Buenas mis estimados -y abandonados- lectores, antes que nada me disculpo por la tardanza (en serio, lo siento) se mejor que nadie lo frustrante que resulta estar leyendo algo y que el autor lo deje olvidado, es solo que últimamente han pasado muchas cosas en mi vida que me han hecho sentir como trapo mojado -_-lIl y aunque aun no me siento bien del todo, haré un esfuerzo por ustedes mis queridos lectores, espero este capi sea de su agrado.
Respuesta a los reviews sin cuenta:
Gigi: espero que te guste este capi, disculpa la colosal tardanza.
MaJo plz: me alegra que te gustara –se deja estrujar produciendo el ruido que hacen los patitos de hule- y en serio me gustaría actualizar mas seguido pero parece que el destino es un troll y me pone obstáculos para no hacerlo ¬-¬, gracias por tu paciencia u.u
Ahora, dicho esto… creo que les prometí algo la vez pasada así que… *redoble de tambores* aquí viene el lemon o como lo bautizo Melanny–chan "los recuerdos sexopatas de Canadá" XD
Es un capitulo algo largo (tan largo que me cupieron tres lemons en el ¬w¬) espero lo disfruten tanto como yo escribiéndolo.
Capitulo 4 Despertar, anhelos vueltos realidad.
"no puedo estar equivocado, tenia la misma mirada que en aquella ocasión"
Las palabras de Arthur retumbaban en mi cabeza una y otra vez, mientras me encontraba frente a la figura semejante a mi, tendría que hablar con el tarde o temprano…
-dime bro, ¿recuerdas cuando llegue a vivir con ustedes?... tendríamos la apariencia de chicos de cinco años apenas. Inglaterra al salir de viaje, pidió a Francis hacerse cargo de ti y como yo aún era una colonia francesa en aquel entonces, me llevo consigo…
separador
—oh, veo que trajiste al pequeño Canadá— señalaba Arthur agachándose un poco hasta llegar a mi altura, extendió su mano para saludarme sin embargo mi severa timidez infantil sumado a la inmensa curiosidad que me producían sus abundantes cejas, me hicieron apartarme y ocultarme tras mi tutor, como cualquier niño pequeño, tomando con mis manitas regordetas el brazo de Francis.
—realmente se parece a su hermano— rió bajo mientras se enderezaba de nuevo – me recuerda aquel día que lo encontramos junto con Finlandia.
—no seas tímido, cheri – me empujó levemente hacia el frente – saluda al tío Inglaterra.
—bo… bonjour, Monsieur Arthur—tartamudee en un tono bajísimo de voz, sonrojándome a más no poder y agachando la mirada.
Arthur hizo un movimiento con la diestra mientras me sonreía, a modo de saludo y continuó—recuerda cuidar bien de Nueva Inglaterra, a veces olvida que es muy fuerte por lo cual un pequeño berrinche podría terminar en la destrucción de la mansión— terminaba de explicar Arthur a Francis
—tranquilo Anglaterre, déjalo en mis manos todo estará bien ahora, lárgate y déjame a cargo, ¿si? —replicó Francis empujando por los hombros a Arthur hasta hacerlo salir del lugar, una vez la puerta fue cerrada, suspiró – bien, finalmente se fue, ahora… ¿que te parece si te presento a tu petit frère y le cocinamos algo comestible? —sugirió Francis, pero no obtuvo respuesta pues en ese momento ya me encontraba en tu dirección, explorando la lujosa mansión, que a esa edad y con mi minúsculo tamaño se me hacía enorme, incluso creí que me perdería entre los pasillos repletos de bellas pinturas de Arthur y los que supuse fueron sus gobernantes, sibí con dificultad la escalera, alimentado por mi curiosidad y espíritu indagador… había ido a buscarte, pese a no conocer bien el lugar algo me llamaba en la sexta puerta del corredor del segundo piso, entré sin hacer mucho ruido, encontrando a un chico de mi edad sentado al borde de la cama, de espaldas a mi… ¿llorando?, me acerqué sigilosamente a ti, solo para descubrir que eras idéntico a mi; ante la impresión que aquello me causó di un saltito hacia atrás, si bien me habían dicho que éramos hermanos todos habían pasado por alto comentarme el nimio detalle de que también éramos gemelos… finalmente me miraste con la misma sorpresa con la que probablemente yo lo hice, secaste las lagrimas de tus mejillas con el puño de la camisa dejándolas enrojecidas levemente; con lentitud nos acercamos hasta quedar de frente, yo de pie y tu a gatas en el borde de la cama, parpadeaste en un auténtico gesto de la más pura confusión como quien acaba de despertar de un sueño extraño y finalmente preguntaste con la voz vuelta un hilo tras el llanto reciente:
—tu… ¿eres mi hermano verdad? — asentí— yo soy América, tu eres…
—Canadá – respondí y tras horas de conversación me percate por los gritos de Francia que nos buscaba.
separador
—Mathew, Alfred, no es gracioso, salgan— la mansión era tan grande que nuestro tutor no supo por donde comenzar a buscarnos y…— ¡oh, mon dieu! ¡Soy lo peor! ¡Los perdí! — …entró en pánico— ¡cinco minutos! ¡El único capaz de perder a dos naciones en tan solo cinco minutos! —
—ven Alfie, nos buscan— caminé en dirección a la enorme puerta de madera para salir, pero me retuviste por el brazo arrastrándome contigo dentro del armario.
—shh! — pusiste el índice en mis labios mientras decías a mi oído— será divertido, hagámoslo sufrir un rato más— y, pegando tu oído a la puerta del viejo armario de madera te cerciorabas de que se hubiese alejado lo suficiente para poder salir y darle un buen susto, yo me hice hacia atrás poco a poco dándome un buen golpe en la cabeza con la repisa que en ese momento decidió que era una buena idea dejar de sostener su contenido volcándolo en mi y armando un pequeño estruendo dentro del minúsculo armario.
— ¡Auch!, Al, ayúdame— te llamé entre escombros tosiendo por el polvo que había sido levantado y tallando mis ojitos.
Reíste sonoramente y me sacaste de la pila de cosas que me había derrumbado—ya está, ya está, tan lindo como antes— decías quitándome la tela que estaba sobre mi cabeza (y que después me entere de que eran tus calzoncillos).
—No digas que soy lindo, las chicas son lindas, yo soy un chico— repliqué.
—Eres lindo, porque eres igual a mi, y si tu no eres lindo…— pusiste un dedo en tu mejilla, pensativo mirando hacia arriba— significaría que yo no lo soy… ¡pero lo soy! ¡Lo somos! — Tras tu discurso me abrazaste y justo en ese momento la puerta del armario se abrió— por fin los encontré…— Francis nos cargó y nos llevó a la cocina donde nos preparó de cenar.
La cocina rebosaba en deliciosos aromas, a los cuales yo ya estaba más que acostumbrado sin embargo tú lucías confundido y mirabas curioso los movimientos de Francia mientras con maestría preparaba una comida ligera para nosotros.
—Huele raro…— señalaste confundido. Tu estómago rugió con fuerza.
—tranquilo mon ami, seguro Inglaterra te ha hecho comer esas bestialidades a las que suele llamar alimento, pero el hermano Francia esta aquí para mostrarte las delicias de la cocina gourmet. —se acercó a ti con un cucharón que contenía una salsa dulce y te la ofreció a probar, tu expresión fue épica, maple. Está de más decir que esa vez repetiste plato no creyendo que algo pudiera saber tan bien.
Esa noche recuerdo que llovía, Francis aún no se iba a dormir (francamente creo que estaba curioseando las cosas de Arthur), pero nosotros ya habíamos caído en brazos de Morfeo, al menos yo pues tras un estruendoso relámpago, el sonido de pequeñas pisadas se escuchó y un peso extra (literalmente) cayó en la cama en la que yo dormía…
—Matt… odio los truenos, y… y tengo frio ¿puedo dormir contigo? — preguntaste pese a que ya te habías auto-invitado a la cama.
—Claro— respondí. En ese momento un segundo relámpago se hizo presente, te arrojaste sobre mí, provocando que nos diésemos un inocente beso…
SEPARADOR
Con el tiempo nos dimos cuenta de que nuestros cuerpos crecían a ritmos distintos a los de la gente "normal" pues en menos de tres meses habíamos pasado de ser niños a vernos como chicos de quince años aproximadamente…
Me acurruqué con las mantas, era una noche especialmente fría, mis ojos comenzaban a cerrarse, cuando de repente… el ya familiar sonido de tus pies descalzos corriendo a toda velocidad seguido de la puerta siendo abierta y cerrada a toda prisa llenaron mi (hasta ese entonces), tranquila habitación, ni me molesté en mirarte sabía que eras tú, sobre todo cuando la cama se tambaleo al ser invadida, mientras te cubrías con las sabanas temblando de frío.
—Al, Alfred, no pegues tus pies ¡están helados! — recriminé removiéndome incómodo.
—Tengo frio Matt… — respondiste abrazándome.
—e… espera… ¿estas… desnudo? — Abrí los ojos y arrojé las cobijas hacía abajo notando que en efecto, no llevabas más que tu ropa interior— ¿y cómo quieres que no te de frio si estas desnudo? ¡maple! —te recorrí con la mirada, eras tan parecido y a la vez tan distinto a mi… el buen habito del ejercicio en conjunto con el cambio de dieta habían hecho maravillas en ti, cada músculo delineado a la perfección era acariciado por la luz de luna que se colaba por la ventana, admiré tu abdomen y baje un poco más, sonrojándome instantáneamente al momento de topar la vista con Florida, volví la mirada a tu rostro, esperando no te percataras de mi acción ni del llamativo carmín en mi rostro sin embargo tu mirada lasciva me indicó todo lo contrario, sonreíste travieso habiendo adivinado mis pensamientos quizás gracias al vínculo que compartimos.
—¿tengo algo raro? — pregunté, te limitaste a negar con la cabeza y me abrazaste por la cintura, acercándome a ti, me encontraba inexplicablemente nervioso pero expectante, sin mover un músculo hasta que tomaste mi mano, dirigiéndola hacia tu entrepierna, al principio hice amago de retirarla sin embargo tu insistencia y tu expresión excitada me alentaron a continuar… sin saber del todo que hacer, comencé a acariciar torpemente, para mi sorpresa parecía que lo estaba haciendo bien, correspondías a mi toque moviendo leve la cadera y respirando agitadamente, pronto tu miembro estuvo del todo erecto, al igual que sucedía conmigo, algo en eso no estaba bien pero ya no quería detenerme, introdujiste tu mano bajo mi pijama arrancándome un suspiro cuando comenzaste a masajearme con suavidad y firmeza, hice lo propio en ti, aumentando el ritmo conforme nuestra excitación subía, nuestros cuerpos ahora sudorosos se movían casi involuntariamente, como reptando por las blancas sabanas hasta quedar juntos, nuestras bocas se buscaban con desesperación pero ninguno se atrevía a desaparecer esa distancia, cada que lo intentábamos, alguno de los dos se giraba, hasta que finalmente te besé, temblando un poco, aquello pareció excitarte mas, si es que cabía pues me tomaste repentinamente por la cadera juntando nuestras pelvis y retiraste lo que quedaba de ropa para poder masturbarnos a ambos con tus manos, provocando que fuesen producidos sonidos húmedos y excitantes por el movimiento desenfrenado y el liquido pre seminal que comenzaba a ser expelido por ambos indicándonos que estábamos cerca, en conjunto con nuestras respiraciones agitadas en un vano intento de ser discretos, llenaban la habitación de un eco excitante y pecaminoso; pronto las sabanas quedaron manchadas con la semilla de ambos en lo que fue el inicio de algo prohibido.
A la mañana siguiente, desperté escuchando más voces de lo usual, Arthur había llegado evidentemente en la madrugada o esa misma mañana, acomodé mi pijama y salí de la habitación pues tú aun estabas dormido, al abrir la puerta me topé de frente con Arthur.
—Ah, good morning Arthur, ¿Qué tal el viaje? —cerré la puerta tras de mi para que no te viera dentro pues a diferencia mía, aún estabas desnudo.
—bien… ¿Dónde esta América? — preguntó recorriéndome con la vista, seguro era de lo que habían hablado el y Francis, aún así debió ser sorpresivo para el ver lo mucho que habíamos crecido.
—sigue dormido— respondí rápidamente— tengo algo… vuelvo mas tarde… nos vemos— Salí literalmente huyendo, aun en pijama, maple pero pese a mis intentos, Inglaterra ya sospechaba, lo se porque desde ese día nos prohibió terminantemente dormir juntos.
Tendríamos que andar con mucho cuidado desde ese día en que las sospechas de Arthur despertaron tendríamos que escondernos.
SEPARADOR
—América…— suspiré tu nombre mientras besabas mi cuello con ansias, sintiendo tu agitada respiración chocar contra mi sensible piel y tu cuerpo pegado al mío despertando sensaciones... excitación, calor, adrenalina, porque podrían vernos, después de todo a pesar de la ligera lluvia que caía sobre las oscuras calles de Londres, a pesar de estar en un apartado y solitario callejón, aún podrían vernos. Con ambas manos enterradas entre tus cabellos te incitaba a profundizar lo más posible aquel exquisito contacto, invadiste mis labios, besándome con premura; nuestras lenguas se entrelazaban en una danza prohibida, apretaste mis nalgas acercándome a ti notando la presión en nuestro bajo vientre que nos indicaba que estábamos en iguales condiciones. Te separaste de mi aún ante mi disconformidad, las finas gotas de lluvia caían raudas empapándonos de a poco sin lograr apagar ni descender el calor desatado, ansiosamente palpaste sobre la tela de mi pantalón la protuberante erección arrancándome un sonoro gemido al sentir como la recorrías con la mano presionándola ligeramente y masajeándome sobre la tela.
—A... Alfie— miré hacia el cielo nocturno, pegando el torso al tuyo al sentir una nueva invasión de tu boca en mi cuello e instintivamente repetí tus movimientos en ti, masturbándote con la diestra arrancándote un ronco gemido; detuviste la invasión a mi cuello para dirigirme una mirada perdida, llena de deseo, enloqueciéndome mientras aceleraba mis movimientos disfrutando la gama de suspiros que proferías ante mi toque.
—Matt... Ya no puedo... Más— suplicaste mientras desabrochabas a toda prisa el botón del pantalón y deslizando la cremallera hacia abajo liberando la prueba de tu excitación y pegaste tu frente a la mía, mirándome con los azules orbes al borde de la locura y provocando que las gotitas de lluvia se deslizaran entre ambos, escabulléndose mañosamente entre tus labios—please... Matt—
—pero… nos verán— argumenté mientras recorría cada centímetro de tu hombría abarcándola con mi mano. Extasiado y ansioso recorriste con la mirada el lugar hallando un precario refugio de la vista de los curiosos en una jardinera con banca que, curiosamente daba hacia una pared, creando el lugar ms privado que nos podría ofrecer la solitaria Londres.
Te cubriste con la sudadera y halaste de mi brazo conduciéndome al jardín ubicado en la última casa de la desierta "bridge st." Tomaste asiento y continuaste besándome con ansias, suspirando en mis labios mientras le brindabas a Florida la atención que clamaba; yo descendí, hasta apoyarme sobre mis rodillas sin romper el contacto, quedando frente a ti y permanecimos unos segundos mirándonos, sabiendo lo que cada uno quería hacer en ese momento y las dudas que en nos asaltaban a la vez, mire tu miembro y lo acaricie con ambas manos notando como tu respiración se volvía agitada de nuevo, hice amago de introducirlo en mi boca pero me detuve por un instante, mirándote con cierta duda ante lo que intentaba hacer.
—Mattie… — llamaste mi atención haciéndome dirigir mi mirada hacia tu rostro. — está bien, no tienes que hacerlo si no quieres— tu voz me sacó de mis cavilaciones mientras trataste de tranquilizarme acariciando mi mejilla, aquella acción me dio la confianza que necesitaba y en un descuido en el que desviaste el rostro hacia un costado te introduje en mi boca, haciendo lo mejor que podía, después de todo apenas tendría como referencia un par de imágenes encontradas en las revistas que Arthur guardaba celosamente y las platicas de l'éducation sexuelle de Francis, finalmente conseguí hacerlo arrancándote un prolongado suspiro al que le siguieron muchos mas conforme la velocidad de mis movimientos aumentaba.
—Matt... se siente... ¡ah! tan... bien— tomaste con tus manos mi cabeza incitándome a incrementar la velocidad de mi labor, indecentes sonidos eran producidos al introducir tu miembro en mi cavidad y succionarlo ansiando el momento de tu orgasmo y a la vez masturbándome con la mano dentro de mi pantalón buscando mi propio placer.
—ah... Matt... I can't... I'm cumm... ¡ah! — pude notar como tu miembro se endurecía un poco mas antes de eyacular, empujando leve tus caderas hacia adelante debido a la explosión de éxtasis, el sabor amargo del semen de mi gemelo invadió mi boca, ni siquiera pude intentar tragarlo, sentía que me ahogaría así que me separé en busca de oxigeno provocando con ello que algunas gotas de tu semilla cayeran en mi rostro y en mi jersey. Respirabas profundamente acariciando mi rostro aún cubierto de tu esencia y me atrajiste a ti, haciéndome levantar para besarme con fiereza mientras masajeabas mi aun erecta longitud, con un ritmo veloz y desenfrenado...
—ah... Agh!... Al... Alfie! — gemía tu nombre en voz alta moviendo acompasadamente las caderas incitándote a continuar -Al... ¡ahh!...- un latigazo de placer recorrió mi espina dorsal, me abracé a ti ante el temor de que las fuerzas abandonaran mi cuerpo y me hicieran caer mientras eyaculaba abundantemente en tus manos, de alguna manera conseguiste retener mis jugos para no manchar nuestras ropas, permanecimos unos minutos abrazados, aun sin acomodar nuestra vestimenta del todo, quien pasara por ahí, no se imaginaria lo que había sucedido minutos atrás.
Cuando llegamos a casa, nos esperaba Arthur furioso sentado en el sofá con una taza de té en las manos.
—oh... Well finalmente llegan— pronunció mirándonos a detalle, íbamos mojados de pies a cabeza.
—ah, si verás, nos atrapó la lluvia y bueno... por ello se nos hizo un... poco... tarde— sonreí tranquilamente, tu no habías dicho palabra y si alguno de los dos no hablaba, realmente tendríamos problemas.
—voy a bañarme— evadiste cualquier intento de pregunta que amenazara con salir de la boca de nuestro tutor y en un instante éramos solo Arthur y yo, se acerco a mi, provocándome un ataque de pánico tal que las gotas de agua que escurrían de mi frente por mi cabello empapado, se mezclaban con el sudor que producía, presa del nerviosismo—se que me ocultan algo, you bloody french bastard, y cuando lo descubra...
—Iggy no encuentro el jabón... — interrumpiste entrando de nuevo a la sala con una toalla sobre tus hombros, agradecí que lo hicieras maple, casi me da un infarto, pero ahora sabia que estábamos en terreno peligroso, jugábamos con fuego.
separador
—chicos, tendré que salir a solucionar unos asuntos con mis jefes— anunció una mañana Arthur, tú te encontrabas en la ventana, recargado y te limitaste a mirarlo fijamente soltando un seco— buen viaje— mientras disimulabas lo mejor que podías tu alegría pues la salida de Arthur significaba que estaríamos solos un buen tiempo, una vez la puerta se cerró y me aseguré de que ya no podría pegar media vuelta y regresar, me dirigí hacia ti.
—Alfie, hay algo que quiero decirte… Arthur sospecha, y me amenazó, tal vez... deberíamos, dejar esto— finalicé la frase con dolor, sintiendo como algo se quebraba en mi interior con cada palabra porque, nos amábamos después de todo y gracias a Inglaterra tendríamos que alejarnos, solo porque el no lo entendía.
—ah... Mattie, ¿sabes? Yo también me había percatado de ello y pensé que… tal vez, seria buena idea... Independizarnos... tú y yo... juntos— noté que te sonrojaste tras decir aquello al igual que yo y como respuesta, corrí a tus brazos atrapándote con fuerza en un abrazo posesivo, sintiendo tu corazón palpitar con fuerza al compás del mío, éramos probablemente en ese momento, los seres más felices del planeta.
—eso es un... ¿Si? — cuestionaste sonriendo nervioso ante una (poco probable) negativa.
—claro que si, Alfie…—
separador
Aquella noche dormimos juntos como hace tiempo no podíamos, gracias al temor de ser descubiertos, nos encontrábamos en tu habitación, cubiertos nuestros cuerpos desnudos por la delgada manta, en ese cálido abrazo no hubo deseo sexual, únicamente el amor prohibido que nos concernía solo a ti y a mi… al menos así fue hasta que comencé a sentirme inquieto por la cercanía de tu cuerpo, el olor de tu piel, el calor que emanabas y la sensación de saber que no había nadie en casa por lo cual podríamos hacer todo cuanto quisiéramos, tras esperar el momento indicado junté mis labios con los tuyos y posé mis manos en tu pecho, de inmediato fui correspondido por tu lengua ansiosa dejándome sin aliento, pronto entramos en una lucha por ver quien tomaría el control en ese momento viéndome inevitablemente sometido por tu tremenda fuerza.
—Matt... Susurraste en mi oído —déjame hacerte una marca…
—eh?, no way, England could seeit— repliqué pensando en las consecuencias catastróficas que suponían el ser descubiertos por Arthur.
—pero Inglaterra volverá hasta el fin de semana—insististe ronroneando en mi cuello y sin darme oportunidad de reaccionar, clavaste tus dientes en el, arrancándome un quejido.
—Al... ¡ah! ¡Espera!, it hurts! Agh! Please, dont... -en ese momento, la oscuridad de nuestra habitación se vió iluminada por un hilo de luz provocado por la puerta abierta de improvisto y una voz inconfundible que llenó el lugar…
—finalmente los encuentro cheris, el hermano Francia vino a cuidar de ustedes y a prepararles algo comes...ti...ble— sus palabras se detuvieron al contemplarnos desnudos, jadeantes y en aquella comprometedora situación para finalmente cerrar la puerta eso sí, con una amplia sonrisa dibujada en el rostro, dejándonos sin oportunidad de procesar lo que había sucedido, mucho menos de dar un pretexto que sonase convincente, la puerta se volvió a abrir y Francis entro rápidamente, buscó el interruptor y encendió las luces, salió tan pronto como entró no sin antes soltar un:
—mon amis el cuerpo humano es hermoso, ¡enciendan las luces para apreciarlo mejor! Ohonhonhon~— y desapareció del lugar. Dejándonos atónitos.
Nos separamos de inmediato, vistiéndonos a toda prisa, salí de la habitación, buscando a Francis mientras tú luchabas con tus necios pantalones que habían quedado literalmente, hechos un nudo. Llegué donde Francia, lo conocía y sabia que estaría esperándonos en la cocina haciendo gala de sus habilidades culinarias (para nuestra fortuna, maple).
—Fran...cis—me acerque un poco abochornado a él— yo... Mi hermano... Nosotros...
—cuentan con todo mi apoyo, cheri— sentenció provocándome un estremecimiento propio de cuando te quitas un peso de encima—el amour es el sentimiento mas maravilloso que existe, y no soy quien para decirles quien es su alma gemela, ohonhon~ nunca mejor dicho, cheri— finalizó y justo en ese momento se escucharon pisadas que se acercaban cada vez con mas velocidad, un golpe seco y un "oh! Fuck" fue pronunciado antes de que llegaras donde nos encontrábamos nosotros y comenzaras a hablar.
—¡Fran! ¡No es lo que parece! — exclamaste, sonrojado.
—hermano, esta bien— mi voz delgada se perdió entre el desastre que era tu agitada voz.
—¡solo estábamos jugando! I swear it! —
—el nos apo... —
—oh holy... le dirá a Arthur—palideciste— ¡Fran te juro que solo jugábamos! Eran luchas ¡LUCHAS GRECOROMANAS! —gritoneabas agitando los brazos como si con ello ganaras más credibilidad.
—bro...- tomé tu hombro tranquilizándote— está bien, Francis si nos comprende— sonreí mirando tu expresión, esa graciosa que siempre pones cuando tu mente ha recibido información y es procesada lentamente, miraste a Francia con un resquicio de duda dibujada en el rostro —oui, Amerique, claro que entiendo, el hermano Francia entiende... —finalizó y en un instante ya te encontrabas abrazándolo fuertemente.
separador
Con la aprobación de Francia y la limitada libertad en la que nos sentíamos gracias a la ausencia de Arthur, parecía como si el mundo entero hubiese desaparecido y solo importábamos nosotros dos…
—Al... —gemí en tu oído al sentir como atacabas mi sensible piel, yo me encontraba dándote la espalda, mientras tu besabas mi cuello y mi oído golosamente, recorriéndome con avidez y haciendo que mi cuerpo entero se erizara ante cada roce, con ambas manos intentaba aferrarme a algo pues sentía que caería, mis fuerzas se esfumaban y eran reemplazadas por placenteras sensaciones envolventes.
-—¡ah! ¡Espera! ¿Qué haces? — repliqué al sentir como pellizcabas uno de mis pezones al tiempo que tu cuerpo, tan pegado al mío me permitió sentir tu miembro rígido en mi parte posterior —Al, nos escuchara... ngh... — traté de detenerte entre gemidos.
—who cares? El nos lo dijo, nos apoya, además Inglaterra llegará hasta el sábado por la noche— argumentaste quitándome con prisa la ropa, pero procurando no separarte mucho de mi, los botones de mi camisa salieron volando en todas direcciones al ser prácticamente arrancada, con ambas manos me llenaste de caricias temblorosas y ansiosas en cada rincón que se te ofrecía libre de la estorbosa tela mientras exhalabas en mi oído tu cálido aliento entremezclado con tus gemidos; me hiciste girar para quedar de frente a ti y al tiempo que te mordías el labio inferior, me despojaste del pantalón dejándome apenas cubierto de los hombros con los restos de lo que solía ser mi camisa; sin dejar de mirarte desabroché a prisa tu pantalón mientras tu te deshacías con relativa facilidad de la camiseta que encontró el mismo destino que el resto de mis prendas. Devoraste mi boca con ansias, apegándome a ti son ambas manos posadas con firmeza en mis caderas, torpemente te empujé hacia la cama, donde finalmente caímos continuando la retahíla de besos ya sin la inoportuna ropa, nuestros miembros palpitantes se rozaban descaradamente en un vaivén de caderas casi involuntario por parte de ambos, notaba tu respiración agitada chocar con la mía llenando el espacio de calor y deseo, recorrías mis piernas con la yema de tus falanges ascendiendo por ellas hasta llegar a mi sexo, eleve un poquito las caderas expectante, pero no hiciste más, te miré con un poco de frustración, correspondiste observándome divertido.
—te gusta, ¿no es así? — pronunciaste provocador rodeando la punta de mi miembro con la mano arrancándome un pronunciado suspiro y haciendo que un poco de liquido pre seminal escapara de mi.
—please... Don't stop Alfie... —dije casi en una suplica, aquellas palabras parecieron ser un detonante en ti pues, sin previo aviso me giraste bruscamente dejándome apoyado en mis rodillas y brazos, sin darme tiempo siquiera a negarme comenzaste a repartir húmedos besos por toda mi espalda descendiendo por ella hasta llegar a mis nalgas, reaccioné un poco asustado.
—Al... Wait!... — pero llegados a este punto ya no podía hacer gran cosa para detenerte, sentí tu lengua húmeda y caliente en mi entrada, provocándome un cosquilleo, al principio molesto que desapareció al pasar los segundos, frenaste y volviste a ascender por mi espalda, marcando un húmedo camino con tu lengua por ella, que era remarcado por tus suspiros al chocar por donde posaras tu boca provocándome un escalofrío, llegaste a mi cuello haciendo una nueva marca, al lado contrario de donde estaba la primera, solo atiné a estirar una mano hasta alcanzar tus rubios cabellos y enredar mis dedos en ellos. Pegando tu pecho y torso a mi percibí como te despojabas con una mano de tu ropa interior, bajándola lo suficiente para liberar tu erección, me estremecí al sentir como acomodabas tu longitud en mi entrada, más, resignado cerré los ojos y me aferré a las sabanas con ambas manos mientras te abrías paso en mi, lastimándome, quemándome...
— Agh!, hurts please, Al, stop— repliqué en un grito de dolor mientras apretaba los dientes con fuerza, no tenía idea de que aquello dolería hasta tal extremo.
—Ahh!... Matt... you're so... mgh... —terminaste de introducirte en mi entrada soltando sensuales suspiros en el proceso luchabas contigo mismo por no arremeter violentamente contra mi, esperando a que me acostumbrara a la inesperada intromisión, recargado de nuevo sobre mi espalda, sentía tu respiración acoplarse a la mía, mientras te removías ansioso en mi interior y me besabas el cuello tranquilizándome un poco, cuando finalmente lo conseguiste comenzaste a moverte en mi, arrancándome un suspiro cada vez que te introducías con fuerza, sonidos que eran acompañados por gemidos de tu parte y el sonido de nuestros cuerpos chocando en el vaivén que comenzó con ritmo lento y marcado hasta volverse desenfrenado, con insistencia rozabas en cada embate un punto en extremo sensible en mi interior, cerré los ojos, disfrutando las nuevas sensaciones que me envolvían en un mar de placer, hasta que...
Lo que no sabíamos, era que la reunión concluyó mucho antes, Arthur había llegado a casa hacía unos minutos, y se dirigió a la habitación pese a los intentos de Francia de evitarlo para por lo menos, explicarle, aunque, de haberlo hecho probablemente habría reaccionado igual.
—what the bloody hell?! —la puerta se abrió violentamente y el grito nos hizo detenernos, el calor que habíamos sentido hacia unos segundos, era historia, fue reemplazado por un escalofrío que nació de muestro estomago, extendiéndose por nuestro cuerpo, viajando por cada mililitro sangre y haciendo que nuestros corazones palpitaran con fuerza, ya no por la excitación que nos embriagaba... sino por el miedo porque ahí se encontraba Arthur, mirándome con desagrado y mirándote a ti, decepcionado, te separaste de mi cuando lo viste caminar en mi dirección dispuesto a golpearme, nos separamos y con dificultad acomodaste tu ropa interior para interponerte en su camino.
—no lo harás— sentenciaste bloqueando todo intento de Arthur por golpearme, tomandolo de las muñecas mientras el gritaba todo su repertorio de insultos hacia un único destinatario: yo; en ese momento, Francis ingresaba a la habitación y sujetaba a Arthur quien se removía para liberarse de tu agarre.
—Arthur, tranquilízate por favor— insistía Francis llevándolo como podía fuera de la habitación, dejándonos a solas, momento que aprovechamos para vestirnos, en ese instante me sentía terrible, no podía parar de temblar por alguna razón y miraba fijamente hacia ningún lugar.
—Matt…—te sentaste a mi lado, acariciando mi cabello y finalmente abrazándome— tranquilo, no permitiré que nos hagan daño, yo te protegeré, soy el héroe ¿recuerdas?- te miré tratando de tranquilizarme un poco, lo cual falló al escuchar lo que ocurría tras la puerta.
—¡Es tu puta culpa! ¡Seguro tú le enseñaste a ese malnacido tus asquerosas mañas y por eso terminaron así! ¡Pervertido desgraciado! — Arthur gritaba sin medirse, preso de la rabia.
—debes de entenderlo, yo no tuve nada que ver, ellos se aman y no podemos hacer nada por cambiarlo— tras un breve silencio su tono de voz cambio volviéndose serio y firme al decir la siguiente frase— y aún si pudiera, yo no los cambiaría— un golpe se escuchó, seguido de varios más y el ruido de algunas cosas romperse fuiste donde ellos a paso firme y te seguí, reuniendo todo mi coraje, tú por tu parte te situaste frente a Francia interponiéndote entre ellos.
—yo soy el único culpable, Francia no tiene nada que ver en esto— sentenciaste mirándolo de forma retadora, Arthur ante aquello se vio incapaz de recriminarte, ni de golpearte, siempre fuiste su favorito, y para el yo no era mas que...
—asqueroso urgido tuviste ya suficiente, bloody hell! ¡Con tu propio hermano! — se dirigió a mi y me plantó un golpe en el rostro, abriéndome el labio, continuaba golpeándome; al haber cubierto mi rostro su nuevo objetivo fueron mis brazos y mi torso… nuevamente entre Francis y tu lo separaron de mi, cuando lo hicieron, sentenciaste lo ultimo que quería oír Arthur:
—mi hermano y yo, en este momento, rompemos toda relación contigo, Inglaterra, nosotros Nos independizamos de ti—
—¡esta bien! ¡Largo ahora! ¡Todos!... no los necesito…—pronunció, escuchándose su voz casi extinta en sus últimas palabras.
—largo... Get the bloody outta here! — volvió a gritar, notamos que lloraba, pero dadas las circunstancias no podíamos hacer nada por alguien que no nos apoyaba. Nos fuimos con Francis, a su casa, él era el único que estaba con nosotros en ese momento.
separador
—mon petites, ya están a salvo, están en la tierra del amor, no tienen de que preocuparse más, aquí nadie los juzgará—rompió el silencio que se había creado— no tengo derecho de interponerme entre dos personas que se aman—
—mercy, Francis- no pude mas que sonreír en ese momento... —
Separador
El sonido de algo cayendo al suelo me sacó de mis pensamientos y me distrajo del monólogo que sostenía con el espejo, Kuma había saltado desde el sofá, rodando por el piso alfombrado.
—Pero no te servirá de nada hablarlo con el espejo…— una vocecilla dulce a nivel del suelo replicaba, era Kumakiri, suspiré agachando la cabeza.
—lo sé pero es tan difícil—
—Díselo a América…— insistía apoyando sus patitas en mis piernas— por cierto… ¿Quién eres?
—Soy Canadá, tu dueño— respondí tomándolo en brazos.
Chicos espero que hayan disfrutado este capitulo, como les había prometido, ahí esta el lemon nwn me gustaría conocer su opinión, si les gustó, si no les gustó, si odian a Inglaterra, si debería dibujar mochis y dejar de escribir, si quieren cortarme la cabeza por desaparecer tanto tiempo... Ok me callo ¡Gracias a todos por leerme! ¡Cuídense!
Besotes, los quiere
Tsukiko Braginski
