Al amanecer de un nuevo día, Draco se incorporó primero y sus pasos se encaminaron hacia la ducha, no había dormido mal, pero tampoco fue el mejor descanso de su vida, sentía complicado tener que adaptarse a un espacio más reducido que su cama habitual y encima de eso, la difícil situación con Astoria impedía que se sintiera del todo cómodo. Abrió el grifo y dejó correr el agua mientras se despojaba de el pijama, acostumbrado a estar solo, olvidaba cerrar del todo las puertas y a través del espejo de pared, se revelaba la intimidad del despertó de inmediato al sentir el movimiento de su esposo y amanecía con el cuerpo adolorido por permanecer en una sola posición, ella también se sentía invadida por compartir espacio y más con él. Al percatarse del vacío a su lado se animó a estirarse completamente; de buena gana le pediría a Malfoy que se durmiera en el sofá si es que era muy necesario guardar las apariencias del matrimonio feliz, en eso estaba cuando escuchó el agua correr e instintivamente volteó hacia el bañ puerta entreabierta reveló la desnudez de Draco y por unos instantes observó ese cuerpo que le causaba una extraña mezcla de sentimientos, era el cuerpo de quien la había forzado, de quien en vez de darle cariño o amabilidad en una entrega, había preferido la fuerza. Siguió observando esa palidez que hacía juego con su rostro en tez; los músculos propios de hombre se asomaban en la complexión del de ojos de mercurio.

-Pudimos haber hecho mejor las cosas -pensó.

-¡Merlín! ¿Pero qué idiotez he dicho? -se sorprendió con la atención puesta en él y fue entonces cuando se obligó a retirar a vista.

Volvió a fingirse dormida mientras él salía ya vestido y despreocupado de la ducha, la vio en la cama y le agradó verla con los ojos cerrados aún, señal que le indicaba que efectivamente descansaba ¡Qué lejos de imaginar lo que pasaba por la mente de su esposa!

Bajó con prisa la escalinata y Astoria se levantó para tomar el baño que la haría pensar más claramente, pues no conseguía apartar semejante recuerdo que la hacía turbarse nerviosamente.

Ella bajo de la habitación pocos minutos después, ataviada con un vestido vaporoso color durazno y sin mangas, que resaltaba el color pálido de su piel. El cabello húmedo no estaba recogido como de costumbre, sino que caía hacia los hombros

dándole un aire infantil aún y un maquillaje muy discreto, casi inexistente. Draco terminaba su acostumbrado café y al sentirla llegar se reacomodó en su asiento, ella por su parte no esperaba encontrarlo de nuevo, hubiera apostado que ya se había marchado.

-¿Qué harás hoy? -rompió el silencio.

-Visitar a mi madre y a las personas que disponga la tuya.

-Dale mis saludos a Marie.

-No tienes que fingir amabilidad hacia mi familia conmigo Draco-le respondió ella

-Te confundes Greengrass, estimo a tus padres mas de lo que crees.

Astoria asintió en silencio sobre lo que acababa de escuchar, rememoró el tiempo en que los Malfoy estaban señalados públicamente al ir a Lucius a Azkaban y los pocos que les tendieron la mano al salir fueron Claudio y Marie, que padecían de el mismo señalamiento por haberse negado a participar de lleno en la guerra, no se ignoraba que estaban más inclinados, aunque no abiertamente del lado de la Orden del Fénix.

Las veces en que Lucius y Claudio sostenían interminables encuentros para discutir cómo resurgir de nuevo entre la sociedad mágica había derivado en ese juramento inquebrantable que años después la tenia unida a Draco Malfoy ante el beneplácito de Narcissa y Marie Greengrass, madres de ambos.

-Lo sé -repuso escuetamente y tomando un poco de jugo de calabaza que le acababa de servir un elfo doméstico que los atendía con esmero.

-Me marcho ya -se puso de pie al tiempo que conjuraba con su varita un hechizo para desaparecer sin esperar la contestación de su esposa.

-Como desees -respondió ella, pero ya no había nadie para escucharla- parece que también deberé acostumbrarme a hablar sola.

Tomó el desayuno con tranquilidad, cuando fue informada que Narcissa había salido no hacía mucho por una urgencia con de último momento y que los planes quedarían pospuestos para después. La noticia le agradó a la castaña y desayunó con toda la calma y parsimonia del mundo, sin presiones de ningún tipo.

-Mi ama, esto es para usted -aparecía Cindy, la elfina designada para el servicio de la nueva señora Malfoy con un sobre blanco entre las manos y que entregó a la muchacha, quien no se explicaba que podría ser.

-Gracias, pero ¿De quién es? ¿Solo llegó así?

-La lechuza que lo trajo no la reconozco mi señora, así que Cindy no puede responder a lo que pregunta, perdón mi ama.

-Está bien, no te preocupes -sonrió amablemente a la criaturita que tímidamente le expresaba sus disculpas.

-Si no dispone cosa, me retiro.

-Adelante ¿Cindy verdad?

-¡Si mi ama, me llamo así! -reaccionó con alegría, dando brinquitos de felicidad al ver que su nueva dueña le manifestaba algo de simpatía que en esa casa se echaba mucho de menos.

-Anda, ve a lo que tienes que hacer -rió de buena gana al ver tan singular espectáculo.

-Ojala el amo Draco pudiera ver esa sonrisa que mi amita posee.

Al escuchar eso, Astoria recobro el semblante serio y la elfina al percatarse que dicha sonrisa desaparecía del rostro de la ojiverde.

-Perdone a Cindy ¡Es imprudente, es mala! -decía mientras el pequeño puño de estrellaba una y otra vez con su carita de autocastigo.

-No, no lo eres, solo que de lo que me pase no quiero que tu amo Draco se entere ¿entendido?

-¿No le diré entonces que estuvo llorando cuando se fue el señor Zabini?

-¡No! -exclamó rápidamente la esposa de Draco- ¡Nada de lo que a mí me pase aquí debe saberlo! Por favor…-susurro buscando la complicidad de su novel compañía

-Cindy no dirá nada que la amita no desee revelar, Cindy será una tumba.

-Muchas gracias -sonrío de nuevo haciendo una leve caricia sobre la mejilla derecha de la criatura, quien sin creerlo, se pasaba la manita sobre el lugar que Astoria recién tocaba.

-¡Mi amita es muy buena con Cindy! -concluyó con una sonrisa antes de desaparecer.

Astoria no pudo evitar sentir ternura por ella y por los demás elfos que habitaban la Residencia Greengrass, todos amables con su familia y valorados por ellos, excepto por la altanería de Daphne y su propia actitud de ignorarlos siempre. Realmente no se había percatado de lo importantes que resultaban. De repente se percató que no había abierto el misterioso sobre. No decía nada y decidió romperlo para sacar lo que poseía. Pero lo que vio difícilmente lo olvidaría en su vida, sus manos quietas hasta entonces, empezaban a temblar mientras sustraía lo que en él estaba, era una fotografía y una nota sin firma, sentía como si le estuvieran quemando las manos y no porque esa carta tuviera magia oscura, sino porque el contenido era una cruel revelación para la Señora Malfoy: "Felicidades a la recién casada, este es mi obsequio de bodas" se leía en la nota con caligrafía que parecía ser femenina y de alguien versado, ya que se adivinaba o de buena posición económica o bien, una persona inteligente y pulcra al escribir.

-¡Eres completamente despreciable, Draco Malfoy! -apretaba la voz contra los labios entrecerrados de coraje y sintiendo un horrible vuelco en su interior.

La fotografía ilustraba al rubio y a Hermione Granger en un apasionado beso que dejó sin palabras a la de ojos verdes y lo único que pudo hacer fue lanzar lo más lejos posible esa dura acusación hacia su marido. Jamás imaginó que Draco fuera un santo, pero de eso a estar con la persona que mas había despreciado en Howgarts le resultaba lastimosamente incomprensible y más ahora que era un hombre casado ¡Y con ella!.

No era solo su orgullo de mujer lastimado o su exposición pública al que dirán, sino que iba más allá, era algo dentro de su corazón lo que le dolía y era más grande que todo su coraje. Era un hecho, Astoria Greengrass empezaba a sentir algo más por Draco malfoy.

La impotencia se apoderaba de ella en forma de copiosas lágrimas y tuvo el impulso de romper la fotografía que la lastimaba tanto al saber que Granger era la dueña de los besos de su esposo, pero prefirió dejarla intacta para mostrársela a…quien fuera, quien llegara primero, necesitaba desahogarse con alguien, hacerle saber a cualquiera que Draco era más aborrecible de lo que se pensaba, ansiaba desenmascararlo frente a Lucius o Narcissa, quienes seguramente al enterarse se enfurecerían y lo obligarían a dejar a Hermione.

¡Cómo deseó que Blaise llegara en esos momentos!, cosa que no sucedió, pues el moreno no apareció por la Mansión esa mañana .por lo que tuvo que regresar de nuevo a su encierro, a llorar su descubrimiento.

En la espaciosa habitación que ya era su confidente de llanto se vació entera. El coraje de verse exhibida así le afectaba

-Seguramente a estas alturas ya todo el mundo lo sabe y como siempre pasa, soy la última idiota en enterarme -se lastimaba más al considerarlo, pero era mas lacerante el hecho de que tal vez nunca tendría lo que la Gryffindor: la atención y el ¿afecto? De Draco Malfoy. ¡Anhelaba tanto llegar al fondo de eso! Saber si era solo deseo o algo más.

-Si está enamorado de esa mujer…¿por qué se casó conmigo? ¿Por qué me tomó a la fuerza? ¿Por qué me condena a la infelicidad? -sollozaba entre el debate de su amor propio y su corazón, ya no podría seguirse negando que Draco estaba dentro de su vida, haciendo nacer el amor en ella de una manera que llegó a odiar, pero no desaparecer. Le revolvía el alma de celos ver ese beso que ella no había poseído y que probablemente no seria suyo tampoco.

-¿Así va a ser siempre?, ¿Yo derramando llanto? ¿Pretendiendo que no sé que se encuentra con Granger a escondidas? ¡No, no no! -se decía frenéticamente y tirando todo al su alrededor.

En segundos, la lujosa habitación quedó reducida al más profundo caos. Su apacible vida de antes era rota por una fotografía y un anónimo, lo que Draco pudo haberle hecho días atrás no se comparaba en dolor con esto, con descubrir que el lugar en él ya estaba ocupado, el infierno se abría ante sus pies.

En el Ministerio las cosas no estaban perfectas, pues Hermione debía enfrentar a Draco diciéndole los planes de su marido, la reacción no se hizo esperar

-¿Qué demonios estás diciendo? -se exaltaba el rubio haciendo fulgurar los ojos de mercurio al saber que ella partía con Ron.

-No está a mi alcance negarme, Draco…-trataba de explicarse ante la furia crecida de Malfoy.

-¿Y tu si pretendías que yo renunciara a mi boda? ¡No me hagas reír Granger! ¡Exiges lo que no puedes darme! -vociferaba dolido por verse hecho a un lado una vez más.

-¡Sabes bien que soy tuya, que nada de mí pertenece a Ronald!

-¡Que no menciones a ese imbécil en mi presencia! -se acercaba peligrosamente a ella con la ira acrecentada, necesitaba en efecto, saberla y hacerla suya, recorrerla una vez más con ímpetu antes de dejarla marchar con Weasley, dejar sus huellas de desenfrenado sobre ella, perderse en ese cabello que acariciaría hasta el desmayo y en ese cuerpo que se enredaba en él cada que hacían el amor, sin embargo el orgullo se le antepuso y recobró en un abrir y cerrar de ojos su fría máscara y dio media vuelta.

-¡Draco tranquilízate! -pedía la castaña y lo vio entonces impávido y serio, se descontroló al verlo así y preguntó confundida -¿Estas bien?

-Lo estoy -respondió tajante sin apartarle la mirada de hielo, pero no se le acercaba más.

-¿Qué te pasa? ¡Hace segundos estabas incontrolable! ¡Mi amor, comprende que no puedo hacer más!

Draco sonrió con burla al escuchar la expresión de afecto de la leona hacia él, burla que llevaba consigo celos de verse desplazado.

-¿Mi amor?

-Eso eres para mi, solo que no quieres entenderlo.

-Como digas Granger.

La ojimiel se desesperó y con rabia le gritó.

-¡Me agradaba más verte furioso por mi partida!, ¡Me hacías sentir que te importo por lo menos un poco!-

-Creo que no tengo derecho a nada, es tu vida, tu esposo -escupía con calma, pero las palabras fluían impregnadas de desprecio y frialdad. Él se la llevaba, la arrancaba una vez más de sus brazos y Hermione seguía el juego cual esposa abnegada y dedicada. La misma farsa de siempre que Malfoy odiaba desde que empezó con ella.

-Tu eres mi vida, creí que de verdad te interesaba… -susurraba entre lágrimas la leona abatida por la situación, por un lado no podía negarse y por otro odiaba afectar a Draco así. ¿pero que podría hacer? Su error de casarse con la persona equivocada en el momento equivocado le cobraba un alto precio por el presente. Las cosas eran así y ni modo.

-Volverás -repuso secamente tomando asiento en su sillón de piel en donde solía trabajar y volcando su atención hacia los pergaminos apilados en su escritorio.

Hermione ya no pudo soportar tanta insolencia y con la impotencia a flor de piel se marchaba dando un portazo, esta vez las apariencias le importaban nada y su dolor de mujer hablaba más que su deber, no solo el rubio sufría, sino que ella también estaba presa en su propio juego. ¿Podría auto liberarse?

Después de lo sucedido con Hermione, Draco regresaba a su casa para intentar despejarse de la idea de saberla acompañada a toda hora de Ronald Weasley, últimamente la vida le ponía demasiados asuntos por responder. Esperaba encontrar a Astoria en el salón o en el jardín, pero no fue así, entonces imaginó que no habría regresado de casa de sus padres y se dirigió a descansar un rato en la habitación matrimonial, necesitaba que su mente se olvidara por un momento de otra castaña que lo había puesto intranquilo. Cuando entró en la lujosa habitación, lo último que esperaba encontrar era un desastre y a su esposa aún sollozante.

-¡Astoria! -se apresuraba hacia ella- ¿Estas bien?

Al escucharlo, la muchacha se incorporó mirándolo con reproche.

-¡Déjame en paz!, ¿no te basta con todo lo que ha pasado? ¿Quieres hundirme más, quieres volverme loca? -exclamaba fuera de sí y temblando de rabia.

El rubio se sintió mal por esas palabras, pero algo le decía que no era por haberla hecho suya a la fuerza lo que desataba todo ese comportamiento, sí, se de acuerdo, algo había de eso, pero sin duda, la reacción de astoria tenía un trasfondo y eso lo averiguaría en ese instante.

-¿Quieres explicarme qué demonios te pasa? -levantó la voz para callar la de ella. La castaña se dirigió hacia uno de los múltiples de la cómoda y abriéndolo de golpe, sacó la causa de su reclamo, acompañado de la amargura al decir.

-¿Esto te parece poco? ¡No soy tu burla Draco, soy una Greengrass! -

Malfoy no comprendía del todo lo que ocurría, hasta que la fotografía aterrizó en el suelo ante un Slytherin estupefacto de verla, quien se inclinó y la examinó detenidamente mientras su esposa seguía reclamando cosas que él ya no escuchaba, ¿Quién poseía esa foto? ¿Quién la habría hecho llegar a su casa, a manos de la ojiverde?

-¿Quién envió esto?-pregunto malfoy

-¿Solo eso preguntas? ¡Es el colmo del descaro! ¿Es lo único que te interesa? ¿Saber quien la envió?

-¿Sabes o no sabes Astoria? -exigió impaciente, pues arriesgar así su relación con Granger era peligroso para todos.

-¡No lo se ni me importa! ¡Venía con esto! -le aventaba al rostro el anónimo, que él leyó detenidamente y movía la cabeza en señal de negación.

El silencio antes de hablar fue breve. Draco hacía pedazos la fotografía ante la estupefacción de la castaña.

-¡Rompiéndola no lograrás que yo pretenda que ignore que lo sé, que ignore que la vi!

-Ya lo sabes, ya te enteraste y no voy a explicar nada a ti ni a nadie -salió airado por la escena, cerrando la puerta tras él.

-¡Cínico! ¡Te odio! -exclamó ella haciendo chocar contra la puerta recién cerrada un costoso jarrón de Cissa, mismo que pretendía desfogar su trémulo estado de ánimo.

Sentía morir de desánimo, de vergüenza, de ira y principalmente de celos; devastada por la reacción de Draco, esperaba al menos una explicación de su parte, pero nada, el volvía a su frialdad habitual y eso le hería mas y más al percatarse que no le interesaba lo que ella podría llegar a sentir.

Una vez solo, él intentó pensar con cabeza suelta lo que acababa de ocurrir, esa fotografía era en extremo comprometedora, pero lo que más le llamaba la atención era la rabia demostrada por Astoria; sin pensarlo, dejó de lado el hecho de que alguien más ya sabia de sus encuentros con Granger y se concentró en la esposa furiosa que acababa de dejar en el dormitorio.

-¿Qué fue eso? -se preguntó- No fue la mejor forma de hacerle saber que Hermione y yo… -calló.

Se sentía mal porque por segunda vez, hacía llorar a Astoria y parecía que en esta ocasión, ella actuaba más dolida, más afectada y se preguntaba una y otra vez que pasaba, era un misterio para su mente acostumbrada a pensar en vez de sentir. El resto de la tarde, ella se quedó encerrada y ante los Malfoy pretextó sentirse indispuesta, cosa que nadie cuestionó. Draco comprobó que nadie más en la casa sabían de la existencia de la fotografía ya destruida y respiro aliviado, aunque seguía inquieto por su esposa, a la cual no prefirió molestar y se quedó de nuevo en su habitación de soltero, durmió poco, sobresaltado por la imagen de Granger viajando como toda una señora del brazo de su esposo y…el recuerdo de la otra castaña que se había exaltado tanto al saber que le era infiel con Hermione.

-Es su amor propio -concluyó por fin arqueando la ceja y dando por zanjado el asunto, solo que…su propia respuesta no le convencía del todo. Al otro día era sábado, por lo que no tenia que ir al Ministerio, así que decidió intentar retomar las cosas con Astoria y salir de las dudas que lo acosaban. Tocó la puerta de la recámara y no obtuvo respuesta, lo hizo de nuevo y nada, hasta que a una tercera vez, Cindy se apareció ante él.

-Mi amita no se encuentra, mi Señor.

La reacción no se hizo esperar e interrogó con voz en grito a la elfina que se veía visiblemente asustada por el tono empleado.

-¿A dónde demonios fue sin avisarme?

-No lo se mi amo

-¡No me mientas o te vas a arrepentir! -amenazó.

-¡De verdad mi amo que Cindy no le miente, Cindy no sabe, Cindy no…!

Le exasperaba el tono chillón de la voz de la criatura y le hizo un ademán de mala gana indicándole que se marchara de inmediato, la elfina obedeció en el acto. Decidió postrarse en el salón a esperar la llegada de su esposa y las horas transcurrían bajo el tic tac del enorme reloj tallado en madera que engalanaba la estancia. No pudo leer, no pudo concentrarse en nada más que en la ausencia no anunciada de Astoria, estaba decidido a reclamarle, a gritarle que no era eso lo que se esperaba de ella…mil cosas le venían a la mente y quería hacerlas todas. En eso estaba cuando se abrió la puerta y por ella entró la grácil figura que provocaba su enfado.

-¿De dónde vienes? -fue la primera pregunta que resonó grave en el salón, sobresaltando a la recién llegada, quien al verlo, rememoró la fotografía y el orgullo la hacía recuperar el aplomo.

-¿Te importa?-contestó ella quitándose guantes y el abrigo, colgándolos en su sitio, sin molestarse en mirarlo siquiera.

-¡Eres MI esposa!, ¡Tu deber es…!

-¡Al diablo con mi deber!, ¿Piensas en tu deber como esposo cuando estás con… esa?

-Te pregunté algo Astoria y aún no me has respondido. ¿ dónde estabas? -las miradas de ambos chocaban desafiantes, los dos tenían motivos para estar enfadados con el otro y ninguno quería ceder en ese momento. Ella buscaba la explicación acerca de Granger y él, de su prolongada ausencia.

-Estuve por ahí -respondió después de incómodos momentos silenciosos.

-¡Esa no es una respuesta! -se alteraba más y más Draco malfoy.

-Para mi si lo es.

-¡Pues para mi no!

La castaña rodó los ojos y empezó a darse cuenta que podía enfrentar a Draco sin miedo gracias a su propio coraje y se felicitó por ello, había encontrado en ella el temple para hacerse similar al rubio.

-Estuve con Daphne, Terry y Blaise -dijo de mala gana, subiendo las escaleras e ignorando toda reacción del ojigris.

-¿Blaise? -La seguía él con la sorpresa desagradable pintada en el pálido rostro.

-Eso dije, Blaise Zabini y por cierto, estuvo aquí hace algunos días -respondió tratando de parecer despreocupada, pero deseosa de infringirle las mismas heridas al rubio, hacerle sentir lo que ella rabiaba al saberlo con Granger, aunque solo fuera por orgullo de esposo trastocado y nada más.

-¿Para qué? ¿qué tenía que hacer Zabini aquí?

-Yo lo invité, esta también es mi casa ¿No?

-¡Escúchame bien Astoria! ¡Esta es la casa de MIS padres y no tienes derecho a meter a nadie en mi ausencia!-

Ella pareció no escuchar y continuó sacándose los zapatos y haciendo mil cosas que exasperaban a Draco.

-¿A qué vino? -la tomó de nuevo por los hombros como aquella vez, para obligarla a mirarlo, a ponerle atención.

-A visitarme -luchaba por dominarse recordando lo que podría desencadenarse, pero esta vez tenía la varita apretada en el puño de la mano izquierda.

¿La usaría contra Malfoy de ser necesario? El mismo Draco sintió que las cosas no iban por buen camino y la soltó de inmediato, trataba de recuperar su autodominio, por lo que no contestó.

-¿te importa eso? Blaise ha sido mi amigo desde siempre.

El rubio tampoco contestó a eso, intentaba dominarse y no cometer otra locura, apretaba la mandíbula y los puños, pero el enfado le impedía pensar fríamente.

-Te recuerdo que tienes ciertas obligaciones -habló con voz ronca y pausada después de un suspiro que indicaba que recuperaba su carácter, ella se burló.

-¿Obligaciones? , ¿Volverás a tomarme por la fuerza como el animal que demostraste ser? -lo provocaba sin saber por qué, sin saber hasta donde quería llegar y él se limitó a responderle con la mirada fija en ella

-Necesitamos un hijo Astoria, que no se te olvide.

-No lo he olvidado, mi padre está en la misma situación que el tuyo y contigo y tus padres recordándomelo a cada momento, es imposible olvidarme de eso.

-¿Cuándo lo tendremos entonces? El tiempo se acaba.

-No creo que sea el mejor momento éste…-los ánimos poco a poco se calmaban de un lado y de otro, el juramento inquebrantable y el heredero eran sin duda dos temas muy importantes entre ellos.

-Nunca será un buen momento para alguien como nosotros, solo tenemos que hacerlo, no pensarlo sino…hacerlo.

Después de decir esto, el rubio se marchaba del dormitorio, no había más que hablar y el silencio llegó para quedarse de nuevo

. Astoria permanecía pensativa, tarde o temprano debería embarazarse de Malfoy, ¿Pero y Granger?

-Un hijo mío…nuestro -su mente empezaba a moldear la idea, a darle cuerpo. Su mente era un verdadero caos.