Sakura Kinomoto P

Sakura Kinomoto P.O.V

Cuando bajé a tomar desayuno, encontré un cuadro que quizás hubiera preferido ahorrarme y que quizás, si no hubiera estado de tan mal humor, habría ignorado. En la mesa del comedor, estaba expuesto un banquete que sólo un regimiento podría ser capaz de comer en un mes y después de haber estado agonizando del hambre. Detrás de la mesa, Clow miraba con gran sorpresa a mi madre, devorar la comida que sólo Dios sabría cuánto demoró en ser preparada. Por supuesto, aunque Nadeshiko comiera como un cerdo, nunca perdía su belleza y sólo podía disculpar ligeramente a Clow por no mostrarse asqueado, como yo.

—"Sakura," Wow. Era sorprendente que pudiera pronunciar mi nombre con la boca tan llena. Resistí la tentación de alejarme corriendo. —"¿Hmm?" Pregunté mientras tomaba una manzana del gran cesto de frutas. Una manzana sería suficiente si se trataba de que hubiera perdido el poco apetito que me quedaba.

—"Buenos días. ¿Cómo has amanecido?" Me sentí tensa como cada vez que Clow me hablaba. Era incómodo, especialmente porque sabía que si no fuera porque él en verdad quería estar con mi madre, no quisiera verme ni en pintura. El sentimiento era mutuo así que no había problemas por ese lado. Simplemente no sabía cómo desenvolverme con él, sin soltar algo que no sonora tan amable. En especial cuando mi paciencia del día se había extinguido con Spi.

—"Bien, supongo," Logré soltar calmadamente, dándole un primer mordisco a mi manzana. Vi cómo Nadeshiko se había detenido, justo en el momento en el que creí no soportar más. Su apetito me quitaba mi apetito.

—"¿Crees que ya puedas asistir a tu trabajo?" Ouch. Entrecerré mi mirada con fastidio, aunque ya había visto que eso sucedería. Nadeshiko simplemente no podía deshacerse de mí lo suficientemente rápido. Me preguntaba si su recientemente adquirida pareja tenía algo que ver en aquel asunto.

—"¿Qué trabajo?" Dándole otra mordida a mi desayuno elegí a hacerme la tonta. Pero como era evidente, Nadeshiko no tardó en cavar en mi memoria.

—"El trabajo que habíamos acordado que tomarías, después de clases." Mordí el interior de mi mejilla, para no soltar lo que pensaba de ese estúpido trabajo. No sé por qué, pero me sentía agotada. Me sonrojé y no pude evitarlo. ¿Por qué estaría cansada ahora, después de una buena noche de sueño?

—"Sí, sí. ¿McDonalds?" Fruncí mi ceño, con desagrado ante la idea. No quería trabajar en un restaurante de comida rápida. Quería diseñar mis propios modelos y si no había otra opción, no descartaba el modelaje como profesión. Quería usar ropa de diseñadores aunque no fuera la mía, no un ridículo disfraz del payaso ése mientras algún cliente indeciso decidía espetarme su orden.

—"Sí. El Sr. Wu ya debe estar advertido. Si quieres, puedo recogerte del instituto para que no pierdas tiempo buscando el local," Se tenía que tener serios problemas visuales para no ver el vistoso local. Apreté las mandíbulas, recordando con rapidez mi resentimiento a mi madre. Un fin de semana me había hecho olvidar cuánto en verdad la detestaba. Especialmente cuando quería engañarme en su jueguito de palabras. Ésa era su forma de hacerme notar que estaría pendiente de que yo no me escapara después de clases hacia ningún otro lado aparte de mi soñado trabajo.

Me encogí de hombros, mientras una jaqueca comenzaba a formarse. Nadeshiko podía hacer conmigo lo que quisiera, por hoy. Estaba muy cansada como para poder discutirle.

—"Me voy," Sabiendo que estaba demás decirlo.

El camino al instituto nunca me había parecido tan liberador. Y no me importó llegar tarde, por primera vez en mi vida.

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Shaoran Li P.O.V

Fue fácil huir de mi casa, particularmente porque mis hermanas habían decidido que hoy era el día de "abraza a Shaoran hasta asfixiarlo", una peculiar fecha en la que me mantenía completamente alejado de la casa.

Así que al coger mis libros, aunque estuviera apresurado por salir, me percaté con un gruñido que la tarea que se suponía debía entregarle a Sakura, había sido completamente olvidada en medio del caótico fin de semana. No me sentí culpable por ello, sino más bien furioso, especialmente en el recuento de los hechos más recientes.

Cuando llegué al instituto supe que era demasiado temprano como para que Sakura hubiera llegado, pero no demasiado tarde como para encontrarme solo. En mi camino al salón, me encontré algunos amigos y profesores que saludaron en mi dirección, pero como mi ánimo no lo permitía, sólo recibieron de mi parte un cortante 'buenos días'.

Las ideas en mi cabeza no dejaban de atormentarme, pero nada se comparaba a la tortura que recibiría de mi supuesto mejor amigo, Eriol, a quien sabía que no podía evadir tan fácilmente como a todos.

—"Hey, Shaoran. No he sabido de ti en este fin de semana," No era una frase que se le adjudicaría a un amigo. Especialmente no si le sumabas el gesto sombrío. Nop.

—"He estado ocupado," Eriol frunció su ceño y solté un suspiro. —"Desembucha," Palmeó el hombro que aún me dolía, y me encogí por el dolor. No estaba seguro si después de todo podría presentarme a la práctica de hoy.

Arrugué mi entrecejo en un intento por ahuyentarlo. Fue inútil, obvio. —"Shaoran, me dirás lo que te tiene jodido y por qué te encoges como niñita cuando hago esto," Empujó su puño contra el lado más sensible de mi brazo.

—"¡Maldita sea!" No contuve el grito, consiguiendo la mirada ultrajada de algunos cuyas sensibilidades eran demasiado exquisitas como para que hubieran escuchado un insulto en sus vidas. Eriol sólo mostró sus dientes en una sonrisa. Súbitamente me parecía atractivo devolverle la caricia sobre sus perlados incisivos.

—"Desembucha," Repitió, mientras caminábamos al salón.

Me debatí por un momento en contarle la verdad a Eriol. ¿Cómo podría empezar? ¡Ah, sí! ¿Qué tal con esto? 'Mi tío me dejó de niñero de la hija de su mujer, que por cierto, me muero por ver desnuda'. Ahora que lo ponía así, me hacía ver como el más grande pervertido del mundo.

Decidí ir por lo fácil. Mentir.

—"Me quedé encerrado," Okay. La mitad es mentira. Sakura se había quedado encerrada. —"Y tuve que romper la puerta. Fin de la historia," Entrecerró sus ojos, como si no quisiera darse por vencido, pero en eso estábamos de acuerdo, no le diría una sola palabra más.

Tomé una fuerte respiración, cuando sentí el abrazo asfixiante de Meiling. Genial. Simplemente estupendo.

—"¡Buenos días!" Me la saqué de encima como pude y tomé asiento en mi banco. No acababa de sacarme encima a uno, y enseguida venía el otro.

Más compañeros llegaron al salón y no me molesté en corresponder a sus saludos y a sus estúpidas sonrisitas. Estaba de pésimo humor y no quería ser descortés con alguien que no se lo mereciera.

—"¡Imagínate mi sorpresa! ¡Su novio regresó! ¿Puedes creerlo? ¡Y es apuesto! Por supuesto que ella no se lo merece, pero ahora me siento más tranquila, ¿puedes creer que fuera lesbiana? ¡Yo creí que lo era! Con toda esa onda desadaptada y porque se junta con la escoria de la escuela, digo, ¿quién en su sano juicio quisiera estar con Daidouji?" Meiling parloteaba animadamente con sus compinches, que parecían estar sedientas y las palabras ponzoñosas que salían de la boca de Meiling, fueran el agua que necesitaban beber con urgencia.

Usualmente no gastaba mis energías escuchándola, ni siquiera cuando se dirigía a mí, pero como estaba obsesionado con Sakura, cualquier cosa que escuchara sobre ella llamaba mi atención. Apreté mis puños al oír los chismes que la bocona estaba inventando, pero lo que más me molestó fue que tenía razón sobre el regreso del susodicho noviecito.

—"¡Sí! Ja, ja, ja. ¿Te imaginas?" Meiling estalló en carcajadas y pronto me percaté que yo no era el único en prestarle atención. Todos los que estábamos en el aula la mirábamos expectantes, supongo que para obtener información.

La risa de Meiling llegó a un alto cuando Daidouji y sus amigos entraron al salón. La tensión era tangible entre ambas y me pregunté si la recién llegada habría escuchado los cuentos de Meiling.

Probablemente en el polo Norte no.

—"¿Qué me miras?" Preguntó despóticamente Meiling, mientras la otra chica sólo permanecía en silencio y luego se encogía de hombros. Con tranquilidad se fue hacia su asiento para dedicarse a conversar en voz baja con sus otros amigos.

Me sentí irritado más allá de la razón con Meiling. Sabía que podía joder. Sabía que podía ser una parlanchina. Pero no sabía que era una jodida perra. Nunca me había percatado de lo mal que se comportaba con las personas que no le agradaban, jamás me había percatado su falta de tacto y de reserva. ¿Sería este el monstruo con el que me tocaría vivir por el resto de mis vidas? No pude evitar gruñir mi frustración. Al parecer, Sakura no era la única que necesitaba de disciplina.

El profesor de Trigonometría entró y no tardó mucho en anunciar una prueba sorpresa. Joder. El día sólo estaba comenzando.

Disimuladamente desvié mi mirada hacia la banca junto a Daidouji. Así que Sakura había faltado otro día.

Apreté mis dientes con rabia. ¿Todavía la pobre bebé se sentía mal?

Pues eso estaba perfectamente en orden conmigo. Así ya no tendría la tentación de asfixiarla.

Ni de besarla.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Cuando entré en mi salón, el silencio reinaba y Herman Munster paseaba intermitentemente, de un lado a otro. Vi que todos tenían sólo una hoja sobre el pupitre y parecían concentrados en lo que quiera que estuvieran haciendo.

Tragué en seco.

—"Señorita, es agradable contar con su presencia," La mirada de Herman claramente me indicaba que estaba siendo sarcástico. El hombre me despreciaba y supongo que era lo justo porque él tampoco era mi monedita de oro.

Me extendió una de las hojas que tenía en el escritorio y no me quedó ninguna duda de que ésta era una prueba. Una prueba que yo fallaría, porque venía de un pueblo cuya prioridad era Literatura y no Trigonometría, para mi desgracia.

Tomé la hoja y caminé con lentitud hacia mi pupitre, tratando de que mi cara de espanto no se notara mucho, especialmente porque por el rabillo de mi ojo derecho podía ver a Shaoran Li, quien no tenía reparo alguno y me miraba atentamente.

Apreté mis dientes porque él no era el único que me miraba con curiosidad. Todo el salón lo hacía, de hecho.

Me senté, pero estaba punto de un colapso. Okay. Tenía que tomar esto con calma. Respira. Inhala, exhala. Okay. Busca la hipotenusa de éste y saca la raíz cuadrada... ¿o era al cateto? Ay, estaba jodida.

—"Sakura" Levanté mi cabeza ante el susurro, y busqué de dónde venía. Tomoyo era quien me estaba llamando. Me sentí irritada por un momento, si quería adivinar de qué iba esta vaina tenía que hacerlo ya. No estaba dispuesta a una charla amistosa.

—"¿Qué?" Susurré mirando a Herman. Lo último que quería era que pensara que estaba copiando.

—"¿Te ayudo?" Miré a Tomoyo sorprendida, y me mordí el labio al ver que ella sostenía su hoja de tal forma que yo pudiera ver todo lo que había hecho, lo cual era toda la prueba.

Eché un vistazo a Herman, sin poder creer mi suerte.

Okay. Necesitaba analizar mis opciones rápido. Opción una. Podía copiarle toda la prueba a Tomoyo, con el riesgo de que tuviera las respuestas incorrectas. Opción dos. Hacía yo mi propia prueba sabiendo que mis respuestas estarían mal.

No había comparación.

Con avidez sostuve mi lápiz y comencé a copiar. Sí, no lo más ético, pero uno tenía que hacer lo que tenía que hacer, ¿no? Quizás después podría pedirle a Tomoyo que me enseñara de qué iba todo esto.

Oh, ¿a quién engañaba? Esta materia y yo tenemos tanta compatibilidad como el agua y el aceite la tenía.

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Shaoran Li P.O.V

Había visto a Sakura deslizarse en el salón como si fuera la dueña de todo el lugar. También la había visto espantarse por la prueba que el maestro le entregó. La había visto caminar hacia su asiento. Y la había visto luchar por muy poco tiempo contra las preguntas hasta que finalmente comenzó a copiar lo que Daidouji le estaba ofreciendo.

Sí, dirán que estoy obsesionado. Y ya que tengo que ser honesto conmigo mismo, estoy obsesionado.

Entregué mi prueba con disgusto y volví a sentarme en mi lugar, con la gran hazaña de no dirigir mi mirada hacia ella.

¿Qué hacía que me sintiera tan atraído por ella? ¿Qué era? ¿En qué momento había sucedido? ¿Desde que nos habíamos conocido? Sí, probablemente desde el primer momento en que la vi. ¿Qué me gustaba de ella? ¿Sólo me gustaba su físico? No, no sólo su cuerpo. Me gustaba su forma de ser, porque podía enfrentárseme y ser una molestia al mismo tiempo.

Tenía que recordar que nada podría suceder entre ambos. Absolutamente nada, porque cada uno tenía su propia pareja. Por supuesto que la mía no era por elección propia, pero igual le debía respeto. Meiling podía joder, pero yo la estimaba.

El timbre sonó, indicando el fin de la hora. Estaba aburrido. Sí. Demasiado aburrido. Y por eso Sakura me gustaba. Era una novedad, con toda su onda rebelde y su actitud, además de ese cuerpo que una chica de nuestra edad no debería tener. Me gustaba porque era algo nuevo, diferente de Meiling, muy, muy diferente. Sakura era una distracción. Tenía que ser una distracción. Y ya había tenido suficiente.

El profesor comenzó a retirar las hojas que aún no habían sido entregadas y pronto pude oír los quejidos de Meiling.

—"¡Una prueba sorpresa!" Rodé mis ojos completamente aburrido. —"¡Estuvo difícil!" No, no lo estuvo. Lo difícil para mí fue concentrarme en lo que estaba haciendo.

Fruncí mi ceño y decidí levantarme. Después de esto, no tendría que volver a pensar/mirar/fantasear ni nada con Sakura Kinomoto. Mis responsabilidades hacia ella terminaban con entregarle las tareas que tenía pendientes y hasta ahí llegaba mi rol de buen samaritano. Estar junto a Sakura era como jugar con fuego, y más temprano que tarde me quemaría.

Sus amigos estaban reunidos a su alrededor, conversando animadamente hasta que se percataron de que yo me estaba acercando.

Daidouji tosió y señaló en mi dirección. Todas sus miradas recayeron curiosas sobre mí pero no me sentí incómodo. Estaba acostumbrado a que la gente me mirara y no era por ser presumido.

—"Sakura," Su cara fue la última en voltearse a mi dirección y por un momento la sorprendí. Pero rápidamente se recuperó, frunciendo su ceño.

Es la última vez que hablaría con ella. La última vez. Lo juro. Debía cortar el mal por la raíz. No quería terminar en la cárcel por asesinato y eso estaba seguro que lo cometería si Sakura continuaba buscándome pelea.

Le extendí la carpeta que tenía todos los trabajos, y pude ver cómo sus ojos volvían a expandirse en sorpresa.

—"¿Qué es esto?" La cogió sin huir de mi mirada. Aún estaba furioso con ella. No podía olvidar el papel de tonto que me había hecho interpretar. Simplemente no podía olvidarlo.

—"Tus tareas," Me encogí de hombros y una pequeña sonrisa arrogante se me escapó, —"Disfrútalas. Todas para este miércoles," Sus ojos se entrecerraron de manera sospechosa.

—"¿Por qué no me las diste antes?" Me volví a encoger de hombros, y decidí hacerla sentir incómoda. Una milésima parte de lo que yo había sentido.

—"Estuvimos ocupados," Su sonrojo fue evidente. Sus mejillas se encendieron como dos farolillos rojos y bajó la mirada.

Me volteé, para regresar a mi asiento y me percaté de que ya había llegado el profesor de la siguiente hora.

—"Gracias," Su agradecimiento, aunque había sido susurrado, me alcanzó. Fruncí mi ceño, porque ser agradecida no era una de sus cualidades, al menos que yo supiera.

Apreté mis dientes y me senté en mi asiento. Sería difícil desintoxicar mi organismo de Sakura Kinomoto. Pero lo conseguiría. Estaba seguro que lo haría. Necesitaba hacerlo antes de que cometiera peores errores.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Había sido extremadamente vergonzoso. Y no por lo que había sucedido entre nosotros durante el fin de semana. Sino más bien por aquel sueño que había tenido con él de co-protagonista. Las imágenes regresaron como un vendaval a mi mente, cuando escuché que me llamaba. Mi espalda se puso rígida y mis manos me temblaron. Los cabellos de la nuca seguramente se me erizaron por el escalofrío.

Aún no había procesado las imágenes cuando me vi forzada a actuar coherente. No una tarea muy fácil cuando lo único en que puedes pensar es en cosas que sólo deberían estar en películas para adultos. Quería cavar un hoyo bien profundo y hundirme en él antes de enfrentarlo.

Sus ojos habían estado curiosos, por Dios. ¿Habría visto cómo me estremecí? ¿Tenía idea alguna de mis oscuros pensamientos?

La conversación había sido breve, particularmente porque otro profesor ingresó al salón, y no pude evitar soltar un suspiro de alivio cuando el escrutinio en su mirada ya no descansaba en mí. También se le notaba tenso, molesto y yo sabía por qué. No pude reprimir una sonrisita tonta. Shaoran estaba celoso. Pues le venía bien una cucharada de su propia medicina, porque yo me sentía peor cada vez que lo veía con Meiling.

—"Saquen su texto y en la página 108 encontrarán..." La voz del maestro me sacó de mis cavilaciones y traté de limpiar mi mente de Shaoran. No fue posible.

—"Sakura," Mi mirada se dirigió a Tomoyo, quien me miraba con el ceño fruncido. —"¿Qué hay con Li?" Levanté mi cabeza en una reacción inmediata que no pude evitar. Creo que incluso me sonrojé.

—"Nada," Mentí esquivando su perspicaz mirada, y me percaté que tanto Yukito como Naoko habían regresado a sus respectivos pupitres. Ay, ¿tanto me había demorado en mis ensoñaciones?

Pero como era obvio, Tomoyo no se resignó con mi respuesta —"¿Cómo es que te trae tu tarea?" Tomé una fuerte respiración, tenía que calmarme.

—"¿Hablas en serio?" Fruncí mi ceño y puse mi mirada más asqueada —"El idiota se olvidó de entregármela. ¿Qué clase de mente de pollo se olvida de algo tan importante?" Bueno. En realidad no me alejé mucho de la verdad. Por supuesto que no lo consideraba un idiota, pero lo último que me convenía era que todo el instituto tuviera la más mínima pista de que Shaoran Li invadía mis sueños más retorcidos. No, eso no me convenía particularmente por cierta muchacha escandalosa que no dudaría en romperme la columna vertebral si se enteraba que su prometido y yo hemos ido más allá de los abrazos amigables. Como aún no conocía del todo a Tomoyo, no podía estar cien por cien segura de que no era una adicción de este colegio esparcir la información más privada de todos a todos.

Suspiré en alivio cuando Tomoyo pareció satisfecha con la respuesta. —"No te conviene meterte con ellos, Sakura" Claramente se refería a Shaoran y todo su grupito de chicos populares. Asentí a su oración, pero sabía que ya no había salvación para mí. Había cruzado las líneas enemigas.

Agradecida porque Tomoyo decidió prestar atención las tonterías que el profesor estaba diciendo, y no continuó con sus comentarios/advertencias ni con el interrogatorio previo al que me había forzado —ustedes saben, ¿estabas enferma? ¿cómo te sientes? ¿ya estás bien? ¿No es contagioso?— y al que yo había respondido en monosílabos por temor a meter la pata y contar más de lo que debía. En parte, le debía a Shaoran la oportuna interrupción, pero supongo que me lo debía, ya que ahora estaba forzada a mentir sobre todo lo había sucedido entre nosotros, que aunque no llegaba a compararse con mis sueños —sonrojo— podía ser suficiente como para que Meiling nos triturara los huesos. A ambos.

Suspiré, mirando la carpeta que Shaoran me había entregado. Estupendo. No sólo tendría que asistir a mi estúpido trabajo como cajera, sino que también tendría que ponerme al día con los deberes y atender a clases. Tiempo, tiempo. Quería ver a Kero, quería leer un buen libro como no lo había hecho en las últimas semanas o ir al cine a ver alguna buena película y todo esto me frustraba. Estaba cansada porque a pesar de haber dormido plácidamente, el contenido de mis sueños provocó que no recibiera descanso alguno de ellos, y encima de todo, me dolían las costillas que aguantaron el golpe en el baño.

En serio.

¿Algo me podía ir peor?

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Shaoran Li P.O.V

Salir del salón, durante el receso fue una bocanada de aire puro y fresco directo a mis pulmones y unas pequeñas vacaciones a mis oídos, de todos los chismes que Meiling tenía en su almacén para sus amigas. Lo más extraño era que toda la conversación se centraba precisamente en la última persona de la que quería oír/ hablar.

Al parecer, Eriol también estaba harto, y fue por eso que lo seguí a sentarme en una mesa separada de Meiling. Honestamente, ¿es que acaso no tenía que respirar?

—"Aburrido," Eriol rió por un momento —"Estoy mortalmente aburrido," Me encogí de hombros, mientras abría mi soda.

—"Tengo que conseguirme una chica," Continuó, mientras escaneaba toda la cafetería. —"¿Crees que sean ciertos los rumores sobre Kinomoto?" Entrecerré mi mirada.

—"¿Cuál de todos?" Pregunté honestamente. En serio. Meiling había inventado tantos que si Eriol quería que yo fuera más específico sobre ella, tenía que ser más explícito.

Mostró una pequeña sonrisa —"Que tiene novio," Ahí iba de nuevo. Todo tenía que regresar a ese maldito punto para mí. ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Estaba harto!

—"Sí," Gruñí mordiendo mi sándwich. No quería hablar de esto. No quería hablar de ella. No quería escuchar sobre ella. ¿Por qué nadie lo entendía? ¿Por qué nadie parecía entender que estaba tan obsesionado sobre ella que cualquier conversación que alguien tuviera conmigo, tendría que terminar sobre ella? ¿Por qué?

Eriol se encogió de hombros —"No hay problemas con eso. No soy celoso," Rodé mis ojos. Genial. Otro idiota a la lista. Haz fila, amigo.

—"¿Crees que yo le guste?" No pude evitarlo, y rodé otra vez mis ojos. En serio. Me mordí la lengua para preguntarle: '¿sabe que existes?'.

—"No lo sé," Mi respuesta fue lo suficientemente honesta. Le pagaría un millón de dólares a quien pudiera descifrar la mente de aquella chica.

Eriol pareció satisfecho —"Bueno, si no le gusto a ella, talvez pueda tener alguna oportunidad con su amiguita. ¿Cómo se llama? ¡Ah, sí! Daidouji. Meiling se la pasa hablando de ella todo el día..." Al parecer no era el único en notar el odio acérrimo que Meiling sostenía por esa chica.

Fruncí mi ceño, —"Eriol, ¿no tienes suficiente con todas esas chicas que te persiguen?" Era una pregunta que siempre había querido hacerle. Eriol siempre había sido acechado por la populación femenina del instituto. Al no parecía incomodarle, pero de haberme encontrado en su posición, seguramente me sentiría irritado. Nunca me había percatado que probablemente Meiling fuera la responsable de que ninguna chica tuviera el valor de acercarse con otras intenciones a parte de amistad, hacia mí.

Eriol frunció su ceño, pensativo y luego se encogió de hombros —"¿Hablas en serio? ¿Dónde está el reto en eso? ¿Qué chiste hay en conquistar a una chica que se muere por ti?" No pude evitar fruncir mi ceño ante su razonamiento, pero no dije nada, así que él continuó hablando —"Supongo que Sakura será difícil, de hecho, no me ha mirado ni una sola vez. Eso es un reto," Se rió con malicia, y apreté mis puños. ¿Por qué me habían entrado ganas de golpear esa linda carita de niño guapo que Eriol tenía?

—"¿Y Daidouji? ¿Dónde está el reto con ella?" Intenté cambiar de tema para olvidar mi furia, y Eriol siguió la corriente.

—"Eso es sólo para joder a Meiling y probablemente al idiota de Yamazaki. Y además, está buena" Su frase provocó que ambos dirigiéramos nuestra mirada hacia la mesa en donde un gran grupo conversaba y reía. Sakura estaba riendo. No era muy común verla reír, pero le sentaba.

—"Deja de joder, Eriol. Si te metes con Daidouji, Meiling tendrá tu cabeza de desayuno," Aparté mi mirada de la mesa y encontré a Eriol mirándome. Oops. Busted.

—"Te gusta," No pude reprimir un gemido interno. Maldita sea. —"Te gusta Kinomoto," Respiré con fuerza. ¿Es que era un libro abierto? ¿Ya no podía guardar ni un secreto?

—"No," No parpadeé cuando lo dije. Es que era cierto. Sakura no me gustaba. Sakura me obsesionaba.

Pero Eriol no se tragó mi cuento y soltó una carcajada —"¡Te gusta Sakura Kinomoto!" Apreté mis dientes sintiendo que el último sorbo que le había dado a mi soda sabía a mierda.

Maldita sea.

—"Publícalo en un maldito periódico," Pero Eriol estaba sumido en sus risas ahogadas y miré alrededor para saber si alguien había escuchado. Gracias a Dios nadie parecía haber oído nada.

—"¿Desde cuándo?" Entrecerré mis ojos. —"Si crees que te voy a contestar eso, estás muy equivocado," Él sólo volvió a reírse, y me hundí en mi miseria.

—"No te culpo," Se encogió de hombros —"Está buena. Mejor que Meiling," Pareció darse cuenta de algo y la ola de risa volvió a estallar.

—"¿Ya terminaste?" Pregunté con impaciencia, todo mi apetito directo al drenaje.

—"Estaba pensando. Meiling te haría picadillo si supiera. Cuéntame, ¿ya la besaste?" Miró mi cara, como si quisiera averiguar la verdad y miró mi labio con curiosidad. El labio que Sakura había herido.

Sabiendo que ya estaba en el infierno, decidí contarle. ¿Qué más daba? —"Jura que no le contarás a nadie, aunque te torturen y juren que van a matarte,"

Eriol sonrió satisfecho, —"¡Soy una tumba!"

Okay. Era una historia más o menos larga.

Descubrí que no sólo Meiling podía fisgonear en la vida de otros. Eriol lo sabía hacer a la perfección. Sólo podía agradecer que la percepción de Eriol no la tuviera Meiling, caso contrario, estaría tres metros bajo tierra.

Ay, ¿en qué lío me había metido?

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Sakura Kinomoto P.O.V

—"¿Vas a comerte eso?" La voz de Yukito provocó que saliera de mis pensamientos, y le extendí el resto de mi hamburguesa —la mitad— con una pequeña sonrisa.

—"Qué cerdo eres," Ésa era Naoko, que no despegaba la vista de un nuevo libro sobre vida alienígena.

—"Esa no es ninguna novedad," Yue habló sobre un cuadernillo, que sostenía mientras dibujaba algo que no había permitido que ninguno de nosotros viéramos.

Ninguno de los comentarios sirvió para que Yukito se arrepintiera de quitarme lo que me quedaba de comida. Me encogí de hombros, sabiendo que en realidad no tenía hambre.

—"¿Qué puedo decir? Soy un joven que todavía necesita crecer" Yukito se encogió de hombros, y provocó que Tomoyo y yo nos riéramos. El pensamiento de que él quisiera crecer más, cuando tanto su hermano como él mismo, me sacaban una cabeza de alto, dejaba mucho que decir.

—"¿Es que acaso ya no quieres entrar en el salón?" Tomoyo preguntó, mientras husmeaba en el boceto de Yue, quien no tardó nada en apartarlo con un rápido movimiento.

—"¿Sabían que en la Dinastía del emperador...?" Yamazaki había estado demasiado ocupado comiendo como para unirse a la conversación, pero no fue por mucho tiempo.

—"Calla, Yama. Tengo un plan," Yue interrumpió cualquier historia que Yamazaki hubiera comenzado a decir, y atrajo la atención de todos cuando dejó su cuadernillo sobre el centro de la mesa que estábamos ocupando. Lo miré con curiosidad, y recibí una sonrisa calculadora.

—"¿Y cuál es el gran plan, genio?" Tomoyo agarró el cuaderno y lo estudió sorprendida, para luego dirigirle una mirada de pocos amigos a Yue —"¿Qué nos atrapen? ¡Esto es una locura!" Miré el cuaderno, en el que estaba dibujado el instituto.

Con llamas alrededor. Muchas llamas. —"¿Incendio?"

Yue asintió satisfecho —"Masivo. Gente gritando, despavorida. ¿No suena genial?" Sí, sonaba genial para un loco psicópata.

Tragué en seco. Yue había dicho que yo era un bebé en cuestión de hacer travesuras. Probablemente lo era. —"¿Hablas en serio? Me castigaron por una semana —creo que dos—por sólo alarmar. ¿Te imaginas lo que sería esto?" Okay. Sin importar que no hubiera sido yo la que había cumplido con el castigo —limpiar la cafetería, ¿recuerdan?— me habían castigado.

Yukito frunció su ceño —"Sakura tiene razón. Podrían expulsarnos,"

Naoko había regresado a su lectura, pero eso no le impidió comentar —"¿Expulsión? ¿A quién le importa una expulsión? Iremos a la cárcel,"

Tomoyo asintió —"No se va a poder hacer, chiflado. ¿Qué pasará si alguien queda herido?"

Yamazaki suspiró —"Pueden haber muertos, viejo,"

Pero Yue parecía inflexible. Se encogió de hombros. —"Okay. No toda la escuela. ¿Qué tal el gimnasio?"

Los ojos parecieron iluminársele a Tomoyo —"¿Durante la práctica de las porristas?" ¿Eh?

—"¿Por qué?"

Tomoyo me sonrió malévolamente —"Meiling Li es porrista," Una pequeña sonrisa se puso en mis labios.

—"Supongo que no será tan masivo como quieres," Yamazaki se encogió de hombros, mirando a Yue —"Pero servirá como diversión,"

Yukito sonrió un poco —"Y será suficiente como para darle un infarto al viejo Zhang," Oh, sí. Nuestro director no soportaría semejante golpe.

Yue sonrió —"¿Se unen?"

Tomoyo estrechó su mirada, —"¿Bajo mis condiciones?" Yue asintió apresuradamente.

Fue mi turno, —"¿Nos vamos a dejar atrapar?" No me convenía agregar otra detención a mis agresiones, particularmente porque no tenía tiempo.

Fue Yukito quien me contestó —"Diablos, no. Si nos atrapan será porque alguien nos berreó,"

Yue lució exasperado, —"¿Se unen o no?"

Tomoyo sonrió —"Síp,"

Naoko sólo asintió. Yukito también. Yamazaki soltó un —"Maldita sea, será divertido," Y pronto la mirada de todos recayó sobre la mía.

Con un suspiro, solté mi respuesta. —"Cuenten conmigo," Sabía que esto sería una molestia y un futuro dolor de cabeza. Que sería el acto más vandálico que hubiera cometido en toda mi vida y que tenía razón a creer que no traería nada bueno. Pero todo valía la pena si podía ver a Meiling Li gritar del pánico.

Síp. Valía la pena.

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Shaoran Li P.O.V

—"Estás jodido," Soltó Eriol con su maldita sonrisilla irónica en la cara. Rodé mis ojos. No necesitaba que alguien confirmara que estaba jodido. Ya lo sabía. Y lo sabía bastante bien.

Le había contado desde que la conocí, el anuncio de mi compromiso, el inicio de clases, las veces que ella me había provocado, cuando estuve "cuidándola", cuando había conocido a su novio, todo absolutamente todo. La historia era más o menos larga, pero Eriol había estado tan ávido de información que no le importó que yo monopolizara la conversación durante todo el receso, para sólo declarar al final un 'estás jodido'.

Un jodido 'estás jodido'. Digo, ¿no tenía alguna clase de consejo? ¿No me iba a decir que me aleje de ella de una buena vez por todas? ¿Qué clase de amigo era?

Fruncí mi ceño al ver que su sonrisa no se borraba. ¿Qué diablos le parecía tan divertido?

—"Yo digo que le gustas, viejo," El comentario fue tan inesperado y su contenido me tomó por completo de sorpresa. Fruncí mi ceño. Eso no era cierto. Y si creía que eso era lo que yo quería oír, estaba equivocado. No necesitaba que me alentara, ¡necesitaba que hiciera que algo de sentido entrara en mi cabeza, por Dios bendito!

—"¿No lo has cogido, Eriol? A ella le gusta jugar. Conmigo. ¿Y tú me dices que yo le gusto?" Bufé a lo ilógico de la idea. Sakura sólo quería vengarse de todo el que tuviera alguna relación, parentesco o amistad con su madre. Y yo le ofrecía las oportunidades más perfectas para que me tratara como le viniera en gana, por esta estúpida atracción que sentía hacia ella.

Por una vez en su vida, Eriol adoptó un gesto serio. Hasta el momento, había creído que era virtualmente imposible.

—"No, Shaoran" Fruncí mi ceño —"¿No lo ves? Tú le gustas," Rodé mis ojos, porque estaba hablando estupideces.

—"No me soporta. Y además," Solté con un suspiro resignado —"si aún fuera cierto lo que estás hablando, lo cual no es así, tengo que aclararte estoy comprometido,"

Eriol resopló como si la idea le parecía ridícula —"Joder, eso no significa que estás castrado,"

—"Eso es exactamente lo que significa," Me levanté de la mesa, sin ningún interés en continuar con esta conversación. Había sido inútil contarle todo a Eriol. De hecho, había sido más perjudicial que otra cosa.

Porque había dejado su frasecita retumbando en mis oídos.

'Tú le gustas,'

Como si no tuviera la suficiente inspiración para mandar al infierno a todo.

'Tú le gustas,'

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Sakura Kinomoto P.O.V

—"Hasta mañana," Me despedí de la mano de Naoko y Yamazaki, cuya ruta era opuesta a la mía. ¿Mi destino? Aunque no se lo había dicho a nadie —no sé por qué, en realidad— iría al McDonalds.

Hoy no me había ido tan mal en el instituto, y se podía decir que tenía una buena razón para asistir y no pretender muerte cerebral esta noche.

Aún no me quedaba claro de qué iba todo el odio de Tomoyo hacia Meiling, pero no es como si me estuviera quejando. Meiling en verdad podía ser detestable y si alguien en verdad merecía todo lo que mis amigos le tenían preparado, ésa era la prometida de Shaoran.

Ah... Shaoran. No sabía ni cómo comenzar sobre él. Estaba avergonzada aunque sea por razones que él no supiera, pero no podía evitar sentirme con la mente sucia. Además, él seguía tan molesto conmigo que no me había dirigido una sola mirada —créanme, había estado muy pendiente— mucho menos la palabra.

Digo, había sido un plan maestro convencer a Kero para que me siguiera la corriente, pero ¿cuánto debería pagar con Shaoran? ¿En verdad pensaba ignorarme hasta el fin de nuestros días?

Suspirando porque no tenía ningún plan bueno a mano, caminé con lentitud hacia mi nuevo y forzado trabajo. Cuando vi un Mercedes, extrañamente parecido al de Nadeshiko parqueado en frente del local, no me quedó ninguna duda de lo forzoso que sería mi estancia laboral.

—"¡Hija!" La voz de Nadeshiko me llegó desde la distancia, y quise llorar de la frustración en ese mismo momento.

En serio. ¿Cuánto más podría empeorar mi vida? Y sé que no tengo tiempo ni para quejarme mentalmente, pero qué diablos. Tenía una completa zorra —preñada— por madre, un padre que se había olvidado de mi existencia y hundido en el alcohol, un padrastro que probablemente quería verme en un internado en Suiza, un hermano que no recordaba ni cómo me llamo —seguramente—, un gato que interrumpía mis fantasías, unos amigos pirómanos, un mejor amigo cuyo futuro le valía un bledo, una loca psicópata chismosa y hablantina a la que pronto le haría pegar el susto de su vida por rival y el último detalle pero no el menos importante, un chico al que me encantaba y sobre el que estaba obsesionada pero que yo le resultaba tan madura como una niña de tres años —¿una tunda, recuerdan?— y que no me dirigía la palabra y que estaba comprometido.

En serio. ¿Cómo alguien no puede quejarse estando en mi situación?

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El Sr. Wu —socio de Clow, y ahora mi nuevo jefe— resultó ser tener el mismo atractivo como una moneda sin valor y embarrada en lodo. Exacto. Un hombre bajito, que aunque yo no estaba usando tacones altos —estaba en zapatillas deportivas, ¡por Dios bendito!— y siquiera le sacaba un par de pulgadas de altura. Su cabeza brillaba por el efecto de la calvicie y el poco pelo que le quedaba se curvaba en ondas —no rizos, más bien como un copete— que resultaban bastantes anticuados para la época. Sus ojos eran saltones, y sus cejas estaban pobladas de canas, lo cual me hacía dudar de la autenticidad de la negrura de su cabello. Tenía un gran lunar cerca de la nariz, que se movía al compás de su monótono ritmo, pero aquel detalle se perdía debido a la protuberante nariz aguileña cuyo bellos parecían estar apuntando en mi dirección. Llevaba un terno cuyo saco no combinaba en color con el pantalón —un café más claro y otro más oscuro, casi negro— y su camisa amarilla no iba con la corbata roja chillona que le llegaba hasta las rodillas, o al menos así parecía. Los que deberían haber sido zapatos de cuero y de acuerdo al color de su cinturón, negros, eran en efecto, zapatos negros pero deportivos. Y el toque final era que sus manos se movían nerviosamente lo cual acentuaba más el dedo medio de su mano derecha cuya uña tenía el hongo más asqueroso que he visto en mi vida, el mismo que usaba para poner en su lugar los lentes de botella.

Se preguntarán por qué noté tantos detalles en un payaso como éste —y sin querer ofender a los payasos, ¿eh?— porque no tenía otra cosa más que hacer.

Nadeshiko me había presentado al Viejo Wu, como prefiero llamarle, y había sido bastante explícita al decir que sólo podría salir de mi turno acompañada por ella. Nadie más. Ni siquiera podría irme sola. Así que, si mi turno —que terminaba a las nueve de la noche— no coincidía con su horario, tendría que esperar hasta que recordara que existo. Luego de haber dejado claras sus leyes al Viejo Wu, se marchó con la sonrisa más grande que le hubiera visto en los últimos días.

Y fue ahí cuando comenzó. El hombre cuya etiqueta leía "GERENTE" había preguntado fastidiado: —"¿Sabes algo sobre administrar la caja registradora?" Y yo, tan inocente o tan idiota había dicho 'no'. En ese momento no noté las miradas de simpatía y pena que me enviaron los que serían mis compañeros de trabajo. En ese momento no me percaté de los suspiros que algunos soltaron, ni el gruñido de otros.

Cuando el Viejo Wu me llevó a recorrer el local, que era uno de los más grandes que hubiera visto, comenzó a explicarme detalladamente toda la clase de estupideces que te dicen cuando inicias un trabajo. No toques eso, llega a tal hora, llama si tienes problemas con algún cliente aunque el cliente siempre debe tener la razón, no tienes que aceptar propinas de nadie, no interactúes con ningún cliente, no seas grosera, toma éste tu uniforme, y sí, tienes que ponerte la estúpida gorrita aunque no estés en el sol y blah, blah, blah.

En general, el local tenía movimiento, y había varias otras cajeras —una tres o cuatro a parte de mí— más personal en la cocina, más el del aseo, tres de seguridad y si contamos al idiota que me había tenido parada por tres horas seguidas escuchando su 'blah, blah, blah', ése era todo el personal.

Cuando hizo una pausa —creo que para ir al baño— sospeché que la charla interminable ya estaría a punto de terminar. Bueno, tenía que mirarle el lado amable. Ahora sabía que la caja registradora podía ser operada hasta por un mono con título de 'GERENTE' —sin ofender a los monos—.

—"Oye," Dirigí mi mirada directamente a mi derecha. En ella, encontré a una joven —una de las cajeras— que me sonreía, y por un momento fruncí mi ceño. ¿Se estaba burlando de mí? Cuando extendió su mano, y su sonrisa sólo se agrandó, supe que era alguien amable y mis dudas se evaporaron.

—"Sayuri," Dijo apuntando su nombre en la misma ridícula tarjetilla que todos cargaban en el pecho. Sin ningún ánimo de añadir sarcásticamente 'también sé leer', decidí ser amable y contestar su saludo con mi nombre. Calculé su edad cercana a la mía.

—"Sakura," Su sonrisa se borró por un momento, y un gesto ceñudo pobló su cara —"El Sr. Wu te está matando del aburrimiento," Afirmó, no preguntó. Supongo que mi cara podía reflejar todo por lo que mi mente atravesaba.

Como no sabía si lo más conveniente era confiar en ella o no, ignoré lo que dijo y solté una pregunta.

—"¿Es así con todos?" Me mortificaría muchísimo el hecho de que el mono/ payaso en traje pensara que yo sufría alguna clase de retardo mental y sus cátedras iban dirigidas en exclusividad para mí.

La sonrisa de Sayuri volvió a aparecer mientras me daba una palmadita en el hombro. —"Tranquila. Así es con todos en el primer día. Y será mejor que le prestes atención o comenzará a fastidiarte. Y pronto te tomará una prueba," Me encogí de hombros. Sabía que no había forma que este hombre pudiera despedirme, no, mientras Clow y Nadeshiko vivieran.

—"Gracias," Solté una pequeña sonrisa que aunque falsa, la alejó de mí. Eso o el hecho de que tenía que atender a un cliente.

Me vi sola en un instante, nadie más se molestó en hablar conmigo y supongo que eso estaba bien. Tomé asiento en una de las sillas cercanas y esperé a que El Discurso más Grande de mi Vida llegara de donde que se hubiera metido, cuando vi algo que me horrorizó. El grupo de baloncesto entró por la puerta principal, haciendo escándalo y captando la atención de todos en el lugar. El grupo de baloncesto de mi nuevo instituto, debo agregar. O sea, Shaoran incluido, y al igual que todos, luciendo fresco porque recién se había dado un duchazo y conversando con el amigo con el que lo había visto durante el receso.

Y eso no era lo peor. Ellos no eran los únicos, sino que también el amplio grupo de porristas, o sea, Meiling incluida, los acompañaba.

Me lancé al piso en un ataque de pánico y aunque sé que resultaba idiótico, y más tonto de lo que debería ser, me pareció que era lo más correcto deslizarme por el suelo como cualquier buen soldado haría en medio de una guerra, en dirección de la protección de la cocina.

'Quenomevean.Quenomevean.Quenomevean.Quenomevean'

—"¿Qué vamos a ordenar?" Escuché múltiples voces que pedían con gran detalle lo que sería una ración para alimentar a todo un continente, aparentemente, sin decidirse aún. Pude oír más conversaciones triviales y el propio sonido que provocaba mis rodillas y codos mientras me deslizaba alejándome del caos y la humillación pública.

—"Señorita Kinomoto," Cuando levanté mi mirada, pude ver al Viejo Wu arrugar su nariz en disgusto al haberme encontrado huyendo hacia la cocina, mientras me arrastraba. Oh, maldición. —"¿Qué cree que está haciendo?" Mordí mis labios para contener la risa histérica que la situación había provocado. Debía admitir, podía lucir bastante ridícula en este preciso momento.

—"Eh..." Me levanté con cuidado, y solté la primera mentira que se pasó por mi mente —"Estaba buscando... ¡mi lente de contacto! Sí. Se me cayó y lo estaba buscando..." Arrugó el entrecejo, no del todo convencido, pero suspiré en alivio cuando se encogió de hombros.

—"Levántese, porque quiero ponerla a prueba," Abrí mi boca en sorpresa. No. No. No se le podía ocurrir esto.

¡NOOOOOOOOO! Esto NO me podía estar pasando a mí. Pellízcate, Sakura. Debes estar teniendo alguna pesadilla idiota que dice que tienes que atender al chico de tus sueños con una gorrita ridícula en tu cabeza cuando ni siquiera está haciendo sol y estás dentro del local en el que trabajarás por el resto de tus días... ¡¡NOOOOOO!!

Me levanté con ganas de llorar de la frustración, y mordiéndome los labios me acerqué a la que sería mi caja para atenderlos. Algunos sólo me miraron sin inmutarse, creo que sin reconocerme, pero podía sentir las miradas atónitas de tanto Shaoran como su amigo, y las de las amigas de Meiling y la del diablo en persona.

Tragué mi humillación, y mordí el interior de mi mejilla. —"Bienvenidos. Soy Sakura. ¿Puedo tomar su orden?"

Okay. Olviden aquella ocasión en la que me había borrado de la memoria el poema que tenía que recitar frente a toda mi escuela cuando estaba en quinto grado. Declaro oficialmente a este momento, como el momento más humillante de toda mi vida.

Síp. Y las risitas burlonas de Meiling y sus comadrejas no me estaban ayudando, muchas gracias por recordarme que no podía esperar para incendiarles las mechas falsas de sus lindas y tiernas cabecitas. Perras. Me vengaría.

Lo juro.

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Shaoran Li P.O.V

Aunque no había podido hacer mucho durante la práctica, sólo movimientos para restablecer el hombro y su fortaleza, me había sentido mejor al poder concentrarme en algo más que cierta chica de ojos verdes. Estaba agotado cuando todos terminaron, y suponía que era porque traía varias malas noches encima, y por eso la idea de ir a comer algo por la que todos estaban tan entusiasmados no me agradaba ni un poco. Finalmente, y aunque sabía que rompía las reglas de mi madre al llegar más tarde que la práctica, Meiling y Eriol habían unido fuerzas para llevarme prácticamente arrastrando hasta el McDonalds más cercano. Vi a Yamazaki alejarse de nosotros tan pronto la práctica terminó. Por un momento sentí envidia de él.

Cuando estaba aburrido más allá de lo inimaginable mientras escuchaba a Eriol hablar sobre cómo conquistaría a Tomoyo y cómo se divertiría a expensas de Meiling y sobre cómo le restregaría a su Némesis —Yamazaki— su victoria; y cuando todos estaban discutiendo sobre qué pedir y yo ya había decidido sólo ordenar una Pepsi, Sakura Kinomoto apareció de la nada, echándole una mirada de malos amigos al sujeto cuyo cartelito en su saco decía: 'GERENTE'.

Genial. Esto era todo lo que me faltaba. Cuando no la estaba pensando las 24 horas del día, 7 días a la semana, comenzaba a verla hasta en la sopa. Esta debía ser una alucinación, estoy seguro. Oficialmente había perdido la poca cordura que me quedaba y podía resultar peligroso para quien quiera que estuviera a un radio de 3 Kms de distancia.

—"Bienvenidos. Soy Sakura. ¿Puedo tomar su orden?" Oh, no. Esto era un caso crítico, en serio. Hasta escuchaba su voz. Síp. Me patinaba el coco.

—"Shaoran," Eriol soltó con una risita ahogada —"¿Puedes creerlo? Está trabajando aquí," Pestañeé completamente despistado. ¿Eh? ¿Él también podía verla?

Meiling y sus amigas comenzaron a reírse y sólo pude fruncir mi ceño por la confusión. ¿Qué diablos hacía Sakura aquí?

Todos comenzaron a hacer su pedido, uno a uno, hasta que llegó el turno de Meiling.

—"¿Qué estás haciendo aquí, Sakura?" Evidentemente, Meiling se estaba burlando y las risitas de sus compinches la apoyaban incondicionalmente.

—"Trabajo. ¿Qué vas a pedir?" Contestó ella, esquiva, la sonrisa falsa plastificada en su cara.

—"Quiero un combo uno completo y soda dietética," Sakura rodó sus ojos y mencionó el total, que Meiling le entregó con una risita burlona. El GERENTE vigilaba atento cada acción que realizaba Sakura como si se tratara de un halcón y fue mi turno de rodar los ojos.

—"Bienvenido. Soy Sakura. ¿Puedo tomar su orden?" La escuché repetir su línea como si se tratara de un robot bien programado.

—"¿Puedo hablar contigo?" Murmuré en voz baja, en un intento porque nadie me escuchara. Sakura mostró una sonrisa más falsa aún, pero en sus ojos brilló algo, no sé qué, pero algo.

—"En este momento me encuentro trabajando. ¿Puedo tomar su orden?" Okay. El acto de robot no le quedaba bien. Me encontré apretando mis puños en exasperación.

—"Una gaseosa," Sus ojos se estrecharon en burla.

—"¿Dietética?" ¿Estaba sugiriendo que estaba gordo? Maldita sea. No había tomado una sola gaseosa dietética en mi vida, no empezaría a hacerlo ahora.

—"Regular," Apreté mis puños.

Estaba bien si ella no quería hablar conmigo. Podía entenderlo. Era lo mejor. Sakura me gustaba demasiado y sabía que entre nosotros, no había posibilidades para ser amigos. Nosotros no podríamos ser amigos nunca, así que lo mejor era mantenernos apartados.

Y ésa era mi decisión, aunque hubiera algo dentro de mí que me aseguraba que sólo me estaba engañando a mí mismo.

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Notas de Autora:

¡¡Hola!! Y ¡adiós! En verdad estoy agotada... y sé que se suponía que debía actualizar hace dos días... pero no tuve oportunidad, así que me disculpo. Éstas serás mis notas más breves de la historia.

Quiero saber qué piensan de la historia. Cómo se va desarrollando. ¿He cometido algún error? Me gustaría saberlo.

Y como mi cabeza va a explotar de tanto pensar, sólo quiero agradecer a mis queridos lectores que dejaron su review. Vamos a ver quién se gana el premio a mejor lector de "My World".

Un beso gigantesco,

Sakki.