Buenass! ¿Qué tal están pasando el verano? Espero que se haga más ameno con este nuevo capítulo que traigo aquí. ¡Disfrútenlo!


Capítulo 5

Cuando llegamos a Halloween Town, todo estaba muy dañado: edificios en ruinas, el bosque junto al cementerio estaba calcinado y el cielo se cubría de nubes negras. Aquel paisaje casi apocalíptico me había dejado paralizado.

-¡Jack! –exclamó una voz.

Entonces vimos al alcalde corriendo hacia nosotros, con una mala expresión en el rostro.

-¡Dios mío, esto es horrible!

-¿Qué pasa, alcalde? –pregunté, aunque en parte ya sabía la respuesta.

-Ha pasado tan rápido… Todos estábamos tranquilos hasta que unos…caballos negros aparecieron volando y arrasaron con todo. Y eso no es lo peor: ¡creo que el dueño de esos caballos tiene a Sally en la plaza del pueblo!

-¡¿QUÉ?! –exclamé. Aquella noticia me atravesó como una lanza al rojo vivo.

-¡Vamos, Jack! –exclamó una voz lejana- ¡No me digas que te has escondido! ¡Muy cobarde viniendo de ti, el Rey de Halloween!

Reconocí aquella voz como la de Sombra y una sensación de rabia empezó a recorrer mi cuerpo. "Como Sombra se atreva a tocar un pelo a Sally se lo haré pagar", pensé, mientras mis manos se cubrían de llamas. Cuando me convierto en espantapájaros el día de Halloween puedo lanzar bolas de fuego y cosas por el estilo. Pues he aprendido a controlar ese poder hasta el punto de no necesitar el hecho de transformarme en espantapájaros para usarlo.

-¿Cómo haces eso? –preguntó Bunny.

-Hay cosas que aún no conocéis sobe mí. –respondí- Y ahora vayamos a la plaza del pueblo.

-No tan rápido, huesudo.

Reconocería esa voz ronca en cualquier parte. Dirigí la vista hacia su dueño y vi al último demonio que quería ver en el mundo: Krampus. Pensaréis: "¿pero no era socio de Norte?" Claro que sí, pero resulta que Krampus se pasó de la raya y Norte lo echó. Su primer destino fue Halloween Town, pero no se portaba muy bien (le afectaría demasiado eso de castigar a niños malos), y tuve que expulsarlo… a base de picaduras de cuervos (Poe me enseñó a controlarlos, y he de decir que me ha servido de mucho). De ahí la gran cantidad de cicatrices de su cuerpo.

-¿Me echabas de menos? –preguntó Krampus, inclinando la cabeza hacia un lado, con esa sonrisa que más que asustarme, me asqueaba.

-Vete de aquí, Krampus. A menos que quieras recibir quemaduras de segundo y tercer grado.

-Vaya, qué antipático te has vuelto. Déjame que te quite ese mal humor… ¡a golpes!

El demonio fue a abalanzarse sobre mí, pero Norte se interpuso entre él y yo, antes de que se escuchase un aullido de dolor. Krampus retrocedió unos pasos, dejando ver un gran corte que cruzaba su torso en diagonal.

-¿Estás bien? –preguntó Norte.

-Sí. ¿Cómo has…?

Norte me enseño unos sables que empuñaba.

-¿No te había comentado que soy un cosaco ruso potencialmente peligroso? ¡Ve con Sandy a la plaza! ¡Nosotros te cubrimos!

Sandy y yo corrimos hacia la plaza, donde Sombra nos esperaba, rodeado de caballos negros hechos de arena negra. Pero no me fijé mucho en esos detalles porque había otra cosa que me preocupaba más: Sombra agarraba a Sally, tapándole la boca con una mano. Apreté los dientes mientras las llamas que cubrían mis manos aumentaban de tamaño.

-¡Por fin te has dignado a venir! Creía que nunca aparecerías…

-¡Suéltala, Sombra!

-Qué brusquedad, por favor. ¡Anda, si ha venido el enano! Esto no es muy justo: dos contra uno. Espera… ¡si son dos contra más de cien! ¡Acabad con ellos!

Los caballos se abalanzaron sobre Sandy y yo, pero ambos sabíamos defendernos: él con unos látigos de arena dorada y yo con llamaradas que hacían desaparecer a los caballos de Sombra. En poco tiempo acabamos con todos.

-¡¿Pero qué…?! –exclamó Sombra- ¡No es posible!

-Pues acabas de verlo. –respondí- Y ahora suelta a Sally.

Sombra titubeó, pero trató de disimular su disgusto con una sonrisa forzada.

-Vale, has ganado este asalto. –dijo- Pero ahora me toca a mí. Vamos a comprobar si tu querida muñeca de trapo puede soportar mis pesadillas.

Entonces una nube negra se dirigió hacia Sally y Sombra, y supe que si no hacíamos algo, la cosa no acabaría bien.

-Disfruta del espectáculo, Jack, aunque seré yo quien se divierta más.

Sombra se separó de Sally mientras ella se veía envuelta en aquel tornado de nubes de arena negra. Me sentía impotente ante aquella escena y algo me dijo que yo debía jugar sucio si Sombra también lo hacía. Llevado por la rabia del momento, lancé una llamarada contra Sombra, dándole de lleno en la cara. Se cubrió el rostro mientras gritaba de dolor.

-¿Quieres otra? –pregunté, dispuesto a convertir en ceniza a aquel bastardo.

-¡Vas a pagar por esto! ¡Tú y los Guardianes! –gritó Sombra, mostrando la parte de su rostro que se había quemado de forma grave- ¡La oscuridad gobernará el mundo! ¡Y no tendré piedad con vosotros!

Sombra se fue, sin retirar aquel torbellino de arena negra que envolvía a Sally. Traté de acercarme, pero aquellas nubes me tiraron al suelo. Supe que un ataque directo no serviría de mucho. Entonces se me ocurrió una cosa.

-¡Sandy! –exclamé- ¡No sé si funcionará, pero hay que intentarlo! ¿Puedes hacer que esa arena negra se vuelva dorada?

Sandy creó sobre su cabeza una gran cantidad de imágenes, las cuales interpreté así: "ya ha pasado al revés, así que poder, se podría".

-Vale, entonces hazlo, por favor. –le rogué.

Con más imágenes doradas, Sandy me pidió que me hiciera atrás y, tras crujir sus nudillos, se dispuso a hacer desaparecer la arena negra. Dirigió una gran cantidad de arena dorada hacia el oscuro tornado. Al principio pensé que no funcionaría, pero mis pronósticos cambiaron cuando la arena negra comenzó a adquirir un color dorado. Cuando todo aquello estaba totalmente transformado en arena dorada, Sandy la absorbió por completo, dejando libre a Sally de las pesadillas. A pesar de ello, mi muñeca de trapo parecía aturdida y se tambaleaba, amenazando con desmayarse en cualquier momento.

-¡Sally! –grité cuando ella estaba a punto de caer.

Conseguí sujetarla a tiempo, haciendo que Sally saliese de su casi desmayo, aunque parecía cansada.

-¿Estás bien? –pregunté mientras la ayudaba a incorporarse.

-Creo que sí. –respondió, antes de dar un respingo y mirar a su alrededor- ¿Qué ha pasado?

-¿No me digas que no te habías dado cuenta?

-No sé. Lo único que recuerdo son nubes negras, pesadillas que gracias a que vivo aquí no me afectaron y… ¡oh, Dios mío!

Tras esta última exclamación, Sally se tapó la boca con ambas manos, y unas lágrimas empezaron a asomar por los ojos.

-¿Qué pasa?

-Creo que… en una de esas pesadillas tuve una premonición. No sé cómo decirlo… pero te vi como un espantapájaros, acercándote hacia mí para tratar de quemarme.

Me quedé paralizado ante aquellas palabras. Yo jamás haría daño a Sally ni en sueños. La quiero demasiado como para hacer tal cosa. Pero tampoco debía ignorar aquella premonición: ya había pasado con el desastre navideño (Sally acertó de lleno, hay que decirlo), y no quería que pasase esta vez.

Al ver las lágrimas que empezaban a deslizarse por las mejillas de Sally, mi primer instinto fue el de abrazarla, apoyando mi barbilla en su cabeza mientras ella se inclinaba sobre mi pecho.

-Sally, tú tranquilízate. –le susurré con cariño- Eso no va a pasar nunca, ¿vale? Tú confía en mí.

Cuando supe que Sally se había tranquilizado me separé de ella y, para romper la tensión del momento, dije.

-Esto… Sally, te presento a Sandy. Él fue quien te salvó de esas nubes negras.

Sandy creó con su arena un sombrero de copa que se quitó mientras inclinaba ligeramente la cabeza. Entonces oímos unos pasos rápidos y vimos a Norte y a los demás corriendo hacia nosotros (Hada iba volando, ya sabéis a qué me refería).

-¡Krampus se ha escapado! –dijo Norte.

-Y Sombra también, aunque le he dejado un regalo grabado a fuego, literalmente, en su cara.

-Bueno, -añadió Norte, enfundando los sables- al menos veo que Sally está bien.

-Hola, señor Claus. –saludó Sally.

-Espera… ¡¿cómo lo has reconocido?! –exclamé, sorprendido ante la agudeza de Sally (¿veis por qué la adoro?).

-Barba blanca y traje rojo. Inconfundible.

-Bueno, lo de Santa Claus es un apodo. Mejor será que me llames Norte.

Tras presentar a Sally al resto de los Guardianes (en serio, me gusta ese nombre), Bunny dijo:

-¿Así que esta es tu novia? Oye, ¿no tendrá alguna hermana gemela o algo así?

-Bunny, -respondí- siento decirte que el molde se rompió.

-Y no es una frase hecha. –añadió Sally, entre risas- Pregúntaselo al doctor Finkelstein. Él fue quien me creó y, literalmente, cogió mi molde, diseño o como se llamase, y lo quemó. Nunca supe por qué, pero es agua pasada.

Bunny agachó las orejas, decepcionado.

-Esto… cambiando de tema, -intervino el alcalde, quien acababa de aparecer- ¿cómo reconstruimos el pueblo?

Aquella pregunta fue muy adecuada para la situación porque, como ya expliqué antes, la mayoría de los edificios estaban destrozados.

-Tranquilo todo el mundo. –dijo Norte- Yo llamo a algunos yetis para que vengan y esto estará como nuevo en menos que canta un gallo.

-¡Oh, gracias! –exclamó el alcalde con su buena cara mientras agarraba una mano de Norte y la agitaba eufóricamente- ¡Como alcalde y representante de Halloween Town estoy muy agradecido!

-Bueno, no hay de qué. –Norte se acercó a mí y me preguntó- ¿Siempre es así de histérico?

-No lo has visto cuando organiza Halloween… un día después del último que hubo.

-Vaya… ni yo me vuelvo así de loco para la Navidad.

-Ya somos dos… -entonces se me ocurrió una idea y añadí- Hablando de yetis… Sally, ¿podrías estar unos días en el Polo Norte? Solo hasta que todo esto acabe.

-Pero Jack…

-Escúchame, sé que esto puede parecer precipitado para ti, pero ya has visto lo que puede hacer Sombra. Lo que quiero decir es que no quiero perderte. –la cogí de ambas manos y añadí- ¿Me prometes que vas a estar a salvo?

Ambos permanecimos en silencio durante unos segundos antes de que Sally esbozase una sonrisa triste y contestase:

-Vale, prometido.

Yo le devolví la sonrisa mientras le soltaba las manos, justo cuando Norte intervino, acariciándose la barba:

-Siempre he pensado que el amor es un arma de doble filo: pueden usarlo contra ti, pero también te puede servir de impulso para conseguir tus metas.

-Vale, vale, muy bonito el discurso, Norte. –dijo Bunny- Pero tenemos un mundo que salvar de la oscuridad, unos niños a los que librar de las pesadillas y un día de Pascua que podría irse al garete si no hacemos algo. ¿Te parece bien mi argumento?

-La verdad es que tienes razón, Bunny. Debemos darnos prisa.

-¡Gracias! ¡Por fin alguien hace caso de lo que digo!

-Así que, Jack, ¿quieres venir con nosotros a pesar de los riesgos?

Bajé la vista, pensativo.

-Bueno, yo…

Me interrumpí porque en ese momento noté la mano de Sally encontrándose con la mía y sentí cómo mis dedos se entrelazaban con los suyos de forma inconsciente. Sally y yo nos miramos y, con toda la confianza que me había dado aquel gesto y con una media sonrisa, dije:

-Vayamos a por Sombra.


Más tarde Norte, bola de nieve en mano, nos dijo que ya había avisado a los yetis y que estarían a punto de llegar.

-Cuando lleguen los yetis –continuó- romperé contra el suelo y se abrirá un portal para que Sally entre. Si queréis despediros, estáis a tiempo.

Entonces se abrió un portal por el que salieron varios yetis.

-Mira, Sally –dije- Tú confía en los yetis cuando llegues al Polo Norte. Ya sé que pueden parecer algo… grotescos, pero son gigantes amables y creo que serían buenos guardaespaldas para ti…

-Prométeme que estarás bien. –rogó ella, mirándome con ojos tristes.

-¿Acaso he fallado alguna vez una promesa? –dije con una sonrisa para tratar de animarla.

Entonces escuché el ruido de cristales rotos y levanté la vista para comprobar que Norte había abierto el portal hacia el Polo Norte. Cuando volví la vista hacia Sally para despedirme de ella, se me adelantó con un inesperado beso de despedida que, a pesar de durar unos pocos segundos, hizo detener el tiempo en ese instante. Entonces un sentimiento nostálgico que apareció repentinamente me hizo pensar en que no quería separarme de Sally, pero recapacité y creí que lo mejor para protegerla era, precisamente, alejarme de ella.

-Ten cuidado. –dijo Sally cuando nos separamos.

-Lo tendré, tranquila.

Sally se dirigió al portal y, antes de entrar en él, volvió la vista hacia mí y me fijé en sus ojos vidriosos y húmedos, como a punto de derramar una cascada de lágrimas en un llanto silencioso y nostálgico.


Aquí acaba el 5º capítulo de este crossover! Durante todo el verano estaré publicando, así que ustedes tendrán algo para leer en vacaciones ;). ¡Hasta el próximo cap! No olviden comentar, darle a "favorite" y "follow", que lo aprecio mucho. :3

Lady Lyuva Sol: Me alegro de que te haya gustado el capítulo 4. No sé si te afectó lo que pasó en este, pero tienes que reconocer que no he sido dura con la pobre Sally.

RyuuShadow: No pasa nada si te atrasas con los capítulos. No hay prisa. Y me alegro de que te esté gustando. Eso significa muchísimo para mí :'D