Shaoran Li P

Shaoran Li P.O.V

La manera de pensar de mi madre es muy diferente a la de todos nosotros, meros mortales. Por lo tanto, sus castigos podían compararse a los de algún dios griego furioso. Sí, adelante, llámenme cobarde, pero en verdad tenía miedo de ir al despacho de mi madre. Los detalles de la cena ni de cómo finalizó todavía no estaban muy claros, pero podía recordar ciertas cositas, especialmente la más perturbadora de toda la noche.

Meiling estaba enamorada de mí. Eso me había dicho, ¿no?

Suspiré, mientras acercaba mi puño a la madera de la puerta. No tardé dos veces en tocarla, cuando escuché la firme voz de Ieran Li espetar una orden —"Pasa,"

Tragué con fuerza, las náuseas que no había sentido por ingerir el champagne al fin llegaban a mi organismo.

Tomé una fuerte respiración y abrí la puerta. Me percaté de que no estábamos solos, y aquello sólo empeoró las cosas. Era suficientemente humillante que mi madre me castigara como si fuera un muchachito de dos años portándome mal, y lo era aún más el que lo hiciera frente a los padres de Meiling y de ella.

Apreté los puños, decidiendo afrontar la realidad. Tenía que hacer algo para evitar esta locura del compromiso. ¡Tenía que hacer algo!

—"Buenos días," Mi voz salió más ronca de lo que esperaba, y todos dirigieron sus miradas hacia mí.

Antes de tomar asiento junto a Meiling, me percaté que sus ojos estaban hinchados, y el nudo en mi estómago sólo pareció empeorar. Así que había llorado. Y porque sus ojos me recordaban cada vez más a la forma de dos bolas de ping pong, podía saber que lo había hecho por horas.

La mirada de todos era reprobadora, comenzando por la de mi madre.

—"Shaoran Li, nos has avergonzado frente a todo el clan," Cualquiera que no conociera a mi madre podría decir que no estaba furiosa, porque su voz era calmada y no denotaba ningún rastro de ira. Pero no era así. Yo sabía que toda aquella fachada de calma era muy parecida a aquella que precedía a la tormenta. Estaba convencido de que estaban utilizando toda su fuerza de voluntad para no levantarse y abofetearme.

—"Lo siento," Mi disculpa sonó incluso menos sincera de lo que había esperado. Los puños de mi madre se estrecharon en rabia, y Meiling soltó un quejido.

—"¿Lo sientes?" Si mi madre no había explotado, no estaba del todo seguro de que Meiling no lo hiciera. —"¡Lo sientes! ¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¡Lo sientes!"

Esta vez fue mi turno para contraer mis puños en un intento por no contestarle. El hacerlo sólo conseguiría empeorar las cosas. Guardé silencio, pero ella no lo hizo.

—"¡Lo sientes! ¡Shaoran, sentirlo no sirve de nada!" Demonios. Me había pasado en el alcohol, bien se suponía que no podía hacerlo porque era menor de edad— sólo me faltaba un maldito año, tenía diecisiete, maldición—, pero si era lo suficiente maduro como para casarme, ¿por qué demonios no sería lo suficientemente maduro para beber? ¡No había lanzado una maldita bomba! ¡Sólo me había embriagado!

Esta vez fue el turno de mi madre para contraatacar y fue un alivio que esta vez la reprimenda no fuera dirigida a mí —"Meiling, tu comportamiento dejó mucho que desear. Pedimos discreción para aminorar las cosas, pero tú y tus gritos sólo consiguieron que todo el clan se enterara aún más rápido," Ella frunció el ceño —"Quisiera hablar a solas con mi hijo,"

Nadie se atrevía a desafiar las palabras de Ieran Li, así que Meiling y sus padres —que curiosamente habían estado silenciosos y no había intervenido para nada— no tardaron ni cinco segundos en obedecerla.

Una parte de la tensión en mis hombros se liberó ante la salida de Meiling.

—"Madre," Tomé aliento —"Sé que ayer avergoncé a nuestra familia frente al clan, pero le juro que no fue mi intención," Maldición. Tenía que fingir mejor que eso si quería convencer de algo a mi madre.

Nuestras miradas se cruzaron por lo que parecieron una eternidad, hasta que ella finalmente rompió el silencio.

—"¿No te agrada Meiling como esposa?" Levanté mi cabeza ante la súbita pregunta.

¿Sería lo mejor decir la verdad? —"No. Me parece inaudito casarme con ella, especialmente cuando hemos sido criados como hermanos,"

Ella volvió a fruncir el ceño —"Creí que eso mejoraba las cosas. Que así no tendrías que casarte con una desconocida, como nos sucedió a tu padre y a mí," Hubo cierta melancolía en su voz, como si recordara finalmente a mi padre, que por tanto tiempo lo había olvidado.

—"Madre, usted amó a mi padre. Pero eso sólo pudo suceder porque se conocieron sabiendo que terminarían casados. Por mi mente jamás cruzó que mi destino sería casarme a Meiling, una de mis otras hermanas" El baño había aliviado en el algo el dolor de cabeza, pero todavía podía sentir una ligera presión en las sienes.

El estudio de mi madre no mejoraba la situación —"Creí que sabías que Meiling sería tu prometida. Nunca fue un secreto de estado" Ella se encogió de hombros —"Es la única muchacha que no pertenece directamente a nuestra familia y que tiene la instrucción suficiente para el cargo. Además, es la única que tiene tu misma edad,"

Había sido bastante estúpido, ¿no? Por supuesto que siempre había sido Meiling y yo me había engañado con una diferente esperanza, pensando que podría casarme con cualquier otra chica del clan. Qué iluso había sido.

—"Lo sé, madre. Eso no significa que la idea me agrade más,"

Suspiró antes de responderme —"Supongo que fue mi error el posponer tanto el anuncio del compromiso,"

—"Hubiera apreciado que me avisara con anticipación," La rabia había vuelto a surgir, y tomé una respiración profunda para calmarme. Necesitaba tener la cabeza fría para tratar con mi madre.

—"¿Y qué hubieras hecho entonces, Shaoran? La prometida ha sido siempre la misma," Hubiera escapado. A dónde demonios, no lo sé. Hubiera pedido ayuda a mi tío. ¡Maldición, hubiera pedido auxilio al 911 si hubiera tenido más tiempo!

—"No lo sé," Me encogí de hombros dando mi respuesta más sincera —"Pero supongo que nunca lo sabremos, ¿no?"

Ella volvió a suspirar. —"En verdad no te entiendo, Shaoran. No me agrada que Meiling no sea de tu preferencia, pero la decisión ya ha sido tomada. Ahora," Sus ojos se volvieron fríos y calculadores, —"tu castigo es lo que nos concierne. Por haberte mostrado insolente e imprudente, por haber sido indiscreto y por beber hasta emborracharte durante el anuncio de tu compromiso, dos meses sin ninguna salida. Vendrás del instituto después de las prácticas de tu equipo, ni un minuto más tarde. Olvídate de pedirle a Wei que te lleve al instituto en el auto. Irás caminando. Y no tendrás mesada por tres semanas más. ¿Comprendido?"

Vaya. O mi madre se estaba poniendo vieja o se estaba ablandando. Si ése era todo el castigo que conseguía después de haber dejado en ridículo a la familia —ya podía imaginarme la cara aturdida de los ancianos del Consejo— podría hacerlo más a menudo.

Asintiendo, hice una reverencia a mi madre y salí con rapidez del despacho. Afuera, en el corredor me encontré con Meiling, mi tía Maifang y mi tío Hideki, cuyas caras largas pasaron con rapidez porque casi estaba corriendo. Lo último que quería era enfrentarme a cualquiera de ellos, no con mi dolor de cabeza.

Necesitaba dormir más, y tratar de olvidar todo. Todavía faltaban unos meses para que toda esta pesadilla finalmente se concrete, ¿para qué alarmarse?

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Sakura Kinomoto P.O.V

Estaba segura de que nunca había visto a este chico. Completamente segura, porque sus cabellos plateados eran algo difícil de olvidar. Su cara era pálida y sus ojos eran aún más llamativos que su cabello, que caía más allá de sus hombros hasta la mitad de su espalda. Sus ojos, de un color gris indefinible, brillaron al ver mi estupefacción. Una lenta sonrisa curvó sus labios y me erguí para acortar la altura que diferenciaba nuestras cabezas. Sus hombros eran anchos y una camiseta negra escondía lo que yo supongo que era una complexión firme. Su apariencia podría ser frágil e incluso algo desaliñada por sus pantalones anchos y flojos pero yo sabía identificar la fuerza en alguien y este chico la tenía en grandes cantidades.

Mi ceño se frunció, sin poder identificar si toda aquella fuerza era una amenaza para mí.

—"Buen pulso," Su voz era firme, aunque escondía la diversión que su rostro me mostraba —"Aunque el mensaje pudo haber sido mejor,"

—"¿Qué te importa?" Le espeté. Yo sabía que el mensaje no era muy original, y aquello me enfurecía. Me enfureció aún más que él se riera, una risa larga algo fría.

—"¿Andamos de mal humor, eh?" Su sarcasmo lograba presionar la poca paciencia que tenía. Detestaba esta ciudad. Detestaba a mi madre y comenzaba a detestar este instituto. Más le valiera que él no se uniera a mi lista de cosas detestadas.

—"Sí. Ahora, ¿podrías largarte?" No recordaba haberme portado tan brutalmente honesta con nadie, ni siquiera con Nadeshiko.

Él sólo me contestó con una risa. —"Será mejor que dejes la escena del crimen sino quieres que te atrapen,"

Yo levanté una ceja —"Me robaste las palabras de la boca. Piérdete antes de que alguien pase por aquí y piense que fuiste mi cómplice,"

Su sonrisa pareció disminuir, y luego hizo un sonido chasqueante con su lengua. —"Tsk. Tsk. La gente sabe reconocer mi trabajo. Éste es sólo de un principiante," Me miró de arriba hacia abajo, deliberadamente —"Y tú, eres una."

Apreté mis puños. Bien, este sujeto oficialmente había pasado a la lista de cosas detestada. ¿Quién iba a creer que un desconocido conseguiría enfurecerme con tan poco? ¡Ni siquiera sabía su nombre!

—"¿Cómo te llamas?" Me preguntó y yo estreché la mirada, preguntándome si este sujeto particularmente conseguía presionar mis botones porque tenía alguna clase de poder telepático.

—"¿Y tú?" Pregunté, esquivando la pregunta con otra pregunta.

Él frunció el ceño —"Yo te pregunté primero,"

Me encogí de hombros —"Y yo te pregunté segunda. Ahora, dime tu nombre o no te diré el mío"

Volvió a sonreír, —"Yue Tsukishiro. ¿Ahora me dirás el tuyo?"

Pude unirme a su sonrisa, sólo que la mía era una satisfecha —"Keti,"

Él levantó sus cejas, sorprendido —"¿Ése es un nombre?"

Yo asentí, —"Que te importa," Volvió a fruncir el ceño, y sus puños se apretaron. Dio dos pasos en dirección y decidí que lo mejor no era meterme con él. Aunque ya era demasiado tarde para arrepentimientos.

—"Me dirás tu nombre," Su gesto fue lo suficientemente sombrío como para conseguir que no me arrepintiera de ninguna manera el haberle tomado el pelo.

—"¿O sino qué?" Él volvió a sonreír, dispuesto a seguir con su desafío, pero una voz nos interrumpió.

—"¡Sakura!" Mi mirada voló hacia la puerta, donde Tomoyo estaba parada, su respiración tan agitada que era visible incluso desde esta distancia.

Caminó con rapidez hasta donde estábamos Tsukishiro y yo y le envió una mirada reprobadora en su dirección.

—"¡Eres un tonto! ¡Te van a suspender por esto!" Evidentemente aquella acusación no iba dirigida a mí, aunque el aerosol reposaba en mi mano culpable.

Vi que el rostro de Tsukishiro se tornaba sarcástico —"Aprecio tu preocupación, Tomoyo, pero sucede que yo no fui el que hizo esto," Y por si faltara poco, me apuntó con un dedo acusador, provocando que la mirada de Tomoyo fuera de él hacia a mí.

—"¡Sakura!" La sorpresa estaba presente en su alarido, mientras miraba con más horror la pared y sus nuevas letras.

Bien, si mi mural conseguía horrorizar a Tomoyo conseguiría horrorizar a cualquiera con más alma que Tsukishiro, ¿no? El hecho de que él lo considerara insignificante no quería decir que sería bien visto por los ojos del director, ¿no?

—"¿Por qué lo hiciste?" Preguntó Tomoyo, su mirada aún concentrada en la pared.

Me encogí de hombros, —"Me pareció buena idea. Ahora, deben salir de aquí si no quieren ser castigados," No había forma de que Tomoyo ni nadie que no fuera de mi completa y absoluta confianza —como por ejemplo, Kero— se enterara de mi alocado plan para destruir la vida de Nadeshiko.

—"¡Vaya buena idea!" Tomoyo se volvió a quejar, —"¿Hacías esto en tu anterior instituto?" Su mirada esta vez cayó en mí, y aunque ambos habían ignorado por completo mi anterior consejo, se veían ansiosos por conocer mi respuesta.

¿Mentir? ¿Era viable mentir, sabiendo que podía ser descubierta, y en algo tan insignificante? Tsukishiro mismo había dicho que yo era una principiante.

—"No," Quise argumentar mi respuesta, pero otra vez me vi interrumpida. ¿Qué acaso era el día de interrumpe a Sakura?

Pero esta vez no era un estudiante.

El Sr. Z miraba con horror y sorpresa la pared, su cara pronto se volvió de la misma tonalidad rojiza que la de un tomate, su pecho se hinchó por el ultraje y el alarido de Tomoyo sería un susurro en comparación al grito despavorido que pegó el hombre.

—"¡¡QUÉ ES ESTO!!" No hacía falta decir que los tres nos sobresaltamos ante tal explosión. Observé con rapidez la reacción de Tomoyo y Tsukishiro. Mientras que Tomoyo lucía pálida y asustada, Tsukishiro guardaba la calma, y su sonrisita sarcástica no se había borrado de su cara.

El Sr. Z cruzó en unas cuantas zancadas el salón, sus ojos nunca desprendiéndose de mi obra de arte. Nunca había sabido cuán gratificante era que otros reconocieran tu trabajo.

—"¡QUIÉN HIZO ESTO!" Volvió a ladrar, mientras pasaba la mano sobre la pintura y la frotaba en un último intento por sacarla.

—"¿Quién lo hizo?" Ninguno de los tres nos movimos y me sorprendió que ninguno de los dos estuviera acusándome. El silencio se hizo pesado, y el director súbitamente miró la lata que estaba en mi mano.

—"Señorita Kinomoto. ¿Le importaría explicar?" Pero yo mantuve el silencio. No quería caer en la tentación de buscar excusas para verme librada, como tantas otras veces había hecho en el pasado. Necesitaba que me castiguen, así que hice lo que debía hacer. No dije nada.

La rabia del Sr. Z aunque ahora más controlada parecía ir en aumento. —"Los tres tienen detención. Dos horas después de la hora de salida, durante dos semanas, sin excusas. Mañana se acercarán a la dirección y pedirán pintura y las brochas para que corrijan esta barbaridad,"

Nos lanzó una mirada encolerizada y salió del salón, no sin antes advertirnos —"Sus padres serán avisados de su crimen. Y no crean que su récord se verá invicto. Aunque claro," Mandó una fría mirada en dirección de Tsukishiro —"Tampoco es como si a algunos les importara,"

Cuando nos vimos libres de su presencia, fui yo la primera que hablé —"Les dije que se fueran. No me hicieron caso, ahora tendrán que soportar el castigo conmigo,"

Tsukishiro se encogió de hombros —"El viejo se olvidó que ya teníamos dos semanas de detención, así que da igual,"

¿Eh? ¿Había escuchado bien? —"¿Disculpa?"

Tomoyo lució aliviada —"Es cierto. Ya estamos castigados, Sakura, así que no te sientas culpable. Creí que esta vez nos iba a suspender, pero supongo que el aerosol en tu mano sí sirvió para aligerar la culpa,"

Cada vez estaba más perdida. Esperen un minuto. ¿Tomoyo, castigada? Eso resultaba más sorprendente que cualquier cosa que hubiera oído durante la última semana. ¿Sería posible que la imagen de señorita perfección fuera una fachada? Cada vez que Nadeshiko hablaba de Sonomi, lo hacía de Tomoyo y de cuán perfecta era. Quizás Nadeshiko había exagerado.

—"¿Por qué los castigaron?"

Tomoyo me sonrió, con algo parecido a malicia brillando en sus ojos —"Pusimos unas bombas de humo en su oficina. En general salió bien, pero no esperamos que se activaran las alarmas antes de que saliéramos. Nos atraparon con las manos en la masa,"

Tsukishiro comenzó a caminar hacia la puerta, y Tomoyo no tardó en seguirlo. Y yo no tardé en seguirlos a ambos. No tardamos en llegar a la cafetería, y nos aproximamos a una mesa que estaba ocupada a excepción de dos asientos.

Todos nos miraban con expresiones curiosas, interrumpiendo cualquier tipo de conversación que hubieran mantenido antes de nuestra llegada.

Dos chicos y una chica estaban sentados en la mesa redonda, que contenía diversos tipos de comida, mucha comida para sólo tres personas.

Tomoyo tomó asiento junto a la chica, y me ofreció la silla a su lado. Me tomé un buen instante para observarlos a todos, y aunque sus miradas no me hacían sentir incómoda, podía saber que ellos también estaban estudiándome.

Tsukishiro trajo una silla, y se sentó junto a un chico que tenía el cabello muy parecido al suyo, pero quedándose en un gris que era más opaco. Lo llevaba en un estilo corto y por usar anteojos tenía un aspecto más intelectual. Estaba sonriendo y sostenía una gran hamburguesa en su mano.

El segundo chico tenía el cabello oscuro, negruzco pero no azabache, y sus ojos casi no podían distinguirse puesto que al sonreír, los párpados se le cerraban. Se le notaba que era alegre, y estaba casi segura de que la mayoría de la comida en la mesa pertenecía a ambos chicos.

La chica que estaba sentada junto a Tomoyo, llevaba su cabello castaño al nivel del mentón y por lo lacio que era, no necesitaba recogérselo y aunque usaba gafas, éstas no la afeaban, al contrario, le daban aquel mismo aire intelectual del otro muchacho.

—"Sakura," Tomoyo interrumpió mi análisis, —"Te presento a mis amigos," Se aclaró la garganta por un momento —"Bueno, creo que a Yue ya lo conoces," Lo vi rodar sus ojos y recoger una de las patatas fritas y metérsela en la boca —"Él," Apuntó al chico de las gafas, que había dejado la hamburguesa a un lado y ahora me sonreía, —"es su hermano gemelo, Yukito Tsukishiro. Está en nuestro salón," El parecido fue inmediato. ¿Por qué no lo había notado antes? Quizás porque había estado demasiado ocupada pensando en estupideces, —"Él es Takashi Yamazaki, está en la clase de Yue, eso significa que están en otro paralelo," Señaló al otro chico, y finalmente a la chica, —"Y ella es Naoko Yanagisawa, que también está en nuestro salón,"

Todos me estaban mirando, y por un momento me sentí lo suficientemente cohibida para no decir nada.

—"¿Te comió la lengua el ratón, niña?" La irritante voz venía de Yue, y aunque no quería reconocerlo por su nombre, al saber que tenía un hermano no sería lo más apropiado confundirlos al llamarlos por el apellido.

Apretando los dientes, logré salvar mi dignidad —"Hola, soy Sakura Kinomoto. Vengo de Tomoeda y no me gusta que me digan niña, niño"

Yue sonrió por un momento, y se metió otra patata en la boca.

Una nueva voz habló, y por un momento no supe reconocer de dónde provenía.

—"¿Sakura, eh? ¿Sabías que tu nombre proviene de un antiguo proverbio que se refiere a..." Escuché a Naoko, — ¿así se llamaba? No puedo evitarlo, soy terrible con los nombres— suspirar —"Sakura, no escuches a Yamazaki. Siempre anda contando historias falsas. Debes escucharme a porque yo sí te contaré cosas que en verdad sucedieron," Sus ojos parecieron brillar con astucia, pero fue interrumpida por Yukito.

—"Ah, vamos a comer. Están espantándola, chicos. Les sugiero que se guarden las historias macabras para la detención," No pude evitar que Yukito me agradara desde el principio. Había algo en su forma de calmar las cosas que seguramente podría calificar de talento. En un instante pude percatarme que era la antítesis de su hermano.

—"Bah, estoy harto del castigo. ¿Cuánto llevamos en detención, una semana? Juro que si veo la cara del viejo Zhang por más tiempo, vomitaré. Tenemos que hacer algo para zafarnos de esta," Fue Yamazaki que habló antes de darle un mordisco a su propia hamburguesa.

Todos asintieron, pero nadie hizo ninguna sugerencia hasta que Yue habló —"Supongo que escapar no es una opción para Tomoyo y para mí, ahora"

—"¿Por qué? Lo hemos hecho otras veces," Dijo Yukito, pausando en su avance por comer.

Yue me miró, —"Porque la señorita aquí hizo algo estúpido,"

Pude ver que Yukito levantaba su ceja, —"¿Qué?"

Tomoyo soltó una risita, —"Ahora que vayas al salón sabrás de lo que estamos hablando,"

¡Hey! La idea era brillante, ¿okay? Quizás a ellos no les parecía bien que los atraparan, pero ése era parte de mi plan. Quizás a ellos no les agradaba que sus padres se enteraran, pero yo necesitaba que Nadeshiko lo supiera. Maldición, Nadeshiko era la razón por la que haría cualquier broma y travesura, para que se hartara de mí y me mandara con mi padre, de vuelta a Tomoeda. Nadeshiko tenía límites, y yo sabía cómo presionarla.

Jugué con mis dedos, pensando que la primera fase de la acción 1 había salido bien. Ahora sólo faltaba escuchar las quejas de Nadeshiko por un par de horas y todo estaría perfectamente normal y yo podría continuar pensando qué otra cosa hacer.

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Caminamos juntas al salón, es decir, Tomoyo y yo, pero ambas estábamos sumidas en silencio. No era un silencio incómodo y me permitía pensar. ¿Estaba haciendo bien al juntarme con todos ellos? ¿Sería un error? No lo sabía, pero lo que sí sabía es que no soy muy creativa en cuanto a portarme mal se trataba. Cierto, me había ido bien hasta el momento, pero era verdad eso de que para ejecutar un buen plan que consiguiera sacarme de aquí, se necesitaba personal. Y yo no podría hacerlo sola, como había sido mi intención inicial. De todas maneras, era agradable conocer que había otros en mi misma causa, aún cuando desconociera sus motivos.

—"Les caes bien," Tomoyo me dijo, interrumpiendo mis pensamientos.

—"Bien," Murmuré, cayendo en mis pensamientos de nuevo. Estaba contando que el director hubiera comunicado ya a Nadeshiko de mi horripilante acto, y estaba imaginando con qué sería mejor contemplar la pelea, ¿canguil sería suficiente? Quizás una barra de chocolate y una soda no me caerían mal como conjunto.

Oh, Nadeshiko perdería el control. ¡Estallaría! Y yo no quería perderme un minuto de eso.

Cuando estuvimos en el salón todos en la clase estaban contemplando la pared y todos especulaban sobre quién podría haber sido el culpable. Según los comentarios que pude atrapar en el viento, les parecía arriesgado pero cool y a otros más correctitos les parecía que era una verdadera locura y una completa estupidez.

Me encogí de hombros ante cualquier comentario. Probablemente nadie adivinaría quién era la verdadera culpable, a excepción de Tomoyo y sus amigos.

—"Sí, ¿puedes creerlo?" Escuché la voz de Tomoyo, y me volteé a ver con quién conversaba.

Yukito y Naoko estaban observando la pared, y no había notado sus presencias hasta que los oí conversar con Tomoyo.

Sin sentirme tentada a interrumpirlos, me senté en mi pupitre, sintiéndome aburrida.

Tamborileando mis dedos en mi cuaderno, esperé a que la conmoción pasara.

Conté los minutos y no pasó.

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Shaoran Li P.O.V

Terminé mi cena lo más pronto que pude. Todo con tal de evitar los comentarios burlones de mis hermanas, que a pesar de que lucía como mierda, eran igual de desconsideradas que cualquier otro día normal. Mi madre estaba también silenciosa y si no fuera por el parloteo incesante de Fuutie, Feimei y Fanran nuestra cena bien podría ser confundida por un cementerio.

—"Gracias," Me levanté de mi asiento, dispuesto a seguir hundido en mi cama.

No tenía nada que hacer y ver televisión era mi única distracción si no quería sentarme en el ordenador. Aún sentía la cabeza un poco pesada, así que lo mejor era dormirme mientras veía algún programa.

Escaneé una y otra vez los canales y dándome por vencido apagué el aparato, recostando mi cabeza en la almohada. Estaba cansado de descansar y aunque no lo creyera posible, extrañaba la actividad del instituto. Al menos ahí tenía la oportunidad de distraerme.

Cuando estaba ya dormido, la línea telefónica que tenía en mi habitación comenzó a sonar. Por un momento me debatí el contestarla, porque ya estaba adormilado en primer lugar, pero venciendo mi pereza conseguí levantarme de mi letargo y contesté aunque mi voz sonó ronca.

—"Hola," Mi voz sonaba desconocida a mis propios oídos. Y era en estos momentos cuando maldecía a quien quiera que se le hubiera ocurrido descubrir el champagne. ¿O era inventarlo? Lo que sea.

—"¿Shaoran?"

—"Eriol," No tardé en reconocer quién era, aunque me resultaba extraño el que él me llamara. Sabía que éramos amigos, pero rayos llamar por teléfono sonaba marica sólo para conversar.

—"Hey, ¿qué pasó contigo y la bocona? ¿Sabías que Meiling también faltó al instituto?" Sí, Meiling no era santa de la devoción de Eriol. De hecho, cuando ella no estaba presente, Eriol sólo la llamaba por el apodo que él mismo le había otorgado. Sí les había dicho que Meiling no es conocida por ser muy estimada en el instituto, ¿no?

Por lo general siempre intentaba corregirlo, pero esta vez no me tomé la molestia. Quizás si Meiling fuera tan bocona como todos creían yo hubiera podido evitar el anuncio del compromiso.

—"¿Ah sí?" Fingí ignorancia. No era una coincidencia que Meiling y yo hubiéramos faltado al instituto y supuse que Eriol lo descubriría. No quería que nadie se enterara de mi compromiso con ella, especialmente no el pesado de Eriol y sus bromitas retorcidas.

—"Ajá, ya dime, ¿por qué faltaste a la práctica?" Sabía que la práctica de hoy era importante y seguramente hubiera asistido si mi cabeza no se sintiera tan pesada como la misma pelota.

—"Estaba borracho," Contesté honestamente, y Eriol no tardó en estallar en una carcajada.

—"¿Tú? ¿Borracho?" Bien, usualmente era yo el que más se controlaba en aquellas salidas que teníamos con el equipo de básquet, y no era extraño que Eriol se sorprendiera.

—"Sí, ¿y qué? Me enteré que tú también recibiste una paliza," Eso bastó para callar sus carcajadas, pero no sus palabras.

—"Ese maldito de Yamazaki me las va a pagar. ¡El desgraciado casi me parte la nariz!"

Era de conocimiento público que Eriol tenía una vendetta personal con Yamazaki, desde que Eriol perdió un estúpido concurso de oratoria frente a Yamazaki. En lo personal, Yamazaki me parecía un buen jugador y ése era todo lo que me concernía con respecto a él, puesto que tenía su grupito de amigos y siempre se separaba del equipo. Yo no tenía ningún problema con eso, con tal de que jugara bien, pero no todos en el equipo opinaban lo mismo.

—"Seguramente le hiciste algo, ¿no? ¿No te acuerdas la vez que le pusiste la zancadilla y casi se estrella contra el suelo? En verdad, Eriol, creo que deberías dejar de joder a Yamazaki,"

Pero Eriol, como siempre, se consideraba el gran e invencible macho guacho y nunca se atrevería a reconocer la derrota. Yo me preguntaba si él sabía que actuando así sólo conseguía lucir como un perdedor.

—"Lo que sea. Esta vez se volvió a meter conmigo. ¡No le he hecho nada en meses!" Puf. Ésa ni él se la creía.

—"Lo que sea. Sólo te advierto que él y los Tsukishiros tienen una mente retorcida y no te conviene meterte con ellos," Me encogí de hombros.

Iba a decir algo más, pero Eriol me interrumpió —"¡Ah! Hablando de los Tsukishiro. ¡No sabes la que se mandaron esta vez!" Las cosas que hacían Yue y Yukito Tsukishiro eran legendarias, y era de común saber el que ambos hermanos se habían ganado un merecido título de busca problemas. El Sr. Zhang, nuestro director, estaba a punto de tirar la toalla tras su última broma en su oficina.

—"¿Qué hicieron?" Mi voz estaba cargada de curiosidad. Era siempre divertido ver las estupideces que hacían, y lamentaba haberme perdido de la diversión.

—"¡Pintaron el salón! Pusieron 'váyanse al diablo' o algo así, con letras enormes en la pared del aula, ¿puedes creerlo?" Se rió, —"Se rumora que esta vez los van a expulsar"

—"¿En serio?" Los chismes volaban rápido. ¡Y Eriol se quejaba de que Meiling era una bocona!

—"Ajá. ¿Adivina qué? Ahora tienen una nueva integrante en su grupo. Es una lástima porque la chica en verdad está buena, pero no he conseguido hablar con ella,"

Hubo muchos hechos que me golpearon en un mismo instante. ¿Cómo me había podido olvidar? ¡Sakura! Por supuesto, ella entraba hoy al instituto. ¿Se suponía que se había unido al grupo de Yue Tsukishiro? Maldición, eso no estaba bien. Era juntar dinamita con fuego, no se debía hacer esa combinación si se quería salir con vida.

—"¿Ah? ¿Y cómo se llama?" Pregunté aparentando desinterés. Si Eriol le había prestado la suficiente atención como para recordar su nombre, significaba que iría en caza de Sakura. Aún tenía que analizar por qué me molestaba en particular que el hombre más mujeriego del instituto anduviera atrás de ella.

—"Sakura algo. Maldición, la chica sabe lo que tiene. Creo que todo el instituto está hablando de ella. Como digo, una verdadera lástima que se uniera al idiota de Yamazaki y sus amigos,"

Sí. Sakura estaba en peligro de Eriol. Era definitivo. Se había acordado de su nombre y para colmo había cometido el error de hacerse amiga de su mega rival. Maldije de nuevo el dolor de cabeza que no me permitió estar ahí.

Otra idea surgió, de la nada. Era obvio que Sakura se había unido a los Tsukishiro. Yo mismo había sido testigo de la luz de desafío que brillaba en sus ojos. Clow me había contado sus travesuras. Sakura planeaba hacer diabluras en el instituto y había conseguido a los expertos para que la guiaran. Eso no estaba bien.

—"Sí, es una lástima," Coincidí con Eriol, pero mis razones iban más allá que las de él. Sin duda alguna Sakura pensaba comportarse como una chica mala.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Las dos horas en detención no se me habían hecho largas. Aún cuando Yue, Yukito, Tomoyo, Yamazaki y Naoko habían pasado el tiempo comentando que tendría un futuro brillante si tenía las agallas para hacer eso en mi primer día, el tiempo pareció volar y aunque habíamos estado encerrados en la biblioteca, la conversación había sido lo suficientemente interesante como para mantenerme despierta.

—"¿Por qué lo haces?" Me había preguntado Yue, sin el menor descaro. Había tratado de evitar esta pregunta, y había puesto mi mayor esfuerzo por desviar la conversación de mí, pero claro, el siempre intuitivo y pequeño sabelotodo de Yue tenía que meter las narices en donde no le incumbía.

—"¿Por qué lo haces ?" Le pregunté en contraataque, y sus puños se habían vuelto blancos porque evidentemente no estaría dispuesto a contestar aquello. Pues bien. Eso le serviría de lección.

Todos habían estallado en carcajadas, con la excepción de Yue y de mí, porque sabíamos que ninguno de los dos iba a ceder. Si el quería que yo respondiera a su pregunta, tenía que primero responder a la mía.

Y como les dije, habían pasado volando las horas, hasta que claro, Nadeshiko me llamó al celular.

—"Sakura. Estoy esperando afuera," Sabía que estaría esperando afuera. También sabía que estaría furiosa. Y también sabía que el volante del Mercedes no merecía el castigo que sus garras le estaban propinando.

Sabía que su cara estaría enrojecida del coraje y también sabía que me gritaría al entrar al vehículo.

—"¿Cómo osas hacer eso...blah...blah...blah?" Así es como me sonó la charla incesante de mi madre, sus más tristes esfuerzos por intentar incrustar sus razones en mi cerebro. Pero a menos de que estuviera hablando en marciano sus palabras entrarían por un oído y saldrían por el otro.

Necesitaba sacar mi iPod de la caja en que lo guardé. Estaba cansada de oír cualquier tipo de conversación que mis oídos fueran forzados a escuchar. Miré hacia al frente, todavía escuchando los blah, blah, blah y deseé con todas mis energías que llegáramos pronto a la casa. Al menos ahí tenía mi refugio anti-Nadeshiko reforzado con colores opacos para sus ojos brillantes.

Necesitaba hablar con Kero. Y si tenía la oportunidad y el tiempo, después de hacer mi deber de Química, llorar y lamentarme de mi patética y asquerosa vida.

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En medio de la cena, en presencia de Clow y Nadeshiko, la voz de la última pareció haberse transformado de los blah, blah, blah a algo de importante trascendencia.

—"Sakura, conseguirás un trabajo," Mi cabeza se levantó ante la frase, —"Y creo que el puesto en el McDonalds que queda aquí cerca, sería ideal, ¿no te parece?"

Sentí cómo mi sangre viajaba a mis talones, ¡no podía hablar en serio! Tomé unas cuantas respiraciones fuertes, —"Creí que ya tenía trabajo. Modelo para ti en los comerciales,"

Nadeshiko negó —"Me refería aparte de eso. Sería una buena idea que consiguieras trabajo ahí," Se rió por un momento —"¿De qué estoy hablando? Pero si ya te lo conseguí. El gerente a cargo es socio de Clow y me aseguró que podrías ir cuando quisieras. Los horarios son muy convenientes, verás. Puedes trabajar después del instituto y aún así tendrás tiempo para cenar con nosotros, claro, no tan temprano como hoy pero sí a eso de las nueve de la noche. ¿No te parece estupendo, cariño?"

¡No, no, no! No me parece estupendo. ¿Era esta su forma de castigarme?

—"Tengo detención, no puedo trabajar," Mascullé con las mandíbulas apretadas de la furia.

Sus ojos brillaron en victoria, sólo consiguiendo excitar la bestia en mi interior. ¿Es que esta mujer quería enfrentarse? ¿A ?

Apreté mis puños cuando ella respondió —"Oh, claro que puedes, cariño. Después de la detención te diriges al Sr. Wu y le dices que eres mi hija, él podrá adivinar el resto por sí solo. Por supuesto que también están los fines de semana,"

La furia hacía que ardieran mis venas, no podía creer el descaro de Nadeshiko. ¡Era inaudito!

—"¿Y qué voy a hacer? ¿Pelar las patatas? ¿Trapear el piso?" No me malinterpreten. No encontraba nada de vergonzoso en hacer cualquiera de esas cosas, pero sí resultaba terriblemente fastidioso que tuviera que hacerlas porque Nadeshiko lo ordenaba. Por Dios, la mujer suplicaba a gritos ser odiada.

—"Oh, no querida. Atenderás la caja registradora," Mis uñas se clavaron en mis palmas y si mis dientes podían causar más presión, se convertirían en polvo.

Me levanté, sin nada de apetito, y tampoco sin decir nada.

Odiaba a Nadeshiko.

La odio.

Y no se saldría con la suya. No, no.

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—"Voy a salir," Había tomado una ducha rápida y no demoré mucho en vestirme. Hacía frío y probablemente estaría haciendo más frío afuera, pero necesitaba una caminata con urgencia. Necesitaba calmarme y pensar en mi siguiente paso con tranquilidad, sin la vocecita molesta de Nadeshiko retumbando en mis oídos ni su sonrisa satisfecha repitiéndose una y otra vez en mi mente.

Nadeshiko frunció el ceño, pero no dijo nada. Así que salí, sin prometer una hora de regreso, porque no estaba segura de cuánto tardaría en calmarme.

—"Perra," Mascullé pensando en mi madre, mientras cerraba la reja, y me disponía a explorar el vecindario una vez más. Lo había hecho una vez, pero había resultado un fraude porque en mi búsqueda por una ferretería no había admirado nada.

El viento estaba aún más frío de lo que había planeado y recogí mis dedos dentro de mi suéter. Probablemente el tener el cabello húmedo tampoco mejoraba mi situación.

Respiré con profundidad mientras cruzaba la calle, fijándome bien por dónde iba. Sería humillante perderme y luego tener que pedirle a Nadeshiko que viniera a buscarme.

Tokio sin duda alguna me hubiera agradado, si la situación en la que vivo no fuera la misma. Si mis padres no se hubieran divorciado, y en vez de Clow mi madre estuviera acompañada por mi padre, y Touya estuviera presente, seguramente el cambio hubiera sido mejor.

Aún desde ésta distancia, se podía ver la torre, que resplandecía como símbolo principal de la ciudad y me encontré mirándola fascinada desde donde estaba, a sólo un par de calles de la casa de Clow.

Tenía tanto en qué pensar, pero en el momento en el que me concentré en la torre, todas mis preocupaciones se esfumaron y ningún pensamiento ocupó mi cabeza. Me sentí liberada, aunque sea por un momento. Sentí que esa carga que sentía, al haber cometido el peor error de mi vida se alivianaba, aún incluso cuando todavía estaba furiosa.

Era de idiotas pensar que una torre podía hacerte olvidar de todos tus problemas, pero para mí sí fue así.

Sólo Dios sabría cuánto tiempo me habré quedado mirándola, que mi cara ahora se sentía más fría y no había notado que me estaba estremeciendo y que los temblores de mis piernas habían intensificado en su rigor.

Metí mis manos en los bolsillos, sin tener ganas de regresar a la casa sólo porque me estaba congelando. No quería que la sensación de paz se evaporara con tanta rapidez.

Mi caminata continuó un par de calles más, y hasta el momento no había notado que no había mucha gente en los alrededores. La poca gente que sí había, estaba demasiado ocupada en sus propios asuntos como para preocuparse de una chica que andaba deambulando por ahí.

Llegué hasta un parque que estaba poblado con árboles de cerezo, y me senté en una de las bancas. El viento soplaba con fuerza las ramas de los árboles y había una lluvia de pétalos en todo el lugar. Respiré el viento que ahora tenía la fragancia de los cerezos en ella.

¿Qué haría con mi madre? Estaba furiosa con ella y lo estaría aún más sino conseguía vengarme. Estaba cansada como para planear algo elaborado, así que supuse que cualquier cosa que pensara tendría que esperar hasta mañana.

Pero una idea alocada cruzó por mi mente en el momento en el que vi un pequeño gusanito arrastrarse por la tierra. Estaba luchando desesperadamente por cobijarse del viento que ahora estaba más inclemente. Lo seguí con la mirada, mientras mi cerebro trabajaba a mil por hora.

Sí. Eso sería perfecto.

Nadeshiko me las pagaría.

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Entré en la casa, lo más discreta que pude. En dirección de la sala pude observar el gran televisor encendido, y cuidando mis pasos subí una a una las escaleras asegurándome de no toparme ni con Clow ni con Nadeshiko.

Me sentí aliviada al saber que ambos estaban conversando en la sala, y avancé con más rapidez hacia la habitación que sabía que ambos compartían.

Entré sin tener mucho cuidado sino más bien concentrándome en qué lugar de la cama Nadeshiko dormiría. Como no estaba segura, descargué el contenido de la bolsa de plástico que llevaba, dentro de las almohadas, y por debajo del cobertor.

Las manos aún me temblaban del frío, pero me sentí satisfecha al dejar todo tan perfectamente ordenado como había estado antes de mi intromisión. Sonriendo, quizás por primera vez en el día, salí de la habitación en puntillas y descendí de las escaleras para eliminar la bolsa, y lavé las manos con cuidado.

Volví a sonreír, la victoria tan cerca que casi podía morderla.

Me dirigí hacia la sala, en donde Nadeshiko y Clow estaban. Justo antes de que notaran mi presencia, Clow tomó el control remoto y apagó el aparato.

—"Será mejor que nos vayamos a dormir," Dijo él, levantándose del sofá.

Nadeshiko envió una mirada rápida a su reloj de pulsera. —"Ya es tarde y Sakura aún no llega,"

Decidí que ése era el momento más apropiado para interrumpirlos —"Ya llegué. Buenas noches, estoy algo cansada," Ambos lucieron sobresaltados por mi interrupción, pero no dijeron nada al ver que yo ya me dirigía hacia las escaleras.

Sonreí, sonreí muy, muy satisfecha. Ya había armado el escenario. Ahora sólo faltaban los actores.

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Esperé con calma en el baño. Me cepillé los dientes y me cambié a mi pijama, la anticipación recorriendo por mis venas y preguntándome cuánto tardarían en percatarse.

El alarido que retumbó en la casa confirmó que no tendría que esperar mucho. Terminando de vestirme, salí corriendo en dirección del dormitorio de Nadeshiko y Clow, cuya puerta estaba abierta.

Entré, para ver a Nadeshiko brincando de la cama y gritando una segunda vez.

—"¡AY!" Gritó con todos sus pulmones, sacudiéndose y brincando, sacudiéndose y gritando.

—"¿Qué pasó?" Escuché la voz de Clow venir de una puerta cercana, probablemente su baño.

Los ojos de Nadeshiko estaban desorbitados y sus gritos eran incontenibles.

—"¡GUSANOS!" Esta vez su grito fue fuerte y claro y luché por mantener la compostura. Tomé una fuerte respiración y batallé épicamente contra mis ganas de reír.

Clow se acercó a la cama y removió el cobertor. Nadeshiko volvió a chillar, mientras seguía sacudiéndose a pesar de que ya no tenía nada. La perplejidad de Clow cesó en el momento en el que comenzó a sacudir la cama, y los gusanos —Nadeshiko tenía una fobia— comenzaron a deslizarse por el piso.

Hasta ahí llegó todo mi autocontrol.

La risa que salió de mi garganta seguramente los sobresaltó a los dos, y pronto me introduje en un ataque histérico de risa. Se sentía tan bien.

Algunos decían que la venganza es amarga.

Eso, no es cierto.

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Notas de Autora:

¿Cómo han estado? Espero que muy bien, y sólo me queda decirles ¡¡FELIZ SAN VALENTÍN!!

Después del saludo eufórico sólo puedo explicar la pequeña reducción del capítulo. Hay simplemente frases con las que me gusta terminar, y me pareció que fue apropiada.

Por cierto, como siempre agradezco infinitamente toda la gran aceptación que está teniendo mi nuevo-viejo fic. No me gusta dejar las cosas pendientes, y a pesar de que mi tiempo se reduce a horas durante este mes —estoy trabajando— en cada fin de semana, les agradezco mucho los reviews que me dejan con sus hermosos comentarios. Son fuente de inspiración y me ayudan mucho a inyectarle ganas al proyecto.

Y como mi tiempo se me escapa, les exijo —ja, ja, ja— que ustedes también gasten un minutito de su tiempo —miren cuánto me tardo en publicar cada capítulo— y pasen dejando cualquier cosilla y comentario sobre el fic en general. Piénsenlo como una inversión a largo plazo, ustedes me dan una crítica constructiva sobre cualquier cosa que les gustaría que cambie con respecto al fic, y pronto podrán leer una mejor calidad de fic, ¿eh?

Muchos besos, saludos y chocolates en este día— aunque ya algo atrasado—.

Sakki Chan.