¡Hola de nuevo! ¡Aquí traigo nuevo capítulo recién hecho! Espero que lo disfrutéis :)
Capítulo 3
Cuando salí de la madriguera de Bunny, volví a casa sabiendo que aquellos críos no se meterían en líos por el momento. Le conté a Sally lo fácil que había sido sacar a Lock, Shock y Barrel de allí gracias a la ayuda de Bunny. Cuando terminé mi relato, Sally me contó que el alcalde había traído un paquete que parecía ir dirigido a mí.
-¿Un paquete? –pregunté- ¿Y sabes quién lo envió?
-Bueno, me tomé la libertad de mirar el remitente y por lo visto es de Santa Claus.
-¿De las cartas hemos pasado a los regalos? Mientras sea algo agradable no está de más.
- Está en la mesa de la sala de estar, por si lo estás buscando.
Cuando cogí el paquete donde Sally me había dicho, lo abrí y me encontré en su interior una bola de nieve de cristal que tenía dentro una miniatura de Halloween Town. "¡Menuda memoria!", pensé, asombrado, "solo ha venido aquí una vez y se sabe al detalle cada rincón de la ciudad".
Mientras examinaba el objeto, vi que en la base tenía pegada una carta. La cogí y empecé a leerla, sentándome en mi butacón. A cada línea que leía se me cambiaba la expresión. La carta decía algo así:
Mi querido amigo Jack:
Espero no haberte molestado, pero esto es algo urgente. Debes venir al Polo Norte usando la bola de nieve que está junto con esta carta. Solo tienes que agitarla y decir "Polo Norte" antes de lanzarla contra el suelo. Debes venir esta noche, solo. Nadie debe enterarse, y con nadie me refiero a que Sally no puede saber nada de esto. Sé lo mucho que ella significa para ti, y por eso no quiero que su vida corra peligro.
Por favor, ven rápido. Te necesitamos.
Tu amigo, Santa Claus.
Cuando terminé de leer, mi semblante se tornó pensativo, con la mirada perdida, sin darme cuenta de que Sally estaba enfrente de mí.
-¿Pasa algo? –preguntó.
-¿Qué? No, no pasa nada. –mentí con una sonrisa forzada- Solamente es lo de siempre…
-Sé cuándo mientes, Jack. No hace falta que me ocultes nada.
-¿Tienes un detector de mentiras o algo?
-Se llama intuición. –respondió, sonriendo.
Suspiré antes de hablarle del contenido de la carta.
-Tiene que ser algo muy grave para que me lo pida de esa manera. –dije cuando terminé mientras me levantaba del sillón, con las manos en los bolsillos.
-Mira, Jack, Santa Claus es tu amigo desde hace 20 años, y si te pide algo lo normal es que vayas a ayudarle, ¿no?
-Sí, pero…
-Sé en qué estás pensando. Está bien que te preocupes por mí, pero tampoco tanto.
Mantuve la vista fija en el suelo durante un rato, con un sentimiento de preocupación que me invadía hasta que noté la mano de Sally apoyada en mi cara y me obligué a levantar la mirada, encontrándome con sus grandes ojos y su hermosa sonrisa.
-Estaré bien, ¿vale? Además, ¿quién se atrevería a venir aquí con todos los monstruos que hay? Hay que estar loco o ser un idiota para venir aquí sabiendo lo que hay.
-Vale, me has convencido. –respondí, devolviéndole la sonrisa a Sally.- Esta noche le hago una visita a Santa Clavos… ¡Maldita sea! Siempre se me olvida que es Claus.
-¿Es que no te puedes quitar esa manía?
-Lo siento, estoy demasiado acostumbrado.
-Bueno, da igual. Lo importante es que podréis veros las caras tras muchos años. Y ya verás que no es tan grave, ¿vale?
-Puede que tengas razón –dije, encogiéndome de hombros.- Pero no cuentes nada de esto a nadie. Si alguien sospecha algo, finge que no lo sabes. No quiero preocupar a nadie. ¿Me lo prometes?
-¿Qué te hace pensar que no? –respondió, cruzándose de brazos, con una ceja arqueada.
-Eres fantástica, Sally.
-Lo sé. –dijo, con picardía.
-¡Oye, ¿es que no tienes abuela?!
-Literalmente, no. Y si te refieres a otra cosa, tampoco.
-¡Pero mira que tienes cara!
Aquella conversación que estaba un poco fuera de lo normal acabó entre risas, algo que me hizo olvidar la preocupación que tenía minutos antes.
Esa noche cogí la bola de nieve y me fui al cementerio, donde nadie podía verme, antes de agitar la bola mientras decía las palabras "Polo Norte". Cuando lancé el objeto contra el suelo, se formó una especie de pequeña ventisca de nieve, como una puerta que me llevaría a algún lugar que yo desconocía en su momento. Entonces, y con paso decidido, entré en aquel portal, que me absorbió al instante.
Al salir del portal mi cabeza daba vueltas. ¡Madre mía, jamás me había mareado tanto! Cuando me recuperé, no me creía lo que vi: aquel sitio era enorme, decorado con mucho colorido y, no sé cómo, me sentí como un niño ahí dentro por la cantidad de juguetes que había por ahí. Observé a unas criaturas bastante grandes y cubiertas de pelo quienes (cosa que me sorprendió) fabricaban esos juguetes. Tuve que girarme completamente para verlo todo mejor.
Estaba observando, sorprendido, todo aquello cuando una voz profunda y con cierto acento del este de Europa (los vampiros tienen ese acento, así que no me cuesta reconocerlo cuando lo oigo) me dijo por la espalda:
-¿Sorprendido, Jack?
Me di la vuelta y vi a un hombre tal alto como yo, robusto, de manos y brazos grandes, pelo y barba largos y blancos y tenía unos ojos azules que me dieron la sensación de que había visto a esa persona antes.
-¡Vamos, no me digas que no me reconoces! –exclamó con una carcajada- Claro, como hace veinte años que no nos vemos…
-¡¿Santa Claus?! –dije, sorprendido, mientras una enorme sonrisa atravesaba mi rostro.
-¡El mismo!
-¡No me lo puedo creer!
-Pues no te queda más remedio. ¡Ven aquí!
Casi sin avisar me dio un fuerte abrazo. Y digo fuerte por no decir que casi me aplasta. Si dicen que el amor duele, he comprobado que la amistad también.
-¡Pero cuánto has cambiado en todo este tiempo, literalmente! –dije cuando nos separamos. Entonces me fijé en que sus antebrazos estaban tatuados.- ¿Y esos tatuajes?
-Ah, bueno, es un poco largo de contar, al igual que mi cambio de aspecto. Pero si quieres verlos con más detalle…
Extendió los brazos y pude distinguir que uno de los tatuajes ponía "Travieso" y el otro "Bueno".
-Por favor, dime que no estoy en la lista de niños malos.
-Iba a ponerte el primero de esa lista, pero como he visto que eres buena gente a pesar de tu trabajo…
-Bueno, eso me alegra. Oye, ¿qué tal está tu esposa?
-Esto… -su semblante se volvió triste y melancólico- ella falleció hace unos cinco años. Un ataque al corazón.
-Lo siento. Oye, podría buscar su tumba en mi ciudad y, si eso, te llevo para que la veas.
-¿En serio? ¿No te molesta?
-¡Qué va! Estoy acostumbrado. Todos los días se levantan los muertos de sus tumbas.
-Gracias, eres un buen amigo. Oye, un pajarito de trapo me ha contado que todavía sigues con esa manía de llamarme Santa Clavos.
-¿Te lo ha dicho Sally? Lo siento, en serio. Es que no lo puedo evitar.
-No pasa nada. Pero para que te sea más fácil puedes llamarme Norte.
-Vale, Norte. ¿Y quiénes eran esos con mucho pelo?
-Yetis. Pueden parecer muy brutos, pero son muy buenos artesanos.
-¿Pero no eran los elfos quienes hacían los regalos?
-Les hacemos creer que sí. Son de pocas luces.
De repente escuchamos unas risas que provenían del suelo y vi unos seres diminutos que vestían de rojo y verde y llevaban unos gorros en cuyo extremo colgaba un cascabel. Llevaban unas luces de Navidad, aunque tropezaban mucho con los cables.
-¿Esos no serán…? –pregunté antes de que Norte asintiera, cruzándose de brazos. Entonces añadí- Pues sí que les falta un hervor.
-No te falta razón. Ven conmigo, creo que el resto llegará pronto.
-¿El resto?
-Te lo contaré cuando lleguen.
En medio de nuestro camino, Norte se detuvo delante de un yeti que pintaba cuidadosamente un barco de juguete de un color azul brillante.
-¡¿Pero qué haces?! –exclamó Norte- ¡Te he dicho que lo pintases de verde! ¡A ver si atendemos!
El yeti se quejó con unos gruñidos y señaló una montaña de barcos azules que, sinceramente, me dejó sin palabras, aunque Norte no pudo verlo porque se estaba alejando. "Pobre", pensé, "con todo lo que le habrá costado".
Cuando me reuní con Norte estaba en una parte más amplia de aquel edificio, con un gigantesco globo terráqueo lleno de puntos luminosos.
-Creo que ya están al caer.
-¿Pero puedo saber quién viene?
-Tú ten paciencia, hombre.
De repente algo me golpeó en la cabeza de tal manera que se cayó. Menos mal que estaban mis manos para evitar que mi cráneo aterrizase en el suelo. Entonces me fijé en un avión de juguete tripulado por unos elfos.
-¡¿Pero qué hacéis ahí?! –bramó Norte- ¡Bajad del avión ahora mismo! ¡Acabáis de decapitar a nuestro invitado! –entonces se dirigió a mí y añadió- ¿Estás bien? Es que a veces los elfos se pasan un poco con sus juegos.
-No te preocupes. Esto me pasa a menudo. –respondí mientras volvía a ponerme mi cabeza.- Yo también tengo diablillos donde vivo.
-No hace falta que me lo recuerdes.
Entonces se abrió un agujero en el suelo y de él salió Bunny, sujetando un huevo a medio pintar y un pincel en la otra pata. Al parecer estaba tan concentrado en su trabajo que ni se dio cuenta de mi presencia.
-Bueno, Norte, –dijo sin dejar de pintar el huevo- ¿para qué nos quieres esta vez?
-¿Bunny? –pregunté, sin saber que conocía a mi amigo.
El conejo levantó la cabeza y se sorprendió al verme.
-¿Jack? ¿Pero qué haces aquí, tío?
-Él me pidió que viniese. –respondí, señalando a Norte.
-Ajá. Y Norte, ¿de qué conoces a este esqueleto?
-Es una historia muy larga y nada agradable de contar ahora mismo. Yo te hago la misma pregunta.
-Bueno, Jack vino esta mañana a mi madriguera y echó a unos mocosos que estorbaban a los huevos.
En aquel momento apareció un hilo dorado que entró por una ventana abierta, seguido por un Pegaso dorado montado por un hombrecillo vestido con ropas doradas. De repente el Pegaso desapareció y su jinete descendió hacia el suelo bajando unas escaleras doradas que se formaban a cada paso que daba.
-Jack, -dijo Norte- te presento a Sandy, el creador de sueños. Si te preguntas qué era todo aquel espectáculo de luces doradas, es arena mágica que Sandy usa para dormir a los niños y que, de paso, tengan dulces sueños.
Sandy se inclinó e una reverencia, aunque no dijo nada.
-Otro detalle que debes saber es que es mudo aunque se comunica por medio de las figuras de arena que crea.
Entonces entró un viento helado que me caló los huesos (chiste malo de esqueletos, ¿verdad?)
-Lo que faltaba –intervino Bunny, malhumorado- ¡Tío, qué frío hace!
-Pues haberte traído un abrigo, canguro. –dijo una voz burlona.
Entonces apareció casi volando un joven de pelo blanco que vestía una sudadera azul y empuñaba un largo bastón.
-¡Te he dicho que no soy un canguro, máquina de nieve con patas!
-Vamos, tampoco te pongas así. Eres más feo de lo normal cuando te enfadas.
-¡Siento llegar tarde, chicos! –exclamó una voz femenina.
Justo en aquel momento entraron unas criaturas diminutas de plumas brillantes y muy coloridas, seguidas de otra del tamaño de una persona. También tenía un plumaje colorido y brillante y alas en la espalda, aunque no era un ave ya que, en vez de pico, tenía un rostro de rasgos humanos.
-Es que estuve muy ocupada. Ya sabéis que esto de recoger dientes cada noche ocupa mucho tiempo. –entonces se fijó en mí y preguntó con curiosidad- ¿Así que este era el amigo tuyo del que tanto me hablabas, Norte? Encantada, soy Hada y, como ya sabrás por lo que acabo de decir, recojo los dientes que se les caen a los niños.
-Encantado igualmente. Yo soy Jack Skellington, Rey de Halloween.
-¡Mira qué casualidad! ¡Es la primera vez que conozco a alguien que tenga mi nombre! –dijo el chico, apoyando su bastón en sus hombros.- Por cierto, soy Jack Frost. Traigo nieve y diversión a todos los niños del mundo.
-Ya, -intervine-, Bunny me ha hablado de ti y por lo visto eres un poco plasta con él.
- ¿El canguro te ha dicho eso?
-Como lo oyes, colega. –respondió Bunny, cruzado de brazos mientras sonreía.
-Un momento –añadí- Ahora me acuerdo de una ventisca de nieve de hace tiempo. Creo que fue en el 58… un día de Halloween.
-¡Ah, sí, ya me acuerdo! Siempre consideré Halloween como algo aburrido. Ya no me asusta lo que hay desde hace 300 años.
"Eso es porque no me has conocido", pensé con una sonrisa salpicada de picardía.
-Bueno, no vayamos a discutir ahora que nos acabamos de conocer. –respondí, tendiéndole mi mano en señal de paz.- ¿Qué tal si nos llevamos bien por un tiempo?
-Vale, -dijo Jack, encogiéndose de hombros- No está de más que alguien se nos una.
Jack me estrechó la mano, pero cuando la fue a soltar, esta se separó de mi brazo y se subió por el suyo. El chico se puso histérico y empezó a gritar:
-¡AH, PERO QUÉ ASCO! ¡QUÍTAME ESTO DE ENCIMA!
-Eso te pasa por subestimar el día de Halloween. –dije, cruzándome de brazos.
-¡Vale, vale, lo siento mucho! ¡Pero quítame esto YA!
-Está bien. Pero tienes que estarte quieto. –respondí antes de acercarme a Jack para quitarle mi mano de su cabeza y colocarla en su sitio.
-¡Ay, madre mía! –exclamó Bunny en medio de un ataque de risa- ¡Es lo más desternillante que he visto en mi vida. ¡Tío, ¿cómo lo has hecho?!
-Hay que tener en cuenta que prácticamente estoy muerto. Además, es mi trabajo, ¿qué te esperabas?
-Bueno, -carraspeó Norte, disimulando la risa- no estamos aquí para bromas.
-Eso, Norte. ¿Para qué nos has llamado? –preguntó Jack Frost, recuperado del susto.
-Sombra ha vuelto. –respondió Hada.
Se hizo un silencio profundo, aunque yo me preguntaba quiñen era Sombra.
-A ver, -dije- que alguien me explique quien es el tal Sombra.
-Es el miedo personificado. –dijo Norte- Por eso te he llamado: tú conoces y controlas el miedo mejor que nosotros.
-Pero no malinterpretes a Norte. –añadió Hada- Mientras tú te limitas a asustar a los niños una vez al año, Sombra se alimenta del miedo que provoca.
-O sea, que mientras yo simplemente doy un susto a los niños y ya, aunque los críos ya disfrutan de Halloween; Sombra disfruta haciéndoles sufrir, ¿no?
-Exacto. –respondió Norte- En otras ocasiones, como hace dos años, le habríamos vencido sin problema, pero esta vez va muy en serio.
Entonces me fijé en que la cara de Sandy estaba llena de nervios y señalaba algo que estaba detrás de mí. Cuando me volví, vi que las luces que cubrían el globo terráqueo empezaban a apagarse bruscamente.
-Norte, ¿eso es normal? –pregunté.
Norte también se volvió y murmuró, muy serio:
-No puede ser.
-¿Por qué tengo la sensación de que algo no va bien? –pregunté, con el ceño fruncido y todos mis sentidos en alerta.
-Porque algo no va nada bien. –respondió Bunny, empuñando un bumerán.
De repente apareció una nube negra que cubrió el globo terráqueo antes de llegar al suelo y pararse delante de nosotros, momento en el que me di cuenta que aquello no era humo sino algo así como arena negra. Parte de esa arena se elevó del suelo, formando una silueta humana, en la que se abrieron unos siniestros y brillantes ojos amarillos. Entonces la arena cayó descubriendo a un individuo delgado, de piel gris y de ropas y cabello negros. Sonreía de una manera que me daba muy mala espina.
-Hola a todos –dijo el desconocido- Veo que esta reunión es por mí, ¿verdad?
-¿Cómo has entrado? –preguntó Norte.
-La puerta estaba cerrada, así que me colé por las rendijas que había por ahí. –el individuo se fijó en mí y preguntó- ¿Habéis reclutado a alguien nuevo o qué? Permíteme que me presente: soy Sombra. Espero que hayas oído hablar de mí.
-Vivo un poco aislado, así que ya sabes la respuesta. –respondí fríamente.
Lo que dije no le gustó mucho a Sombra porque puso una mueca de disgusto.
-Espera un momento… -dijo mientras se le cambiaba la expresión- Yo te conozco. Eres Jack Skellington, ¿verdad? El Rey de Halloween, el terror de las masas. Antes no te tenía mucho en cuenta, pero desde hace un tiempo soy un gran admirador de tu trabajo.
Me mantuve en silencio, sin saber de qué hablaba Sombra.
-¿Es que no te acuerdas? Déjame que te refresque la memoria. Si te digo que hace veinte años conociste de casualidad a Norte…
Di un respingo. No me podía creer que sacase a la luz todo aquello. "No sigas por ahí", pensé apretando los puños. Sombra sonreía con aires de superficialidad.
-¡Oíd todos! –añadió, elevando un poco la voz- ¡Este esqueleto que está aquí estuvo a punto de acabar con la Navidad hace veinte años! ¿Vais a seguir queriendo su ayuda?
Agaché la cabeza, imaginando las caras del resto de los presentes menos de Norte, quien sabía lo que había.
-Y todo hubiera sido perfecto, –añadió Sombra, acercándose un poco más a mí- de no ser por la entrometida de tu novia. Por cierto, tienes muy buen gusto para las chicas, enhorabuena.
-¿Qué le has hecho a Sally? –pregunté, clavando mi mirada en los ojos amarillos de Sombra.
-No le he hecho nada. Todavía no.
Entonces se fue como había vuelto: desapareció con aquella arena negra, dejando aquella escena totalmente silenciosa.
¡Aquí acaba el capítulo 3! ¿Qué tal les ha parecido? No olviden comenta, que responderé a las reviews en el próximo cap.
Lady Lyuva Sol: Sí, Jack y Sally son novios y ya XD. Me alero de recuerdes esos detalles de la peli. Además, no quise dejar marginada a la pobre gata XD.
RyuuShadow: Más o menos el capítulo anterior era para demostrar el contraste que había entre los estilos de ambas pelis ( ya lo has visto con Jack y Norte en este capítulo XD). Saludos a México desde España :D.
