CAPITULO 5: Fuera de dudas.

Logan no se negó a vigilar la puerta cuando Kendall se lo pidió. Pasaban las 9:00 de la noche y por lo tanto la recepción estaba cerrada, Bitters era lo suficientemente precavido como para entrar y salir de su almacén sin tomar en cuenta que el hombre rollizo tenía sus maneras de darse cuenta de todo.

Desde un principio Logan sabía que la bodega, el almacén y la caja fuerte tenían alarma, pues por culpa de Carlos, Katie y "Milla Stark" el gerente del hotel no había tenido más remedio que poner seguridad para salvar las provisiones de Palm Woods. Pero Kendall también era un chico listo, tal vez no tan inteligente como Logan, pero sabía pensar, y desde hace unos días se había dado cuenta de que la pequeña lucecita que informaba que la alarma estaba encendida, estaba ausente. Lo que claramente le dijo que no había alarma.

Fue de esa manera que lograron colarse en el almacén para abastecerse de lo que tanto deseaban esa noche; algo de alcohol. Y por supuesto que Logan estaba impaciente, pues mientras esperaba por la parte de afuera del pequeño cuarto, podía escucharse claramente que el rubio abría infinidad de botellas, incluyendo refrescos.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó el pálido.

—Entenderás cuando salga de aquí con las provisiones —respondió en voz muy baja el líder de BTR.

—¡Rápido! ¡Rápido!

Intentó apurarlo, pues podía escuchar a lo lejos unas pisadas bajando las escaleras hasta llegar al Lobby. Kendall salió del almacén con dos bolsas de papel completamente llenas. Intentaron tranquilizarse y disimular, hasta que vieron a las personas que se acercaban a toda prisa hacia ellos.

—¿Qué hacen en Palm Woods? Los esperábamos más tarde —Jennifer Knight observó con sorpresa a sus chicos, al igual que Katie.

—¡Mamá! —se sorprendió Kendall al ver a su familia vestida con pijamas y con maletas en mano—. ¿A dónde van a estas horas? ¡Y vestidas así!

—¡Iremos a acampar fuera de la tienda de electrónicos! —expresó una emocionada Katie.

—¿Otra actualización de Islab? —preguntó el rubio con desanimo.

La jovencita sonrió y jaló a su madre de una mano para salir lo más pronto posible; había mucha determinación en su rostro, por lo que no podía dejar de pedir por aquellas pobres personas que acamparían frente a ella.

—¡Asegúrense de que James y Carlos no lleguen tarde.

Fue lo último que escucharon decir a mamá Knight antes de desaparecer por las puertas cristalinas de Palm Woods.

—Esto salió mejor de lo que esperaba —le sonrió Kendall a su amigo.

—¿De qué hablas?

—Digo que, si mi madre hubiera estado en casa, habríamos tenido que buscar otro lugar donde poder beber nuestros "refresco" en paz.

Observó a Logan hacer una gran O en señal de que apenas se estaba dando cuenta de ese pequeño detalle. Pero no podía culparlo, pues tenía la mente ocupada por aquella escena tan devastadora que presenció al salir del cine.

Y era por eso mismo que la solución estaba en un entretenido torneo de videojuegos, frituras, golosinas y algo de la bebida que según su conocimiento, las personas utilizaban para olvidar.

Y vaya que necesitaba hacer que su amigo olvidara.

No sabía cuánto tiempo llevaba caminando tras él, pero de lo que si estaba al tanto era que cada vez aceleraba más el paso. James no había tardado ni un minuto en encontrar a su amigo después de que saliera del cine con el corazón destrozado; la dificultad estaba en que todo este tiempo no ha podido acercársele ni a tres metros, porque apenas lo hacía, el chico bajito y de tez morena salía corriendo, evitando de esa manera hablar con él y provocando una persecución.

La buena noticia era que Carlitos se dirigía directamente al 2J, pues ya se había cansado de que lo estuvieran persiguiendo en los parques y tiendas a las que entraba para poder evadirlo; de aquella forma podría acorralarlo y de una vez por todas hablar de frente con su querido amigo.

—Carlos. Por favor contéstame, necesitamos hablar —pero el joven que caminaba frente a él seguía ignorándolo—. Carlitos —nada—. ¡Litos!

—¡No me llames así! —volteó fugazmente para exigirle.

—¡Yo siempre te llamo así!

Era como si quisieran comenzar una discusión, pero James sabía que no estaba bien. Necesitaba hacerle saber a su amigo que no era su deseo hacerlo sentir abandonado; aunque bien que necesitaba la lección para poder darse cuenta de lo que estaba a punto de perder.

Al subir el último escalón para llegar al segundo piso, James se tropezó y Carlos aprovechó para correr al 2J, asustando a sus otros dos amigos cuando entró a toda prisa.

—¡Carlitos! —expresó Logan con evidente alivio, pues su amigo había regresado a salvo.

—¿Dónde está James? —preguntó el rubio tratando de ocultar las cosas con las se estaban divirtiendo.

El joven moreno los observó detalladamente con algo de molestia gracias a la pregunta de Kendall; ambos estaban frente a la gran pantalla, cada quien con un mando de video juego. En la mesa de cristal tenían un montón de bolsas de frituras y varios refrescos abiertos. Era por eso que Carlitos no sabía la razón por la cual el rubio escondía a toda prisa las bebidas.

Soltó un gran suspiro, los observó unos momentos más y se fue con una mirada triste a la habitación que compartía con Logan. Los chicos lo siguieron hasta verlo desaparecer tras la puerta.

—Creo que nuestros amigos no solucionaron las cosas —dijo Kendall con un deje de tristeza.

—¡CARLITOS! —entró James sorprendiendo nuevamente a los que intentaban jugar videojuegos.

El chico parecía estresado, pues además de respirar violentamente, su apariencia no era la que uno imaginaría de James Diamond; despeinado y con la ropa hecha un desastre, además de que llevaba los zapatos en la mano, los cuales arrojó a un rincón cuando vio que sólo estaban Logan y Kendall.

—¿Dónde está? —preguntó lastimero.

Los chicos apuntaron hacia la habitación que compartían los dos más bajitos de la banda y James no dudó en correr hacia ella. Por fin lo tenía acorralado.

—De verdad espero que logren arreglar sus diferencias —dijo Kendall tomando asiento e invitando a Logan a hacer lo mismo—. Ellos se quieren mucho, sería una verdadera lástima que perdieran tantos años de hermandad.

Logan escuchó atentamente a su amigo, pero inmediatamente se perdió en otros pensamientos que llegaron a su mente.

—Amigo… ¿Tú sabías lo que James piensa de mí?

—¿Lo que siente por ti? —corrigió—. Sí. Él me lo dijo hace unos meses, y desde entonces ha buscado la oportunidad de tener algo contigo —dijo no muy convencido de que fuera la palabra correcta—, pero la verdad, aunque él me asegura que es algo serio, creo que es pasajero.

—¿Por qué estás tan seguro? —preguntó el pálido.

—Más bien eso es lo que quiero creer.

Kendall se sintió como tonto después de sonreír y ver la cara de confusión en el rostro de su amigo.

—Vete de aquí James —ordenó el más bajito cuando su amigo cerró la puerta al entrar.

El chico alto no pudo evitar que un sentimiento de ternura lo invadiera cuando vio a Carlitos sobre su cama, abrazando una almohada y con un gran puchero en su rostro. Este vio la sonrisa de James y rápidamente se recostó sobre su costado para evadirlo.

—Tenemos que hablar —dijo.

Todo quedó en silencio; al parecer el latino seguía renuente en arreglar las cosas entre ambos. James tomó asiento en la cama de Logan y observo con paciencia la apacible respiración de Carlos que provocaba que su hombro expuesto subiera y bajara lentamente.

—¿Qué es lo que quieres que haga para que me perdones? Además, deberías estar feliz; Logan me rechazó sin siquiera pensarlo.

Todo quedó en silencio de nuevo, hasta que después de un gran suspiro, Carlos decidió hablar, aunque en un tono tan bajo que James pudo notar que tenía la almohada en la cara.

—Es lo menos que te mereces por confundir las cosas —el joven por fin se levantó y se sentó en la cama, observando a James cara a cara—. Eso no es verdad —dijo lamentándose—, no debería alegrarme porque la persona que amas te rechazó. Pero si que obtuvieras tu merecido por arruinar lo que Logan y yo teníamos.

—¡Por favor compréndeme! ¡Cuando los vi juntos yo…! ¡No sé lo que ocurrió! Es como si el James de siempre se arrojara por la venta cuando te vi tomado de la mano de Logan; y entonces, un James egoísta y posesivo entró por la puerta para ocupar el lugar del verdadero.

—¿Y porque no se lo dijiste a Logan desde un principio? —preguntó un confundido Carlos—. ¿Te das cuenta de que si él lo hubiera sabido antes… Tal vez habría corrido a tus brazos al momento en que terminó con Camille?

—No, jamás lo haría —dijo James cabizbajo—. Me refiero a que, Logan sigue tan enamorado de Camille que en ningún momento le habría pasado por la cabeza darme una oportunidad. Él… Nunca se fijaría en mí.

Carlos parecía ser comprensivo con su amigo; más de lo que él imaginaba.

—No tienes idea de lo que tus palabras significan para mí.

James tragó saliva cuando supo a lo que su amigo se refería; se sentía tan culpable por no haberse dado cuenta antes.

—Carlitos, sé lo que sientes por mí y quiero responsabilizarme por eso.

El joven abrió los ojos lo más que pudo cuando James tomó su mano; parecía bastante serio con lo que estaba diciendo.

—¿De qué estás hablando? ¿Crees que puedes venir aquí y decirme que estarás conmigo por lastima? ¡Soy más listo que eso! ¿Sabes?

—¡No! ¡No Carlitos! Yo no quise decir eso! —el joven alto se levantó cuando su amigo también lo hizo.

—¿Responsabilizarte? ¡¿Responsabilizarte?! Suenas como el novio de una niña embarazada. ¡Yo no soy una niña embarazada!

Hecho una furia, Carlos salió de la habitación e irremediablemente James tras él. Logan y Kendall parecían bastante emocionados con sus bebidas hasta que vieron a los chicos salir del cuarto que el pálido compartía con el latino.

—¡Carlitos! ¡No quise decir eso! ¡Te estás confundiendo!

—¡Ya no quiero hablar de eso! Ahora tenemos compañía.

James mostró molestia; el moreno había ido directamente hasta donde estaban sus dos amigos y tomó asiento en medio de ellos. Era evidente que había hecho eso para para evitar hablar del tema. Kendall y Logan quedaron mudos ante la escena.

Decidido por no dejar las cosas así, el más alto se posicionó frente a los tres y cruzó los brazos, mostrando su descontento con la situación.

—Largo —ordenó James mirando fijamente a Kendall.

—No nos vamos a ir —respondió el rubio—. Llegamos primero y estamos jugando.

—¡LARGO!

Logan, quien en estos momentos parecía un tanto mareado, saltó de su asiento y jaló a Kendall antes de que el niño bonito hiciera las cosas más grandes. No sabía de qué lado estar, pues Kendall tenía razón; ellos habían llegado primero y esa era una regla que tenían establecida casi desde que se conocieron. Pero James necesitaba hablar con Carlos aún y cuando el latino se negaba por todos los medios a dirigirle la palabra.

—Menos mal que está enamorado de mí —dijo Logan a Kendall casi en su susurro al momento en que tomaban la comida y los refrescos.

Logan caminó tambaleante a su habitación pero Kendall lo siguió y lo condujo en otra dirección. Ambos abrazaron con fuerza las bolsas de papel repletas de chucherías y voltearon varias veces a verlos antes de desaparecer tras la puerta de la habitación de Kendall y James.

—Con que te gusta jugar sucio, ¿eh? —preguntó James a su amigo.

Carlos simplemente tomó el mando del videojuego para tratar de ignorar a James. El lindo de BTR solo atinó a bloquear la vista del latino para que no pudiera jugar, atravesándose cada vez que el más bajito se movía.

—Quítate James.

—No hasta que hablemos. Y esta vez bien, si malos entendidos.

—Pero yo no quiero hablar —dijo Carlos arrojando el mando a un lado—. Me quedó muy claro James. No quiero que sientas lastima por mí. Estoy enamorado, pero no soy un idiota, sabré lidiar con esto.

Aquellas palabras sonaban extrañas para James; era cierto que su amigo no era un tonto, aunque la mayoría de las veces disimulara serlo. Esto lo hacía ver más maduro de lo que llegó a considerarlo. Él era fuerte, y claro que resistiría un rechazo, pero…

—Pero yo no quiero que esto termine sin que antes comience —dijo el joven alto tomando asiento en la mesa para quedar de frente a su amigo—. Me siento responsable de lo que sientes por mí debido a que dejé que ese sentimiento que tienes dentro creciera y no hice nada para evitarlo. Además, estoy harto de las chicas lindas que sólo me persiguen por pertenecer a un grupo famoso.

—¿Qué quieres decir con eso? —dijo Carlos tomando una actitud defensiva, pues creyó que volverían a lo mismo.

—Que quiero intentarlo contigo —respondió.

La cara de Carlitos se convirtió en un poema que podía ser leído libremente. Su rostro había tomado una tonalidad que James jamás pensó poder ver en una persona; estaba tan rojo como un tomate. El joven abrió y cerró la boca varias veces; no sabía que decir.

—¿Qué? —Soltó sin remedio—. ¿Enloqueciste James?

—¡NO! ¡Y no es para que te ofendas! Lo que digo es verdad. Quiero pedirte que salgas conmigo; no quiero que seamos una pareja… Aún.

—¿Aún?

Ambos enrojecieron.

—S-sabes a lo que me refiero, ¿no?

Sin dejar el nerviosismo, James tomó asiento junto a él y lo tomó de la mano. Se observaron cerca de un minuto sin cortar el contacto visual.

El mayor iba a hablar, pero un extraño ruido proveniente de la habitación que ocupaban Kendall y Logan los interrumpió. Era como si varias cosas hubieran caído con descuido.

¡Logan! ¡Por favor cálmate!

Escucharon gritar al rubio con terror.

¡Deja eso!

De los gritos siguieron las risas y susurros, por lo que decidieron dejar de prestar atención a sus amigos.

—¿Cuál es tu respuesta? —preguntó el niño bonito.

—Te pondré a prueba; acepto la cita.

James mostró esa hermosa sonrisa que al más bajito tanto le gustaba. Tan blanca y única. El más alto lo abrazó y se recargaron en el respaldo del sofá color naranja; tenía conciencia de que estaban lo suficiente expuestos para que alguien más los viera, pero no le importaba. Se sentía realmente bien estando ahí a solas con quien por ahora, era su amigo. Ya mañana sería su cita.

—¿Quieres ir a dormir? —preguntó James.

—Quiero dormir, pero no quiero deshacer el abrazo —dijo Carlos hundiendo el rostro en el pecho de su amigo.

El más alto sintió como el abrazo se volvió más fuerte.

«Que bien se siente esto» pensó antes de relajarse por completo y quedar inmerso en la compañía del chico más inocente que conocía.

—¡Eso fue un regalo de mi madre!

Escuchó gritar a Kendall después de que algo se quebrara dentro de la habitación de una manera escandalosa.

James rodó los ojos y agradeció que ese grito no despertara a Carlos, quien se había quedado profundamente dormido en sus brazos.

Despertó gracias a que la sensación del sol al tocar sus parpados le estaba taladrando la cabeza; y eso que aún no tocaba sus corneas.

Abrió los ojos con pesadez y los volvió a cerrar después de sentir que estos se derretían. Se supo recostado en una confortante superficie pero en verdad no recordaba nada de lo que había ocurrido; sólo los gritos de su amigo el rubio al rogar que no siguiera quebrando sus cosas ni las de James.

Talló sus ojos para poder abrirlos lentamente. Estaba recostado sobre su costado derecho mirando directamente hacia la cama vecina, la cual estaba revuelta y vacía. Intentó levantarse, pero un peso extra se lo impidió.

Aterrado, bajó su vista para saber lo que estaba recargado sobre él, y no pudo sorprenderse más al ver un largo y blanco brazo que rodeaba su cintura.

Rápidamente se enderezó todo lo que pudo y echó su vista hacia atrás, asombrado por saber que la sabana con la que estaba tapada, casi no cubría el cuerpo recostado boca abajo a su lado, pues poco le faltaba para que el trasero estuviera completamente expuesto. Aquella espalda y esas largas piernas las reconocía perfectamente.

—¡AAAH! —gritó entrando en pánico mientras tomaba todo lo que podía de la sábana blanca que apenas se dignaba a cubrirlo. ¡Estaba completamente desnudo y apenas se había dado cuenta!

Kendall se levantó como si hubiera sido impulsado por un resorte, y después de hacer un grotesco gesto de dolor, pues el sol calaba como el diablo, volteó a ver de dónde provenía ese condenado grito, encontrándose con lo que menos esperaba.

¡AAAAAHHH!

James despertó de golpe después de escuchar un grito de terror proveniente de no sabía dónde, pero irremediablemente topó su barbilla con la cabeza de Carlos, quien estaba recostado sobre él en el sofá más largo del 2J. Ambos habían pasado la noche sobre aquél mueble y sin darse cuenta, habían dormido abrazados, Carlos sobre James y siempre abrazados.

Carlitos se levantó a toda prisa mientras sobaba su cabeza aparentemente adolorido. James se lamentó por ello, y a pesar de que su quijada también dolía, se preocupó más por lo que le había ocurrido al más bajito.

—Lo siento —dijo mientras ayudaba a Carlos a masajear su cabeza—. ¿Estás emocionado por nuestra cita de hoy? Porque yo sí.

El latino mostró su linda sonrisa, observando embobado la intensa mirada que James le estaba otorgando. El más alto se acercó lentamente a su rostro, pues estaba deseoso de besar los labios de la persona que lo veía con tanta adoración. Nunca antes alguien lo había hecho y simplemente no podía resistirlo.

Carlitos cerró los ojos esperando lo que tanto deseaba, pero un nuevo grito proveniente de la habitación donde aparentemente se encontraban Logan y Kendall interrumpió el mágico momento.

—¡Estoy harto! ¡Han estado interrumpiéndonos desde la noche anterior!

Más que molesto, James alejó a su amigo para dirigirse con paso firme a su propia habitación y sintió que después de un largo suspiro, el más bajito lo siguió.

Cuando el chico lindo abrió la puerta, el repugnante olor a alcohol viejo llenó sus fosas nasales, pero aquel fue el menor de sus problemas cuando encontró a Logan de pie, en medio de la habitación y vestido sólo con un pequeño bóxer color azul marino. Y por la posición en la que estaba, supo que apenas se lo estaba poniendo.

El chico se quedó congelado y con la boca abierta, al igual que James y Carlos, quien apenas podía ver gracias a que estaba detrás del más alto y asomaba su vista de vez en cuando.

—¡AAAH! —gritó Logan al verse descubierto y sin ningún tipo de escapatoria.

—¡¿Qué está pasando aquí?! —reclamó el más alto.

Logan no pudo evitar girar su vista hasta una de las camas de la habitación, donde visiblemente había un enorme bulto tapado con una de las sabanas. Después de un tardado tartamudeo del chico pálido, una cabeza se asomó por entre las sabanas y rápidamente soltó un grito al ver a James de pie en la puerta.

—¡¿Ustedes…?! ¡¿Durante la noche ustedes…?! —el más alto no tardó en escuchar sus propios tartamudeos—. ¡OH POR DIOS!

James tomó a Carlitos de la mano y ambos salieron de la habitación tras un fuerte portazo al mismo tiempo en que los otros dos seguían gritando de vez en cuando.

Mamá Knight y Katie aun no regresaban a casa cuando la hora del almuerzo llegó así que, viendo que "su futuro novio", como gustaba llamarlo en sus pensamientos, estaba bastante molesto, Carlitos decidió tomar algunos rollos de pizza, waffles y salchichas envueltas congeladas, las puso en una charola y las metió al horno. Mientras esperaba a que la comida estuviera lista, decidió poner más atención a la extraña escena que era protagonista en el comedor del departamento; Kendall y James estaban sentados uno frente al otro, pero la diferencia era que mientras el rubio estaba nervioso y con la mirada baja, su lindo chico no apartaba su visible furia de su amigo. Y que mantuviera los brazos cruzados sólo decía que lo estaba tomando en serio.

Para romper el silencio, Logan salió de la habitación donde había pasado la noche. Su miedo incrementó cuando vio a James. Esto no podía ser bueno.

—Por el bien de Kendall, espero que te desvistas más rápido de lo que te vistes —soltó el más alto con amargura.

Logan no sabía si ofenderse o sentirse aliviado de que su amigo le dirigiera la palabra, pues con lo que había visto, era para que tomara sus cosas y saliera de sus vidas para siempre. Y pensar en eso lo hacía sentir culpable.

—¡JAMES LO SIENTO TANTO! —dijo Kendall en un grito mientras pegaba sus palmas para que su ruego fuera más realista—. ¡Sé que hice mal! ¡No era mi intención hacerlo con la persona que amas! ¡Pero las cosas se salieron de control y…! ¡Estábamos ebrios y después el comenzó a quitarse la ropa…!

—¡¿Qué yo qué?! —preguntó el pálido con asombro.

Logan y Kendall comenzaron a discutir pero Carlos no pudo entender lo que ambos se gritaban el uno al otro, pues estaba más concentrado en James, quien parecía cada vez más molesto por la situación. Una punzada de dolor aceleró su corazón, pues presentía que todo era por lo que el más lindo sentía por su amigo el listo.

—¡Ustedes! —estalló por fin James—. ¡Ustedes hicieron cositas en MI cama! ¿Se dan cuenta? —se levantó señalando a ambos chicos—. ¡Ni siquiera yo he hecho cositas en MI cama! ¿Qué les hace pensar que les voy a dar permiso de que la usen para sus guarradas?

Los tres chicos que escuchaban se quedaron con la boca abierta; simplemente no esperaban esa respuesta.

—Espera… ¿Estás diciendo que no te molesta que yo haya tenido relaciones con Logan, a quien decías amar con locura? ¿Si no que estás furioso porque utilizamos tu cama para concebir el acto? —preguntó un más que confundido Kendall.

—Así es —dijo el más alto.

De fondo pudo escuchar que Logan y Carlos suspiraban, mientras Kendall no podía quitar el asombro de su cara.

—¡¿Cómo?! —preguntó el rubio. Ya no sabía que más decir al respecto.

—Esta noche Litos y yo tendremos una cita, y al finalizarla yo quería tener r… —el sonido de la ultima letra murió lentamente en su boca cuando se dio cuenta de lo que estaba a punto de decir—. ¡Ustedes saben!

Kendall dejó salir un claro «¡Hump!» cuando supo a lo que su amigo se refería y desvió la mirada, mientras Logan simplemente enrojeció y comenzó a hacer sonidos extraños. James volteó a ver a su futura cita esperando que no deseara fulminarlo, pero se alivió cuando vio duda en el rostro de Carlitos; definitivamente no había captado lo que intentaba decir.

—¡Me comprarás un colchón nuevo! –ordenó James a Kendall mientras palmeaba la mesa con fuerza.

—¿Y si cambiamos de cama? —preguntó el líder como si fuera lo más lógico del mundo.

—¡Oh! No había pensado en eso.

Kendall y Logan rodaron los ojos cuando vieron a James levantar las cejas; parecía estar de acuerdo con aquel trato.

La campana del horno les hizo saber que el desayuno estaba listo así que todos se sentaron a la mesa y parecieron fascinados por lo que Carlitos les había preparado. Tomaron algunos bocados y parecía que todo marcharía perfectamente normal, hasta que el más alto no lo resistió e hizo una pregunta que deseaba le fuera respondida desde que se enteró de la pequeña aventura de dos de sus mejores amigos.

—¿Qué pasará con Jo?

Kendall estaba terminando una salchicha envuelta mientras Logan partía con cubiertos un rollo de pizza. Ambos dejaron de hacerlo al escuchar la pregunta del chico lindo.

—Es obvio que no debe saberlo —respondió el rubio—. Logan y yo hablamos, estamos de acuerdo en que fue producto de una borrachera y que nada serio puede salir de esto. Así que espero nos ayuden a guardar el secreto de lo que hicimos. ¿Podrían?

James asintió; parecía tomarlo con seriedad.

—¿Qué hicieron? —preguntó Carlos.

Los tres chicos suspiraron con fastidio; no se podía esperar otra cosa de aquél que aún tenía la mente de un niño.

—Iré a ducharme —expresó Kendall mientras se levantaba de la mesa—. Debo ir al estudio y saber que tan furioso está Gustavo. Ayer tenía que grabar y por andar jugando al espía tuve que faltar. Definitivamente va asesinarme.

—Te acompaño, tal vez necesites ayuda para encontrar tu ropa con todo ese desastre que hicimos anoche —dijo Logan.

—¿Hicimos? —se burlo Kendall.

Un molesto niño genio lo siguió, tratando de reclamarle lo que había intentado decir con eso. James y Carlos los vieron desaparecer de nuevo y el más alto decidió también terminar su desayuno y marcharse.

—Yo también me voy. Iré un rato al gimnasio antes de prepararme para nuestra cita —dijo el chico guiñándole un ojo a su por ahora amigo.

—¿Te acompaño? —preguntó ilusionado.

—Claro, siempre es divertido entrenar con un amigo.

El bajito sonrió y salieron del departamento rumbo a la planta baja de Palm Woods.

—Oye James… —preguntó— …¿Qué quieres hacer cuando nuestra cita termine?

—Ya lo verás Carlitos. Ya lo verás.

La sonrisa de James y la duda en el rostro del latino lo decía todo; esta sería una noche inolvidable para ambos.

—¿Por qué les mentiste? —preguntó Logan al tiempo en que tenía sus brazos envueltos en el cuello de Kendall.

—Simplemente quiero estar seguro de que James te olvide. Cuando veamos que su relación con Carlitos va enserio, entonces podremos contarles sin miedo de que él se moleste con nosotros.

—Que listo eres.

Kendall rodeó completamente la cintura de su nuevo amante con los brazos, pero antes de sumergirse en sus labios, tenía algo más que decir.

—Terminaré con ella, lo prometo —dijo el rubio casi en un susurro.

—Lo sé —Logan sonrió, al parecer algo cruzó por su cabeza—. ¿Por qué no le dices a James que él y Carlitos pasen la noche aquí? Mi cama aún es virgen.

Sonrió con picardía y Kendall supo perfectamente por qué lo hacía. Después de esto, iniciaron un largó beso que sólo fue interrumpido cuando Mamá Knight y Katie llegaron al 2J para contar su nueva aventura fuera de casa.

Lo que ellas no sabían, era que ninguna experiencia extraña podía sorprender a los cuatro chicos cabezas de hockey de Minnesota.

FIN

¡No puedo creerlo! ¡Mi primer Jarlos y al mismo tiempo mi primer Kogan! Nunca me fastidiaré de escribir Jagan pero disfruté la experiencia de cambiar de bromances. Aunque admito que el ligero Cargan sorpresivamente me gustó. Tal vez haga uno más adelante.

Estoy muy contenta porque recibí más del doble de comentarios que la ultima vez; de verdad no saben lo que significa para mí que se tomen su tiempo para opinar (se siente amada). De igual manera agradeceré que me hagan saber lo que piensan del final de este fic.

Quiero dedicar este fic para todos ustedes que lo han seguido desde el principio, aún y cuando tardé meses en actualizarlo. Sobre todo para VictoriaDvalosBTR; chiquilla, tu amistad es lo mejor que pude obtener a cambio de comenzar a escribir para este famdom.

Bien, nos vemos en mi próximo fic. Aún no sé sobre que o quienes escribiré pero estén seguros de que seguiré rondando por aquí y dejando mi granito de arena.

Los quiere: Miss GRavedad.