacer nada – se quejó Shun – no puedo saludar a nadie, ni sonreír, ni cambiar el libreto, ni sugerir cambios en la iluminación, ¡nada! Esto de ser actor no me gusta.

-¡Pues termina de una vez, pequeño idiota, para que podamos irnos a nuestra casa y no volver a vernos! - le dijo el actor que hacía de su padre.

Shun bufó y volvió a colocarse en actitud de joven avergonzado. Pero no pudieron seguir filmando esa noche porque Ikki se había abalanzado sobre el actor que ofendió a Shun y le había dado una buena paliza.


Y ahora estaban los seis en el despacho del jefe de policía. Ikki, por pegarle al actor, y los otros chicos, por pegarles a los que trataron de detener a Ikki.

El jefe de la estación había salido, presumiblemente a fumar para tranquilizarse. Tatsumi había ido con él.

-¿Y cómo es que llegaste a ser actor? - preguntó Hyoga después de un rato.

-Fue una confusión de nombres – dijo Shun – sucedió que...


Shun les contó que hace cinco días fue a su tienda de DVD favorita a buscar una nueva película en blanco y negro. Había una gran cantidad de gente, cosa muy extraña, pues habían pocos que iban a esa tienda tan especializada. Usando su encanto personal cruzó por el cordón policial, el de guardaespaldas y el de fuerzas especiales, para entrar a la tienda.

Una vez allí, se dio cuenta de que todo estaba redecorado. Las grandes estanterías habían sido removidas, y solo quedaban unos cuantos anaqueles tras el mostrador. El dueño estaba sentado en unos sillones que estaban en el lugar de las estanterías, junto a varias personas.

-¡Hola, Shun! - lo saludó alegremente el dueño – Hoy las cosas están un poco diferentes, porque...-en ese momento sonó el teléfono de la tienda y el dueño se levantó. Al parecer, no le gustó lo que oyó, porque al colgar, pidió disculpas y se fue rápidamente.

-Eso fue raro – dijo una de las mujeres que estaban allí – pero podemos prescindir de él. Valió la pena la espera de dos horas, porque eres más guapo en persona. ¿Cómo estás? Soy la directora del corto. ¡Qué bueno que hayas podido venir, Shun Oguri!

Shun no tenía idea de qué estaba hablando ella, pero su natural amable lo obligó a sonreír y asentir.

La mujer le habló de la filmación, de los auspiciadores, de los festivales en los que competiría el corto. Shun se dio cuenta de que la mujer lo estaba confundiendo con algún actor profesional. Abrió la boca para corregirla, pero en su conciencia apareció un pequeño Hyoga, que le dijo:

-¡Ayuda a esta pobre gente! ¿Qué es lo peor que puede pasar? Después de todo, Shun Oguri nunca llegó a verlos. Seguramente se le olvidó, y te necesitan.

Así que Shun le hizo caso a su Hyoga-conciencia y se unió al equipo de filmación.


-¿Soy tu conciencia? .- interrumpió Hyoga, orgulloso.

-Por supuesto – dijo Shun – eres una de las mejores personas que conozco.

Shiryu se aclaró la garganta, molesto.

-Shiryu, si tú fueras mi conciencia ni siquiera hubiera usado mi encanto para cruzar las barreras de contención – dijo Shun.- Si mi conciencia fuera Seiya, les habría dicho la verdad sin importarme sus problemas. Saori no puede ser mi conciencia, está muy ocupada siendo Athena. Ikki es mi parte malvada – terminó con una sonrisa.

Ikki trató de no lucir demasiado orgulloso, y Shun siguió contando la historia.


Los filmadores se dieron cuenta de que no era el actor profesional la noche siguiente, cuando Shun insistió en interrumpir el trabajo, recoger a un perro vagabundo y llevarlo a la Mansión Kido.


-¿Llevaste un perro vagabundo a la Mansión? - interrumpió Saori, anonadada.

-Ya hay como cinco – dijo Seiya, muy sonriente – les buscaremos hogar este fin de semana.

Saori lo miró con los ojos desorbitados, pero luego se tranquilizó, al percatarse, muy contenta, que Seiya había vuelto a hablarle.


A pesar de lo poco profesional que era, los productores del corto y la directora decidieron no despedir a Shun. De hecho, hasta comenzaron a grabar las cosas que hacía cuando interrumpía el trabajo. Le dijeron que era para tener esas escenas detrás de cámaras que se incluyen en los extras del DVD.


-A pesar de eso que me explicaron, nunca entendí por qué no me despidieron de una vez– dijo Shun – la verdad es que siempre interrumpía las tomas. No puedo evitarlo, es que no me gusta ignorar a la gente que me saluda.

-Es que eres pura dulzura - murmuró Ikki, mirándolo con absoluta adoración y agradeciendo a todos los dioses que Shun estuviera tan entretenido contándoles su aventura, que ni siquiera se le hubiera pasado por la mente preguntarles qué demonios hacían ellos en la comisaría.


Así que Shun siguió filmando por cuatro noches más, saliendo a escondidas de la Mansión y volviendo de tanto en tanto para llevar perritos vagabundos.

-Y ahora echamos a perder la última de las tomas – se quejó amargamente Shun – creo que les arruiné el trabajo a esas pobres personas del corto.

En eso, el jefe de policía volvió y les pasó sendas hojas. Venía muy, muy molesto

-Voy a olvidarme de la usurpación de identidad, de la obstrucción a la justicia, de la violencia contra personal policial, de la destrucción de mobiliario público, de la pérdida de tiempo, de las rabias, de las mentiras y de las idioteces. Pero ustedes harán algo a cambio: van a declararse culpables de mal comportamiento en público. Van a pagar la multa correspondiente. Y se van a largar de aquí. Dios sabe qué más puede pasar con ustedes rondando. ¡Fuera!

Calladitos, rellenaron las hojas con su declaración de culpabilidad, mientras Tatsumi pagaba la multa con la poderosa tarjeta ultra Platinum del Banco Graude. Salieron de la comisaría en silencio, y dos patrullas los llevaron a la Mansión.

El jefe de policía no quería arriesgarse a otro accidente.

Además, ya había dejado de creer que Hyoga, Shiryu y Seiya era policías. Tatsumi lo sacó de su error, y con la promesa de no anunciar la vergonzosa confusión de la policía en las páginas de los diarios de la Fundación, el jefe decidió dejarlos marchar.

Las cosas volvieron a la normalidad en la Mansión Kido, después de que todos hicieran un juramento solemne de no dejar que esto pasara nunca, nunca jamás. Y llegó el día en que estrenaron el corto de Shun.

-¡Lo pudieron estrenar aunque no lo terminaron! ¡Qué alegría! - dijo Shun.

Los llevó a todos al cine, muy orgulloso de sí mismo. Y fue entonces que todos entendieron por qué los productores y la directora no habían querido despedirlo.

El corto comenzaba con Shun duchándose. Un desnudo de cinco minutos de duración, que se hicieron eternos para Ikki, escuchando los chillidos de todas las mujeres que repletaban el cine.

-El desnudo es arte, Ikki – dijo Shun – al menos eso decía la directora.

Luego mostraban a dos hombres abalanzándose sobre un perro negro. La imagen mostraba en primer plano el rostro asustado del animal. Luego, se veía a Shun recogiendo al perrito. En un grosero error de edición, el perro antes negro era ahora amarillo. Hasta la raza era distinta.

-¡Qué tierno! - dijeron las mujeres de la audiencia, tan obnubiladas por la dulce expresión de Shun que no se percataron de nada más.

La mujer policía vestida de mujer de la calle hizo entonces su aparición, y Shun la abordó. El diálogo había sido obviamente doblado, pues la voz no era de Shun.

-¿Has visto un gatito abandonado? - preguntaba la mujer, aunque sus labios parecían decir "Un par de monedas y verás el cielo, nene"

-Te ayudaré a buscarlo – decía el personaje de Shun, con una voz de hombre viejo que no se correspondía al muchacho. Pero la audiencia femenina no se dio cuenta, y solo exclamó "Awwww", aunque los labios de Shun realmente modulaban las palabras "vamos, nena"

Luego mostraban a Shun bañándose una vez más. Y otra vez y otra,más, para luego mostrarlo eligiendo ropa (eran obviamente tomas del casting, pero a nadie le importó) y luego finalizar con Shun en la comisaría, gritando con voz de hombre mayor "¡Libertad para nuestros hermanos animales!"

Los aplausos casi derribaron el lugar. Shun seguía mirando la pantalla, absolutamente extrañado de que la película final no tuviera nada que ver con la que él había filmado.

-Es la magia de la edición – le dijo uno de los productores, cuando él le pidió explicaciones. Shun se encogió de hombros y sonrió dulcemente, pues su Hyoga-Conciencia le advirtió que más le valía no golpear a nadie en la cara en un lugar repleto de gente.

El corto de Shun ganó todos los premios, menos el de mejor actor, porque se descubrió que algunos de los diálogos habían sido doblados.

Pero Shun igual lo pasó muy bien en la ceremonia de entrega de premios. Le hizo un photobomb a un grupo muy famoso, le sacó la lengua a las cámaras y proclamó ante todos los micrófonos que amaba a sus hermanos.

-Está enloquecido. Deberías detenerlo – le dijo el Ikki Interior de Shun a su Hyoga Conciencia.

-No pienso hacer eso. La última vez que traté de detenerlo, nos metimos en el tremendo lío. Déjalo que se divierta.

FIN

Nota de la autora: Photobomb XD

Siempre hago epílogos.