La tarde transcurrió tranquila y ambos trataron de no volver a tocar algún tema que involucrara a Draco, pues Zabini lo detestaba y ella prefería esquivarlo. Las heridas aún estaban demasiado recientes como para hurgar en ellas. Después de un rato y muy a su pesar, Blaise Zabini se despidió de Astoria, fue entonces cuando la castaña volvió derrumbarse entre sus pensamientos que no lograba acomodar coherentemente, para su desgracia, reconocía lágrimas de dolor en vez de odio, de resentimiento.
-¿Qué me pasa? ¡Debería aborrecerlo!, pero solo siento este dolor por su comportamiento, ¡Necesito odiarlo, maldita sea!
Dio un portazo al entrar a la Mansión, el golpe resonó seco y se encontró de nuevo con su soledad, pues Lucius y Narcisa habían partido de viaje el mismo día del enlace nupcial, para darles espacio a los recién casados de empezar su vida conyugal. Lejos estaban ellos de imaginar los alcances que de eso derivaba, giró la vista hacia ese recinto que no le había brindado más que sinsabores y malos recuerdos, se dejó caer desesperada tras la puerta y enjugó una vez más su llanto, que volvió a manar como en la noche anterior. Esta vez gritó para desahogarse, el silencio de los elfos domésticos le aseguraban su secreto a salvo y dio rienda suelta a su tristeza en esos momentos.
Los días fueron pasando y en el Ministerio, Hermione Granger acudía a otro encuentro con Malfoy; ni bien entró a la lujosa oficina del rubio supo que algo estaba pasando, pues Draco estaba diferente, tenía las huellas de una mala noche , la palidez en su rostro lo delataba, por mucho que él quisiese ocultarlo. Tal vez los demás no se atrevían a preguntarle, pero ella era diferente, era con quien había compartido más que besos y caricia.
-¿Qué ha pasado? -inquirió nerviosa acercándose lentamente al de ojos grises.
-No estoy de humor Granger -fue la seca respuesta que recibió la castaña.
-Esto es por ella… -adivinó la leona endureciendo el semblante al considerar que Astoria pudiera afectar de algún modo al hombre que amaba.
-No quiero hablar ,quiero estar solo.
-¿Me amas?
-No empieces, Hermione.
Esta vez, Draco frunció el ceño y desvió la vista, sus labios tenían aún la sensación amarga y cualquier cosa le parecía banal, frívola y sin importancia al lado de lo ocurrido, pero la castaña no era fácil de hacer a un lado y menos tratándose del ser más preciado de su corazón.
-Me amas -dijo ella con voz segura, esperando que el rubio hiciera eco a sus palabras.
Ya era hora que él aceptara que sentía por la Gryffindor algo más que deseo, y pasión y Hermione no descansaría hasta escucharlo de sus labios. Ella había cedido ya al orgullo como mujer enamorada, ¿Por qué no habría de hacerlo él?
-Me importas, sabes que me importas demasiado -contestó volviendo la mirada a los ojos miel de la chica que se encendían con la esperanza del amor guardado en el corazón de Malfoy.
-¿Pero me amas?, ¡Di que me amas!
-Tú me amas a mí -retomó irónicamente él, la media sonrisa que le cruzó el rostro en ese momento, indicaba que le gustaba el juego en que ella nuevamente intentaba hacerlo ceder. Le divertían los atrevimientos de Granger, pero Draco Malfoy no era fácil, nada fácil.
-Sabes que sí Draco, ¡no te burles de lo que yo siento y dime de una buena vez lo que sientes tu!
-No me gustan las cursilerías y cuida tu tono de voz al hablarme, olvidas que no me apellido Weasley.
-¡Dime qué sientes por mi! -pidió con una voz mezcla de exigencia y petición, la torturaba el hecho de suponer que el rubio había sido capaz de mucho por ella, cosas inimaginables, pero no obtener el anhelado "Te amo" de sus labios, la hacían hundirse en una cruel desesperación.
-Lo sabes -zanjó categóricamente y entonces tomaba distraídamente cualquier pergamino de su mesa de trabajo, tratando de obviar la situación.
-No, no lo sé y me encantaría que me lo explicaras.
Finalmente, Draco hizo a un lado lo que sostenía en las manos y clavando la mirada gris en la calidez de los ojos miel de ella, habló con voz metálica y arrastrando las palabras, fiel a su costumbre.
-Si lo quieres saber te lo diré, pero no quiero más preguntas al respecto después de esto. Me incomoda tocar cursilerías baratas como estas, te creí más sensata, pero ya que te empeñas…
-Sí, me empeño en saberlo.
Draco levantó la ceja y movió la cabeza negativamente antes de continuar.
-Es algo inexplicable hasta para mi mismo, solo eso puedo decirte, no insistas más, porque no lo tengo claro y la verdad no me interesa esclarecerlo ni en este momento ni en otro, ¿Está bien?
La expresión de ella pareció abrirse al compás de las palabras pronunciadas por el Slytherin, después de ese discurso sacado a la fuerza, lo besó apasionadamente y él correspondía, pero no con la misma entrega, pues su mente aún se ocupaba en otra cosa, algo que no estaba seguro de contarle a la leona que ahora se estremecía entre sus brazos. ¿Miedo?, ¿Cobardía?
Tal vez algo de una y mucho de otra, pero no era ese el momento y prefería dejarlo de lado. Recordó la inexperiencia de Astoria cuando él tomaba sus labios a la fuerza; nada que ver con el beso diversificado de Granger, quien estaba hecha ya a su modo, a sus movimientos, a su placer y él mismo había respondido hasta ayer a los deseos de su afrodita de rizos caramelo con la misma intensidad, una conjunción total que ahora no parecía marchar del todo bien como antaño. El beso terminó igual y una vez que decidieron respirar, ella preguntó con actitud provocativa:
-¿Nos vamos ya?
-Ahora no, hoy no. Tengo…un compromiso familiar.
Hermione sonó la alarma interna. ¿Familiar?, Claro, ahora Astoria era parte de su familia y seguramente el dichoso compromiso al que el rubio de refería la incluía a ella. Los celos nuevamente brillaban en los su mirada, pero esta vez su orgullo se impuso y guardó silencio. Draco continuó deseando hacerle sentir una vez más la misma situación que miles de veces ella le impuso.
-Comprenderás que al igual que tú, estoy casado ahora y que hay ciertas cosas a las que no puedo rehuir.
-Eso veo… bien, supongo que nos veremos después -concluyó dándole la espalda y disponiéndose a salir deslizándose entre la puerta sin volverle la mirada o darle un beso de despedida como era su costumbre; esta vez el enfado que sentía era grande y no sería ella quien doblaría las manos primero, si él la deseaba o la quería a su lado, entonces tendría que ser el quien diera el primer paso y la buscara. Camino a su casa, Hermione era presa de los celos de tener que compartir el tiempo de Draco con ella, la de mirada esmeralda que se sentía la dueña del mundo -según la Gryffindor- por portar el apellido Malfoy. Nunca imaginaría lo que le costaba a la Greengrass en esos momentos ser la esposa de Malfoy. El instinto de mujer le gritaba a Granger que algo pasaba, pero odiaba no saber qué era y esta vez ni el mismo Draco podría contestarle. El rubio hizo aparición en la sala de su casa y al sentir el silencio que reinaba en ella. Fue a la biblioteca, como siempre, se movía de un lado a otro como un león enjaulado. A pesar de que ya habían pasado varios días desde su deshonrosa actuación con Astoria, se sentía igual de deplorable.
¡Al demonio con todo! ¡Si ella quería vengarse que lo hiciera! Huyendo no solucionaba nada. Caminó con paso seguro por el vestíbulo, hacia la escalinata y cuando dobló por el pasillo, se topó con una figura familiar.
- ¡Cindy!... - Se sobresaltó. - ¡Te prohíbo que vuelvas a aparecerte de esa manera! - En su voz no había enfado o desprecio… sólo susto y cargo de conciencia.
- Cindy lo siente mucho, señor. No era su intención asustarlo, señor. Cindy lo siente profundamente…
-Hizo una mueca de fastidio, invitándola a callarse pronto, lo cual fue sobreentendido por la elfina, pero antes de hacerlo...
- La señora se encuentra en su habitacion, señor. Ya casi no sale de ahí. Ni para comer.
- Bien. - Y dicho esto el joven dejó a la elfina antes de que dijera otro de sus impertinentes comentarios. Astoria saltó al escuchar la puerta abrirse. Por un momento imaginó que podía ser Cindy, pero al que vio fue a Malfoy parado en el umbral. Se miraron fijamente durante un par de segundos, antes de que la joven bajara la vista aparentando estar sumida en su lectura. Draco se sorprendió a si mismo por su falta de seguridad. El silencio que se había producido lo estaba inquietaba. Unos momentos atrás, estaba dispuesto a aclarar todo, pero ahora no tenía idea que hacer. Se sintió estúpido y sin poder decir nada.
- Astoria... - Fue lo único que logró articular. Era como si sus neuronas hubiesen dejado de funcionar.
- Nosotros no tenemos nada de que hablar. - Contestó la castaña lacónicamente, sin levantar la vista.
Eso había sido suficiente para que el rubio recuperara el aplomo. Extraña la manera en que se sentía desarmado por su conducta con ella.
Si Greengrass quería comportarse de esa manera tan poco acertada y madura, era su problema. Pero el no se quedaría así.
- No sé si "tengamos" algo que hablar, el asunto aquí es que YO tengo algo que decir.
- No quiero escucharte - Astoria no hacía contacto visual con él.
- Pues lo harás. - Draco pudo ver con satisfacción a ella le temblaba ligeramente una de las manos al sostener el libro que leía. - Te envié una...
- Me enseñaron a leer, Malfoy - La castaña no era capaz de notar que con sus comentarios, alentaba la confianza de su esposo, si en cambio se hubiese mostrado como víctima doliente, las cosas hubiesen tomado otro giro con un Draco arrepentido y temeroso.
- ¿Con que quieres jugar a ser irónica, Astoria? Bien. Eso lo de menos, pero guarda silencio, que no he terminado de hablar…
- ¿Te estás intentando disculpar conmigo? - Una actitud retadora se abrió en su rostro.- Quién lo dijera, el finísimo Señor Malfoy diciendo "lo siento".
- ¡No sabes nada de mí, chiquilla ridícula!.
- ¡Sé que eres un cobarde, bastardo, bajo, ruin, abusivo y...! -Ya no encontraba qué mas calificativos gritarle, todos los merecía .El rubio apretó la mandíbula, intentando contenerse ante esas palabras. Deseaba hacerle ver que no era todo eso, que la verdad tenía miedo a reconocer sus errores y que estaba dispuesto a que no ocurriera más.
- ¡No soy tu títere para que me tomes cuando te de la gana!¡fuiste peor que un animal! -le reprochó levantando la voz.
- ¿Acaso crees que quiero tenerte otra vez? - La joven enrojeció notoriamente.
- ¿Y tú crees que yo puedo disfrutar de tu sola presencia que me repugna con solo escuchar tu respiración? ¡Claro, se puede esperar cualquier cosa de ti!-
- ¡Estaba dispuesto a que todo fuera diferente, a una relación tranquila y hacer de este infierno algo llevadero, pero si quieres hacerlo difícil allá tu!
- claro ¿y seguramente quieres que te agradezca que mi primera entrega haya sido con toda brutalidad habida y por haber! ¡Y tenías que ser TU!-
Draco se sintió más allá de su amor propio, era extraño, pero se sentía ofendido. Efectivamente, Astoria era virgen hasta ese desafortunado encuentro; esa era una razón más de sus padres para elegir a una Greengrass: él sería el primero, el único. Tomo aire antes de seguir porque necesitaba calmarse.
- No sé que es lo quieres escuchar de mi. - Draco parecía desencajado - Quisiera... tratar de... - La miraba mientras hablaba pausadamente, no sabía ya que decirle.
- Quiero mi vida como era antes… quiero mi cuerpo como era antes. - Aquella respuesta había silenciado a Draco. La castaña bajó la vista y los ojos se le nublaron debido a las lágrimas que amenazaban con caer.
- Pero es infantil, imposible -prosiguió- Tenías qué hacerlo algún día ¿No? Finalmente un heredero no se concibe por medio de la magia - Suspiró tristemente, desviando la vista hacia la ventana que daba al jardín.
- No quiero nada más de ti-
Malfoy no acertaba a contestar coherentemente ante esas palabras llenas de resentimiento. Después de unos segundos de silencio, la ojiverde volvió a hablar:
- Acepto tus disculpas a sabiendas que no son sinceras, porque alguien con un alma tan egoísta como la tuya no sabe lo que es el dolor ajeno.
- Lo son - Draco deseaba gritarle que lo eran, que realmente se sentía infame, pero no podía, se sentía tan estéril de palabras, de excusas que en nada solucionarían esa verdad que Astoria le planteaba. Él también hubiera querido que todo volviera a ser como antes pero no había más que decir. Ambos lo entendieron así. Quiso marcharse, ¿qué más podía hacer? ¿Abrazarla? No, ni pensarlo; no era lo mas recomendable en ese momento. Pero intentó acercarse a ella con un leve movimiento Al sentir el ligero roce de la mano del rubio sobre su antebrazo, Astoria se alejó dejando ver su desprecio, Aceptar sus disculpas no significaba que lo hubiera superado.
Inmediatamente Draco retiró su mano, su rostro se endureció. En tanto, la menor de los Greengrass lo miraba fijamente.
- Vete - Le dijo fríamente.
El rubio se había dado cuenta que su manera de actuar había sido muy poco acertada y lo que más le afectaba era que alguien pudiera sentir asco por él y que lo hiciera patente en su presencia.
-Te recuerdo que ésta es mi casa -
- Entonces me voy yo, comprenderás que no deseo permanecer en el mismo espacio que tu, mientras eso me sea posible, así que me largo.
Draco no contestó, pero le dedicó una mirada gélida y fue él quien salió de ahí dejándola de nuevo sola; cerró de un portazo y se recargó en el barandal de la escalinata malhumorado.
¿Cómo se atrevía a alejarse de él como si fuera algo repugnante? ¿Realmente lo era? No quería saber la respuesta, le asustaba muy en el fondo. Se irguió y bajó al salón, la historia entre ellos se tornaría muy difícil y eso que apenas era el comienzo. Ya había pasado una semana desde aquella charla y ambos se evitaban lo más que se podía. Draco intentaba respetar los espacios de ella, no hablarle y si por alguna razón se encontraban en enorme mansión, actuaban como si el otro no existiera, la vida no podría prometerles mas, al menos por ahora. Ya verían que hacer con el juramento y el heredero a concebir, ya verían como se las arreglarían como "matrimonio". Caía la tarde y los Malfoy regresaron a casa después de su de ausencia y hubo necesariamente qué preparar una cena familiar que claro está, conllevaba la presencia del nuevo matrimonio en la mesa. Astoria recibía con desagrado la noticia, lo que menos quería era toparse con Draco, sin embargo debía hacerlo. Estaba plenamente consciente que el compromiso adquirido involucraba directamente a su padre y que se jugaba la vida en ello, por lo que debía cumplir pese a todo lo que sucediera a fe de no arriesgar a Michael Greengrass, quien ignoraba lo que entre esas cuatro paredes acontecía.
El juramento inquebrantable era más que claro: "Un heredero de la sangre Greengrass para la familia Malfoy, un varón que reestablecería la gloria perdida de ambas familias, que borraría los errores de Lucius y Draco y revitalizaría a los decadentes Greengrass ante la sociedad", " Un heredero en menos de un año de casados, la hija menor de Marie Greengrass y el único descendiente de los Malfoy unirían carne y sangre mediante el lazo nupcial para dar a luz a la nueva vida o de lo contrario, los participantes en tan cruel juramento, verían el ocaso de las suyas al ponerse el sol una vez que los días corrieran, llegando al primer aniversario de bodas" "Una nueva existencia latiendo en un año o la muerte de los mayores en contados instantes"
Pensando en lo anterior, se dispuso a enfrentar lo que viniera, su padre le había confesado que ella había sido la escogida por ser la menor, la que debía sacrificarse por la familia y que para eso había sido educada con esmero desde su nacimiento: Era la elegida para tomar en serio las palabras pronunciadas aquel día .
-Y así será, no por mi causa perderán la vida dos personas -pensaba mientras se colocaba de nuevo la sortija de bodas que sin duda alguna, Narcissa querría ver en su mano cuando cenaran.
Draco por su parte, también había sido advertido ya de la presencia de sus padres en la Mansión y del algo estaba seguro: No tendrían que darse cuenta de lo que sucedía. Ambos orgullosos, ambos Slytherins, no permitirían dejar al descubierto sus intimidades y Malfoy confiaba en que Astoria haría su parte a la perfección, pero ni eso lograba tranquilizarlo. Ante el mundo podrían mostrarse como el matrimonio perfecto, pero se necesitaba más para acallar un par de conciencias inquietas.
Todos estaban reunidos en el espacioso comedor que nuevamente se abría para testificar otra reunión con los Malfoy, esta vez recibiendo oficialmente a la nueva señora Malfoy, heredera de Narcissa en el clan familiar, la nueva responsable de tener a la familia unida y de cuyo vientre se gestaría la esperanza para dos linajes.
-Deberían viajar pronto Draco, España es hermosa y Roma es lo es más -conversaba animosamente Cissa, rememorando pasajes de su recorrido reciente.
-Es absurdo que no hayas consentido en hacer un viaje de bodas -agregó Lucius sin despegar la vista de su platillo, el cual tocaba con una basta exquisitez de modales.
-Me parece bien así -continuó Astoria apoderándose de la palabra después de Lucius, quien la ignoraba educadamente hasta ese momento y le brindó una mirada de sorpresa a la chica que intervenía en una charla que se antojaba solamente para tres personas. El padre de Draco no le gustaban ese tipo de interrupciones, pero estaba seguro que su hijo acallaría esos exabruptos muy pronto.
-¿Qué opinas tú, Draco? -inquirió tratando de ver la reacción del joven.
-Me da lo mismo, he viajado ya por todo el mundo y supongo que ella igual, así que no le veo la gracia a abandonar Londres -fue la categórica respuesta del recién casado, que no deseaba hacer contacto visual con nadie, solo terminar el protocolo e irse a donde nadie le molestara.
-¡Pero cuando uno se casa es completamente diferente!
-No le veo la diferencia madre.
-Deberías viajar con ella.
-No quise hacerlo antes y menos querré ahora. Tengo demasiado trabajo en el Ministerio como para irme de fiesta solo porque ustedes lo dicen.
-Draco no es menester que trabajes ahí, nuestra fortuna…
-Ya sé que no necesito ese dinero, pero me agrada hacer algo diferente de mi vida -El rubio empezaba a exasperarse cada vez que se le insinuaba que su deber era estar al tanto de las ocupaciones familiares, como dar vida al heredero, más que de otra cosa.
-De acuerdo, no discutamos otra vez por eso, pero te recuerdo que tienes una esposa y te debes a ella.
-No necesito tenerlo a mi lado las veinticuatro horas del día Narcissa.-exclamo astoria
-¿Cómo dices? -exclamó la mujer sin dar crédito a lo que su nuera opinaba y no saliendo aún de esa reacción.
Draco le secundó con actitud serena y de nuevo, sin hacer contacto visual con nadie.
-Tiene razón, ambos somos jóvenes y tenemos otras inquietudes, así que debo pedirles respeto a la forma en que llevaremos esto.
Narcissa hizo una mueca de desagrado y muy a su pesar guardó silencio, Lucius observaba duramente a su heredero, pero no solía escandalizar en la mesa, así que pensó que habría un momento oportuno para hacerle ver a su hijo lo equivocado que estaba al permitir que Astoria tomara la palabra de esa manera. La cena tomó otro giro entonces sobre las ocupaciones de Astoria dentro de la mansión, lo que debía aprender sobre el funcionamiento de la casa y demás responsabilidades adquiridas. La castaña asentía a todo pretendiendo poner atención a lo que se le decía, pero la realidad era que no había escuchado ni palabra sobre como ordenar el servicio en la casa, los días de visita obligatoria a otras familias y demás pretensiones.
-Todo será poco a poco Astoria. Además, el darnos un nieto es tu principal tarea por ahora y no queremos que pierdas de vista eso -sentenció la mujer madura con aire serio y preocupado.
-Créanme que no puedo olvidarme de ese asunto tan importante -concluyó la chica sintiéndose incómoda por la apreciación.
Tomaron la sobremesa del té en el salón y Lucius y Narcissa eran los que hablaban más en toda la velada; el nuevo matrimonio se sentó en un sofá pequeño que les señaló anteriormente la madre de Draco, así que la cercanía era inevitable, ella percibía el cuerpo de Draco viceversa, él sentía la delicadeza de ella y su perfume . No había reparado en el aroma de ella hasta ese momento.
Ni en los momentos de su ira más cegadora se había detenido a aspirar su aroma, pero no le desagradaba del todo lo que sus sentidos recibían olfativamente. De pronto, la madre del Slytherin hizo la petición más descabellada en ese salón.
-Me agradaría ver que se entienden uno al otro y que el hecho de estar juntos para toda la vida hará nacer en ustedes el cariño que debe haber en toda familia que se funda.
Cissa Malfoy sonreía discretamente mientras su esposo observaba todo con la mano en la barbilla y los jóvenes sentían que esto no marchaba nada bien; ninguno de los presentes se movió, aunque se sobreentendía lo que la señora Malfoy deseaba.
-¿No me explico? A tu padre y a mí nos gustará ver una muestra de ese cariño algún día no muy lejano.
Definitivamente no podía ser verdad. Astoria comenzó a sudar frío al imaginar la idea de rozar a Draco siquiera y éste luchaba por no dar a conocer su reticencia a la petición de su madre.
-¿Draco, si estas atento a lo que dice tu madre? -intervino Lucius al notar que el silencio se hacía patente.
-Nada me gustaría más que verlos tomarse la mano, qué se yo... no es recomedable ser fríos o actuar como desconocidos, pues son esposos ahora -remató la mujer- nada nos haría más feliz que los padres de mis futuros nietos empiecen a estrechar lazos.
Sin comprender exactamente lo que los mayores querían de ellos, el rubio solo acertó a acercar lentamente su diestra a una Astoria perpleja "¿Se atreverá después de lo que hizo?" Pensaba eso mientras lo veía aproximarse a ella y las miradas de ambos se cruzaban por primera vez intencionalmente después de lo sucedido.
Ella no podía moverse, se sentía clavada al sofá mientras su sentido común le vociferaba que se hiciera a un lado, pero el recuerdo de la promesa que debía cumplir junto al ojigris la mantuvo impávida en su sitio. Draco tomó su mano entonces y la sintió fría, Astoria reaccionó cerrando el puño bajo la mano de él para no entrelazar los dedos en ningún momento, el rubio no hizo más fuerte el contacto y a simple vista parecía una caricia normal, pero el contacto realmente era muy poco. La charla volvió a centrarse en otras cosas ante el gusto cumplido.
-¿Los niños irán a Hogwarts o a Durmstrang? -se preguntaba Cissa planeando ya un futuro -¿Qué opinas Lucius?
-Me agradaría Durmstrang, es más severa y confío mas ese colegio.
-Ceo que tal vez tengas razón, solo que la madre no querrá separarse de su hijo, tal como yo en su momento con Draco. ¿Verdad Astoria?
No hubo respuesta a la interrogante, dos corazones palpitaban de manera diferente, el de la aludida padecía una mezcla de desprecio y una sensación nueva que no acertaba a dilucidar, mientras que él experimentaba el contacto con una mano suave bajo la suya, inquieta y no sabía como tratarla, cómo tomarla. Estaba acostumbrado a las manos de Hermione que lo acariciaban como a él le gustaba, pero éstas eran opuestas, parecía que habría que enseñarles todo.
-¿Astoria me estas escuchando?
-Ehhh sí Narcissa, irá a Hogwarts como nosotros.
Lucius frunció el ceño contrariado al escuchar tan distraída respuesta de su nuera, pero el ademán tranquilizador de su esposa le impidió pedir explicaciones al respecto.
-Aun no lo sabemos bien madre -repuso Draco para salir del paso.
-Claro, tienen 11 años para decidir eso, pero convendría que el chico supiera desde siempre que su linaje le trae ciertas consecuencias, así como privilegios.
-Lo sabrá en su momento padre, así que no te preocupes por ello.
-No me preocuparía si hubieses decidido que vivirían aquí para siempre, pero como has convenido tomar la residencia de Manchester…
-¿Dudas de mi capacidad para criar a un Malfoy?
-No, pero tu bien sabes que un heredero no se toma a la ligera y que es labor de todos en la familia participar en ello.
-¡Si lo tomara a la ligera no estaría aquí!
-Lucius -Los tranquilizó Narcissa con la voz parecida a un susurro leve, las cosas amenazaban con salirse de control y ni el mismo Draco advirtió que al charlar con su padre, se aferraba más a la pequeña mano femenina que continuaba presa de la suya.
Astoria no encontraba el momento exacto para intervenir y mucho menos imaginaba cómo hacer que Draco se moderara, sino que pensaba que definitivamente no tenía intenciones de interactuar con él. Contra todo eso, no pasó desapercibida para ella la reacción del rubio al apretar su mano mientras el calor de las palabras se incrementó y fue entonces cuando ella abrió instintivamente los dedos e hizo el contacto más fuerte, respondiendo al agarre de su esposo.
Draco Malfoy sintió la reacción de ella y calló, pero movido por la sorpresa de él mismo y la actitud tomada por la castaña más que por otra cosa; fueron leves segundos en que ambos se desconectaron de lo demás para limitarse a sentir, efímeros momentos antes de volver a la realidad y que Astoria, avergonzada y molesta consigo misma, volvió a cerrar el puño como antes y el dragón regresaba a su posición habitual, con el simple roce.
La Greengrass deseaba sentir repulsión por su esposo, se quería obligar a ello, solo que su ánimo iba por otros lados, causándole evidente mal humor.
Los Malfoy se despidieron de los jóvenes y el roce se rompió de inmediato por ambos, ambas parejas se pusieron de pie para mostrar respeto a los que se marchaban a descansar.
-Estoy agotada querido, debo descansar.
-Me parece bien madre, es lo mejor después de tu viaje.
-Astoria, mañana nos espera una mañana agitada, así que duerme tranquila hoy -se dirigió a la chica.
-No te preocupes Cissa, estaré lista para lo que se necesite -respondió con suficiencia.
No había nada que Astoria no se sintiera capaz de hacer y estaba ansiosa por demostrar que ella era más que una niña mimada o un adorno para la Mansión Malfoy; quería respeto y lo tendría a como diera lugar.
-Hasta mañana Draco -se despidió Lucius y seguido a esas palabras, besó el dorso de la mano de su nuera como la tradición lo marcaba, ella correspondió al gesto con una reverencia leve.
-Que estés bien padre.
Ni bien se perdieron entre los pasillos y la escalinata de la Mansión, Astoria hizo lo mismo sin esperar la reacción de Draco, quien en silencio la veía ascendiendo la escalinata con paso rápido y sin volver la vista atrás, pero sabiéndose observada. Ambos alejados, pero cercanos a la vez, pensaba en sus manos tocando las del otro, en ese primer encuentro que resultaba extraño y difícil.
-¿Por qué demonios no me aparte? ¡Ahora pensará que es una gracia la que hizo y que todo está olvidado!, ¡Qué idiota eres Astoria! -se recriminaba sacudiendo con fiereza la mano, tratando de deshacer así el contacto con Draco.
-¡Debo convencerme que es el peor, el más vil, el más…!-No encontraba ya más frases para referirse al Príncipe de Slytherin, pero ninguna le convencía realmente y eso la exasperaba, no era normal reaccionar así ante lo que él le había hecho.
¿Qué había detrás de eso? Se negaba a escucharse, no quería aceptar lo que al parecer se formaba en ella y quería desecharlo a la voz de ya, deshacerse de ese extraño sentimiento antes que aflorara del todo, tenía miedo de empezar a sentir algo por quien había violentado de esa manera su voluntad, pues eso la haría parecer ante sus ojos como masoquista, como la más estúpida mujer que besaba el yugo que la mantenía presa, que adoraría las manos que se clavaron en ella de esa manera.
No, definitivamente no se lo podría permitir, Astoria Greengrass no era una mártir, así que de un tirón se dejó caer en la cama y cubrió el rostro con ambas manos intentando calmarse, intentando pensar.
Los Weasley no la pasaban bien tampoco, sobre todo Hermione. Ronald estaba decidido a tomar el consejo de Harry y Ginny y sacar un poco a su esposa del ensimismamiento del trabajo, relajarla y esperar a que accediera a embarazarse pronto, así que planeaba tomar unas vacaciones fuera de Londres y eso lo emocionaba. Había llegado a casa temprano para darle la noticia y esperaba impaciente a la de rizos castaños, quien no olvidaba el desaire de Draco y tenía la expresión adusta aún. Solo le apetecía tomar un buen baño y pensar en lo que estaba pasando y de supe manera la Greengrass estaba influyendo en su relación con el dragón. En eso estaba cuando una voz conocida la sobresaltó ni bien entraba a su modesta casa.
-¡Hermione!-exclamó el pelirrojo al verla cruzar el dintel de la puerta.
-Hola Ron , espera…¿Tú tan temprano en casa? -comentó extrañada.
-Por hoy ya fue suficiente de Sortilegios Weasley, creo que el mundo mágico sobrevivirá sin mi algunos días o semanas.
-¿De qué estas hablando?
-¿Es una sorpresa! Ven, siéntate conmigo, ¡que seguro te emocionas tanto como yo!
-Bueno, te escucho -agregó preocupada por las ocurrencias que su esposo a veces tenía y que ella corregía sutilmente hasta hacerlo entrar en razón.
-¡Nos iremos de vacaciones unos cuantos días!
-¿Cómo dices? ¿Vacaciones? Ronald, tenemos que platicarlo, decidirlo…¡No es todo a la ligera!
-Hermione, desde nuestra luna de miel no hacemos un viaje y creo que este es un buen momento y quién sabe, podríamos irnos dos y regresar tres ¿Qué dices? -sonrió pícaramente tomando un aire de broma para tratar de convencer de ese modo a la ojimiel, quien sentía desbocársele el corazón de solo pensar que se alejaría de Draco, pero no encontraba el pretexto ideal para evadir el tema y eso que su mente ya trabajaba en ello.
-No lo sé…
-Déjate llevar, es más ¡Harry arreglará todo en el Ministerio para que se designe a alguien en tu lugar y no te atrases, ¡He pensado en todo!-se tocaba la cabeza con el dedo índice, denotando un aire de inteligencia-
-Sssí, eso veo -dudó ella. Esta vez no podría zafarse fácilmente, el viaje era inminente.
-¡Así se hacen las cosas! Partiremos en unos cuantos días, así que si deseas ir de compras con Ginny, ya sabes, esas cosas de mujeres, por mi no hay problema, solo recuerda que no debemos despilfarrar los pocos galeones que tenemos -jugó el pelirrojo al verla seria todavía.
-No necesito nada, de verdad -repuso ella.
-¡Pues a planearlo todo, que me encantaría salir lo más pronto posible! ¿Supe te parece este fin de semana?
-¿En dos días? ¿No es demasiado apresurado?
-¡Qué mas da! ¡No se hable más del asunto! Nos vamos y verás que nos divertiremos mucho.
La ojimiel no pudo replicarle nada y Weasley se incorporaba del sillón diciendo lo anterior y se dirigía a la cocina y a la nevera para inspeccionar si había algo comestible en lo que Granger preparaba algo. No había marcha atrás, ella tendría que irse con Ronald.
Draco, por su parte, trataba de no darle demasiada importancia a nada, pero ese leve contacto recién vivido lo descolocaba porque nunca imaginó la reacción de Astoria de esa manera, esperaba odio, rencor y de hecho lo aceptaría y no lucharía contra ello, pero jamás cruzaba por su mente que ella hiciese algo similar, sentir los dedos delgados haciendo presión en los suyos no era la gran cosa para nadie, pero para él si y más después de todo lo ó acomodarse para trabajar un rato o leer, pero a los pocos instantes de empezar cualquier cosa, la atención se le iba; arqueó la ceja sopesando la posibilidad de hablar con ella y tratar de explicarse, de dejar esa imagen de barbarie que no le agradaba en lo absoluto, mas el sabía que la merecía y pretendía deshacerse de ese nuevo estigma lo más pronto posible…solo que no sabía como ¿Pedir disculpas? Realmente no se concebía haciéndolo, aunque la realidad ameritaba de ellas.
-¿Debo regresar con Astoria a la habitacion? -Se preguntaba sin convencerse- No nos hemos dirigido bien la palabra y puede ser que tome su varita ni bien me vea, pero tampoco pienso cargar con esto toda la vida…
-Después de todo ella es mi…esposa -la última palabra resonaba distinta en su mente, parecía que por fin se había dado cuenta de que era un hombre casado y que sea como fuere, compartiría su vida con esa otra persona que estaba a unos cuantos metros de él. Pensaba que no podría permanecer en su recámara de soltero por siempre y menos con sus padres ahora en la mansión, así que urgía componer la situación para dar vida al heredero o…lamentables consecuencias vendrían pronto. No lo meditó más y salió rumbo a su encuentro, los puños dolían apretados, pero decidió enfrentarse a lo que viniera, sea lo que esto fuere. Astoria no imaginaba que él se dirigía hacia ella y empezó a despojarse de su atuendo, lentamente y sin poner atención, quitaba los pequeños pendientes que adornaban sus oídos y los guardó en la cajita de oro con su nombre, reglo de su madre a los quince años de edad, Daphne poseía una similar y era una posesión preciada para ella, de las pocas cosas que se le permitió llevarse de la casa de sus padres, pues no querían que albergara demasiados recuerdos de ahí, sino que pronto se acostumbrara a los Malfoy. Se observaba en el espejo y soltó su cabello recogido con un broche de nácar; la cabellera castaña no era tan exuberante como la de Hermione, era ondulada sí, pero no de rizos copiosos como los de la Gryffindor, se antojaba más discreta, pero suave al vestido fue el siguiente en caer al ser sustituido por el camisón satinado de color borgoña que vestía ahora; hacía las cosas automáticamente y sin prestar demasiada atención, pasó al baño para lavar su rostro y disponerse a descansar, el cansancio la vencía después del eterno llanto de la noche pasada y el de la mañana después de dejar a Blaise.
Malfoy estaba ya afuera de la habitación y dudaba si entrar o tocar, era obvio que ella no le abriría, así que decididamente giró la manilla para entrar y al hacerlo lo recibió el silencio y las prendas de ella recién despojadas. El ruido del grifo le indicaban que ella estaba en la pieza contigua y en lo que nuevamente pensaba qué hacer, Astoria le sorprendió.
-¿Qué haces aquí? -fue el grito ahogado de la chica tratando de cubrirse lo más posible y retrocediendo unos pasos. Se recriminaba ahora el no tener su varita a la mano para amenazarlo por lo menos si se atrevía a hacer lo de la vez pasada.
-Necesitamos hablar Astoria, la verdad es que…
-¡No hablaré contigo! ¡Vete! -exigió tratando de ocultar la turbación de la que era víctima.
Draco esperaba esa reacción, pero tampoco iba a montar el numerito más de una vez, así que la única opción era solucionar las cosas ahora.
-Pues si no quieres hablar, no lo pediré más, pero tendrás que acostumbrarte a que esta es nuestra recámara y como comprenderás, mis padres ya regresaron y les sería muy extraño que yo permaneciera en la mía ¿No crees?
La ojiverde también pensaba que no podrían estar por siempre así, con el tiempo viniéndoles encima y no atinaba a reaccionar coherentemente, pues Draco no iba a marcharse y ocasionar una ruidosa discusión atraería la atención de los Malfoy, por lo que optó por ignorarlo.
Cerró lo mas que pudo su pijama para no revelar nada de su cuerpo y se quedó viendo fijamente el lecho nupcial, dudaba si recostarse o esperar a que él lo hiciera y tomar el lado que quedara libre.
Para su alivio, el rubio estaba en las mismas, pues nunca había compartido una noche con alguien, sino solo ratos. Confundido prefirió dejarla escoger lado de la cama para descansar y abrió de par en par el espacioso clóset que estaba ahí, del cual escogió una pijama de dos piezas negra y con ella en la mano, se dirigió al vestidor para no presionarla. Una vez ahí se miró al espejo, lucía algo ¿nervioso? y levemente despeinado; colocó de nuevo los cabellos platinos en su sitio y una vez cambiado de atuendo, se refrescó el rostro antes de volver a donde su esposa estaba; ella ya había tomado posesión del lado izquierdo de la cama.
-"Ese era mi lado predilecto"- pensó resignado, pero sin tener intenciones de discutir por la insignificancia.
El dragón la observó rápidamente antes de tomar su sitio; no había reparado demasiado en las facciones de la chica hasta ese momento, aún guardaban el resplandor de la adolescencia recién pasada y hacía falta afinarse algunas de ellas, no era tan blanca como él, sino apiñonada como Granger, solo que entre la Gryffindor y la Slytherin había abismos, Hermione era toda una mujer, llena de experiencias, sufrimientos y decisiones difíciles, además dueña de una inteligencia que Astoria difícilmente podría igualar.
-"Mujer a medio terminar" -se susurró a si mismo con una mueca de suficiencia.
Se adivinaba la mandíbula de la chica, apretada bajo el semblante que pretendía ser de descanso y entendió que estaba igual o más desestabilizada que él; la tensión podría cortarse con el simple murmullo de la respiración, pero cada uno trataba de no mostrarle al otro su estado de ánimo, finalmente eso les habían inculcado en casa a ambos, por lo que no era sorpresa entre ellos el ocultar las reacciones naturales que pudiesen sentir. El silencio era el único rey en esa preciosa alcoba nupcial habitada por dos aparentes extraños.
Cada uno fingía dormir cerrando los ojos, mientras que sus mentes divagaban inquietas, Astoria estaba pendiente del más mínimo movimiento de Draco y tenía la varita lista bajo la almohada para cualquier imprevisto, aunque deseaba no tener que usarla, puesto que se sabía capaz de lanzarle un Avada Kedavra o cualquier maldición imperdonable; el rubio tenia la suya en la mesilla de noche y de igual forma estaba atento a lo que la castaña hiciera.
-¡No puede ser que durmamos en la misma cama!-pensaba la ojiverde- ¿Por qué no le exijo que se vaya? -La noche se avecinaba larga para ambos…otra vez.
Interiormente, a ella le parecía que Malfoy había actuado últimamente de una manera bastante madura y eso la aliviaba. En cuanto lo que sucedió en la cena...era mejor no ía que admitir que había sido un poco ingenua al pensar que Draco trataría de forzarla nuevamente.
A su modo de ver, las cosas no iban tan mal. Además se sumaba el hecho de que pronto estarían solos fuera de la vigilancia de sus suegros. Aquello no sólo era una ventaja desde el punto de vista de que pronto no tendrían que fingir ante nadie; sino que, lo más importante, no tenía que dormir en la misma cama que él.
Malfoy por su parte, no podía dejar de encontrarse con la fragancia femenina, suave y discreta.
-Al menos no es escandalosa con su perfume -advirtió nuevamente en silencio.
De pronto, un movimiento de ella para acomodarse de la rígida postura que guardaba los hizo contactar más, ambos permanecieron inmóviles después de eso, esperando uno la reacción del otro, sintieron la tibieza del compañero por unos segundos. Podrían tocarse más con solo quererlo, el roce sería inevitable si alguno moviera una extremidad unos centímetros más.
Transcurrieron los minutos y cuando parecía que el ojigris había conciliado el sueño, la castaña se reincorporó con sumo cuidado recargando su espalda en la cabecera, las lamparillas de ambas mesillas siguen encendidas y la luz le molestaba para dormir. Refunfuñó molesta al suponer que Draco ya dormía y sacó su varita para conjurar el hechizo que se desharía de la luz.
-Nox -pronunció y la oscuridad apareció extinguiendo la luz inmediatamente, pero dudaba en apagar la de Malfoy, cuando giró el rostro hacia el, lo observó también: El cabello platino caía coronando las sienes pálidas y la nariz afilada se movía al compás pausado de su respiración, la boca de labios delgados parecía tan inofensiva... y esa expresión altiva, así era Draco Malfoy.
-"Ese rostro oculta un ogro dentro, así que no le daré espacio para que regrese de nuevo"-se dijo a si misma dando por terminada la inspección.
Pronunció de nuevo el hechizo que los sumió en la total penumbra y entonces Astoria se reacomodó en el lecho y se dispuso a dormir tanto como fuera posible acompañada de él. Nuevamente un tiempo pasó antes de sentirse movimiento en esa cama, Draco esbozaba una media sonrisa de extrañamiento, pues percatándose de todo lo ocurrido, solo atinó a quedarse inmóvil, soportando el análisis de la Greengrass, que al final le causó ¿gracia?.
-Eres rara Astoria, muy rara -masculló, pero su esposa dormía ya, así que no pudo escucharlo, al no percibir nada más, entrecerró los ojos para entregarse al descanso, parecía que por fin la calma reinaba entre ellos.
