¡Holii a todos :3! ¡Aquí traigo un nuevo capítulo recién salido del horno! Espero que les guste mucho.


Capítulo 2

POV Jack

Han pasado unos veinte años desde aquel incidente (o "casi desastre") en Navidad y, a pesar de todo (cosa que me sorprende), sigo en contacto con Santa Clavos, digo, Claus (es que esa maldita manía no se me quita). Yo pensaba que no me iba a hablar después de aquello, pero hemos pasado página y somos muy buenos amigos. Lo que jamás me habría esperado de él es que me pidiese un favor que hasta para mí me venía grande. Será mejor que lo cuente desde el principio.

Todo comenzó, como ya os dije, unos veinte años tras aquella Navidad, cuando me dirigía a mi casa para darle una agradable sorpresa a Sally (os tengo que aclarar que, tras pelearme un poco con el doctor Finkelstein, he logrado que Sally se viniese a vivir conmigo, pero no penséis en el matrimonio porque no se nos ha pasado por la mente). Golpeé la puerta con los nudillos y abrió Sally.

-Buenas. –saludé con una sonrisa y los brazos tras la espalda.

-¿A qué viene ese buen humor? –preguntó Sally devolviéndome la sonrisa.

-Bueno, quizá sea porque tengo conmigo a lo mejor y más hermoso de este mundo. –me incliné hacia ella para darle un beso rápido antes de añadir- Además, tengo una sorpresa para ti.

-Primero quiero que me cuentes lo que has estado haciendo.

-He estado ocupado. Si quieres pruebas…

De mi espalda descubrí uno de mis brazos que sujetaba un ramo de rosas. No hacía falta que Sally dijese nada. Su cara de sorpresa y alegría lo decía todo

-¡Son preciosas, Jack! –exclamó mientras cogía las flores- No tenías por qué molestarte.

-Sabes que te mereces lo mejor. –dije, mientras apoyaba un brazo en el marco de la puerta, pero noté un dolor agudo en el hombro y no pude evitar poner una mueca dolorida.

-¿Te pasa algo?

-No pasa nada, estoy bien. Solo que esos malditos bebés con alas me…

Tuve que interrumpirme en medio de la frase, pero era demasiado tarde: Sally tenía uno de sus brazos en jarras y me miraba con una ceja arqueada. En aquel momento me sentí como un niño bajo la mirada inquisitoria de su madre.

-¿Dónde te has colado? –preguntó con algo de molestia en su voz (¿sabíais que Sally es preciosa incluso cuando se enfada?).

-Está bien. –respondí con un suspiro- Te confieso que me colé en la Ciudad de San Valentín para coger las rosas. ¡Pero no he hecho ninguna locura!

-Vale, ¿y entonces cómo te has hecho lo del hombro?

-Puede sonarte ridículo, pero unos bebés voladores empezaron a dispararme flechas y una de ellas me dio en el hombro. –me di cuenta de que mi chaqueta (sí, esa de rayas) estaba rasgada por la parte del hombro.

-No te preocupes por eso. Ya lo arreglaré luego.

-Gracias. Como decía, esos angelitos con pañales me estaban acribillando a flechazos hasta que llegó un tal Cupido que, por lo visto, es quien manda allí. Es otro bebé con alas pero no lleva pañal sino un traje rosa si no recuerdo mal. Y tú dirás que es monísimo porque es rubio y de grandes ojos azules.

-¿Intento echarte a patadas de allí?

-Al contrario. Va y me dice que lo sabe todo sobre nuestra relación y que está encantado con ello. No sé tú, pero creo que es un poco cotilla.

-Bueno, si se supone que es el mandamás de la Ciudad de San Valentín, debería saberlo todo sobre el amor y los romances.

-Tienes razón. Pues la cosa fue que él mismo me dio las rosas y me dijo que podía ir un 14 de febrero cualquiera, y si es contigo mejor.

-Y ya que te has colado, ¿por qué no me dices cómo es ese sitio?

-Yo personalmente lo describo con dos palabras: "cursi" y "rosa".

En ese momento llegó Zero volando, literalmente, y se abalanzó sobre mí de tal manera que casi me hace perder el equilibrio.

-¡Anda, Zero, estate quieto, ¿quieres?! –exclamaba sin dejar de reír mientras mi perro me llenaba la cara de lametazos.

-Parece que te ha echado de menos más que yo. –intervino Sally.

-Es verdad –respondí tras lograr apartar a Zero- No estarás celosa, ¿verdad?

-Para nada. Mira, voy a poner las flores en agua y te arreglo lo de la chaqueta, ¿vale?

-Por mí estupendo.

Más tarde, mientras Sally me arreglaba la chaqueta, yo estaba sentado en mi butacón, acariciando a Zero antes de que la gata de Sally, Lenore* zigzaguease entre mis piernas. En un principio Zero y Lenore se llevaban, literalmente, como el perro y el gato, pero ya han aprendido a convivir el uno con el otro de la mejor manera posible.

-¿Ha habido alguna novedad por aquí? –pregunté.

-Bueno, el alcalde pasó por aquí hace rato. Preguntaba por ti.

-Seguramente quería hablar conmigo sobre el próximo Halloween, para el que todavía quedan unos cinco o seis meses y pico. Una cosa es que le guste su trabajo, y otra muy distinta es vivir por y para ello.

-Venga, no seas así con él. Ya sabes que es muy apasionado para esas cosas.

-En eso tienes razón. Conozco al alcalde desde que éramos niños y créeme, se apasionaba por todo lo que le caía de las manos. –me incliné hacia atrás en mi asiento y puse los brazos por detrás de la cabeza mientras Zero se tumbaba en mi regazo –A veces creo que al alcalde le gusta más Halloween que a mí.

-Bueno, si no le gustase no viviría aquí. Vale, ya he acabado. –dijo antes de tenderme la chaqueta- Póntela para ver cómo ha quedado.

Cogí la prenda y me la puse delante de un espejo que había en la sala. No pude evitar una sonrisa al ver el estupendo resultado.

-¡Está como nuevo! Si ni siquiera parece que está remendado. Gracias, Sally. Eres increíble.

-Es algo que se me da bien, así que tengo que aprovecharlo. –dijo Sally, poniéndose a mi lado, dibujando una sonrisa en su rostro.

-Creo que las rosas no compensan el favor que me acabas de hacer.

-No digas eso. Si no hace falta que compenses nada.

-¡Claro que hace falta!

Sin avisar, cogía Sally de la cintura y di media vuelta, haciendo que los dos quedásemos en una especie de pose de tango, con Sally echada hacia atrás y yo inclinado sobre ella:

-¿Y ahora qué? –susurré cariñosamente mientras dibujaba una sonrisa en mi rostro.

-Ay que ver cómo eres. –respondió, devolviéndome la sonrisa mientras pasaba su mano suave como la seda por un lado de mi cara.- Te tomas estas molestias por un simple zurcido.

-Vamos, Sally, no seas tan modesta. –añadí, inclinándome un poco más hacia ella.

Si creéis que tocaba el momento culminante de aquella escena os equivocáis porque en aquel momento nos interrumpieron unos golpes en la puerta.
-¿Quién es? –preguntamos al unísono, algo molestos.

-Soy yo, el alcalde. ¿Está Jack ahí dentro?

-¡Ya voy! –exclamé, antes de dirigirme a Sally- Creo que debemos dejar esto para otro momento.

Fui hacia la puerta y abrí para encontrarme con el alcalde, quien tenía su mala cara.

-Menos mal que estás aquí. ¡Esto es horrible!

-¿Qué es lo que ocurre? –pregunté, cruzándome de brazos.

-Son los chicos de Oogie Boogie. Hace poco les vi entrar en la zona de los Árboles de las Festividades.

Por si no os acordáis, los Árboles de las Festividades eran aquellos árboles con dibujitos de todas las fiestas que hay: Halloween, Navidad, San Valentín, y otras tres de las que desconozco el nombre.

-¡No me fastidies! –exclamé.

-Lo que oyes, Jack. Y si todavía no han hecho de las suyas, no tardarán mucho en hacerlo.

-Gracias por la información, alcalde. Enseguida voy a por ellos.

-Muchas gracias, Jack. Espero que esos tres no causen muchos problemas

Cuando el alcalde se fue apoyé mi espalda contra la puerta abierta y exhalé un fuerte suspiro mientras cerraba los ojos.

-¿Es que esos críos no pueden portarse bien aunque sea por un solo día? –dije, preocupado.

-Jack, sabes que son así por naturaleza. No puedes cambia su forma de ser tan a la ligera.

-Supongo que tienes razón. Habrá que vivir con ello. –me crucé de brazos mientras observaba el bosque al que debía ir antes de añadir- Será mejor que me vaya antes de que esos tres creen problemas y luego tenga que cargar yo con ellos.

Me dispuse a salir cuando noté que Sally me agarraba del brazo y me obligó a ponerme enfrente de ella.

-Antes de que te vayas prométeme que solamente buscarás a los chicos y los traerás. No quiero que provoques problemas ni que se vuelva a repetir…

La interrumpí con un beso inesperado y algo más apasionado que el que le di cuando le regalé las rosas.

-Prometido. –respondí mientras apartaba, sonriente, un mechón pelirrojo del rostro de Sally.

Entonces salí de allí y, mientras iba cerrando la puerta, añadí:

-Volveré pronto, ¿vale?

Una vez cerrada la puerta, me di la vuelta y, con el semblante serio y salpicado de enfado, me dispuse a buscar a Lock, Shock y Barrel. "¿Qué habrán hecho esta vez?", pensé.

Cuando llegué al corro de árboles, tuve que pensar por cuál entraron aquellos tres. Entonces vi la piruleta de Barrel al pie de un árbol que tenía dibujado un huevo pintado. "Nunca dejes rastros por si acaso", pensé, sonriendo de forma pícara antes de buscar un pomo o algo que abriese la puerta, pero no vi nada, así que tuve que tantear con las manos hasta encontrar una hendidura en un extremo del dibujo. Tiré de ella para abrir la puerta Asomé la cabeza y no vi más que un agujero semejante al de una madriguera de conejo.

Entré allí y seguí un camino que llevó a una especie de valle bajo tierra. Todo era muy verde y se respiraba tranquilidad, algo que no concordaba con el carácter caótico de aquellos niños, a quienes llamé a gritos con la esperanza de salir de allí antes de que pasase algo desagradable. "¿Dónde se habrán metido?", pensé antes de escuchar un zumbido detrás de mí. Me agaché para esquivar por los pelos un objeto que volaba delante de mí. Mientras me incorporaba vi que aquella cosa volvía por el mismo camino. "¿Un bumerán?", fue lo primero que pensé antes de volver a agacharme mientras el objeto pasaba por encima de mi cabeza antes de que una voz grave me preguntase:

-¿Quién eres y qué estás haciendo aquí?

Me di la vuelta y vi a un conejo más grande de lo normal, de pelaje azul y cara de muy pocos amigos.

-Te lanzaré de nuevo el bumerán si no me contestas, colega. –añadió el conejo, dispuesto a lanzar el proyectil curvado que empuñaba.

-Tranquilo, que vengo en son de paz. –respondí levantando las manos en señal de rendición- Solo vengo a buscar a unos críos muy problemáticos que hay por aquí y me largo, ¿vale?

-¿Te refieres a tres niños muy feos que han estado molestando a los huevos? –preguntó, mientras bajaba el bumerán.

-¡Exacto! ¿Sabes dónde se han metido?

-He estado a punto de pillarlos, pero se han escondido por ahí. Me harías un gran favor si los sacases de aquí. ¡Son un incordio, tío!

-Y a mí me lo vas a contar.

Por cierto, soy Bunny, el conejo de Pascua.

-Jack Skellington, Rey de Halloween. –respondí, estrechando la pata que me ofrecía Bunny.

-Bueno, parece que me das mayor impresión que otro Jack a quien conozco, por desgracia.

-¿Quién?

-Jack Frost. Es uno que va por ahí haciendo nieve y fastidiando a un servidor en Pascua.

De repente escuchamos unas risas y Bunny y yo las seguimos hasta que vimos a Lock, Shock y Barrel jugando con unos huevos que huían, literalmente, de ellos. "¿Desde cuándo los huevos tienen patas?", pensé algo confundido antes de reñir a los niños.

-¡Dejad esos huevos y venid aquí YA! –grité muy molesto con aquel trío de incordios.

-¡Hay que largarse! –exclamó Lock antes de que los tres echasen a correr.

-No iréis a ninguna parte, mocosos. –intervino Bunny mientras lanzaba su bumerán, alcanzando a los tres niños, quienes cayeron al suelo, aturdidos.

-Gracias, Bunny –dije, mientras me acercaba a los críos- ¡Y vosotros tres os venís conmigo! Ya habéis causado suficientes problemas por hoy.

-¡Vamos, Jack! –intervino Shock- Si solo nos estábamos divirtiendo.

-¡Pues se acabó la diversión ¡Os volvéis conmigo Halloween Town a la de ya!

-¿O qué?

-Bueno, si no os largáis de aquí cuando cuente tres os daré tal susto que no podréis dormir en lo que os queda de vida. –respondí con una sonrisa de malicia antes de levantar un dedo y empezar a contar- Uno, dos…

-Esto… - dijo Lock- ¡Me acabo de acordar de que teníamos mucho que hacer en Halloween Town! ¡No podemos perder tiempo!

Los tres niños se fueron corriendo.

-¡Un momento! –exclamó Bunny - ¡Ya sé de qué me sonaban esos diablillos! Secuestraron a un primo mío hace 20 años, cuando me torcí una pata.

No pude evitar una mueca de frustración. "¿Aquel conejo rosa era primo de este?", pensé.

-No tendrás algo que ver, ¿verdad?

-Emm… -dudé antes de admitir aquel error- Un poco. Pero aquello fue un malentendido. Ya me disculpé en su momento. Por cierto, no se habrá traumatizado de por vida, ¿verdad?

-Nah, creo que se ha olvidado de eso. De todos modos, algo me dice que debo confiar en ti. Y mi instinto no me miente. Oye, cambiando de tema, gracias por sacar de aquí a esos niñatos.

-No hay de qué. Si quieren crear problemas que lo hagan dentro de los límites de su ciudad. Y disculpa por la molestia.

-¡No tienes por qué disculparte! Me has hecho un favor enorme. Dentro de unos pocos días tengo que entregar estos huevos por Pascua.

-Pues buena suerte. Oye, ¿por dónde se sale de aquí?

-Puedes irte por el mismo agujero por el que entraste.

-Ah, gracias. Pues adiós y encantado de conocerte.

-Lo mismo digo.


*Lenore es el nombre de un personaje de Edgar Allan Poe y quise ponerlo a una gata.

Bueno, aquí termina el capítulo. No olviden comentar y contestaré sus comentarios en el próximo capítulo. Gracias por leer y CHAO! :D

RyuuShadow: Bueno, creo que se debería llegar a un acuerdo para los nombres de los personajes en las pelis porque soy de España y vi El Origen de los Guardianes en castellano. Pero mientras nos entendamos, por mí estupendo :)

Lady Lyuva Sol: Sinceramente, ya echaba de menos esto. Pero como diría Terminator: "He vuelto" :3