Sakura Kinomoto P

Sakura Kinomoto P.O.V

El viaje había sido como un molesto grano en la nalga. Escuchar hablar de cosas triviales al par de adultos que me acompañaba, era simplemente repugnante. Todavía estaba dolida por la despedida de Tomoeda y principalmente por el hecho de que había huido del lugar en el que había vivido toda mi vida. Mi vaso estaba a punto de colmarse y el escuchar las estupideces de mi madre no aliviaba mi humor ni aligeraba la situación.

Suspirando, decidí desviar mi atención de la conversación al camino. Pero había sido inevitable prestar atención precisamente porque Nadeshiko mencionó mi nombre.

—"Estoy pensando en que Sakura debería ayudarnos con la nueva colección, ¿no te parece, Clow?"

Levanté mi cabeza, enderezándome en mi puesto. ¿Había dicho que les podía ayudar con la nueva colección? ¿Estaba intentando ganarme después de lo que me hizo?

Apretando los puños, supe que Nadeshiko conocía muy bien mi punto débil. Sabía que el mundo de la moda me gustaba casi tanto como a ella misma, pero de un modo completamente diferente. Yo no podría soportar diseñar algo del estilo de ella. No iba conmigo.

Decidí mantenerme en silencio. Volví a concentrarme en cualquier cosa que estuviera disponible para hacerlo. No quería pensar en eso ahora.

Me pregunté si alguna vez Nadeshiko en verdad me había conocido.

La conversación continuó pero conseguí mantenerme alejada de ella lo más que pude, hasta que llegamos a la ciudad.

Había viajado varias veces a Tokio. Y siempre me había gustado. De hecho, la ciudad me había parecido cautivadora, pero eso había sido cuando no tenía que vivir en ella. Ahora, no podía evitar encontrarle cada pequeño defecto que ésta pudiera tener, y aunque agradecí la distracción, me incomodó tener tan oscuros pensamientos sobre una ciudad que no tenía ninguna culpa en lo que me estaba sucediendo.

A la distancia, podía distinguir la altura de la Torre, y di por sentado que ya nos encontrábamos finalmente ahí.

Nuestras cosas seguramente ya estarían esperándonos y supe que por eso Nadeshiko había tardado varias horas en recogerme de la casa de Kero. Ella había sabido que yo estaría con él y también había sabido que no haría nada drástico como escapar. Pero eso sólo hubiera sido retrasar lo inevitable, ¿no? Y yo no podía esperar para comenzar a perforar su pequeña nube rosada.

Tomando una fuerte respiración para intentar controlar mis nervios, estuve pendiente de cada movimiento que el Jeep realizara. El auto avanzó con paso firme por la transitada ciudad, hasta que alcanzamos un área residencial, muy escasa en el alboroto de la ciudad y la comodidad de los departamentos en rascacielos.

Tenía que aceptar que el área era aún más elegante que el área más elegante de todo Tomoeda. ¿Así que teníamos dinero, no?

Las casas eran de un gran tamaño y no me sorprendió en absoluto que el Jeep parara en frente de una de ellas. Pronto, las rejas se abrieron y el Jeep avanzó hacia el garaje de la casa. Una vez dentro, la presencia del Mercedes de Nadeshiko había confirmado lo que ninguno de los dos se había molestado en avisarme.

Éste sería nuestro nuevo hogar.

Nadeshiko y Clow no tardaron en descender del auto, y sólo pude seguirlos.

Cuando finalmente entramos a la casa, la elegancia del lugar fue lo primero que se impuso entre los demás detalles. La casa estaba exquisitamente decorada, en alguno de esos estilos modernistas que exigían la escasez de otros colores que no fueran blancos y negros. Al entrar, la sala de estar fue lo primero que revisé, repasando mueble a mueble y diciéndome a mí misma que esto no tardaría en tener el toque femenino que Nadeshiko le podría.

Pobre diablo. Me compadecía de Clow. Mi madre podía ser una maniática cuando de decoración se trataba. Y yo bien sabía que este estilo que encajaba a un hombre soltero no le encajaría a la vieja Nadeshiko.

—"Esta es tu nueva casa," Escuché a Clow dirigirse a mí. Una sonrisa sardónica se pinto en mis labios. ¿No? ¿En serio?

Como previniendo mi respuesta sarcástica, Nadeshiko se me adelantó.

—"Sígueme, cariño. ¡Te encantará tu habitación!" Su entusiasmo me daba náuseas. Con irritación, la seguí en dirección de las escaleras.

Había dos pasillos que llevaban en direcciones opuestas. Nadeshiko parecía muy desenvuelta alrededor de la casa, me dije con pesadez. ¿Habría mentido sobre estar con él sólo tres meses? ¿Un hombre te acogería en su casa con tu hija—y una de pésima actitud si mis planes se daban bien— tras sólo una relación de tres meses? La idea me sonó más descabellada que nunca. Nadeshiko mentía. Lo sabía.

Nos dirigimos hacia la izquierda, y apenas pasamos dos puertas antes de que ella decidiera abrirla.

Un horrible y chillón rosa nubló mis sentidos hasta que mis ojos se familiarizaron con el color que tendía a fluorescente. ¿Era esto una retorcida broma? Por favor, cámaras escondidas ya es suficiente, ¿no les parece? El staff del programa El peor día de tu vida debía estar escondido en algún lugar.

Después de olvidar el color, pude ver la cama con sábanas blancas en ellas y con un armario muy cercano que tenía mucho más espacio del que realmente necesitaba. Genial. Con un armario así de gigantesco, parecerá que sólo tengo dos mudas de ropa. Había un gran espejo que reflejaba mi cara sombría justo a lado de una gran lámpara que a pesar de que no había signos de oscurecer, estaba encendida. El olor que despedía el cuarto era a uno de lavanda, y la luz se colaba por las tres grandes ventanas que ésta tenía. Las cortinas estaban recogidas, y no pude contener mi curiosidad y avancé para observar qué vista se escondía detrás de ellas. No me sorprendió demasiado el ver la calle por la que recientemente habíamos pasado. Todas esas cosas me pasaron sin importancia, hasta que pude ver el gran televisor —no tengo idea de cuántas pulgadas, sólo sé que era realmente grande— que verdaderamente captó mi atención. Bebé. Nos íbamos a llevar muy bien.

Sentí la mirada expectante de Nadeshiko y me volteé para confrontarla.

—"¿Te gusta?" Quise reírme, por lo ridículo de la pregunta.

Junté mis manos en una posición soñadora y batí mis pestañas con rapidez. Luego, dije con la voz más chillona que mis cuerdas vocales me permitían.

—"¡Me encanta!"

Nadeshiko pareció entusiasmada. —"¿En serio?"

Mi semblante alegre se perdió en un segundo. —"No." Sentencié mientras el color de las paredes me dejaba cada vez más ciega. Quizás mentía, porque la TV en verdad lucía fantástica —"¿Hay alguna otra habitación disponible?"

El semblante de alegría se drenó de su cara y me permití el pequeño placer de disfrutarlo. Pobre. En verdad no estaba esperando que el rosa me gustara a , ¿no?

Se puso seria, y con voz grave declaró —"No hay más habitaciones. Ésta es la tuya sin opción a reclamo. Eres libre de decorarla como quieras," Bueno, al menos en esta dictadura había opción a redecorar este lugar. —"Traeré tus cosas,"

Yo rodé mis ojos. Qué buena dictadura, ¿no? —"Está bien," No es como si quisiera continuar viendo su cara. Tenía muchas cosas qué planear y su presencia me irritaba lo suficiente como para recordarme con claridad cada una de las cosas que había sucedido.

Cerrando la puerta, se fue. Nadeshiko había dicho que podía decorar como yo quisiera esta habitación, ¿no? Pues despídanse del rosa porque es el color que menos me gusta. Especialmente no cuando me deja ciega.

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Shaoran Li P.O.V

Cuando llegué a la casa, después de regresar de mi gran viaje a Tomoeda y conocer a la hija de Nadeshiko, ya era lo suficientemente tarde como para pretender que sí había asistido al instituto. Mis hermanas, me miraron con curiosidad pero no dijeron nada ante mi cara seguramente cansada. Sí, no estaba en el mejor humor para soportar sus bromitas y tomaduras de pelo y ellas lo sabían.

Una vez en mi habitación, mi móvil comenzó a vibrar. Con irritación, contesté.

—"¡Shaoran!" La voz de mi prima, Meiling retumbó en mis oídos.

—"Mei," Suspiré, echándome a la cama. No sabía que en verdad pudiera estar tan agotado.

—"¡Faltaste al instituto! ¿Por qué? ¿Estás enfermo? Ayer no mencionaste nada al respecto," Dios, su voz en verdad podía ser chillona, ¿no?

Bostezando decidí contarle lo que Clow me había obligado a hacer. Lo que sea para poder despedirme pronto y echarme una siesta.

—"Clow me llevó a Tomoeda, Mei," Cerré los ojos, y una imagen mental me golpeó con rapidez, Sakura Kinomoto, ¿ése era su nombre, no? —"Para ayudarle con Nadeshiko y su hija,"

Meiling pareció interesarse —"¿Nadeshiko tiene una hija?"

—"Uhm, y es de nuestra edad, más o menos. En fin, le ayudé a trasladar las cajas de la casa de ellas en Tomoeda hasta su casa"

—"¿Y eso necesitaba de tu presencia indispensable?"

Fruncí mi ceño. ¿A dónde iba todo esto? —"¿Sucedió algo en el instituto que de verdad haya necesitado mi presencia indispensable?"

—"Sí. Te perdiste de la práctica de básquet. ¡Casi le rompen la nariz a Eriol!" Chilló en el teléfono y yo sólo pude rodar mis ojos. —"Fue increíble. El idiota de Yamazaki se disculpó, obviamente, pero Eriol estaba furioso. ¡No es para menos! La pelota le dio en plena cara y creo que los lentes casi se le rompen también" Se rió malvadamente. Déjenle a Meiling Li el papel de cotilla del colegio.

—"Bueno, supongo que tendré que comprobar eso el lunes, ¿no?"

—"¿Me estás colgando?"

Yo sonreí —"Sí. Lo siento pero en verdad estoy cansado"

Pero a Meiling nunca le había importado el bienestar de los demás —"¡Pero no me has dicho cómo es la hija de Nadeshiko!"

Me froté los ojos, luchando por mantenerme despierto. —"La verás tarde o temprano, Meiling"

—"¡Pero quiero saber cómo es!" Chilló y el chillido me dejó parcialmente sordo. Diablos, sí que era insistente.

—"Está bien. Es alta, tiene el pelo castaño y los mismos ojos de Nadeshiko" Y las piernas más increíbles que hubiera visto, debía añadir.

Meiling no se contentó con aquella breve descripción —"¿Y hablaste con ella?"

Rodé los ojos, —"No. Pero ella habló con su madre y con Clow,"

—"¿Y?" Vaya que también era impaciente.

—"Y, me pareció una malcriada. Punto. No sé nada más de ella, ¿satisfecha?" De verdad necesitaba descansar.

—"Está bien, está bien. He de pasar por tu casa el domingo. Tía Ieran nos invitó a cenar,"

Ante eso levanté una ceja. ¿Madre había organizado una reunión y no me había avisado?

—"¿Mencionó el por qué?"

—"No. Supongo que ha de ser alguna de esas reuniones familiares," Pareció dudar por un momento —"No, en verdad no se me ocurre el por qué,"

Me resigné. Nunca nadie podía cuestionar las decisiones de Ieran Li. —"Bueno, nos vemos el domingo,"

—"Adiós," Y con eso, finalicé la conversación y cedí a la tentación. Cuando mis ojos se cerraron, la misma imagen de una Sakura de piernas esbeltas me acosó durante todo el rato que tuve para dormir, antes de que me llamaran para la cena.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Suspirando, contemplé satisfecha mi obra maestra. Vi el reloj que descansaba en mi velador y éste indicaba veinte para las doce. Sí, de la madrugada.

Sorprendiéndome por mi falta de sueño, me recosté en las sábanas mientras apreciaba con gran satisfacción el panorama. En el mejor de los casos a Nadeshiko le daría un infarto, y me vería libre de su custodia. En el peor de los casos, sería castigada. No contaba mucho con eso, porque después de todo, de su boca había salido la frase de 'decora como quieras'.

Sí, el negro combinaba mucho mejor con mi personalidad que el rosa fluorescente. Me había tomado varias horas conseguirlo, pero finalmente había terminado.

No había sido difícil ir a una ferretería —más difícil había sido encontrar una— y comprar dos galones de pintura negra, brochas y algunas cositas extra. Tampoco había sido difícil el cubrir aquel espantoso rosa con un elegante negro. Sabía reconocer que estaba exhausta por el esfuerzo, pero en general, me sentía lo suficientemente satisfecha como para no poder cerrar mis ojos, porque sólo podía ver mi obra de arte. Había gastado mis pocos ahorros adquiriendo la pintura, pero, ¿qué otra cosa había que pudiera comprar y que me trajera tanta satisfacción como esto?

Ahora, con las gavetas blancas, el armario blanco y mi cama blanca, mi habitación era tan monocromática como la piel de una cebra. Y bien conocía a Nadeshiko, la mujer más colorida sobre la faz de la tierra.

Sí, sabía que al comienzo el color negro no me permitiría tener los sueños más placenteros, pero me habían sucedido tantas cosas que la posibilidad de dormir en completa paz resultaba ridícula.

No hace mucho había desempacado mis cosas y al fin conseguía establecerme en este sitio. No quería hacerlo, por supuesto que no, pero debía. Nadeshiko no se rendiría sin una batalla y yo pensaba darle una guerra.

Suspirando, sintiéndome contenta por primera vez en el día, planeé mi siguiente paso.

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Frotándome los ojos, descendí las escaleras y con lentitud exploré la casa. Nadeshiko había estado impaciente por encerrarme en la habitación y no la había visto desde que me había dejado ahí. Sólo Clow me había visto salir en busca de pintura, pero no había dicho nada. Buen chico. Sería mejor que no pretendiera conmigo. Ya era suficiente de pretensiones cuando mi madre estaba por ahí.

En fin, era ya de mañana y yo tenía que explorar el campo de batalla. Hacer alguna travesura o dos, ustedes entienden, ¿verdad? Quizás esconder algo de importancia, como todos los utensilios de la cocina o desconectar la calefacción. Y como yo calculaba que a penas estaba amaneciendo, Nadeshiko y Clow bien podían congelarse por el frío que estaba haciendo.

Sí, esa sería otra de las cosas que odiaría sobre Tokio. No sólo estaba acostumbrada a un clima templado, sino que también estaba acostumbrada a no usar calefacción. Y apostaba a que Nadeshiko también se sentiría igual.

Suspirando, busqué el control de temperatura. ¿Estarían bien cinco grados bajo cero? Me encogí de hombros. Daba igual.

Subí a mi habitación para cambiarme puesto que las cosas podían ponerse algo frías por aquí y lo último que necesitaba era agregar un resfriado a la lista de mis desgracias. Bueno, cuando se despertaran en medio de un ambiente congelado, seguramente se demorarían un poco al saber que había bajado la temperatura deliberadamente.

Bueno, no era lo peor que podía hacer, pero a decir verdad, eso sería suficiente por ahora.

Me eché a la cama, ya más abrigada y saqué mi teléfono celular. Marqué un número que me sabía de memoria, y sólo tuve que esperar dos segundos para que me contestaran.

—"¿Saku?" La voz adormilada de Kero me provocó ganas de reírme. Sí, había dos cosas que tú nunca podías hacer con Kero. La número uno era meterte con su comida. La número dos era despertarlo.

Miré el reloj de mi velador, y marcaba seis menos cuarto. Definitivamente Kero estaba dormido.

—"Kero. ¿No crees que deberías ya levantarte, dormilón?"

Él sólo me contestó con un gruñido —"No,"

Yo me reí, siempre era fácil olvidarse de los problemas con Kero—"Son las seis de la mañana,"

Esta vez me contestó con un bostezo —"¿Y por qué diablos no estás dormida?" Era también conocida mi fama por quedarme dormida. De hecho, si había alguien más dormilón que Kero, ésa era yo.

—"No tengo sueño," Declaré, observando ya en plena luz del día el hermoso negro de las paredes. Oh, Nadeshiko le daría un ataque.

—"Ajá. ¿Y esa es razón suficiente como para interrumpir mi sueño rejuvenecedor?"

Me reí, incluso ahora algo melancólica porque sólo de esta forma podía hablar con él. —"No, pero quería contarte mis dos primeras buenas acciones,"

Ya podía ver a Kero fruncir el ceño. Él siempre había sido la voz de mi conciencia. Por supuesto, como yo no tenía una, Kero se había tomado el papel bastante en serio.

Por supuesto, eso no quería decir que Kero tuviera conciencia con respecto a su propia vida.

—"Sakura," Su voz era dura y cargada de reproche, —"¿Qué has hecho?"

Pude haberme reído. No lo hice. —"Nada, Kero. ¿Hablas en serio? Tú sabes que soy una muñeca inofensiva, ¿no?"

Kero sabía muy bien que me estaba burlando de él. —"Sakura, no estoy bromeando,"

Esta vez sí me reí. ¿Alguna vez Kero había pensado en hacerse juez? —"Ah. Aguafiestas. Pinté la habitación de negro. Sabes cuánto Nadeshiko odia el negro, ¿no? Y quizás bajen algunos grados en la temperatura. Cosas inofensivas," Me encogí de hombros. Cosas inofensivas que alterarían los nervios de Nadeshiko.

Soltó un suspiro de alivio. ¿Tan peligrosa me creía?

—"Bueno, tienes razón. Cosas inofensivas. Nadeshiko estará bastante molesta, ¿no?"

Miré el techo de la habitación. Sonreí. —"Por supuesto. Sabes bien cuál es el plan, Kero."

Volvió a suspirar —"Sakura, no puedo estar de acuerdo contigo. Portándote así sólo conseguirás terminar en una correccional y Nadeshiko todavía tendría tu custodia,"

Comencé a enfurecerme con su modo de pensar. —"¿Y entonces qué sugieres? ¿Qué actúe como si nada hubiera pasado y que estoy perfectamente feliz con el arreglo? ¡Nadeshiko es una insensible! ¡Merece castigo!"

—"Pero de esta forma sólo te castigarás a ti misma, Sakurita. Piénsalo. Nadeshiko comenzará a quitarte tus cosas, primero el celular, luego la televisión y después la electricidad," Yo gruñí, qué exagerado—"Bueno, está bien. No la electricidad. Pero sí el televisor y el teléfono"

Suspirando, supe que el fin justificaba los medios. —"Nunca esperé que mi plan no trajera efectos secundarios, Kero"

—"¿Y aún así estás dispuesta a hacerlo?" Preguntó, —"¿Qué pasarán con tus calificaciones? ¿También las descuidarás sólo por este idiota capricho?"

—"No," Suspiré. No tenía tanto poder auto destructivo entre mis manos. La única forma de independizarme de Nadeshiko sería graduándome. En eso, ni siquiera mi instinto vengativo podría influir.

—"¿No qué, Sakura?"

Yo rodé los ojos —"No descuidaré mis estudios, ¿vale? ¿Eso te parece suficiente?"

—"Sakura, Sakura. ¿Me has despertado sólo para oír las cavilaciones de alguien enfermo psicológicamente?"

Kero me conocía demasiado bien. —"No, y no estoy enferma"

—"Escúpelo,"

Pues bien. —"Necesito que me ayudes a planear más cosas, Kero." Sólo conocía una mente más retorcida que la mía. Y esa pertenecía a la de mi mejor amigo.

—"No. Definitivamente no,"

—"¡Oh, por favor! ¿Cómo puede ser que las cosas que tú hagas están bien, pero si yo las hago están mal?" No tenían idea de cuántas bromas pesadas Kero había hecho en nuestro instituto. Añadan esto a la lista de cosas que extrañaría.

—"Sucede," Pareció pensarlo por un momento —"Que de entre los dos, el que tiene más futuro eres tú. No querría que arruines tu reputación sólo por esta estupidez, Sakura," Sus palabras lograron conmoverme por un momento. Pero no lo suficiente como para alejarme de mi plan: hacer la vida imposible a Nadeshiko.

—"Bueno," Acepté con facilidad —"Si no me ayudas tú, estaré experimentando y será peor. Me atraparán más rápido,"

Soltó una maldición —"Esto es extorsión, Sakura. No me harás sentir culpable por tus acciones,"

Yo sonreí, casi lo tenía —"No. No serás culpable por lo que haga, serás culpable porque sea atrapada,"

Una corriente fría me llegó a la cara y noté cuán frío en verdad estaba el ambiente. Y eso que estaba abrigada. Si tenía suerte, Nadeshiko y Clow, —a pesar de que me daba repugnancia pensarlo— dormirían desnudos.

—"¡Sakura! No quiero colgarte. No pienso ayudarte aunque ya no seas mi amiga,"

Yo fruncí el ceño —"Vamos, Kero. No seas gallina,"

Él soltó una risita —"No soy gallina. ¿Recuerdas quién fue el que puso bombas en todos los retretes el año pasado?"

Yo rodé sus ojos. Ínflale el ego más. No se puede, porque explotaría —"Está bien. Puedes empezar por ese truco. Algo casero, barato, porque gasté mis últimos recursos en la pintura,"

—"¡No! No te ayudaré, Sakura. Y es definitivo," Kero en verdad comenzaba a fastidiarme.

—"Gallina," Solté después de una maldición.

—"Lo soy, ¿y qué?"

—"Gallina. Cua, cua, cua,"

Él ser rió. ¿Es que mi causa le resultaba graciosa? —"Sakura, creo que las gallinas no cacarean así. Así hacen los patos,"

Me encogí de hombros. ¿Estaba intentando salirse por la tangente? —"Me ayudarás. Y es definitivo,"

—"Esta conversación ha llegado a su fin. Sakura no pienso ayudarte. Punto final," En verdad hablaba en serio, ¿no?

—"Bien," Le respondí con rapidez aunque me dolía un poco no contar con su apoyo. Había creído que él de entre todas las personas posibles, entendería. Al parecer, no era así.

—"Bien," Me respondió al fin.

—"Hasta luego," Dije en un susurro. No tardé en terminar la conversación. Bien. No contaba con Kero. Pero no por nada había aprendido un truco o dos en esto de las bromas pesadas. Después de todo, llevaba conociéndolo desde que parecía casi siempre.

Hubiera sido bueno escuchar la voz de la experiencia, pero qué más da. Iba a hacerlo, sin importar las consecuencias.

Por el momento, podía regodearme en el frío congelador que hacía en la casa.

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Shaoran Li P.O.V

Las cenas en mi familia siempre eran incómodas. Y por regla general todos debían comportarse como verdaderos miembros de la aristocracia. Es decir, que si querías tirarte un pedo, tenías que aguantarte hasta que hubieras desaparecido de la vista de la ¡oh, gran Matriarca! Ieran Li. Y si no podías aguantarte, tenías que echarle la culpa al que estaba a tu lado, en una última esperanza de no ser descubierto. Por supuesto que esto del pedo es una analogía. Quizás no lo más apropiado cuando estoy a punto de comer, pero no se me ocurre algo más delicado con qué compararlo.

Los ojos de mi madre eran los de un halcón, y estos inspeccionaban cada aspecto de cada uno de sus polluelos. En ese caso, seríamos nosotros. Mis hermanas eran tres, y conmigo cuatro. Siempre se esperaba la mejor conducta posible y aunque nuestro carácter era más relajado que el de mi madre, siempre, siempre, nos veíamos obligados a comportarnos como ella. Es decir, con el cuello estirado, las espalda recta —era pecado mortal el encorvarse— utilizar apropiadamente todos los cubiertos, saber qué temas eran apropiados para hablar durante una comida, y lucir nuestro mejor aspecto.

No recordaba un día en el que no me hubiera dado una ducha antes de bajar a cenar. Oh, no, Dios nos prohíba comer sucios. Normalmente estaba acostumbrado a la refrescante ducha, pero hoy no me encontraba en el ánimo. De hecho, no me cayó nada bien. Es decir, veinte minutos atrás aún estaba en mi más profundo sueño cuando Fanran se acercó a mi habitación para avisarme que la cena sería servida ahora. Así que tuve que levantarme, darme una ducha y vestirme. Y todo para que la mamá halcón no concentrara su crítica en mis aspecto.

Bastante patético, ¿no? Tener que alistarse para una cena familiar un viernes por la noche.

Si hubiera sabido la que se me venía, no me hubiera bañado. Sólo por rebeldía. De hecho, dudo que siquiera me hubiera levantado.

La gran mesa estaba exquisitamente decorada, con mi madre tomando el asiento principal, Fuutie y Fanran a su izquierda y yo a su derecha junto con mi hermana Feimei.

La inspección de mi madre ya había pasado y comenzaron sirviéndonos alguna ensalada que picoteé sin interés. Después de que Wei y su ayudante de cocina —Wei era nuestro fiel empleado doméstico. El hombre se desenvolvía especialmente en el arte culinario y en ser mayordomo— nos sirvieron el plato fuerte, que la voz de mi madre se propagó por el comedor.

—"Shaoran," Levanté la mirada hacia ella, —"El domingo se llevará a cabo una cena en tu honor," Ante eso, fruncí el ceño. Aquella cena que Mei había mencionado, ¿era en mi honor? ¿Y qué había hecho de especial?

—"Disculpe que le pregunte, Madre. ¿Hay algo que haya hecho que merezca el honor?" Sí, eran un honor que mi madre se tomara la molestia de invitar a toda la familia —en realidad éramos un clan. Demasiada gente como para entrar en la categoría de familia y muy poca como para entrar en la categoría de pueblo—.

Ella me miró intensamente. Los bellos de la nuca se me erizaron. No me gustaba esa mirada. No era bueno cuando Ieran Li te miraba así.

—"No. Es la cena en la que anunciaremos tu compromiso," Tomé una respiración profunda. Está bien. No había oído eso.

—"¿Qué?" El susurro que se escapó de mis labios había sido involuntario.

Madre asintió —"Será la cena de tu compromiso,"

El impacto fue casi tan brutal y tuvo el mismo efecto que tendría una bomba atómica en mi interior. Pareció detonar y borrar cualquier vestigio de pensamiento coherente.

Decidí tomar las cosas con calma. No era bueno gritarle. Traté de controlarme —"¿Con quién?"

Ella entrecerró su mirada, como retándome a que reaccionara —"Con Meiling,"

Sí, ustedes estarán pensando tan mal de mi familia y yo sabía que estaba bien torcida, pero no era para tanto. A decir verdad, no hasta hace mucho me había estado preguntando con quién mi madre decidiría que tendría que casarme. Era una costumbre ancestral que iba de generación en generación, para asegurar el bienestar del clan. Sabía que era una buena estrategia porque el dinero y patrimonio familiar no se compartía con extraños y siempre se mantenía dentro del clan, pero en este preciso momento me pudieron haber dicho que era la única manera de preservar la raza humana de la extinción y aún así no lo hubiera hecho.

¡Por Dios, era Meiling! Mi prima. Mi prima. La chica más cotilla de todo el colegio, y según tenía entendido también la más maquiavélica. A mí me caía bien, pero creo que pertenezco a aquella pequeñísima porción estudiantil que era su amiga.

La idea por sí sola me parecía asquerosa. Como si me estuviera casando con Fuutie, Feimei, o Fanren. Diablos, me parecía igual de repugnante que casarme con mi propia madre.

Mis pensamientos se tornaron caóticos. Analicé todas las opciones en un segundo y determiné que no había forma de zafarme de ésta.

Con rapidez, observé el rostro de mis hermanas. Todas estaban lívidas, seguramente menos de lo que yo podía estar. Todos habíamos sido tomados por sorpresa.

Sabía que esto se vendría, pero nunca lo había sentido tan cerca. Jamás. Ni en un millón de años.

Sintiendo que el mundo colapsaba, me levanté de la mesa. Otro de los pecados capitales. Pero no me importaba. Porque mi madre había arruinado mi vida con ese casamiento que seguramente tendría cabida cuando fuéramos mayores de edad. Y ninguno de los dos podría hacer nada, porque de lo contrario seríamos parias entre la familia y nadie, ni siquiera mis hermanas serían capaces de ayudarnos, bajo la seguridad de que mi madre también expulsaría a cualquiera que osara desconocer su autoridad.

Con lentitud, me retiré del comedor en dirección de mi habitación.

¿Había pensado que esa cena sería un honor? Mejor lo pienso otra vez. Esa cena sería una comedia.

Y una comedia sería lo que me quedara de vida si llegaba a casarme con Meiling.

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Sakura Kinomoto P.O.V

No mucho después de que hubiera finalizado la llamada con Kero, Nadeshiko irrumpió en mi habitación con un muy visible ceño fruncido. Seguramente la delgada bata para dormir no protegía mucho del frío infernal que estaba haciendo ¿no?

Pero su cara pasó de irritada a furiosa de un segundo a otro y yo sólo pude limitarme a disfrutar de la película.

Recorrió con mirada incrédula cada una de las paredes meticulosamente pintadas con el color menos apropiado para una habitación. Su nariz se arrugó ante el olor a pintura fresca y por un breve momento sentí lástima por ella. Palabra clave: breve.

—"Sakura," Me llamó sin respiración, —"¿Qué es esto?"

Fingí ignorancia —"¿Qué?"

Señaló las paredes de una forma bastante insistente. Me encogí de hombros, restándole importancia.

—"¡Esto!" Apuntó a las paredes una a una, y cuando se descuidó, solté una risita que venía conteniendo. —"¿De dónde sacaste la pintura para hacer esta atrocidad?"

Fruncí el entrecejo. —"Tu marido me vio salir. Y también me vio entrar con la pintura," Volví a encogerme de hombros. —"Supongo que no le importó lo suficiente como para avisarte, ¿no? Tsk, tsk. Así no se lleva una buena relación mamá. Lo principal es la comunicación, ¿no lo crees?" Por un momento, creí que le iba a dar un infarto ahí mismo, y de repente la broma no resultó tan agradable. Pero cuando tomó una inhalación profunda, suspiré y pude disfrutar.

Por un instante pareció tener algo más que agregar a su discurso, pero echándole una última mirada a mi habitación, salió cerrando la puerta con fuerza. El discurso de haber trabado el termostato, muy, muy olvidado.

Volví a reírme, llena de satisfacción.

Eso había sido casi demasiado fácil. Si no me dolieran las piernas y los brazos por el esfuerzo de pintar, o habría declarado tan fácil como quitarle un caramelo a un bebé.

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Si había creído que había disfrutado con la reacción de Nadeshiko, debo confesarles que me quedé corta. Había sido infinitamente más placentero observar el desayuno. Nos sentamos como si de una perfecta familia se tratara.

La incomodidad era absoluta, por supuesto. Ah, cuán bien se sentía.

Justo cuando el ambiente se sentía más tenso que nunca, un teléfono —supongo que el de la casa— comenzó a sonar y Clow no tardó mucho en levantarse para contestarlo. Mi madre y yo lo observamos perderse en dirección de lo que ahora conocía como cocina y fue entonces cuando mi mamá comenzó a espetar.

—"Sacarás ese horroroso color de las paredes. Inmediatamente,"

Yo me encogí de hombros, pretendiendo mi voz más suave —"Pero mami, tú me dijiste que decorara la habitación como quisiera, ¿no?" Contuve las ganas de reír con crueldad —"y yo quise decorarla pintándola de negro,"

Apretó los puños y pareció lívida —"Sé que estás molesta, Sakura pero," Oh, Dios, en verdad no tenía idea de cuán molesta estaba —"Soy tu madre y me obedecerás," ¿Es que acaso ese era el único argumento con el que podía enfrentarme? Qué patética.

Yo asentí, —"Por supuesto que eres mi madre. ¿Crees que no soy lo suficientemente infeliz como para que me lo recuerdes a cada dos segundos?" Justo cuando iba aumentar más acusaciones a la lista de pecados de Nadeshiko, Clow llegó nuevamente a ocupar su asiento. Los ojos de mi madre advirtieron que esta discusión no estaba ni por lejos finalizada.

—"Mi cuñada nos invita a una cena." Lucía molesto por alguna razón que no sabía identificar, quizás por las cosas que yo había hecho, —"Será mañana. Espero que ustedes puedan acompañarme," Lo cual significaba que aunque Nadeshiko estuviera lo suficientemente molesta como para asistir, él igual lo haría. Supongo que yo no contaba mucho en la ecuación.

Con creciente irritación comprobé, que después de todo, estaba en la ecuación. —"Sí, iremos" Remarcó Nadeshiko enviándome una mirada que no aceptaba reclamos.

—"¿Es formal?" Pregunté dirigiéndome a Clow. Él pareció sorprenderse al saber que le estaba dirigiendo la palabra.

—"Sí" Bien. Iba a ir. Y necesitaba saber si era formal para vestirme de la manera más informal posible. Sabía que no saldría de la casa así —no crean que me avergonzaría así—, pero Nadeshiko sí vería mis intenciones. Y eso sería lo divertido.

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Con lentitud, repasé todo mi armario, en busca de dos trajes. El día completo me la había pasado finalizando ciertos detalles sobre mi habitación. Ya era domingo, y a tan sólo una hora me encontraría dirigiéndome a la supuesta gran cena. Ya sabía bien el plan. Nadeshiko jamás me dejaría salir así de la casa, así que sería un fastidio tanto como para ella y Clow el tener que esperarme a que me cambiara. Yo no tenía ningún apuro por salir, así que me tomaría tiempo extra en arreglarme.

¿Una falda jean? Sí. Minifalda. La más corta que tenía, en realidad. Y un top, el top más corto que tengo, también. ¿Zapatos deportivos? Sí. ¿Y cómo me podía peinar? Una coleta supongo que estaría bien. ¿Y el maquillaje? Suspirando, me dije que no podría maquillarme hoy.

Decidí para mi segundo atuendo el vestido más formal que tenía, era de color de negro y tenía un amplio escote en la espalda, y era lo suficientemente largo como para pasar de formal. Sabía que la familia de Clow tenía dinero —pienso que por lo menos, mucho más que nosotros— y que respingarían sus narices si vieran que la hija de Nadeshiko vestía mal. ¿No se suponía que su madre era diseñadora? Pues sí, pero nunca me habían agradados los diseños pomposos de mi madre. Y como no estaba acostumbrada a asistir a "cenas familiares", sencillamente no me había tomado la molestia de tener algo más "elegante" en mi armario.

Me encontré en duda entre dos tipos de zapatos. Unos eran altos, y a simple vista provocaban el dolor más agonizante con el que una mujer pudiera lidiar en su vida, pero eran verdaderamente hermosos. Los otros, eran discretos, sencillos y bajos. Pero no lucían tan bien como los primeros. Al diablo, me dije a mí misma. Preferí la belleza.

El resto de detalles los resolvería después de darme un largo baño. Había encontrado el baño junto a mi habitación, uno lo suficientemente grande como para incluir bañera y ducha al mismo tiempo y suspirando ante la imposibilidad de relajarme por completo, decidí escoger la ducha. Sí, una ducha larga me ayudaría a aclarar ciertas cosas en mi mente.

El ambiente en el baño aún estaba frío, incluso después de que Clow se percatara de que la temperatura había sido deliberadamente descendida, y yo era la única sospechosa. Había guardado silencio, y supongo que le habría dejado el trabajo sucio de regañarme a mi madre, pero todo eso se le había olvidado con lo de la pintura.

Desvistiéndome, me concentré en Clow. Frunciendo el ceño, me percaté que el hombre había decidido alejarse de mí, porque evidentemente, con aquella presentación, lo había conseguido espantar lo suficiente como para evitar cualquier roce inapropiado conmigo.

Quizás el hombre me hubiera caído bien —ya habíamos sido presentados con anterioridad, según recuerdo— si no hubiera sido el principal motivo de la separación de mis padres. Quizás.

De cualquier manera, pensaba hacer caminar a Nadeshiko por la avenida de la desdicha y si él la quería, tendría que caminar con ella, ¿no?

Entrando a la ducha, probé la temperatura del agua. Ni muy fría ni muy caliente. Perfecto. Las gotas de agua no tardaron en descender.

Mis pensamientos continuaron desvariando desde mi madre, mi hermano, mi papá y a Clow nuevamente.

¿Había habido alguien que acompañaba a Clow cuando fuimos presentados? No recordaba muy bien su cara, y creo que incluso Nadeshiko lo había llamado por su nombre, pero sencillamente yo había estado demasiado furiosa como para prestar atención a cualquiera. El mismo Dalai Lama podía haber estado parado frente a mí y yo jamás me hubiera percatado de su presencia, porque todo lo que había podido ver era a mi madre con otro hombre que no era mi padre.

Cerrando la ducha y expulsando la furia con un suspiro, comencé a secar mi cuerpo con una toalla. Estaba segura de que era un hombre. Forcé mi mente para acordarme quién era, pero encontré un vacío en ella. Encogiéndome de hombros, decidí que lo mejor era olvidarme de ese incidente y enfocarme en lo que tenía que hacer.

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Una vez vestida con el primer atuendo, pero todavía sin arreglar mi cabello, Nadeshiko irrumpió en mi habitación. Me sobresalté, soltando el peine al piso. ¿Ahora también se había olvidado de sus buenos modales? ¿Nadie le había ensañado que era grosero el entrar sin tocar?

—"Quítate inmediatamente esa ropa," Gruñó. Nadeshiko nunca gruñe. Con ella todo es dulces, flores y muchos colores —"Ahora, Sakura,"

La vieja Sakura por lo general evitaba disputas con Nadeshiko. Pero si había habido una razón para que usara este ridículo vestuario para asistir a una cena formal, ésa era la razón. De todas maneras tenía que agradecer su interrupción, porque habría sido incómodo discutir con ella en frente de Clow.

Levantando una ceja en desafío, me levanté de la cama para darle a entender que no le entregaría la victoria en bandeja de plata. Había hecho suficientes concesiones, una de éstas mudarme a esta horrible ciudad.

—"¿O si no qué?" Sí, quizás no lo más sutil. Su cara pareció estallar en ira.

—"¡O si no te la sacaré yo misma!" Pff. Qué mentirosa. Nadeshiko estaba vestida con uno de sus diseños, uno de esos que sólo tenía seda y piedras preciosas, y sus tacones aguja junto con sus manos perfectamente arregladas, jamás le permitirían meterse en un altercado conmigo. Ella preferiría cortarse una mano antes de arruinar alguno de sus vestidos.

Rodando mis ojos, ignoré su comentario —"Pues si no voy así, no iré con nada. ¿Qué diría la familia de Clow al ver a tu hija desnuda, eh, mamá?"

Ella me desafió, y fue divertido el ver que su cara se ponía aún más roja. —"¡No estoy bromeando, jovencita!" Qué vieja sonaba, —"¡Te pondrás un vestido decente, sea lo último que haga!" Vaya, su cara ahora se había puesto morada por lo sonrojada, y no dudaba que en cualquier momento podía explotar.

Sólo cuando vi que en verdad se acercaba a mí, con la firme determinación que ambas compartíamos, en sus ojos, nos ahorré el numerito. Ya había sacado todo el jugo a esta situación y no quería pasar por la vergüenza de que Nadeshiko hubiera hablado en serio cuando dijo lo de desvestirme ella misma.

—"Está bien," Accedí con facilidad, disfrutando cada segundo de su cara encendida —"Me cambiaré," Pareció dudar por un momento de mis palabras, pero se guardó cualquier clase de comentario que hubiera deseado hacer, y salió de la habitación mirándome con una advertencia muy clara en sus ojos.

Había descubierto que me gustaba tomarle el pelo a Nadeshiko y dudo que fuera un vicio fácil de superar.

Suspirando, porque con esta victoria eran tres a mi favor y cero para mi madre, salí del outfit uno y me concentré en el dos. Miré el reloj en mi velador, sí, faltaba media hora aún. Evidentemente Nadeshiko no confiaba en mí lo suficiente como para que tuviera que venir a asegurarse que vestía apropiadamente.

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Shaoran Li P.O.V

Mis hermanas no habían parado de gimotear y entrometerse en mi habitación y tampoco habían parado de quejarse cuán injusta era nuestra madre y que yo debería ser el pionero en romper la gran tradición familiar al negar mi colaboración en este arreglo. No había tenido un solo segundo libre desde la cena en que Madre me puso al corriente, y el tiempo había pasado tan rápido, tratando de ignorar las quejas de Fuutie, Fanran y Feimei que cuando me percaté de lo que estaba haciendo, era demasiado tarde para hacer un análisis profundo.

Estaba comenzando a vestirme y no faltaría mucho para que la familia comenzara a llegar y yo no había pensado cómo reaccionar cuando viera a Meiling. Diablos, ni siquiera sabía qué decirle. Normalmente, era ella quien parlotearía tanto que mi lado de conversación se reduciría a sólo escuchar. Sabía que ella ya se habría enterado para este momento, y seguramente estaría llorando por cada esquina de su casa, porque un compromiso entre nosotros sería como el compromiso entre dos hermanos.

Me estremecí al pensar en un posible futuro a su lado. Me estremecí aún más al imaginar tener que acostarme con ella. Náusea era todo lo que podía pensar después de imaginar tal cosa. ¡Mi madre debía estar loca! ¿No se percataba que mi vida junto a Meiling en verdad sería un suplicio?

Sentí que mi cuerpo se rebelaba ante el pensamiento de casarme con ella. Lo más probable es que fuera cuando Meiling alcanzara la mayoría de edad, una semana después de mi propio cumpleaños en unos nueve meses más.

La sensación de asfixia me aprisionó por completo. No estaba acostumbrado a auto compadecerme pero había sido un tonto al no saber que esto se venía encima. Tonto. Tonto. Tonto.

Los dedos me temblaron en el momento de hacer el nudo de mi corbata, ¿cómo iba a poder hacer esto?

La pequeña cajita que contenía el anillo ancestral de los Li estaba seguramente guardada en mi bolsillo derecho. Súbitamente adquirió un peso que bordeaba la tonelada.

Necesitaba el consejo de alguien. No de mis hermanas, con su forma de pensar feminista y sentimental, pero no tenía a nadie más a quién recurrir. Mi madre, imposible. ¿Meiling? Me burlé ante el pensamiento. ¿Eriol? Mejor era que le preguntara al gato de la vecina.

Mis pensamientos me llevaron a una sola persona, ¡Clow! Mi tío sabría qué hacer. Él me diría. Sabía que no había escapatoria, pero me acogería a cualquier vestigio de esperanza que tuviera.

Frunciendo el ceño, pensé que lo que estaba sucediéndome probablemente era karma malo que había adquirido al burlarme de él y de su hijastra.

El timbre de la casa reverberó y la presión fue mayor que casi resultaba aplastante.

Fuutie entró en mi habitación con rapidez, mientras me decía con gesto estoico —"Mi tío Clow llegó, y trajo a Nadeshiko con ella," Levanté mi cabeza con sorpresa. Una leve sonrisa se me escapó. Así que la tigresa había conseguido zafarse de una aburrida cena familiar con perfectos extraños, ¿no?

Mi curiosidad me obligó a confirmar mi teoría —"¿Alguien más con ellos?" Ella frunció el ceño, mientras se encogía de hombros —"No lo sé. Mamá me mandó a verte. Dice que tienes que salir a saludar a los invitados,"

Una breve desilusión fue lo que sentí ante su vaga respuesta. Sakura no estaría aquí. Maldición, ¿y qué importaba si estaba aquí o no? ¡Me condenarían en esta cena! ¿Y todo lo que podía pensar era que si una malcriada había venido o no? Qué idiota.

Asintiendo, me levanté no sin antes escuchar la voz de Fuutie otra vez —"Shaoran," Me llamó —"En verdad lo siento mucho," Sí, ella sabía cuán mal me sentía.

Apretando mis labios, acepté la disculpa. Y salí de mi habitación. Al diablo con todo. Si mi destino era casarme con la cotilla de Meiling, y así heredaría el puesto de mi madre en el clan, que así fuera.

Pero aún sentía la necesidad de hablar con mi tío. Y todavía sentía el gran peso que me impondrían esta noche.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Había escuchado la voz de Clow, estar cargada con pesar, mientras le explicaba algo a Nadeshiko, durante el viaje hacia la fabulosa cena. El volante del Mercedes se veía extrañamente reducido entre sus manos.

Hasta el momento, su conversación no me había importado en lo más mínimo, pero no sé qué captó mi atención.

—"¿Entonces se va a casar por obligación?" Preguntaba con incredulidad Nadeshiko. Involuntariamente me acerqué más para escuchar.

—"Sí. Tan sólo son dos niños," Farfulló él, y mi curiosidad explotó. Nada puede contener mi curiosidad.

—"¿Alguien se va a casar?" Sé que era meter mi nariz en asuntos que no me concernían pero ninguno de los dos pareció notarlo.

—"Sí, el sobrino de Clow se va a casar, Sakura," Ella corroboró lo dicho, —"Creo que tiene tu misma edad," A lo que Clow asintió, yo me estremecí. ¿Quién en su sano juicio se casa a mi edad? Diablos, yo todavía no había tenido mi primer novio oficial y habían otros chicos que ya se casaban.

—"Pero hoy sólo se anuncia el compromiso. La boda se llevará a cabo cuando ambos sean mayores de edad," ¿Así que por eso usábamos pintas elegantes, eh? Íbamos a una fiesta de compromiso.

Sin querer profundizar aquel asunto, decidí continuar ignorando su conversación. No era mi problema, ¿habían dicho que los casaban por obligación? No había otra idea más descabellada que esa. Me estremecí al imaginarme en un rollo así. Palidecía en comparación a lo que había sucedido con Nadeshiko.

Encogiéndome de hombros, me recordé que no era mi problema.

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Tal y como había sospechado, la familia de Clow tenía dinero. Dinero. En grandes cantidades, por el mármol del piso, los finos decorados interiores y por las hermosas lámparas de cristal. La casa aún se mostraba relativamente vacía, pero en mi cabeza aún ululaban los nombres de dos muchachas y un anciano que parecía ser el mayordomo de la mansión. Todas estas personas eran familia de Clow —sus sobrinas, creo—, pero yo era muy mala con los nombres, así que era preferible evitar nombrarlas.

—"Sakura," Me llamó Nadeshiko mientras veía aproximarse a una elegante señora que pronto me encontré mirando cara a cara, —"Ieran," Pronunció Clow el nombre de la señora, —"te presento a Sakura, la hija de Nadeshiko," La dama me dio una grácil reverencia y me sentí torpe al imitarla. Creo que hasta me sonrojé. Su mirada no podía ser más reprobadora y seria. Diablos, había condenación en toda ella.

—"Nadeshiko," Saludó a mi madre, —"¿Cómo ha estado la mudanza?" Evidentemente estaba al corriente de nuestras vidas. Me pregunto si su mirada reprobadora se debe a las pequeñas travesurillas que he armado en casa de Clow.

Nadeshiko suspiró, —"Agotadora. Nunca creí que mudarnos podría ser tan complicado," Ella asintió y los bellos de mi nuca se respingaron al sentir de nuevo esa mirada en mí —"¿Puedo llamarte Sakura?" Yo asentí, profusamente. —"¿Cómo sientes el cambio de Tomoeda a Tokio, Sakura?" Juro que en ese momento todas las palabras de mi vocabulario fueron a dar mi intestino, y nunca nadie había conseguido intimidarme lo suficiente para conseguir que dejara de hablar.

Tomando una fuerte respiración, me digné a contestar —"Bien, supongo," Fue todo lo que logré mascullar, y aquello era una rotunda mentira.

Ella volvió a asentir, y esta vez se dirigió a Clow, —"Clow, ¿te importaría mostrarles la casa? Aún Shaoran no está listo, pero pronto bajará para saludarte,"

El semblante de Clow pareció ensombrecerse —"Ieran, sabes que esto no es justo," Pareció querer decir más, pero se percató de que Nadeshiko y yo estábamos presentes.

Ieran ignoró el comentario, y volvió a dirigirse a nosotras —"Siéntanse como en casa y asegúrense de que Clow las presente con el resto de la familia. No tardarán en llegar," Dándole una mirada significativa a Clow, se apartó de nosotros, en lo que supongo a la cocina.

Clow pareció estar concentrado en algo que no pude descifrar, así que después de asegurarme que la mujer se había alejado lo suficiente como para no escuchar mi comentario, le pregunté a Nadeshiko —"¿Quién era ella?" Lo dije en un susurro. Vaya, ella ya no estaba aquí y aún así me sentía intimidada.

Nadeshiko volvió a suspirar —"Es la cuñada de Clow, hija."

Fruncí mi ceño, —"¿Clow tiene problemas con ella?"

Ella asintió y echó un vistazo rápido hacia Clow —"Suele ser muy estricta," Y yo no podía estar más de acuerdo.

Clow interrumpió la frase que iba a decir —"¿Quieren conocer la casa?" La proposición fue ambigua. Yo había creído que Nadeshiko ya conocía la mansión, pero al parecer, no era así. Recordé la mirada de la cuñada de Clow. Sus ojos habían sido fríos. Y había sido muy impersonal. ¿Sería posible que a la familia de Clow no le agradara su relación con mi madre? Las otras dos jóvenes —Fansan y Faimei o algo así— se habían mostrado cordiales en su breve presentación. Incluso el anciano con pose de mayordomo—Wei, si recuerdo bien— se había mostrado más amigable que la cuñada de Clow.

¿Estaría en lo cierto? ¿O sólo sería imaginación mía?

Recordando la censura en su mirada, me estremecí. No, no era mi imaginación.

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Shaoran Li P.O.V

Cerré mi habitación, tomando una última respiración. Debía calmarme. Dios, estaba actuando irracionalmente. Me había preparado durante años para éste momento y aunque a decir verdad, me hubiera agradado enterarme con anterioridad —probablemente no una muy buena idea porque habría encontrado una forma de zafarme de esta— tenía que afrontar las cosas tales como eran. Si quería continuar con el legado de mi padre, debía hacer sacrificios. La vida me había enseñado que nada bueno era gratis. Para conseguir algo, uno debía hacer algún sacrificio. Y casarme con Meiling sería el mío.

¿Qué me detenía de casarme con ella? Cierto era que muchas veces no soportaba escucharla, y también era cierto que era más informativa que un periódico local.

Me había preparado tanto tiempo para hacer esto, que jamás me había acercado a una chica, porque cuando este anuncio se hubiera llevado a cabo, sólo saldría alguien lastimado.

Intenté razonarlo, una y otra vez, mientras descendía de las escaleras. La recepción estaba vacía, y aunque busqué por todos lados a mi tío, no lo encontré. Con rapidez, vi a mis hermanas sentadas, conversando despreocupadamente.

—"¿Han visto a Clow?" Pregunté a Feimei, quien me había observado acercarme.

Feimei y Fanran asintieron —"Salió al jardín,"

Sin esperar nada, salí al encuentro con mi tío. Mis hermanas comprendían bien la necesidad.

Los Li, guardaban muchas tradiciones, pero la principal era la del legado. El primer varón nacido del líder, heredaría la mitad de todos los bienes y propiedades de la familia, y la otra mitad sería repartida entre los demás hermanos. Del matrimonio de mis padres habían surgido cuatro hijos. Mis tres hermanas y yo, y aunque ellas eran mayores, yo heredaría la mitad completa. Pero siempre había un truco. El hijo heredero, tendría que aceptar sin rechistar la novia que sus padres le impusieran. Como mi padre había fallecido, mi madre era la encargada de buscarme una esposa.

Si el heredero rehusaba a contraer nupcias con la mujer elegida por sus padres, automáticamente perdería el título de líder y toda la herencia. Interesante, ¿no?

Aunque sabía que estaba atrapado, necesitaba el consejo de mi tío.

Avancé por el jardín, hasta que divisé tres siluetas en la distancia. Levanté una ceja con curiosidad. ¿Sakura sí había asistido, después de todo?

Clow se volteó, a su vez, y me miró. No tardé demasiado en alcanzarlos.

Mi tío vestía un terno, igual que yo. Nadeshiko, como siempre, lucía hermosa. Pero quien en verdad le robaba escenario era Sakura. La muchacha con la perforación en su ombligo y de semblante furioso que había conocido palidecía con la elegante joven que se erguía ante mí.

Una leve sonrisa se colocó en mis labios al recordar, con mucha diversión nuestro primer encuentro. La sonrisa se profundizó al observar su rostro boquiabierto por la sorpresa.

Muy rápidamente la pequeña sonrisa que ella me había provocado, se borró al ver el semblante oscuro de mi tío y me recordó con rapidez todo lo del compromiso.

—"Tío," Saludé con una inclinación de cabeza, —"Nadeshiko," Tomé su mano, y deposité un beso en los nudillos, como la costumbre indicaba.

Miré a Sakura por un momento, —"Creo que no hemos sido presentados," Pero yo ya sabía su nombre. Sentía la imperiosa necesidad de que ella supiera mi nombre. Después de toda la furia y frustración que ella había atravesado era más que lógico que no hubiera notado mi presencia.

Ella rodó sus ojos ante mi frase, y consiguió hacer resurgir mi sonrisa. Estiré mi mano y la desafié a tomarla, ella frunció el ceño —"Shaoran Li," Estiró su mano, de forma mecánica y aún con el ceño fruncido pronunció con firmeza su nombre —"Sakura Kinomoto," Nada sucedió durante el momento en que sostuvimos nuestras manos, no como ésos típicos clichés en los que se siente una corriente eléctrica recorrerte por el cuerpo y alguna otra bobada como ésa. Fue extraño, eso sí, porque el tiempo pareció detenerse por un momento, y luego cuando nos soltamos, regresó todo a la normalidad.

Sakura me miró con arrogancia, pero no dijo nada.

Me giré hacia Clow, —"Necesito hablar contigo," Él asintió, y yo me disculpé ante las dos, —"Disculpen, pero tenemos lamentables asuntos de qué tratar," Sakura me miró, Dios, ¿no provocaba envejecimiento prematuro el arrugar el ceño así?

Con una última mirada hacia ella, Clow y yo nos apartamos y pronto me concentré en los asuntos lamentables que había mencionado.

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Sakura Kinomoto P.O.V

La pregunta había salido de mi boca mucho antes de que pudiera frenarla —"¿Quién es él?"

Quizás lo más humillante de ella, fue el ver la expresión divertida de Nadeshiko. —"El sobrino de Clow, el hijo de Ieran,"

Apreté los puños al escuchar el tono burlón de ella. ¿Había sido demasiado evidente nuestro juego de miradas? ¿O sólo le resultaba obvio a Nadeshiko, que me conocía —o creía conocerme, — más que los demás? ¿Me había quedado mirándolo embobada, porque esos ojos ambarinos habían resultado lo suficientemente cautivadores? Maldiciendo, me convencí de que no había hecho el ridículo y que había podido contener mi sorpresa al ver al joven alto que me había mirado con diversión.

Una nueva rabia resurgió en mi interior. ¿Qué le había parecido gracioso? Sí, lo encontraba atractivo, pero había conocido muchos chicos atractivos. ¿Por qué me miraba como si estuviera conociendo a un chiste con patas? Su sola mirada había conseguido irritarme.

Apreté los puños, y mi mente trabajó a mil por hora, —"¿Es él quien se va a casar?" Era claro que tenía mi edad, pero aparentaba más, por lo alto —me superaba por una cabeza, ¡y estaba usando estos tacones matadores!— que era.

Yo era más alta que Nadeshiko, y ahora lo era aún más, usando los zapatos asesinos. La miré hacia abajo, mientras me respondía —"Sí," Una punzada de tragedia se coló en mi pecho, pero me dije que no era mayor a la que hubiera sentido por un vaso de leche derramada.

Mi cerebro volvió a trabajar a mil por hora, —"Pero es muy joven," En realidad, no era una queja. Quería obtener más información, y la única manera de hacerlo era persistir. Ella volvió a asentir, —"Tiene tu edad. De hecho, según los arreglos que hizo Clow, ambos se graduarán en la misma clase," Éste era mi último año de instituto, y aunque ya sabía que el sobrino de Clow compartiría mi mismo salón, todavía me sentía extrañada al respecto.

Una corazonada me decía que había algo especial en Shaoran Li. Algo que iba más allá de una cara bonita. Y ese algo había brillado en el desafío de su mirada.

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Notas de Autora:

¡¡Hola, queridos lectores!! ¿Cómo han estado? Yo aún sigo sin conexión al Internet, pero he tenido suficiente tiempo para escribir. Me he preguntado si les molesta tener que leer capítulos tan extensos, y serían muy amables si me contestaran esta pregunta. No saben cuánto en verdad aprecio sus comentarios y de corazón espero que la historia les guste. Estará cargada de planes malévolos de una muy vengativa Sakura, y supongo que eso será divertido de leer. Les agradezco infinitamente a todos mis lectores, especialmente a aquellos que se toman un minutito de su tiempo para conversar conmigo a través de sus reviews. Es siempre muy emocionante el descubrir si la historia es de su agrado o no.

Muchos besos y abrazos,

Sakki Chan.