Shaoran Li P.O.V
La cara de mi tío me lo decía todo. Así de fácil. No necesitaba de palabras necias para saber que mis dudas eran certezas y que mi destino era llevar a cabo este matrimonio.
—"¿No hay forma alguna de apelar esto ante el Consejo?" Pregunté, apretando los puños. El Consejo era un grupo de ancianos particularmente sabios que aprobaban o reprobaban las decisiones del líder. El cargo de líder originalmente era de mi padre, pero ante su muerte, mi madre lo había sucedido y permanecería en el cargo hasta que yo me encontrara en plenas facultades de heredar el liderazgo del clan.
Clow me miró solemnemente, —"Shaoran, tienes que resignarte a la idea. El Consejo no tiene nada que ver con esto. ¿Has intentado convencer a tu madre de que esta no es la mejor decisión?"
No, maldición, no. No lo había hecho, porque la idea del casamiento había ahogado cualquier otro pensamiento racional.
—"No," Maldición.
—"De todas maneras, no creo que hubiera servido de nada," Suspiró de forma cansina, —"Quizás sea lo mejor, Shaoran."
Sí, quizás lo era. Pero aún no conseguía darme a la idea.
Con curiosidad, miré en dirección del jardín. No hace mucho habíamos entrado en la casa y tras una breve conversación me percaté de que no había salida de ésta.
—"¿Cómo le va a Nadeshiko con su hija?" Pregunté, mirando con atención la reacción de mi tío. Él inmediatamente se tensó, para luego liberar un ahogado gemido. No muy masculino que digamos.
—"Esa niña ha venido desde el infierno para atormentarnos," La burla estaba presente, —"¿Te imaginas que pintó su habitación de negro? No sabes cuánto Nadeshiko se esforzó decorando ese cuarto y arreglarlo para la comodidad de Sakura. Y ella compró pintura negra y borró todo lo que Nadeshiko había hecho," Soltó una risa ahogada, —"También trabó el termostato. Cuando me desperté por el frío creí que era porque la temperatura ambiental había descendido. Tardé una hora en percatarme del daño. Pequeña diablilla, eso es lo que es,"
Indudablemente Clow encontraba divertidas aquellas cosas, porque las había dicho con humor evidente en su rostro. Yo me hubiera unido a su humor de no ser porque estaba lo suficientemente malhumorado como para llenar un estadio con mi rabia. De alguna manera, el oír las travesuras de Sakura había conseguido alivianar un poco el sentimiento de angustia, pero la conversación finalizó demasiado pronto como para poder pedirle más detalles sobre ello. Más y más familia llegaba, algunos más cercanos que otros y mentalmente me preguntaba en qué momento arribaría Meiling.
No tardó mucho en hacerlo. Fruncí mi ceño al verla. La cara de mi prima irradiaba cualquier otra cosa excepto furia o desconcierto. Parecía incluso algo feliz. Y eso no lo había esperado. ¿Sería posible que sus padres no le hubieran comunicado el objeto de esta cena? ¿Sería ignorante de la situación, y se enteraría en público, mientras hacía un berrinche porque no quería casarse conmigo? ¿Nos avergonzaría ante todos?
La duda carcomía mi interior y después de saludar a los padres de Meiling, y a ella, la agarré de la muñeca y me disculpé brevemente, puesto que teníamos que conversar. Bajo ningún motivo iba a permitir que nos viéramos en ridículo.
Meiling me miraba confundida, pero todavía podía ver aquella felicidad que no parecía borrarse de su cara, ni aún cuando la estaba arrastrando hacia el despacho de mi madre.
—"¡Shaoran!" Se quejó, su voz chillona cerca de mi oído. Cerré la puerta detrás de nosotros y me preparé para decirle la verdad. —"Tengo que hablar contigo,"
—"¿Qué sucede?" Me preguntó. Tomé una fuerte respiración y decidí lanzar la verdad primero. Era lo mejor.
—"Estamos comprometidos," Ella abrió los ojos por un momento, pero luego frunció el ceño.
No tardó mucho en preguntarme con cierta incredulidad, —"¿Eso era lo que tenías que decirme?"
La perplejidad probablemente provocó que mi mandíbula tocara el piso antes de percatarme que seguramente me vería ridículo. Mis puños se contrajeron como reacción natural ante la furia que bullía en mi interior. Apreté los labios y cerré mis ojos, pudiendo escuchar mi respiración agitada. Mi cerebro parecía tener pulso propio.
—"¿Shaoran?" La voz se escuchaba a la distancia. Pero en todo lo que podía concentrarme era en no romper algo.
¿Meiling había sabido? La pregunta sonó ridícula, incluso para mis propios pensamientos.
—"¿Desde cuándo, Meiling?" Abrí los ojos y pude reconocer que ella estaba asustada. Me acerqué un poco, pero no demasiado, no confiando mucho en mí y en la tentación que representaba mi prometida como posible saco de arena para mis puños.
—"¿Desde cuándo qué, Shaoran?" Quizás fue la voz calmada en la que dijo eso, o su cara que parecía exultarse en satisfacción, o quizás fue la pequeña sonrisa que parecía escaparse de sus labios. Alguna de esas cosas fueron las que motivaron que mi ira saliera en oleadas veloces, incontenibles.
—"¡Desde cuándo sabías esto, Meiling!" Grité, perdiendo el control por completo, —"¡Desde cuándo!"
Ella no lució intimidada por mi estallido, —"¡Desde siempre, Shaoran!" Contestó también, —"¿Cómo puedes reclamarme algo así? ¡Creí que tú también lo sabías!"
La frustración golpeó mi estómago con fuerza. ¿En verdad ella creía que yo sabía esto?
—"¿Por qué no detuviste esta locura, Meiling?" Una vez la furia había escapado. No la dejaría escapar más, sólo conseguía nublar mi juicio, —"¿Por qué no evitaste este desastre? ¡Pudiste haber hecho algo!" Ella me miró, firme desde su posición y por primera vez me percaté que estaba llorando. Quizás la frustración no me permitía sentir compasión por esas lágrimas. O quizás sería porque presentía lo que se venía.
—"¡Desastre! ¡Desastre es casarme con la persona que amo!" Si todo lo anterior me había sacado de mis casillas, esto sólo consiguió congelarme en estupefacción. Todo estaba sucediendo a un ritmo demasiado acelerado y yo me estaba quedando atrás.
Bilis subió por mi garganta, y la cabeza me dio una alocada vuelta que consiguió descolocarme.
—"Te amo," Gimió ella, sólo empeorando mi estado de asombro. Te amo. Te amo. Te amo.
¿Cómo podía decir que me amaba? Santo Cielo, estaba teniendo una pesadilla. No podía creer las palabras que salían de su boca con la misma facilidad con la que leyera la hora.
No podía ser. Cuando lo que yo creía que tenía era una amistad con una prima, ella había creído que yo sabía del compromiso y probablemente creía que correspondía a sus sentimientos. Era terrible que la persona a la que yo veía como un familiar, jamás en un sentido romántico, se acercara a mí diciéndome que me amaba. Simplemente de un universo alterno.
Hundí mi cara entre mis manos, sin ser capaz de hablar. ¿Qué podía decir ante tal barbaridad?
Retrocedí, llevado por el instinto, y con una última mirada de decepción salí del despacho, reprochándome una y otra vez cuán ciego había sido.
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Sakura Kinomoto P.O.V
Ieran no tardó en llamar a todos los invitados al comedor, en el que calculo, habría unas cincuenta personas. La mesa estaba elegantemente decorada, los cubiertos eran de plata y las múltiples copas tenían bordes de oro. Tanta opulencia era extraña de ver, pero no demasiado extraña si observabas con cuidado a las personas que nos rodeaban. Las edades de los invitados variaban desde muy viejos hasta críos que deduzco serían unos siete o seis años menores a mí.
Tendí mi servilleta sobre mi regazo, tal como vi a todos hacer, y esperé a que comenzaran a distribuir el primer plato, y durante esa espera pude encontrar a la persona que había estado buscando.
Estaba ahí, con la mirada perdida, y estaba inmóvil. Su ceño estaba fruncido, y aquello me intrigó aún más que su silencio. Todos estaban conversando, a un nivel moderado, pero nadie parecía animarse a perturbar su meditación. Lo miré con brevedad, para evitar que cualquiera se sintiera ofendido, creyéndose aludido por mi mirada. Estaba lo suficientemente lejos como para causar el efecto equivocado.
¿Qué le había sucedido? Me pregunté. Quizás no le había sucedido nada. Quizás siempre era callado y reservado. Por todo lo que lo conocía, sabía que era galante pero sus ojos revelaban que también le gustaba burlarse de otros.
Olvidándome del irritante Shaoran Li, me concentré en no derramar nada y utilizar apropiadamente los cubiertos. Ya no era mucha costumbre utilizar cubiertos en mi casa, porque durante los últimos meses habíamos pedido más comida a domicilio de la que podía recordar.
Ese pensamiento me llevó a otro. ¿Cómo estarían mi papá y Touya? No había hablado con ellos desde el día de la mudanza. Por supuesto que no quería hablar con Touya y recriminarle por haberse guardado el pequeño dato que me estaría yendo a vivir con Nadeshiko, la cualquiera. Sabía que la confrontación era inevitable, pero había sido hasta ahora que me acordaba del asunto. Mi padre, también debía saberlo, y tampoco se había molestado en ponerme al día. Sí, quería saber sobre cómo les estaba yendo en su nuevo departamento pero simplemente no me apetecía comenzar una conversación tan dolorosa como ésa. Ya había suficiente tragedia en que Nadeshiko mirara como colegiala enamorada a Clow.
Otro asunto sobre el que tenía que pensar era en Kero. Había rehusado ayudarme y a pesar de que seguía molesta con él, necesitaba desesperadamente de su experiencia. Busqué una forma de conseguir su apoyo, pero estaba escasa de ideas.
La voz de Nadeshiko interrumpió la cadena de ideas —"Sakura," Me llamó, pero sólo la miré distraída, desde mi asiento.
—"Sakura," Volvió a llamarme, y esta vez consiguió fastidiarme.
—"¿Qué?" Pregunté con impaciencia. Ella me señaló hacia la derecha, donde Ieran estaba levantada hablando cosas que yo no podía entender.
Con vergüenza, me percaté que había pedido un momento, y todos habían dejado de comer. Todos excepto yo, por supuesto, que estaba demasiado metida en mis pensamientos como para prestar atención a alguien más.
—"La tradición de nuestra familia exige que mi heredero," Miró a Shaoran, que todavía seguía meditabundo, —"escoja una esposa para heredar su legado," ¿Así que por eso se tenía que casar? La curiosidad ató un nudo en mi garganta. ¿Quién sería la afortunada? O recordando la burla en su mirada, ¿quién sería la desdichada?
—"Y por eso, he decidido que la esposa apropiada para tomar el lado de mi hijo es..." Nadie se veía tan tenso como yo, por lo tanto supuse que era de común conocimiento quién era la prometida. —"Meiling, cariño, ¿podrías levantarte?" Inmediatamente se levantó una joven, que se encontraba en frente de Shaoran, y adquirió una pose confidente, segura de sí misma. Sus cabellos eran realmente largos y del color más negro que yo hubiera visto. Sus ojos, parecían castaños desde esta distancia pero no era muy alta de estatura. Era bonita, pero no hermosa. Su sonrisa arrogante quizás le quitaba algo de encanto.
De repente, el comedor estalló en un aplauso, y yo sólo seguí la moción. La sonrisa de la chica sólo se ensanchó y volvió a tomar asiento. Mi mirada vagó por la mesa hasta encontrar al segundo implicado. Shaoran, si era aún posible, lucía más distraído que antes y eso me enfureció, por un motivo que se escapa de mis manos. Aún encontrándome lejos, podía ver lo que seguramente su madre ni su prometida podían. Shaoran era infeliz. Miserable. Quizás más de lo que yo misma era.
Volví a concentrarme en el plato, y me percaté de que no éramos muy diferentes. A él no le gustaba más su arreglo con esa chica, de lo que a mí me gustaba la relación de Nadeshiko y Clow. Ambos estábamos atrapados en situaciones que no dependían de nuestra voluntad.
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Shaoran Li P.O.V
Era miserable, ¿y qué? Nadie parecía notarlo, porque todos se movían con entusiasmo felicitando a mi madre y a los padres de Meiling. La felicidad de Meiling sólo me recordaba con insistencia la conversación que habíamos mantenido en el despacho, y me sentía más y más repugnado ante el futuro.
Me sentía amargado, y el vino servido durante la cena no parecía suficiente. Cuando todos habían comenzado a levantarse, mucho después del anuncio de mi madre, aproveché para beber hasta la última gota del vino tinto que mi copa tenía.
No fue muy difícil escabullirme de las felicitaciones, de los buenos deseos y de los consejos de toda la familia; en dirección de la cocina. Cuando entré, lo primero que hice fue abrir el refrigerador en donde guardaban el alcohol y robarme una botella de champagne. El brindis no tardaría mucho en hacerse, y si quería fingir una sonrisa, por lo menos debía tener algo de alcohol en mi organismo.
—"Joven Shaoran no creo que embriagarse sea la mejor idea," La voz de Wei me detuvo en seco en el momento en el que insistía en sacar el corcho de la botella. Frunciendo el ceño, continué en mi labor por liberar la botella de la tapa.
Nadie me podría decir qué diablos tenía que hacer. No hoy. Ya no más. Si esperaban que pusiera cara feliz y orgullosa, tenía que beber algo.
Ignoré la voz de advertencia de Wei, y cuando por fin libré a la botella, la espuma comenzó a gotear de la misma, y sin molestarme en buscar una copa, salí por la puerta trasera de la cocina, también ignorando todas las miradas curiosas de los empleados, que se extrañaban que el gran Shaoran Li saliera por la puerta del servicio doméstico hacia el jardín.
El gran Shaoran Li. Ja. No había broma mejor que esa. Eriol se reiría de mí, mañana, si las noticias corrían rápido por el instituto y yo ya sólo podía ver la humillación por la que tendría que enfrentarme. Oh, las noticias correrían rápido. Especialmente si la cotilla más grande confirmaba sus teorías.
Me detuve en mi lugar favorito del jardín, en el centro, donde el árbol de cerezos reposaba con tranquilidad, mientras permitía que el viento se llevara sus flores, y que yo me sentara en el pasto que lo rodeaba, y que me diera el primer sorbo de champagne.
La bebida viajó por mi garganta, y consiguió aliviar parte de la sensación que me mantenía sofocado. Me liberé de la corbata, aflojando su nudo. El viento ayudó a la sensación de alivio y medité sobre lo lastimero de mi situación.
Todo este tiempo había creído que Meiling también sentiría que esto estaba muy, muy mal. Había creído que con su apoyo, ambos nos veríamos libres de este descabellado acuerdo que mi madre había hecho con sus padres desde siempre. ¿Desde cuándo era desde siempre? Tomé otro trago de la botella. Y otro. Y otro. Si beber aliviaría en algo mi situación estaba dispuesto a hacerlo.
—"¿Pensando mucho?" La voz consiguió sobresaltarme, —"¿Bebiendo mucho?" No había reclamo, tal como esperaba. No me juzgaba y eso se sintió bien.
Sakura se estaba acercando, con paso lento seguramente por los tacones que usaba. Sus ojos lucían traviesos, y me pregunté qué se proponía. Sentía la cabeza un poco ligera, pero aquello no me importó. No dije nada ante sus preguntas, y sólo respondí bebiendo otro tanto de la botella. Ella frunció el ceño por un momento.
—"¿No me vas a invitar?" Maldición era suficientemente malo que me encontrara bebiendo a escondidas y sólo empeoraría las cosas que invitara a beber a otra menor de edad.
Pero nada me importaba. Me encogí de hombros y ella se sentó a mi lado. Le extendí la botella, y me sorprendió ver la avidez con la que estaba tomando de ella. Su boca entró en contacto con el pico y parecía no despegarse.
Al ver que no pensaba soltar la botella, se la quité, y una breve sonrisa se escapó de mis labios.
—"Nunca has bebido, ¿no?" Le pregunté, aunque la evidencia era demasiado obvia. Sakura se sonrojó por un momento, y esquivó mi mirada.
—"No," Confirmó sólo lo evidente.
—"Tienes que dar..." Le quité la botella y observé la mancha de lápiz labial en el pico, —"pequeños tragos," Sin importar mancharme, demostré mi teoría. —"De lo contrario, nos veremos desprovistos de reservas," Me burlé. Ella volvió a fruncir el ceño.
—"Beber lento no es divertido," Me quitó la botella, pero esta vez sólo dio un trago largo y volvió a pasarme la champagne.
—"No, no lo es. Pero te emborrachas más rápido y no quisiera que tu linda mamá me demande por intoxicación alcohólica a un menor," Ella bufó.
—"¿Un menor? Según tengo entendido somos dos menores,"
Bien. Su mirada lo decía todo. Quería algo. No podía descifrar qué era lo que quería, pero estaba ahí. Podía resultar divertido escucharla bromear, pero la curiosidad podía con mi voluntad de extender mi tiempo con ella.
—"¿Qué haces aquí, Sakura?" Señorita Kinomoto, le había dicho aquella vez a Clow. Ella no se molestó en corregirme.
—"Escapo," Su réplica no podía ser menos satisfactoria.
—"¿De quién?" Ella me miró sarcásticamente, —"¿De verdad tengo que decírtelo?"
Yo asentí. Me mareé por un momento con el movimiento.
Suspiró antes de responder—"Mi mamá quería que me hiciera amiga de tu prometida," Bufó como si la idea le resultara ridícula —"De hecho, nos juntó después de que la cena terminara. Dijo que era mejor si entablaba una amistad con ella, porque también estaría en mi nuevo instituto," Esta vez soltó una pequeña risita, —"Y me dejó a la merced de la mujer más parlanchina que he conocido en mi vida," Se encogió de hombros, —"De repente me encontré contándole que había nacido de parto natural,"
Sí, definitivamente ésa era Meiling.
Una nueva sonrisa se formó en mi boca, —"¿Y cómo escapaste?"
Se estremeció dramáticamente, —"Me disculpé para ir al baño, vine hacia el jardín, dispuesta a esconderme de todos, y oh, sorpresa, me encontré con el prometido, bebiendo,"
—"Hiciste bien," Me encogí de hombros —"Meiling no pararía de hablar incluso si la casa se estuviera incendiando,"
—"No te ves muy feliz por tu compromiso," Su frase, aunque sonaba a disculpa, también tenía un tinte sarcástico.
Yo me reí, una risa amarga y ronca, —"No, para nada feliz,"
Me tocó la frente, y me miró mientras fruncía el ceño —"Creo que deberías dormir,"
Mis ojos estaban pesados y no había notado antes que estuviera tan cansado. Tomé otro trago de la botella, y lo último que vi antes de cerrar los ojos fue su cara.
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Sakura Kinomoto P.O.V
Me lancé a la cama analizando los divertidos hechos de la cena, el cansancio finalmente venciendo mi cuerpo. Shaoran Li había armado un escándalo y por la cara espantada de su madre supongo que ésa no era la tradición. De hecho, la familia era tan conservadora como se podría esperar y todos habían lucido horrorizados.
No pude contener una risita burlona que surgió de lo más profundo de mí, cediendo a la tentación de reír, tal y como no lo había podido hacer en frente de todas esas caras largas.
Sí, había sido un escándalo.
Tal y como le conté a un Shaoran bastante borracho, Nadeshiko me había dejado a la merced de la lengua viperina de Meiling, y por lo menos de mi lado, fue odio a primera vista. La chica comenzó a hacer preguntas indiscretas, y pronto supe que tenía que escapar. El que huye, vive. No demoré mucho en llegar hasta el jardín, donde sabía que nadie me encontraría, hasta que la cena hubiera terminado. Pero mi plan de permanecer sola se había visto arruinado por Shaoran, que aunque ya casi se encontraba dormido cuando llegué, habíamos mantenido una breve conversación. Él no había tardado mucho en ser vencido por el sueño, y yo tampoco había tardado en oír el grito escandalizado de su prima-prometida Meiling, en la casa. Ésa había sido mi alerta para regresar a la casa, para finalmente enterarme que todos andaban buscando al prometido.
Me divertí observando cómo todos parecían tan desesperados buscándolo, especialmente su madre, que lucía más pálida que de costumbre.
Alguien fue a explorar el jardín, y ahí lo habían encontrado, abandonado en su sueño por el licor. Pronto, todos los invitados, incluidas Nadeshiko y yo, estábamos en el jardín, observando cómo Clow y Wei intentaban hacerlo entrar en razón. De todas maneras, el bochorno ante toda la familia no podía ser evitado, porque el estado de ebriedad en el que se encontraba era demasiado evidente. Además estaba la botella que lo acompañaba.
Lo que resultaba más sorprendente en el caso, era que Shaoran nunca había bebido en tal cantidad, según las disculpas forzadas que Ieran nos había ofrecido a mi madre y a mí.
Así habíamos dado por finalizada la cena, cuando ambos hombres cargaban al prometido completamente ignorante de la vergüenza por la que sus hermanas y madre estaban pasando.
Sí, sin duda me había entretenido. ¿Quién hubiera creído que un prometido borracho podría resultar tan divertido?
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Seijo triplicaba el tamaño de la secundaria Tomoeda, ye era una nueva misión imposible encontrar la oficina del director sin saber a qué edificio dirigirme y abriéndome paso entre la multitud de estudiantes que no dejaban de mirarme con curiosidad y comenzaban a analizarme como prospecto a pertenecer a sus grupos de amigos.
Era siempre una novedad el que alguien ingrese al instituto pero lo era aún más si el año escolar ya había comenzado y la insensible madre de la estudiante en cuestión había decidido que estaba bien mandarla a cambiar cuando se le antojase. Por supuesto que este hecho no evitaba para nada que me estudiaran como si de una nueva clase de bicho se tratara.
Como era típico en mí, me distraje por un breve momento, y eso fue todo lo que tomó para que me viera tumbada en el piso que también andaba en las nubes. Me mordí la lengua ante el insulto que quería prorrumpir, porque los vaqueros que había decidido usara no habían evitado que las rodillas me ardieran al entrar en contacto con el piso.
—"¡Auch!" Escuché decir a la que podría denominarse con gran facilidad, la voz más melodiosa que hubiera oído en mi vida.
Me levanté con rapidez, algo acostumbrada a mis caídas y no demoré en tender mi mano a la chica con la que me había tropezado.
Fue terrible ver que no había sido yo la más afectada de las dos. Si bien me había quejado de los vaqueros y su poca protección anti-caída, la falda de la chica no la había protegido contra los raspones que ahora se exhibían en sus rodillas.
—"¡Lo lamento tanto!" Me disculpé como reflejo y ella me observó interés. Sus ojos eran amatistas y su piel era muy pálida. Quizás me hubiera agradado de no ser porque su cabello me recordaba demasiado al de Nadeshiko.
Ella tomó mi mano, y conseguí impulsarla lo suficiente para levantarla.
—"Gracias," Susurró sacudiéndose el polvo y estudiando sus heridas. Yo me encogí de hombros, pero cuando me disponía a seguir mi búsqueda ella preguntó intempestivamente.
—"¿Te conozco?" No. Era imposible que me conociera. Su cara me resultaba extrañamente familiar, pero era técnicamente imposible que la conociera, debido a mis escasas visitas a la ciudad, y por todo el glamour y elegancia que la rodeaba, estaba segura que ella nunca había pisado algo menor que una ciudad. Nunca un pueblo, y yo había vivido en Tomoeda toda mi vida.
—"No," Estaba dispuesta a finalizar el encuentro, pese que aquella resemblanza con mi madre atraía mi curiosidad por la chica. —"Mi nombre es Sakura Kinomoto," Le extendí de nuevo la mano, esta vez presentándome oficialmente. Ella me miró dubitativa.
—"¿Sakura?" Yo asentí. ¿Tenía yo algún extraño acento que no se usaba en la ciudad?
—"Soy Tomoyo Daidouji," Muchas campanitas sonaron en mi cabeza, finalmente percatándome de dónde la conocía.
—"Eres la hija de Sonomi," No me molesté en preguntar. Mi madre había hablado de su socia desde que tengo memoria, y yo creía conocer toda la vida de Sonomi, a través de las cosas que mi madre me contaba. Creo que incluso nos habíamos visto una vez o dos, de pequeñas.
Su cara estaba llena de sorpresa, —"¡Sakura! Eres hija de Nadeshiko, la socia de mamá" Yo asentí, aunque hubo un momento en que me deprimió el hecho de que ya no podía considerar a Nadeshiko como mamá, sino sólo como madre. Me había decepcionado lo suficiente como para perder tal honor.
La gente a nuestro alrededor parecía haber detenido sus actividades, pero después de nuestra presentación simplemente perdieron el interés. Quizás resultábamos aburridas, porque seguramente habían esperado una pelea entre nosotras. Cuando la campana sonó me acordé con rapidez lo que había estado haciendo antes de toparme con Tomoyo.
—"¿Te importaría llevarme a la dirección?" Ella asintió, con una sonrisa algo sarcástica en sus labios —"Muy grande la maldita escuela, ¿no?"
Asentí, maldiciendo a la vez, —"Tienes razón,"
El silencio se hizo entre nosotras, mientras caminábamos en dirección opuesta a la que yo había estado yendo. Bien, mi sentido de orientación no era el mejor del mundo, ¿y qué?
—"Y bien," Tomoyo rompió el silencio, —"Creí que vivías en... ¿Tomoeda?" Ante mi asentimiento ella continuó —"¿Qué estás haciendo aquí?"
Ante esa pregunta yo tenía dos respuestas. Una era verdadera y la otra era falsa. Me debatí por un momento entre contarle la verdad o mentirle.
—"Mis padres decidieron hacer un cambio de ambiente," De acuerdo, eso no era del todo mentira. Habían estado en el ambiente de casados y habían pasado al de divorciados. —"Y me arrastraron hasta aquí,"
Ella me miró, juzgando la veracidad de mis palabras. —"No lo sabía, mamá no ha mencionado nada al respecto,"
Maldición, maldición, maldición. Si había alguien que pudiera descubrir mi mentira era Tomoyo, la hija de Sonomi.
Me forcé a decir la verdad antes de que metiera más la pata.
—"Mis padres se divorciaron y Nadeshiko me trajo aquí," Evité su mirada y el piso me ofreció un objetivo para mi mirada.
—"Ah," Fue lo único que dijo. Y honestamente me sentí mucho más aliviada al saber que no preguntaría más. —"Hemos llegado" El viaje resultó corto, y pronto me percaté que en la puerta se exhibía el nombre del director. Zhang Xinghong leía el cartel.
Efectivamente, habíamos llegado.
—"Gracias," Susurré algo incómoda. Ella me sonrió —"¿Te veré en el receso?" Yo sólo asentí. Tomoyo era lo más cercano a un amigo que tenía en todo este maldito instituto.
Toqué la puerta y pronto, la que presumía yo era la secretaria, estaba en sus tardíos cuarentas y comienzos de los cincuentas. Tenía el cabello oscuro, y unas leves arrugas se formaban alrededor de los ojos. Me sonrío afablemente.
—"¿Sí?" Aclaré mi garganta ante su escrutinio. —"Soy Sakura Kinomoto, necesito hablar con el director Zhang,"
Era interesante la forma en que mi nombre la obligó a hacerse a un lado y llamar al director. No tardó demasiado en dirigirme hacia otra puerta.
—"El Sr. Zhang te espera, cariño," ¿Cariño? Encogiéndome de hombros, entré sin tocar.
—"¿Sr. Zhang?" El hombre se encontraba detrás de un gran escritorio, tal y como cualquier otro director de secundaria. Su cabello comenzaba a tener signos de edad, unas cuantas canas por aquí y por allá, revueltas con el cabello dorado. Sus ojos de un color azulado me miraban detrás de unos anteojos y su nariz aristocrática parecía respingarse ante mi olor. Sí, el Sr. Zhang sabía cuando había problemas. Y seguramente yo apestaba a ellos.
—"Señorita Kinomoto," Se levantó y me saludó, —"Nos complace tenerla en nuestro cuerpo estudiantil" Sí claro, me preguntaba con cuánto Clow había tenido que sobornarlo para ingresar una estudiante avanzado el curso y a punto de graduarse.
—"Gracias," Examiné con rapidez la dirección. Había múltiples trofeos, más de los que podía contar sin aburrirme, y olía a un aromatizante que consiguió crisparme el olfato. Busqué algún vestigio de desorden en toda la oficina, pero fue inútil. La sola apariencia perfecta del director podía indicarme que no estaba acostumbrado a la indisciplina de su cuerpo estudiantil. Pues eso iba a cambiar pronto.
—"La Sra. Takahashi podrá entregarte tu horario y te acompañará a tu salón," Yo asentí, y me retiré inmediatamente, sin poder soportar el olor de la oficina.
Como había dicho el Sr. Z —mi nuevo apodo para el director—, la Sra. T —mi apodo para secretaria— me acompañó con paso veloz hacia el segundo piso del edificio en el que estábamos y pronto la observé interrumpir la clase, que por los dibujos de triángulos en la pizarra, podía ver que era Trigonometría. Suspirando, me acerqué hacia el profesor encargado. La Sra. T me dio una última sonrisa y se fue, dejándome a la merced de —lo que calculo yo, — cuarenta pares de ojos y ante un profesor que lucía bastante molesto por tener que interrumpir su interesante clase.
—"Por favor preséntese a la clase," Bien, su voz era aún más aburrida que la de Herman Munster, y eso era decir bastante.
Incómoda y maldiciendo de nuevo a mi madre, me volteé hacia los estudiantes, que me miraban algunos aburridos y otros con interés. Busqué entre las caras alguna familiar, y ahí encontré a una Tomoyo que me sonreía desde el último asiento de la clase. Me sentí ligeramente culpable, preguntándome si por ayudarme el profesor Herman —ése no era su verdadero nombre, — la había castigado de alguna forma.
De alguna manera, fue reconfortante el saber que había alguien a quien conocía —no la conocía demasiado, pero por lo menos sabía su nombre, ¿no?— y pude mascullar mi nombre lo suficientemente claro como para que nadie pregunta, ¿qué dijiste? Y me hundiera más en el foso de la vergüenza.
—"Tome asiento," Dijo Herman Munster 2 —se parecía incluso físicamente, alto, el pelo escurrido y la cara macabra— no dudé en desafiarlo, y avancé hasta el asiento vacío junto a Tomoyo. Ella me volvió a sonreír y saqué el cuaderno de apuntes y una pluma para intentar entender de qué hablaba Munster. Las Matemáticas nunca habían sido mi fuerte, pero tampoco las consideraba una debilidad. Incluso algunos compañeros en mi anterior instituto recorrían a mi ayuda para resolver ciertos problemas, pero supongo que eso cambiaría aquí. Evidentemente no estaba al mismo nivel que los demás, y a medida de que pasaban los minutos, me percaté de que los números cada vez se iban pareciendo más a jeroglíficos egipcios y que los triángulos en verdad no tenían mucho sentido.
Aún podía sentir las miradas curiosas sobre mí, sin importar que tuvieran que voltearse a verme porque me encontraba en el último asiento de la columna.
Decidí dejar de intentar entender lo que Herman decía, y preferí estudiar el salón. Las paredes estaban pintadas de un aburrido beige y había ciertos mapas colgados sobre ellas. La pizarra era acrílica, y en la esquina contraria a la puerta descansaba un pequeño escritorio que suponía que era destinado a los profesores. Me removí incómoda en mi asiento, los vaqueros incómodos contra la madera de la silla. Ésta sería otra de las cosas que extrañaba de Tomoeda. Allá se usaban uniformes, aquí no. El cambio era uno grande, porque estaba acostumbrada a ver el mismo color en todos, no un arco iris.
Súbitamente recordé lo que Nadeshiko había dicho de Shaoran Li. Él tenía que estar en mi clase. Al no encontrarlo, decidí preguntarle a Tomoyo. Sería bueno verme libre de él, aunque fuera por la separación de cursos. Su prima era una verdadera buscapleitos.
Esperé a que Herman se concentrara en uno de los problemas, y con un susurro la llamé —"Tomoyo," Ella continuó tomando apuntes sin oírme, así que lo intenté otra vez, —"Tomoyo," Esta vez me miró y se acercó a mí, fijándose en los movimientos del profesor.
—"¿Qué pasa?"
Herman seguía ocupado —"¿Conoces a Shaoran Li?" Ella pareció sorprenderse. —"Sí," Frunció el ceño por un momento—"¿En verdad?" Rodó los ojos por un momento, —"Es el capitán del equipo de baloncesto" Hizo un gesto de disgusto —"Aunque está en esta clase, nunca he hablado con él, pero si es siquiera un cuarto de lo desagradable y cotilla de lo que es Meiling, su prima, no quiero conocerlo,"
Meiling Li me había dado la peor impresión posible—aunque me vi librada de ella después de un par de minutos de escuchar sus tonterías, — y había suficiente disgusto en la manera de expresarse de Tomoyo sobre ella, para saber que yo no era la única a la que Meiling le caía mal.
—"Gracias," Susurré, y me asintió.
La ausencia de Shaoran Li era obvia. Tomoyo no había mencionado nada al respecto, pero sí lo había buscado con la mirada. Eso confirmaba lo que Nadeshiko me había dicho, que seríamos compañeros de salón. Había nueva información en mis manos ahora, gracias a Tomoyo. Número uno, sabía que Tomoyo detestaba a Meiling. Número dos, Shaoran había faltado.
Me pregunto si el pobre de Shaoran estará atravesando por una resaca.
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Shaoran Li P.O.V
La cabeza me duele. De eso es lo único de lo que soy consciente en este momento. También podía sentir las sábanas de lo que parece una cama. Estoy acostado. Dios, mi cabeza. Intenté abrir los ojos y quizás no fue una brillante idea, porque había demasiada luz. Luz, luz completamente irritante a mis oídos. O mis ojos. ¿Oídos u ojos? No lo sé. Sólo quiten la maldita luz. Mi cabeza. ¿Me caí en un pozo de cabeza? ¿Rompieron unos cuantos ladrillos sobre ella? Tosí, involuntariamente, y mi garganta se sintió como si tuviera la misma humedad de un desierto. Estaba sediento, me dolía el cuerpo y no recordaba un demonio de lo que había sucedido. Felicitaciones, Shaoran.
—"Agua..." Mi voz sonaba rasposa, como si unas cuantas cuerdas vocales me hicieran falta.
—"Creo que se está despertando," Oí unas risitas. Conocía bien esas risitas. Mis hermanas se estaban burlando. Estupendo, ¿ahora en qué broma había sido la víctima? ¿Habían lanzado un yunque contra mi maldita cabeza?
—"Estará en serios problemas," Las risitas cesaron, pero eso estaba bien, porque en mi estado no me encontraba con el ánimo suficiente para enfrentarme a mis tres hermanas universitarias.
—"Agua..." Abrí los ojos, esta vez distinguiendo tres figuras entre la luz.
¿Acaso estaban sordas? ¡Necesito agua!
—"Creo que está diciendo algo," Perfecto. No me entendían. De hecho, no las culpo. ¿Qué había hecho para quedarme ciego, mudo pero no lo suficientemente sordo como para tener el castigo de oír las burlas de mis hermanas?
—"Agua," Esta vez mi voz colaboró lo suficiente como para que se entendiera lo que trataba de decirles. Mis ojos perdieron la batalla contra la luz y finalmente se cerraron.
—"¡Agua, dijo que quería agua!" Alguien chilló, pero no pude identificar quién. Tampoco me importaba.
—"Fei, no creo que debas hacer eso..." ¿Hacer qué?
No tardé demasiado en enterarme. El agua que tan desesperadamente había pedido, vino en grandes proporciones y no directamente a mi garganta. Fue a parar a todo mi cuerpo. Bien, eso completaba la broma.
—"Mierda," Abrí los ojos, dispuesto a matar a quien quiera que fuera culpable. O mejor aún, matar a todas para no tener ningún testigo. Créanme, el mundo estaba mejor sin estas pestes.
Me levanté, incluso cuando mi cerebro batallaba contra mis extremidades y mis ojos contra la luz.
—"¿Quién diablos hizo eso?" Mis hermanas gritaron espantadas ante mi súbita recuperación, y no me importó que no tuviera ningún ánimo para levantarme, salí de la cama, y pronto ellas se dieron a la fuga con carcajadas que no podían contener. El agua añadía un peso adicional a mi fatigado cuerpo y encontré terriblemente doloroso intentar mover el cuello.
Con irritación miré la ropa que vestía. ¿El terno? ¿Qué hacía vistiendo un terno?
Recobré la memoria en un instante, pero eso no aclaraba mucho las cosas. Recordaba la cena. Recordaba la desdicha. Recordaba la horrible y patética declaración de amor por parte de Meiling. Recordaba haber tomado la botella de champagne. Recordaba a Sakura, y su vestido. Y hasta ahí llegaba mi memoria. Me esforcé por recordar qué había sucedido después, pero sólo encontré un gran espacio en blanco.
Analicé los hechos, uno a uno para determinar qué era realidad y qué fantasía.
La cena. Real. Hubiera preferido que fuera fantasía, pero era inútil.
Meiling declarando su amor. Real. Sorprendente pero cierto.
Beber champagne. Real. Definitivamente real. Ahora comprendía por qué el dolor de cabeza.
Sakura. Probablemente una ilusión.
Entonces, ¿cómo había llegado hasta mi habitación? Sin querer saltar a conclusiones, y a pesar de que el dolor de cabeza no había cedido terreno, decidí sacarme las ropas mojadas. El olor a licor de mi camisa confirmaba que había bebido. Maldición. Había bebido, y había bebido tanto, que había perdido la consciencia. Eso explicaba el gran vacío.
Entrando al baño, decidí que necesitaba una ducha con urgencia. Abrí el grifo, y pude oír a alguien entrar a mi habitación.
Decidiendo ignorar a quien quiera que fuera, continué dejando que el agua aliviara el dolor general que había tomado todo mi cuerpo. ¿Qué demonios había hecho? ¿Corrido una maratón?
—"¿Joven Shaoran?" Era Wei. A Wei podría soportarlo si me traía una píldora para el dolor de cabeza.
—"Estoy duchándome" Hablé lo suficientemente fuerte para que él escuchara.
—"Cuando termine de asearse, Dama Ieran desea hablar con usted," Dios. Había olvidado al ogro del cuento. A mis hermanas definitivamente les había parecido divertido encontrarme ebrio. Y si a mis hermanas les divertía algo, definitivamente no lo haría a mi madre. Sólo Dios sabría qué había hecho yo después de beber. Quizás Dios era bueno y me permitía tener amnesia sobre el seguro ridículo que había hecho en frente de todos.
Escuché que Wei cerraba la puerta. Maldición. Estaba en problemas. Serios problemas.
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Sakura Kinomoto P.O.V
Era hora de tomar cartas en el asunto. La campana había sonado hace dos minutos, dando por finalizada la clase de Literatura. Por lo general, era una de mis clases favoritas, pero había perdido mi interés en el momento en el que me percaté que en Tomoeda estábamos más adelantados en esta materia. Y así había pasado toda la mañana, observando cómo las nubes pasaban por la ventana, mientras oía muy lejanamente la voz de diferentes profesores.
Me percaté que no encajaba aquí, porque o bien estaba muy adelantada, como el caso de Literatura o muy atrasada como en Trigonometría. En los dos casos, me encontré aburrida en instantes, con varios planes maquiavélicos revoloteando por mi mente.
Había visto hacer este truco millones de veces a Kero, y la idea había surgido en la ferretería, cuando compré la pintura. Las manos me temblaban un poco y odié a Nadeshiko aún más por obligarme a hacer esto. Nunca, ni en mis sueños más locos me había creído capaz de hacer esto.
—"¿Sakura?" La voz de Tomoyo me sobresaltó, y me percaté que nos encontrábamos finalmente solas en el salón. Maldición. No había pensado en Tomoyo. —"Es hora del receso," Me habló como si yo no hubiera estado en una escuela en toda mi vida.
—"Ah, sí" Me levanté tomando mi bolso, y recogiendo mis cosas. —"Vamos," Ella avanzó con naturalidad, y pronto noté que cojeaba un poco. Fruncí el ceño porque no había notado eso.
—"¿Tomoyo? ¿Estás lastimada?" Me sentía culpable. Pero Tomoyo negó vehementemente.
—"¡No! No, para nada. Será mejor que vayamos a la cafetería, debo presentarte a mis amigos," Tragué con fuerza. Tomoyo me agradaba. Me caía bien. Eso estaba perfecto. Pero, por Dios, necesitaba ponerme en acción.
Esperé que avanzáramos hasta la amplia cafetería, ignorando las mismas miradas curiosas que seguían mis pasos, —"¡Oh, no! ¡Olvidé mi diario en el salón!" No sabía cuán buenas serían mis habilidades teatrales. Por la cara poco convencida de Tomoyo, supongo que eran pobres. Era una mentira mala, porque ni siquiera tenía un diario. Traté de insistir, —"¿Dónde están tus amigos? Podré alcanzarte luego de ir a recogerlo,"
Ella suspiró, —"No, está bien. Te acompaño," ¡No, no, no!
—"¡No!" Supongo que fue la vehemencia con la que lo hice que Tomoyo me miró con sospecha. ¡Rápido, debía pensar algo rápido! —"No, Tomoyo" Conseguí bajar el volumen, —"Yo voy y regreso. Además..." Miré a sus rodillas, seguían algo rojas —"... tus rodillas están lastimadas," Por favor. Por favor. Por favor. Tengo que hacer esto.
Tomoyo me miró como si quisiera juzgar mis palabras, pero luego asintió. Liberé la respiración que había estado conteniendo.
Apuntó con su dedo una mesa en una de las esquinas de la cafetería —"En esa mesa nos sentamos," Sintiendo más alivio, comencé a asentir ya regresándome en mis pasos.
—"Enseguida vuelvo," Uff. Eso había estado cerca.
No tardé demasiado en salir de la cafetería, y pronto, pude escuchar cómo mi corazón latía agitadamente, la adrenalina recorriendo mis venas. Kero se burlaría de mí al saber cómo algo tan inofensivo conseguía excitarme tanto, pero al diablo con él por no ayudarme.
Verifiqué el corredor en busca de alguien, pero se encontraba completamente solitario.
Entré en el salón y no me tomé la molestia en cerrar la puerta. Parte de mi plan era ser descubierta. ¿Qué gloria había si no tomaba el crédito? De hecho, para que mis planes fueran cubiertos, necesitaba que casualmente algún profesor u otra autoridad me atraparan con las manos en la masa.
Saqué la lata de aerosol, y respiré profundo. Removí la tapa, con meticuloso cuidado y la agité varias veces. ¿Qué pared sería la mejor? Definitivamente la de atrás. Era la más amplia.
Apreté el botón y pronto la pintura salió del orificio. ¿Qué sería bueno escribir?
Ya sé.
V A Y A N S E A L D I A B L O.
La pared pronto se vio rellena por cada una de las letras que había dibujado, y algo parecido a la satisfacción que había sentido al pintar la habitación de negro había resurgido con rapidez al contemplar mi creación.
—"Váyanse al diablo" La voz detrás de mí me sobresaltó, y solté la lata que aún sostenía en mi mano. Había esperado que me atraparan. En verdad, estaba preparada para que lo hicieran, pero no pude sentirme contenta con ello. Maldición, ¿tan rápido? ¿Era una criminal tan mala que sólo cinco minutos les había tomado el descubrirme?
Me volteé con rapidez, y vi a alguien que definitivamente no esperaba.
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Notas de Autora:
¡Hola, mis queridos lectores! Estoy de vacaciones y no intento presumir porque a decir verdad la vida es más aburrida cuando tengo la computadora pero no tengo Internet.
En fin, creo que vamos por el buen camino con esta historia, finalmente llegando a las travesuras de Sakura y a los problemas de Shaoran, eso me agrada, espero que a ustedes también. Hubo una pequeña conversación SS pero quizás Shaoran estaba demasiado borracho como para prestar atención a lo que se dijo. La inspiración de ese momento la saqué cuando en una fiesta, una amiga en verdad estaba deprimida, y comenzó a beber. No recuerdo si era champagne, pero la cuestión es que nunca se había emborrachado. No tardó ni una hora en quedarse dormida y fue en verdad un cuadro deprimente. Quería hacer el mismo cuadro con Shaoran, y estoy casi segura de que lo conseguí.
¿Quién habrá entrado en el salón de Sakura? Mmm... Eso lo veremos en el próximo capítulo.
Siempre les agradezco infinitamente a mis lindos lectores que dejen sus opiniones y comentarios en general a través de un review. Quiero que sepan que los leo todos y que ustedes consiguen hacerme sonreír. Veo que algunos ya andan especulando quién será la mala/el malo de este fic, y como ya me conocen, saben que pienso que siempre debe haber un buen villano para que haga un contrapeso en la historia. Ya veremos, tengo un par de ases bajo la manga.
Un saludo muy especial para ustedes y un beso enorme,
Me despido hasta una próxima entrega,
Sakki Chan.
