Sakura Kinomoto P.O.V

Mi cabeza no era el lugar más seguro para estar en este preciso momento. Había palabras que cortaban más que navajas, acciones, recuerdos, que me tenían retorciéndome de un lado a otro en mi cama.

Quise reír por la ironía de los sucesos. ¿No era esto exactamente lo que había pedido? ¿Lo que había suplicado? ¿No era esto por lo cual me había comportado como una idiota, que cuando no lo estaba haciendo, nadie me creía?

Comenzaba a creer que era mi problema. Que alguien allá arriba —o allá abajo— tenía un detector de mi felicidad, y justamente ahora, el detector había anunciado un peligrosamente alto nivel de contento, así que habían mandado —usando a Touya de medio, por supuesto— a alguien a encargarse del problema. Esperaba que se encuentren contentos… no recordaba haber sido tan miserable en lo que llevo de vida.

Las ideas revoloteaban en mi cabeza, ideas estúpidas, seguro, pero que ahora tenían sentido. ¿Qué tal si quebraba el espejo… y algún pedacito…? No, definitivamente no era una ruta sana de pensamiento, no cuando estaba lo suficientemente deprimida como para hacerlo.

Y así pasaron los segundos, con los segundos, los minutos, y con los minutos, las horas.

Las cortinas estaban abiertas en toda la habitación, y pude admirar al sol nacer desde el este, con fuerza, imponente, glorioso. Todo lo contrario a mi estado de ánimo.

Suspiré, mirando mi celular, deseando con todas mis fuerzas poder llamar a Kero. Pero era aún muy temprano, y estaba segura de que mi amigo no apreciaría la interrupción de sus horas de sueño.

Hubo algunos toques débiles en la puerta, pero no me dieron opción a contestar nada. Kiki entró, luciendo fresca, seguramente recién bañada, y en general, luciendo asquerosamente positiva. Por algún motivo desconocido, había alguien a quien le agradaba mi presencia.

Había pasado sólo un día desde mi llegada, y Kiki había hecho lo necesario para hacerme sentir bienvenida. Jamás había visto a mi padre tan exultante, una sonrisa tan brillante que si la observaba por mucho tiempo, me hacía sentir náuseas.

Kiki había sido la única de los dos, quien se había mostrado un poco sensible a mi dolor, respetándolo, al contrario de mi padre, cuya felicidad por tenerme aquí, era tan grande que prefería hacer vista gorda a cuánto estaba sufriendo.

—"Buenos días, cariño" Sonrió con suavidad, mientras se aproximaba a mi cama para darme un beso en la frente. Se sentía extraño ser mimada, pero así también era de reconfortante.

—"Buenos días," Murmuré, mi voz más ronca de lo usual, gracias a otra noche de sueño a punta de lágrimas y escuchando una y otra vez los múltiples mensajes de Shaoran —se habían ido multiplicando conforme las horas—. Suponía que ahora debía tener ojeras de un oso panda y los ojos completamente hinchados.

—"¿Quieres ir al instituto?" Levanté la mirada ante su pregunta. No me había percatado de que, en efecto, hoy tenía clases; bueno, no clases precisamente, sino que quedaban los días de relleno para terminar el último año y que nos entregaran el título.

No, esto no iba sobre ir a calentar asiento o no. Esto se trataba de si estaba preparada para ver a Shaoran.

—"Quizás, puedas quedarte para ayudarme con la boda…" Regresé a la realidad para encontrar a Kiki meditando en voz alta.

Campanas de alerta sonaron en mis oídos ante su última frase. Su boda con mi padre estaba más cerca cada día —no tan cerca como otra— pero lo suficientemente cerca como para que mi futura madrastra estuviera de un lado a otro organizando su boda. No sabía quién le había dado la fantástica idea de ir por ahí, solicitando mi opinión para todo.

Era alarmante el hecho de imaginarme en una boda, cualquier boda. Demasiada felicidad, que no era admitida mientras se encontraban en mi presencia, ¿recuerdan?

Suspiré, sabiendo que no me quedaba otra opción de escapatoria para esta pequeña tortura —Dios nos ampare de los vestidos de damas—, de no ser porque tenía que ir a enfrentar más problemas.

—"Tengo que ir," Me forcé a decir en voz alta, repitiendo lo mismo internamente. Kiki lució ligeramente sorprendida, pero se encogió de hombros, aceptando que yo era alguien "responsable". Aparentemente, más responsable de lo que ella había sido cuando era joven.

Me mordí los labios, una vez ella salió de mi habitación, para dejarme vestir. Las lágrimas pronto vinieron, porque lo que pensaba hacer hoy era probablemente una de las decisiones más dolorosas que hubiera tomado en mi vida, pero que planeaba seguir a cabalidad.

Shaoran corría demasiados riesgos, al estar conmigo. Y había cosas a las que él tenía derecho, y que no era mi atribución quitárselas. De hecho, no quería quitárselas. Quería que él fuera feliz, y por una vez en mi vida, le enseñaría a Nadeshiko que no era egoísta, no con palabras, sino con acciones.

Mi resolución dolió más allá de lo imaginable, pero no por eso significaba que me arrepentiría de ello, porque nunca sería así. No era lo mejor para mí —estaba segura de que iba a morir después de esto— pero lo era para él, aunque se negara a creerlo.

Sí, sabía que no me podía esconder para siempre, pero a veces, quisiera poder hacerlo.

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Shaoran Li P.O.V

Había hecho lo mejor de mi parte para intentar averiguar la ubicación de Sakura. Mis hermanas y mi madre eran ignorantes de su paradero, tan sorprendidas como yo ante su partida. Nadeshiko se había negado a decir una sola palabra —no a mí, sino al resto de la familia— sobre el asunto, y no ayudaba mucho que mi teoría fuera levemente confirmada por la indiferencia que ella mostraba, o que en la oscuridad de mi habitación y en la soledad de mis horas, mi cabeza había ido aumentando la creencia de que estaba en lo cierto. Todos los mensajes con los que me había topado para poder decirle algo a Sakura, no ayudaban a disipar mis temores.

No me había molestado en enfrentar a Nadeshiko yo mismo, porque si no le había dicho nada a mi madre —de lo que sospecho que le tiene algo de miedo— era inútil intentarlo. Además, había algo que me hacía sentir enfurecido con Nadeshiko, al punto de apretar mis puños y contenerme para sacarle la verdad a golpes. Mi desesperación por saber algo sobre Sakura me llevaría a ese extremo, y a muchos más.

La ansiedad había ido creciendo en mí, hasta alcanzar un punto insoportable. Como no tenía ninguna excusa para faltar al instituto, no tenía ningún argumento para evitar sentarme en el asiento trasero del auto, en el que Wei me condujo con paciencia.

Iba entrando al edificio, cuando el rugido de un auto me detuvo en mis pasos. De hecho, no fui el único. Todo estudiante que se encontraba en el exterior del instituto, había pausado para observar el maravilloso auto que se deslizaba en el parqueadero, hasta que se detuvo en un espacio demasiado pequeño para cualquier otro auto, excepto para este.

Mi mirada siguió al Ferrari, cuyos vidrios oscuros no permitían desvelar quién conducía semejante máquina, que describirlo como auto, lo denigraba un poco.

—"Wow," Escuché murmurar a un estudiante de nivel inferior, que pasaba junto a mí, sus ojos, también pegados al auto.

Y fue justo en ese momento en el que el conductor del auto salió, para mejor entendimiento conductora, y la sorpresa de su identidad me golpeó más que si del auto hubiera descendido un payaso vestido de Barney, usando tanga.

Las palabras murieron en mi boca, cuando reconocí todo ese cabello castaño, y la silueta de la chica cuyo cuerpo mis manos conocían de memoria, mis ojos acostumbrados a verla moverse de esa única manera poderosa que ella conocía.

Su mirada me esquivó — ¿deliberadamente?— y apenas pude cerrar mi boca para no mostrar mi sorpresa y poder entrar en el edificio, finalmente perdiéndola de mi vista.

Llegué al salón en un apuro, aunque faltaban diez minutos para que las clases comenzaran.

Ignoré el saludo de Eriol, y de algunos otros que ya se encontraban ahí. En vez de eso, me senté en mi asiento —haciendo mi mejor esfuerzo para bloquear mis alrededores—, a esperar a que la persona que más deseaba en el mundo, entrara por esa puerta.

Cinco, seis, nueve minutos pasaron, pero ella no ingresó. Y justo cuando creía que lo sucedido abajo era alguna de esas jugarretas con las que la mente te engañaba, cuando te estás volviendo loco, ella entró, con el mismo paso seguro que utilizaba en las pasarelas, las miradas de todos cayeron instantáneamente sobre ella, pero nadie emitió ningún comentario porque estaban ocupados tomando sus asientos, ya que el profesor ingresó diez segundos después de ella.

Furioso, no alcanzaba a cubrir mi estado. Ahí había estado yo, preocupándome como un idiota por ella. Porque no recibía ninguna maldita noticia de ella en todo el fin de semana, y ella entraba al salón, luciendo más fresca que una lechuga, evidentemente mandándome al infierno.

Apretando mis mandíbulas, esperé al receso.

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Sakura Kinomoto P.O.V

Los segundos habían pasado más rápido que de costumbre, mis lágrimas más feroces que antes. Así que no fue ninguna sorpresa que para el momento en el que Kiki regresó a mi habitación, me encontrara hecha un ovillo sobre la cama, la nariz más roja que un farolillo de Navidad. Quizás hubiera podido serrucharle el piso a Rodolfo el Reno.

Pero no me había hecho ninguna pregunta, ni tampoco me había exigido lavarme la cara para poder ir al instituto. Tampoco me había exigido tomar desayuno, ni ir caminando a la escuela. No, Kiki tenía unos mejores métodos para obligarme ir al instituto, mucho más tentadores de lo que jamás fueron los de Nadeshiko.

Me había extendido las llaves, y yo sólo había parpadeado en confusión, porque reconocía esas llaves. Eran para un auto. Eran para el auto.

Así que para el momento en que mi mente se recuperó, y aún cuando mi padre no se había despertado, me despedí del edificio, para poder entrar en el Ferrari. Era oficial. Amaba a Kiki. En verdad lo hacía.

Llegar al instituto en un auto como este definitivamente no era algo que me había atrevido a soñar, ni siquiera cuando podía atreverme a tener sueños tan triviales. Fue extraordinariamente fácil imaginarme que podría quedarme con este bebé, aunque causara muy a menudo, varias miradas envidiosas, haciéndome sentir más débil de lo que ya me encontraba. Ésa parte del auto era lo que yo suponía que era lo más atractivo, al menos cuando mi madre no se había encargado de destruir mi auto estima.

Pero nada de eso fue difícil, en comparación con ver a Shaoran, lucir atónito… y luego furioso. Sabía lo que estaba pensando, y me retorcí al saber que el dolor que sentía en este momento, sería pequeño en comparación al futuro. Si es que, Nadeshiko no tenía razón, por supuesto.

Tomé mi asiento, a sabiendas que su mirada recaería en mí hasta el momento del receso, en donde tendríamos que enfrentarnos, a solas.

Mientras tanto, eché mi frente en mi pupitre, y traté de recuperar las pocas horas que quedaban para que aquel encuentro se diera. A ver si podía pretender que los ojos hinchados eran por la falta de sueño.

Patético. Pero así sería mi vida, cuando Shaoran ya no se encontrara en ella, porque aún bajo su mirada y furioso escrutinio, me bastaba para restaurar esa pizca de felicidad de la que me había abstenido por 48 horas, y que pensaba abstenerme por el resto de mi vida.

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Shaoran Li P.O.V

El receso, por el que tanto había esperado, llegó rápido, no así mis ganas de iniciar mi conversación con Sakura.

Mientras todos mis compañeros salían del salón, era evidente que Sakura y yo nos manteníamos estoicos en nuestros lugares. Conocía las emociones que me asfixiaban… furia, alivio, dolor, felicidad, uno más contradictorio que el otro.

—"Sakura," Finalmente, decidí que lo que en realidad me estaba asfixiando no eran mis emociones, sino el silencio entre nosotros.

—"Lamento no haber contestado las llamadas," Urgió ella, mientras se levantaba de su asiento. Mirarla mientras se ponía de pie se convirtió en un ritual, me tomé mi tiempo memorizando cada una de sus acciones, como había aprendido que tenía que hacer ante lo horrible de la incertidumbre de no saber dónde estaba. Cómo estaba.

Las llamadas no podían importarme menos —"Al diablo con eso. ¿Dónde has estado? ¿Qué pasó? ¿Cómo has estado?" Pregunté atolondradamente, poniéndome de pie yo también. No me percaté cuándo había cerrado la distancia entre nosotros, ni siquiera en qué momento mis manos la aferraban de los brazos.

Sakura suspiró. Por primera vez noté lo hinchado de sus ojos, lo demacrada que lucía su cara. Todo mi cuerpo reaccionó con una furia salvaje al saber que había sido lastimada.

—"Para comenzar, he estado en la casa de mi padre," Sus ojos verdes estudiaron mi reacción, y sus palabras confirmaron lo que Nadeshiko había dicho. Tuve que apretar mis dientes en ultraje.

—"¿Por qué?" Murmuré, mis dedos hundiéndose en la suavidad de su piel. Si mi agarre fue muy fuerte, ella no mostró ninguna señal de dolor, mientras su barbilla subía para poder encontrar mi mirada.

—"Nadeshiko me echó," Sus ojos descendieron por un breve segundo, pero era muy tarde, porque ya había detectado el dolor en ellos —"Me sorprende que te no haya dicho por qué, ni te haya advertido de nada,"

Mis mandíbulas estaban tan apretadas la una de la otra, que apenas logré mascullar —"¿Qué?"

Sakura volvió a suspirar, pero su mirada fue feroz cuando me encontró, de nuevo. —"Nadeshiko sabe de lo nuestro, Shaoran. Touya la llamó,"

El golpe no fue tan brutal como lo había esperado. Esto era sólo una confirmación a mis sospechas. Eso no significaba que me dejaba de fastidiar.

—"¿Y por qué tendría que advertirme? ¿No sería mejor delatarme?" Si Nadeshiko sabía, dudaba que mi madre lo ignorara por mucho tiempo.

Sakura bufó, una mezcla de ironía y dolor en su semblante —"Aparentemente, tendría que advertirte de mis artimañas para conseguir que cruzaras al lado oscuro. Que no puedo amar a nadie, porque soy la peor alimaña que camina sobre la faz de la tierra. Que no tienes que arriesgar tu brillante futuro por tan poca cosa como lo soy yo. Además, Nadeshiko no te delataría. No cuando se siente tan avergonzada del monstruo que tiene por hija,"

Cada una de sus palabras vino con una ola de emociones crudas, que no podían ser contenidas por sus habilidades teatrales. Vulnerabilidad era la base de todo, debilidad, cansancio, tristeza, amargura, rencor, todos habían formado una perfecta combinación para asistirla en sus frases, consiguiendo que cada una me diera un golpe más fuerte que el otro. Pero lo que me hizo imposible no hundirla en mis brazos, fue la intensa agonía por la que estaba pasando.

No había notado la forma en la que estaba temblando hasta que su cuerpo se escondió entre mis brazos.

No sentía ninguna clase de alivio al saber que Nadeshiko no me delataría. No, si era aún posible, me sentía más asqueado conmigo mismo, porque no era su madre la responsable de su dolor. Yo lo era. Era yo el que había iniciado todo esto. Yo, quien no había tenido la suficiente fuerza de voluntad para sacarla de mi sistema, aún en aquel tiempo en donde mis sentimientos por ella básicamente se basaban en lujuria. Yo, que con mi egoísmo, había permitido que mis instintos me llevaran a besarla en el ascensor, sin pensar en las consecuencias. Yo, quien había llevado a Nadeshiko a desconfiar de ella, cuando yo era el verdadero monstruo, porque había codiciado a Sakura, porque la había querido para mí, sin importar que ella fuera feliz, sin importar el futuro que nunca podríamos compartir, por permitirle enamorarse de mí, por dejarla entregarse por completo, cuando yo no tenía nada qué ofrecerle a cambio excepto sufrimiento e incertidumbre.

Y nunca mis acciones habían pesado más que en este momento, nunca había sentido un dolor así de comparable, al saber que mi amor por ella lo único que había hecho era complicarle su ya complicada vida.

Volví a la realidad, cuando la escuché murmurar, —"Estoy esperando,"

Sus palabras me confundieron, —"¿Qué estás esperando?"

Se apartó de mi pecho, para que la viera —"Estoy esperando para que también me eches de tu vida, Shaoran" Lució decidida y no vulnerable —"Estoy esperando a que reacciones y salgas corriendo de aquí. Es mi propia madre quien te da el consejo, Shaoran. Huye," Me urgió de una manera casi frenética, y pude ver la necesidad brillar en sus ojos, que ahora cargaban lágrimas.

Me volví a sentir furioso, pero esta vez conmigo. Era cierto, el pensamiento de dejarla no era foráneo en mi mente. Por supuesto, ahora era imposible. Era como pedirle a mis pulmones que dejaran de pedir oxígeno.

Pero porque la amaba de una manera tan obsesiva que se había vuelto natural, me vi forzado a cumplir sus expectativas. Habían tantas cosas que tenía que resolver antes de poder estar plena y libremente con ella. Entre esas cosas, estaba Meiling incluida.

Me forcé a dar un paso atrás, sabiendo lo derrotada que estaba. Y supe que si no lo hacía ahora, no lo haría nunca. Sakura estaba preparada para esto. Esto era lo que esperaba.

Pero antes de eso, no encontré ningún motivo que impidiera que la consolara.

—"Todo lo que te dijo tu madre es mentira, Sakura. Es mentira y jura que jamás lo creerás," El sabor metálico de rencor volvió a mi boca, de sólo imaginarme las estupideces que Nadeshiko le pudo haber dicho, y que para mi beneficio, Sakura había editado.

Sus ojos buscaron los míos, buscaron la verdad tras mis palabras.

—"Pero eso no va a evitar que me dejes, ¿no es cierto?" Su voz sonó lo más vacía que le pude haber escuchado. Sonó vacía de cualquier emoción. El nudo en mi garganta aumentó su presión, haciendo insoportable lo que iba a hacer. Lo que iba a decir.

Por un breve instante, me debatí a decirle la verdad. No, no podía hacerlo. No porque no podía confiar en ella, sino porque quizás le causaría más dolor de lo que debía.

No dije nada, y la vi sonreír melancólicamente. —"Kero me lo dijo. Yo lo sabía. Incluso Nadeshiko me lo dijo. Y lo entiendo, Shaoran. Te juro que lo entiendo. Es tu familia, no puedo competir contra eso, no quiero competir," Sus palabras sonaron con suavidad, y sus ojos se iluminaron un poco —"Hazlo," Susurró, esquivando mi mirada.

De mi boca no salió ninguna palabra. Creo que no podría hacerlo ni para pedir auxilio. Comenzaba a pensar que mi plan era la idea más estúpida que se me hubiera ocurrido en mi vida. Debía mandar al diablo a todo el mundo, a Meiling, a mi madre, a mis hermanas… debía escoger a Sakura. Pero, sabía que si lo hacía, siempre habría algo que oscureciera mi amor con Sakura. Siempre había una sombra entre nosotros. Y yo no tendría la consciencia tranquila hasta que dejara todo en orden con mi familia. Era lo menos que se merecían.

Pero tampoco podía terminar con Sakura. No cuando la amaba como a nadie en el mundo, y que por ella iba a hacer el sacrificio más grande de toda mi vida.

Sakura me miró con algo de rabia, en medio de su dolor.

—"Si no lo haces tú, lo hago yo, Shaoran" La vi morderse los labios, y más lágrimas brillaron en sus ojos. Sus preciosos ojos.

Las palabras murieron en mis labios, porque sabía que no tenía el suficiente valor para hacerlo.

Sakura, no fue tan cobarde. —"Esto se acabó, Shaoran. No te echo la culpa de mi sufrimiento, porque sabía que estábamos jugando con fuego. Que nuestro tiempo era limitado, y que esto llegaría más temprano que tarde," Sus manos acariciaron mi cara, y en verdad quise llorar con ella. —"Te deseo toda la felicidad del mundo, Shaoran. Eres la persona más especial que se ha cruzado en mi camino, en verdad lo eres. Gracias… gracias por haberme sacado de mi oscuridad. Gracias por haber creído en mí. Gracias por enseñarme,"

Sus palabras cavaron un hoyo en mi pecho. Me quitaron el aliento y me dejaron más vulnerable. Mis manos temblaron, y tuve que morderme los labios con violencia para suplicarle que olvidara esto. Que mañana mismo podíamos irnos de esta ciudad. Que podíamos escapar a donde ella quisiera. Que yo la seguiría hasta el fin del mundo.

A lo lejos, como si nos encontráramos en otro lugar, en nuestro mundo, pude escuchar la campana que daba el fin a nuestro receso. Ambos nos movimos como si estuviéramos incómodos, y me forcé a no volver a tomarla en mis brazos.

Nos separamos, pero en mi interior, juré que esto era sólo un 'hasta luego'. No permitiría que nada ni nadie me alejaran de Sakura. Ni siquiera ella misma, en su afán de creer que esto era lo mejor para mí.

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Sakura Kinomoto P.O.V

—"¿Tú? ¿Tú terminaste con él?" La pregunta sonó extremadamente sarcástica, y tuve que rodar mis ojos para evitar soltar un insulto. En vez de eso, le di un mordisco a mi helado.

Sí, helado era la respuesta a todos mis problemas. Lo malo del plan era que no se me había ocurrido a mí. Se le había ocurrido a Kero, el bocón Kero.

—"Siempre creí que sería él quien terminaría contigo," Su énfasis en la palabra 'él' quedaba más que obvio en su tono. Con irritación, esquivé mi mirada de su cara, para encontrar a varias chicas observándolo embelesadas.

—"Sí, Kero. Y yo creía que mi madre nunca me haría lo que me hizo, pero ya ves que uno puede ser ingenuo," Me encogí de hombros. Había pasado una semana desde el problema con Nadeshiko. Una semana me había tomado regresar de la tumba. Ahora, estaba lidiando con el problema Shaoran. Sólo su nombre me traía un escalofrío y un fuerte dolor en el pecho.

—"En fin, sea quien sea que haya terminado la relación, era algo que ya había previsto. Recuerdo que te lo dije, ¿no?" Su sonrisa fue malévola, y no pude evitar sentirme otra vez irritada. ¿Por qué Kero tenía que tener razón?

Me encogí de hombros.

—"Y ahora, ¿qué piensas hacer, señorita a punto de graduarse? Creí que no llegaría el día en que te vería recibir tu diploma," Fingió secarse unas lágrimas falsas, mientras mostraba una sonrisa suave, en un intento por cambiar de tema, sabiendo que hablar de él me lastimaba.

—"No lo sé," Me volví a encoger de hombros. En este momento, no tenía ni metas ni aspiraciones. Seguramente Kiki estaría más que feliz de poder mantenerme por el resto de mi vida, así que, ¿para qué estudiar?

Kero frunció el ceño —"¿No sabes porque no quieres decírmelo, o no lo sabes porque en verdad no lo sabes?" Su juego de palabras consiguió sacarme el fantasma de una sonrisa.

—"En verdad no lo sé," Murmuré, mientras me lanzaba otra cucharada de helado de chocolate.

Kero lució culpable por un minuto, y sé que quiso comenzar algo pero luego se arrepintió. Levanté la ceja en escepticismo. ¿Desde cuándo Kero dudaba en decir algo?

—"Sólo dilo, Kero," Ya me parecía sospechoso que quisiera reunirse conmigo. Últimamente el chico estaba más ocupado que el presidente.

Se sonrojó, pero no dijo nada —"Oh, vamos Kero. Sé que no me llamaste para escuchar mi patética vida amorosa," Eso, lo podía escuchar por teléfono.

—"Creo que no soy portador de buenas noticias," Rodé mis ojos ante lo estúpido de su frase. Era obvio que no eran buenas noticias si rehusaba decírmelas.

Suspiré. Mi madre me odiaba. Shaoran me había abandonado. ¿Qué podría ser peor que eso? —"Cualquier cosa que tengas que decirme, Kero, estoy segura que no me causará un impacto,"

Encontré sus ojos, que estaban nerviosos. Okay, estoy cambiando de parecer.

—"Me voy de Tokio," Sentenció él, con la mirada fija en mi reacción. Okay, eso no era ningún impacto. Extrañaría a Kero, pero como había sucedido con Shaoran, yo sabía que también tenía que terminar. Todas las cosas buenas en mi vida se estaban evaporando, así que nada me sorprendería. No me extrañaría que Spi decidiera fugarse con alguna gata y dejarme sola, también.

—"¿A dónde vas?" Pregunté, más resignada que otra cosa.

Los extremos de sus labios se curvaron en forma negativa. —"París,"

Quise reír ante la ironía. ¿No yo también había dudado sobre irme a esa cuidad para intentar mi suerte como modelo?

—"¿En serio? ¿A hacer qué?"

Mi pregunta provocó que Kero gruñera. —"¿Duh? ¿Qué es a lo que me estoy dedicando, Sakurita?"

Rodé mis ojos, —"En serio. ¿A hacer qué?"

Kero sonrió brevemente —"El director de la academia a la que asisto, me recomendó para trabajar en un revista. Dicen que tengo talento," Quise sonreír ante el entusiasmo de su voz, —"En fin, no tengo nada qué perder. Mi padre me va a pagar el pasaje, y tiene un departamento desocupado por ahí… Como dije, nada qué perder,"

Sí, Kero estaba entusiasmado de poder alejarse de Tokio, y con ello, alejarse de su padre. Kero estaba huyendo… y nada lo detenía. ¿Qué me estaba deteniendo a mí? ¿No era yo quien necesitaba huir?

La idea bailó en mi mente, rápida, certera. Las posibilidades de dejar todo atrás eran todo en lo que podía pensar. Kiki se resentiría conmigo, mi padre estaría furioso. Spi tendría que aguantarse un viaje muy largo. Pero nada de esas cosas eran en comparación, dolorosas, como seguir aquí, recordando, sólo recordando y sin hacer nada por mi futuro.

Kero aún continuaba hablando, pero lo interrumpí para hacerle una pregunta.

—"¿Me acompañas a la empresa de Nadeshiko?"

Kero abrió los ojos, sorprendido. —"Creí que no querías volver a ver ese lugar…"

Apreté los labios, por primera vez en lo que parecía una eternidad, estaba verdaderamente entusiasmada.

—"Sí, lo dije, y todavía sigue en pie. Pero necesito hablar con la socia de Nadeshiko," Declaré, levantándome de mi asiento.

Kero levantó una ceja —"¿Para?"

—"Para pedirle la dirección de una agencia que estaba interesada en contratarme. Querido, nos vamos a París,"

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Shaoran Li P.O.V

Había renunciado a cualquier intento de encontrar pruebas que Meiling sería una mala esposa. El detective no me había podido ayudar en ese terreno, así que ahora tenía que enfrentarme con las manos vacías.

Todos en la casa nos estábamos alistando. Podía escuchar a mis hermanas discutir sobre de quién era el turno para utilizar el baño. No importaba que estaba casa estuviera atestado de ellos. Siempre discutían por el mismo baño. ¿Quién las entendía?

Pero muy lejos de sus problemas triviales, yo tenía algo mucho más importante que lidiar hoy. El tiempo se agotaba, y mientras más retrasara esta conversación tanto con Meiling como con mi madre, menor era la posibilidad de conseguir éxito.

Até mi corbata con rapidez, aunque sabía que todavía quedaba tiempo. No íbamos a llegar tarde a mi graduación. A veces quisiera que fuera así, sólo para ganar más tiempo. Había ensayado una y otra vez mi discurso mentalmente, hasta que me sentí lo suficientemente satisfecho.

Esto era lo que no le había confesado a Sakura. La boda no iba a suceder, ni ahora ni nunca. No iba a casarme con una chica que seguramente me haría la vida de cuadritos, sólo para satisfacer unas ridículas tradiciones retrógradas que ya nadie en el clan seguía, excepto mi familia. Mi dilema estaba en hacerle entender eso a mi madre y a Meiling.

—"¡Shaoran! ¿Ya estás listo?" Feimei me gritó desde su habitación, seguramente más apresurada que mis otras hermanas, que tardaban más arreglándose que lo que había tardado en construir la torre de Babel.

—"Sí," Murmuré, completamente indiferente a si me había escuchado o no. Levantándome, salí de mi habitación.

Mis manos estaban apretadas en puños, tratándome de infundirme fuerzas. Esto era lo correcto. Sabía que podía hacerlo. Sabía que tenía que hacerlo. Nunca sería feliz en caso contrario, no porque no tuviera a Sakura a mi lado, sino porque tendría que vivir sabiendo que había podido hacer algo para mantenerla junto a mí, y como el cobarde que soy, la había dejado apartarse.

Porque ahora lo veía todo con claridad. ¿De qué me servía una existencia completa, a lado de Meiling, alguien a quien sólo toleraba? ¿De qué me servían todos los millones y la influencia de líder de clan, si no tenía el poder para estar junto a la persona que amo?

Cada día que había pasado sin poder hablarle —porque yo como estúpido, no había dicho nada de mis planes— eran apenas tolerables. Me volvía loco tener tantas alternativas para regir mi vida, pero que ninguna me llevarían hacia lo que más quiero.

Era increíble que en tan poco tiempo sólo una persona hubiera cambiado mi manera de pensar y de ver las cosas. Era algo que todavía no podía concebir del todo. Sakura había cambiado mi mundo, dándole un giro de 360º en donde ella, se había convertido en mi sol, yo girando alrededor de ella, tomando mis decisiones en función a ella.

Sumido en mis pensamientos, sentí una mano ser apoyada en mi hombro.

—"Shaoran, hijo" Por una milésima de segundo fui lo suficientemente cobarde como para olvidarme de todo lo que le quería decir a mi madre. Pero a la siguiente milésima, recobré mi cordura.

Tenía que hacerlo.

—"¿Estás listo?" Preguntó en la misma voz imparcial que le había conocido de toda la vida. Según mis hermanas, nuestra madre había cambiado mucho desde la muerte de mi padre. Ieran Li, alguna vez había sido cálida y afectuosa, algo que no podía ni siquiera imaginarme. Probablemente no hubiera tenido el valor de decirle lo siguiente si consideraba que ella era tan fría por dentro como lo era por fuera.

—"No," Solté sin pensarlo, no refiriéndome a la graduación. —"No estoy listo, madre"

Me volteé para encontrar su gesto de sorpresa.

—"No estoy listo para casarme, madre y creo que ambos lo sabemos," Dije con toda la valentía de la que podía hacer uso, mientras esquivaba la mirada calculadora de mi progenitora.

Por un instante, el silencio fue tan poderoso, que sentía que me asfixiaba. Contuve mi respiración para esperar el ataque de histeria. Probablemente hubiera convenido hacer esto después de la graduación.

—"Shaoran," Frunció el ceño —"¿Qué sucede?" Buf. ¿Había esperado un grito histérico? Ieran Li no era del tipo. De hecho, estaba convencido de que si le hubieran atravesado con un lápiz, su única reacción será sacárselo, sin dejar escapar ni siquiera un gemido de dolor. La mujer prácticamente estaba más inerte que toda la mansión a nuestro alrededor.

En un segundo, estudié los ángulos para elaborar mi respuesta. Primero, decidí, Meiling.

—"Meiling no es la clase de persona con la que quisiera pasar el resto de mis días, madre" Aclaré mi garganta —"Me ha tomado tiempo descifrar eso, pero debe entender, que no la soporto,"

Por supuesto, más calma.

—"Segundo, creo que no estoy preparado para… ascender en mi puesto en las compañías de la familia. Sé que esa responsabilidad es muy grande, y que no tengo la experiencia para tomar mi posición en ellas. Probablemente apresurarme en eso provocaría que las empresas sufrieran consecuencias, que creo, por el bien de la familia, no sería nada bueno," Dije con voz lenta, como quien le explica eso a un infante. Sabía que mi madre por más que no expresara su descontento… estaba furiosa. Yo lo estaría.

—"Tercero," Dije jugando con mi suerte —"Me parece una injusticia que mis hermanas hereden mucho menos de lo que yo voy a recibir. Es tan retrógrada esa costumbre, madre. ¿Acaso yo pedí ser hombre? No. Así como ellas tampoco pidieron ser mujeres. Así que hago oficial mi pedido para renunciar a esa injusta repartición, para que se le otorgue de manera equitativa la herencia de mi padre a todas mis hermanas y a mí,"

Pausé por un momento, porque juré que mi madre había perdido todo el color en la cara. Pero todavía no había terminado. Aún faltaba lo más importante.

—"Cuarto," Declaré con más firmeza de la que sentía.

Ieran levantó sus cejas. —"¿Hay más?"

Inspiré con fuerza. Yo podía hacer esto. —"Cuarto. Estoy enamorado. Y no es de Meiling, por lo cual hace imposible que me case con ella, porque o terminaría muy desgraciado, o ella sería desgraciada porque no pienso alejarme de esta chica,"

Síp. Mi madre había perdido todo el color en su cara. Era oficial.

La vi tambalearse hasta mi cama, donde tomó fuertes inspiraciones, tal como yo lo había hecho.

No me había percatado que mis hermanas habían entrado en mi habitación, y me sorprendió verlas en el umbral de la puerta, con las sonrisas más grandes que hubiera visto en sus caras, jamás.

—"Shaoran," Susurró mi madre, algo de color retornó a sus mejillas.

—"¿Sí?" Era increíble lo liberado que se siente uno al decir la verdad.

—"¿Por qué no habías mencionado nada de esto anteriormente?" Su voz seguía firme, aunque menos estricta.

—"Mmm. ¿Quizás porque es un gallina?" Escuché a Feimei burlarse a mis espaldas.

Tuve que sonreír ante eso. Era cierto.

Mi madre levantó una ceja —"¿Tenías miedo de mi reacción?" Y sonrió.

Okay, esto no era lo que había esperado. Había esperado que me dijera que recogiera mis cosas y me largara de la casa, porque había sido exiliado del clan. Que era una vergüenza para toda la familia, y que nunca más contactara a ningún miembro de la familia.

—"¿Sí?" Contesté más con una pregunta que con una afirmación.

Pero nunca había visto a mi madre tan exultante.

Suspiró, —"Shaoran, cada vez te pareces más a tu padre. Esto es algo que no les había dicho, por temor a que siguieran el mismo camino que nosotros, niños. ¿Tenemos tiempo para una pequeña historia?" Duda nadaba en mi cabeza, pero logré apaciguarla lo suficiente como para mirar mi reloj.

—"Veinticinco minutos,"

—"Es suficiente. Verás, hijo. Cuando tu padre y yo teníamos tu edad, él estaba comprometido con otra joven del clan" Hizo una pausa para escuchar nuestra sorpresa —"Sí. Yo no era la primera en la línea para casarse con el futuro jefe del clan. Aiko era la elegida, debido a la fortuna de sus padres. Lamentablemente para mí, aquel destino de ser la matriarca del clan se vio frustrado por las malas inversiones de mi padre. A pesar de eso, nada evitó que Hien y yo nos enamoráramos. Y Hien, tuvo la misma conversación con su madre, Shaoran"

Apenas si podía cerrar la boca por toda la sorpresa. La victoria nunca pudo haber estado más cerca. Nunca pudo haber sido más deliciosa.

—"¿Y esto quiere decir…?" Presioné, sintiendo más esperanza de la que había sentido en los últimos meses.

La vi suspirar de nuevo —"Hubiera preferido que me lo dijeras antes de todos los preparativos, hijo. ¿Sabes cuán cansado puede ser organizar una boda que no se va a realizar?"

Entre los gritos de victoria de mis hermanas, fui consciente que mi final feliz sí sería feliz, después de todo. Mi madre no intervendría en mi futuro. Me dejaría elegir. Y coincidentemente, mi elección era una chica de cabello castaño y ojos de esmeralda.

—"Por supuesto, tendrás que decírselo a Meiling;" Finalizó mi madre, mermando el entusiasmo de la habitación.

Oh. Oh.

¿Había ya cantado victoria? Parecía algo prematuro.

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Sakura Kinomoto P.O.V

Por supuesto, como en la última semana, mi día de graduación no estuvo exento de drama. Kiki me había visto empacando, y había pegado el grito al cielo. Entre las frases que dijo, mientras lloraba, era que qué había hecho mal, que me amaba mucho y que por favor la perdonara si había cometido algún error. Claro, eso fue antes de que mi papá entrara a mi habitación y también vociferara a los cuatro vientos.

Pasada la histeria, finalmente pude hablar. Finalmente pude explicar que no me iba porque ellos habían cometido un error. Me iba porque había recibido esta increíble propuesta —y en verdad era increíble— para iniciar mi carrera como modelo. Al explicar que era algo temporal, que si no me gustaba —tenía que gustarme— regresaría a Tokio. Que me iba a ir con Kero —eso ayudó a apaciguar a mi padre, por extraño que pareciera— a un departamento de su padre.

Así que después de dos horas de llanto y más gritos, Kiki se había calmado, y había corrido a su habitación a cambiarse para poder ir a mi graduación. Yo ya había estado lista, y terminando de empacar, me percaté que me había quedado sola con mi papá.

Su semblante lo decía todo.

—"No tienes que irte,"

Abrí mi boca para decir que sí, pero él me interrumpió. —"Iremos contigo. Seguramente a Kiki no le molestará. Creo que tiene un penthouse. Podemos acompañarte, Sakura"

La idea bailó por mucho tiempo en mi cabeza. No tenía que estar sola. Mi padre me estaba ofreciendo una oportunidad. La oportunidad de ser egoísta, pero era una oportunidad, de todas formas.

Pero, ¿qué pasaría con la boda que tanto esfuerzo le estaba costando organizar a Kiki? ¿Los haría cambiarse a otra ciudad sólo por mí? ¿No era mi egoísmo lo que me había llevado a perderlo todo en el primer lugar? ¿No siempre era yo, yo, yo?

—"No," Dije con más firmeza de la que sentía —"No te voy a permitir hacerlo, papá. Recién se han establecido aquí y es injusto que yo se los quite todo. No tienen que hacer ese sacrificio por mí,"

Fujitaka me miró con una expresión exasperada —"No, Sakura, no estaríamos sacrificando nada por ti. Te acompañaríamos con gusto,"

Respiré con fuerza —"¿Y qué pasaría con la boda? ¿Qué pasaría con todo lo que Kiki ha organizado? No es justo,"

—"Tampoco es justo que te vayas a un país desconocido sólo porque tu madre es una basura, hija" Espetó con rabia.

Oh, si mi padre supiera que la verdadera razón por la que me iba era porque no soportaría ver a Shaoran casándose con Meiling…

Pero ésa era mi coartada ante mi padre y no podía arruinarla. Si Nadeshiko no me servía para nada, al menos podía contarla como excusa, ¿no?

—"No," Dije firme.

Mi padre se encogió de hombros. —"Iremos y no habrá nada que podrás hacer para detenernos, ¿no?" Hubiera reído ante la terquedad de mi padre, de no ser porque quería arrancarme los cabellos del cráneo porque no me estaba entendiendo. ¡Qué frustrante!

—"Mi avión sale en dos días, papá" Levanté una ceja —"¿Tendrás todo listo en dos días?"

Se volvió a encoger de hombros —"Puedes irte con Kero adelante. Kiki y yo les seguiremos cuando tengamos todo organizado para partir,"

Rodé mis ojos. —"¿En serio? ¿Por qué lo planeas todo sin consultarle a tu novia?"

Mi padre mostró una sonrisa juguetona —"Eso, es lo que voy a hacer precisamente ahora,"

Y salió de habitación, dejándome más frustrada de lo que había recordado estar en mi vida. Seguramente, mi padre era el hombre más terco en la faz del planeta. Exteriormente debía sentirme irritada, por dentro, me sentía… esperanzada.

Por supuesto, creo que no hace falta decir que Kiki bailó junto a la posibilidad de seguirme a París. Lo único que no le gustaba acerca de la idea, era que no se le había ocurrido a ella misma.

Superado eso —y decidido que todos iríamos a París, primero Kero y yo y luego ellos— descubrí que estábamos ligeramente atrasados para la graduación. Y así nos dirigimos hasta el instituto, con Kiki y su sonrisa exuberante, con mi padre, y yo con mi cruz a cuestas.

La graduación era sólo algo que me detenía de huir de esta ciudad, del país. Y que al mismo tiempo, siempre estaba recordándome mis motivos para huir de mi lugar natal. Cualquier cosa era aceptable —incluso mudarme a la Antártica— si no tenía que ver la victoria en los ojos de Meiling, cuando el anillo de Shaoran estuviera colocado sobre su dedo.

Siendo la masoquista que soy, había decidido despedirme de Shaoran. La idea había recorrido mi mente una y otra vez, porque técnicamente, aunque nos hubiéramos separado, seguíamos siendo amigos ¿no? Bueno, eso no cubría ni remotamente todo lo que quería ser para Shaoran, pero era suficiente como para poder acercármele una última vez, ¿no?

Y es que mi corazón se estrujaba cada vez que me imaginaba diciendo las palabras finales. Adiós. No quería decirle adiós a Shaoran nunca, pero era necesario, por su bienestar, y por mi salud mental. Mi corazón se estrujaba aún más cada vez que me imaginaba subiendo en el avión, sin haberle dicho nada más al hombre que amaba y por el cual lo estaba sacrificando todo.

Sin dudas, Nadeshiko sólo había sido el propulsor de esta decisión, sin ella, seguramente me hubiera costado más haber terminado con él, pero al fin y al cabo lo hubiera terminado haciendo, porque Shaoran merecía estar con su familia, obtener lo que le correspondía, cumplir con las expectativas de su madre.

Así que al llegar al instituto, busqué con rapidez al chico que había inundado mi mente siempre. Pero mi padre y Kiki me interrumpieron en mi búsqueda.

—"Sakura, vamos a estar sentados por allá, ¿está bien?" Asentí, sin prestar más atención que una breve mirada en su dirección. ¿Dónde estaba Shaoran?

Después de varios minutos, —y justo cuando me decía a mí misma que quizás era una mala idea— y me sentía más miserable que nunca, divisé a Shaoran, pero como siempre, supe que no estaba solo.

Meiling y él estaban hablando de algo, ya que nadie más estaba cerca de ellos. Me quedé petrificada a unos diez metros de distancia de ellos, y sólo los observé. Observé cómo sería mi futuro si cometiera el error de quedarme aquí.

Vi la horrible burla que sería mi vida, si continuaba con Shaoran. Meiling siempre sería aquella con la que la gente podría verlo, la que saldría en las fotos familiares, la que conversaría con Ieran y sus hijas, la que se vestiría de blanco —sin importar que el color no le favoreciera para nada— y que tomaría su mano, frente a una multitud, y diría el 'sí, acepto'.

Si era posible, mi corazón se rompió de nuevo, y quise caer en mis rodillas, sin importar que arruinara mi vestido y que hiciera el ridículo frente a todo el mundo.

—"¡Sakura!" La voz de Kero me sacó de mi oscuridad por un segundo, lo que me tomó estar sobria suficiente —estaba intoxicada con dolor— para poder respirar con fuerza y voltearme a la imagen de Meiling y Shaoran juntos.

—"¡Hola!" Sonreír no era difícil para mí. Después de todo, era a eso a lo que me iba a dedicar, ¿no?

—"¿Lista para ser el orgullo de la familia?" Kero se burló, mientras tomaba mi mano —"Por ahí vi a tu papá con su cámara. Le dije que yo cubriría las fotos de hoy, pero aparentemente no se va a perder del entusiasmo de tomar fotos, también" El parloteo de Kero siempre me había animado, pero me sentía lo suficientemente derrotada como para tener que fingir que me estaba distrayendo.

Se escuchó la voz del Sr. Z hablar por el micrófono, pidiéndonos formarnos para comenzar con toda la parafernalia de la graduación. Kero me sonrió una última vez —era sorprendentemente bueno para ignorar mi dolor— y luego dejarme sola, murmurando algo de buscar un buen ángulo…

Sea como fuera, no estuve sola por mucho tiempo. Me sorprendió que Yue y la pandilla se me unieran, y me pregunté si debía despedirme de ellos. Habían sido buenos amigos durante mi estadía en el infierno —alias Tokio— y se veía especialmente mal cuando todos estaban parloteando sobre verse durante la universidad. Ninguno estaba del todo informado de mi situación actual con mi madre —sólo quizás, Tomoyo— peor, sólo Kero, Fujitaka y Kiki sabían que me iba.

Medí los riesgos de contarles mi partida, y como no detecté ninguno, supe que era hora de despedirme también de ellos.

—"Quizás no nos volvamos a ver nunca," Dije ligeramente, interrumpiendo el discurso de Naoko acerca de que esto era sólo el inicio de nuestras vidas, blah, blah, blah, y de cómo todos debemos comenzar a sentar cabeza, blah, blah, blah.

Todos voltearon a verme, así que elaboré mi frase —"Corrección," Me encogí de hombros —"Quizás no vuelvan a verme," Tenía que mantener esto ligero, como toda la relación que había tenido con ellos.

Los vi parpadear en confusión, y me regodeé en el hecho de que hasta Yukito lucía confundido.

—"Bueno, si tengo éxito, quizás ustedes sí sepan de mí," Sonreí ante la arrogancia de mi frase.

—"¿Te importaría explicarnos?" Yue levantó una ceja, dispuesto a entender.

Suspiré, —"Me voy de Tokio. Voy a intentar mi suerte como modelo"

Todos mostraron una sonrisa malévola, incluso Tomoyo, quien no había dejado de mirarme, como si quisiera medir cada una de mis acciones.

—"Cool," Soltó Yukito dándome una de sus sonrisas más brillantes, —"Trata de no hacer mucho escándalo, ¿eh? Y si quieres hacer escándalo, llámame, ¿okay?" Sonreí, quizás mi primera verdadera sonrisa en todo lo que llevaba de la semana.

—"Las anoréxicas están out, Sakura. A los hombres nos gusta un poquito de carne, ¿eh?" Dijo Yamazaki sonriendo mientras me daba una palmadita en el hombro.

—"Fue bueno compartir contigo, Kinomoto. Nunca olvidaré cómo le rompimos la pata a la vieja," Dijo Yue, tan encantador como siempre. A penas pude contener mi carcajada. De hecho, tampoco olvidaría ese pequeño episodio.

De todos, Naoko fue la más agradable —"Siempre podrás contar conmigo, Sakura. Si algún día quieres jaquear algo…"

Sonreí, —"Sé a quién acudir" Ella correspondió mi sonrisa, mientras cada uno iba a su lugar. Dejándome sola con Tomoyo, que no lucía ni un cuarto de lo optimista que lucían los demás.

—"Sakura," Levanté mi mirada. No quería enfrentarme a lo que sea que ella quisiera decirme.

—"Eriol… me contó lo que pasó con Shaoran" Lució incómoda, pero ni remotamente lo incómoda que yo estaba al saber que mi ruptura con él, era pública. Bueno, no pública exactamente, pero sí del conocimiento de Eriol y Tomoyo.

—"Cometiste un gran error," Dijo con tono reprobador —"Shaoran está enamorado de ti, Sakura y…"

No. No iba a permitir que me hiciera arrepentir de esta decisión. Si había algo, lo que sea, que Tomoyo me debía, era al menos, apoyarme con mi decisión.

—"No. No lo digas, por favor. No hagas esto más difícil de lo que ya es," Lo que me faltó decirle fue, no rompas más mi corazón.

Tomoyo lució molesta, más que molesta, reconocí su expresión como frustrada. —"¡Pero, Sakura! ¿No te das cuenta? ¡Él te quiere! Y tú vas ahí como idiota, yéndote quien sabe a dónde…"

La volví a interrumpir. Ahora yo también estaba irritada —"Tomoyo. Apreciaría que no mencionaras mi partida a Shaoran ni a nadie. Es perder tu tiempo, porque nuestra relación, que nunca debió haber iniciado, ya terminó. Nadie va a cambiar mi opinión, porque no soy sólo yo quien me marcho, sino toda mi familia" Tomoyo me miró dudosa, como si esa posibilidad no se le hubiera ocurrido. Pude ver que en su cabeza, se debatió muchas ideas, para finalmente darse por vencida.

—"Está bien. Haz lo que quieras. Es tu cuello," Se encogió de hombros, y siguió hacia donde Naoko había partido.

Sí. Tenía razón, era mi cuello. Y eran mis errores, y definitivamente sería un error esperar a morir cuando Shaoran se encontraba feliz a lado de su futura esposa.

Las náuseas del pensamiento fueron suficientes para mantenerme firme en mi resolución, una vez más.

París no podía venir lo suficientemente rápido.

Notas de Autora:

Ish, no sé a quién quiero golpear más. Si a Sakura, a Nadeshiko o a Shaoran. Honestamente. Ah, pero Nadeshiko tendrá de la suya, definitivamente.

Un saludo muy grande para todos los que dejaron sus lindos reviews. Sé cuánto ustedes aprecian la historia, y como yo, se sienten algo tristes del final del fic. Probablemente éste será el último fic que escriba (estoy dudando si voy a seguir "Shadow") y en verdad quiero agradecerles de todo corazón el apoyo que he recibido de la mayoría de ustedes en todos los años que he estado en esta página. Son un grupo humano muy maravilloso y me encanta haber compartido tanto ésta, como otras historias. Lo buena o mala que soy como autora, se los debo a ustedes, a sus comentarios, a los que han leído.

Sé que se están preguntando cuántos capítulos más le quedan a la historia, y hasta el momento, estoy votando por llegar a treinta capis, lo que quiere decir que faltarían cuatro.

Un beso grande para todos, y nos veremos en el siguiente capítulo.

Sakki Chan