Sakura Kinomoto P

Sakura Kinomoto P.O.V

Hoy era un nuevo y brillante día, en el que los pajarillos cantaban con libertad, los enamorados se besaban, yo sonreía y Nadeshiko me quitaba el habla. Bueno, ya que estoy en eso, ni Nadeshiko ni Clow me dirigían la palabra. Y debo decirles cuán increíble me sentía hoy, y era el único día entre éstos últimos en que en verdad podía decir que me encontraba bien.

Me froté las manos con ansiedad. La mañana estaba fría y seguramente el día se pondría peor, así que tenía que recurrir a ropa abrigada. Detestaba vestirme para clima frío, pero si no quería morir congelada antes de que pudiera disfrutar mi pequeña victoria, debía hacerlo.

Una vez satisfecha con un jean y una camiseta sencilla y escondida detrás de un sweater abrigador, me puse zapatos deportivos y guantes en las manos para cubrir mis dedos congelados, y peine una coleta rápida sin preocuparme usar más maquillaje que un humectante labial y delineador de ojos.

Miré el reloj en mi muñeca y maldición, se me estaba haciendo tarde. Sería mucho más tarde, especialmente ahora que Nadeshiko no me llevaría en el Mercedes. No tenía tiempo de desayunar, pero sí podía ir mordisqueando una manzana.

Otro día en mí aburrida vida cotidiana, ¿no?

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Como era de esperarse, llegué tarde al instituto, a pesar de mis esfuerzos sobrehumanos por llegar temprano. Bueno, no sobrehumanos, pero sí había intentado no llegar tarde. Intentado, que conste, ¿eh?

Abrí la puerta lo más sigilosa que pude, y ya podía escuchar la aburrida voz de Herman Munster explicar algo sobre un triángulo isósceles. ¿Hacían CDs con la voz de este hombre? A cualquiera que se le ocurriera esa idea seguramente se haría millonario por vender tan efectiva cura para el insomnio.

Di un paso titubeante, y escaneé el salón por Tomoyo, Yukito y Naoko y los encontré en los mismos asientos, pero a eso se le sumó una sorpresita adicional. Bueno, dos sorpresitas.

Todos notaron mi presencia, excepto claro, Herman, que seguía muy enfrascado en sus triángulos como para prestar atención a cualquier otra cosa que no significara un peligro mortal inminente.

Incluso cerré la puerta antes de tomar mi asiento, todos aún mirándome, mientras me sentaba junto a Tomoyo y Herman no se percató de su infiltrada.

Tomoyo me sonrió como saludo, y me vi correspondiéndole la sonrisa. Yukito y Naoko, que no se encontraban muy lejos también me saludaron. Yukito no tardó mucho en hacer un comentario con respecto a mi atraso —"¿Se le pagaron las sábanas, mademoiselle?" Quizás fue su cara que brillaba en picardía, o que Tomoyo y Naoko soltaron una risilla ahogada, o talvez fue por lo gracioso de su acento francés, pero no pude contener una risa.

Pero eso no podía durar. Me senté tensa por un momento, poco después de que todos volvieran sus miradas a la pizarra. Aún sentía su mirada. Sonreí un poco al recordar cómo se había echado al suelo, con una botella de champagne y sin importarle que su elegante traje se viera disminuido por el barro.

Reuní el valor necesario para devolverle la mirada a Shaoran Li, que se encontraba a dos filas de mi asiento. Me miraba con el ceño fruncido, como si hubiera algo que súbitamente lo incomodó. Apreté mis mandíbulas por un momento.

Así que ya se le había pasado la resaca al niñito que nunca bebe, ¿no?

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Shaoran Li P.O.V

La clase de trigonometría había perdido mi atención por el hecho de que yo ya sabía lo que estaba siendo explicado en el pizarrón, pero como estaba acostumbrado a hacer, aún hacía pequeños apuntes en mi cuaderno, porque aunque tenia claro el concepto, siempre era bueno guardar los ejercicios.

Pero eso había sido hasta que todos en la clase se habían percatado de la nueva presencia que trataba de entrar sin ser detectada por el profesor. Miré mi reloj. Llevaba veinte minutos atrasada y me pregunté si ésa era su costumbre. Nadeshiko o Clow la debieron traer en alguno de sus autos y me pregunté si había sucedido algo que causara tal retraso. ¿La pequeña y traviesa Sakura había incendiado el Jeep de Clow? ¿Los había dejado encerrados? ¿Los había mutilado y había venido al instituto para guardar las apariencias, después de enterrar sus partes en el jardín?

Cada idea era más paranoica que la anterior, así que hice como todo el mundo, sólo seguí a Sakura con la mirada, buscando alguna mancha de sangre que pudiera delatarla como autora de los crímenes que estaba desarrollando en mi cabeza.

Pero lo que vi fue algo peor que si Sakura hubiera estado bañada en sangre.

Sí, Eriol había estado en la razón. Sakura se había juntado a los amigos de Yue Tsukishiro, y eso conseguía helarme en mi asiento. Fruncí mi ceño, pensando que eso no era nada bueno. Y me daba la impresión de que ella sabía lo que estaba haciendo.

Ella lo sabía. ¿Se lo habían dicho?

Miré hacia la pared que aún mostraba aquel mensaje tan inspirador que todo estudiante debía leer al comenzar el día.

Se rumoraba que había sido Yue, pero al ver a Sakura junto a Yukito, el hermano de Yue, y otro tonto atrae problemas, me congeló la posibilidad de que Sakura hubiera participado en esto.

Si Sakura había hecho esto en su primer día de clases, no quería imaginar cuántos problemas causaría. Sabía que estaba amargada por la unión de Clow y Nadeshiko, y la amargura siempre busca compañía. Y la compañía que Sakura exigía era la de su madre.

La miré de nuevo, y esta vez estaba conversando con Yukito Tsukishiro.

Bueno. Quizás quisiera la compañía de cualquiera. Apreté mis dientes y me pregunté si Sakura exigía tanta miseria como yo creía. La vi reírse, quizás no tanto como lo había creído.

Escuché la voz de Meiling distraerme —"Ésa es la hija de Nadeshiko, ¿no?"

Si para mí había sido un trauma el compromiso, para Meiling fue todo lo contrario. Se comportaba perfectamente normal, aún incluso percatándose de que yo no quería hablar con ella. Aún incluso sabiendo que me hacía sentir incómodo mirarla y saber que ella sería mi esposa. Aún incluso cuando —Dios, el estómago aún se me revolvía ante el recuerdo— había declarado su amor para nada fraterno.

—"Sí," Mascullé concentrándome en los triángulos que se nos presentaba en la pizarra.

—"¿Con cuál de los Tsukishiros crees que se va a juntar? Parece ser que le gusta Yukito, ¿eh?" Sus palabras fueron claras incluso cuando eran susurros, —"¿No quieres saber lo que escuché?" No. No quería saber. No quería saber porque por alguna razón, estaba comenzando a enfadarme. Ella no tardó en desembucharlo, aún cuando yo no le había respondido —"Dicen que Kinomoto y Tsukishiro llegaron juntos a la cafetería," Se rió por un momento, —"¿Y adivina qué? ¡Llegó con Yue! Al parecer, los hermanos se están peleando por la misma presa," Fue ése el momento en el que decidí que era suficiente.

—"Meiling," Dejé de tomar apuntes —"¿Cómo diablos sabes todo eso? Ayer faltamos al instituto y estamos en la primera hora," Fruncí mi ceño, —"a no ser que tengas un don multi presencial o algún adefesio así, prefiero que te guardes los chimes que tus amiguitas te cuentan, ¿está bien?"

Ella frunció el ceño a la vez, y su boca se le unió al gesto, evidentemente no satisfecha con mi respuesta.

Al menos había contenido la lengua feroz de Meiling por unos momentos. Estaba seguro que el reclamo no sería tomado en cuenta durante el cambio de hora.

Miré de nuevo hacia donde estaba Sakura, fruncí el ceño y me pregunté cuánto de verdad tenían todos aquellos rumores. Después de todo, nunca creas completamente en los rumores, tampoco los dejes desoídos.

Su mirada voló hasta la mía, y percaté que estaba siendo un tonto al mirarla por tanto tiempo. Después de todo, aunque creía recordar una breve parte de la conversación que tuvimos en el jardín, no había estado lo suficientemente sobrio como para saber si no había quedado en ridículo frente a ella. Probablemente Dios había sido compasivo conmigo y me había permitido olvidar cualquier bochorno que hubiera pasado frente a ella. Pero con mi suerte, estaba seguro que nada malo había sucedido, porque de lo contrario, estaría tan presente en mi mente que no me atrevería ni a mirarla.

Al diablo con todo. Sakura sabía en lo que se metía si se juntaba con los chicos más traviesos. Nadeshiko sabía lo que hacía al no regresar corriendo con su hija a Tomoeda. Y maldición, Clow sabía qué hacía fornicando una mujer cuya hija era el diablo encarnado.

El único que no sabía qué hacía, pensando en estupideces como ésta, era yo.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Honestamente, no la había visto venir hacia mí. De hecho, no la había ni siquiera esperado. Herman Munster había salido de la clase tan puntual como siempre, pero quien quiera que fuera el profesor para la siguiente hora evidentemente no era tan puntual como lo era Herman. Así que eso dejaba por lo menos cinco minutos libres entre horas, que todos ocupaban para conversar y relajarse un poco, quizás si tenías hambre, sacar esa barra de chocolate que no te comiste en el desayuno.

Definitivamente no había visto a Meiling Li acercarse hasta mi pupitre, porque de lo contrario habría salido corriendo al baño aún cuando no sabía dónde estaba.

Meiling se había acercado con paso lento, mostrando sus pequeñas piernas por su aún más pequeña falda —de hecho, no había visto a ninguna chica que usara jean como yo, y debía decirlo eso asustaba— y seguramente a toda la velocidad que sus tacones aguja le permitían. Una vez había dicho que era bonita. Tachen eso, por favor. En lo que esta chica era experta era en ser cotilla.

Me miró de arriba abajo, sin importarle interrumpir mi conversación con Tomoyo sobre esmaltes de uñas —prefería aquel tema tan trivial— para mostrar su falsa sonrisa, y enseñándole la mala cara a Tomoyo. Eso fue lo que tomó, para que me enojara.

—"Hola, Sakura" Mi nombre sonaba mal pronunciado por ella, y no podía adivinar por qué. —"¿Cómo te ha tratado el instituto hasta ahora?" Sus ojos brillaban ávidos por respuestas. Ella quería respuestas que nunca le daría a no ser que me torturara y estuviera a punto de cocerme viva.

—"Bien," Me encogí de hombros, —"¿Cómo está Shaoran? Se embriagó por completo. Bastante vergonzoso, ¿no? " Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera contenerlas, pero había tenido el súbito deseo de borrarle su sonrisa confiada de la boca. Por las cabezas que se voltearon a mirarnos seguramente no me había contenido y también lo había dicho suficientemente alto como para que los que estuvieran a nuestro alrededor pudieran oírlo.

En verdad, no había intentado ser una completa perra. Pero así había sonado, y ahora tenía que afrontar las consecuencias.

Su sonrisa decayó por un momento, pero luego una risa la reemplazó. Incluso me golpeó el hombro, en un gesto horrible de confianza que no teníamos. Simplemente horrible.

—"Ay, no sabía que eras bromista. ¡Shaoran no estaba borracho!" Lo aclaró suficientemente alto para todos los oídos a un kilómetro de distancia —"¿No sabías que la comida le hizo daño?" Esta vez sí susurró a frase, —"Pobrecito. Tenía fiebre, pero no se había quejado. No fue una sorpresa encontrarlo desmayado," La excusa sonó tan patética que no sabía si estaba sorprendida o confundida. Por Dios. ¿En verdad creía que podría comerme tanta mierda? Aún si no hubiera tenido esa pequeña conversación con él, sabría que había estado bebiendo. ¡Maldita sea, la botella estaba vacía y entre sus manos! ¿Creía que tenía dos años?

—"Es extraño," Fruncí mi ceño —"Porque me pareció que Ieran se disculpó diciendo que él no acostumbraba a beber," Eso también era cierto. ¿Es que esta chica sufría de amnesia o de verdad planeaba guardar falsas apariencias?

Ella se rió, pero sus ojos demostraban el temor. —"Ah, entonces debe ser que estoy confundida. Seguramente la copa de champagne que bebió le provocó alguna reacción alterna,"

Bueno, eso llenó mi cuota de estupideces por un día. —"¿Te gusta la pared, Meiling?"

Desviando sus ojos hasta lo mencionado, soltó un quejido —"¿Puedes creerlo? Quien quiera que lo hizo debe estar loco,"

Me mordí el labio inferior, sintiendo la anticipación —"¿Hablas en serio? ¿Entonces me crees loca?"

Por un momento Meiling no pareció reaccionar, pero al siguiente sus ojos estuvieron a punto de salirse de sus cuencas, su boca se abrió tan grande como la de una anaconda, y se calló. Vaya. Si hubiera sabido que sólo confesar la autoría de mi crimen bastaría para cerrarle el pico, lo hubiera hecho de buenas primeras.

—"¡Debes estar bromeando!" ¿No les parece divertido?

Me crucé de brazos, —"Probablemente debes cerrar la boca, Meiling. No se ve muy elegante que comas moscas, ¿sabes?" En ese momento supe que me había ganado una enemiga. No había sido mi intención, porque normalmente me llevo bien con las personas, pero ahora podía entender el desprecio con el que Tomoyo se refería a ella.

Empinó su nariz, como si algo le apestara, y tras una breve mirada a Tomoyo, que no había tenido reparos en escuchar nuestra conversación, y luego partirse de la risa; Meiling regresó precisamente de donde había venido.

Meiling no se había retirado ni a tres pasos, cuando Tomoyo me abrazó, en medio de su ataque histérico de risa —"¡Te amo!"

Yukito se me adelantó —"¿Hablas en serio? ¿Crees que pueda ver algo de amor lésbico, para contentar mi solitario corazón?" La risa de Tomoyo se cortó en seco, y tras un gruñido en el que yo también me uní, dejamos clara nuestra posición.

—"En tus sueños," Yukito mostró una sonrisa diabólica. Me comenzaba a caer bien, muy bien.

—"Exacto," Dijo él encogiéndose de hombros, y a pesar de estar asqueadas tanto Tomoyo como yo —creo que a ambas nos gustaban demasiado los chicos como para considerar la posibilidad, al menos hablo por mi parte, ¿eh?— no pudimos evitar caer en más risa.

Maldición, por un momento no me reconocí. La última vez que alguien había conseguido hacerme reír a carcajadas había sido Kero y no recuerdo cuándo.

Por cierto, debía acordarme de llamarlo.

Tenía que ponerlo al día, y aunque las cosas estuvieran saliendo como yo quería, eso no quería decir que había dejado de desear regresar a Tomoeda. Es más, ahora lo deseaba con mayor fuerza, porque sabía que Meiling Li no era del tipo de quedarse callada, especialmente por una chica yo, cuyo crimen era no querer usar faldas ni tacones que te lleven de un lado a otro a 0,0000001 Km/h.

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Shaoran Li P.O.V

Mi pequeña discusión con Meiling había conseguido callarla hasta el receso, pero inmediatamente me arrepentí de haberlo hecho. Estábamos sentados los mismos de siempre, Eriol —cuya nariz en verdad estaba hecha pedazos—, Chiharu —amiga de Meiling más que nada, — Rika, —otra amiga de Meiling— y por supuesto, Meiling y quien habla. Así que la mesa estaba invadida por vocecitas chillonas que discutían una con otra mientras Eriol y yo sólo manteníamos una breve conversación pero mayormente se trataba de comer y comer y comer. Poco me interesaba lo que sea que Meiling y las demás estuvieran diciendo, así que me dediqué a comer.

—"¿Sabías lo que esa perra me dijo?" Meiling gruñó en el volumen necesario para que toda la maldita cafetería la escuchara.

Era común escucharla insultar de vez en cuando a alguien que decidiera meterse en su camino por obtener algo. Pobre del alma de la chica que quería enfrentársele.

—"¿Qué?" Preguntó Chiharu, como siempre ávida de todos los chismes que Meiling inventaba.

—"¡Que vaya a comer moscas!" Chilló ella en respuesta, —"¿Y adivinen quién fue la autora del horrible mensaje de la pared? Juro que la denunciaría si ya no la hubieran atrapado. Se cree mucho porque anda con los Tsukishiro y la imbécil de Daidouji,"

Levanté mi ceja, finalmente encontrándole algo de sentido a todo lo que decía. No me cabía duda de a quién se refería, pero no podía entender por qué Sakura y Meiling se habían peleado. Por la furia de Meiling podía estar seguro quién había resultado ganador.

Hubo otro asunto también interesante. Así que Sakura había hecho lo de la pared, ¿no? Bastantes agallas para hacer algo así en tu primer día de clase.

Sin querer entrar en la conversación, simplemente me mantuve como oyente incógnito, fingiendo que la comida era más importante que lo que estaban diciendo.

Eriol había dejado de comer, y también lució interesado.

—"¿La nueva estudiante?" Se atrevió incluso a interrumpir los gemidos horrorizados de las tres chicas, que se detuvieron a mirarlo como si le hubiera crecido una nueva cabeza.

Chiharu lució completamente convencida de lo que dijo —"Dicen por ahí que ella tiene algo con uno de los Tsukishiros. Probablemente con Yue, pero nunca se sabe. Yukito también parece gustarle,"

No supe si dejar caer mi mandíbula en incredulidad podría ser bien visto, pero me sentí súbitamente tentado a hacerlo. ¿Podían creer lo que estas chicas ya andaban chismoseando sobre Sakura? ¡Por Dios! La chica ha estado aquí por un día. ¿Hablaban en serio? Cierto era que los Tsukishiro no eran los amigos más deseables para estar fuera de problemas, y también era cierto que Meiling había lavado el cerebro de sus dos compinches, pero eso no les daba el derecho suficiente como para decir algo así, y me sentía simplemente mal al ver que Meiling no hacía nada por evitar los falsos comentarios que sus amigas estaban haciendo. Sakura no era una desconocida para ninguno de los dos, era la hija de la novia de nuestro tío, lo cual si nos poníamos técnicos, era nuestra pariente política.

—"Es verdad, si ves a su mesa, estará juntándose con la chusma de Daidouji," Meiling evidentemente estaba furiosa con ella. Quizás parte del resentimiento podría derivarse de que Sakura había preferido a su archienemiga, ¿Tomoyo se llamaba? No lo sé, porque cada vez que Meiling hablaba sobre ella, a Daidouji le agregaba varias descripciones gráficas que nunca me había tomado la molestia de corregir, por la pereza de enseñarle al perro viejo trucos nuevos.

Era casi seguro que Meiling no dejaría a Sakura en paz, no ahora que ésta había decidido unirse a Daidouji para todo.

—"¿Meiling?" Eriol la miró, y aunque ninguna de las chicas presentes en nuestra mesa fuera lo suficientemente perspicaz como para entender que Eriol comenzaba a fastidiarse, yo ya sabía lo que se venía, cuando él decidía usar ese tono de voz tipo sabelotodo.

—"¿Qué?"

—"Cállate," Aguanté una risa, pues nunca era bueno meterse en asuntos tan estúpidos como los chismes que Meiling creaba. Sólo Eriol era capaz de ser lo suficientemente audaz —o idiota, todavía no lo había averiguado— de mantener en la línea a Meiling.

Quizás debería pedirle consejo a Eriol, él siempre parecía saber cómo hacerla callar, aún incluso cuando eso le costara la cabeza y que lo cargaran en chismes durante por lo menos, una semana.

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Sakura Kinomoto P.O.V

La idea se me había ocurrido al ver a Yue insistir en jugar con el encendedor, aún incluso cuando Naoko se había quejado de cuán molesto resultaba escuchar el insistente clic-clac de la tapa de metal. Yue sólo había sonreído con petulancia ante las quejas de Yukito que no se cansaba de repetir que el cigarrillo algún día le reventaría los pulmones.

—"¿Qué tal funciona la alarma para incendios?" Mi pregunta interrumpió la pacífica comida que todos estaban teniendo, y sus miradas pronto se dirigieron a mí, como si me hubiera crecido una nueva cabeza.

Tomoyo frunció el ceño y tanto Yamazaki como Yukito lucieron confundidos. Naoko se rascó la barbilla y agradecí al cielo que alguien hubiera escuchado mi pregunta. No me molesté en calificar el semblante divertido/burlón que había tomado Yue, como si mi idea —la cual aún no la había revelado— le parecía lo suficientemente ridícula como para gastar una buena broma con ella.

—"No querrás meterte con eso, Sakura," Naoko fue la primera que habló, —"El viejo Zhang le dará un infarto,"

Tomoyo asintió, —"Sí, no es bueno. Nada bueno,"

Levanté mis manos en el aire, dándome por vencida. ¿Cómo es posible que sepan lo que voy a decir mucho antes de que lo diga?

—"¿Podría hablar por favor?" La pregunta era retórica, por supuesto —"Estaba pensando en...,"

Nuevamente fui interrumpida, esta vez por Yamazaki —"Hazlo. Sea lo que sea hazlo. Yo te apoyo, pequeña mente retorcida,"

El comentario fue halagador, pero la frustración sólo aumentaba especialmente cuando nadie parecía tener intención de escucharme. Había descubierto algunas desventajas en tener varios amigos que no sabía cuándo callarse. Una de ellas era que nunca sabían cuándo callarse, al menos no si ya había terminado de comer.

—"No lo hagas. Sakura, no entiendo por qué diablos quieres meterte en líos, y todo aquel que tenga un gramo de sentido común sabe perfectamente que no puedes joder las alarmas sin ser atrapado en el acto," Yukito habló con una voz aburrida. Pausada. Como si hablara con una niña de tres años. Y yo no era una. Y tenía razón. No entendía nada, principalmente no por qué buscaba causar tantos líos.

Además, si pensaba incrustar algo de sentido común en mi cabeza, con su discurso sólo consiguió el efecto opuesto. Ahora la idea me parecía más atrayente que nunca antes.

—"¿En serio? ¿Así que no se puede joder las alarmas, eh?" Fingí mi voz, mi semblante, mi postura, para que se convirtiera en la de una derrota, y rogué que ninguno descubriera mi acto barato.

—"Nope," Masculló Naoko, volviendo a su lectura. Tomoyo me miró dubitativa y nadie más me prestó atención. Quizás en verdad el intento era demasiado ridículo como para ser tomado en serio.

—"Meiling Li nos está mandando su miradita TQM" Levanté una ceja de escepticismo ante lo que Yamazaki dijo.

—"¿Te quiero mucho?" Repliqué con burla, mientras veía a Tomoyo estrujar su lata de Pepsi vacía.

Naoko bufó su respuesta —"Te quiero matar," No pude evitar encogerme, sabiendo que eso era más probable que lo primero.

Y una mirada en la dirección correcta confirmó cualquier duda que hubiera tenido.

Meiling me odiaba y eso estaba bien, porque si mis cálculos eran correctos, no estaría lo suficiente aquí como para que ella pudiera hacer algo al respecto.

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—"Si tienes idea alguna de lo que estás haciendo, detente," Una voz pausada llegó a mis oídos y al voltearme apreté los dientes por la frustración.

Había sido un plan sencillo, en el que nadie había querido colaborar, ni siquiera Yue el más temerario del grupo. Me había explicado con voz socarrona que quizás era arriesgado pero no estúpido. Aún así me había prestado el encendedor, como si quisiera motivarme a meterme en problemas. Pero yo no requería ninguna motivación, por supuesto.

Había esperado meticulosamente a que pasaran las dos primeras horas después del receso — ¿había esperado? De hecho, fue más como cuando reuní el coraje de hacerlo— y pedí permiso para ir al baño. Me tomé mi tiempo mientras chequeaba que nadie estuviera cerca y con el encendedor en mi mano derecha, me aproximé al detector de humo que se encontraba cerca del salón.

Cuando me disponía a levantarme sobre una de las bancas del corredor, y con el encendedor literalmente ardiendo en la mano, la interrupción de una voz que ya me resultaba familiar provocó que me detuviera.

Había creído que estaba sola. Estaba equivocada.

Fruncí mi ceño, —"¿Qué diablos estás haciendo aquí?"

La mirada de Shaoran Li recayó sobre mí, tal como un yunque lo hubiera hecho sobre el coyote, y aunque yo juraba no tener ningún tipo de consciencia moral, su mirada era lo suficientemente regañona como para hacerme sentir la más pequeña de las criaturas de todo el universo.

Él también frunció el ceño, y Dios me perdone los malos pensamientos, se lo veía aún más increíble así —a un nivel casi peligroso— que borracho y en terno.

—"Debería preguntarte lo mismo," Estiró su mano para ayudarme a bajar. ¿Hablaba en serio? ¿Creía que me había detenido?

Y como para demostrarle lo contrario, me volteé y prendí el encendedor, reavivando la llama en un instante.

—"¡No!" Gritó tomándome de las piernas, intentando retenerme de alcanzar mi cometido.

Todo sucedió muy rápido. Mi brazo se estiró lo suficiente como para que la pequeña llama tocara el plástico del detector, e inmediatamente una alarma se extendió chillona por todo el complejo estudiantil. Shaoran tiró de mis piernas con una gran fuerza y no tuve más opción que dejarme llevar por él. Sus brazos me ayudaron a bajar del banco, mientras la alarma se seguía extendiendo y los primeros gritos de pánico se hacían oír.

Shaoran me tomó del brazo, no antes de mirarme furioso, y me guió —casi me llevaba arrastrando— con ninguna clase de delicadeza y a paso acelerado justo hasta un pequeño corredor, oscuro y que yo no conocía. Pronto, me percaté que estábamos lo suficientemente lejos como para que ningún grito nos alcanzara y fue ahí cuando apliqué toda mi fuerza de voluntad para soltarme.

—"¡Basta!" Por más que luchaba por aflojarme de su agarre de acero no lo lograba, y aunque estaba haciendo mi mejor esfuerzo, esto sólo conseguía empeorar el dolor de mis muñecas. —"¡Déjame en paz!"

Mis palabras tampoco sirvieron de nada y esta vez tuve la oportunidad de ver sus ojos, y prácticamente pude sentir la furia abofetearme.

Me soltó de repente —quisiera creer que fue por mis esfuerzos— pero su mirada aún me perseguía.

—"¿Qué diablos crees que haces, Sakura?" Me espetó, mientras se daba vueltas como si se tratara de un león enjaulado, y el pequeño corredor no colaboraba para nada con mejorar la situación.

Me mordí el labio inferior, rehusando sentirme culpable. Shaoran Li no conseguiría lo que Nadeshiko no conseguiría ni en un millón de años.

Decidí optar por actuar cínica —"¿No sabes cómo se llama lo que hice, prometido?" Lo enfrenté y una breve mirada a mis enrojecidos brazos me aseguró que no era la idea más brillante de todas.

Se pasó una mano por los cabellos y sospeché que lo más precavido sería alejarme de él. No sabía por qué diablos estaba tan furioso. Quizás eran ataques de cólera y yo había estado al alcance para su desfogue.

—"¡Eres una tonta!" Explotó en mi cara, —"¿En verdad crees que con eso puedes vengarte de Nadeshiko? ¡Madura! ¡Con esto sólo conseguirás arruinarte tu vida!"

No sé si fue la combinación de palabras, o quizás porque simplemente la verdad duele, que al fin consiguió unirme en su ira.

—"¡Cállate!" Grité sin importarme un comino el resto —"¿Quién diablos eres tú para decirme esto? ¡No me conoces! ¡Eres sólo un niñito mimado cuya mayor tragedia es casarse con otra niña mimada!" Me erguí desde mi posición, —"¡Y no voy a tolerar que alguien como tú meta su nariz en mis asuntos!"

No esperé que volviera a agarrarme de las muñecas, y también me sorprendió encontrarme intentando golpearlo.

—"Escucha," Ejerció más fuerza en su agarre, como si con eso pudiera enfatizar la orden —"No quiero pelear contigo,"

Apreté las mandíbulas y combatí con las ganas de mandar sus deseos al infierno.

—"¿Me sueltas?" Mis palabras esta vez sí funcionaron y me soltó, pero no sin un último gruñido.

—"Eres una tonta," Mis puños se apretaron y creo que estuve lo suficientemente furiosa como para que sintiera una pequeña molestia en los ojos. ¡No iba a llorar en frente de este idiota! ¡Y yo lo había creído guapo! ¡Bah!

—"No quiero que interfieras más. ¿Me escuchas, Li?" Junté el valor suficiente como para enfrentarlo, pero él ya se estaba volteando para regresar por donde habíamos venido.

Dándome la espalda.

Ignorándome completamente.

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No sabía qué impulso loco y absurdo me había llevado a seguirla cuando salió del salón. Quizás porque el hecho de saberla capaz de marcar la pared del salón en su primer día de clases me estremeció, y aquel pensamiento me había acechado sin dejarme respirar.

Digo, ¿en qué había estado pensando si los rumores de Meiling eran certeros por primera vez?

La duda aún me quedaba y no tardé en seguirla. La observé desde la distancia y por un momento me congelé al saber lo que se proponía.

Ahora no me cabía ninguna duda. Sakura Kinomoto era sinónimos de problemas.

Juro que intenté detenerla. Pero no pude conseguirlo y ahora la escuela es un caos. Todos buscan a quién apuntar el crimen y no me extrañaría que el director decidiera que los culpables fue el grupo de los Tsukishiros.

Maldición. ¿Es que acaso Sakura no pensaba en las consecuencias de sus actos?

Abrí la llave y hundí mis manos en el chorro de agua que se precipitaba con gran velocidad. Ni siquiera el lanzarme agua a la cara logró alejarme de las ponzoñosas palabras que había espetado porque evidentemente se encontraba tan furiosa como yo.

Lo que me había enfurecido más de todo, era haber sido un inútil. Sakura había conseguido su cometido y hubiera hecho algún baile de victoria si no la hubiera agarrado.

En serio. ¿En qué estaba pensando? ¿Qué ideas psicópatas rondaban por aquella cabeza calculadora?

¿Quién eres tú? Eso me había preguntado. Y era cierto. ¿Quién era yo como para criticarla? Demonios, ¿quién era yo como para detenerla?

Sakura era una tonta. Y algún día tendría que percatarse de ello. Y afortunadamente, no tendría que ser yo el que la colocara en el camino del bien, no soy un jodido cura.

¿Quiere meterse en problemas, eh? Pues al diablo con todo. Nunca debí entrometerme.

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—"Señorita Kinomoto, ¿podría acompañarme a mi oficina?" El director sonaba como un oficial de la policía que te pide que lo acompañes —en realidad es la forma más cortés de decir estás arrestado— y por mi parte no hubo ninguna clase de oposición.

No había tardado casi nada en avisar que era una falsa alarma, y una vez que el pánico había fallecido y cuando todos decidieron regresar a sus respectivos salones, el Sr. Z había entrado en mi salón y se acercó específicamente a mi asiento.

Lo seguí hasta la dirección, sin poder evitar mirar una y otra vez las marcas en mis brazos. Ya comenzaban a formarse y resentí más que antes a Shaoran. No sólo se había metido conmigo, me había llamado tonta y había adivinado mi plan, también me había dicho inmadura y me había sentido casi culpable, sino que también me había dejado marcas físicas de su fuerza.

—"Yo lo hice," Confesé sin darle ninguna oportunidad de cuestionarme al viejo Zhang, —"Pero no lo hice sola," Toqué mis muñecas y el dolor que sentí emanar de ellas fue la poca motivación que necesité para completar mi oración.

El Sr. Z me miró como si quisiera adivinar si estaba mintiendo o no. —"¿Y bien? ¿Quién la ayudó?"

No tuve ninguna pizca de culpabilidad al pronunciar el nombre —"Shaoran Li,"

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Shaoran Li P.O.V

Cuando el director se acercó a mí, con la expresión más cansada que jamás hubiera visto en su cara, supe que algo estaba mal. Todos en el equipo nos quedaron mirando, y pasé una mano por mi frente, intentando secar el sudor. Hoy habíamos estado practicando para el campeonato que se viene, y sí, estaba cansado y esta interrupción resultaba fastidiosa.

—"¿Li?" Habló el director, —"Venga conmigo," Confirmando mi teoría de que algo no estaba del todo bien y ahora lo seguí sin preguntar nada al respecto.

Eriol me envió una mirada significativa, como si quisiera preguntarme de qué diablos iba esto y yo aún no lo sabía.

No tardamos mucho en llegar a su oficina y al ver quién se sentaba en frente del escritorio del director, todo en mi cabeza dio un sonoro clic. Y sólo me quedó maldecir por lo bajo.

—"Li, hay una grave acusación sobre ti" No me faltó ver la expresión divertida de Sakura para saber a qué acusación se refería. Igual continué con el juego, pero no sin apretar mis puños para evitarme la tentación de retorcer el hermoso cuello que soportaba aquella manipuladora cabeza de chorlito.

—"¿Sobre qué?" Tomé asiento a lado del demonio encarnado, y el ceño del director se frunció.

—"La srta. Kinomoto alega que usted tuve parte en la falsa alarma," Su voz fue pesada, cansada mostrando que su paciencia estaba al límite. Apreté mis dientes. Maldita sea.

La miré de nuevo, convencido de que si las miradas pudieran matar, Sakura estaría tres metros bajo tierra.

—"Eso es falso," Fruncí el ceño mientras sentía que otra gota de sudor recorría mi sien —"Evidentemente Kinomoto tiene problemas mentales y una pésima memoria," Le envié otra dura mirada y esta vez no la encontré tan divertida —"Intenté detenerla pero fue demasiado tarde,"

El director pareció tomar en consideración mis palabras —"Ella dijo que usted diría eso,"

Volví a apretar mis mandíbulas. Si mataba a Sakura sólo el viejo director sería testigo. Un testigo fácil de eliminar.

—"¿Ah, sí?" Murmuré, —"Piense, señor. ¿A quién cree más? ¿A mí que me conoce desde hace años y sabe que sería incapaz de hacer algo así? ¿O quizás a la nueva estudiante que sólo ayer ensució una pared del salón con sus garabatos?" Sé que sonaba odioso, y la voz me salió gruñona y rasposa. Debía aprender a controlar mi furia, y esta situación no colaboraba con nada.

—"Es cierto, señor. Créame a mí. Shaoran es mi cómplice, y yo nunca hubiera conseguido tal altura, especialmente no para alcanzar el techo,"

Evidentemente ella estaba furiosa conmigo, así que era recíproco el sentimiento.

Sólo me quedó una palabra para describirla.

Perra.

—"¿Saben qué? Como no sé a quién creerle y porque en verdad estoy harto de tanta tontería, los dos están castigados. Dios sabe que es prohibido hacer esto, pero qué diablos. Limpiarán la cafetería todas las tardes y si vuelven a hacer algo como esto, juro que los suspenderé por lo que queda del año. Sus padres serán notificados por su mala conducta," Hizo una pausa, y durante ese momento en particular fue más difícil que nunca el no ceder a la tentación y estrangularla con mis propias manos.

—"Pueden irse,"

Fui el primero en levantarme sintiéndome tan impotente que quería romper algo. Maldición.

Salí de la dirección y pronto escuché la última voz que quería escuchar.

—"¿Creíste que podías joder mis planes sin consecuencias, Li?" Me volteé, dispuesto a enfrentarla. ¿Qué rayos estaba metido en su cabeza en vez de cerebro? ¿Un maldito mosquito?

—"Creí que eras diferente," Hablé lo suficientemente alto como para que ella me escuchara, aún sin acercarme, puesto que temía que mi fuerza de voluntad cediera.

Sus ojos volvieron a bailotear con picardía y súbitamente hicieron algo que no esperaba. Me miraron de pies a cabeza, deteniéndose en lugares estratégicos de mi anatomía —era la forma más decente de decirlo— y sabía que la capa de sudor que recorría mi cuerpo no ayudaba a mi defensa.

—"Te equivocas," Susurró lentamente, sus ojos finalmente mirándome a la cara, haciéndome recordar la buena vista que eran sus piernas y el pequeño arete que tenía en el ombligo. Antes de conocerla me había desagradado la idea de un piercing, pero ahora sabía que en el lugar correcto podía ser malditamente seductor.

Basta. Tenía que dejar de alucinar con su cuerpo, especialmente cuando éste pertenecía al de una verdadera arpía.

—"Supongo que sí," Me encogí de hombros, dispuesto a salir de ahí, sintiendo que cada nervio en mi organismo estaba alterado. ¿Cómo se podía desear a alguien pero al mismo tiempo querer estrangularla? No podía estar del todo cuerdo.

—"¡Shaoran!" Un grito un interrumpió nuestro duelo de miradas, pero eso no evitó que viera cómo rodaba los ojos ante la llegada de Meiling.

Los brazos de ella, me rodearon con gran rapidez, y pronto sentí la presión de sus labios en mi mejilla.

—"¿Qué sucedió?" Sakura nos envió una mirada divertida y pronto la vi alejarse.

Yo no contesté a la pregunta de Meiling, y ella volvió a insistir. —"¿Qué pasó? ¿Qué hacías con Kinomoto?"

Exacto. ¿Qué hacíamos mirándonos como si quisiéramos comenzar a besarnos violentamente, pero tan lejos como para no comprometer nuestra seguridad porque comenzábamos a detestarnos?

—"Nada," Fue la respuesta más sencilla de mi repertorio y pronto conseguí zafarme del agarre de Meiling.

Volví al gimnasio, muy seguido por Meiling, que no había dejado de insistir una y otra vez al respecto.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Hoy definitivamente no era mi día. Eso demostraba que sí existía el karma y si alguien tenía alguna duda sobre su existencia yo podía corroborarlo con mi testimonio.

Sí, había mentido descarada, despiadada e inescrupulosamente al Sr. Z sobre Shaoran. Y ahora el karma venía a morderme el trasero como si se tratara de un perro furioso con grandes dientes.

Cuando lo vi entrar en la oficina supe que estaba en un lío. Por su uniforme podía verse que había estado practicando algún deporte — ¿básquet era?— y por lo sudado que estaba se deducía que la llamada del director lo había interrumpido. Pero todo aquello tuvo poco importancia, porque la camiseta que cargaba exhibía sus brazos y por lo tonificados que sus hombros y bíceps estaban, no me sorprendía de ninguna manera los moretones en mis propios brazos y muñecas.

Respiré profundo, sabiendo que sólo quedaría como una verdadera imbécil si comenzaba a mirarlo fijamente.

Me enfureció la reacción de mi cuerpo al sentirlo cerca, aún incluso cuando sabía que nuestra relación estaba basada en el odio, y que si él me había tolerado de alguna manera había sido porque no habíamos comenzado del todo mal. Pero yo me había enfurecido porque él intentó detenerme y la naciente amistad que podríamos haber tenido se fue por el caño. Después sólo empeoramos las cosas cuando sacamos los cueros al sol.

Sí, mentí con todas mis fuerzas y conseguí vengarme. Conseguí vengarme pero al verlo ahí parado, mientras ahondaba mi herida, pero la venganza no se sintió tan dulce como estaba acostumbrada, y el hecho de que no pudiera despegar los ojos de su cuerpo era bastante perturbador.

Y fue ahí cuando sucedió lo peor de todo. La tragedia. Llegó Meiling, su prometida. Lo abrazó y eso está bien, supongo. Y fue precisamente en ese momento. Lo besó. Y emociones que no había anticipado jamás por nadie, estrujaron mi pecho con feroz persistencia.

Me sentí desdichada por ninguna razón que se me pudiera ocurrir y me entraron unas terribles ganas de arrancarle los brazos a Meiling, cuya falda podía ser lo suficientemente corta como para medir dos centímetros y su cuerpo se pegaba al de Shaoran de la forma en que sus propias ropas lo hacían.

Hubiera entendido la emoción si probablemente la hubiera sentido antes. Pero era mi primera vez, y diablos que me fastidiaba.

Shaoran Li me gustaba, incluso aunque comenzara a detestarlo casi tanto como a su propia prima. Me gustaba porque borracho resultaba comiquísimo y comenzaba a decir tonterías. Me gustaba porque había algo en él que lo obligaba a interesarse por mí, aún incluso cuando mi propia madre no lo conseguía.

Y sabía que estas cavilaciones no me llevaban a ningún lado sino a hundirme más en mi miseria.

Vi la mano de Meiling recorrer la mejilla de él, justo cuando él comenzaba a voltearse. Y en ese preciso instante decidí que quería a Shaoran Li. Necesitaba algo que fuera completamente mío. Algo que me aferrara a este mundo de locura en el que había caído, algo altruista, alguien que se preocupara por mí y porque no hiciera ninguna locura ya fuera por cualquiera de sus motivos.

Y el hecho de que estuviera completamente prohibido obtenerlo, sabía que lo convertiría en algo infinitamente más interesante.

Sabía que Nadeshiko enfurecería. Sabía que Meiling haría todo lo posible para borrarme del mapa. Y también sabía que Shaoran no sería fácil de convencer, pero eso sólo aumentaba mi anticipación.

Notas de Autora:

¿Qué tal han estado, mis queridos lectores? Ahora sí, después del saludo cordial me atreveré a expresar mis sentimientos.

¿Por qué siempre tengo que luchar para que mis lectores dejen aunque sea un 'oye, estoy leyendo tu historia'? ¿Será mi destino soportar decepcionantemente la cantidad abismal que existe entre el número de reviews y la de los hits? Es ahí cuando discrepo, porque algunos me dicen que debería conformarme con el pequeño consuelo de los hits.

Me parece un robo, —sí sé que la palabra es fuerte— y yo entiendo también como lectora que no siempre uno es capaz de dejar tantos reviews como quisiera, porque nuestro mundo lamentablemente da vueltas muy rápido y el tiempo es muy corto. Pero concreto mi posición. Creo que algunos de ustedes —disculpen a todos mis queridos lectores que sí han pasado a dejar aunque sea un review— roban mi tiempo. Me encanta escribir, es algo que en verdad me fascina, y si hago cualquier sacrificio, es porque en verdad me apasiona. Pero me resulta extremadamente doloroso saber que ni siquiera el un por ciento de mis lectores me toma lo suficientemente en serio como para gastar un minuto de su tiempo en mí. Y si ya no les gusta la historia, ¿por qué el número de hits continúa aumentando, pero el de reviews disminuyendo? Es algo que está completamente fuera de mi lógica.

Sucede que, cuando yo empecé en fanfiction, sólo existía la cantidad de reviews. Y yo era feliz. Era feliz porque creía que cada lector que mi historia tenía yo le interesaba lo suficiente como para dejarme alguna crítica, o alguna palabra de aliento. Pero los hits han conseguido evaporar mi ingenua concepción de las cosas y mi decepción sólo sigue y sigue aumentando.

Con todo esto, no quiero decir que los estoy amenazando. No, de ninguna manera, porque para amenazar se necesita tener poder y yo estoy maniatada. Tampoco quiero causar lástima, porque mi estómago no está procesando reviews en este momento. Simplemente quiero hacerles entender cuánta pena todo este asunto siempre ha traído a mi espíritu de escritora, y no sé si algún día me harte de dar y mas no de recibir.

En general, creo que la historia se está desarrollando paso a pasito y tengo que consolidar bases antes de que la pareja principal se vea brutalmente inseparable, ¿no?

Si terminaron de leer esto, lamento mucho haber tenido un desvarío así. Sé que muchos tenemos los suficientes problemas en nuestro mundo como para que nos quieran joder en la lectura con tanta tontería, ¿no?

Con algo de suerte, nos veremos en la próxima entrega.

Sakki Chan