El viaje de los Weasley no podía significar más tortura para Hermione. El fingido interés con que disfrazaba su ansiedad de regresar a los brazos de Draco, le costaba cada vez más. Ronald había decidido que recorrieran los museos y esos sitios que supuso le agradarían a su esposa; ella sabía que era un bonito detalle de su esposo y la culpabilidad la asaltaba, pero no podía estar exenta de cambios bruscos de humor. Unas veces era la esposa amorosa y complaciente y otras simplemente no soportaba la cercanía del pelirrojo.
- ¡…Y a mí me ha gustado! -concluía emocionado después de la visita a Louvre.
El muchacho guardó silencio observándola con la mirada perdida entre las obras de arte a las que obviamente no le ponía mucha atención. Hacía mucho tiempo que se conocían y para él estaba resultando muy complicado sobrellevar esa situación ¿Qué era lo que le preocupaba? ¿Sería de verdad el hecho de convertirse en padres? Sonrió antes de preguntarle.
-¿Realmente crees que será muy difícil? -ella no contestó. -¡Hermione Granger!
- -¡Ronald! -se escandalizó- ¡No tienes qué gritar para que yo te escuche!
- ¡Por Merlín! ¡Pero si llevo diez minutos intentando comunicarme contigo y no me contestas! .La castaña se turbó.
-¿De verdad?
-No Hermione, me gusta mentirte para ver que reacción tienes -la evidente molestia surcaba el rostro del pelirrojo.
-Lo siento Ron…-susurró acercándose a él para abrazarlo. No hubo más remedio que ceder y sonreírle, después de todo, la amaba demasiado como para permanecer enfadados
-Te decía que si crees que será tan difícil ser padres, creo que te estás sugestionando y…
La ojimiel encendió un cigarrillo mientras lo escuchaba hablar.
-¡Hermione! - le exigió el pelirrojo- ¡deja de fumar de inmediato! ¿No ves que no es bueno para el bebé?-
La gente a su alrededor volteó a mirarla, lo cual incomodó a la chica, quien le indicó con un ademán que guardara silencio. Lo tomó del brazo e intentaron apartarse de las personas curiosas.
-¡No exageres, Ronald!, aun no estoy embarazada…
-Pero pronto lo estarás y hasta yo se que eso que haces no es bueno para…
-¡Ya lo se! -apagó el cigarrillo con fastidio- ¿tenemos que estar discutiendo a cada rato?
-¿Pero que estás diciendo? Creo que ya he sido muy paciente, Hermione, necesito saber qué es lo que está sucediendo contigo, con nosotros.
-¿Por qué te empeñas en que algo pasa? -suavizó el tono de voz y fingió tranquilidad que estaba muy lejos de sentir- Ron, es que son demasiados cambios y debes comprender que estoy nerviosa con todo eso.
Caminaban hacia su alojamiento mientras intentaban resolver el inconveniente. Entraron a la sencilla habitación decorada con motivos florales. Nada suntuoso, pero todo pulcramente acomodado para el agrado visual de los visitantes del pequeño hostal. Los Weasley jamás habían necesitado de los lujos para sentirse bien.
-Mira Hermione -continuó- lo que yo digo es que debes tomarte las cosas con calma, estaremos juntos toda la vida, sabremos criar una bonita familia. Recuerda que en casa siempre fuimos felices a pesar que éramos numerosos y aunque no te niego que tuvimos algunas carencias, la pasamos muy bien.
-¿Pretendes que tengamos 7 hijos? -la pregunta lastimó mas de lo que hubiera querido quien la formulaba. El rostro de Weasley se tornaba colorado por la visible molestia ante semejante interrogante.
-Creo que voy entendiendo tu punto de vista -se sentía humillado por primera vez en la vida por su esposa.
-¡No, no, claro que no, Ron, no quise decir eso! -se apresuró la castaña a contestar, pero ya era demasiado tarde, la flecha había vertido su veneno invisible.
-Es por eso que no quieres tener un hijo conmigo, temes que no sea lo suficientemente solvente para salir adelante.
-No me malinterpretes Ronald Weasley -el tono era más serio- Es solo que no imaginarás que sean 7 ¿O si?
-El número es lo de menos, pensé que era nuestro amor lo que importaba.
-Y así es, cariño -volvió a acercarse con esa actitud que detestaba de ella misma cuando hacía las cosas por cargo de conciencia. No podía sentirse mas falsa.
-¿Ya no me amas? -La pregunta era como un bloque de acero golpeando su cabeza… ¿Lo amaba? ¿Qué era lo que la mantenía unida a ese hombre? Sí, lo amaba, pero…
-Ssshhh…no vuelvas a decir eso, por favor -lo besó más para callar su conciencia y su propia voz interna, que a él.
Hermione acariciaba los labios de su esposo con ternura, intentando consolarlo, resarcir el dolor que pudiera haber causado. Ronald respondía el gesto con amor, deseaba convencer a la castaña que no había nada de que preocuparse, que él estaría ahí para la familia que iban a empezar.
-Dime que no tendrás más miedo, que confías en mí -susurró en medio de besos, sus manos despeinaban la melena de rizos.
-Confío en ti, Ron -contestó con la voz quebrada.
Acercaba más el cuerpo de Weasley contra ella, como si quisiera aferrarse a él y olvidar a Draco, buscando perderse de nuevo en el frenesí de su marido.
-Te amo, Hermione -Las únicas dos palabras que no había escuchado del rubio, las estaba escuchando ahora de su esposo.
-¿Quieres hacerme el hombre más feliz del mundo y darme un hijo?
Las cosas no podían ser diferentes y había que asumirlas así. No podía mas con esa doble vida y al parecer con Malfoy no aspiraba a más.
-Sí -Eso fue todo lo que Ronald Weasley necesitó para empezar a desnudar el cuerpo de su esposa, a deslizar sus dedos sobre la piel blanca que quedaba al descubierto, poco a poco y sin prisa. Como si fuera un preciado tesoro de porcelana, subía y bajaba por las curvas de la mujer que tenía a su lado, intentando ser delicado. Hermione se entregaba a sabiendas que su corazón pertenecía a otro, pero tenía razones muy poderosas y definitivamente eso era lo correcto.
Ambos cuerpos se fundieron en uno, haciendo que ella diera un suspiro callado; lo miró a los ojos y estos se le nublaron. Ronald besó las lágrimas que nacían de los ojos castaños. Granger pensaba que era momento de dejar todo atrás y volver a enamorarse de su esposo. Con un movimiento rápido, se posicionó arriba de él; la sorpresa del pelirrojo fue agradable y acarició la espalda femenina al tiempo que sus labios se posaban en los pechos de la castaña. El ritmo empezaba a hacerse más rápido…las manos de él la conducían al compás que los hizo desfallecer. Un solo nombre se apoderó de su mente cuando sintió que el aire le faltaba: Draco Malfoy.
El rubio por su parte, ya tenía como costumbre cerrar de un portazo la biblioteca después de una discusión con Astoria. ¡Era tanta la frustración que sentía!
-¿Qué diablos tenía que hacer Zabini en mi casa? -se preguntó -No tiene nada que venir a hacer aquí y menos visitar a Astoria cuando está sola!
Iba de un lado a otro, no toleraba que no se tomara en serio su matrimonio. Ni siquiera podía decir que lo unía una estrecha amistad al moreno, eso lo irritaba más. No estaba dispuesto a permitir que las cosas tomaran otros rumbos; Draco no era tonto y el día de la boda observó fijamente a Zabini y lo que vio no fue precisamente de su agrado, esa mirada que le dirigía a Astoria no era de simple fraternidad…y eso lo iba a averiguar en ese mismo instante.
Tomo la red flu y en un santiamén estuvo en las afueras de la residencia Zabini. La casa erigida en muros blancos se levantaba suntuosa, pero no era nada que impresionara al heredero de los Malfoy. El elfo que lo recibió no tuvo que preguntar su nombre, sabía de sobra quién era. Le mostró silenciosamente una lujosa estancia para que esperara y al instante desapareció.
Blaise Zabini terminaba de preparar las maletas , pues salía constantemente de viaje y aunque ahora pareciera tenía más motivos para alejarse, el recuerdo de Astoria la última vez que la visitó, no lo dejaba estar tranquilo. Era plenamente consciente del por qué se había unido a Draco, pero no estaba contento con la idea de alejarse definitivamente…quizá pudiera haber alguna esperanza.
Fue avisado de la presencia de Malfoy y la verdad lo sorprendió la extraña visita, pero fuera lo que fuera, era mejor saberlo de una buena vez. Bajó las escaleras lo más tranquilamente que pudo y en el camino iba pensando que ese hombre que ahora estaba en su casa, era el esposo de la mujer de la que él estaba enamorado y realmente deseaba que pudiera merecerla.
El rubio tenía la vista fija en él mientras descendía, la mano en el bolsillo denotaba la tranquilidad que estaba tan lejos.
-Draco -saludó más por modales que por cordialidad, realmente le costaba mucho trabajo ser cortés con el hijo de Narcissa Malfoy. El aludido extendió la mano automáticamente.
-Creo que no necesitamos caretas, Zabini
-¿A qué te refieres, concretamente? -
-Vayamos al grano, que no tengo mucho tiempo qué perder contigo.
-Un momento, te recuerdo que esta es mi casa y…
-No visites más a mi mujer.
-Ah, ya veo de qué se trata.
-Más claro no puedo ser -categorizó el rubio arqueando la ceja en señal de suficiencia; justo daba la media vuelta para marcharse, satisfecho con su actuación de esposo ofendido en su derecho, cuando la voz del moreno lo detuvo.
-Tu no vas venir a decirme qué hacer, Malfoy -respondió Blaise
Y la respuesta exasperó a Draco y se volvió hacia el rostro de su rival, lo miró de arriba a abajo con esos ojos que buscaban humillar, tal como lo hacía años atrás en Hogwarts con los que no consideraba de su nivel.
-Vaya, vaya, Zabini, parece que hemos crecido y tomado valor con los años.
-Pues sería estúpido pensar que nos quedaríamos estancados en el colegio; creo que somos un par de adultos y como tales, podemos hablar de esto, si es que te interesa tanto.
-No vine aquí a hablar, sino a exigir ¿Si me entiendes, verdad? Lo repetiré porque parece que tienes un ligero problema con eso…NO VISITES A ASTORIA. Punto.
La situación se tensaba y el rubio dirigió a su compañero una de aquellas típicas miradas de hielo, territoriales. Blaise se obligó a si mismo a controlarse. Sentía una furia hacia aquel quien se atrevía a ordenarle que se alejara de la mujer que amaba, quien no había demostrado el más mínimo interés por ella. ¡Cuánto daría porque Astoria estuviese a su lado! y Draco simplemente la veía como un objeto más en su casa.
-Astoria Greengrass -enfatizaba el apellido- es mi amiga, te guste o no y si ella desea que deje de frecuentarla, no tiene más que decirlo, pero ELLA. No creo que haya enviado emisarios ¿O si?
- Te recuerdo que es Astoria Malfoy.
-¿Entonces esto es una escena de celos? -La voz del moreno lo interrumpió- ¡vamos Draco!, que no te queda el papel de esposo ofendido-.
-Te prohíbo que te metas en NUESTRA vida -arrastró las palabras siseando por lo bajo.-¡No soy ningún imbécil, Blaise! -Malfoy perdía la paciencia- Se que no es ningún interés fraternal el que tienes sobre ella y por si no te has dado cuenta, está casada CONMIGO.-
-¿Y si sí fuera qué? ¿Acaso te importa? Pues no tengo por qué negarlo: LA AMO y si no le he dicho lo que siento es por respeto a su compromiso contigo, no por ti. Para desgracia suya, así es. ¡Está casada contigo! -
Draco sintió enrojecer de coraje por tal atrevimiento y acortó la distancia entre ellos de dos zancadas, sacó la varita, apuntando directamente a su rival. El otro Slytherin sonrió al ver la reacción impulsiva del rubio.
-¿Quieres solucionar un asunto personal con un duelo de magia? No estamos en el colegio, Malfoy y podemos matarnos si quieres, pero eso no evitará que el juramento inquebrantable se cumpla-.
Las palabras dichas por el moreno, calaron hondo en la actitud y en la seguridad del de ojos grises y rugió enfurecido.
-¿Quién se atrevió a hablarte de eso? ¿Fue ella verdad? ¡Astoria! ¡Esa estúpida chiquilla que no sabe guardar silencio ante las cosas importantes!
-¡JAMAS VUELVAS A INSULTARLA EN MI PRESENCIA! -Esta vez era Blaise quien colocaba la varita en la yugular de Draco.
-¿Te crees su protector? ¡Pues grábate en la cabeza NO LO ERES! -Ambos estaban llegando al límite, se podía adivinar que de cualquiera de las dos varitas podía surgir un hechizo de un momento a otro.
La puerta de la casa se abría en ese momento y entraba por ella Theodore Nott, quien se iba a reunir con Blaise para charlar unos momentos antes que partiera. Cuando se percató de lo que sucedía entre los contrincantes, se apresuró a intervenir, intentando separar a ambos rivales.
-¿Qué está pasando aquí? ¡Bajen las varitas! -exclamó preocupado del descontrol. Ninguno de los implicados hizo caso de la advertencia. Nott apeló a la prudencia del muchacho de color.
-¡Esto es absurdo! ¡no pueden estar peleando como un par de niños, Blaise!-
El moreno bajó la varita y se alejó visiblemente enfadado. El rubio, por su parte, no perdió oportunidad de seguir atacando.
-¡Y te lo advierto, Zabini! ¡No te quiero cerca de Astoria!
-¡Tendrás que usar más que una amenaza para que yo te haga caso, Malfoy!
Nuevamente intervenía Theodore.
-¡Draco, es mejor que te marches a tu casa! Cuando estén mas tranquilos, solucionen todo, este no es buen momento-.
El rubio les lanzó una mirada que congelaría a cualquiera y agregó con desprecio en cada palabra.
-No sabes de lo que puedo llegar a ser capaz por guardar el honor de mi familia -y desapareció . Los que se quedaron en la estancia, se miraron en silencio un instante, pero de inmediato, el castaño reaccionó recriminando la conducta del de ojos negros.
-¡Y tú, Blaise ¿Qué demonios estás diciendo? ¿Sigues empeñado con Astoria Greengrass? ¿Estás demente?-
El aludido levantó la mano derecha intentando callar los cuestionamientos de su amigo, odiaba reconocer que en efecto, Theodore Nott tenía toda la razón.
La discusión siguió tras marcharse Draco en la casa de Blaise Zabini. Theodore Nott encendía pacientemente un cigarrillo mientras su mirada se centraba inquisitiva en su acompañante; pues al parecer, después de tanto tiempo, desconocía a su amigo. Esas acciones definitivamente no eran comunes en Blaise y había que dejar muy claras las cosas si es que no se quería lamentar nuevos enfrentamientos con Malfoy.
-Dime que es mentira lo que está pasando y que no estás cortejando a Astoria Malfoy-.
-¡GREENGRASS! -Rugió visiblemente enfadado el moreno.
-Ya comprendo, entonces es cierto todo lo que Draco acaba de decir, Blaise y te recuerdo que debes respetarla como su esposa-.
Zabini no contestó, pero caminaba alrededor de la estancia, con las manos dentro del bolsillo y el semblante desencajado por la molestia. Nott se limitaba a observarlo, pues realmente se veía afectado por los hechos recién acontecidos.
-Siempre la he amado -respondió secamente, tomando asiento en uno de los suntuosos divanes de la estancia.
-Si, quizá eso sea cierto, como lo es el hecho que también has callado, así que si me preguntas, creo que es demasiado tarde para intentar algo cuando fuiste tu mismo quien se desterró de su vida-.
-¡Se que cometí mil errores y no hablé con ella, con sus padres! Pero no puedes pedirle a mi maldita cabeza que deje de pensarla y sentirla ¡No puedo obligarme a renunciar a ella!-
-Te repito que está casada- le dijo nott.
-Y ella no merece ser infeliz al lado de un tipo como Malfoy.
-¿Qué tiene Draco de diferente a nosotros? Que yo recuerde, también tenemos la marca tenebrosa en el brazo y eso nos hace en cierta forma…humm… semejantes.
-¡No nos compares con un cobarde! -espetó ante la apreciación de su amigo.
-Me resulta muy interesante tu definición de cobarde, Blaise. Es sencillo señalarlo como el traidor, cuando todos nosotros traicionamos o huimos en su momento -acotó categórico y con un dejo de amargura en sus palabras.
-¡Sabes perfectamente que no me refiero a eso!-
-¡No!- levantó la voz en tono molesto- ¡claro que te refieres a Hogwarts!
-Hablemos claro, Theodore, pues ambos sabemos que Draco no ama a Astoria y...
-Y Astoria tampoco está enamorada de Draco, no la victimices, pues el saco de mártir también le queda muy grande a tu pequeña paloma -completó irónico el castaño.
-Ni quiero que llegue a estarlo -zanjó con una mueca de desprecio.
-Hay de por medio más que un sentimiento; mencionaste un juramento inquebrantable ¿No es así?-
El moreno asintió lentamente. La impotencia se apoderaba de él a cada instante, pues le exaltaba el hecho de reconocer que Nott, como la mayoría de las veces, tendría la razón.
-Entonces debes entender que hay vidas de por medio y que no puedes intervenir. Tu tiempo con Astoria caducó, Blaise. Así que debes olvidarte de ella y cuanto antes -sentenció y después de eso cambió de conversación para no volver a tocar el tema. Lejos estaba de persuadir a Zabini, quien no soltaría tan fácil su amor por la Greengrass.
Al mismo tiempo Draco aparecía en su mansión con el semblante aún irritado por los pormenores de la visita que recién había hecho. Con la varita abrió la puerta de su casa y entró en ella buscando con la mirada algo incierto, entonces la vio a ella.
Astoria descendía de forma pausada por la escalera, iba por la mitad cuando su marido se apersonaba en la mansión, intentó dar media vuelta y regresar lo avanzado, pero su orgullo personal resultaba más fuerte y decidió seguir su camino, anticipando que el talante del rubio no era lo mejor del día. Apretó su pequeña mano sobre el barandal de mármol, tomó aire y avanzó un escalón tras otro.
Malfoy estaba esperándola en la parte baja de la escalinata; sus ojos grises no se perdían detalle de los gestos femeninos, escudriñaba con adusto semblante cada mirada, cada respirar, contaba cada paso que ella daba hacia él y cuando terminó de descender, su voz resonó seca.
-No volverá a poner un pie en mi casa-.
-¿De qué estás hablando? -inquirió seria, sin llegar a entender por completo las palabras que su esposo daba por sentadas en la conversación.
-Blaise Zabini, tu… "amigo" -enmarcó la última palabra con comillas entre los dedos a manera de reclamo egoísta. Ella se encendió de ira por la categorización, cuando sabía perfectamente que era él quien poseía una relación fuera del matrimonio.
-Oh, creo que ya entiendo… lo que sucede es que tu crees que todos somos de tu condición. Pues lamento informarte que para mi desgracia, Blaise no es más que mi amigo-.
-Ten mucho cuidado con lo que dices, Astoria-
-¡Eres un verdadero cínico, Malfoy! ¡Eres tu quien arrastra y enloda mi nombre de cama en cama, revolcándote con...
No pudo terminar la frase, pues la ira se apoderaba de ella, como un clamor sordo que hervía en su mente, circulando furioso por su sangre, envenenándola. Sus ojos verdes luchaban por contener el llanto que ella pensaba traducir en cólera, en odio, en aquella herida abierta al estar consciente de la infidelidad de su esposo.
-Con una mujer de verdad, si a eso te refieres. Una que no está jugando a ser adulta y que sabe lo que quiere - Cada frase del rubio intentaba lastimarla, hacerle pagar la humillación de saberse rivalizado con Blaise Zabini, en su propia casa y en igualdad de condiciones. Razones de sobra había para querer lacerarla y descargar su impotencia sin culpa aparente.
Astoria sentía encenderse al descubrir la debilidad en el orgullo de su marido, pues era una puerta abierta hacia el ataque para ella; así que sin apartarle la vista, calculó cada una de sus palabras cuando respondió.
-Es fácil ser una "mujer de verdad" cuando no te toman por la fuerza-.
Los ojos grises de Draco reflejaron rabia por escucharla referirse así hacia Hermione y se acercó algunos pasos, pues no toleraba que alguien, ni siquiera Astoria se le refiriera de esa forma.
-A las cosas que nos son repulsivas hay que tomarlas así, por la fuerza -contestó mordaz y burlón.
Pudo ver como el semblante de su esposa se ensombrecía con tal respuesta. Se sintió ruin al darla, pero no se permitiría dar marcha atrás. En verdad Astoria no le daba asco en absoluto, pero se trataba de defender su postura y lo haría a costa de lo que fuera.
La muchacha se le fue encima, sus manos chocaban con el pecho de Draco, intentando infringirle dolor físico, hacerlo sufrir, pero cada que lo intentaba, era ella quien salía perdiendo.
-¡No sabes como te odio, Draco! -sollozaba mientras él detenía con rudeza sus muñecas, que perdían fuerza paulatinamente.
-Yo no soy Zabini y conmigo esos trucos dramáticos no funcionan. Ya te dije que ese imbécil no regresa a esta casa y se lo acabo de advertir. No tengo más que hablar contigo-.
La soltó bruscamente y se dio la vuelta para volver a salir por la puerta principal, cuando la voz de ella lo detuvo.
-¡Claro que no eres ni la décima parte de lo que es Blaise!-
Esas palabras provocaron que Draco se girara con el ademán endurecido, dar un par de zancadas llegar hasta ella de nuevo y sisear contrariado, colocando el dedo índice en los labios de su esposa.
-Jamás vuelvas a compararme con un estúpido de esa categoría -Astoria se separó del contacto que parecía quemarle.
-Claro, tienes razón. Es mi error compararte a ti que eres un despreciable asesino y cobarde, con una persona como él-.
Malfoy sintió hervir su sangre. Normalmente enfrentaba esas acusaciones con una mueca despectiva o con una burla hacia el comentario. En el peor de los casos, usaba la varita, pero esta vez sintió una punzada extraña al escuchar tales afirmaciones de los labios de Astoria.
-¿No dices nada? Obviamente querido, que la verdad resulta dolorosa -la ojiverde disfrutaba su revancha, era su momento y no iba a dejarlo ir.
El ojigris la miró por unos momentos que se hicieron más tensos entre ellos. La situación se tornaba cada vez más asfixiante y la presencia de la elfina anunciando la cena, cortó la insalvable discusión.
Draco le dirigió una mirada fulminante a la criatura, quien retrocedió al sentir que había hecho algo erróneo al intervenir. No emitió ningún sonido, más que el portazo de la casa anunciando su salida. Astoria respiró aliviada.
Una vez en el jardín. Draco intentaba recomponerse y explicarse por qué no había podido reaccionar como normalmente lo hacía ante la acusación de la hija de Marie Greengrass. Las ideas le daban vuelta, pues no podía soportar que alguien se fuera airoso después de haber atentado contra su integridad y su reputación.
