capitulo 4 : tanteando el terreno
Marie Greengras observaba a la irritada chica que se veía cada vez más molesta.
-¡Pero Astoria, te comportas como chiquilla! -reclamaba a su hija menor, que entraba en tromba a la casa y subía las escaleras de dos en dos para desaparecer fuera de la vista de la mujer que le llamaba.
-¡No he acabado señorita, regresa aquí mismo!
-Madre -replicó desde lo alto de las escaleras- ¡No me voy a poner ese vestido y punto!, ya que no escogí al novio sí quiero escoger qué demonios usaré ese día, ¡Al menos haré valer ese derecho! ¿O me lo negarás también?
-Vamos niña, conoces los motivos por los que…
-Sí, y tan los conozco que no me niego a cumplir lo que papá y tú quieren. Me casaré sin amarlo madre, le daré hijos por obligación y fingiré que soy feliz. ¿Contenta?
-Por favor -suplicó en tono más tranquilo la dama- no nos hagas sentir los peores padres del mundo, los más ruines…-
Astoria bajó las escaleras rápidamente al ver a su madre entristecerse por sus crueles palabras dichas anteriormente la abrazó cariñosamente.
-Tranquila mamá, yo soy una tonta, no me hagas caso. Haré lo que tengo que hacer y lo sabes.
-Queremos lo mejor para ti.
La ojiverde no respondió pero levantó la vista al techo y con un suspiro largo dio a entender que sí lo comprendía así, pues el matrimonio era irremediable e inevitable. La vida nunca es justa para nadie e incluso en el mundo de la magia se daban estos casos.
En la mansión Malfoy, Narcissa hablaba con semblante molesto ante su esposo y su hijo que ya la esperaban sentados en la mesa para comer.
-¿Pasa algo Cissy? -inquirió Lucius al notar airada a su esposa.
-¡Resulta que Astoria no ha querido usar el vestido que Marie y yo escogimos, insiste en que se le mande a hacer!, ¡Pero a éstas alturas!
-No veo mayor problema madre,que usen la magia -apuntó Draco sin apartar la vista del pergamino que tenía ante sí.
-¿Nadie comprende? Ni aún con la magia podemos hacer que ese dichoso vestido de los sueños de esa niña esté para dentro de tan poco tiempo, ¡Y no es eso solamente! Sino que ha puesto peros para los arreglos, el banquete, ¡Todo el trabajo de su madre y yo ha quedado por los suelos! -refunfuñó la dama.
Solo entonces Draco giró la cabeza para verla y en efecto, encontró a una frustrada Cissy que fruncía el ceño al saberse desdeñada por una niña mimada que trataba de imponer su voluntad en algo que al par de señoras les había llevado mucho tiempo y esfuerzo.
-Madre, no le des importancia a esto-.
-Tienes razón Draco, comprende que es casi una jovencita, ya le tocará a tu hijo liarse con ella cuando sea su esposa y formarla como una Malfoy debe ser -sonrió el padre de Draco al ver tan molesta a la rubia.
-Pues menudo lío te espera hijo mío porque esa fierecilla , no será fácil de domar.
-Quizá, pero ella está más que consciente que esto no es precisamente por gusto y cederá sin necesidad de nada. Odio que las mujeres sean caprichosas y me da pereza redimirla.
-Concuerdo contigo en que no es por gusto sino necesario Draco, pero más vale que le hagas comprender que con nosotros no funcionan ese tipo de rabietas.
-Lo sabrá a su debido tiempo padre.
-No hice el jur…no planee este matrimonio con Michael en vano, así que espero que ambos estén advertidos de lo que pasará si…
-Padre, no soy un niño y sé perfectamente que debo responder por todo lo que se me encomienda -zanjó fastidiado de la conversación.
-Hijo- habló Cissy- Astoria es la mejor opción para nosotros, tenle paciencia porque es cuestión de su edad, del exceso de mimos, qué se yo.
-Que quede claro que esto no es un juego. Tanto ella como yo sabemos perfectamente que es lo que nos pasa y somos maduros para asumirlo. Este tipo de desplantes no se repetirán frecuentemente porque acaban con mi paciencia. Tendrá que ser toda una dama si .
Y dicho esto se retiró poniéndose de pie y sin decir más palabra, dejando a un matrimonio sin poder atinar a reaccionar más.
Hermione llegaba a su casa con prisa por preparar la comida que un hambriento Ronald no tardaría en devorar, si bien la cocina no era su fuerte, trataba de aprender continuamente para que atendiendo a su esposo no se notaran sus fallas en cuestiones amorosas. El pelirrojo, al contrario, pensaba que su esposa era la más dedicada porque se esmeraba en hacer cosas que a él le gustaban, como acompañarlo a ver un juego de Quiddittch, darle su postre favorito, entre otras cosas.
Pero a su querida esposa no acababa de entrarle la idea en la cabeza de ver a Draco de la mano de Astoria de ahora en adelante, pero no le quedaba más que asumirlo; desde su posición de señora Weasley no podía separar a la pareja que pronto se uniría en matrimonio a no ser que quisiera desatar una tercera guerra magica entre todos los implicados.
-¡Definitivamente impensable, Hermione! -se reprochó y una aguda vocecilla dentro de su cabeza le respondió.
-¿Impensable por qué?, ¿Por defender tu amor, por querer que el hombre que amas se quede junto a ti en vez de en los brazos de otra?
-No puedo más…-sollozó haciendo a un lado los implementos de cocina que estaban a su lado y tirando algunos al suelo- ¿Por qué mi maldita cabeza no me deja ser libre? ¡Si tan solo no temiera lastimar a tantos con mis decisiones, haría mucho que ésta vida no sería la mía!
La ex Gryffindor se dejó caer al suelo con una impotencia infinita, impotencia por ser tan perfecta, tan respetuosa de los demás aunque el corazón le pedía a gritos amar libremente a ese hombre de ojos grises que le ofrecía el paraíso en cada beso.
Pasó un poco de tiempo para que se recuperara del arranque y encendió un cigarrillo para relajarse más. Sonrió levemente al recordar cuánto le molestaba a Draco que ella fumara, pero aún así sentía la necesidad de hacerlo, de liberarse de aquel modo. Ronald simplemente no había dicho nada al verla iniciar con el cigarrillo, quizá no lo había notado del todo después de dos años. El pelirrojo era por demás distraído.
-Sé que me ama a mí y no a ella, no lo ha aceptado, pero es de sobra orgulloso. Podrá amanecer con Astoria, pero será mío siempre -se dijo para convencerse de la realidad que se le venía inminentemente encima. Terminó de preparar todo cuando llegó Ron con su típico griterío desordenado y jubiloso al entrar a casa.
-¡Ya estoy en casaaaa! -comunicaba en voz alta deseando que la castaña saliera a su encuentro.
-Ya escuché Ron -contestó apareciendo por el pasillo.
-¿Por qué huele a humo, más bien a cigarro?, ¡Qué raro!, debe ser la comida que se quema, ¡Anda mujer que no quiero que se arruine nada!
Ella sonrió ante la recomendación del pelirrojo y moviendo la cabeza negativamente, dio media vuelta y regresó a la cocina solo para comprobar que todo estaba intacto y lo que había percibido su marido era precisamente su pequeño vicio, pero era tan distraído que no lo tomaba en con la misma tranquilidad de siempre, interrumpida por el sonoro masticar de Weasley y al cabo de unos minutos suficientes para que el chico terminara de engullir lo que a su alcance estaba, se inició la plática que desde hace días era siempre la misma.
-¿Y ya has pensado en el nombre?
-Ehhh, ¿Perdón?, ¿Nombre de qué?
-¡De nuestro hijo Hermione! Mujer, ubícate -señaló su cabeza- y me extraña, porque conociéndote deberías estar planeando ya su ingreso a Howgarts.
El muchacho rió ante su propia ocurrencia y ella frunció el ceño y dándole una mirada reprobatoria que él tardó en captar, pero cuando lo hizo trató de recomponer la situación.
-No me digas que te molestaste, mi amor -concilió el pelirrojo.
-Ronald Weasley -exclamó con ese tono que ella solía usar en el colegio para reprender a Harry y al pelirrojo- para mí un hijo es lo más serio que existe y como tal te exijo todo el respeto para tratar el tema.
-Perdón, tienes razón. Toda la razón y no volverá a suceder.
La ojimiel se sintió mal al ver la actitud de su esposo y respirando profundamente dulcificó su tono para decir.
-No es eso Ron, perdóname tu a mí. Todo esto es desconocido, es normal que yo…bueno que me sienta un poco confusa, pero eso es todo.
-Pero sabes que estaré a tu lado siempre para ver crecer y criar a nuestro hijo o hija.
-Lo sé -acotó con un dejo de melancolía, pues el hombre que ella amaba no podía ofrecerle eso ahora y quizá nunca lo haría.
-¿Entonces? No comprendo las dudas al respecto. Vamos que si no me da miedo a mí, tampoco debe darte a ti. Nos turnaremos si quieres para cuidarlo o mamá vendrá ayudarnos, lo que quieras Hermione, solo trata de poner de tu parte, ¿Quieres?-. No le quedaba de otra que aceptar lo que se le proponía y con una sonrisa fingida que ocultaba una desesperación enorme por darle un hijo que realmente no era deseado por ella, habló.
-Estaremos bien Ron, gracias por todo.
-Hermione, te quiero y seremos unos excelentes padres, confía en mí.
Calladamente, la castaña cerró los ojos y una lágrima fría resbaló por su mejilla y decayó hasta llegar a sus temblorosos labios mientras el pelirrojo la abrazaba con ternura casi filial que la hacía sentirse ingrata con él. A pesar de todo Ronald no era un hombre malo y no se podía negar que la quería.
-¿Por qué no mejor empezamos con la tarea tan exhaustiva de tener un bebé? -sugirió pícaramente Ron al tiempo que besaba su cuello amorosamente y ella de inmediato sintió la diferencia entre esos besos que intentaban encenderla contra los labios de fuego quemante que Draco imprimía en ella. Hacer el amor con sus esposo suponía una gran mentira por parte de la leona, sin embargo no podía ó al chico buscando la pasión perdida de antaño, del amor que los unió en su momento. Enredó sus manos por entre esos mechones rojizos que alguna vez la hicieron encenderse por él. Las manos varoniles buscaron el cuerpo de ella, recorriéndolo delicadamente, con ternura; la condujo en brazos a la recámara en donde la posó en la cama para admirar su belleza, esa misma que lo mantenía cautivado por Granger desde que la conoció. No eran las curvas más sensuales ni el rostro más perfecto, pero Hermione Granger era una mujer muy atractiva, con una suave piel y esas ondas caramelo en las que caía su cabello, que lo incitaban a acariciarla más y más.
Ronald continuó besando su rostro y sus labios mientras ella lo abrazaba sin demasiado ímpetu, dejándose hacer, dejándose llevar como siempre, porque la imagen de Draco regresaba una y otra vez a su mente. Dio un gemido ahogado, pero no por lo que Ron le provocaba, sino porque recordaba los momentos pasados en la oficina de Malfoy, esas manos expertas que descifraban cada secreto de su femineidad, abarcándolo todo, adueñándose de ella y de su cuerpo de su esposo la poseía, pero Hermione era de otro; la tranquilidad del pelirrojo y la furia del rubio contrastaban perceptiblemente y la oleada vibrante que siempre llegaba con Draco nunca llegó al lado de Weasley aunque ella le hizo hacer parecer que así había sido.
Una vez que él estuvo dormido, como siempre pasaba, la castaña ojimiel se incorporó del lecho profanado por el recuerdo del de ojos grises y giró la cabeza para observar al pelirrojo descansar. Amorosamente lo arropó entre las sábanas y él no se inmutó. Depositó un beso en su frente como lo haría con un hermano o con el mismo Harry Potter y se marchó de la habitación.
El silencio de la casa la tranquilizaba y tomó uno de sus acostumbrados libros, encendió otro cigarrillo y se dispuso a dejar pasar el tiempo de esa manera. Quizá Ron no despertaría hasta mañana y ella tenía mucho en que pensar aún.
Mientras por otra parte Astoria Greengrass se encontraba en el jardín de su casa; disfrutaba la vista de enormes setos que se levantaban imponentes ante ella y recordaba sus correrías de niña entre esos interminables árboles que la acogían en sus juegos infantiles y le ocultaban cuando salía de casa reñida por alguno de sus padres. Innumerables veces estuvo acostada en ese césped fresco que escuchó sus lágrimas de niña, sus sueños de adolescencia, su ilusión por Demyre, su decepción al saber el compromiso y sus interminables debates internos. En ese jardín caviló en silencio y tomó decisiones importantes, mismas que hoy la tenían en ese sitio de nuevo: el matrimonio con Draco. Pronto dejaría esa enorme residencia suya para irse a vivir definitivamente con esa familia extraña, fría y al parecer indolente, señalada hace poco como traidores, pero que levantaban la cabeza orgullosos una vez más para demostrarle al mundo que los Malfoy se mantendrían ante todo de pie, como los árboles.
No los conocía mas que por las reuniones con sus padres, pero Narcissa parecía agradarle por el aspecto maternal que a veces dejaba ver con ella. Su debilidad por Draco como madre le gustaba a la de ojos verdes y podía ver que a través de esa pose de dama adinerada estaba la preocupada matriarca que velaba por su familia y sobre todo por su hijo. Lucius en cambio, le parecía de temperamento voluble y reservado, de mirada huidiza que denotaba que había vivido cosas difíciles y en efecto, así había sido. Una condena en Azkaban no era cualquier cosa para nadie y el mayor de los Malfoy estaba de nuevo en la sociedad mágica, intentando resuperar su prestigio de antaño.
Draco por su parte, le parecía arrogante y altivo, heredero de una dinastía de inagotables sangre pura y con un nombre por custodiar a la vista de todos. Realmente no era la sangre la que se cuidaba ya (o al menos eso se debía dejar en claro porque hablar de ello era condenado por el Ministerio), sino la posición social, la fusión de dos familias igualmente adineradas e importantes, mismo estatus, mismos llamaba la atención en general su futuro esposo, un indescifrable misterio que al parecer jamás se abriría con ella. Astoria quería llevar una relación si no de amor, al menos cordial y civilizada, pero para ello era menester conocer al rubio de ojos grises que era educado, culto y hasta cierto punto amable con ella, pero hasta ahí, no había más para ella.
-Los Malfoy… -se dijo mientras se recostaba otra vez y cerró los ojos para no pensar más.
-Mira dónde vengo a encontrarte, seguramente estás soñando despierta, mi niña -se escuchó una voz masculina de pie junto a ella.
Al sentir de quien se trataba, abrió los ojos y se incorporó rápidamente y se colgó al cuello del moreno muchacho que estaba apostado. Blaise Zabini había llegado a visitarla, el apuesto joven de piel canela y ojos negros como la noche correspondió inmediatamente al abrazo efusivo de la ojiverde.
-¡Blaise!, ¡Merlín, qué gusto verte!, pensé que no llegarías nunca, ¡Pero mírate, que guapo estás! -dijo mientras se separaba un poco para observarlo mejor. Era cierto, el Slytherin de ojos negros estaba convertido en un hombre atractivo, con una mirada acompañada de espesas pestañas que caían sobre sus ojos cafés. Las manos grandes y el cuerpo mejor definido que había abandonado la inestabilidad de la adolescencia para volverse corpulento. Su cabello rizado incitaba a tocarlo, lo usaba corto, bastante corto y se amoldaba perfectamente a él; sus labios eran carnosos y de forma que resultaban sensuales y su sonrisa era aún de niño travieso, espontánea. Un hoyuelo en la barbilla completaba el cuadro.
-Me sonrojas con eso niña- dijo bajando la mirada un tanto avergonzado.
-¡Es la verdad!, deja que te vea Daphne, no te soltará, ¡Ay Blaise, gracias por venir, de verdad gracias! -apuntó mientras acomodaba su cabeza castaña entre el pecho del recién llegado, cosa que desató una descarga eléctrica en él, pero se cuidó de mostrarse como el amigo de siempre. Para romper la tensión de él mismo, acotó.
-Te veo contenta y eso me agrada, en unos días más serás la nueva señora Malfoy -soltó con un dejo de amargura que apenas fue perceptible, sus ojos cafés destellaban de una lejana tristeza que casi pasaba inadvertida también.
-La verdad es que no puedo estar alegre con esto pero es lo mejor y entendiéndolo así me armo de valor para dar el paso.
-Draco será buen esposo Astoria, es de carácter imprevisible, pero jamás te hará daño y te respetará siempre.
-Eso no lo dudo, pero no le conozco, al menos no tan bien como tú y compartir una vida con él…-
-Conozco a Draco desde hace tiempo y puedo decirte que es un misterio y que ha pasado por cosas que no te imaginarías y tu misma lo descubrirás cuando estés casada con él. Me darás la razón.
-Espero que sea cierto Blaise, porque no soportaría vivir mi vida con un completo extraño que no se deja descubrir.
-Tendrás que hacer un esfuerzo al principio pero la convivencia se dará en buenos términos y quizá…llegue el amor.
-¿Amor?, vamos no creo que eso sea posible. Me imagino que eso se siente al instante, al ver los ojos de la persona que te cautiva, sientes ganas de besarle, de acariciarle y de darle todo lo mejor de ti.
-Protegerla, cuidarla y que no le pase nada, que no sufra, que no derrame una sola lágrima, velar sus sueños cada noche y dormir tranquilo sabiendo que ella corresponde…-completó él clavando sus ojos azabache en ella.
-Creo que hay alguien aquí que está enamorado -advirtió Astoria con una sonrisa traviesa y tomando de las manos al moreno que se veía ahora visiblemente turbado le espetó.
-Dime quién es la afortunada que roba tus sueños cada noche.
-No hay tal afortunada por ahora -hizo ver Zabini- pero espero que llegue pronto, porque nada me haría más feliz que eso.
-Verás que sí, no tardará en que el hermoso Blaise Zabini sea atrapado por una linda joven que lo enamore tanto que lo haga sentar cabeza -rió divertida ella dándole un beso en la mejilla. Beso que sacudió al de ojos oscuros al sentir de cerca ese rostro entre niña y mujer, el roce de ese cabello castaño perfumado a sándalo y lavanda. Aspiró ese aroma y cerró los ojos involuntariamente, cuando los abrió, se vio atraído por ella hacia la enorme mansión y caminó con ella a paso lento para disfrutar más de esos escasos momentos a solas que desde ahora pasaría con la futura esposa de su antiguo amigo de Howgarts. Sí, desde hace algún tiempo, el moreno de Slytherin sentía a su corazón responder hacia Astoria Greengrass; una corriente desconocida se apoderaba de él cada que pensabe en ella y no la veía más como amiga, sino como mujer. Ella ignoraba los sentimientos del chico y lo tomaba de la mano sin siquiera sospecharlo; para ella, Blaise era un viejo amigo y muy estimado por ella.
-Vamos de regreso a casa para que charlemos más cómodamente -expresó ella tomando el camino de regreso.
-Si no te importa prefiero quedarme en el jardín.
-¿De verdad Blaise? Me encanta estar aquí.
-Lo sé y podemos conversar aquí si lo deseas.
-¡Claro que me encanta la idea!-
Se acomodaron entre las aromáticas flores que estaban plantadas en el jardín de los Greengrass. Astoria parecía una niña pequeña jugueteando entre ellas. Aunque el Slytherin sabía perfectamente las inclinaciones de su corazón hacia Astoria, por respeto a su otrora amistad con Draco Malfoy se contenía y ahora estaba de por medio un compromiso matrimonial. Si por él fuera no habría asistido a verla nunca más para tratar de olvidarse de ella; no pensaba asistir al enlace nupcial, pero recibió la lechuza de la castaña ojiverde apresurándole a llegar para hablar con él de asuntos importantes.
-Recibí tu lechuza hace un par de días y la verdad me preocupaste.
-Sí, no recibí tu confirmación para la boda y me alarmé al pensar que no venías.
-Perdón, tenía demasiados compromisos y no estaba seguro de asistir.
-Eso creí, pero mírate, estás aquí.
-Me asustaste con eso de lo asuntos serios que querías tratar conmigo.
El semblante de Astoria cambio de pronto, dejando ver que tras esa máscara de alegría fingida, estaba una joven deshecha y asustada por el compromiso que adquiría con Draco Malfoy.
-A ti no puedo engañarte Blaise, no lo amo y me aterra pasar mis días en una casa desconocida, con él en mi cama -sollozó quedamente la chica y al tiempo de decir esto, sus ojos verdes se llenaron de lágrimas, lo que hizo que Zabini se acercara más a ella con afán de consolarla y no sentir su corazón hecho pedazos al verla estallar en llanto.
-Ten calma Astoria, sé que no es fácil.
-No, no lo es. Pero si no lo hago, mi padre tendrá un fin terrible y jamás lo dejaré abandonado a su suerte; si de mí depende su vida yo lo salvaré.
Blaise sabía con detalle todo lo que había detrás de ese compromiso: Michael Greengrass y Lucius Malfoy habían hecho el juramento inquebrantable para protegerse en cuestión de estatus social, sin dejar cabida a que alguien de inferior nivel económico entrara a cualquiera de las dos familias y de esa manera hacer que sus respectivos vástagos no pudieran negarse a colaborar con ellos. Daphne, la mayor no había congeniado con Draco en Hogwarts, por lo que fue más sencillo hacer que Astoria tuviera sobre sus hombros tanta ese juramento hacían ya varios años, pero ambos prometidos se enteraban desde hace poco. Los dos estaban tratando de procesar toda la responsabilidad y se conjuntaba con la relación que Malfoy sostenía con Hermione Granger. Aún así, la vida de su padre estaba en riesgo y por no ver sufrir a su madre otra vez, no se negaría a casarse con quien fuere.
-Sé que todo estará bien, -apuntó un tanto cariñoso el moreno joven a pesar de no soportar la idea de perderla para siempre sin haber tenido siquiera la oportunidad de declarar su amor.
-Te necesito a mi lado para darme fuerzas Blaise -dijo ella antes de sumirse entre su pecho escondiendo el rostro que manaba en lágrimas amargas.
-Por favor…-susurró él queriendo evitarle el dolor a costa de lo que fuera- no te pongas así, ya te dije que Draco no es malo y te va a respetar, le tendrás cariño con el tiempo.
Estas palabras las decía tratando de sonar convincente, pero la verdad era que sus deseos eran que ella fuera solo para él y despertar a su lado todos los días, cosa realmente absurda.
-Ojala mi padre hubiera decidido que me casara contigo Blaise, al menos tú eres tierno conmigo, sientes cariño por mi, mientras que a Malfoy apenas le conozco -contestó entrecortadamente la castaña sin despegar su cuerpo de él.
-michael tendrá sus propias razones para hacer lo que hizo Astoria, soy tan sangre pura como Draco y mi fortuna no es tan grande como la suya, pero no desmerece ante la tuya. Quizá el que mi madre sea viuda influyó en eso, jamás lo podremos saber.
-Blaise -sollozó más fuerte la ojiverde haciendo que el muchacho la estrechara más fuerte contra él- gracias por estar siempre.
-No me agrada verte llorar y si quieres yo…-dudó pero sabía que lo que iba a decir era lo correcto- te hablaré todo lo que quieras de Draco para que lo conozcas un poco más.
-Creo que tienes razón, necesito saber más acerca de él.
Diciendo esto se acomodaba el cabello y limpiaba las lágrimas con un fino pañuelo bordado en oro y seda con las iniciales Greengrass.
-Permíteme -repuso él tomando la delicada tela y secando con él cada lágrima de la chica y ella se dejaba hacer sin oponer resistencia, pues no era la primera vez que Zabini se acomedía así.
-Tú conoces a Draco, Blaise -interrumpió Astoria las atenciones del moreno- háblame de él por favor.
tomando aire y viendo al cielo se dispuso a contestar a la insistencia de la Greengrass.
-Estudiamos juntos en Hogwarts, eso ya lo sabes, y era más bien de carácter hosco y peculiar gracias a las presiones de su padre, ferviente defensor de la sangre pura, Draco Malfoy persiguió hasta el cansancio a quienes no eran dignos de estar en el colegio por no tener un linaje puro, entre ellos Hermione Granger, la amiga de Harry Potter.
-Creo que la he oído mencionar, continúa.
-Como te decía, fueron acérrimos enemigos y no solo con ella, sino con otros tantos que a su parecer eran indignos de estar aprendiendo magia.
-¿Cómo puede ser eso?
-Eran otras las circunstancias Astoria, Lord Voldemort imperaba y su regreso marcó el dolor de muchos, entre ellos el de Draco.
-¿Dolor?
-Lucius era fiel servidor mortífago del Señor Oscuro y pagó caras las consecuencias de un error al dejar ir a Potter en el Ministerio y perder una profecía que marcaba el destino de Voldemort.
-Sé que fue a Azkaban por eso...
-Exacto, y después de reflexionar que ese no era el camino correcto, o bien, de darse cuenta que los intereses y la balanza se inclinaban en otra parte cambió de parecer.
-¿De verdad lo crees así? Una vida en contra de la pureza de la sangre no se cambia así como así.
-Draco y su familia estaba en peligro Astoria y eso hizo cambiar el rumbo a su padre, se le encomendó algo que gracias a Merlín no hizo y que significo en algún modo su salvación
-¿Qué fue Blaise?, ¿Qué debía hacer Draco?
-Lucius estaba en prisión y su madre destrozada, así que Voldemort le ordenó... eliminar a Dumbledore. Los ojos de Astoria se abrieron desmesuradamente. Siempre que había preguntado sobre los Malfoy, recibía evasivas por parte de sus padres, ahora podía explicarse todo claramente.
-No lo hizo Astoria, no te casarás con un asesino -se percató Zabini al verla- Después de la fallida misión, fue torturado de todas las formas posibles por el Lord hasta que Potter y compañía lograron su destrucción.
-Sé que los Malfoy fueron importantes en eso -dijo con voz suave la de ojos verdes.
-Lo fueron, Cissy no entregó a Potter con Voldemort cuando pudo hacerlo, También se supo que Potter ayudó a Draco a salir ileso cuando crabbe incendió la Sala de Menesteres...Una cosa más, pero realmente no me consta, es que Malfoy no fue capaz de reconocer a Hermione Granger ni a Harry potter frente a su tía Bellatrix Lestrange cuando su mansión fue usada como cuartel general de las fuerzas oscuras. Al parecer fue castigado por eso, pero ahí tienes una prueba más de que en el fondo y detrás de todo es de corazón rescatable
-Ahora comprendo muchas cosas…
-Sí, su vida ha sido una de las más complicadas, se ordenó como mortífago muy joven, en contra de su voluntad, una misión terrible, una familia destruida, castigado por Voldemort.
-¿Aún eres su amigo Blaise?
-Lo era Astoria, pero la vida nos ha alejado un poco, de todos modos Malfoy siempre ha sido muy desconfiado.
-¿Quieres decir que no tiene amigos? -preguntó intrigada ante tan enigmático hombre con el que pronto se casaría.
-Sí, pero contados, hasta donde sé Theodore Nott y quizá Pansy Parkinson, yo no sé si deba considerarme así, o quiero decir, no se si el me da ese mote de amigo por ahora.
-No le has hecho nada malo que yo sepa.
-No, pero he estado alejado de él desde que dejamos Hogwarts, supongo que hemos perdido contacto desde entonces.
-Comprendo bien lo que dices y espero que Malfoy sepa valorarte como amigo y que rescaten la amistad, porque eres una gran persona -completó ella sonriendo de una manera que él encontró dulce y no pudo evitar devolverle la sonrisa.
-¿En cuántos días será la boda? -preguntó inquieto y temeroso de ver el peligro de saber descubiertos sus sentimientos.
-En dos días más, así que sin peros ni excusas te quedarás aquí, ¿Cierto Blaise Zabini? -sentenció ella mientras sus cabellos caían un tanto rebeldes entre sus hombros por a brisa que suave ondeaba en esos instantes.
¡Cómo deseó el moreno acariciar esas ondas castañas que estaban tan cerca de él y dejarse llevar por un beso robado de ella!, pero no pudo hacerlo porque en ese instante Daphne Greengrass y su novio se acercaban a ellos con actitud afable para ser parte de la charla.
Al mismo tiempo, otro encuentro furtivo tenía lugar en el departamento de Draco. Hermione se entregaba completamente al dueño de sus caricias y pasiones más recónditas; el rubio la hacía suya con ese desenfreno tan característico del Dragón, quedando exhausto y logrando en ella miles de sensaciones nuevas, más avasallantes cada vez.
-Draco…-suspiraba la ojimiel sin poder controlar la respiración.
En ese espacio que solo era suyo se exploraban mutuamente como la primera vez que Draco la hizo sentir plena como mujer; en ese encuentro que desencadenó todo, las manos de él resbalaban ansiosas por las curvas de ella y Hermione se olvidaba de su esposo en brazos de Malfoy. No hubo culpa, solo sentimiento, esa extraña pasión que descubría al lado de otro. Ronald era tierno con ella al amarla, pero lo que experimentó con Draco la enloqueció robándole desde entonces la paz y la quietud. Jamás pudo volver a ser la misma después de eso, trató de alejarse, de prescindir de los labios ardientes del de ojos grises, pero resultó imposible, una y otra vez volvía a caer hasta que acordaron mantener la relación en secreto.
-¿Cómo puede ser esto? -se preguntaba constantemente y se recriminaba el haber caído en una tentación con nombre de mujer, una que no sería aceptada por sus lo incitaba a ir más allá, a ser rebelde por ratos, si bien Draco al principio sintió que solo era deseo y nada más, pero día a día se veía más atrapado en una sensación que no alejaba a la Gryffindor de su cabeza, de su piel. Buscaba inconscientemente esos besos que lo hacían despertar a un nuevo mundo, Hermione conseguía que él sintiera una necesidad imperante de ser su único dueño, de robarle todos sus besos y que sus noches y sus días transcurrieran solo para él. Imposible si estaba Weasley de por medio.
La presencia de Hermione en su vida era innegable y no estaba dispuesto a renunciar a ella así como así. En el fondo deseaba que Ronald descrubriera de una buena vez sus encuentros furtivos y que se diera cuenta que una vez más Draco Malfoy era superior a él, que mientras el pelirrojo ostentaba el papel de esposo ante los demás, el único dueño de la pasión de la castaña era el Slytherin.
La amó una y otra vez, enredados uno en el cuerpo del otro y sin ceder, las horas pasaron rápidas hasta que ella tuvo que irse.
-Lo siento, tengo que cenar en casa.
-No des explicaciones, márchate si tienes que hacerlo.
-Draco, sabes que me duele igual que a ti…
-¿Quién ha insinuado que me duele? Esto es solo un momento arrebatado a tu perfecta vida de casada Granger, me lo has hecho saber miles de veces.
-No lo tomes así, sé que lo que los dos sentimos es grande.
-Ahora que recuerdo, tengo que irme yo también -la interrumpió el acomodándose las prendas de vestir lo más rápido posible y saliendo con furia del lugar. Evidentemente el hecho de que Granger regresara a casa con su esposo, lo tenía mal.
