Esos dos días que faltaban transcurrieron rápidos planeando la boda. Narcissa y Marie se encargaban de casi todos los detalles, haciendo que Astoria se sintiera atrapada en una situación que le resultaba extraña, pues deseaba conocer a profundidad al que sería su esposo, pero seguía negándose a cumplir un destino ya escrito para ella sin que se pudiera hacer nada más al respecto. Prefería no pensar y dejarse llevar.
El calendario avanzó y la boda se tenía que celebrar. La Mansión Malfoy se engalanó soberbiamente, la imponente construcción ostentaba elegancia, buen gusto, pero no amor entre los contrayentes que se unirían en breve. Los invitados llegaban uno tras otro para presenciar una boda como las de antaño, prefabricada y suntuosa. Los Greengras se paseaban orgullosos entre la gente, mientras los Malfoy recibían como buenos anfitriones a los magos de buena cuna que hacían presencia.
Draco estaba de pie frente a un ventanal que daba hacia su jardín, en donde pululaban los pavos reales que eran su delicia de niño. Los observaba, pero pensaba en la castaña de ojos miel que no sería suya completamente bajo ninguna circunstancia, hizo una mueca de enfado y cerró de golpe la cortina cuando escuchó la voz de la elfina doméstica tras la puerta.
-Amo Draco, la señorita Greengras acaba de llegar.
No contestó a la simpática criatura que lo llamaba, pero se vio al espejo, acomodando el atuendo por última vez y salió al encuentro de su nuevo destino que lo esperaba abajo. Ahí estaba ella, rodeada de personas que admiraban su costoso traje, todos tocaban la sortija de compromiso que Abraxas Malfoy mandara hacer algún día para que su heredero se desposara con ella, por lo que se deducía que era una joya antigua y de mucho valor, pero nadie reparaba en la frialdad de las manos de la chica, que hacia juego con su tez pálida y sus ojos nerviosos. No acababa de comprender lo que ella misma sentía, en un abrir y cerrar de ojos se vio ataviada de novia y automáticamente siguió a su padre hacia la Mansión que desde ese día sería su hogar.
-¡Hija! -exclamó Narcissa, apartándola de las miradas que se posaban en ella -Draco no tarda en bajar, ¡Pero si luces como toda una Malfoy ya!
Astoria no contestó con palabras, sino con un movimiento de cabeza que indicaba agradecimiento, pero en realidad no pudo articular palabra; pues ella esperaba llegar a su boda llena de emoción y ¿amor? Cosa que ese día no estaba presente. Por su parte Blaise Zabini hacía su aparición en ese momento y no puedo evitar observarla, ahí estaba su Astoria, lista para casarse con otro y él no podía hacer nada al respecto, pues ni siquiera se atrevía a aceptar delante de ella que la amaba y ese era el día menos indicado para hacerlo, pues ella pertenecería a otro. Se limitó a buscar un sitio apartado en donde pasara lo mas desapercibido posible.
Draco bajo lentamente la escalinata, como era su costumbre. La encontró en el salón en donde se casaria y le agradó el porte de la Greengrass.
-Se parece a mi madre- susurró para si mismo y con esa mueca que pretendía ser sonrisa, se acercó a las dos familias, besando a las damas caballerosamente en el dorso de la mano y haciendo una respetuosa reverencia a su padre y a su futuro suegro. Su futura esposa lo miraba callada, pero no impidió que sus ojos notaran la elegancia del rubio, esa elegancia que contrastaba con su actitud fria y desdeñosa, de la cual no se liberaba ni con el paso de los años.
-Creo que ya estamos listos -dijo Lucius Malfoy haciendo un ademán para que todos tomaran asiento en sus respectivos lugares.
El de ojos grises tomó de la mano a la muchacha y la condujo hacia los lugares principales de la ceremonia y ambos escucharon en silencio las palabras interminables que pronunciara el representante de la Ley Mágica que los unía en matrimonio tras firmar ambos el acta correspondiente. Se habló de las responsabilidades en el matrimonio, de los derechos y obligaciones y de un sin fin de cosas a los que ambos no pusieron atención, sus mentes estaban bloqueadas.
-Por favor, señor Malfoy, aquí -indicaba el personaje mientras el aludido tomaba el pergamino y con un rápido ademán ponía por escrito su rúbrica.
-Ahora usted, señora Malfoy -urgía el mago ante una Astoria impávida que imitando a Draco, firmó lo que sería su destino desde ahora.
-Señora Malfoy -pensó para si misma mientras sus manos tomaban la pluma y terminaban con el requisito.
Lo que siguió después fue protocolo, felicitaciones y aburridas felicitaciones sociales que ambos recibían con sonrisas fingidas y cordialidad aparente. Cuando ella descubrió al moreno entre la gente, se dirigió hacia él, dejando a Draco por un instante. El rubio la siguió con la mirada.
-¡Blaise! -exclamó la novia abrazando al muchacho.
-Felicidades tory-.
-¡No sabes como me alegra encontrarte aquí!
-No podría faltar en este día tan importante para ti.
-¡Gracias!, ¡Gracias de verdad! -lo estrechaba como si él fuera su salvación en esos instantes de confusión.
Draco se acercaba y con voz metálica pronunció las palabras que hicieron que su ahora esposa soltara de inmediato al de cabello negro.
-Bienvenido Zabini
-Felicidades para ti también Draco.
-Astoria es una digna Malfoy y eso es lo que importa.
Blaise quiso romperle la cara al rubio por no valorar lo que para él era el tesoro más preciado, era el esposo de la criatura que el deseaba para si mismo y sentía la sangre correr furiosa entre sus venas al escucharlo minimizar el hecho de tenerla a su lado para siempre. Apretó los puños disimuladamente y se excusó, alejándose antes de provocar un altercado con el flamante recién casado.
-¡Idiota! -Dejó escapar una vez solo en el jardín y descargó su coraje contra un pilar de mármol, no soportaba más y decidió marcharse mientras dentro la celebración continuaba.
-Vamos a presidir el banquete, Astoria -La tomó del brazo suavemente para llevarla a donde debían estar como los nuevos esposos que eran.
La fiesta terminó después de horas y los invitados se retiraron poco a poco. Los Greengrass fueron los últimos en marcharse y cuando lo hicieron, Lucius y Narcissa hicieron lo propio deseando buenas noches a los recién casados.
-Hasta mañana.
-Descansa madre.
-No es necesario que asistas mañana a trabajar, Draco.
-Sabes que lo haré padre, no veo el por qué dejaría de hacerlo.
-¡Acabas de contraer matrimonio!
-¿Y eso qué? Todo el mundo se casa todos los días y no quiere decir que te imposibilite de alguna manera ¿O si?
-Como decidas Draco- le respondio su padre
-Hasta mañana entonces ¿Vamos Astoria?
-Sí- fue la respuesta de ella y se dirigieron a la planta alta en donde estaba la alcoba nupcial.
Como era de esperarse, no habría luna de miel ni nada por el estilo, como correspondía a un matrimonio pactado con antelación. Una vez dentro, Draco abrió la puerta, cediéndole al paso caballeroso a su esposa y cuando estuvieron a salvo de las miradas y las voces de los demás, él habló.
-Creo que debemos poner los puntos sobre la mesa, Astoria.
-¿A qué te refieres?
-A lo que tu ya sabes, esto es solo porque nos conviene a los dos -La de ojos verdes calló y el continuó -ahora ambos tenemos responsabilidades, como te podrás dar cuenta.
-No te amo, Draco -pronunció ella con la voz trémula por la frialdad de las palabras del rubio.
-Obviamente que no, esas son patrañas -se burló levantando la ceja con altivez, pero no pudo evitar recordar a Hermione, quizá eso era lo más parecido al amor que él había conocido. Se estremeció al recordar los besos de la Gryffindor y se quedó en silencio unos instantes hasta que la voz femenina lo sacó de sus cavilaciones.
-¿Entonces? ¿Qué se supone que haremos?
-Respetar nuestros papeles de esposos, te seré muy claro y pretendo que tu hagas lo mismo: Quiero cordialidad, respeto y un heredero.
Al escuchar eso último, Astoria se paralizó, pues para tener un hijo con él, era necesario que estuvieran unidos en un solo cuerpo, cosa de la que ella aún no se sentía capaz y la simple idea la sobresaltaba. Después de un instante, respondió.
-¿Eso lo quieres tú o tus padres?
-Da lo mismo, estaba implícito en todo lo que ha ocurrido. Lo aceptaste así al casarte conmigo.
-No estés tan seguro.
-¡No estoy para dramas Astoria!
- No me conoces del todo, Malfoy.
-Tienes un compromiso -Arrastró las palabras antes de dar un portazo que la hizo saltar antes de salir de la alcoba para dormir esa primera noche de casado lejos de ella, en su habitacion de siempre, no pretendía pasar la noche con ella, no le interesaba…por el momento.
Astoria se quedó pensativa viéndolo marcharse así, tan repentinamente. No es que deseara conversar toda la noche con él o que su corazón de recién casada se desgarrara al saber que se iba, pero el hecho de pasar sola su primera noche como esposa de alguien le provocaba un dejo de tristeza. ¿Por qué? Ni ella mismo podía contestarse. ¡Qué confuso era todo!
La frialdad de Malfoy no era nueva para ella, pero su alma deseosa de enamorarse prevalecía con la esperanza de saber que él intentaría acercarse a ella por lo menos un poco, pues ahora era su esposa, su supuesta compañera de vida.
-Pero él solo quiere un heredero…-mascullaba sin saber cómo se daría el nacimiento de un niño, no quería pensar en el hecho de ser la mujer de Draco, de dejarse llevar. Una lágrima solitaria bajó por su rostro .
-¿Por qué estoy...llorando? -Se preguntó secándola con rapidez- Draco no es nada para mí y yo no soy nada para él, pero eso jamás fue un secreto. Supongo que esto es lo más sensato, que él duerma aparte y que entre los dos haya respeto y buen trato, no se puede pedir más de un falso matrimonio ¿O si? -concluyó recomponiendo el rostro.
Si bien ella se había mostrado interesada en conocer un poco más al rubio, el de ojos grises no pretendía tener el mínimo interés en hacer lo mismo .la castaña se despojó de su vestido y se colocó una pijama de seda color lila. Recordó cuando buscó a solas, sin la compañía de nadie, el ajuar que vestiría en su noche de bodas, en su primera noche; deseaba algo no muy llamativo, pero que tampoco pecara de recatado para sentirse cómoda al momento de...entregarse a Draco.
-Al menos ya no tengo esa presión hoy - suspiró e intentó tranquilizarse, pero el leve temblor de su cuerpo seguía ahí al considerar que en efecto, la idea de pertenecerle en cuerpo al rubio que acababa de salir de la habitacion habría cruzado por su ó rápidamente con la mirada la habitacion, que tenía desde una pequeña salita hasta una imponente cama que debía cobijar el amor de los recién casados y ser testigo de la unión de almas y cuerpos que por ahora se veía lejano del todo. Sonrió irónica y acarició el lado vacío a la par suya por un instante y después se dejó caer, cobijándose con las suaves mantas y tratando de conciliar el sueño. Mañana sería otro día.
Draco por su parte, no apartaba de su mente a Hermione, sentía la piel de ella entre sus dedos y su cuerpo le gritaba la necesidad de tenerla para él, de hacerla suya una y otra vez. Extrañaba su perfume, sus rizos suaves y su manera de caminar hacia él, con esos ojos color caramelo que le incitaban a tomarla. Recordó que ella probablemente sería madre de un Weasley pronto y lanzó el libro que tenía en las manos lo más lejos que pudo, incorporándose de inmediato.
-¡Maldita comadreja! -exclamó presa de los celos y entonces decidió que haría todo con tal de ver a Hermione arrepentida de no querer estar con él permanentemente, se prometió a sí mismo que la separaría del pelirrojo costara lo que esa sonrisa de medio lado, regresó a la cama, esperando ansiosamente a que fuera de día y hacerla sentir que solamente él podía hacer de ella lo que quisiera. Hermione, por otro lado, había estado intranquila en todo ese día, suponiendo que Draco se unía de por vida a una mujer desconocida, a una mujer que no era ella y le dolía profundamente no solo en su ego de mujer, sino en el amor que sentía por Malfoy. No soportaba la idea de saberlo ajeno, aunque ella misma lo era para él, El abismo que los separaba se hacía cada vez más y más grande, colocándolos a uno y a otro en lugares opuestos y era poco lo que se podía hacer al respecto.
-Draco, ¿Por qué? -sollozaba calladamente en la cocina de su casa mientras atendía a Harry y a Ginny, quienes los visitaban esa tarde. Los demás charlaban animadamente en la estancia acerca de los bebés que pronto correrían de un lado a otro, llenando de alegría los hogares de los Weasley y los Potter.
-¡Tendrá los ojos de Harry!
-Creo que será mejor que se parezca a ti hermanita, Harry no es el más apuesto del mundo, ¡Mejor que se parezca a su increíble tío Ron! -repuso el pelirrojo poniéndose de pie y paseándose con aire soberbio.
-No gracias Ron, con que se parezca a Ginny es suficiente, ella es hermosa -reía el de gafas al escuchar las ocurrencias del esposo de la castaña.
-Dije que quiero que se parezca a ti Harry y así será.
-Lo que tu digas -Potter la besó amoroso al tiempo que su mano acariciaba tiernamente el vientre lleno de vida de su esposa.
-¡Yo estoy ansioso por sentir que un bebé se mueve dentro de Hermione!
-Pronto Ronald, dale tiempo, que ella igual desea ser madre y en un abrir y cerrar de ojos lo lograrán.
-Eso si lo intentan seguido y como debe ser -terció el pelinegro con mirada pícara.
-¡Harry! -le riñó fingidamente la chica mientras le daba una sonrisa cómplice. La castaña entraba en ese momento con una bandeja de aperitivos y la misma mirada triste que no pasó desapercibida para Ginny, quien la empezó a observar en silencio; los dos varones no repararon en ella y siguieron sus bromas acerca del bebé.
-¿Te sientes bien Hermione? -preguntó inquieta la hermana de Ron.
-Sí Ginny gracias, es solo que tengo un poco de malestar.
-¿No será que son síntomas de un tan deseado embarazo? -inquirió nuevamente la Weasley con la mirada encendida de emoción al considerar que pudiera ser que el sueño de Ronald podría estarse materializando.
-La verdad no creo, tranquila, que en tu estado, el pensar en los demás no es sano, solo debes estar pendiente de ti y de esa hermosura que ya queremos recibir.
-Esa hermosura necesitará primitos con quienes de ojos miel calló y trató de desviar la conversación hacia otra parte.
-¿Y para cuándo lo tendremos en nuestros brazos?
-En unos días más, en San Mungo dicen que todo está perfecto, así que es cuestión de esperar -respondió Ginny, pero no estaba dispuesta a abandonar la idea así como así.
-Cuéntame, ¿Que es lo que te asusta de convertirte en madre?
La otra Gryffindor sintió un vacío, querría gritarle que no amaba a Ron y que ese era el principal obstáculo, pero que gustosa sería la madre del hijo de Draco Malfoy, a quien entregaba no solo su cuerpo, sino su vida misma en cada oportunidad que tenían. -No es que me asuste, es solo que me gustaría pensar bien las cosas.
-Si lo piensas demasiado nunca llegará, a veces es mejor dejarse llevar por la vida, ¿No crees?
-Estoy acostumbrada a…
-Pensarlo todo, sí, lo sé, pero esto no se necesita pensarlo, ¡Es un bebé!, los llenará de alegría, los unirá más.
-Tal vez Ginny, pero me sentiría mejor si pudiera planearlo con calma, es algo que Ron no comprende del todo.
-Lo conoces, mi hermano es algo inmaduro, pero no dudes que te ama y que desea muchísimo una familia a tu lado.
-No lo dudo, de verdad.
-Entonces promete que lo pensarás
La castaña asintió con la cabeza, pero dentro de ella el remordimiento crecía por ser infiel y aunado a eso, el pensar que Draco ya a esas horas había contraído matrimonio la llenaba de impotencia y se puso de pie repentinamente excusándose con cualquier cosa, haciendo que todos la miraran extrañados.
-Seguro está en sus días difíciles -comentó su esposo para aliviar la tensió intentó creerle y Ginny quiso pensar que todo era porque se sentía presionada por tener bebés, así que no le dio más importancia.
-Démosle espacio, lo necesita -repuso para desviar la atención y volvieron a sumirse en el hijo que esperaba.
Hermione salió al jardín trasero y encendió nerviosamente un cigarro. Lo necesitaba más que a nada en el mundo, su culpabilidad se asomaba y se mezclaba con la impotencia de saberse de ahora en adelante "la otra", pues Draco tendría ya una esposa y ella no ostentaría jamás ese lugar en la vida del de ojos grises. Terminó ese cigarrillo entre lágrimas y encendió otro más, aspirando el tabaco con desesperación, deseando que todo desapareciera y poder correr a los brazos de Malfoy. Otros dos más se derritieron entre sus temblorosos labios a gran velocidad; una vez más tranquila, tomó su varita y conjuró un hechizo para deshacerse del molesto aroma y regresó a intentar convivir con los velada transcurrió entre bromas que ella acogía con falsas sonrisas y pocas intervenciones para no delatar su estado de ánimo, pero era en vano, su semblante no mentía. Una vez que se marcharon y se quedó a solas con su marido, éste la rodeó con sus brazos.
-¡Mira qué felices son!
-Y no sabes como me alegra ver eso.
-Así es mi amor y yo creo que tu y yo debemos imitarlos, así que si no dispones otra cosa… ¡vamos a la recámara para empezar a buscarle un primito al bebé!
Decía esto al tiempo que la besaba sonriente, intentando encender el ánimo de ella. Nunca imaginaría que solo unas manos pálidas y unos besos apasionados de los labios de Draco eran la llave para despertar el deseo de la castaña, que nuevamente fingía aceptación a las caricias de su esposo. Otra ocasión como las anteriores, sucumbir a los placeres de Ronald sin sentir ella el mínimo escalofrío con el roce del pelirrojo, esperando solamente que terminara rápido y que se durmiera para incorporarse y tomar de nuevo otro cigarro, intentar calmarse y esperar a que fuera mañana. El tan anhelado día llegó y ella se incorporó presurosa después de haber pasado una noche entera de insomnio y estuvo lista en un santiamén, le preparó el desayuno a Ron y salió sin comer nada, su impaciencia por ver a Draco era mayor que cualquier otra cosa. Weasley no se extrañó en absoluto, pensaba que su esposa era una fanática del trabajo y que seguramente tenía pendientes que atender en el Ministerio, por lo que se despidió de ella y se dispuso tranquilamente a desayunar.
