¡Hola de nuevo! No me puedo creer que esté actualizando tan rápido, pero todo tiene su porqué. Los primeros capítulos aunque igual de importantes son más cortos porque en ellos me centro en mostrar al resto de personajes y el cambio que han experimentado los ya conocidos.
Quiero agradecer a Bettelgeuse su review. Comentarios así sirven para mejorar, y como ya te dije. Me has beteado sin saberlo, moza.
A lauritatorres10, que no tiene cuenta en ff y no le he podido responder, reviews como el tuyo me ilusionan un montón :') Si no tenéis cuenta os puedo responder en las notas de autora, sin embargo no me permiten extenderme tanto como me gustaría, si queréis que os conteste bien podéis dejar un correo, un LJ o esas cosas que se llevan.
Pero todas y todos os merecéis un enorme gracias por leerme, dejéis constancia o no. (Las visitas se chivan)
Además me gustaria hacer un par de aclaraciones. (Gracias a Bettel también). En primer lugar, sé que Rowling decidió casar a Draco y a Astoria porque ésta era "mejor persona que Pansy", sin embargo que sea mejor persona no la convierte en una santa. De todos modos ya la iréis conociendo más.
En segundo lugar, dudo que hubieran acabado juntos si Astoria no hubiera vivido de cerca ciertos aspectos. Como os podéis imaginar, cuando mi niño Tom Riddle fue derrotado no estaba muy bien visto casarte con alguien que tuviera la marca tenebrosa en el brazo, por eso en mi cabeza el padre de Daphne y Astoria es Mortífago y tan purista como el resto.
¡Os dejo con el capítulo!
Disclaimer: Esto es solo mi laguna mental perteneciente al paraíso de Jota Ka. (Y Voldy habría ganado)
ARCANUM REQUIES
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—Zabini—respondió en el mismo tono— ¿Es esto tuyo?
No tuvo que voltearse para reconocer esa voz. Aunque no pudiera verle la cara, sabía que estaba sonriendo. Él era como un chiste de humor negro andante, y nunca mejor dicho. Realmente, Zabini era esa clase de persona a la que nunca llegabas a conocer del todo. Jamás decía nada con seriedad, incluso en los temas más prudentes y tenía la cualidad de llevarse cualquier tipo de conversación a su terreno.
—No, pero aun así no deberías tocarlo. ¿Qué pensaría la Señora Greengrass si viera a su pequeña mostrando tal falta de respeto? —irónico, el chico se dejó caer en una butaca del mismo material y color, pero de espaldas al lago, quedando frente a Astoria.
—No le sorprendería, Blaise. Siempre me ha gustado lo que no es mío, soy caprichosa. —Le respondió ella con una mueca ladeada—. Bueno, ya que no es tuyo y al parecer no tiene dueño (al menos no en un radio de veinte metros), podré echarle un vistazo. Si tú no dices nada, yo tampoco—el chico sonrió limpiamente e hizo un ademán con la mano invitándola a que abriera el libro mientras se inclinaba con curiosidad al libro, aún sentado,
Astoria giró la cabeza a ambos lados, comprobando que no había nadie en la Sala Común. La verdad es que el libro no tenía por qué contener nada interesante, era un simple objeto de piel, viejo. Sin grabados, sin indicios. Quizá por eso llamaba la atención. Lo abrió con delicadeza por contraportada y comenzó a pasar páginas. Vacío. Pergamino, pergamino y más pergamino.
—¡Aparecium! Nada. Bah…parece un simple taco de pergaminos encuadernado. Aunque, la verdad, quien lo haya hecho tiene un gusto espantoso.—Comentó frunciendo la nariz—. Esperaba que fuera…no sé, un diario.
—Ah…diarios. —Comenzó con tono teatral—. Recuerdo aquél en el que Millicent desarrollaba un árbol genealógico con Zacharias Smith, sí, el de Hufflepuff. Además escribía todo lo que iba a comer cuando acabaran las clases. Ingente. Ahora entiendo cómo es tan inmensa. La verdad es que la chica tiene un sentido del humor…peculiar. Se enteró y desde entonces no es capaz de mirarnos a los ojos. Cayó en mis manos…por pura coincidencia, un día que Nott y yo…—pero el chico no pudo acabar. Las páginas del libro, en manos de Astoria, empezaron a mostrar grabados etéreos que se esfumaban con rapidez y de pronto el libro comenzó a sangrar. Sí, de las páginas emanaba a borbotones un líquido del más oscuro rojo—. ¿¡Qué cojones!? Astoria, cierra eso, ¡AHORA! —gritó Zabini. La chica obedeció inmediatamente dejándolo caer sobre la mesa de madera de forma sonora. El libro permaneció estático, tan ordinario como lo había sido antes.
—¿Qué…—carraspeó la chica, llevándose la mano a la garganta—…qué era eso, Blaise?
—Un Arcanum Requies, es como…
—Un libro de anagramas,—le interrumpió la chica—mi padre tiene algunos en su biblioteca, pero no suelen comportarse así.
—Eso es porque éste está hechizado, supongo que para protegerlo…
—¿Protegerlo? Por Salazar, Blaise. ¿Quién querría proteger algo de esa forma en un colegio? —preguntó claramente contrariada. Un brillo de suspicacia recorrió la mirada del moreno, quien se levantó de forma rápida y grácil, cogiendo el libro por el lomo y encaminándose hacia las habitaciones masculinas.
—Esto no puede andar por ahí, no es que me preocupe la salud pública pero no me gustaría mandar a un arsenal de Slytherins de Primer Año a San Mungo…Anda, ahórrate lo que acaba de pasar, no queremos alarmar al personal. —Astoria asintió mientras el moreno desaparecía por el hueco de las escaleras. ¿Por qué estaba ese libro ahí, protegido pero desprotegido? ¿Quién era su dueño y cómo había sido tan insensato de dejarlo en la Sala Común? ¿Sería una broma de mal gusto? Peeves a menudo hacía esas cosas, encantaba Bludgers, escobas… Sin embargo habría tenido gracia si se tratara de otra Casa, pero, ¿en Slytherin? ¿Y algo tan sumamente peligroso? Las cosas empezaban a oler mal y eso que solo llevaban un día en Hogwarts. Tal vez el chiflado director tuviera razón. Nadie estaba a salvo.
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La Sala Común comenzó a llenarse minutos después, Astoria se levantó y empezó a buscar con la mirada a Illy-Anne y Laura para ir a desayunar. Su trayectoria se desvió cuando algo llamó su atención. Parkinson, quien había estado esperando en las escaleras que conducían al dormitorio de los chicos, se había precipitado rápidamente hacia Draco, susurrándole algo al oído como si no hubiera sucedido nada el día anterior en el vagón. Como si el tiempo hubiera retrocedido dos años, cuando ellos aún estaban juntos. Cuando él la había llevado al baile del Torneo de los Tres Magos, cuando él aún no se había fijado en Astoria. Observó cómo Pansy se despedía con un ligero asentimiento y se unía a Bullstrode y Tracey Davis al salir de la sala.
Agitó su cabeza y se dirigió a Illy-Anne, que en ese momento bajaba de su habitación. Cinco minutos después llegó Laura atusándose por el camino, se había quedado dormida, para variar. Una vez en el comedor ambas estuvieron haciendo un análisis sobre la malísima cara que Astoria tenía.
—¿No has dormido bien? —preguntó Illy-Anne.
—¿No es obvio que no, Illy? —respondió Laura— Astoria, si no te encuentras bien le podemos decir al Profesor Snape…
—Estoy bien.
—¡Ya sé lo que te pasa! —dijo Illy-Anne con una sonrisa de oreja a oreja—. Es Adrian, ¿verdad? Por eso te fuiste tan pronto de la habitación, ¡estabas con él! Y no pudiste dormir pensando…
—Illy-Anne—le cortó Astoria—. A veces eres tan inmensamente estúpida que no sé cómo no acabaste en Hufflepuff. —Se levantó de la mesa y salió del Gran Comedor, seguida por Laura, que al menos sabía cuándo debía callarse. Illy-Anne Perks, no ligaba demasiado. Vivía en una especie de trance constante que solo daba cabida a aberraciones verborreicas de tal calibre. Su lugar favorito en el mundo era el Salón de Té de Madame Pudipié. El cual Astoria encontraba de lo más vulgar. Era una de esas chicas sin una personalidad muy definida, pero que sorprendentemente, sabía de quién rodearse o mejor dicho, a quién rodear. Sí, quizá por eso estaba en Slytherin.
—Ignora a Illy, Astoria. Ya sabes que a veces necesita…
—¿Crecer? —respondió la chica morena—. Merlín, Laura. Podría competir con Longbottom en un concurso de necedades y aún tengo mis dudas sobre quién ganaría. —Laura reprimió una risa con la mano mientras entraban en clase de Historia de la Magia. Delirante, qué manera de dar la bienvenida al curso.
La voz del Profesor Binns incitaba a la abstracción, Astoria dejó de contar las palabras "rebelión" y "duendes" cuando en menos de dos minutos el Profesor las había pronunciado trece veces.
Era un secreto a voces, Draco había utilizado durante años a Pansy, lo que no significaba que no la respetara, el respeto venía impuesto en el momento que eras sangre limpia. Pero ella, demasiado superficial, demasiado exasperante…Era imposible que Draco la encontrara interesante. ¿O estaba equivocada? La verdad es que Parkinson no era ninguna estúpida, ni tan fea. A ver, no era una belleza pero tampoco parecía un Goblin. Vale que se dedicara a besar el suelo que pisaba Malfoy, vale que a veces su voz recordara al canto de una Banshee. Pero eso solo lo hacía porque era lo que él, indirectamente le pedía. Su relación podría asumirse como un contrato a intervalos en el que ambos salían beneficiados; Pansy se había sentido querida y Draco, adorado.
No obstante, ¿no había quedado hecho trizas ese contrato hace ya un año?
Astoria acababa de salir de la clase de Encantamientos con Laura, cuando de repente vio a Malfoy a lo lejos, apoyado en la estatua de la Bruja Tuerta. Se excusó y se dirigió hacia el chico.
—¿Qué haces aquí, Draco? Pensé que…
—Cuidado de Criaturas Mágicas. Ese intento de gigante ha sido destituido por Umbridge y de momento no tenemos profesor que ocupe su lugar. Que se joda. Supongo…—continuó, acercándose a la chica—…que prefieres ir a Adivinación antes que hacer una pequeña excursión.
—¿Una pequeña excursión? —respondió ella con recelo— ¿A dónde?
—Honeydukes. —Y sin esperar una nueva respuesta, asegurándose de que no venía nadie, se subió al pedestal de la estatua y comenzó a frotar la espalda de la Bruja. Acto seguido se abrió una trampilla en el suelo, Draco la sujetó del brazo y tiró suavemente de ella. Mientras atravesaban el pasadizo, Astoria, en silencio, reunía fuerzas para preguntárselo, tenía que hacerlo.
—Draco…—la chica se paró y le miró, él dio dos pasos más y se giró al comprobar que ella se había detenido. —Draco, tú…¿tú crees a Potter? —El rubio abrió la boca para hablar pero desistió cerrándola, lo que llevó a Greengrass a continuar—. Sé que tú lo sabes, Draco. Sé que a ti te lo han dicho, pero mis padres se desvían del tema de conversación cada vez que pregunto y Daphne no quiere saber nada de eso.
—¿Por qué siempre te cuestionas todo, Astoria? Eres demasiado curiosa. Si tus padres se niegan a hablarte del tema no deberías hacer tantas preguntas, ¿no crees? —Malfoy, que hasta ahora había mantenido un tono jovial, endureció su rostro.
—No voy a decir nada, tú lo sabes mejor que nadie. Tú sabes quién es mi padre y yo sé quién…
—Basta. —musitó Malfoy haciendo un gesto con la mano—. Ha vuelto, sí. Todos están reunidos, mi padre me lo contó a expensas de mi madre—aclaró con orgullo—. Pero ni a ti ni a mí debe preocuparnos eso. Estamos en el bando vencedor…Y a ti aún te queda mucho tiempo para salir de Hogwarts.
Draco avanzó poniendo una mueca divertida y abrió una puerta al final del pasillo. —Coge lo que quieras, cortesía de la tienda. —Draco siguió su propia afirmación tomando un puñado de caramelos. Astoria sonrió, se puso de puntillas y rodeando con sus brazos el cuello del chico se acercó a sus labios, pero fue él quien rompió la distancia y la besó. Él era siempre el que la besaba.
—¿Cuándo vamos a dejar de escondernos, Draco?
—Pronto. —Contestó esta vez desviando la trayectoria de sus besos hacia la frente de la chica. Suaves, lentos y húmedos fluían por su sien para desembocar en su cuello.
—¿Cuándo...es…pronto? —siguió preguntando con una respiración más pesada. Astoria no estaba acostumbrada a esa clase de sensaciones. Él había sido el primer y único chico al que había besado y rara vez Draco cruzaba esa línea.
—Te juro que no pasará de este verano.
Cerdo mentiroso y oportunista…Qué estúpida había sido, qué inocente. Se miró las manos, que tenían un tono morado peculiar. Las había apretado tanto que sus uñas habían dejado un pequeño rastro de sangre. Draco Malfoy estaba creando un monstruo privado de toda la inocencia que él se llevó consigo, dejando en su lugar celos, orgullo, envidia, codicia, odio.
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El tercer viernes del curso, la espesa niebla no había desaparecido, mas el cielo comenzaba a apagarse vaticinando el final del verano. Slytherin había empezado a entrenar, Aeneas Urquhart no había variado su plantilla respecto al año anterior, por lo que contaban con cierta ventaja sobre el resto de equipos, que tenían que buscar sustitutos a los alumnos de Séptimo que ya se habían graduado.
—¡Crabbe, Goyle!—gritó un Urquhart furioso desde su Nimbus 2001—. Dejad de comer de una puta vez y subid a golpear las Bludgers. Apuesto a que lleváis todo el verano sin tocar un bate. Y, ¿dónde cojones está Malfoy? Llevamos quince minutos esperándole.
Crabbe y Goyle se limitaron a encogerse toscamente de hombros, terminando sus respectivos pasteles de caldero a toda prisa. Al parecer el capitán decidió que no esperarían al rubio. Harper, el buscador suplente, sería suficiente para empezar a entrenar.
Vaisey, Pucey y Urquhart trataban de quitarse la Quaffle entre ellos mientras Vincent y Gregory se lanzaban una única Bludger, intentando tirar al otro de la escoba soltando estrepitosas carcajadas que bien podían haber pertenecido a un par de trolls. Harper perseguía una Snitch de cobre por todo el campo sin mucho éxito. Y, por su parte, Miles Bletchey bostezaba en su escoba ante la ausencia de acción cerca de los aros que protegía.
Astoria estaba sentada sobre la estructura inferior de las gradas, esperando a que el entrenamiento terminara. Lo normal habría sido subir a las cabinas de madera con el resto de sus compañeras de Casa, pero la verdad era que a ella el Quidditch no le interesaba lo más mínimo. Se había acercado para buscar a Pucey y de paso fastidiar a Draco, quien, sin embargo, no había pisado el campo de Quidditch.
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—Si seguís intentándolo quizá quedéis terceros este año.
—Greengrass, no sabía que estabas tan preocupada por el Quidditch. —Respondió el chico con una sonrisa ladina entretanto se quitaba la túnica verde esmeralda. Era tan atractivo que Astoria no podía evitar seguir cada movimiento que hacía—. Me ha sorprendido verte tan escondida, bajo las gradas. Y más sorprendente es que te quedes, esperando entre las sombras a que todos se vayan. ¿Esperabas quedarte a solas conmigo?
Ahí estaba su ego, creciendo como un monstruo en la penumbra dispuesto a comerse todo el espacio de los vestuarios y de paso, a Astoria. Cubierto de una ironía tan afilada que podría cortar el aire. Muchos Slytherin eran narcisistas, pero ninguno como Pucey. La verdad que mientras otros presumían de su apellido, de sus relaciones y de sus ambiciones, Adrian Pucey presumía de sí mismo, a pesar de tener todo lo anterior. Sus lealtades estaban, además, muy marcadas. Tanto él como la mayoría de alumnos de Séptimo habían demostrado en varias ocasiones su afinidad para con la causa oscura. Es lo que solía pasar cuando los alumnos de la casa de Salazar llegaban a su último curso, puesto que coincidía con la toma de una decisión que marcaría sus vidas.
—Necesito que me hagas un favor, Adrian.
—¿Y qué obtengo yo a cambio? A parte de evasivas.
—Nunca se sabe cuándo vas a poder necesitar algo de mí. Pero bueno, si no quieres puedo pedírselo a otra persona, ni si quiera tiene por qué ser de Slytherin.
—Eres buena, pero no quieras jugar conmigo como haces con la gente de tu edad o con los desesperados. —Dijo Pucey claramente molesto—. Yo no soy Uruqhart, a mí no se me pone la polla dura con un pestañeo, ni voy detrás de unas faldas vacías.
Astoria sabía por qué decía eso, durante los primeros días se las había apañado para coincidir siempre con él, para ponerle la miel en los labios. Sin embargo, las últimas dos semanas había estado esquivándole, evitándole con excusas cada vez que él le ofrecía su compañía, y sabía que eso le cabreaba. Vamos no solo lo sabía, lo notaba. El chico volvió a posar sus ojos en ella.
—Es una realidad, —continuó ocultando su nerviosismo— solo necesito que saques un libro de la Sección Prohibida para mí. Tú no necesitas permiso. —El chico soltó un bufido—. He estado muy ocupada esta semana, ¿sabes? Los profesores se están poniendo muy pesados con esto de la preparación estrictamente esencial que precede a los T.I.M.O.S.
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Desde cuarto, a parte de las salidas a Hogsmeade sin permiso de los padres, los alumnos no tenían ninguna obligación horaria los fines de semana. A excepción de los domingos en los que había partido, claro.
Era medianoche y la Sala Común estaba rebosante de distintas cuadrillas de Slytherin. Unos escuchando Las Brujas de Macbeth a unos niveles desproporcionados, otros apostando a los Gobstones…Astoria divisó a su propia hermana sentada junto a Pansy, Tracey, Zabini, Crabbe, Goyle, Vaisey, Uruqhart y Bletchey sobre la alfombra de piel de oso rodeando varias botellas de Ron de Grosella; Suponía que mejoraban los Naipes con un poco de alcohol. Theodore Nott, alejado del resto de grupos, leía en la mesa redonda de ébano como si estuviera solo en la Sala Común. Zabini, en cambio, parecía mantener una interesantísima y calurosa conversación con Draco en los sillones de la parte anterior, aquellos que tenían vistas al lago. Solo faltaba Pucey, que acababa de aparecer.
—Aquí tienes tu libro, Astoria. ¿Por qué estás interesada en encantamientos oscuros?—preguntó el sin miramientos.
—Estoy haciendo un poco de trampa con los deberes, Adrian—mintió—. Flitwick quiere que lo hagamos por la vía legal, pero eso supondría demasiado trabajo.
Pucey se sentó en el sofá de cuero, a su lado, apoyando su brazo en el reposa-cabezas tras la chica. Astoria arqueó las cejas. Cuando se quiso dar cuenta tenía los labios del chico succionando su oreja y la mano que había estado inmóvil frente al costado del chico, había despertado para explorar el camino de sus medias.
—Adrian…
—¿Hmmm…? —musitó él desde el hueco de su hombro como respuesta.
—Hay mucha gente, ¿no crees?
—Muy observadora. —Dijo suavemente, producto del alcohol. Agarró el rostro de la chica hasta que quedaron a escasos centímetros—. Seguro que siendo tan aguda te habrás fijado en que…no somos los únicos.
—No lo digo por eso, ¿no te importa que te vean? Quiero decir, tú eres de Séptimo…
—Y tú probablemente la fantasía sexual de media Sala Común. Me aventuraría a decir que hasta Bullstrode te pone ojitos. Ninguno de ellos piensa que esté haciendo el ridículo, al contrario. La edad deja de ser importante cuando el cuerpo se priva de esconderse, Astoria. —El chico detuvo el movimiento de su mano para apretar su rodilla—. Cuando demostráis que todas esas simplezas con las que las mujeres nacéis han sido superadas por ingenio, virulencia, ese otro tipo de belleza que tanto escasea. Y aunque te quede mucho por aprender...
Astoria dejó de escuchar, estaba alucinando, era como si una tentácula venenosa le estuviera estrujando los sesos. ¿Realmente Adrian Pucey le estaba diciendo todo eso? Estaba claro que se había encaprichado de ella y más claro estaba con qué fin lo había hecho. Pero, ¿que el obviara la diferencia de edad? ¿Que a él no le importara que decenas de ojos se estuvieran posando en ellos ahora mismo? Y que en cambio a Draco sí le hubiera importado, eso era demasiado.
Instintivamente, fracturó la poca holgura que quedaba entre ambos y besó al chico ávidamente, aguijoneándole con la lengua de una forma que podría situarse entre la vergüenza y el desenfreno. Quería que los viera. Así. Quería que la viera alimentarse de los labios de Adrian como nunca se había alimentado de los suyos. Quería odiarle. Quería odiarse.
Los dedos de Astoria habían trepado por la parte posterior de su cuello enmarañándose en el pelo del chico que cada vez se esforzaba más en evaporar la distancia que quedaba entre ellos. Astoria fue cediendo poco a poco el agarre, compungida por el pudor. Abrió los ojos lentamente y, para su sorpresa, nadie parecía demasiado alterado por su situación. Era cierto que al abrir los ojos y mirar hacia la estancia comprobó que algunas miradas sorprendidas se retiraban, presas de ser descubiertas.
—Joder…—soltó de un ronquido Pucey con un matiz de incredulidad en la voz—. Voy a por esa botella de Whisky que te debo, vamos a divertirnos un poco más.
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Una hora más y un par de botellas menos, Astoria subía por las escaleras de los dormitorios masculinos asiendo a Pucey como podía. El chico tan solo mascullaba términos incoherentes, y eso, sumado a su ligera borrachera, impedía que comprendiera nada. Abrió la puerta pillando a Bletchey y Tracy Davis a medio vestir.
—Ups…—Astoria caminó hasta la cama más cercana y dejo a Pucey sobre ella, se tapó los ojos y dijo con seriedad—...Davis, nno ienes nada…que no haia vissto.
La chica castaña salió serpenteando de la habitación cerrando la puerta sin ninguna delicadeza. Todo le daba vueltas, se agarraba a las paredes en un intento de no comerse el suelo. Sin embargo, el corazón le dio un vuelco al pasar por la habitación de los chicos de Sexto. Se oían susurros, susurros que se convertían en voces, voces que se convertían en gritos.
—¡No intentes tomarme por gilipollas como a Crabbe y Goyle, Malfoy! Te lo advierto.
—¿Me adviertes, qué, Zabini? —soltó de sopetón el rubio entre risotadas.
—Que será muy fácil comprobar de quién coño es esa cosa si acudimos al Profesor Snape…o a Dumbledore.
—¿ME ESTÁS AMENAZANDO? No sabes lo que soy capaz de hacer, Zabini. Deja de oler pelotas ajenas y céntrate en lamer las tuyas. O de lo contrario ni ese viejo senil te va a sacar de ésta.
Zabini estalló en carcajadas. —Vamos Malfoy, hazlo, mueve tu varita. ¿Qué podría salir de ella? ¿Un ramo de flores? —siguió riendo el chico—. Nunca pensé que te vería en una situación tan patética…Tu única defensa era: "mi padre sabe", "mi padre tiene"…De momento, en Azkaban, ¿qué sabe, Draco? ¿Qué tiene?
—Al menos yo sé quién es mi padre. ¿Y tú, Blaise? Retiro todo lo que te dije este verano. ¿Por qué querría el Señor Tenebroso a alguien como tú? ¡Depulso! ¡Diffindo! —conjuró la voz fría de Draco. Blaise emitió un alarido que le congeló las venas y sin pensárselo dos veces Astoria entró en la habitación bramando un "¡NO!".
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That's it.
Un capítulo un poco de transición, pero voy soltando pinceladas importantes que tendrán más trascendencia en el futuro. Por tanto es necesario. Adrian ha aparecido un poco más, ¿qué os parece? Zabini también, incluso una breve introducción al equipo de Quidditch...Y he pasado por encima de algunos Slytherin, porque las cosas tienen que ir despacio ¡aunque tenga ganas de destriparlos YA! ESTOY ENAMORADA DE TODOS.
Supongo que habréis deducido quién es el propietario o propietaria del libro. Si no es así, en el siguiente capítulo quedará claro. Lo que no esta tan claro es qué pasará con Astoria, Blaise y Draco...Ahí si que no puedo decir nada, también en el próximo capítulo.
Quiero hacer esto lo más realista y canon posible, por eso aclaro que lo más lógico y normal es que se corrieran sus juergas los fines de semana. (Al menos eso habría hecho yo en un internado, fuera mágico o no, JE). Ya sé que esto no debería ser una sorpresa para nadie, el alcohol y el sexo son lo más extendido en el fandom después de las Sues y los giratiempos xD Pero ante la duda, yo aclaro.
Además, como los alumnos de Hogwarts sean la mitad de lo que Skins aportó al mundo sobre los adolescentes británicos...xDDD
Para finalizar, como dije arriba he presentado un poco a todos los personajes, quedaos con los detalles. Son importantes ;)
Ahora si que sí, lo de siempre. Un review no toma mucho tiempo y anima al autor a seguir con su historia. Así que agradecería conocer vuestra opinión y vuestras teorías. You know, un review, una ilusión.
¡Nos vemos pronto!
