Hello! Sí, hoy saludo en inglés. Como sabe todo el mundo, después del capítulo 5 va el 6. ¡Y lo traigo fresquito! Enjoy it (disfrútenlo)!


Capítulo 6

Una vez cerrado el portal por el que había entrado Sally, los Guardianes y yo decidimos pararnos a pensar en algún plan.

-Primero que nada –empezó Norte- Tenemos que averiguar por dónde empezará a atacar Sombra. Y tenemos que hacerlo rápido.

-Antes de que Sombra escapase –intervine,- dijo algo así como: "¡Los Guardianes pagaréis por esto!¡No tendré piedad con vosotros!" Así que creo que empezará por uno de vosotros.

De repente a Bunny le fallaron las patas traseras y estuvo a punto de desplomarse si Norte no le hubiese sujetado a tiempo.

-¿Estás bien, Bunny? –preguntó Hada.

-¿Alguna vez habéis corrido una maratón de las largas? Pues así estoy ahora, como si hubiera hecho dos de esas seguidas antes de una paliza de un boxeador profesional.

-Tenemos que ir a la guarida de Bunny. –añadió Norte- Algo me dice que Sombra ha empezado por ahí.

-Sé por dónde podremos ir. –dije- Seguidme.

Llevé a los Guardianes (sin prisas porque el pobre conejo de Pascua estaba muy débil) a los Árboles de las Festividades y abrí la puerta del árbol con el huevo de Pascua, dejando que los Guardianes entrasen dentro.

Cuando llegamos a la guarida de Bunny, se nos mostró delante una escena horrible: había una gran cantidad de huevos en el suelo, todos rotos.

-¡No, no puede ser! –exclamó Bunny, poniendo sus patas delanteras sobre su cabeza- ¡Esto no puede estar pasando!

-Sombra ha hecho su primer movimiento. –murmuró Norte- Y esta vez, va muy en serio.

Rápidamente pensé en algo porque no iba a quedarme de brazos cruzados mientras la situación empeoraba.

-Bunny, –dije por fin- ¿cuándo es Pascua?

-Dentro de dos días. ¿Por qué lo preguntas?

-¿Cuánto tardas en preparar los huevos para ese día?

-Si me doy prisa puedo hacerlo en una semana. Oye… no estarás pensando que en menos de dos días pintemos huevos para todos los niños del mundo, ¿verdad?

-Has dado en el clavo.

-¡Epa, frena el carro, colega! ¡No te creas que es tan fácil! No solo tenemos que pintar los huevos y eso. También hay que entregarlos. En un solo día.

-¿Quién ha dicho que seamos solo nosotros quienes entreguemos los huevos?

-¿Qué quieres decir con eso, Jack? –preguntó Hada.

-Tengo amigos que nos podrían ayudar con eso. Amigos con plumas. Y sé de tres gamberros a quienes voy a "invitar" a que pinten huevos.

-¿Qué pasa? –intervino Jack Frost- ¿Cuándo llegaste a muerto tu cerebro se quedó ahí dentro?

-Más que inteligencia, lo que tengo es astucia e ingenio, algo que hace falta si quieres organizar Halloween para que nadie se quede sin un buen susto. Así que manos a la obra, que tenemos trabajo por delante.

Cuando nombré la palabra "invitar", me refería a que iba a obligar a Lock, Shock y Barrel a ayudarnos a pintar los huevos, como castigo por haber entrado en la guarida de Bunny sin permiso y, encima, por haber molestado al conejo.

Contra todo pronóstico, y gracias a la "desinteresada" ayuda que nos había proporcionado el trío gamberro, terminamos de pintar los huevos en poco más de medio día. Acabamos manchados de pintura, sobre todo Norte y yo, en mayor parte por culpa de las bromas de los críos. A pesar de que tenía ganas de calcinarlos a los tres o de darles tal susto que les hubiese llegado hasta el carné de identidad si lo tuviesen, tuve que permitir las jugarretas de los mocosos porque estábamos ocupados en cosas más importantes.

-¡Esto es increíble! –exclamó Bunny, emocionado- Gracias por todo, chicos. Aunque me sorprende que Frost también haya ayudado. Creía que te caía mal.

-Y me sigues cayendo mal, canguro. –respondió el joven de pelo blanco- ¿Pero con quién me voy a meter si te perdemos?

-Vale, tenemos los huevos. –intervino Norte- Ahora bien, ¿cómo los entregamos?

Como respuesta, señalé hacia arriba con un dedo.

-Simplemente hay que subir a la superficie. Bunny se encargará de distribuir el reparto de los huevos y nosotros lo llevamos a cabo. Tenemos tiempo de sobra, pero no podemos perder tiempo.

Según salimos al mundo exterior con unos sacos llenos de huevos Bunny organizó quién los llevaría a dónde. La cosa quedó así: Jack Frost iría con Norte en su trineo, Hada y Sandy irían volando y Bunny y yo entregaríamos los huevos a pata.

-Oye, Jack. –dijo Hada- ¿Y esos amigos tuyos de los que nos hablabas?

-Tranquila, Hada. Es que todavía no los he llamado. –respondí antes de silbar.

De repente una gran masa negra apareció en el cielo. Los Guardianes se asustaron, seguramente pensando en Sombra, pero yo sonreía porque aquello era una gran bandada de cuervos que en cierto momento descendió, y las aves se posaron en unos árboles cercanos, aunque algunos se tomaron la libertad de ponerse sobre mi cabeza y mis brazos. No me molestó, al contrario, no pude evitar reír ante aquella situación.

-Pues sí que les caigo bien –dije, divertido.

-Menos mal. –dijo Norte- Por un momento pensábamos que era Sombra o algo así.

-¡Qué va! Si son más simpáticos y son una monada. –dije, antes de acariciar a uno de los cuervos por el cuello y añadir- ¿A que sí? ¿Quién es el pajarito más bonito?

-Si te soy sincera, -intervino Hada- son preciosos. Y te lo dice alguien con las plumas de colores.

-La belleza no solo se pinta con colores brillantes. –dije, antes de que los cuervos que se habían posado sobre mí echasen a volar hacia otro lado. –Pero vayamos a lo nuestro. Estos cuervos se encargarán de ayudarnos con los sacos de huevos. Quienes necesitarán menos ayuda serán Norte y Jack Frost porque ya tienen el trineo de Norte, pero nunca está mal una ayudita de más. Pero procurad no llamar la atención, no vaya a ser que alguien sospeche.

-Y sobre todo porque Sombra puede estar de ronda por ahí. –añadió Frost.

-Exacto, copito de nieve. –intervino Bunny- Bien. Os deseo a todos buena suerte con el reparto. Vamos allá.

Nos separamos y comenzamos a repartir los huevos. Los cuervos volaban bajo, casi sobre las cabezas de Bunny y mía, para no llamar la atención. Llevábamos un ritmo excelente hasta que llegamos a una casa que, por extraño que parezca, me parecía conocerla.

-¿De qué me sonará esta casa? –murmuré, sin dejar de mirar el edificio.

-Por lo visto aquí vive un escritor de novelas de terror. –dijo Bunny (¡vaya oído el suyo!) Creo que se llamaba Jordan. Tenía un gusto muy peculiar en el diseño de los huevos. Supongo que ese gusto se transmitió a su hijo.

Bunny me enseñó un huevo que tenía pintado al detalle un vampiro (de los de verdad, no esa cosa que llaman Crepúsculo). Entonces ya supe por qué me sonaba aquella casa. Unos veinte años atrás, en el desastre navideño, llevé mi "regalito" a ese Jordan, quien vivía precisamente en esa casa. Supongo que fue el único a quien no le arruiné la infancia porque, según Norte, no quiso devolver la cabeza reducida que le regalé.

-Esto, Bunny. –dije- Te voy a contar por qué esta casa me resulta familiar…

Me interrumpió un ruido que venía de unos arbustos.

-Tú quédate ahí, Bunny. Iré a echar un vistazo.

No me faltaba ni medio metro para llegar al arbusto cuando algo se abalanzó sobre mí. Hasta medio segundo después no me di cuenta de que mi atacante era Krampus. Yo estaba en el suelo y el demonio estaba sobre mí, mirándome con sus ojos salvajes y sonriendo con aquella dentadura podrida.

-¿Qué pasa, no te has rendido todavía? –me preguntó, echándome su aliento fétido en toda la cara.

-¿Y tú sabes lo que son los caramelos de menta? –respondí, tras toser un poco. Hasta Igor, el ayudante de Finkelstein tiene mejor aliento.

Para deshacerme de Krampus le di un cabezazo aprovechando que su cabeza estaba tan cerca de mí (creedme, cuando alguien me busca las cosquillas acaba mal). Por el dolor, el demonio se levantó, con las manos en la cabeza. Cuando logré levantarme, prendí fuego en mis manos justo cuando Krampus agitó la cabeza.

-Eres más duro de lo que pensaba. –dijo antes de fijarse en Bunny, quien se daba prisa en poner los huevos– A ver si opino lo mismo del conejo.

Saltó para atacar a Bunny, pero agarré la cola de Krampus, quemándola, y tiré del demonio al suelo (eso es lo bueno de ser un no muerto: consigues algo de fuerza de más). Mientras Krampus gritaba de dolor, hice una seña a los cuervos para que lo atacasen, y entonces grité a Bunny:

-¡Corre! ¡Yo te cubro!

Bunny obedeció y salió corriendo como alma que llevaba el diablo. Para lo siguiente que me pasó no pude reaccionar a tiempo: Krampus se levantó rápidamente antes de darme un zarpazo que rasgó mi chaqueta y, por extraño que parezca, noté una quemazón en la zona donde me habían alcanzado las garras del demonio. Entonces Krampus me agarró por el cuello y me elevó mientras decía:

-Voy a convertirte en polvo antes de que logres decir "muerte".

El demonio tenía preparada su zarpa para hacerme pedazos cuando su rostro cambió radicalmente, su mano se aflojó, por lo que pude liberarme antes de que Krampus se desplomase en el suelo. Suspiré de alivio y, para mejor, la quemazón había desaparecido.

-¿Estás bien? –preguntó alguien a mi lado.

Dirigí la vista hacia la procedencia de aquella voz y me encontré con un hombre sujetando una pala. Era algo más bajo que yo, delgado, de cabellos oscuros y revueltos que contrastaban con la ligera palidez de su piel y sus ojos verdes, situados tras unas gafas. Su rostro lucía una perilla y un bigote.

-Sí, estoy bien, supongo. –respondí, antes de dar un respingo- Espera, tú eres Jordan, ¿verdad?

-Así es. Y supongo que tú eres el esqueleto suplente de Santa Claus que me regaló aquella cabeza reducida hace veinte años. ¿Me equivoco?

"Pues sí que tiene memoria", pensé, sorprendido.

-Oye, perdona si te he despertado, pero ya has visto que hemos tenido problemas.

-Ya lo sé. Me despertaron unos ruidos y miré por la ventana y os vi a ti, a este bicho feo que estará durmiendo la mona y al conejo de Pascua.

-¿Acabas de decir que acabas de ver al conejo de Pascua? Pero si…

-No hace falta ser un niño para creer lo mismo que uno de ellos. Además, soy escritor y, como consecuencia de ello, tengo la mente más abierta. Siempre he pensado que la ilusión nunca debe perderse pero, por desgracia, los adultos pensamos demasiado en el trabajo y cosas varias y olvidamos lo que es vivir como un niño.

-Perdona por interrumpir tu discurso, pero tengo que irme. Estamos muy ocupados.

-¿Vas a ir con esas pintas? Anda, entra, que creo que tengo algo de tu talla. Al fin y al cabo ambos somos unos palillos andantes. –dijo Jordan, entre risas.

Ambos entramos en la casa de Jordan y, tras unos pocos minutos, salimos de ella, aunque yo me había cambiado de vestuario: gabardina de cuero negro, camisa blanca con corbata negra y chaleco rojo (siempre tiro por lo elegante). Mis pantalones y zapatos estaban intactos, así que me los dejé puestos, dando la casualidad que combinaban de maravilla con lo que Jordan me había prestado o, según él, me había reglado como agradecimiento.

-¿Agradecimiento? O sea, que no te he arruinado la infancia hace veinte años.

-¡Qué va! Gracias a ti descubrí mi vocación como escritor de novelas de terror. Por eso te lo agradezco de corazón, ya que encima he cosechado mucho éxito. Y si una turba furiosa trata de lincharte a lo "Frankenstein", yo te defiendo.

-Gracias por todo. Será mejor que me vaya.

-Ya. ¿Y qué hacemos con el que está durmiendo como un tronco en mi jardín? –preguntó mientras señalaba a Krampus.

-Creo que tengo una idea.

Llamé a unos cuantos cuervos y les dije que se llevasen a Krampus a un lugar que sea adecuado para él ¿Y cuál es el mejor sitio que puede habitar un demonio feo con el aliento podrido? Pues un barco que transporta basura en medio del mar.


The End de este capítulo. ¿Les ha gustado? Pongan su opinión en las reviews, no sean tímidos, pls (esto parece un vídeo de YouTube XD). Ya saben ustedes que la opinión de mi lectores significa mucho :'D. Responderé a las reviews en el próximo cap. ¡Hasta la próxima!

Lady Lyuva Sol: No me canso de decirlo, me alegro muchísimo de que te guste lo que hago. Feliz verano igualmente.