Nota de la autora: tenía hambre. ¿Se nota? También los amo. ¿Se nota?


Su cortafuegos se desmoronó y su filtro desapareció completamente.

Y no había nada ni nadie que lo detenga.

En realidad, él era único que se detenía a sí mismo ― no obstante, en este momento se sentía más libre que nunca.

Spencer se sentó súbitamente, el agua alrededor de él se movió y escurrió de su cuerpo; la resistencia ofrecida por el líquido provocando el sonido relajante del flujo de agua.

Billy estaba suspendido justo en frente de Spencer.

Spencer se inclinó hacia él, cuidadosamente levantando sus manos húmedas.

Una de ellas tomó un lado del rostro de Billy, su palma curvándose con la línea de su mandíbula y las yemas de dos dedos palpando apenas la suave piel del lóbulo.

La otra se entrelazó con la mano fría lo mejor que pudo, la cual le solía parecer apenas tangible, pero ahora se sentía más real que todo objeto en la habitación. Incluyéndose a sí mismo.

Billy torpemente sostuvo la espalda de Spencer, sintiendo su piel suave y mojada; haciendo a Spencer temblar ante aquella helada pero placentera sensación.

Golpeó la punta de su nariz ligera, algo toscamente con la del otro y posó sus labios sobre los de Billy poco a poco, como si los estuviera absorbiendo de manera pausada y firme. Frotando la piel de sus bocas ligeramente entre sí, tenuemente, sus labios solo se rozaban.

Billy apenas partió sus labios. Fue tomado con la guardia baja; no se movió mucho, pero tampoco lo rechazó. Nunca lo haría.

Spencer lo besó, como si estuviera colando gota a gota sus sentimientos en la boca del fantasma.

El beso efímero hizo al tiempo detenerse, al menos para ellos dos.

Fue dulce como la miel.

Delicioso como nutella.

Suave como la mantequilla de maní.

Ellos ya estaban topando el techo cuando Billy separó sus labios, apoyando su frente en la del chico. Sus narices se rozaron. Spencer advirtió las manos de Billy alrededor de sus hombros y la frescura de su piel. A ambos se les subieron los colores al rostro.

Spencer, quien mantuvo los ojos cerrados en todo el encuentro debido a su timidez, no alcanzó a ver el rubor en las facciones de Billy, puesto que ya se había esfumado de la habitación cuando abrió los ojos.

Algo confundido mas satisfecho, Spencer terminó su baño lentamente. Intentando ordenar sus pensamientos. Sintiendo el sabor a Billy en sus labios y un hormigueo en su garganta. Tratando de tragar la sensación extraña hacia su estómago, el cual parecía estar lleno de plumas provocándole cosquillas.

Él sintió como el enamoramiento lo alejaba de la realidad, no era una simple atracción; Spencer estaba seguro de ello. Esto le provocaba una sensación que apretaba contra su pecho, por el peso de llevar a alguien en el corazón.

Y pensó en sus sentidos agudizados y en Billy.

Billy, Billy, Billy; se ahogaba en Billy.

Entonces sintió a Billy en todos los lugares que lo había sentido, tan intensamente que parecía que aún estuviese allí.

Cuando terminó, Spencer automáticamente envolvió la toalla alrededor de su cintura y otra más en su cabello. Abrió la puerta dejando escapar las nubes de vapor caliente, mientras encontraba a Billy contraído en una esquina de su cama.

Estaba jugando con sus dedos, con una sonrisa auténtica y nerviosa extendiéndose en su rostro, y el color en sus cachetes era intenso. Mordía el interior de sus mejillas y mantenía sus palmas pegadas la una a la otra.

Billy se veía tan lindo.

Su cabeza estaba un poco inclinada hacia abajo. Aun así, Spencer alcanzó a ver los sentimientos vivos del encuentro en aquellos ojos, debajo de las cejas arqueadas hacia arriba.

No obstante, Spencer ya sabía que Billy le correspondía.

Cuando Billy notó a Spencer, este le sonrió de vuelta enternecidamente, mientras llevaba sus pijamas hechas un ovillo de vuelta al baño.

El contacto visual fue fugaz mas suficiente. Billy también lo tenía claro.

Lo siguiente que Billy vio fue la puerta cerrarse tras él.