Sakura Kinomoto P

Sakura Kinomoto P.O.V

Hoy era el gran día. Usualmente era así como pensaba sobre los días en el que tenía que modelar, pero no era precisamente eso lo que hacía que este día, entre en la clasificación de 'gran'.

Mi madre no había cesado de darme consejos al momento de salir a desfilar, y sabía que se sentía nerviosa, porque era la primera vez que ella no estaba a cargo de una de sus exhibiciones, y creo que eso la ponía más controladora que nunca. Pobre Sonomi.

El motivo de mi ansiedad, era otro, y deseé que mi madre pudiera aconsejarme. Pero eso sólo fue un pensamiento fugaz. Mi madre entraría en coma si se enterara que iba a tener sexo prematrimonial con un chico que estaba comprometido con otra, y que para variar, era el sobrino de su marido. Bueno, mi mamá no podía juzgar a nadie, pero igual era mi mamá.

Sí, me sentía extremadamente nerviosa, y ni siquiera la cara de Ruby pudo calmarme. Ruby pareció estudiarme, con sus grandes ojos grises. Luna estaba alimentándose, y aún así, eso no evitaba que mi madre continuara con su retahíla de recomendaciones.

—"¡Y no bebas nada antes de salir a la pasarela! Podrías perder el equilibrio, mucho menos si tomas alcohol," Buff. Como si sería tan estúpida como para emborracharme antes de salir a caminar.

Me concentré en Ruby, cuyas facciones, eran exactamente iguales a las de Luna. Las bebés prometían ser unas rompecorazones, estaba segura. Eran hermosas desde ya, que sólo tenían días de nacidas.

—"Sí, mamá" Me encontré respondiendo mecánicamente, mi cerebro volando en alguna galaxia.

Escuché a Nadeshiko suspirar —"Lo siento, Sakura. Es que nunca había dejado a Sonomi sola, y sé que aunque está calificada para tomar la responsabilidad, es la primera vez que lo hace. Las primeras veces duelen, ¿sabías?" Se rió con suavidad, con su chiste de doble sentido. Sólo pude encogerme desde mi asiento.

Eso era otra cosa. Tenía tanto miedo, pero no miedo de pánico, sino... ah. Tenía miedo. Estaba asustada. Era la primera vez que lo haría, y mi propia madre lo había dicho. Dolería. ¿Cuánto? Estaba por descubrirlo.

Miré el reloj de mi muñeca, y vi que marcaba las doce del día. Tiempo de marcharme. Sonomi me había pedido que estuviera temprano, ayudándola a coordinar los camerinos para las modelos. Le hacían falta todas las manos extras que pudiera aprovechar, y yo estaba feliz por tener una distracción a lo que sucedería hoy. Me sentía tan ansiosa como un niño antes de recibir sus regalos de Navidad.

—"Mamá, tengo que irme," Nadeshiko soltó una sonrisa triste y mentalmente me pregunté cuándo podría salir de aquí.

—"¿Cómo va todo en la casa de Ieran? ¿Es tan horrible como habías creído?" Rodé mis ojos. Aún me sentía irritada porque mi madre no había contactado a mi padre para pedirle que me cuidara mientras ella se tomaba su tiempo libre.

No es como si necesitara que alguien me cuidara, pero mis habilidades culinarias podrían matar a cualquiera... incluida yo misma.

—"Deberías haber llamado a mi padre," La vi tensarse, —"Sabes que Kiki no está mal," Kiki, la prometida de mi padre, no le agradaba para nada a Nadeshiko. Y ése era el problema.

—"¿Te están tratando bien o no?" Evadió por completo el tema, tal como lo había hecho varias veces antes.

Suspiré —"Sí," Increíble o no, las chicas eran increíblemente amables, Ieran era fría, pero cortés, Wei, un amor, y Shaoran... ah. Shaoran. ¿No podía dejar de pensar en él por un momento?

Nadeshiko, asintió, satisfecha. Creo que si yo le hubiera contestado 'no' habría recurrido a enviarme a un hotel. Todo, excepto enviarme con mi padre.

—"Muy bien. Saluda a Sonomi por mí," Volví a rodar mis ojos. Como si no estuviera pegada a su celular, espetándole órdenes a la pobre Sonomi, todo el día.

Con un beso en la frente, me despedí de ella y de las gemelas, y le entregué a Ruby a Clow, quien había permanecido en completo silencio durante mi visita.

Justo antes de que saliera de la habitación, Nadeshiko me llamó.

—"Sakura," A lo que me volteé, me lanzó algo. Llaves.

—"¿Eh?" Levanté una ceja. ¿Las llaves del Mercedes?

—"Conduce con cuidado," ¿Mi madre me iba a dejar conducir su adorada Mercedes? Imposible.

Pero real. Ahora, si podía sacar a Shaoran de mi cabeza, lo suficiente como para poder conducir sin estrellarme en algún poste, todo iría bien.

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Shaoran Li P.O.V

En el momento en el que Sakura se alejó de mí, experimenté lo que seguramente podría llamarse parálisis. Incluso mental.

Todos los pensamientos coherentes que se pudieron formar en mi cabeza, se volaron, dejándome como un maniquí. Moverme estaba fuera de mis capacidades, hablar... ¿qué era eso?

Eventualmente, y después de lo que parecieron ser años, pude reaccionar.

Sakura... ¿había insinuado...?

Imposible.

Bizarro.

Ella... en su perfección... no podía quererme. No podía elegirme. A mí.

No podía esperar que me creyera esto. Era verdad, éramos una explosión, juntos, pero... ¿ella me quería? ¿Me deseaba lo suficiente como para entregarse a mí, un idiota completo sin experiencia alguna? Mi seducción le resultaría ridícula en comparación a lo que ella me haría.

Pero la idea de vernos juntos, explotando nuestra pasión, finalmente poder llamarla mía era un pensamiento que sobre volaba mis esquemas. Había pensado en que haría lo que fuera para tenerla para mí, y ella me daba esta oportunidad.

De una manera y otra conseguí llegar a mi habitación, más trastornado de lo que jamás hubiera estado. Pasmado. En shock. ¿Dónde estaban los paramédicos?

Luego, optimismo me golpeó a su máxima potencia.

Y sólo una idea embriagó mi mente.

Sakura sería mía. Mía. Mía. Mía.

Mis neuronas comenzaron a asimilar esa información, y comencé a salir de las ropas que me tenían atrapado. Un ducha. Necesitaba una ducha con desesperación, ahora miles de ideas de cómo —oh, cómo— quería tenerla. La excitación que había sentido en la mañana era nada en comparación a lo que sentía ahora.

Me mordí el labio, indeciso.

Tener a Sakura... completamente. Unir nuestros cuerpos, sabiendo que los dos sentíamos lo mismo. Era una idea exquisita, gloriosa.

Pero peligrosa. Muy.

Desde ahora, que sólo había tenido una probadita de lo que ella podía hacerme, me sentía mentalmente imposibilitado para apreciar belleza que no fuera la suya. Para sentir deseo por otra chica. Me había capturado completamente, que el beso con Meiling me resultó como comer un poco de tierra y gusanos.

Desde ahora me sentía así. ¿Por qué resultaba peligroso tenerla? Fácil. Porque sabía que nunca la sacaría de mi organismo. Sus besos eran tan contagiosos e infecciosos, que me sentía en delirio por recibirlos, mucho menos estar con ella.

Resultaba peligroso, porque sabía que una vez, ni dos bastarían.

Resultaba peligroso, porque me seducía lo suficiente como para no importarme nada mi herencia, sólo por complacerla y permanecer a su lado.

Resultaba peligros, porque sabía que una vez Sakura estuviera conmigo, nunca podría apartarla. Nunca sería capaz de borrarla de mi mente, nunca de mi corazón, nunca de mi cuerpo.

Y aún así, siendo completamente consciente de todos los peligros que estar con ella me podría exponer, mi deseo por ella era lo suficientemente ciego como para ignorar las advertencias y pensar en el lugar apropiado.

Ah, las posibilidades eran infinitas.

Y todas, exquisitas.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Cuando las primeras modelos llegaron, —dos horas todavía para el desfile—, el staff tenía todo listo. Sonomi estaba aún más paranoica que Nadeshiko, y podía decir que era por el abuso de cafeína. Sea gaseosa o café, la mujer bebía. Cuando me había pasado ciertas prendas para que las almacenara, sus manos habían temblado. Okay. A eso le llamo obsesión.

Pero supongo que Nadeshiko podía poner nerviosa a cualquiera especialmente a Sonomi, que siempre buscaba agradarle. La mujer tenía carácter explosivo, pero no cuando se trataba de Nadeshiko o de mí. Al resto, ya había escuchado algunas quejas sobre los gritos que la mujer les había espetado si hacían algo mal.

Dios prohíba que alguna de las modelos se cayera o llegaran atrasadas. Sonomi se comería sus cabezas como plato principal y sus ojos como postre.

Miré mi reloj. Faltaba una hora. Los espectadores no tardarían en llegar, lo cual, —mi garganta se cerró ante el pensamiento— traería consigo a la familia Li, en sus asientos estelares, por ser familia de Clow, quien también es dueño de la compañía, en conjunto con Sonomi y Nadeshiko.

Lo único que podía procesar era... Shaoran.

Levemente fui consciente de la maquilladora que trabajaba en mi cara, de la manicurista que sostenía mis manos y de la estilista que me hacía uno de esos peinados extravagantes acostumbrados para esta clase de eventos.

No estaba nerviosa. Bueno, al menos no sobre salir en ropa interior, hacia la pasarela. No estaba nerviosa por eso en lo absoluto. Las otras modelos creaban caos en los vestidores, con sus grititos de nervios y otras, buscando encontrar su centro espiritual y concentración en medio del escándalo.

Pero yo estaba tranquila. Pregúntenme lo mismo acerca de lo otro. En eso, estaba reducida a un montón de cenizas... nerviosas.

Shaoran me observaría, de eso no tenía dudas. Pero yo no tendría la oportunidad de ver sus ojos iluminarse por el deseo, así que haría una interpretación digna de una top model, con la esperanza de que no se arrepintiera sobre lo de esta noche, sólo al verme reducida a una chiquilla en comparación a las mujeres que desfilarían hoy.

El tiempo pasó rápido, y desperté de mi letargo para ver mi reflejo en el espejo.

Me tomó un momento percatarme que la mujer que me miraba en el espejo era yo. Mi boca se abrió en estupefacción, porque me pareció imposible... Esa no podía ser yo.

Mi cabello, usualmente liso, ahora tenía ciertas ondas, que le daban un movimiento sexy. Mi maquillaje era impecable, mis labios más prominentes de lo que nunca antes, mis ojos reflejaban sensualidad y mis pestañas eran extraordinariamente largas. Irreconocible.

En ese segundo, sentí que era probable que pudiera ganarles a las modelos. Me sentí con poder.

—"¡Maravillosa!" Chilló Sonomi cuando me vio, un micrófono y auricular en su boca y oído respectivamente. —"Luces espléndida, cariño" Me dio un abrazo rápido, y una sonrisa contagiosa.

Me sentía maravillosa.

¿Podría encontrar alguna fórmula para lucir así todos los días?

Esperaba que Shaoran pudiera apreciar el cambio.

Ah. Ahí iba de nuevo. Shaoran. Shaoran. Shaoran. Todo mi mundo giraba en torno a él.

—"¿Listas?" Preguntó un chico del staff. Gay, por supuesto. Las modelos nos alineamos —sí, yo me incluía, ja— y nos poníamos en la posición que ya habíamos ensayado por dos días. Los tacones no me incomodaban para nada.

Tomé una respiración sabiendo que yo era la quinta en salir.

—"Sakura," Sonomi sonrió cuando llegó mi turno —"A la cuenta de tres,"

Inspiré, no nerviosa por el público, por el temor a caerme, porque se me rompiera un tirante del sujetador. Nerviosa por la opinión de un chico. El chico.

—"Uno,"

—"Dos"

Aquí iba, —"Tres,"

Las luces fueron psicodélicas cuando caminé, mis pasos más seguros de lo que nunca habían sido.

Poderosa.

Sí, definitivamente poderosa.

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Shaoran Li P.O.V

Evité pensar en lo que había preparado. Me sentía un poco cursi al respecto, pero, ¿quién era yo para juzgarlo? Evité pensar en ello durante el corto viaje al evento de mi tío Clow y de Nadeshiko —que curiosamente, iban a estar ausentes— para no hacer detener a Wei a medio camino, exigiéndole que regresara a la mansión para no evitar borrar los rastros de las tonterías que había hecho.

Un nudo en la garganta se me había formado, y no ayudaba mucho que mis hermanas estuvieran entusiasmadas al respecto y no pudieran dejar de hablar.

Mientras tomamos nuestros asientos, sentí que el nudo sólo se apretaba más y ahora me sentía una tensión en todo mi cuerpo... Que no sabía definir si era porque me moría por ver a Sakura... o porque quería salir tan rápido de esto, junto a ella. Quizás las dos.

Escuché a Fanran decirle a Feimei que Sakura saldría pronto, y me costó un segundo enterarme que ya había modelos recorriendo la pasarela, había música y que las luces habían estallado. Vaya. Casi nunca estaba así de distraído, después de todo, eran pocas las veces a las que podía asistir a uno de estos desfiles.

De repente, sentí que todo el aire en la habitación se evaporó y mis ojos se concentraron en una mujer —no cabía duda de que lo era— cuya atmósfera era suficiente para absorber la atención de todo el público. Su caminata era sensual, con pasos largos y firmes, y a mi lado, oí chillar a mis hermanas. La diosa que estaba en este momento caminando como si hubiera nacido para recorrer las pasarelas, era Sakura. Mi Sakura.

Absorbí su imagen y supe que no era el único. Pero eso en este momento no me importaba. Porque aunque mi vida hubiera dependido de levantarme de mí asiento y correr, no lo hubiera podido hacer. Honestamente.

Hermosa era una simple palabra en comparación a su belleza. Irradiante. Bella. Atractiva. Fantástica.

Me pellizqué para poder salir de este sueño. Simplemente era demasiado para absorber.

¿Ella quería estar conmigo? ¿Ella, que incitaba a todos los hombres que la estaban observando? ¿Ella, quien era dueña de un cuerpo de ensueño, una mente perspicaz y maquiavélica, y de un corazón gigante? ¿Ella quería estar conmigo?

Debía ser una broma cruel. O un regalo extraordinario.

¿Cómo era posible? ¿Cómo?

—"¿No se ve estupenda?" Comentaban mis hermanas entre ellas. Nunca me había sentido orgulloso de nadie, durante mi vida, pero en ese momento me sentí completo en orgullo, porque esa chica maravillosa pronto sería mía.

Mía para besar. Para devorar.

Mis ojos se deslizaron por su cuerpo, y por primera vez en la noche dejé de sentirme presionado, sino más bien, me sentí hambriento. Repleto de energía y de pasión.

No despegué mis ojos de ella, hasta que volvió a esconderse hacia lo que deberían ser los camerinos. Quise gruñir al verla desaparecer, pero parte de mí se alivió al saber, que como yo, otros ya no podrían verla.

La imagen de Sakura se me quedó gravada en la mente, a fuego lento pero efectivo, que evitó que pudiera fijarme en cualquier otra de las modelos. ¿Cuál era mi problema? Pero era obvio.

Sakura. Ése era mi problema. Y sabía que su imagen no se borraría de mi mente, no cuando eso era lo último que deseaba.

Y más peligroso aún, creía que si aún así lo quisiera —olvidarme de ella— no lo conseguiría.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Cuando el desfile terminó, todas las modelos se vistieron para dirigirse a la recepción que Sonomi había organizado, seguramente para socializar. Yo no necesitaba ir, y como le había dicho a Shaoran, lo esperaría afuera.

Para este punto, mis manos temblaban tanto, no porque la temperatura de Tokio había descendido varios grados. No.

Nadie notaría mi ausencia de la fiesta. Nadeshiko no estaba, Clow tampoco y Sonomi estaba demasiado ocupada como para hacerlo.

Escuché pasos a mi costado, y la sola sensación de mi cuerpo, de ponerse trémulo y tembloroso, era suficiente para saber de quién se trataba. Inhalé con fuerza, intentando calmarme, pero el efecto fue contrario. Lo único que pude oler fue su perfume, que invadió cada uno de mis sentidos, dejándome deseosa de más.

Sus manos rodearon mi cintura, sus brazos firmes y estables. Sentí envidia. ¿No estaba tan nervioso como yo?

Pero si había creído que su abrazo me había puesto en sobrecarga... estaba equivocada.

—"¿Estás lista?" Su voz. Dios. Ronca pero sexy.

Sentí cómo mis mejillas ardieron, recordando cómo sus ojos habían caído en mí, una seducción, lenta y efectiva, que había robado el aire de mis pulmones, como si sólo los dos nos encontráramos ahí.

—"Nací estando lista," Mi frase probablemente hubiera sonado algo presuntuosa excepto que salió más bien como la frase que hubiera dicho alguien a punto de ser exterminado.

Pero Shaoran soltó una risa suave, que me hizo estremecerme. Para evitar hacer el ridículo, le di las llaves del auto de Nadeshiko, esperando que él estuviera en mejores condiciones para evitar arruinar la preciosa Mercedes.

Abrió la puerta del copiloto, sus modales siempre impecables. Ésa era otra cosa que había aprendido de Shaoran. Decir que Ieran había hecho poco por educarlo en un hombre de bien, era una mentira. Lamentaba no haberme percatado de lo caballeroso y cortés que podía ser. ¿Sería porque hace no mucho había estado encargada de sacarlo de sus casillas? Ahora ése pasado se veía lejano, especialmente cuando iba a compartir lo único que había guardado como un tesoro.

No había tomado esta decisión a la ligera. No. Por supuesto que no. Shaoran era a quien yo amaba, y si podía hacer algo por los dos, para evitar que ambos cayéramos en demencia, era conceder esta pequeña pero importante parte de mí.

Estaba preparada física, emocional y psíquicamente para hacer esto. Lo deseaba más que a nada en el mundo.

El auto comenzó a trazar su camino por las avenidas, y lentamente la tensión de mi cuerpo —muy lentamente— fue disminuyendo. ¿Por qué estaba tan asustada? Esto era mi decisión. Shaoran era mi decisión.

—"Estás...bellísima," Las palabras de Shaoran fueron a penas un susurro, pero mis sentidos estaban tan alertas, que sonaron como si las hubiera dicho en voz alta.

El color regresó a mis mejillas, mientras jugaba con mis dedos para evitar sentirme tensa.

—"Gracias," Murmuré también, y me permití echar un vistazo a su perfil. Dios, qué buen perfil.

Comenzando desde su cabello, que como siempre, estaba desordenado, de la manera más perfecta. Sabía la suavidad de ellos. Sabía lo que era sumergir mis dedos entre ese desorden y no querer salir nunca.

Sus cejas estaban relajadas, como pocas veces solía verlo. Siempre en conflicto. Siempre con alguna preocupación.

Sus ojos, más ámbares que cafés, me cautivaron por varios minutos. Casi podía adivinar lo que estaba pensando a través de ellos. Podía mirarlos por toda una eternidad y aún así me faltaría tiempo para disfrutarlos en plenitud.

Sus pestañas se curvaban en una forma casi femenina, que daba cierto contraste con toda la masculinidad que exultaba desde cada uno de sus poros. Su nariz era perfecta. No había otra forma cómo describirla.

Y al fin, llegué a mi parte favorita. Sus labios. Sus labios que parecían que habían sido arrebatados de Adonis mismo, y colocado para completar su perfección. Sus labios que sabían trabajar maravillas conmigo...

—"¿Sakura?" Su cara finalmente se volteó a mí, y tuve que parpadear para salir de mi aturdimiento.

—"¿Eh?"

Shaoran sonrió. Sabía que lo había estado observando.

—"Ya llegamos," Por un momento no reconocí el lugar. Por más que parpadeara, no salía de mi aturdimiento.

¿El parque Ueno?

Parpadeé, confundida.

—"¿Es aquí?" Pregunté, examinando el lugar de un lado a otro. El parque carecía de sus niños usuales, al ser tan tarde en la noche. Estaba completamente desierto.

Tragué en seco.

¿Es que acaso Shaoran se había olvidado de lo que le había dicho? Porque no había ninguna maldita posibilidad de que yo tuviera mi maldita primera vez en un maldito parque público.

Hubiera niños o no.

La sonrisa de Shaoran fue amplia, y aunque eso lo hizo ver más sexy aún, sólo ayudó a incrementar mi irritación.

—"Vamos," Salió del auto y tuve unos momentos para borrar mi mueca.

Debía estar bromeando.

Pero al verlo dirigirse a mi puerta y extenderme una mano para ayudarme a salir, supe que no era así. Era en serio. Muy en serio.

Okay. Tenía dos opciones.

Opción A.

Mandarlo a volar, tomar las llaves del Mercedes, y salir huyendo de aquí, gritándole lo inconsiderado que había sido por planear algo tan íntimo en un lugar público.

Opción B.

Mandarlo a volar, tomar las llaves del Mercedes, y salir huyendo de aquí, gritándole lo inconsiderado que había sido por planear algo tan íntimo en un lugar público, después de haber visto qué era lo que había preparado.

Decidí quedarme con la opción B, aunque eso lastimara un poco mi orgullo. ¿Tan poco valía yo para Shaoran que la primera vez que estaríamos juntos... sería en un parque?

Digo, lo del salón de clases y lo de su casa había sido... interesante. Pero un juego, nada más. Shaoran no podía creer que iba en serio, ¿o sí? ¿Qué yo era del tipo 'acuéstala donde sea'?

Me sentí ser guiada a través del bosque, en medio de la oscuridad. Okay. Debía admitir que sentía curiosidad. Mucha curiosidad, incluso aunque mis planes estaban arruinados. Una vez más se probaba la teoría de: si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo. Especialmente cuando tenías que confiarle dicha tarea a un chico. Una vez más probaban ser más ineptos que el sexo femenino.

—"Falta poco," Susurró con tranquilidad.

Me tragué mis comentarios. Ya no estaba nerviosa. Nada iba a pasar. No en un parque. Nop. Nones.

Pero luego, fue difícil concentrarme en cuán molesta me encontraba. Porque la mano de Shaoran me condujo con paso seguro hacia un camino de velas, en medio del bosque. La idea probablemente era más peligrosa que había visto en toda mi vida, porque seguramente un bombero se habría suicidado al ver la cantidad de velitas encendidas peligrosamente cerca de los árboles...

Pero en un solo segundo absorbí toda la imagen completa.

Y mi corazón se hinchó de... amor.

El camino de velitas iluminaba el camino concreto hacia un círculo de cerezos en flor, que el viento se llevaba los pétalos de sus flores... directamente al lago más magnífico que existe. La luna se reflejaba de manera extraordinaria en la calma del agua y eso, no era todo.

Porque una sábana de pétalos se extendía sobre un pequeño muelle, que quedaba en el centro del lago.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. No tenía palabras. Esto era lo más hermoso que había visto en todo lo que llevaba de vida y dudaba que muchas cosas pudieran superarlo.

El silencio se hizo pesado entre nosotros, mi garganta completamente cerrada. No era mentira... no tenía palabras.

Sentí a Shaoran moverse incómodamente. Mi corazón sólo se abrió más.

—"¿No te gustó?" Su voz fue calmada, pero me decía que había algo de dolor en su tono. Por un momento quise reírme. ¿Estaba bromeando? En serio. Alguien tenía que ser verdaderamente estúpido para que algo así no le gustara. Y yo, no me consideraba estúpida.

Me volteé, porque no estaba segura de poder agradecerle lo suficiente con simples palabras. Al mirarlo a los ojos, me percaté que esto no era sólo difícil para mí, sino que también lo hacía sentir inseguro a él.

Mis manos rodearon sus mejillas, que estaban un poco frías. Mi piel tardó un instante en acoplarse a su temperatura, y una nueva corriente recorrió mi cuerpo. Este era Shaoran. Mi Shaoran. ¿Por qué había estado asustada? Sabía que las emociones muchas veces nos tendían trampas, que nos hacían creer cosas de las que después nos arrepentíamos. Pero en ese momento estaba más segura de Shaoran, que de si mi nombre era Sakura.

Ambos nos pertenecíamos el uno al otro, aunque el destino no estuviera a nuestro favor.

Mis labios se acercaron a los suyos, de una manera única, que nunca antes había sucedido con nosotros. Esto era diferente. Pero diferente no quería decir malo. Quería decir extraordinario.

Se tensó al sentir mi contacto y me pregunté qué recorría su cabeza. ¿Se sentía igual que yo? ¿Sentía lo mismo que yo hacia mí? Pero las dudas se desvanecieron, cuando lo sentí rendirse.

Sus brazos me rodearon con suavidad, y sus manos acariciaron mi espalda con tranquilidad, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo a nuestros pies.

—"Te amo," Solté en un susurro, mientras me sentía más expuesta a su mirada ambarina que nunca. Sus ojos me estudiaron con precisión, con una llama más encendida de la que le hubiera visto jamás.

Pronto, me encontré siendo levantada —era perturbador saber que yo no pesaba nada para él— Sus manos en mi cintura, mientras mis piernas rodeaban su cintura. No hubo el brillo maquiavélico que había visto en él, cada vez que nos encontrábamos así. Sólo encontré pasión, que nos inflamaba a los dos.

Fui inconsciente de los pasos que él estaba dando, porque nuestras miradas no se abandonaron, hasta que nos fusionamos en un nuevo beso y el furor entre nosotros estalló.

Su lengua invadió mi boca y contuve un grito de éxtasis cuando sentí su excitación presionada contra la mía. Aún estábamos completamente vestidos, pero sabía que no continuaría así por mucho.

Mi respiración comenzó a agitarse cuando sentí que sus manos se deslizaron ya con práctica hacia mi espalda y comenzó a bajar el cierre de mi vestido. Había planeado que desvestirme sería fácil, porque todo lo interesante sucedería después de habernos quitado la ropa. Aunque era una decisión difícil desvestirlo porque Shaoran se veía glorioso en esa camisa azul medianoche y sus pantalones de corte fino. Aún tenía problemas intentando quitarle la mirada de encima.

Pero pronto, al recordar cuán glorioso se lo veía sin esas prendas —la playa— no podía esperar por deshacerme de ellas.

Mis manos tomaron mente propia, mientras desabrochaban cada botón que tenía la camisa.

Mmm. Delicioso. Su tensión fue inmediata al verme observar su pecho descubierto ya de su camisa. Una expresión divertida iluminó su rostro pero no tuve tiempo de sonrojarme.

En vez de eso, me encontré devorando cada hora que él había gastado haciendo ejercicio, con mis labios que besaban cada esquina de la dureza de sus pectorales. Maravilloso simplemente era pálido en comparación a lo que estaba viendo.

—"Sakura," Me reprendió con voz suave, cuando mis manos continuaron con su exploración. Una sonrisa descarada se formó en mi boca antes de que pudiera retenerla. ¿Qué?

—"Todavía no," Susurró él, ahora con una sonrisa en su rostro. De nuevo sentí sus manos por debajo de mi vestido y no pude contener un gruñido de frustración. ¿No tenía yo los mismos derechos que él para acariciar todo lo que quisiera?

Y sí, sabía que Shaoran tenía algo a favor de la tortura, porque aunque sabía que con sus manos podía llevarme al cielo, también sabía que con ellas podía incendiarme en deseo, algo a lo que no quería apuntarme.

Mucho menos cuando Shaoran creía que teníamos el tiempo de nuestro lado.

Pero mis pensamientos de repente fueron incoherentes cuando sus labios se acercaron a mi cuello. No había descubierto que ése era uno de mis puntos sensibles, no sino hasta este minuto.

Mi cuerpo reaccionó por sí solo: mi espalda se arqueó, mis manos se apretaron en puños y mis piernas se abrieron, todo en un segundo. Sentí que una corriente eléctrica me invadió desde la punta de mis pies hasta llegar a mi cabeza, dejándome más vulnerable y expuesta de lo que hubiera estado nunca.

Shaoran encontró la oportunidad perfecta para separarse de mí, y colocarse encima de mi cuerpo. Lentamente, me percaté que nos habíamos sentado, y que después de aquella caricia íntima hacia una de mis zonas eróticas, yo estaba acostada, cedida por completo a cualquier arranque que él tuviera conmigo.

Cuando mis piernas se abrieron, después de haber salido de mi nube de deseo, me percaté que no lo habían hecho por sí solas, sino que sus manos habían forzado la postura. Esta vez me sonrojé, porque los hábitos son difíciles de romper. Ningún hombre había llegado tan lejos conmigo como Shaoran. Nadie en el mundo me había visto tan expuesta como él.

Y se sentía bien que así fuera.

Tragué en seco cuando sentí sus labios desde mi rodilla derecha, deslizarse más adentro, hacia la parte interna del muslo. Todo el calor que me consumía se concentraba en un punto, y él se estaba acercando peligrosamente a ése.

Oh. No.

Shaoran no podía estar pensando en eso.

Me tomé un minuto para concentrarme, y estudiar su rostro, que no delataba nada, excepto concentración.

Pero sus manos lo delataron, porque en ese preciso momento, se dirigieron a mis caderas —donde estaba mi interior— y lo deslizó hasta deshacerse de él.

Mi mente gritaba desesperada ¡¡NO, NO, NO!!

Pero al final mi cuerpo ganó la batalla ¡¡SÍ, SÍ, SÍ!!

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Shaoran Li P.O.V

Tenía que admitirlo. Sakura probablemente era la mujer —era curioso, pero ya no podía pensar en ella como chica— más hermosa en el planeta. Al menos para mí, lo era. Y había sido extraño ver su expresión estallar de euforia cuando vio lo que había preparado. Por un breve segundo me debatí la idea de ignorar todo este asunto... Y sólo amarla de la manera en quería.

Pero esta era nuestra primera vez juntos. Y merecíamos algo especial, aunque el resto de nuestra relación se mantuviera furtiva.

Sabía que había tomado la decisión correcta desde que vi sus ojos encontrar los míos, desde que su boca encontró la mía. Se sentía tan bien estar juntos que de verdad, debería ser ilegal. Probablemente lo era.

Una idea maquiavélica subió a mi cabeza, e ignoré el dolor que me causaba —por intenso placer físico— sentir sus manos deslizarse por mi cuerpo. Era una tortura no caer en sus deseos, resistirme era casi imposible. Pero como imposible había resultado, había sido fácil descubrir que ella también tenía sus propias necesidades... que yo pensaba explotar al máximo.

Hasta el momento, durante nuestra relación, Sakura me había proporcionado más placer de lo que yo hubiera tenido la oportunidad de hacer con ella. Sólo recordar cómo me había acariciado, sin remilgos ni ninguna clase de vergüenza, justo en nuestro salón; podía hacer que mi tensión sanguínea aumentara enloquecida.

Sí, Sakura había nacido para mortificarme con sólo sus ojos. Ni qué pensar de su boca o de sus manos...

Sin embargo, me había propuesto que sería yo quien tendría el poder. No por ser egoísta, sino porque era mi turno. Ella había hecho y deshecho conmigo a su antojo —no que me estuviera quejando— pero era mi oportunidad de tenerla a mi merced. No mostraría ninguna compasión, tal como ella me había demostrado que no tenía.

Mi boca se acercó a su rodilla, y el olor a dulce excitación bailó en mi nariz por un momento. Sentí que estaba a punto de probar algo diferente. Algo que nunca había probado en mi vida, y como a todo lo que Sakura se refiere, me volvería adicto a ello.

Su tensión fue inmediata cuando mis manos encontraron el elástico de su interior. Casi podía imaginármela en el mismo numerillo con el que me había atormentado durante la pasarela. Sí, era tiempo para venganza.

—"No, Shaoran" Cuando oí su queja, no pude contener una sonrisa. ¿No había yo pedido la misma amabilidad? Sus palabras podían decir que no, pero eran vacías, porque su cuerpo se contoneaba de la manera más excitante que hubiera visto nunca. Podía pasar toda una vida observándola así, y nunca cansarme.

—"¿No qué?" Pregunté, descartando la minúscula prenda hacia un lado.

Sakura tembló.

—"No lo hagas," Un breve sonrojo manchó sus mejillas, mientras sus ojos se cerraban como si estuviera a punto de recibir una tortura. Sabia.

—"¿Qué?" Pregunté desconcentrado completamente de nuestra pequeña conversación mientras levantaba el vestido que aún cubría la parte de su anatomía a la que quería llegar.

Estaba igual de ansioso que un chiquillo a punto de abrir su regalo de Navidad.

Sus piernas se cerraron involuntariamente y me vi forzado a mantenerlas en su posición.

Todos mis pensamientos súbitamente se evaporaron mientras observaba en asombro el paisaje que se presentaba ante mí. No pasaron ni dos segundos antes de que el mismo demonio maquiavélico se apoderara de mí, y no pasó un minuto hasta que me encontraba besándola ahí, en su calidez.

Sentirla estremecerse a cada una de mis caricias, fue algo más de lo que podía soportar. Su olor era fuerte por la excitación, que venía sucediendo entre nosotros desde hace tiempo, almizcle en una combinación perfecta con cerezos.

Una fotografía mental entró a mi mente, de Sakura, expuesta, rendida a mis caricias, entregada por completo a la pasión, mientras mi dedo índice exploraba su cavidad, que por su calidez me recordaba a una fogata... o a un volcán. Su voz era áspera mientras susurraba cosas que no alcanzaba a entender, y su espalda se arqueaba ante la invasión de mi dedo en su humedad.

No costó nada deslizar otro, tan húmeda que estaba. Difícil fue contener mis impulsos por sacar mis dedos y reemplazar el espacio conmigo mismo. Difícil fue ignorar que sus manos guiaban la mía hasta el lugar donde le ofrecía más placer.

Sentía las vibraciones en su cuerpo como si fuera las mías, y sabía que estaría en problemas si sus piernas continuaban insistiendo en atraparme. Mi excitación iba por niveles insospechables y me pregunté si alguna vez podría regresar a la normalidad.

A mis caricias les sumé un beso en su boca, acallando así los gemidos que me suplicaban olvidar todo acerca de dejar de ser egoísta, y sólo buscar mi propio placer.

Era una experiencia completamente nueva. El sentirse deseado y desear. Era algo aún más extraño y nuevo, el sentirse amado y amar.

Mis dedos no se apresuraron en su tarea, y conocía suficiente de anatomía como para evitar el punto más sensible en su cuerpo. Quería que esto demorara una eternidad. Había tantas emociones nuevas que absorber y creía que toda una eternidad no sería suficiente.

A pesar de mi firme resolución, encontré que mi corazón aceleró su paso, que mi cuerpo se sentía aún más caliente, que mi mente estaba frenética, justo en el momento en que percibí que Sakura estaba al límite.

Mi mano libre bajó sobre su pecho, y apreté mi agarre en una mezcla que ya habíamos practicado... dolor/placer. El ritmo frenético de sus caderas comenzó a igualar al de mi mano, mi lengua jugando con la suya.

Sabía lo que le hacía falta para llegar hasta ese momento. Con un solo toque la tendría ahí.

Terminé mi beso de forma brusca y otra vez casi caigo en delirio al oírla suspirar mi nombre.

Esta vez salió más como un grito ahogado —"¡Shaoran!" Excitado más allá de lo que creía que era posible, fui lo suficientemente sádico como para pedirle que me rogara.

—"¿Por favor, qué?" Susurré en oído.

Ayudaría un poco si sus caderas no realizaran ese baile tan perfecto...

—"Por favor, Shaoran" Me separé de ella, acariciándola aún con mis manos.

—"¿Qué es lo que quieres, Sakura?" Sus ojos pudieron derretirme. En ellos, se escondía una pasión y deseo que no se sospechaba a simple vista. Me había convertido en experto estudiando sus expresiones faciales.

Así no lo hubiera dicho, yo se lo habría dado. Pero el que lo dijera, contribuyó a mandarme a mi infierno personal.

—"Haz que me venga," Sus palabras fueron quebradas.

Me mordí los labios para evitar besarla en ese momento. Aún no.

Con mi pulgar, le di lo que quería.

Un grito de euforia fue dejado libre y me sentí más orgulloso de mí, de lo que nunca hubiera estado. Yo, Shaoran Li, había traído a un orgasmo explosivo, a la ninfa del placer, Sakura Kinomoto.

Mi único pensamiento fue...Wow.

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Sakura Kinomoto P.O.V

Recuperar mi aliento probablemente me llevó un siglo. Recuperar el habla probablemente me había llevado dos. ¿Sentirme excitada de nuevo? Dos segundos.

Por más improbable que pareciera, —un orgasmo, oh— mi liberación no fue completa. En vez de sentirme saciada y cansada, me sentía famélica por recibir más. Quería más, mucho más. Pero esta vez no quería recibirlo de sus dedos, quería recibir mi placer de él. Quería que ambos disfrutáramos, y sabía que aunque había un aire arrogante ahora desde Shaoran, el verme así de excitada seguramente sólo había traído consecuencias sobre él. Era una reacción en cadena.

Pero yo estaba demasiado ansiosa como para tomar una decisión al respecto. No pensaba construir más tensión sobre nosotros, no queriendo arriesgar que talvez perderíamos la cordura.

—"¿Protección?" Susurré, mientras me deshacía con la mayor velocidad de mi vestido. Shaoran sólo me estudió, y me satisfizo saber que mi cuerpo le quitaba la capacidad de pensar. Era bueno saber que no era yo la única a la que le pasaba eso.

Sus movimientos fueron lentos, pero sacó una tira de condones de su bolsillo. Levanté una ceja con curiosidad. Sólo podía imaginarme las posibilidades.

Quedando completamente expuesta, resolví que era tiempo de que ambos estuviéramos en el mismo nivel. Mis manos trabajaron más rápido de lo que habían hecho hasta ahora, y tiré de sus pantalones en menos de un parpadeo. Me deshice de sus bóxers en otro.

Mmm. Mmm.

Observé desmemoriada, la erección que mi Shaoran portaba. No había sido sólo una teoría que mi excitación también lo incitaba. Era realidad.

Por un momento me debatí en devolverle el favor.

Pero hubo algo en su expresión, que dijo que estaba soportando mi estudio sólo por estricta fuerza de voluntad. No quería hundirlo en más dolor físico. Quería darle placer...

Mis manos se volvieron temblorosas al abrir el paquete, y teniendo sólo la teoría clara mas ninguna práctica, juzgué que mi primer intento fue bastante bueno para ser el de una principiante. Aunque mi toque sobre él no tardó ni dos segundos, Shaoran ahora, apretaba sus mandíbulas y tenía los ojos cerrados en tanta tensión que sabía que estaba al borde.

Yo estaba al borde.

De ahí, todo sucedió exquisitamente lento y no tan rápido como había creído que sería, juzgando por el nivel de excitación de ambos.

Shaoran me recostó en mi espalda y sentí la delicadeza de los pétalos en mi piel. Una brisa cálida nos envolvió y podía ver gracias a la claridad de la luna.

Shaoran colocó cada una de mis piernas a sus costados, y tomé una respiración fuerte para calmar el ritmo errático de mi corazón.

Este era el momento.

Esa fue la frase que no compartimos en voz alta, sino más bien estuvo presente en nuestras miradas.

Sentí su aliento tibio en mis mejillas, y no pude despegar mis ojos de su cara, cuando sentí que su dureza penetraba en mí, en lugar completamente inexplorado por nadie... y que yo se lo entregaba con toda mi voluntad.

Felicidad. Felicidad y euforia inyectadas directamente a mis venas, un breve instante de dolor, que fue continuado por la sensación más hermosa que había tenido hasta el momento.

Me sentí completa.

Agarré a Shaoran de sus hombros, buscando seguridad.

Un suspiro de placer fue lo único que pude soltar, mientras sentía que Shaoran comenzaba a imponernos un ritmo, el ritmo más delicioso en la faz del planeta.

—"Más," Escuché que una voz decía, no sabía distinguir entre él o yo.

Pero cualquiera de los dos que hubiera soltado esa súplica, se vio satisfecha. Podía sentir a Shaoran, más adentro, más fuerte... No podía dejar de sentirlo. No quería dejar de sentirlo.

Mis piernas rodearon su cintura, y mi mente fue perdiendo la consciencia de nuestros alrededores, enfocándome sólo en el intenso placer y tensión en la que estaba sumergida.

¿Cuántas veces me había sentido inútil? ¿Incomprendida? ¿Qué no pertenecía a ningún lugar? ¿Odiada? Todos esos sentimientos negativos se borraron de mi memoria cuando encontré el cielo entre los brazos del hombre que amaba.

Pertenecíamos a este momento, a este lugar.

Y nadie podría quitarnos eso. No Meiling, ni Ieran, ni siquiera nosotros mismos.

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Shaoran Li P.O.V

No había actuado violentamente, no como había creído que lo haría. Había tomado cada onza de fuerza de voluntad que tenía mi organismo no encontrar mi placer en el momento en el que invadí su cuerpo. Había sido aún más imposible en el momento en el que toqué una frágil barrera, y que distinguía a Sakura como mía. Finalmente, completamente e indiscutiblemente mía.

En relación a coeficientes intelectuales, al menos en este momento, estaba seguro que el mío no superaba al de un gusano. Perdí la capacidad de razonamiento, sacrificándola por estas magníficas sensaciones, cada vez que me adentraba en territorio desconocido.

Busqué formas para hacer esto lento, suave, como había planeado. Por supuesto, cuando había hecho esos planes, no había contado con que la suavidad y calidez de Sakura serían —especialmente su calidez— serían así de abrasadoras. No había contado con que estaría tan gloriosamente apretado ni así de húmedo, ni que los pequeños gemidos que ella soltaba esporádicamente, serían tan eróticos. No había contado con mi propia reacción enfebrecida ni mis deseos por hallar nuestro placer lo más pronto posible.

Mis dedos se hundieron en su cabello, todavía pulsando nuestro contacto.

—"Sakura," Susurré enloquecido. ¿Qué me había hecho?

Sus caderas se pegaron a las mías y sabía que no faltaba mucho para llegar al clímax.

Tenía que decirlo ahora, o de lo contrario también perdería el habla.

Me concentré en sus ojos, que me miraban, desorbitados.

—"Te... amo," Con la frase, recibí la última contracción del cuerpo de Sakura, y el mío entró en shock.

Miles de corrientes eléctricas invadieron mi columna vertebral, mi cerebro entró en sobrecarga. Cada nervio de mi cuerpo trabajó para lanzarme a una piscina de placer y ahogarme en ella.

Te amo, Sakura.

Ése fue mi último pensamiento, antes de lanzarme a un abismo donde la satisfacción era lo único que había.

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Notas de Autora:

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Un minuto de silencio por el alma de Sakki-Chan que ahora descansa en paz. Seguramente debe estar jugando con los conejitos en el cielo... o con los demonios en el infierno.

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Ahora, un mensaje desde el más allá de su autora:

¿Hay conejos en el cielo? No lo sabría. Creo que en este momento todos ustedes me deben estar condenando, ja, ja, ja o alabándome... ja, ja, ja.

Wow.

Digo, wow. Fue una experiencia demasiado increíble escribir ese lemon. Fue todo lo que había esperado y más: tierno, apasionado, exquisito, romántico...

Espero que a ustedes también les haya gustado leerlo, así como yo disfruté escribiéndolo.

Al fin vemos que nuestra pareja protagonista toma un paso adicional, el paso. Me pregunto cómo reaccionarán después... Mmm.

Un beso muy enorme a todas mis lectoras que nunca se desconectan del fic. Sé que es un poco decepcionante que no todas pasen a dejar sus comentarios, pero igual les agradezco a todos, aunque se queden en las sombras.

Para quienes sí dejan sus comentarios... una sorpresa les espera a la vuelta de la esquina. Espero que se sientan preparadas.

No tengo mucho qué decir, sólo espero en verdad espero, que el capi les haya gustado y que por favor no se desenchufen porque aún falta mucho.

Un beso,

Sakki.