Shaoran Li P.O.V
Maldito brazo. Aún no me dejaba lanzar tan preciso como estaba acostumbrado y podía sentir la frustración general en mi equipo al ver que no estaba dando lo mejor de mí. Probablemente también influía de una manera u otra que mi madre estuviera haciendo arreglos para la boda. Sí. Tal como escuchan. O leen. Lo que sea. Ieran Li y la mamá de Meiling Li, se reunían todos los días a hacer los preparativos que conduciría a la boda del siglo.
Y lo que más me distraía era que en la primera reunión que habían tenido habían decidido la fecha. Exacto. Sabía el día preciso en el que sería llevado al altar como a una res al matadero. Y me sentía más sofocado que nunca. Asfixiado, era una palabra más precisa.
Talvez era eso lo que no me permitía jugar con todas las ganas a las que mis compañeros estaban acostumbrados, o simplemente era una mala racha, aunque yo sabía que no era del todo así.
Así que decidí salir temprano de la práctica, con los cables entrecruzados, porque últimamente Meiling ha sido una completa peste, porque habían decidido el día —aproximadamente dentro de cinco meses— porque hablaban de estúpidas flores cuyos nombres no tenía ni idea. ¿Hacían falta más razones?
Como no había tenido oportunidad de ni siquiera sudar una gota, me parecía inútil tomar una ducha aquí —en el vestuario, — si todo lo que quería hacer era ir a mi cama y dormir.
Como nadie preguntó por qué me estaba retirando —creo que a nadie le hacía falta una explicación— en pocos segundos me encontré buscando mi maleta.
Entré en el vestidor y la vi. Parada en el centro, luciendo asustada y sonrojada. Como si estuviera agotada, jadeante y dándome la espalda. No me atreví a decir nada, excepto jurar en voz baja —"¿Qué diablos...?"
Se volteó a la velocidad de la luz y sus ojos se abrieron en sorpresa al reconocerme.
—"¡Shaoran!" Soltó sin aliento, tal y como me había imaginado.
—"¿Qué estás haciendo aquí?" La pregunta salió de mi boca sin siquiera proponérmelo. ¿Por qué cada vez que la tenía enfrente mi cerebro se congelaba y me olvidaba por completo de toda resolución para evitarla? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
—"Eh... yo... pues..." Su confusión me confundió. ¿Desde cuándo Sakura Kinomoto, el mismo demonio que yo había conocido tartamudeaba?
—"Yo... estoy aquí para pedirte..." Shaoran concéntrate. Olvídate de cuan linda se la veía así, vulnerable. Olvídalo, olvídalo en este momento. —"¡perdón! Sí. Quiero que me disculpes por todo lo que pasó cuando me cuidaste. Es decir, tú sabes. En verdad quiero pedirte que..." Su frase se cortó y no pude evitar levantar una ceja en escepticismo. En serio. ¿Habían abducido a Sakura Kinomoto y habían dejado un ser humano en su reemplazo? ¿Ella, pidiendo perdón? ¿Ella? Vaya. Eso había que vivir para contarlo.
¿Faltaba decir cuánto la había imaginado así, justo como estábamos ahora? Ella, disculpándose y yo perdonándola. Había imaginado muchos escenarios, pero nunca el vestidor de chicos.
—"¿Estás en el vestidor de los chicos sólo para decirme eso?" Mi voz se enronqueció, porque me había imaginado en tantos escenarios con ella, porque después de los arrepentimientos, en mis sueños disfrutábamos de más.
—"Eh... no... yo" La vi dar un paso en mi dirección, y tuve que apretar mis puños, para resistirme a la tentación de saber si sus labios sabían tan dulces como yo había imaginado. Si eran tan suaves como los recordaba.
—"¿Qué?" Pregunté insistiéndole. No hacía falta, porque aquel delicado rubor que nunca antes había visto en sus mejillas, la delataba.
—"Yo..." Juro que contuve mi respiración, y aunque no sabía qué esperar, había imaginado varias veces esta misma situación. Su cabeza bajó, como si sintiera vergüenza.
—"¿Sabes qué?" Pregunté con impaciencia. El silencio simplemente era demasiado para soportar. Mandé todo al diablo en el mismo momento en que ella se mordió el labio. Seguramente algún hábito que tenía cuando estaba nerviosa, pero fue lo que faltaba para que las pocas ganas que tenía de abstenerme a besarla, saltaran por la ventana.
—"Creo que te gusto, Sakura" Por si fuera poco sus mejillas enrojecieron más.
—"¿Ah? Me preguntó distraída, y sentí toda la frustración contenida en grandes oleadas regresar con rapidez —"¿Y sabes qué? Tú también me gustas," Se sentía bien decirlo. Se sentía malditamente bien. Después de tanto tiempo torturándome, atormentándome a mí mismo, sabiendo que no estaba bien, y que a pesar de saberlo se sentía tan pero tan correcto, podía decir que fui libre.
—"¿Qué?" Contuve una risa a su confusión. Ahora no me importaba que ella se hubiera acercado primero a mí, lo importante es que al fin podía ser honesto conmigo mismo, y saber que Sakura Kinomoto era importante para mí. Se había hecho importante, a tal punto, que bordeaba la obsesión.
—"Y me importa un bledo que tengas novio Cerberos, Keri o cómo diablos se llame" Mascullé recapitulando la incomodísima cena en la que no había soportado verla pegada al sujeto. El sólo recordarlo me hacía enfurecerme.
—"Y sé que no te importa Meiling," Me encontré convenciéndome más a mí mismo que a ella, que me miró por un momento despistada.
Mandando definitivamente todo al mismísimo infierno, me decidí de una vez por todas.
—"Estoy cansado de luchar contra lo corriente, Sakura. Estoy cansado de hacer lo correcto. De intentar aparentar ser alguien que no soy. Cansado. Estoy cansado de pretender que no me gustas, cuando estoy loco por ti," Cada palabra que salía de mi boca era irreconocible incluso para mí mismo.
En verdad estaba cansado. Y era tiempo de que ella supiera por qué.
—"Todos deciden lo que quieren hacer, excepto yo. Estoy cansado, Sakura. Esta vez voy a decidir lo que quiero hacer," Sus ojos estaban muy abiertos, como si hubiera recibido una gran sorpresa de la que yo no estaba al tanto. Tuve que darme una palmadita en el hombro con orgullo. ¿En verdad le era una completa sorpresa especialmente cuando yo estaba loco por ella? ¿Cómo era que Eriol se había percatado de algo así, pero no ella? Creía que estaba siendo bastante específico.
—"Hazlo, Shaoran" Si algo de arrepentimiento hubiera existido en mí, les aseguro que definitivamente no hubiera logrado existir después de que ella susurró eso. Nop. —"Haz lo que quieras," Nop, definitivamente que no.
Podía sentir la suavidad de su cabello en las puntas de mis dedos, podía sentir su aliento apresurado en mi piel, podía ver sus mejillas sonrojadas y una sonrisa saltó a mis labios sin mi consentimiento.
—"Eso haré," Le aseguré, aunque para este momento no creía que ninguno de los dos necesitaba aclaración.
Tomé su cara entre mis manos y cualquier pensamiento coherente se borró de mis pensamientos, cuando la besé. Justo de la manera en que lo recordaba. Justo con la misma emoción y anticipación, justo como en mis fantasías.
Pero tal como mis sueños siempre eran interrumpidos por algo, especialmente por las ladillas de mis hermanas, ésta interrupción fue algo instantáneo, porque el calor me golpeó sin ningún aviso.
Me separé de ella abruptamente, y no pude guardarme una pequeña sonrisa al ver sus ojos cerrados y su respiración pesada. Pero ese momento se perdió y aún debía averiguar qué había ocasionado que pudiera separarme de ella.
El olor fue lo primero que me golpeó, el fuerte y pesado olor a combustible. Y estaba por doquier, casi asfixiándome. Luego, vinieron los gritos espantados de la gente que estaba en el gimnasio y por si faltara poco, hacía tanto, tanto calor.
Miré confundido hacia la puerta del vestidor, y fruncí mi ceño al ver que estaba rodeada en llamas. No, no llamas, el animalito de carga y bovino. Fuego.
—"¿Qué mierda?" Solté en un grito, y tomé a Sakura de la mano, que parecía estar perdida en el espacio.
El humo fue lo siguiente que vino, cuando los gritos se alejaban.
—"¡Tenemos que salir de aquí!" Corrí hacia la salida, con la Sakura más pálida que la hubiera visto jamás.
—"¡Rápido! ¡No hay tiempo!" Las llamas comenzaban a avanzar peligrosamente hacia el interior de los vestidores, y si no salíamos en este momento, saldríamos en cajas. Mortuorias.
Agarré mi mochila y a Sakura — ¿era una de esas personas que no reaccionaban en las crisis?—. Respiré con fuerza mientras intentaba averiguar por dónde diablos salir. Descarté inmediatamente la puerta, que ahora era consumida por el incendio y mi lista de opciones se redujo a una.
La ventana que daba a la calle.
Levanté uno de los bancos como si no pesara nada en absoluto, y tomé una pausa. La respiración era casi imposible, el humo intensificándose a cada segundo que pasaba.
—"¡Sakura! ¡Agáchate!" No hizo falta que lo dijera dos veces. A pesar de que seguramente tendría que escuchar un ataque de pánico de su parte, en este momento Sakura actuaba aunque no con sangre fría, sí más calmada de lo que yo me sentía.
Lancé el pesado banco contra el vidrio que explotó dramáticamente, arrojando todos los restos sobre mí. Sentí múltiples cortadas en mis brazos, pero cuando corrías el riesgo de morir, —sí morir— seguramente unas cortadas no eran ningún sacrificio.
—"¡Ven!" Sakura estaba levantada, mirando con horror cómo la sangre recorría desde mis antebrazos hasta la punta de mis dedos. No. Había. Tiempo.
La ayudé a saltar de la ventana y mentalmente agradecí por estar en planta baja.
Sentí gran alivio cuando crucé el alféizar de la ventana rota, pero aquella sensación se evaporó en el momento en que escuché una gran explosión.
Maldita sea.
Eso había estado cerca.
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Sakura Kinomoto P.O.V
Sé que no es común en mí decir que me sentía como el animal más sucio, horrible y depravado del mundo. Un microbio era un mejor ser que yo en este momento. En serio, no estoy bromeando.
—"¿Estás bien?" La pregunta de Shaoran fue seguida de un abrazo, y en ese momento estuve dispuesta a echarme a llorar. Me contuve para no hacerlo.
—"Sí," Mi voz salió temblorosa, y me mordí el labio para inflingirme algo de dolor. Merecía el peor castigo de todos, merecía que me echaran en la hoguera, que me hirvieran en una caldera, que me frieran como el pollo dominical, que me tostaran a la BBQ...
—"Tuvimos suerte," Soltó Shaoran, y esta vez tuve oportunidad de contemplar a plena luz y sin interrupción del humo, fuego, gente gritando, lo horripilante de mi acto. La realidad me golpeó en plena cara.
—"¡Oh, Dios mío! ¡Debes ir a un hospital!" Grité sin poder evitarlo. Y es que los brazos de Shaoran estaban cubiertos en sangre, —sí, sangre— y podía ver trocitos de vidrio incrustados en sus hermosos brazos y contuve las ganas de vomitar por el peso de mi culpa.
—"No es para tanto," Se encogió de hombros y me dio una sonrisa torcida, que debería ser pasada como mueca. ¿Qué no era para tanto? ¡El hombre se desangraba y no era para tanto!
—"Okay," Solté intentando respirar aire fresco, y comencé a toser. Supongo que inhalé más humo del que creía. —"No llamaré a una ambulancia. Pero eso no evita que tú no vayas al hospital," Su ceño se frunció y juro que podía besarlo en este preciso momento —con los vestidores del gimnasio estallando a nuestras espaldas— de no ser porque me sentía asqueada conmigo misma y furiosa con mis supuestos amigos.
Lo que me llevaba a maldecir a Yue. Desgraciado. Se suponía que debía esperarme. ¿Qué diablos hacía? ¡Incendiaba el maldito complejo conmigo dentro! Por supuesto que Shaoran me había distraído, pero aún así ¡tenía que esperarme!
—"¿Cómo diablos sucedió esto?" Shaoran en verdad estaba confundido, y mi corazón paró en ese momento. ¿Qué iba a ser de mí, si se enteraba que yo me encontraba detrás de todo esto?
—"No...lo...sé," Solté como pude, porque aunque hubiera echado sus principios por la borda algunos minutos atrás eso no quería decir que le iba a parecer bien que incendiáramos el instituto... con las porristas y su propio equipo dentro.
Comencé a caminar con paso lento, sintiendo que los nervios a cualquier momento me pasarían factura, —"Vamos al hospital," Me miró irritado, pero me siguió.
Lo juro. Shaoran Li se había convertido en mi ángel de la guardia personal. Si no todavía no tenían uno, vayan a las tiendas rápido, antes de que se agote el stock.
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Mi redención y tortura comenzó desde el momento en que el paramédico de la unidad de emergencias del hospital de la ciudad de Tokio, tomó sus pinzas y comenzó a escarbar en la piel de mi guardia Shaoran, y su cara se contrajo en dolor. Tuve ganas de golpear a quien quiera que hubiera lastimado a Shaoran, pero supongo que uno no puede lastimarse a sí mismo sin que lo encierren en una celda psiquiátrica en el proceso. Así que hice todo lo que estuvo a mi alcance por no delatarme ni enterrarle las pinzas al paramédico por la nariz. Me senté tranquilamente —en el exterior, por supuesto— esperando a que mi tortura acabara, y tuve un momento para pensar con claridad, sin el olor a gasolina en mi conciencia para fastidiarme.
—"¡Joder!" Soltó Shaoran, mordiéndose los labios y hundiéndome en culpabilidad.
¿Había estado soñando cuando Shaoran me hizo esa 'WOW' declaración? ¿Había alucinado? ¿Yue me había secuestrado y me había inyectado una dosis de gasolina en el cerebro?
Y si era cierto, ¿qué diablos se suponía que debía hacer? ¿Seguir como si nada hubiera sucedido? ¿Cómo si él no fuera el que más quiero en el mundo? ¿Cómo podía conseguir eso y si era lo último que quería? Pero, ¿qué otras opciones me quedaban? ¿Ignorar que Meiling existía y que yo podía ser feliz?
¿Cómo, cómo podía conseguir eso?
—"Listo," Levanté mi cabeza con rapidez, mientras veía que los brazos lastimados de Shaoran estaban cubiertos por vendajes.
—"¿Cómo te sientes?" Me levanté de mi silla, y pude ver sus ojos rodar en exasperación.
—"Vayámonos de aquí," Evidentemente a Shaoran no le gustaban los hospitales ya que no había fallado en notar cómo su expresión se había ensombrecido cuando el hospital había estado a menos de diez pasos.
Me tomó de la mano y me sentí tan, tan incómoda, pero era una incomodidad del tipo que te baila cha-cha-cha todo lo que llevas por dentro mientras tu cerebro salta en una sola pata — ¿los cerebros tienen patas?— y gritas en ultraje porque te sientes a punto de desmayarte.
El silencio se hizo entre nosotros y me dejé guiar hacia donde él me llevara. Pronto, salimos del hospital y cogimos la calle que llevaba hacia el instituto. No me atreví a cuestionarlo por miedo a decir alguna estupidez.
El cuadro que nos encontramos en el instituto no fue divertido como lo planeamos en el grupo. De hecho, fue desolador y horripilante. Y creo que ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginarme que una estúpida broma terminaría en tal catástrofe.
Habían llegado los bomberos, por supuesto, ambulancias, y todo el personal docente del instituto más estudiantes curiosos más varios heridos contemplaban con horror/fascinación cómo se veía el techo del gimnasio derrumbarse como si de unos naipes se trataran, debido a que la lucha del agua/fuego finalmente estaba acabando.
—"Mierda," Mascullé mientras oía una ambulancia cerca de nosotros cerrarse y marcharse con heridos.
Más adelante reconocí a Eriol y a Tomoyo, que estaban cubiertos en cenizas y estaban abrazados. ¿Había comentado que se hicieron novios? Sí, supongo que sí, ya que nadie había dejado de murmurar cómo alguien con gustos tan opuestos pudiera gustar de su antítesis.
Shaoran también lo reconoció y aunque nuestras manos ya no estaban cogidas, lo seguí a paso rápido.
—"¡Eriol!" Tanto Tomoyo como Eriol reaccionaron al grito de Shaoran, —"¡Hey, Shaoran!" Ambos se sonrieron, y Eriol me miró curioso, pero me sonrió. No pude decir lo mismo de Tomoyo, que cuando me vio junto a Shaoran se cruzó de brazos y me frunció el ceño.
Okay. No era algo fácil de explicar.
—"¿Estás bien?" Fue Eriol que le preguntó a Shaoran, y lo vi encogerse de hombros, —"¿Cómo pasó?"
—"Se supone que hubo algún cortocircuito, pero no han encontrado el punto," Tragué en seco. Y no lo encontrarían jamás, porque Yue había sido el encargado de arrojar el fósforo que encendería la fiesta.
—"¿Alguien está herido?" Pregunté con la única voz que me quedaba e ignoré la mirada recriminatoria de Tomoyo. Me sentí irritada por un momento. ¡Ella también había sido parte del plan!
—"Ninguno por quemaduras," Respondió Eriol con una risilla burlona —"Como todo el mundo estaba desesperado por escapar, unos aplastaron a otros. El caso más grave es el de Meiling," Se encogió de hombros como si no le importara y vi a Shaoran tensarse en ese mismo momento —"Estaban practicando una pirámide cuando inició el incendio. Por supuesto, como ella es la más pequeña, va en el último piso. Las demás chicas se soltaron y salieron corriendo, olvidándose que Meiling estaba arriba," El gesto recriminatorio de Tomoyo cambió radicalmente, a una sonrisa maliciosa justo antes de decir con evidente placer.
—"Se rompió algo en la pierna," Vaya. O sea que en verdad había cobrado mi venganza. Pero, ¿por qué me sentía tan mal al respecto? ¿Sería porque le estaba mintiendo a Shaoran, al guardar silencio, o porque simplemente me había perdido de la diversión?
—"Creí que ya te habías ido a tu casa, Shaoran." Eriol frunció su ceño. Así que por eso Shaoran había entrado solo a los vestidores. Se iba a retirar pronto de la práctica. Y había salido lastimado por mi culpa, maldición.
—"No. Supongo que mañana no debe haber prácticas, ¿no?" Preguntó Shaoran con humor negro, y me alegré que no profundizara nada al respecto. Había tantas cosas que teníamos que aclarar, pero no quería hacerlo en frente de la mirada curiosa de la pareja dispareja del año.
—"Nos vemos mañana," Tomoyo y yo cruzamos nuestras miradas antes de que siguiera a Shaoran, que seguro se sentía tan en peligro con la presencia de Eriol como yo con la de Tomoyo. Agradecí que no hubiera nadie más a quien le importara el vernos juntos, porque Eriol y Tomoyo ya eran suficientes. No me quedaba ninguna duda de que sería ella quien pusiera al día a Yue y al resto de la banda.
Estábamos caminando en silencio, aunque en dirección de la casa de Clow. Agradecí mentalmente haber pedido permiso para ausentarme hoy. Por supuesto que cuando lo pedí, lo había hecho para celebrar la victoria de nuestro plan, no que el chico de mis sueños que no me había hablado en décadas, me acompañara a mi casa.
Diferentemente de la primera vez, el silencio en verdad me estaba poniendo incómoda. ¿Cuál era la manía que tenía Shaoran por quedarse callado en los momentos en que más quería que hablara y que se convirtiera en una verdadera cotorra justo cuando no era el instante más apropiado?
—"¿Vas a decirme algo o no?" Pregunté dejándome vencer por la irritación. Shaoran se detuvo por completo en sus pasos.
—"¿Qué quieres que te diga?" El sólo escuchar su pregunta consiguió enfurecerme. ¡Argh!
—"Estoy esperando serenamente porque me digas que fue un lapsus brutus de tu parte, Li. Estoy esperando que corras hacia el hospital a ver a tu prometida, en vez de llevarme a paso de tortuga al nido de amor de mi madre. Estoy esperando, Shaoran, pero no soy alguien muy paciente," Una sonrisa de su parte fue todo lo que tomó para que me olvidara de por qué estaba molesta.
Tomó mi mano y reanudó su caminata, mientras mi corazón bailaba tango —"Pues sigue esperando, Sakura. Cuando dije todas esas tonterías, las dije en serio. Y si te estás preguntando, no, no estoy preocupado por Meiling. De hecho, aquel incidente no pudo ser menos acertado. Ahora mi vida será más fácil por al menos dos días," Soltó en un suspiro amargado, pero extrañamente, había mantenido su sonrisa.
—"¿Lo dices en serio? Es decir, ¿no fue por el humo/adrenalina?" Todavía me parecía que estaba caminando entre nubes, y sólo él sabía cómo bajarme de ahí. No lo hizo.
—"Nop," Se encogió de hombros. Mi corazón cambió a la rumba.
—"¿Y qué va a ser de nosotros?" Las dudas estrujaban mi pecho y no me dejaban disfrutar del momento. Había tanto recorriendo mi cabeza.
Me miró serio, con sus bellos ojos ambarinos derritiéndome por completo —"¿Amigos con derechos?" Me preguntó y juro que si hubiera dicho 'yo el amo y tú la esclava' igual me hubiera parecido la idea más brillante del mundo. Hey, cúlpenme porque él era irresistible.
—"Okay. Pero deberé recordarte que existe Meiling. ¿Puedes imaginarte cómo se comportaría si se enterara? ¡Enloquecería! Y yo a duras penas soporto sus berrinches..." Solté pensativamente mientras cruzábamos una calle. Pude ver cómo se fruncía ante la idea. Evidentemente no era yo la única que creía que Meiling era una psicópata.
—"Okay. Así que será secreto. Yo no le digo a nadie, tú no le dices a nadie," El plan era sórdido, maquiavélico y excitante. ¿Estar con Shaoran a escondidas de todos? ¿Dónde tenía que apuntarme?
—"Tenemos un acuerdo," Acepté sonriéndole mientras su mano se estrechaba más sobre la mía. Corazón, a la macarena.
Pero Shaoran no correspondió mi sonrisa, sino que arrugó su ceño —"¿Y qué vas a hacer sobre tu novio? Kero o como sea que se llame," Soltó en un bufido y contuve mis ganas de echarme al piso a reír como histérica. Era divertido que Shaoran estuviera celoso. Y yo quería disfrutar todo lo que pudiera. Diablos, sabía que esto no duraría mucho, hasta cuando nos hartáramos el uno del otro, pero eso no significaba que tenía que ponérsela fácil.
—"¿Qué quieres que haga con él?" Por supuesto que la pregunta era retórica. Pero él no pareció notarlo, sino que el fruncido de su entrecejo se contrajo más y no tardó un minuto en pensárselo siquiera.
—"Déjalo. No quiero verte más con él," No sabía si echarme a reír o a llorar. ¿Cuántas veces había imaginado que él me diría eso? ¿Cuántas veces lo había querido ver tan celoso como yo lo estaba de Meiling?
Mostré una sonrisa alegre. Estaba alegre, por primera vez en lo que parecían ser diez mil años —"¿Celoso, no?" Él se encogió de hombros, como si no le importara admitir aquello, y fue cuando decidí no confesarle nada sobre mi 'sólo amigos' con Kero.
—"No pienso hacer nada, Shaoran. Digo," Preparé la sarta de mentiras que pensaba decirle con toda la dignidad que tenía —"no es como si puedo romper una relación de" pensé con rapidez, ¿tres? ¿Cuatro años? ¡Cinco, sí! —"cinco años de la noche a la mañana, ¿no?" Si hubiera sido posible que pudiera fruncirse más, estoy convencida de que lo hubiera hecho. Su agarre se hizo casi insoportable en mi mano pero eso me detuvo para seguir pinchándolo.
—"¡Hablo en serio!" Hizo una mueca con sus labios —"Es como si yo te pidiera que te alejaras de Meiling," Abrió la boca para refutarme, pero no pudo hacerlo. —"¡Ajá! ¡No te estoy pidiendo nada! Así que no creo que sea justo que tú me pidas cosas que no pueden ser," Se volvió a detener y me miró sin su ceño fruncido, una de las expresiones más serias que le hubiera visto jamás. Tragué en seco. ¿Me había pasado de la raya?
—"Si pudiera separarme de Meiling no dudes que lo haría," Estábamos en plena calle, con gente caminando a nuestro alrededor, con edificios rodeándonos, y Shaoran nunca había sido tan serio conmigo. No me importó cuán sincero fuera, pero en ese momento Shaoran nunca me había resultado tan atractivo. Era como si se hubiera bañado en miel y yo fuera la indefensa abeja atraída a él. Mentalmente lo estudié en mi estupefacción, y me sonrojé. Su cara estaba seria, su cabello brillaba bajo el sol de la tarde, moviéndose al compás del viento. Sus labios estaban relajados y una pequeña cicatriz le había quedado de la mordida que yo le propiné. Su piel estaba más pálida que de costumbre, y sus ojos. Dios. Sus ojos. Sus ojos eran como oro líquido, que ardían sólo para consumirme.
Y sería sólo para mí. Todo para mí, no por un compromiso forzado sino por elección propia. Porque la batalla en su interior por corregirme y unírseme había terminado en una posición favorable para mí.
Sonreí con satisfacción antes de pasarle mis brazos por su cuello y sentirlo tensarse bajo mi abrazo. Levanté la cara, para contemplarlo una última vez antes de que cediera a la tentación de besarlo. Y éste beso fue especial. Porque en él, puse todo mi corazón y aunque suene cursi decirlo, Shaoran Li en verdad me encantaba.
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Shaoran Li P.O.V
—"Por favor, dime que estás bromeando," Sakura se rió ante mi cara y su risa me resultó de lo más contagiosa. No quería reírme, pero era inevitable hacerlo. Después de todo, tenía buenas razones para no hacerlo.
—"Nop. Estabas tan amargado, que te escondiste en el jardín y fue ahí que te encontré, tan lleno de alcohol como una botella de vino," Por supuesto que la memoria era una lejana, y sumándole mi estado de ebriedad, se podía decir que no lo recordaba con tanta exactitud. Aún así me irritaba que ella recordara todo especialmente cuando me habían cargado a mi habitación. Su cara me decía que no estaba mintiéndome, lo cual me hundía más en mi miseria.
Aunque mi intención había sido llevarla a su casa, estaba vez había sido ella quien marcaba un interminable recorrido por las calles de la ciudad, mientras conversábamos de diferentes cosas. Necesitaba averiguar qué tenía ella que parecía atraerme como si tuviera un imán. Quería saberlo todo. Lo bueno y lo malo.
—"¿Qué pensaste de mí el momento en que me conociste?" La vi desviar su mirada y me llené de satisfacción cuando un delicioso pero incrimina torio rubor se posesionó de sus mejillas.
—"Pensé que eras un idiota," Se encogió de hombros —"Y te odiaba," Fruncí mi ceño.
—"¿Un idiota? ¿Me odiabas? ¡Pero si ni te dije una sola palabra!" No pude evitar quejarme. Evidentemente mi atracción magnética hacia ella era algo que sólo yo había sentido. No sabía por qué me irritaba tanto el saberlo.
Me mostró una sonrisa, mientras su mano estrujó la mía —"Sabes, no deberías hacer preguntas de las cuales no estás seguro de las respuestas. Y sí, te odiaba. En ese momento podía odiar al mismísimo Gandhi y no me hubiera sentido culpable. Soy alguien difícil, Shaoran. No me tomo muy a bien que me guarden grandes secretos, ¿sabes?" Miró hacia el cielo, como si recordara algún suceso doloroso.
—"¿Cómo era tu vida antes... de que, bueno...?" No me encontré capaz de terminar mi frase, y ella soltó una risa suave, aunque superficial.
—"¿Antes del divorcio de mis padres? Estaba en el instituto, tenía bastantes amigos, de los cuales no he oído ni una sola palabra, por supuesto. Tenía a Kero. Solía salir con mi madre y mi hermano. Ya sabes, cosas comunes y corrientes. ¡Ah! Y en ciertas ocasiones modelaba para la línea de mi madre," Hubieron varias cosas que quise preguntarle sobre esa frase.
—"¿Modelabas? ¿En tiempo pasado?" No entendía por qué ya no. Me parecía que cada día se ponía más irresistible y no estaba jodiendo.
La vi rodar sus ojos —"Sí. Por si no te has dado cuenta, ya tengo un trabajo," Le correspondí la sonrisa.
—"¿Puedo tomar su orden?" La imité en una voz chistosa, ganándome un golpe en el hombro.
—"No molestes. Aborrezco ese trabajo. No volveré a comer carne roja jamás," Gruñó, mientras se cruzaba de brazos. —"Además, resulta increíblemente fácil arruinarle la comida a alguien. En verdad no te recomiendo maltratar a los empleados de un restaurante," Se estremeció como si la idea le diera escalofríos.
—"¿Hablas en serio? ¿Y qué pueden hacer al respecto? Si los envenenas vas a la cárcel," Me encogí de hombros, y ella me contestó negando.
—"Mi compañera Sayuri, por ejemplo, le escupió en la gaseosa a la actual novia de su ex," Levanté mi ceja con escepticismo —"Asqueroso,"
Ella volvió a asentir y mostró una sonrisa maquiavélica —"Y además estaba resfriada,"
Me estremecí al imaginarme cuántas veces alguien pudo haberme hecho eso a mí o a mi comida. Ugh. En verdad, repugnante.
—"¿Nadeshiko te obliga a asistir a ese horrible trabajo?" Ella asintió, pero esta vez sonrió.
—"Bueno, no es tan horrible, ¿sabes? Quítale el uniforme ridículo, la sonrisita de idiota que tienes que poner para los clientes y elimina el estúpido jefe, y tienes un trabajo decente. Además, muchos chicos guapos van a comer ahí," Me guiñó el ojo y apreté mis puños por la exasperación —"Por supuesto, aunque tengas que aguantar a sus horribles prometidas," Una lenta sonrisa de mi parte borró cualquier vestigio de celos.
—"¿Hablas de mí?" La vi rodar sus ojos.
—"Eres un poco lento, ¿lo sabías?" Habíamos terminado en el parque, uno que quedaba a bastante distancia de su casa. Como el sol ya estaba cayendo en el horizonte, ya no se veía a nadie por la zona.
¿Lento, decía?
No me costó nada empujarla de la acera en dirección de un gran árbol. Ella gritó por su sorpresa, y sonreí maliciosamente.
—"¿Lento, huh?" Su cabeza se elevó para encontrar mi mirada y aquel rubor poco característico en ella volvió a surgir en sus mejillas. Debía hacer esto más a menudo.
—"Sí, lento," Tuvo la audacia de quejarse, mientras pasaba sus manos por mi nuca, y nos fundíamos en el milésimo beso del día. Sus piernas rodearon mi cintura, y busqué el tronco del árbol para apoyo. Lamí su labio inferior, mientras escuchaba su respiración agitarse. Podía sentir la fricción de nuestros jeans, chocándose uno contra el otro, precisamente como hacíamos con nuestras bocas.
Nunca había imaginado que esto pudiera ser así. Nunca.
Eran demasiadas emociones para absorber de un solo golpe.
—"¡Muchachitos! ¡Muchachitos! ¡Esto no es un motel! ¡Es un parque público, tengan decencia!" Nos soltamos como si alguien nos hubiera separado, y me costó respirar por un momento. En un instante mi mente se aclaró, justo después de que hubiera visto la cara enrojecida de una anciana con bastón apuntarnos a tan sólo unos metros de distancia.
Sakura rió mientras se separaba de mí. Salimos de ahí antes de que la anciana decidiera castigarnos con su bastón de la justicia. El pensamiento de que una viejita lograra apalearnos era igual de ridículo que un elefante corriendo por un ratón, pero todavía calificaba de posibilidad.
Sintiéndome ligeramente culpable, porque había sido yo el que comenzó todo, me ahorré la sonrisa que quería salir a la superficie.
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Sakura Kinomoto P.O.V
Parecían tan lejanos aquellos días —dos atrás, — en los que yo era una vieja quejica cuyo único propósito en esta vida era maldecir sobre cada maldita cosa —oops— que sucedía a mi alrededor. Parecían tan lejos aquellos días, en los que me gustaba buscar problemas, joder a mi madre porque ella me jodió en primer lugar y quejarme hasta de mi pobre gato, y su pobre pero nada inocente sentido del oportunismo.
Ahora, era una nueva Sakura Kinomoto. Más o menos como Sakura Kinomoto Versión 2.0. O si me comparo a la película Matrix, una que nunca me había llamado la atención debo agregar, yo era Matrix Recargada. Síp.
Ahora, caminaba entre flores, entre las nubes, entre el paraíso. Respiraba y un suspiro ridículo y cursi se soltaba de mis labios.
Por supuesto, mi felicidad no era infundada por haber donado un órgano desinteresadamente. Mis motivos no tenían nada que ver con el altruismo, de hecho, todo lo contrario. Me encontraba feliz como una lombriz en París, debido a que estaba manteniendo un affaire con el chico de mis sueños. Y ustedes se preguntarán, ¿y qué tiene de malo? Y yo les contestaré con otro suspiro y mi conciencia golpeando a martillazos a mi cabeza, tiene todo de malo, porque ambos estábamos en otras relaciones, —bueno, si contábamos a Kero, de todos modos— y mi pobre conciencia en verdad no conseguía hacer nada con ese martillo.
Tengo miedo. Sí. Tengo miedo porque Shaoran simplemente me gusta demasiado. Demasiado. Me gusta todo sobre él y aunque sé que puede ser más refunfuñón que nadie que hubiera conocido, había intentado buscarle algún defecto. Lo que sea. Cualquier cosa. Algún lunar carnoso y con un pelo en alguna parte de su nariz, o que sus manos fueran ásperas o que tuviera mal aliento. Pero no. El hombre literalmente era un pedacito bajado del cielo y yo tenía esta especie de obsesión con tanta perfección mostrada a mis ojos.
Pero eso no era todo. A parte del físico de ángel y de su carácter refunfuñón tenía que tener un buen corazón. Y había comprobado que cuando dejaba sus defensas bajas, cosas maravillosas podían suceder.
Ah. Introduzcan aquí otro suspiro.
Pero por supuesto, por tanta felicidad con respecto a mi nueva relación con Shaoran, el karma venía y me mordía en el trasero.
Resulta ser que sí hubo clases aunque evidentemente nada de prácticas extracurriculares, puesto que el Sr. Z no podía esperar para lanzar el discurso más largo de su vida, hablando sobre qué clase de vándalos incendiarían su propia institución educativa, si mi memoria no me fallaba. Y síp. Los bomberos habían determinado que el incendio que azotó el gimnasio, que dejó a más porristas con fracturas de las que podía contar más por el pánico que por el propio fuego, y que arruinó la infraestructura del gimnasio en un noventa y nueve punto noventa y nueve por ciento, fue en efecto, premeditado.
Agaché mi cabeza cuando escuché el discurso del Jefe de los Bomberos de la ciudad, y me pregunté si el incendio había sido tan malo, después de todo. Por supuesto, Shaoran había salido lastimado, y ésa era mi mayor pérdida, pero, al menos en mi lado de la cancha, nada hubiera podido salir mejor que si lo hubiera planeado. ¿Era tan malo que estuviera con el chico de mis sueños? ¿Lo era? Conciencia, no me contestes. ¿Era tan malo que la chica que no había dejado de burlarse de mí y de mi honesto pero no muy fashion trabajo, se fracturara una pierna? ¿Ah? ¿Era tan terrible acaso que algo me saliera bien?
Según el Sr. Z, así lo era.
Los anuncios batieron un récord de duración, y todo el instituto desde los más pequeños hasta los de mi clase, estábamos reunidos en el salón de eventos, escuchando sin prestar mucha atención a nuestro director decir las palabras más emotivas que he oído decir jamás, por supuesto, eso no evitó que me aburriera.
Lo cual me recordaba. Yue. Yukito. Naoko. Yamazaki. Tomoyo. ¿Dónde estaban? Bueno, Tomoyo no estaba sentada muy lejos de donde yo misma estaba sentada. ¿Adivinen junto a quién? Por supuesto. A Eriol y a Shaoran. Pero más junto a Eriol. De hecho, junto a Eriol pero casi pegada como chicle. Ésa era una faceta que no conocía en ella, en serio. Sabía que Eriol era atractivo y todo, pero, en serio. ¿No tenía un poco más de dignidad, que lanzarse a los pies del hombre a su mínima muestra de interés? Esperen. ¿Estaba hablando de ella o de mí? Patético, lo sé. Pero como a mí evidentemente no me importaba que Shaoran fingiera que no existía mientras habían ojos vigilantes a nuestros movimientos, al parecer a Tomoyo no parecía importarle en absoluto haberse convertido en la cola de Eriol. En el fondo, no sabía si lo hacía porque Meiling en verdad se mostraba furiosa al verlos juntos, o si era por gusto propio. Ya que Meiling seguía en una cama de hospital con su pierna enyesada y en alto, muy, muy lejos del instituto, comenzaba a inclinarme por la segunda teoría. De todas maneras, no era mi problema, pero, ¿qué se le va a hacer? El chisme no me gusta, pero me entretiene. Sobre todo si no se trata de mí.
En el segundo en que dirigí mi mirada a Shaoran, me encontré con que él también había estado mirándome. No pude contener una sonrisa que seguramente debería lucir a muy idiota. Pero supongo que el gesto no se quedó perdido en el espacio, porque me encontré con que él me correspondía la sonrisa.
Por supuesto, eso no evitó que en mi furia, continuara buscando a mis tan llamados cómplices, hasta que los distinguí de entre la multitud de aburridos estudiantes, compartiendo una sonrisilla general, que sólo me puso más furiosa.
Sin importarme que algunos quitaran sus miradas del director y las dirigieran a mí, me acerqué al grupito, sin dejarles escapatoria. Naoko fue la única que tuvo la decencia de tapar su sonrisa tras un libro.
—"Hey," Fue Yue quien me saludó, lo cual provocó que apretara mis puños. Demasiados testigos, Sakura. No puedes estrangularlo aquí. Nop. Espera a la salida.
Lo que sí puedes ser es grosera, así que diviértete. —"No vengas con tus saluditos estúpidos, Yue." Apreté mis dientes en rabia —"¡No esperaste a que saliera del vestidor, imbécil! ¡Pude haber muerto!" Y de hecho, al haberme paralizado de la forma en que lo hice, sin haber estado Shaoran, mi protector personal, no habría salido tan ilesa que digamos. —"¿Qué diablos estabas pensando?" Dije en voz contenida, sin poder gritarle tal como quería hacer, porque de nuevo, había demasiada gente cerca. Incluido el director.
La reacción de Yue fue todo lo opuesta a lo que había esperado. Juro que había anticipado que siquiera le causaría ponerse serio. Pero no. Su molesta sonrisa sólo pareció agrandarse.
—"¿Y qué? Tú misma lo dijiste. Podrías haber muerto, pero yo te veo vivita y coleando, ¿no?" Se cruzó de brazos, y tuve que usar toda mi fuerza de voluntad para no quebrarle su magnífica quijada.
—"¡No gracias a ti, psicópata!" Espeté en voz baja, y le dirigí mi mirada más severa.
Pero él sólo se encogió de hombros —"Si en verdad tienes que saberlo, tuvimos un pequeño accidente. Sucede que, mi hermanito aquí, querido Yuki, se olvidó de ti," Miré en dirección a Yukito, que tuvo la decencia de sonrojarse y replicar en una voz pequeña y a la que tuve que prestar toda mi atención para lograr descifrarla —"Difícil acordarse de alguien nuevo, Saku. Fue sin querer, en serio," Estreché mi mirada, sin saber qué creer, y por fin cansada. En serio, ¿era yo quien estaba reclamando esto?
—"Salió demasiado bacán, ¿no les parece?" Soltó con entusiasmo Naoko, finalmente encontrando su cara tras el grueso libro que la ocultaba.
Ante eso, solté un suspiro —"No tienes idea," Y era cierto, ninguno de ellos no tenía idea.
Me volteé para volver a prestar atención al director, cuyas lágrimas estaban ahora en un pañuelo.
Pero no serían las últimas lágrimas que vería en los siguientes minutos.
Porque de repente estaba siendo alejada de la multitud, con un rápido y certero movimiento, en dirección de un clóset oscuro. Probablemente el de limpieza.
—"¿Qué mierda?" Solté en medio de la oscuridad, sintiendo una poderosa presencia a la que me había acostumbrado hace poco, pero que aún me daba la sensación de que era una ensoñación.
—"Shh..." Me hizo callar en un segundo, mis teorías confirmadas y mi corazón bailando vals. —"Harás que nos descubran," Si aún su voz no hubiera sido pista suficiente para saber de quién se trataba, la forma en que tomó mi cintura y la pegó a la suya, aunque la mía le daba mucho más abajo, la forma en que su aliento me hacía cosquillas en el cuello y cómo sus dientes mordían con delicadeza mi labio inferior hubieran sido más que suficientes para llevarme de regreso a mi paraíso personal.
¿Quién hubiera creído que tantas cosas buenas podrían suceder en un clóset de limpieza?
¿Quién hubiera creído que todo lo que sucedería sería, tan pero tan bueno, que me haría llorar de la felicidad?
Marquen 'llorar de la felicidad en un clóset mientras tu novio-secreto te besa apasionadamente y tu director da un discurso a tan sólo unos metros de distancia' fuera de mi lista de cosas por hacer antes de morir.
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Notas de autora:
Ja, ja, ja, me pregunto qué ritmo estarán bailando ahora sus corazones, queridos lectores. Seguramente cha-cha-cha. Tengo que confesar, ningún capítulo me ha emocionado tanto escribirlo como éste de aquí. Quizás mi capítulo favorito entre todas las cosas que he escrito en toda mi vida. Estuve con una sonrisa de tarada durante todo el capítulo y espero que ustedes también, ja, ja, ja, ja.
Ahora, agradezco de todo corazón a mis queridos lectores que dejaron sus lindos y emocionados comentarios para la emocionada autora. Sé que querían matarme por haberlos dejado en suspenso, quiero que sepan que el capi va para ustedes, quienes sustentan mi inspiración y me dan el aliento que necesito para pelear contra mi horario y darme un tiempito para sentarme en el ordenador a escribir sandeces. En serio. Muchas gracias.
¿A que Sakura y Shaoran hacen una linda pareja? Me pregunto qué pasara cuando cierta personita regrese del hospital... Mmm.
Un beso gigantesco para todos,
Sakki.
