Hola a todos (L)
Tengo que darles las gracias por haber leído! *-* Me hizo muy feliz saber que habían personas que leyeron (L) y por supuesto, gracias ultra mega especiales para kmil-chan! que se tomó la molestia de dejarme su opinión -w- !
Antes de continuar quiero dejar en claro algo: tengo un serio problema con los colores x.x! de hecho, no estoy segura del color del cabello de Abe ni de Mihashi xD a veces veo a Abe de un color marrón oscuro...otras, lo veo negro...y nunca estuve muy segura de si Mihashi tenía el cabello castaño o rojizo xD Así que iré variando con todo eso (?) espero que no se confundan tanto como yo D:
oh, y también tengo probemas con los ojos de Abe xD a veces los veo oscuros...pero la mayoría del tiempo, los veo grises xD Lo siento :C
En fin
Este capítulo está narrado desde la perspectiva de Mihashi!
Muchas gracias por darle oportunidad!
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El día ya llegaba a su fin. El cielo se veía cobrizo, pronto comenzaría a anochecer. Había sido un día lleno de imprevistos para él, más de los que podría haber imaginado en un comienzo, cuando sólo quería echar un vistazo al campo de béisbol de su nueva escuela. Incluso, sentía que todo había ocurrido demasiado rápido: de un momento a otro se encontraba siendo el nuevo as del equipo….o algo así.
Había logrado ganar el desafío a tres outs contra Hanai…pero, no se sentía del todo como una victoria. A fin de cuentas, todo había sido gracias a Abe. ‹‹Después de todo, fue gracias a Abe-kun…habría sido inútil sin él.›› Pensaba con la vista fija en el cielo de su habitación.
Quién sabe cuánto llevaba en esa posición, intentando conciliar el sueño, sin éxito. Había sucedido mucho aquel día y aún no lograba asimilarlo.
"Si no eres capaz de superar tu inseguridad, ¡no te dejaré subir al montículo!" La voz de la entrenadora sonó fuerte y claro en su mente.
Aferró con fuerza las mantas y ocultó su rostro en ellas a la par que cerraba los ojos. Eso había sido bastante claro. ‹‹…tengo que cambiar…si quiero…seguir lanzando…›› intentaba convencerse. No tenía más opción.
...
−¡Si quieres ser el as, demuestra que tienes lo necesario! –gritó la pelicastaña, con voz potente.
‹‹¿Y-yo? ¿El as? …I-imposible…no puedo hacerlo.›› pensó con lágrimas en los ojos. Antes de seguir con sus cavilaciones, dio un vistazo a todos sus compañeros, sintiendo temor. Se topó con la mirada de Abe, que le transmitía gran esperanza y confianza. Sin saber por qué, se puso firme y asintió decidido, aunque sin dejar de transmitir cierta inseguridad.
−¡Bien! –habló sin estar del todo satisfecha con el castaño. –Nos reuniremos mañana, en este lugar. ¡Descansen mucho! –dijo, dando por finalizada la sesión del día. Todos se dispersaron, hablando animadamente, sin embargo, él no abandonó el campo, y se dedicó a contemplarlo con especial atención, concentrándose en el montículo.
Sus pupilas se dilataron, y nuevamente sintió que las lágrimas se agolpaban en sus ojos. ‹‹Acaso…¿seré capaz de ser el as? Nadie más puede hacerlo ahora…pero, ¡eso no significa que no sea real! Ya no estoy en Mihoshi.›› pensaba, mientras el campo y sus recuerdos de las tantas derrotas se acoplaban en su mente ‹‹…además…con este equipo…t-tal vez…››
−Mihashi. –oyó de pronto. Se sobresaltó estrepitosamente mientras se volteaba nervioso. −¿Por qué sigues aquí? –preguntó neutral.
‹‹A-abe-kun…›› pensó mientras balbuceaba.
−¿Estás bien? – preguntó, a lo que él asintió con más ímpetu del necesario. Transcurrieron un par de minutos en los que sólo mantuvieron la mirada en el otro: una firme, otra, tímida.
‹‹Tal vez…aquí sí pueda convertirme en un verdadero as, tal como dijo Abe-kun esta tarde…›› continuó en su mente, hilando el diálogo que, habitualmente, formaba consigo mismo. ‹‹Nunca…nadie me había dicho algo como eso. Ni me había hecho sentir así.›› Su pulso se aceleró levemente; suspiró de forma imperceptible, por inercia.
−Entonces, nos vemos mañana. –dijo despidiéndose, aún con semblante neutral. Eso se había sentido algo tenso, cosa que no pasó desapercibida para ninguno.
Se quedó inmóvil viendo cómo el cátcher se alejaba del campo. −¡Abe-kun! –gritó en un impulso, reaccionando tardíamente. El aludido volteó y detuvo su andar. Con pasos torpes avanzó hasta quedar frente a él, con la mirada perdida en el suelo. –¿Crees…−comenzó luego de varios segundos−…de verdad crees…q-que yo p-puedo convertirme …en el as de este equipo? –cuestionó con la mirada gacha. ‹‹No quiero que vuelva a ser como antes…›› pensó para sí. ‹‹No quiero que los demás pierdan por mi culpa…no quiero que los bateadores le den a mis tiros…›› Nuevamente las lágrimas escurrían por sus mejillas. Sin quererlo, dejó salir un par de sollozos mientras seguía auto atormentándose. ‹‹…No quiero…que este equipo también me odie…›› pasó su antebrazo por sus ojos de forma brusca, sin poder evitar recordar a sus antiguos compañeros, en especial, a su antiguo cátcher.
−Por supuesto que sí. –escuchó. Su voz, firme y clara, fue capaz de deshacer todos esos pensamientos turbios que le invadían. –De hecho−agregó, acercándose más a él. – estoy seguro. –dijo, al tiempo que dejaba ambas manos sobre sus hombros, lo que provocó que un fiero escalofrío recorriese de pies a cabeza el cuerpo del ojimiel. Levantó la vista, y se percató de lo cerca que se encontraban uno del otro, mas sólo pudo quedar prendido de los ojos del más alto. Lo había conocido hace sólo unas horas, pero él podría transmitirle un sinnúmero de emociones y sentimientos, a diferencia de cualquier persona que hubiese conocido alguna vez (o que llegara a conocer).
Contuvo el aliento entreabriendo sus labios, sin hacer ningún tipo de movimiento. –...Abe-kun−musitó. ‹‹Si eso es verdad, ¡prometo darte lo mejor de mí!›› le dijo en sus pensamientos, como si el aludido pudiera oírle.
De súbito, el pelinegro se separó de él, marcando considerable distancia y evitando verle directamente. Otra vez parecía estar tenso, o incómodo… Mihashi no estaba seguro de cómo interpretar aquello, pero no le agradaba. ¿Había hecho algo mal? Quizá Abe estaba molesto con él…
−A partir de mañana trabajaremos juntos− afirmó, aunque se sintió más como una advertencia. Volteó y emprendió la marcha nuevamente. –Mientras yo esté a tu lado no tienes por qué dudar ¿entendido? –dijo alzando la voz, pero sin detenerse ni esperar respuesta. En breve, volvió a estar solo en el campo.
‹‹¿Qué fue…eso?›› se preguntó observando la dirección que su compañero había tomado. Su respiración se hizo más profunda en lo que sentía temor, confusión, y algo de felicidad.
...
Dejó ver sus ojos de entre las mantas, para volver a contemplar el techo. Muchísimos pensamientos abordaban su mente.
‹‹No debo dudar. No si Abe-kun está conmigo.›› Eso tenía mucha lógica, pero no lograba convencerse del todo. Debía hacerlo si quería seguir lanzando, después de todo…su personalidad seguía fallando en varios aspectos…y no quería ser un estorbo para su equipo. ‹‹No otra vez…›› pensó recordando sus años en secundaria.
Pasó toda la noche en vela. Intentaba dormir, pero en seguida, un torbellino de ideas y pensamientos desagradables llegaban hasta su mente.
Los días siguientes no fueron distintos. A pesar de que se veía en el deber de interactuar con sus compañeros (de salón y de equipo) su timidez no daba señal alguna de esfumarse, ni mucho menos. Y no es que fuese así a propósito…pero, ante sí mismo, dejaba bastante qué desear ¿por qué tendría que ser distinto para los demás?
Noche tras noche en vela. Con un poco de suerte podía dormir un par de horas; las clases y los recesos le daban el tiempo suficiente para recuperar algo del sueño perdido, pero conforme avanzaban los días, su semblante empeoraba. Y la relación con sus pares no mejoraba mucho. A penas y sentía que podía compartir un poco más con Tajima…pero tampoco podría llamarlo "compartir" (al menos, no aún).
Cada vez quedaba menos para el partido contra Mihoshi. Se habían reunido temprano en el campo, todos hablaban alegremente mientras esperaban a …¿qué estaban esperando? Vio a su alrededor algo aturdido, entrecerrando los ojos. Sus párpados se sentían muy pesados y hasta sentía náuseas.
No supo exactamente cuándo pasó, pero de un momento a otro se hallaba en camino al campamento junto con todos sus compañeros. Estaba aislado, en los últimos lugares, gimoteando levemente. ‹‹Pronto jugaremos contra Mihoshi…y aún no puedo ser como todos lo esperan…›› pensó deprimido ‹‹Además…no me siento capaz de volver a ver a Hatake-kun y Kanou-kun.›› cerró sus ojos y suspiró con resignación. ‹‹No…ellos deberían estar en primer año….al igual que yo…aunque sigan jugando…puede que aún no estén en el equipo titular…¿verdad?››
−Mihashi. –levantó la sus ojos, Abe había llegado junto a él. –Si te mareas en los viajes, deberías tomar una medicina antes. –dijo tendiéndole una píldora.
−G-gracias…−respondió recibiéndola. –No me pasa siempre….−agregó.
−¿Qué? ¿Estás enfermo? –cuestionó sentándose a su lado.
−Llevo unos cuantos días sin dormir…− explicó antes de tomar la medicina.
−¿Por qué?
−Porque…−respondió, aunque dudó un segundo antes de continuar−…la entrenadora dijo que…si mi personalidad no cambiaba, no podría ser pitcher.− Volvió a sollozar, sin poder detenerse. –Cada vez que lo pienso…me pongo muy nervioso…y-y…es por eso q-que yo…tengo que hacer algo…−confesó entre lloriqueos. Llevó su diestra hasta sus ojos, restregándolos con frenesí a vista y paciencia del cátcher. Intentó tranquilizarse y volteó a verlo: sus ojos, profundos y penetrantes, yacían estampados sobre él con una mirada severa. Llevó una mano hasta su boca, intentando acallar de lleno sus sollozos, sin lograrlo, y se volteó, rehuyéndole. ‹‹¡Lo sabía! A Abe-kun tampoco le gusta mi forma de ser….T-tengo…¡tengo que hacer algo!›› se dijo a sí mismo, con un leve temblor ‹‹Abe-kun podría llegar a odiarme, como Hatake-kun…y además, no podré ser ptcher.››
−Deja de llorar.− le habló con tono resignado, mientras posaba una mano sobre uno de sus hombros, lo que provocó un sobresalto en el ojimiel, que volteó a verlo.
−Lo-lo siento. – respondió y contuvo su respiración para evitar seguir con el llanto. El pelinegro se puso de pie y llegó hasta los primeros asientos. Una vez ahí volvió a mirarle.
−…¿No vienes? –preguntó incómodo. Entonces Mihashi se percató de que el autobús ya se había detenido, y no había nadie más que ellos dos a bordo.
−¡S-si! –respondió. Se puso de pie atolondradamente y llegó junto al cátcher, quien se tomó unos cuantos minutos para contemplarle, con una mirada que el castaño calificaba como 'desaprobadora'. Se entristeció, evitó el llanto, y le siguió (con pasos temblorosos) una vez que continuó avanzando.
−¡Muy bien! Vayan a cambiarse y luego a limpiar.– dijo la entrenadora una vez que todos estuvieron reunidos. − Y cuando acaben, deben recolectar algunas frutas y especias ¡Se prepararán su propia cena!
Entre exclamaciones de sorpresa y molestia todos se fueron dispersando y decidiendo qué tareas realizarían. Casi todos.
Una vez que entró a aquella cabaña vio que sus compañeros se dirigían en distintas direcciones. Dio un par de pasos sin estar seguro a donde ir. Volteó en varias direcciones buscando algo en lo que pudiese ayudar, pero no lo halló. Fue de un lado a otro, pero todos parecían estar muy ocupados como para prestarle atención.
En breve, el lugar resplandeció por completo, por lo que sintió algo de frustración y tristeza. ‹‹No pude ayudar en nada…›› pensó triste.
.
El cielo yacía con tonos cobrizos. Cada vez se hacían más oscuros, dando paso a un azul marino que, poco a poco, iba siendo poblado por brillantes estrellas.
Había sido un día de arduo trabajo. Comprendió muchas cosas y veía las muchas debilidades que debía superar. Tenía mucho trabajo por delante.
La entrenadora le había demostrado que aún tenía mucho por mejorar, y él estaba dispuesto a ello, aunque eso implicara la dura mirada que recibía en estos momentos.
Abe estaba sentado en las afueras del campo, con una rodilla alzada y su antebrazo sobre ésta. Veía a Mihashi fijamente, casi sin parpadear. El ojimiel era totalmente consciente de ello. Sin embargo, el anhelo de ser más fuerte y hábil era más poderoso. ‹‹Y si soy más fuerte, ser mucho más útil para todos…incluso, para ti, Abe-kun.›› pensó devolviéndole la mirada (a pesar de lo mucho que ésta le intimidaba) e intentando mantener el equilibrio en su pierna derecha el máximo de tiempo posible.
Habían pasado algunas horas y había caído varias veces, pero poco a poco iba tomando forma. Cada vez podía mantener el equilibrio sobre el pequeño bloque por más segundos. Era más difícil de lo que había esperado en un principio. ‹‹Tengo que hacerlo. Tengo que hacerlo.›› se repetía mentalmente. ‹‹Tengo que ser mejor...para cuando me enfrente a Kanou-kun.››
Pronto estuvo más oscuro.
El cátcher se puso de pie, fue por sus cosas en silencio y llegó frente a él, que aún seguía en el montículo, temblando sobre el pequeño bloque de madera.
−Ya es hora de volver. –soltó tajante y frío. Su severa mirada no desaparecía ni por un instante.
Asintió en silencio, cabizbajo. Tomó el bloque entre sus manos y fue hasta las bancas, donde lo guardó en su bolso para volver, temeroso, frente al ojigris. Aún cabizbajo, dudó antes de levantar (lentamente) la mirada para encontrarse con la del pelinegro: firme y molesta, y además, sumamente intensa y penetrante. Sin quererlo, comenzó a dar débiles balbuceos.
−Qué esperas lograr con esto− "preguntó", haciendo que Mihashi detuviese, momentáneamente, sus balbuceos inconsistentes mientras se concentraba en sus pies. −¡De verdad pretendes convertirte en el as del equipo así! –espetó alzando la voz.
Cerró los ojos con fuerza al escucharlo tan molesto. Los abrió paulatinamente, sintiéndolos vidriosos. Mantenía la mirada en el suelo, por lo que notó el momento en que su compañero dio un paso hacia él, cerrando distancia.
−¡Si llegas a perder tu control…!
−¡N-no lo haré! –interrumpió dejando caer su bolso y llevando ambos puños cerrados a la altura de su pecho. –Y-yo…prometo que…q-que trabajaré muy duro…−para entonces, sus lágrimas volvían a surcar su rostro. Tenía los ojos cerrados y seguía sin enfrentarlo directamente. –Al menos... déjame intentarlo…−levantó la vista con ojos tristes, melancólicos y suplicantes antes de sollozar levemente –Abe-kun….y-yo…quiero serte útil. –confesó, sin ser consciente de la sinceridad que emanaba.
El silencio reinó entre ambos una vez más, sólo era interrumpido por los débiles sollozos del castaño y el silbido ocasional del viento. El cielo nocturno ya había hecho acto de presencia, por lo que cada vez se hacía más oscuro, dándole énfasis al brillo de las estrellas.
Abe le veía con una mirada que no supo descifrar, pero indudablemente, se había suavizado.
−Por favor…− susurró una vez más, armándose de valor para mantener la mirada e inspeccionar cada posible reacción del más alto.
−¿Por qué insistes tanto? –dijo serio, dando un paso más. Como si pudiese lograr comprenderlo un poco mejor al estar menos alejado. –Estás bien así como te encuentras ahora.
−¡Yo…quiero …ser más fuerte! –respondió con emoción implícita en su voz. Aún mantenía sus puños contra su pecho.
Una pausa silenciosa y esporádica. Abe cerró los ojos y suspiró lánguidamente. Se inclinó y recogió el bolso del ojimiel.
−Supongo que puedes intentarlo. –dijo de mala gana, más calmado. O eso parecía. Le entregó sus cosas y se dispuso a volver con los demás.
−¡Sí! –respondió, extrañamente, enérgico y le siguió. ‹‹Prometo que te demostraré que puedo hacerlo.›› pensó caminando junto a él, de vuelta a la cabaña. ‹‹Me esforzaré muchísimo, ¡por ambos!››
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Gracias por haber llegado hasta acá!
De verdad, muchas gracias!
Cualquier crítica, opinión, sugerencia...háganmelo saber, por favor (:
Perdón si hubo algún error y/o si es muy latoso xd
La idea de esto es [creo] ir narrando cómo es la relación entre Abe y Mihashi [que a mí me encanta (L)], por supuesto desde una perspectiva más 'romántica' y todo eso. De a poquito me voy a ir explayando con el shonen ai [no podría evitarlo aunque quisiera (?)]
Muchas gracias, de verdad ^^
