HELLO. A ver, he tardado un poco más de lo que tenía previsto, pero es que entre vacaciones y darle vueltas a ciertas partes de la historia...
No voy a enrollarme, solo quiero agradeceros a todas vuestros reviews. Cualquiera que escriba sabe la ilusión que hace recibir ese apoyo, que aunque sea cibernético, no deja de ser apoyo. Sois geniales.
Como recordaréis(y si no, pues lo recuerdo yo) el capítulo había terminado con una situación un poco turbia entre Blaise, Draco y Astoria...
Disclaimer: Si yo fuera Jota Ka, me apellidaría Riddle.
… … … … … … … …
El blanco iba desapareciendo de la camisa de Zabini en favor del rojo sangre gracias a lo que parecía un profundo corte que atravesaba su antebrazo izquierdo. Draco, con el pelo claramente despeinado , apuntaba hacia la puerta sin dirigir una sola mirada. Astoria emitió un grito ahogado y los dos chicos se voltearon encontrándola inmóvil con los ojos desorbitados y húmedos. Sus rodillas empezaban a flaquear vaticinando que en cualquier momento perdería el control de su cuerpo y su propio peso la vencería.
—Astoria…—comenzó Draco explicándose, sin saber realmente qué decir mientras Greengrass miraba nerviosa a los lados—No…
Draco dejó de apuntar con la varita y la depositó en la mesilla de forma pausada. Tras esto, se subió las mangas de la camisa y empezó a caminar lentamente hacia el umbral de la habitación. Astoria, que preveía sus intenciones, no dudó en dar no solo uno si no varios pasos atrás, quedando en el umbral de la puerta.
—Yo…—continuó Draco mientras Blaise permanecía al margen con cautela.
—Te…te…tengo que... —alcanzó a decir ella.
Y sin darles tiempo a reaccionar o articular palabra, la chica cerró sonoramente la puerta y empezó a correr a trompicones por el pasillo, agarrándose a las paredes, con la cabeza tan embotada que ni si quiera era capaz de cavilar sobre sus intenciones…
Hasta que todo se apagó.
···
En la habitación, Zabini, apoyado sobre la columna de la cama sacó su varita del bolsillo y murmuró un Episkeyo apuntando a su hombro.
—¿Enserio? —preguntó el moreno, como si nada—¿Y ya está? Yo que tú iría tras ella, un Desmaius aderezado con un ligero Obliviate la prevendrá de contárselo a alguien. ¿Sabes? Siempre he creído que se le borra la memoria a poca gente…—comentó con tranquilidad desabrochándose la camisa para dejarla caer a su baúl.
—No va a contarle nada a nadie, Zabini.
—¿Cómo estás tan seguro?
—No va a hacerlo.
… … … … … … … … … …
—Ast…Ast…—susurró Laura mientras la zarandeaba con delicadeza para despertarla—. Astoria, son las tres. Te has perdido el almuerzo y Zabini dice que a las cinco tenéis una reunión con Slughorn.
La morena abrió los ojos rápidamente, una imagen no muy clara invadió su mente. Zabini, tenía que ver a Zabini. Se levantó de golpe y su vista se nubló pero siguió caminando hasta el cuarto de baño para lavarse la cara.
—Laura, ¿has notado algo raro en Zabini? —continuó mientras llenaba la bañera.
—No, estaba como siempre, hablando con Draco en la sala común. ¿Por qué, Ast? ¿Sucede algo?
—Nada. Oye, ¿ayer cuando llegué ya estabais aquí?
—Sí, supongo. Pero estábamos dormidas, Astoria. ¿Qué pasa? Me estás asustando con tanta pregunta.
—No te preocupes, Laura—respondió la chica forzando una sonrisa mientras cogía de su baúl dos libros para posteriormente, regresar al baño— creo que ayer me pasé con el Whisky de fuego, ni si quiera recuerdo cómo he llegado a la habitación. Voy a prepararme, ¿vale?
No estaba loca, sabía lo que había visto la noche anterior; Aunque no recordará cómo y cuándo había llegado a la habitación, lo sabía. Sin embargo todo parecía fluir con normalidad. Nadie parecía alterado y para mayor sorpresa, Draco y Zabini charlaban animadamente. En la fiesta de Slughorn interrogaría a Blaise, no se le iba a escapar.
Por el momento, aprovecharía el momento de la bañera para leer las páginas que había señalado el día anterior en los respectivos volúmenes. Abrió el primer libro, el de Encantamientos.
XV. ENCANTAMIENTOS PROTECTORES
A lo largo de los siglos, centenares de magos y brujas han utilizado encantamientos protectores para evitar que otros pudieran acceder a su contenido. Sin embargo, se cree que el común uso de esta clase de hechizos se manifestó a partir del año 1689 con la aplicación del Estatuto Internacional del Secreto.
Desde ese momento, evitar el contacto de todo tipo de objeto o lugar mágico con Muggles se convirtió en una obligación de Primer Orden. Esta clase de hechizos (véanse ejemplos en la página 213) resultan en su mayoría inofensivos, tan solo generan en el sujeto no expedidor una sensación de repugnancia, olvido o malestar. Además, existen hechizos que permiten generar una invisibilidad o insonorización temporal sobre el objeto o espacio (pg. 256), siendo indetectables incluso para encantamientos como "Hominum Revelium".
El auge de la Patrocinium Magices trajo consigo el desplegar de encantamientos equitativos menos ortodoxos.**
En 1881 el por entonces Jefe del departamento de Inefables, Wyllius Wibërgdat, reconoció a la prensa que habían sido confiscados más de un millar de objetos bajo la maldición protectora Pertundo. Así, por sus incontables perjuicios se considera en la actualidad ilegal salvo permiso expreso del Ministerio de Magia.
**La información sobre esta clase de protección aparece en "Mopsopius: Una guía para la DCAO".
Lectura y venta no autorizada a Magos menores de edad.
—Bien…—bisbiseó hablando consigo misma y abriendo el otro tomo, aquél que Pucey había sacado para ella de la Sección Prohibida. —Pertundo…Pertundo…¡Aquí estás! —exclamó en voz baja señalando un margen del enorme libro.
Pertundo Dirae es una maldición cuya aplicación fue especialmente recurrida en el siglo XIX a fin de proteger determinados objetos, sobre todo en libros, espejos y chimeneas, extralimitando su uso al propietario. Al suministrar dicho maleficio, si alguien ajeno a su contenido intentara transgredirlo, del propio objeto brotará un líquido espeso similar a la sangre capaz de calcinar cualquier material a su paso, incluida la carne humana.
Es un hechizo complicado de realizar, por lo que recomendamos seguir las instrucciones rigurosamente:
—Fantástico—chasqueó la lengua, mientras levantaba la vista del libro— ¿Pero qué puede guardar un Arcanum Requies? —mañana tendría que ir a la biblioteca antes del partido de Quidditch.
···
Un par de horas después, Zabini y ella llegaron al despacho de Slughorn, contiguo a la clase de pociones. La decoración interior había variado, blancos candelabros iluminaban la estancia, confiriendo una calidez que acompañaba las charlas de multitud de personas dentro de la sala. Había estudiantes de todas las casas, todos preparados y vestidos para la ocasión. Acompañando al gentío de estudiantes ya conocidos, algunas celebridades del mundo mágico inundaban la habitación rodeando al viejo Slughorn, que parecía rebosar alegría.
Los Slytherin se acercaron a saludar de forma cortés al Profesor, quien no dudó un instante en hacer gala de sus amistades ante el alumnado, presentándoles uno por uno. A Blaise como "el hijo de la bruja más bella de todos los tiempos" y a Astoria como "no solo un apellido de los veintiocho*, sino un prodigio de las pociones". Tras las formalidades se apartaron del grupo excusándose para coger una bebida, con lo que Astoria preparó su ataque.
—Blaise, ayer…
—Ayer te cogiste una buena cogorza y vete tú a saber que más, abriste la puerta de mi habitación con los ojos como platos mascullando como una Doxy y saliste corriendo. No sé qué poción beberías, Greengrass, pero si alguna vez quiero volar sin escoba, te la pediré. —terminó el chico alzando su copa.
—¿Qué estás diciendo? ¡Yo vi a Malfoy atacarte! Tenías sangre…un corte enorme en el antebrazo—tomó el brazo izquierdo del chico y le desabrochó el botón de la manga, subiéndosela.
—Deja de ser tan fogosa en los sitios públicos, Astoria. —Rio Zabini, subiéndose él mismo la manga—. ¿No ves? Nada. Estás en el año de tus excesos, princesa; En cuarto Malfoy y yo bebimos un poco de poción desgnomizadora y…bueno, te contaría como sigue pero en realidad no recuerdo nada. Aparecimos en el lago horas después. Venga, vamos a darnos prisa, me muero de hambre.
Así que había sido eso, producto del alcohol o de lo que fuera que alguien había dejado caer en su bebida, bebida que Adrian había traído pero de la que él también había bebido. No entendía nada y no le hacía ni pizca de gracia la situación.
La reunión no pintaba nada mal, estaba siendo más informal que otras veces. Además Slughorn había traído a Gwenog Jones, capitana de Las Arpías de Holyhead; Si bien Astoria no era fanática del Quidditch, siempre se salía de lo normal conocer a una deportista de tal calibre.
—Es una pena que Harry no haya podido venir, ¿verdad? —preguntó Slughorn, quien sostenía una copa de vino mientras charlaba con Gwenog—. Sí, querida, hablo de Harry Potter, pertenece al Club de las Eminencias. Ese muchacho es un prodigio, ¿sabes? No me sorprendería que los rumores fueran ciertos… —concluyó el profesor con una sonrisa solemne.
—Patético…—soltó Zabini riéndose— ¿Más vino, Astoria? La verdad es que Slughorn se enrolla bastante, dejando todo esto desprotegido por aquí…¿Te pasa algo? Parece que estás viendo a Bullstrode en bañador. ¡NO! No me digas que es eso, no quiero que me sangren los ojos. —Astoria se obligó a sonreír y aceptó el vino que ofrecía Zabini.
—Creo que ya sé de quién es el libro que encontramos en la Sala Común, Blaise.
—¿Ah, sí? —preguntó con clara sorpresa.
—Sí, de Malfoy.
—Oh, Merlín. ¿Por qué esta obsesión con Malfoy? Vale que esté últimamente más raro que Trelowney pero chica, de ahí a que sea el dueño de un objeto tan tenebroso…Llevo años con Malfoy en clase, él no sabría conjurar algo así. De lo contrario yo también podría hacerlo, ¿no crees? —su respuesta no convenció a Astoria del todo, pero asintió.
—¿De quién podría ser, entonces?
—No lo sé, Astoria…Quizá hasta del propio Snape, parece mentira que no le escuches hablar. Desde que es profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, cada vez que expone o menciona algo tenebroso parece que va a correrse allí mismo. ¿Bailamos?
···
La puerta de la habitación de los chicos de Sexto se abrió dejando salir el sonido de unos profundos ronquidos.
—¡Muffliatto! —susurró una voz acompañada de un oscilar de varita al son de la puerta—. ¿Y bien?
—Ha estado haciendo preguntas sobre ti, sobre el libro…Ya te dije que un buen Obliviate hubiera solucionado las cosas.
—No seas estúpido, Zabini. Es la hermana de Daphne, por Salazar. Una Slytherin, sangre-pura a la que conocemos desde que nació. Una cría.
—Entiendo. En cambio a mí, un Slytherin, sangre-pura, atractivo y con clase...a quien conoces desde que tienes uso de tu rubia cabeza, ¿a mí me atacas? —respondió Blaise con sorna—. No sé cuántas me vas a deber después de este curso, Malfoy, pero no van a ser pocas.
—Ya sabes por qué lo hice, Blaise. Me preocupo por tu bienestar…—dijo Draco con una carcajada, por primera vez real en mucho tiempo —. Si yo hubiera sabido que…—su voz se vio interrumpida por la puerta de nuevo, esta vez era Nott, quien les hizo un gesto con la cabeza, mientras se aflojaba la corbata.
—Mira quién se digna a aparecer…—masculló Malfoy.
—Mira quién fue a hablar…—respondió Theodore—. Últimamente pareces ocupado, Malfoy, y estás más delgado…Espero que el curso no te deje sin vida. —espetó con claras intenciones—. Zabini. —saludó y se metió en la cama.
Draco apretó su varita tan fuerte que parecía que se le iban a salir los huesos. Zabini le hizo un gesto con la mano para que desistiera. "Ya sabes cómo es de rarito, seguro que Daphne le ha vuelto a dejar a medias…" susurró el moreno. Malfoy sonrió amargamente metiéndose en la cama, ya se reiría él…
Estaba claro de que Nott se olía algo, era extremadamente inteligente y…molesto. Además, no por nada su padre era quien era; Eso podría significar que Astoria…"No", se dijo, Astoria no podía saber nada, los Greengrass siempre protegían demasiado a sus dos hijas.
Corazones rotos, cenizas empapadas en sudor y sangre, llantos desgarradores. Ella. Sin luz, sin calor, sin ella. Acorralado en una pared del más gélido de los metales, de la más ardiente de las condenas. Al final de la estancia hay un túnel, y al final de éste tu destino. Quieres acercarte y no puedes, quieres moverte y desfalleces. Él se la lleva, te la está quitando. Te sientes solo, inútil, miserable. Eres como tu padre. Eres su viva imagen. Cobarde, rastrero. Muévete.
—Lo sé, Draco. —Sisea una voz entre lo demente y lo pueril. Una mujer de cabello rizado y negro como el azabache se dirige a ti. Sus párpados gruesos y pesados cubren dos apagados ojos que te escrutan con un brillo tenebroso. —Lo sé todo.
Tratas de mascullar un "no" que te quema las entrañas, que envuelve tus miedos con dagas, que te acuchilla la esperanza. Ella muere…
Y tú caes.
Una mirada gris enmarcada por un frío y amargo sudor estrenó los minutos previos al amanecer. Las tinieblas se habían visto sustituidas por una leve incandescencia, sin embargo la sensación seguía siendo la misma. Pánico, aversión. Temor a perder lo qué más anhelaba, pavor ante la idea de ser despojado de todo cuanto podría haber sido suyo.
Draco Malfoy se había despertado.
No debían ser aún ni las seis de la mañana, así lo corroboraban los ronquidos del ala masculina de Slytherin. Se masajeó las sienes con intención de comprobar que solo había sido un sueño.
—¡Crabbe!—gritó entre susurros— ¡Crabbe! Maldita sea…—masculló levantándose y cogiendo una vasija de cristal de su mesilla— ¡Aquamenti! —continuó en el mismo tono, acto seguido se acercó al susodicho y le derramó el agua contenida en sobre la cabeza.
—¡Argg! EH…—berreó con los abriendo sus ojos que habían estado cerrados a presión— ¡¿Qué cojo…Malfoy, eres tú…—dijo incorporándose inmediatamente.
—En cuarenta minutos donde ya sabes habiendo tomado lo que ya sabes. Avisa a Goyle. Y dúchate, ¿quieres? Huele a agujero de gnomo mojado. —sin esperar respuesta alguna se puso los pantalones y los zapatos y cogiendo su camisa y corbata, salió por la puerta.
Con el uniforme completo, caminó por los despejados pasillos del castillo hasta llegar al quinto piso, donde se encontraba el baño de los Prefectos. Había tenido un sueño horrible, una pesadilla que prefería no volver a transformar en una imagen mental.
—Kappa—musitó desganado frente a la estatua de Boris, el desconcertado.
Seguidamente la figura se movió presentando tras de sí un acceso al propio servicio. Con un simple movimiento de varita los grifos de oro comenzaron a emanar agua que en contacto con el aire se transformaba en vapor. Se acercó al espejo para observar la imagen que éste le devolvía. Sí, estaba más delgado, más pálido y más ojeroso que nunca. Pero, ¿cómo no iba a estarlo? Era una misión suicida…¿Cómo cojones iba a matar a Dumbledore si ni sabía dónde estaba su despacho? Cada noche, antes de maldormir, se le ocurría meditar sobre las formas de asesinato más efectivas, cada cual más temeraria, y más inútil. Además para colmo tenía que arreglar ese puto armario en el que Montague se había perdido el año pasado. Un armario evanescente, útil, según su madre, para cuando la misión se hubiera realizado.
Agitó su cabeza y terminó de desnudarse, un baño ayudaría. Era difícil estar en soledad en Hogwarts, pero el baño de Prefectos era la excepción que confirmaba la regla. O eso creía.
—Vaya, vaya…hacía mucho que nadie me venía a visitar. —exclamó entre risas nerviosas una repelente voz que hizo que el rubio se tensara mirando en todas las direcciones. —No te pongas nervioso, eres tan guapo…Oh, vamos, no te tapes. Ya te he visto varias veces aquí.
—¿Quién eres? Vamos, si te muestras quizá seas tan afortunada de poder darte un baño conmigo. —contestó Draco en un tono que combinaba sorna y desconfianza.
—¡¿ENSEEERIO!? —la voz dejó de ser un simple tono para mostrar su rostro, si es que se le podía llamar así, se trataba de un espectro, un fantasma que Malfoy reconoció como el de Myrtle la llorona. A juicio de Draco, un alma jodidamente fea.
—La verdad es que…—continuó Draco fingiendo estar dubitativo—…francamente, no. —terminó estallando en carcajadas que hicieron abrirse al espectro en un sórdido llanto. —Enserio, eres la cosa más espantosa que he visto. Bullstrode a tu lado parece una Veela. ¿Estás segura de que te mató el basilisco a ti y no tú a él?
—¡ME PIENSO CHIVAR DE QUE ESTÁS AQUÍ! ¡SE LO DIRÉ A TODOS LOS PROFESORES! —bramó Myrtle llorando a lágrima viva (o más bien muerta) y desapareciendo por una de las cañerías.
Draco, aún con los restos de su risa en el rostro se preparó con parsimonia, aún quedaban diez minutos para su encuentro con Crabbe y Goyle.
… … … … … … … … … …
En el desayuno tanto Gryffindor como Slytherin rezumaban tensión, una tensión de la que Astoria no iba a ser partícipe. Se había excusado diciendo a Illy-Anne y Laura que las vería en el campo a las diez. La noche anterior Blaise le había asegurado que su "charla" con Draco no había sido, ni de cerca, lo que Astoria se imaginaba y ella no tenía pruebas de lo contrario. Sin embargo, el libro…¿Cómo iba a ser de Snape? El profesor, siempre responsable y cauteloso, no iría dejando semejantes artilugios por ahí. Estaba segura de que el libro en la sala común era producto de un despiste, o de una trampa. Entonces todo lo que había pasado en la habitación hace dos noches tendría sentido.
Y ya no podría fiarse de Zabini.
La biblioteca estaba vacía como nunca, es decir, como siempre. Y con vacía quería decir desierta. No había ni un alma, excepto la Señora Pince, que fulminaba a Astoria con la mirada según se acercaba al mostrador.
—Disculpe señora Pince, vengo a traer este libro de parte de Adrian Pucey, como sabrá hoy hay Quidditch y se ha visto imposibilitado para devolverlo…—comenzó la chica con su sonrisa más angelical. —Además me gustaría, porque seguro que usted es la única que está capacitada, que me ayudara a encontrar un libro sobre los Arcanum Requies. Verá, estoy haciendo un ensayo comparativo entre la comunicación Muggle y la nuestra y sería de gran ayuda. —sonrió y le pareció ver como el rostro pétreo de Pince dejaba que sus comisuras se elevaran de una forma imperceptible.
—Tercer pasillo a la izquierda, sección de Objetos Mágicos Registrados, segunda balda, tercer libro empezando por la derecha. —dijo mecánicamente la Señora Pince, volviendo a su lectura. —Por cierto, —prosiguió cogiendo una pluma—¿nombre?
—Astoria Greengrass—sonrió de nuevo—. Muchas gracias, señora Pince, pero lo consultaré aquí si no le importa.
Se trataba de un volumen de peso y consistencia considerable, le iba a tomar más tiempo del que creía encontrar la información necesaria.
Hora y media después la castaña se encontraba apoyada sobre su codo derecho mientras que con el izquierdo pasaba las páginas sin levantar la vista del libro. Seguro que si a alguien le interesaba la historia de los objetos encantados, lo cual Astoria dudaba, ése sería su libro de mesilla. Pero nada, el libro no contenía nada de lo que buscaba. Maldito vejestorio, se repetía. Para algo de lo que tenía que encargarse y lo hacía mal.
Cuando atravesaba el Hall para bajar a las Mazmorras casi le dio un síncope. Malfoy acababa de entrar por la puerta principal acompañado de dos niñas que, aunque no había visto a ninguna en la vida, debían ser de Slytherin. ¿Qué hacía ahí con esas dos? El partido iba a empezar en diez minutos y el equipo debía de acudir con antelación al campo. Astoria se obligó a sí misma a alzar el mentón y continuar su camino, sin mirarle.
—Buenos días, Greengrass—dijo él arrastrando las palabras, para variar. Ella le ignoró continuando su marcha cuando un brazo frenó sus intenciones. Se giró mientras las niñas desaparecían por el hueco de las escaleras que conducían a la sala común.
—¿Qué quieres, Malfoy? Tengo prisa.
—El otro día me pareció que estabas un poco…rara. Cuando abriste la puerta, ¿te pasaba algo? —preguntó. La chica le miró fijamente intentando buscar un atisbo de ironía en su voz, nada. ¿Qué diablos le pasaba? Primero la ignoraba y de pronto le frenaba el paso en medio de un pasillo.
—No, estaba perfectamente. Solo que no soportaba tanta estupidez en la misma habitación. Tú, y…tú. —Astoria sonrió cínicamente. —No sabía que te gustaban así de pequeñas, Draco…Aunque ahora entiendo muchas cosas, somos más manejables, ¿n.. —una voz comenzó a invadir el vestíbulo, por lo que no pudo terminar la pregunta, se estaba viendo arrastrada a una estancia desconocida que se encontraba junto al acceso a las mazmorras y antes de poder reaccionar se sintió, literalmente, entre la serpiente y la pared de lo que parecía ser un despacho. —¿Qué coño te crees que estás haciendo, Malfoy?
—Cállate—le espetó él mientras ponía atención a las voces que se encontraban fuera de aquella habitación. La cara de Astoria se transformó en un poema, no precisamente cordial.
—Ah, ya lo entiendo. Lo mismo de siempre, te avergüenzas de que te vean conmigo, porque, claro, solo soy una niña y tú…tú eres Draco Malfoy.
—Astoria…—advirtió Draco en tono comedido.
—Prefiero que no te dirijas así hacia mí. —las voz se escuchaba cada vez más cerca de la puerta y cuando el pomo empezó a girar, Draco la tomó de nuevo del brazo y la llevó hasta un almacén lleno de todo tipo de objetos. Mierda, estaban en el despacho de Filch.
Draco posó su mano sobre la boca de Astoria, cubriendo también en parte su nariz y se apoyó sobre la pared más cercana dejando a la chica entre medias. Astoria, expectante, le miraba de reojo; Él, sin embargo, entrecerraba los ojos mientras contenía su respiración y tomaba la varita de su bolsillo, sin variar su posición.
—¿Qué sucede señora Norris? —preguntó de pronto Filch mientras su gata se acercaba al almacén de objetos requisados y/o perdidos. —Ah, cierto, querida señora. Olvidé cerrar esta puerta. Más vale prevenir que algún maldito curioso coja algo que no deba, ¿verdad, señora Norris? —Filch cerró de un portazo seguido de un tintineo de pesadas llaves. —Vayamos a ver el partido, mi querida señora.
Y tras un segundo portazo Filch había desaparecido dejándolos encerrados.
—No-puede-ser…—masculló Astoria llevándose las manos a la cabeza, apartando las de Malfoy en el camino. —¡Mira donde estamos por tu puta culpa!
—Tranquilízate.
—¡¿Qué me qué…?! Mira, a mí sí que me avergüenza que me vean con alguien como tú. Has sido siempre igual de patético y rastrero y me alegro de haberme dado cuenta antes de tiempo. Madura, Malfoy, y busca a alguien que te soporte. A propósito, los elfos domésticos y las niñas de primero no cuentan. —tras decir eso, Astoria se sintió mucho más liberada, sobre todo al comprobar la cara atónita y ojiplática de Malfoy.
Su aletargamiento duró menos de dos segundos, un frenético beso, que a pesar de sus palabras era mutuo, se había interpuesto entre ellos y se tornaba cada vez más violento. No se habían besado así nunca, con pasión, con odio, con necesidad. El chico dejó de presionar su mano izquierda que se desvió intencionadamente hacia su espalda. Sin esperar, como quien entra sin llamar, introdujo su mano bajo el jersey de la chica clavando sus dedos en caricias dolorosas que fueron tomando rumbo hacia su abdomen y, posteriormente, hacia la línea de su sujetador. Astoria dio un respingo involuntario y confió, que casi imperceptible. Sintió a Draco sonreír sobre las comisuras de sus labios y dirigirse a su cuello, donde lamió, besó y marcó su piel. Acto seguido, se separó de ella con un deje distinto en la mirada. Astoria, por su parte, estaba tan extasiada que el brillo de sus ojos no podía ser ocultado ni en la oscuridad. No entendía nada de lo que acababa de pasar. Él la había ignorado desde verano, la había apartado y ahora, ¿esto?
—¿Te importaría soltarme?—Se apresuró a decir ella intentando romper el incómodo contacto.
—Claro—respondió él, aún sonriendo. La chica se recompuso y bajó su jersey, acomodándose. —Ah, Greengrass, yo que tú me taparía el cuello o Pucey va a pensar que te estás viendo con alguien más…Y te aseguro que eso no le gustará.— Cabrón, se repitió varias veces mientras Draco se sentaba en el suelo, apoyado en la pared. —Deberías hacer lo mismo, parece que esto va para largo.
—Le dejo el suelo a las ratas, gracias. —respondió ella provocando en Malfoy otra sonrisa.
···
La mañana había finalizado con varias sorpresas; La primera, Draco Malfoy no había aparecido por el campo de Quidditch, siendo sustituído por Harper. La segunda, Lunática Lovegood había comentado el partido.
Ah, y Slytherin había perdido.
… … … … … … … … … …
**El comentario de Slughorn hace referencia al famoso Directorio de Sangre Pura. Un volumen que recopila los Veintiocho apellidos cuyas raíces se consideran las más puras de Gran Bretaña.
Hasta aquí por hoy, me he quebrado la cabeza con este capítulo porque pensaba que era demasiado pronto para meter un encontronazo. Pero contando con que su historia viene de antes, no, no es demasiado pronto. Ademas, siguiendo el canon. ¿Qué mejor excusa para que Draco no se presentara en el campo?
Aclaraciones:
En primer lugar, puede que no haya quedado muy claro lo que pasó con Astoria tras la huída de la habitación ni por qué Draco no fue tras ella. Pues eso, no lo puedo explicar aún, saldrá a la luz más adelante. Pero así aclaro que no es algo inconcluso, que todo tiene su cosa. Sin embargo puedo aclarar que, como habréis podido comprobar, Blaise se ha aprovechado de la confusión y le ha hecho creer a Astoria que lo que vio fue producto de un alcohol algo condimentado. ¿Traerá esto problemas? ¿Qué os parece Blaise?
En segundo lugar, Nott, parece que sabe más de lo que debería, ¿no? ¿Un comentario apropiado en el momento apropiado o es que hay algo más? Pronto aparecerá más en la historia y lo iré dando a conocer.
En tercer lugar, el sueño de Malfoy. SÍ, se que está redactado de forma difusa pero es el resultado que quería. Aclarar que Bellatrix y él participaban en la pesadilla sin aclarar quien es Ella ni dónde y cómo se encontraban. Soy doña Intrigas, I know.
Finalmente, los nuevos descubrimientos de Astoria en la biblioteca. Válidos pero aún sin completar...
Y, como plato fuerte, EL ENCONTRONAZO.
Well, well...Ahora es vuestro momento de comentar la historia, de suponer, de opinar...Realmente se agradecen toda clase de comentarios, que como siempre digo al final de mis notas, animan al escritor a continuar con la historia y a ver su trabajo recompensado. Un review, una ilusión.
De nuevo, gracias a todos y todas por leerme y muchas gracias a los que dejáis constancia de que lo hacéis. Es un placer leeros.
Hasta pronto, ¡lo prometo!
