Los largos periodos entre capítulos seguirán, la verdad... maldito colegio con sus enseñanzas técnicas...
Desde que fue separada de Hammer hacía tres meses, Amber fue cuidada durante tres meses por Echavarren, quien había logrado, tras fuertes discusiones con su hijo, vivir en un departamento en un edificio ubicado en Ponyhattan. Pero aquello le costó a su criada, quien tuvo que afrontar aquella decisión con bastante tristeza, como también el verse obligado a llevar a su amiga Luisa a un fundo a las afueras de la ciudad. Eso en un principio lo apenó de sobremanera, pero luego las ocupaciones con Amber y los problemas con sus vecinos lo distrajeron bastante de sus preocupaciones anteriores.
Para él, sus vecinos allí eran bastante molestos, debido a su comportamiento "siútico": se hacían pasar demasiado por clase alta y hacían fiestas, que si bien no eran ruidosas, se oían gritos muy entrada la mañana, generalmente hablando de asear el lugar. Por eso, no eran muchos por los que aquel anciano les tenía agrado. Entre aquellos pocos, estaba un niño inquieto, al que su mamá no lo dejaba salir mucho pero siempre quería ver a Amber, aunque no perdía sus modales al entrar; un par de pegasos fanaticos de los Wonderbolts, a quienes no conocía mucho pero al menos no eran tan ruidosos, y una joven reportera llamada Dream Hunter, quien había conocido por accidente en un local cercano. A ella más la conocía de todos los vecinos, porque para ella siempre era un agrado estar con el, tal vez por ser viejo o vivir antes en el desierto, pensaba el.
Un día decidió que debía visitar a Luisa a los establos, pero viendo que no vendría la niñera, y sabiendo que a Amber no les gustaban los ruidos en los establos (algo que sabia cuando vivían en el campo), decidió que era momento de confiar en sus vecinos... ¿pero en quien?
Sabía que los Orange no eran malos, pero temía que aquel comportamiento engreído pudiera contagiarse a Amber. La gente que vivía al lado de él... oyó que estaban de vacaciones... aparte de ellos no conocía a nadie más...
¿Pero Dream? A ella la conocía más que nadie, seguro ella la cuidaría bien, incluso mejor que él mismo... habría que probar.
Mientras tanto, Dream Hunter, la pony celeste de crin castaña, se quedaba durmiendo en el sofá, pues aprovechaba su descanso de cinco días que le dieron en el trabajo. El departamento donde vivía ella era del mismo tamaño que el de Echavarren, solo que el de ella estaba más desordenado, y en casi ningún momento ordenaba su casa. De vez en cuando salía a hablar con amigos, pero por lo general se quedaba en casa dibujando y descansando. En el momento en que llamaron a la puerta, ella estaba buscando su bufanda de rayas rosas y blancas, la cual atesoraba bastante, y el hecho de haberlo perdido la desesperaba de sobremanera, pero al escuchar el ruido corrió de inmediato a la puerta para hacer como que nada pasó. Tras abrirla, vió a su amigo Echavarren parado frente a la puerta, serio; pero éste, al ver sonreir a ella, no pudo evitar sonreír también.
- ¡Hola señor Echavarren!- dijo ella al verlo
- ¿Señor? ¿Por qué me llama así? -respondió, fingiendo enfado.
- Es que... usted me recuerda a mi jefe... ¿es algo duro, sabe?
Él, viendo lo que había hecho, decidió sonreír de inmediato. Ella también sonrió, tratando de disimular.
- ¿Pero... que espera? ¡Pase!- dijo Dream alegremente.
A él no le quedó más que pasar, pues aquella broma resultó algo fea y además sería más fácil pedirle el favor.
- Bueno, solo vine a pedirle un favor...
- ¿Desea algo para tomar...?
- ¡No, gracias!
Dream notó de inmediato el tono impaciente del hablar de su amigo, por lo que se sirvió jugo para ella y se colocó frente a el.
- ¿Y a que vino el honor de haber venido aqui?
- Bueno, vine a pedirle un favor, si no le molesta...
- ¿De verdad?... - se dió cuenta de su entusiasmo, y quiso ocultarlo-. Bueno, eso veremos, si no es tanto tampoco
- Usted sabrá -respondió Echavarren rápidamente-. Verá, tengo que salir por un buen rato, creo que llegaría más o menos por la noche
- Ok... ¿y que sucede con eso?
- Verá, es que tengo a Amber sin nadie que la cuide, y solo queda usted para eso -dijo tranquila y seriamente Echavarren.
- Espere... ¿y que pasó con la que siempre la cuidaba?
- Cayó enferma... algún muffin en mal estado, al parecer.
- Bueno, los que vienen de lejos nunca son seguros. ¿Y alguno de los vecinos?
- Algunos se fueron por un mejor lugar, creo que la que vivía al lado mío no es mucho de fiar, siempre huele raro incluso fuera del departamento...
- ¿Y los Orange?
- ¡No me hables de ellos!- respondió sorpresivamente, llegando a retroceder a su interlocutora. Cuando se dio cuenta de aquello, miró a otro lado avergonzado.
- Si, como diga... así que solo quedo yo
- Si... usted, perdón por el grito
- No pasa nada -dijo rápidamente Dream. -Y bueno, ¿Por cuanto tiempo necesita que la cuide?
- Sólo hasta... la medianoche, ¿Le parece?
- Hmmm... no, no hay problema -respondió tranquilamente es... ¿molesta?
-No, para nada. Solo debe alegrarla, ya que se enoja si se aburre -dicho esto, se levantó del sofá y se dirigió a la puerta, diciendo:
- Ahora vendré a buscarla. Volveré pronto.
En cuanto el salió, Dream saltó de la alegría. El hecho de que al fin iba a conocer a Amber la alegró de sobremanera. Ahora solo debía esperar tranquilamente... ¿Que podría hacer con ella? ¿Le gustaría lo mismo que a ella? No decidió pensar más en ello, lo mejor era esperar tranquilamente al vecino y saber la verdad.
Y así esperó frente a la puerta un par de minutos, hasta que al fin tocó la puerta. Cuando abrió -conteniendo la emoción-, apareció Echavarren acompañado por una pequeña potrilla color café, pelo negro recogido en una trensa y ojos grises, quien iba detrás de él, con expresión seria pero curiosa. Al llegar ésta última, fue detenida por Echavarren, quien le dijo tranquilamente:
- ¿Y como se dice?
- Buenas tardes, señorita Hunter -dijo Amber con voz amable pero algo hastiada.
- ¡Hola, Amber!- respondió suave y entusiasmada Dream inclinándose.
Echavarren no pudo evitar sonreir al ver aquel saludo. Pero logró poner aspecto serio un momento después.
- Bueno... veo que ya se están cayendo bien... eso es bueno. Espero poder llegar después de las diez, ¿les parece?
- Por supuesto -dijo Dream concentrada todavía en Amber, quien miraba a otro lado algo incómoda-,nos vemos.
Echavarren no hizo caso al gesto reprochable, según él, de ambas. Salió del departamento de inmediato, rogando porque su confianza le diría lo cierto y porque Luisa no estuviera preocupada.
Cuando estuvieron ambas solas, Dream trató de mantenerse tranquila. Retrocedió un poco y le dijo:
- ¿Que quieres hacer, Amber? ¿Jugar? ¿Dibujar?
Amber la miró algo esperanzada.
- Dibujar... si no es tanta la...
- No, para nada -respondió, y tras buscar alrededor, fue a buscar un caballete, varios lienzos y pinceles, los cuales puso al frente de Amber. Pero ésta se sorprendió por la altura de aquel caballete, y gritó:
- ¡No lo alcanzo! ¡Quiero otro sitio!
Dream se asustó ante los gritos de su vecina, y de inmediato sacó las hojas y las colocó sobre la mesa, le pidió a Amber colocarse sobre una silla, y tras oír la aprovación de ella, fue a la cocina a sacar algo de fruta. Cuando llegó, vio que Amber dibujaba con los cascos algo que parecía una tierra amarilla, donde había lo que parecía un grupo de árboles vistos desde arriba, pues no se veían los troncos. Cuando Amber se dió cuenta finalmente de que Dream la estaba mirando, saltó con furia sobre el lienzo, se colocó cara a cara con ella y, tapando el lienzo lo más que podía, le gritó furiosa:
- ¡¿Quien te dijo que vieras?! ¡Sal de aquí ahora...!
Dream dejó la fruta a un lado y se alejó rápidamente, pensando en lo que hizo al haber acechado así a la pobre niña, por lo que se escondió en su dormitorio por un momento a esperar. Pasado ese momento, gritó suavemente:
- Perdón, Amber... ¿pero ya terminaste?
Al no recibir respuesta, caminó al comedor con preocupación. Al llegar vio con igual sorpresa que Amber estaba llorando en silencio sobre el mismo lugar donde había gritado. Al ver a Dream corrió hacia ella y le dijo:
- Perdóneme, no lo haré mas... ¡Por favor, no se lo diga, por favor...!
Dream la abrazó cariñosamente por un momento. Cuando finalmente Amber se sintió tranquila, la soltó y se alejaron.
- No sé por qué lo hice... es que... lo echaba de menos... y no quería que nadie lo supiera.
- Bueno, no se lo diré -respondió comprensivamente Dream, a pesar de no entender nada-. Pero, ¿a quien echas de menos?
- A mi hermano -respondió Amber secándose las lágrimas-, sé que tiene alas igual que tú, pero no sé donde está, y él me dijo que no lo volvería a ver luego de mucho.
Dream miró a otro lado, pensando por un rato en lo que dijo. Bueno, quien no querría tener un hermano mayor que te hiciera volar por los aires, sin excepción del desierto, al mirar los árboles desde arriba. Miró de nuevo a Amber, y sí, ella era tal cual describió su hermano, a quien conoció en ese tren... no fue en realidad una bella experiencia, claro; fue hipnotizada por aquella unicornio con aspecto de zombie, pero al menos no todo terminó mal: le dejaron algo de dinero y un muffin por las molestias.
Sí, era ella. ¿Pero debería contárselo? Le agradaba Echavarren pero no sabía como reaccionaría al saber su hijastra sobre la ubicación de su hermano. No, no debía decírselo todavía; esperaría un rato, pues como le dijo Hammer, ya se las arreglaría; además la furia de Echavarren sería fatal: dejaría de verlo, a él y a Amber.
Amber se cansó de esperar a Dream, y terminada ya su paciencia tuvo que llamarla varias veces. Finalmente no aguantó más y le tiró la cola con algo de fuerza, devolviendo a Dream al mundo.
- ¡Eh!... ¿Que pasó?-dijo algo asustada Dream
- Nada. Es que... ya no quiero dibujar -respondió Amber con timidez.
Dream sonrió
- ¿Segura? ¿Que quieres hacer, entonces?
- No sé...
- ¿Quieres ayudarme a limpiar?
Amber, ya más tranquila, miró alrededor. En realidad, estaba bastante sucio el lugar, pero como había aprendido a no hablar mal de los demás, decidió hacerlo, sonriendo.
- Claro, ¿Por qué no?
Entre ambas, tras hablarlo, pusieron manos a la obra y comenzaron a ordenar todo, comenzando por la cocina, para luego seguir por el comedor y el living. Mientras ordenaban el dormitorio, Amber fue a mostrar algo a Dream.
- ¡Mira que me encontré!-y le mostró la bufanda de líneas rosa clara con blanco, la cual estaba perdida hacía cierto tiempo.
- ¡Gracias! Eres un encanto- respondió entusiasmada Dream mientras recibía la bufanda y se la colocaba alrededor del cuello, a pesar del calor y la suciedad de ésta. Luego miró alrededor-. Vaya, ¿cuanto nos habremos demorado? ¿Una hora? Bueno, aún queda tiempo para que el vuelva... ¿que hacemos ahora?
- Quiero descansar - dijo Amber con voz de fatiga, y después bostezó-, creo que tanto polvo me enferma.
- Bueno, tranquila -dijo cariñosamente Dream mientras le tocaba la nariz-, primero vas a bañarte pues estás sucia, aún tengo toallas limpias en el baño. Y si tienes algún problema, avísame, ¿ok?
Amber asintió y fue tranquilamente al baño, mientras Dream sacudía su bufanda y su cabeza para quitarse el polvo. Luego fue a comer una manzana; pero, al llegar al refrigerador, vio una rata enorme encima. Saltó de inmediato encima de la mesa y le arrojó los pinceles con horror y rabia. Cuando al fin se fue, intentó tranquilizarse y pensó que era el momento de usar el repelente. Pero vio con horror que no quedaba nada en la lata, por lo que no le quedaría otra que comprar en la tienda a pocas cuadras. Pero, ¿que haría con Amber? Luego de pensarlo rápido, decidió en que no iba a demorarse mucho, y en pocos segundos se vió corriendo en las escaleras fuera del departamento con la cartera colgando.
Diez minutos después, salió del techo del dormitorio un unicornio de estatura pequeña, cuerno roto, color gris oscuro y cutie mark de estrella de ocho puntas, el cual tenía su alrededor rojizo debido a sus intentos fallidos de quitárselo. Su pelo negro, el cual estaba antes peinado ordenadamente hacia atrás, por la falta de cuidado estaba ahora caído y graso, mostrando un levísimo color castaño. Hacía no poco tiempo que había sido echado por el Lich del Ejército Gris, y ahora vagaba de ciudad en ciudad para darse cuenta de que no todo era como antes. Por eso, simplemente se decidió por vivir en los aticos de los departamentos para buscar comida. Y aprovechó que Dream no estuviera en casa para asaltar su departamento.
Pasó con mucho cuidado por el pasillo, mirando las habitaciones contiguas y el baño. Al ver que no había nadie, continuó caminando hasta llegar al comedor, donde vio aquella fruta que Dream le había dejado a Amber. Cuando se decidió a avanzar, sintió que algo le jaló la cola, por lo que miró atras aterrado, para ver a una pony color castaño, pelo negro y ojos grises. Pero por alguna razon ella sonreía. Ambos se miraron un momento, nerviosos. Cuando él se dió la vuelta para hablar, fue finalmente Amber quien comenzó.
- Ehh... buenas tardes. Soy Amber... y usted, ¿como se llama?
Él se sorprendió por la actitud de aquella niña. Miraba a otro lado cada vez que respondía
- Newgray... sí, Newgray -pensaba seriamente en cambiarse el nombre-.
- ¿Y... que hace por aquí?
- Bueno... estoy perdido y... necesito algo de comida -comenzaba a hablar con cada vez mayor seguridad, pues los únicos que le entendían su manera de hablar eran los niños, por eso no le gustaba hablar mucho-.
Amber le trajo de inmediato un par de guindas, las cuales comió de inmediato con algo de incomodidad. Cuando iba a dar las gracias, fue interrumpido de nuevo.
- Si usted está perdido, ¿hacia donde va?
Newgray tuvo que pensar rapidamente en una respuesta.
- Bueno, para darte las gracias, hacia donde tu quieras -respondió sonriendo-, dime, ¿necesitas encontrar a alguien, ir a vergarte de alguien o...?
- ¡Sí! ¡Pero prométame no decírselo a nadie!
- Si tu quieres, aunque... no tengo nadie a quien decírselo.
Ella titubeó un minuto, pero luego dijo seria:
- Le digo si me cuenta un cuento.
- ¿Un... cuento? -Newgray se confundió por aquella respuesta.
- Si, ¡Ahora! -respondió Amber con voz enojada. Luego corrió de inmediato al dormitorio.
Él, aún confundido, caminó al dormitorio, y tras llegar allí vio a Amber tapada por un par de frazadas, quien dijo en tono serio:
- O me cuentas algo o no te digo nada.
Newgray, agobiado por el cansancio, pero al mismo tiempo impulsado por la curiosidad, buscó rápidamente un cuento en su mente. El único que recordaba de lleno fue uno que escribió de pequeño, y el cual siempre se lo repetían para atormentarlo, sin éxito. Por lo que decidió contárselo, al principio de mala gana, pero luego lo hizo pensando en que ella debía aburrirse y soltar lo prometido rápidamente. Y así comenzó:
- Había una vez, una pareja de ponies terrestres que vivía feliz en un principio. Él era un empresario exitoso, y ella una dueña de casa que solía ir regularmente a fiestas. Ambos tuvieron dos hijos, a quienes criaban juntos a pesar de las adversidades.
"El problema comenzó cuando, poco a poco, comenzaron a separarse. El padre se empeñaba demasiado en los negocios y llegaba tarde a casa, y la madre ocupaba casi todo su tiempo en salir a divertirse."
"Y todo fue de mal en peor, cuando uno de los dos hijos, no pudiendo aguantar la soledad, la preocupación y el nulo apoyo de su familia, decidió irse de este mundo. Este hecho fue tomado con bastante pena por sus padres y hermano; pero éstos primeros siguieron con su vida después de algunas semanas".
"Un día, el padre, saliendo del trabajo, fue atacado por detrás y dormido de inmediato. Lo mismo ocurrió con la madre al salir de una fiesta."
"Cuando él finalmente despertó, se vió acorralado en una esquina, y encontró que tenía encadenada su pata trasera con un grillete a un poste, y que dentro del grillete, había un clavo dentado que le atravesaba el hueso, aunque por alguna razon no salía sangre de ahí. Miró a su alrededor; el lugar tenía forma de baño, con unas ventanas polarizadas por un lado, y por el otro, un reloj que decía que faltaban poco menos de media hora para las una. Y en la otra esquina, al frente de él, estaba su mujer encadenada de igual forma durmiendo, quien aún llevaba puesto su vestido, pero tenía un extraño aparato de metal en su cabeza. A pesar de los gritos de su marido, ella todavía no despertaba. Tuvo que esperar un buen rato para que ella lo hiciera. Cuando ella finalmente despertó, se movió alocada por todos lados, y tras un intento de ser tranquilizada por su marido, ella preguntó histérica:
"- ¡¿D-donde estamos?!"
"- Ah, al fin te despertaste - respondió sarcástico pero con miedo-. Yo tampoco sé donde estamos, pero tenemos que hacer algo."
"- Pero ¡¿Por qué yo?! -gritó ella cada vez más asustada e histérica por el dolor en la pata y el hecho de que no pudiera ver-."
"-¡No importa!- dijo furioso él-, solo sé que hay que hacer algo."
"Viendo que ella no ayudaría en lo más mínimo, el decidió dar otro vistazo, esta vez al suelo. Las baldosas debajo de él eran blancas, pero las que seguían alrededor eran negras, y había una roja en el centro de la sala. Y detrás de ésta baldosa roja, había un camino de baldosas blancas que venía hacia donde estaba su mujer, quien estaba en ese momento intentando quitarse a gritos el aparato de la cabeza, sin éxito."
"Caminó sin pensarlo dos veces hacia la baldosa roja; pero al tocar una de las negras, la sierra en su pata comenzó a moverse de un lado a otro, por lo que retrocedió de inmediato a su esquina; eso sí, el grito que profirió por el dolor fue tan alto que llegó a callar los gritos de su mujer."
"- ¿Te pasó algo, amor?"
"Él, con lágrimas en los ojos, hizo caso omiso de lo que ella le dijo, y no le tomó mucho tiempo pensar en cómo debía salir de aquella maldita sala"
"- ¡Oye, mujer!-le dijo él con rabia-,hay que resolver esto juntos. Estamos en una sala parecida a un baño, de la cual solo saldremos si me escuchas, ¿ya?"
"Ella titubeó un momento, pero el hecho de tener un aparato helado en su cabeza que no la dejaba ver la obligó a seguir órdenes y confiar, por que asintió con la cabeza."
"-Bien-dijo él, sin sonreír por el dolor, aunque quería hacerlo -, hay un camino que hay delante de tí, y tienes que caminarlo con cuidado, o la sierra en tu grillete te partirá en la pierna."
"Ella obedeció con cuidado cada instrucción que le daba su marido para pasar por el pasillo. Cuando llegó finalmente llegó a la baldosa roja, un vinilo cayó donde estaba él, y las cadenas de ella se cerraron de improviso, arrastrándola de nuevo a su lugar. Luego todas las baldosas se volvieron negras."
"Él de inmediato tomó el vinilo y lo examinó, viendo que por un lado decía: ""Lado A: Unir a los 9 sin levantar"" y por el otro: ""Lado B: Atracción bajo el agua"" ...
Cuando Newgray quiso seguir contando bastante entusiasmado su historia, vio con rabia de que Amber se había quedado dormida. Se sintió un idiota al creer que ella confiaría en él. Se dispuso a salir cuando ella gritó de forma inconciente: ¡Ponyville! De repente se asustó. ¿Estaría buscando algo en Ponyville, sea donde sea que estuviera? Se sintió intranquilo, hasta que luego recordó que ella tenía ojos grises. ¿Donde más había visto aquellos ojos, aparte de él mismo? Así es, en ese tal Hammer Barbaric, a quien recomendó ir a Appleloosa, el cual estaba ahora bajo control del Ejército Gris. Y el padrastro de aquella niña fue la que mandó a esta dueña de casa a cuidarla...
No pudo seguir pensando más, debido a que se oían pasos en la puerta. Enseguida caminó con cuidado y se arrojó arriba al techo, para luego subir y esconderse de nuevo. Era una lástima que no pudiera oir nada al estar allí debido al ruido de la ventilación. Pero ya tenía una idea más o menos clara de lo que debía hacer: Buscar al hermano de aquella potrilla, y vengarse de ella más tarde, aunque primero... debía saber donde estaba Ponyville.
