Abrazos gratis cortesía de la autora: lo que escribí.
¡Viva Spencer, el pensativo!
Billy confundido.
Su expresión desconcertada era la más adorable de todas las muecas perplejas ― incluso más adorable que un cachorro ladeando su cabeza.
Billy exhaló algo que Spencer no alcanzó a oír.
Y apareció en frente de Spencer.
La sonrisa de Billy creció considerablemente, y sus ojos brillaron.
Spencer intentó esquivar su mirada insistente, el color subiéndose a sus mejillas.
―¿Qué…? ―consiguió titubear, lanzando miradas furtivas a Billy. Creyó ver un mohín en su rostro, por un segundo.
―Entonces ―alargó la palabra considerablemente―, ¿ya terminaste de reír?
Ah, verdad. Spencer se le burló descaradamente. Ahora seguramente Billy se enfadó con él.
―Me… ―su mente estaba trabajando cual máquina buscando formas de explicar la gravedad de las risotadas de hacía un rato.
―Es bueno que estés sonriendo ―lo interrumpió Billy, rascándose el cuello (¿acaso los fantasmas podían también sentir escozor?), mirando hacia un costado. Su sonrisa era nerviosa, mas sincera.
Spencer parpadeó levantando muy levemente una ceja.
No pudo evitar que sus labios se curvaran levemente también, las sonrisas de Billy eran contagiosas.
No podía sacar la voz rasposa y privilegiada de su cabeza y aunque Spencer no estuviera viendo a Billy sabía como él sonaba cuando sonreía.
Tampoco podía combatir el hecho de que Billy sea partícipe en casi todos sus buenos recuerdos. Algunos malos también, pero ahora le hacían gracia.
Ni podría jamás imaginarse en un mundo sin Billy, a pesar de que llegara a ser fastidioso; la sola idea hacía que el corazón del adolescente solloce y se hunda en su pecho, esparciendo una horrible sensación por todo su cuerpo.
Estar en los brazos de Billy provocaría todo lo contrario; le embriagaba la sensación fresca, no fría que conllevaba el tocarlo, como se sentía cuando le rodeaba. Le agradaba como la baja temperatura que le ponía los pelos de punta se complementaba con su propia piel cálida tan sensible a aquellos descensos. Le gustaba como siempre lo envolvía en sus brazos completamente cuando lo abrazaba, y solo cuando se trataba de él se sentiría cómodo. Como si sus brazos estén hechos exclusivamente para él, como si perteneciera allí.
Cuando Spencer estaba en los brazos de Billy solo existían ellos dos en el vasto universo. Y no sabía el porqué de que le pareciera tan agradable la posibilidad.
Ellos y nadie más.
Fue entonces, en el momento que Spencer flotaba entre sus pensamientos y Billy, que sucedió.
