Sakura Kinomoto P.O.V

Respirando con fuerza, me encontré tapeando mi zapato insistentemente, incomodando a la persona que estaba esperando junto a mí. Me alegré de que Kero no pudiera ver el manojo de nervios que estaba hecha. Se habría burlado de mí, y no habría podido hacer nada para cambiarlo.

Mi cuerpo estaba cansado por la posición rígida que me había forzado a tomar. No había dormido nada, pensar que podría hacerlo había sido ridículo.

Finalmente la voz en el parlante anunció lo que tanto había esperado.

—"Pasajeros del vuelo 3423 de Tokio a París, desembarcando en…" Y dijo otras cosas que fueron poco importantes para mi cerebro cargado de adrenalina.

Mis ojos escanearon diferentes personas, mientras la anticipación casi me asfixiaba. ¿Dónde estaba?

Mi celular vibró en mi bolso, y tardé un minuto en poder encontrarlo. Cuando vi quién me estaba llamando, mi pulso se aceleró.

—"Shaoran, ¿dónde estás?" Pregunté inmediatamente, continuando con mi búsqueda visual.

Escuché una risa suave a mis espaldas, la misma que reverberó por el teléfono.

—"Justo detrás de una chica muy guapa. Me comienza a gustar Francia" Hubiera gruñido ante su frase, de no ser que había asociado la mano que me sostenía por cadera con la voz del teléfono.

Me volteé, no tomándome la molestia de terminar la conversación, para lanzarme a sus brazos. Todo en él inmediatamente se me hizo familiar, su olor, su presencia, su fortaleza.

—"Eres un tonto," Lo acusé, sintiéndome picada al no haberlo podido detectar. —"¿Cómo me pasaste?"

Su sonrisa fue brillante, —"Distraerte con el teléfono ayudó un poco. Te tardas demasiado en contestar, ¿sabías?"

Suspiré. Era inevitable que me tardara en contestar. Ese teléfono parecía bañado en mantequilla cada vez que intentaba cogerlo.

—"¿Tienes que ir a ver tus maletas?" Lo vi asentir, mientras me pegaba a su cuerpo. Había esperado lo suficiente para esto.

—"¿Me creerás si te digo que te extrañé?" Sus palabras me sacaron una nueva sonrisa.

—"No," Sonreír, acariciando su mano.

—"¿Cómo salió la entrevista?" Preguntó, dándome un beso en la cabeza.

Rodé los ojos. Aún me estremecía cuando recordaba cómo habían estudiado mi cuerpo —como si se tratara de una ternera en exposición—, cómo habían tomado mis medidas, y cómo me habían hecho caminar de un lado a otro, con prendas más apretadas que una camisa de fuerza.

Y después de dos horas de horrible espera, me habían dicho 'sí, pero niña, debes ir al gimnasio con urgencia'. Al parecer, mi piel estaba más flácida de lo que requería Francia. Bueno, quizás no fuera al gimnasio, pero con Shaoran aquí, estaba segura de que se me ocurrirían algunas formas para ejercitarnos juntos. Sonreí ante las posibilidades.

Pero a él, lo único que le contesté —"Bien. Me dieron el trabajo," Y me encogí de hombros, olvidando por completo del asunto. —"Creí que Ieran estaba mintiendo con eso de que te dejaría venir. Pensé que era una estrategia para que me fuera en paz,"

Shaoran volvió a sonreír, y su mano me acarició el costado… Okay, ¿qué le había preguntado?

—"Nop, no mintió. Además no necesito que nadie me deje venir," Quise reír ante su fastidio, pero él también atacó por su parte.

—"¿Cómo vamos con el asunto de tu padre? ¿Ya sabe que existo o prefieres pretender que nos conocimos aquí?" El sarcasmo en su voz era más que obvio, y si el asunto no fuera tan negativo para mí, probablemente me hubiera reído.

Y eso era algo que había evitado durante toda esta semana. Mi padre llegaría pronto junto con Kiki, y conocer a Shaoran era algo… inevitable. Shaoran, por su parte, creería que sería bueno que mi papá supiera que era mi novio, yo, conociendo a Fujitaka, pensaba que no era una buena idea en lo absoluto. Peor cuando se enterase que Shaoran también sería mi compañero de departamento.

En vez de contestar con un honesto 'no, no sabe que existes', evadí la pregunta.

—"¿Cuándo tenemos que ir a la Universidad?" Teníamos una cita con el decano de las facultades a las que íbamos a asistir. Finalmente, Shaoran había taladrado en mí lo suficiente como para obligarme a tomar una carrera universitaria en diseño de modas. Él, como era obvio, en Economía.

—"Mañana," Susurró en mi oído, antes de coger sus maletas.

Mi cabeza volvió a nadar con las posibilidades. Traviesa, traviesa Sakura.

—"Entonces tenemos tiempo," Sugerí, mientras tomaba la maleta más pequeña. Lo vi levantar sus cejas en sorpresa, y luego su expresión cambió a una malévola.

—"¿Trajiste el Ferrari?" Preguntó de la nada, cuando salíamos del aeropuerto hacia el parqueadero.

—"No," Fruncí el ceño. —"Traje el BMW," Cortesía del padre de Kero, teníamos varios autos de los qué disponer para nuestro uso.

Shaoran sonrió, asintiendo —"Buen auto. Bastante espacio, ¿no?" Me detuve en mis pasos para observar el fuego de sus ojos encenderse. ¡Ajá! Así que yo no era la única que tenía malos pensamientos, ¿no?

Sonriendo como no había recordado que podía hacerlo, tomé su mano y lo conduje al auto. —"Bastante espacio,"

Y al parecer, disfrutaríamos de todo el espacio que nos podía ofrecer.

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Shaoran Li P.O.V

—"Basta, voy a chocar," Dijo Sakura, pero por su tono bien podría haberme dicho '¡Adelante! ¡Te había estado esperando!'. Sus palabras sonaron forzadas, como si estuviera diciendo lo que tenía que decir, no lo que quería. Sonriendo brevemente, continúe explorando su pierna con mi mano, y para no llamar la atención en la transitada calle por la que estábamos pasando, mantuve mí mirada fija en el parabrisas.

Bueno, no tan fija. Lo suficiente para poder observarla de reojo, lo suficiente para saber que sus manos se mantenían tensas en el volante, más pálidas que nunca.

—"Sólo conduce," Susurré, subiendo más mi mano en dirección a la unión de sus muslos.

Mis dedos acariciaron la suavidad de su piel, mientras repasaban lo que no había tocado desde hace una semana.

Y ahora tenía cajas de condones. Nunca más me quedaría sin ésos.

La sentí temblar bajo mi toque, no se tomó la molestia de esconder que le gustaba lo que le estaba haciendo. Pronto, mis dedos se acercaron al elástico de lo que sabía que estaba protegiendo su intimidad.

—"Nunca más voy a utilizar una falda," Farfulló, en una perfecta combinación de enfado y satisfacción.

Húmeda. Traviesa, traviesa Sakura.

—"No, de ahora en adelante sólo utilizarás faldas" Sentencié mientras mis dedos la acariciaban de arriba abajo, en el movimiento lento que sabía que era de su preferencia.

Sonreí al escuchar un gemido.

—"Shaoran, basta. En serio" Cualquiera hubiera creído que era en serio. Su voz, al menos, lo decía. Pero yo la conocía mejor. Conocía sus necesidades. Lo que quería. Y Sakura, lo último que esperaba era que me detuviera.

—"Me has extrañado, ¿verdad?" No era sólo el tiempo desde la última vez que nos habíamos visto. A eso también se le agregaba todas las semanas desde que habíamos 'terminado'. El pensamiento me arrancó furia, y por eso acaricié a mayor profundidad con mis dedos, hasta tocar su punto más sensible.

—"Sí," Murmuró entre dientes, mientras apretaba los muslos para intentar quitarme acceso. Como si eso pudiera detenerme.

—"¿Cuánto falta para que lleguemos?" Dije en la voz más calmada que tenía, porque su excitación no era la única. Sólo con verla esperarme impaciente, era suficiente como para poner todo mi cuerpo en llamas.

—"No mucho,"

Y aún así, el viaje se me hizo eterno.

Casi no pude registrar los hechos tales como sucedieron. De repente, Sakura estaba parqueando, y yo la seguía con las maletas listas, subíamos por el ascensor y entrábamos por una puerta. La opulencia de todo el complejo no me resultaba más llamativa que aquella de la mansión, especialmente no cuando tenía su mano presionada en mi cuerpo, urgiéndome para apresurarme.

No vi en qué puerta entramos tras un corto viaje en el ascensor. No vi el departamento en el que viviría —seguramente— por el resto de mi vida universitaria. No vi la sala, ni el comedor, y no tenía idea de dónde estaba ubicada la cocina. Sólo me interesaba una habitación de todo el departamento, y ésta debía incluir una cama.

—"Vamos," Dejé tiradas las maletas en el lobby, mientras las reemplazaba con Sakura entre mis brazos. Fue fácil lanzarla sobre mi hombro —equipo de baloncesto, ¿recuerdan?— y correr en dirección a donde me estaba apuntando.

Escuché su risa ante mi actitud, y supe que probablemente —seguramente— estaba actuando como un cavernícola. No que a ella le importaba mucho.

Sí, damas y caballeros, una vez iniciado, a Shaoran Li no le agradaba para nada el celibato.

Mis intenciones eran lanzarla a la cama, quitarle la ropa lo más pronto posible, y hacer lo nuestro lo más rápido y fuerte posible. Para eso era todo lo que estaba disponible mi resistencia.

Pero ella tenía sus planes y su risa no dejaba de resonar en mis oídos.

—"Shaoran," Rió, — ¿era un ataque de risa nerviosa?— y luego buscó mis labios, al mismo tiempo en el que yo busqué los de ella.

Sentí su mano invadir mis pantalones — ¿cómo conseguía hacer eso?— y acariciarme en donde estaba a punto de estallar. Oh, a Sakura le gustaba jugar con fuego, por supuesto.

Las vibraciones de placer que me provocaba ser acariciado en ése lugar de mi anatomía, sumado a la presión que ejercía su cuerpo en el mío, y a sus besos, eran suficientes para que mi cuerpo frustrado se encontrara satisfecho.

Mis manos, que estaban apretadas en puños por el dolor/placer que estaba sintiendo, recorrieron los costados de su cuerpo, hasta llegar a sus piernas. Las abrí, sin compasión alguna o sin pensar en la incomodidad que podría haber sentido, y empujé sus caderas hasta que chocaron contra mi pelvis. Si provocaba algo, era mejor que supiera la extensión de sus acciones.

Sus labios dejaron los míos por un segundo —"Impacientes, ¿no?" Pero mi respuesta fue acercarla aún más, y sus labios devoraron los míos en aceptación. ¿Quedaba alguna duda?

Agarré sus tobillos entre mis manos e hice que sus piernas me rodearan por completo. Una mano pasó a uno de sus pechos, y la otra a la intersección de sus piernas. Quise reír cuando encontré humedad en su cavidad. ¿Quién era la impaciente, eh?

Alguien gruñó. Quizás yo mismo. Nunca averigüé quien, porque fue todo el incentivo para que dejáramos la ropa a un lado en menos de tres segundos, y al siguiente, estuviéramos devorándonos… con la mirada.

Ver a Sakura desnuda definitivamente se convirtió a ser uno de mis pasatiempos preferidos, en un segundo lugar —aunque por una diferencia mínima— a hacerle el amor. Por un momento, verla completa, entregada a mí, fue una visión que iba más allá de lo que mi poca imaginación podría conjurar. Sus mejillas estaban sonrojadas, sus labios entreabiertos e hinchados, sus ojos estaban humedecidos, suplicando por más caricias. Sus manos estaban estrujadas en puños, como si estuviera ardiente por más. Sus muslos, pálidos y frágiles, y sus espalda, arqueada en placer, enseñándome sus pechos, los pezones más rosados y suaves de lo que recordaba. Su cabello estaba desordenado, y todo su cuerpo se batía al ritmo de su respiración, que era agitada.

En ése instante, en una décima de segundo, mi cerebro procesó nuestra historia. Todo lo que habíamos pasado, desde la más indignante furia y apatía, al deseo y luego al amor. Sakura, impulsiva. Sakura, tierna. Sakura amorosa. Sakura, cruel. Tantas facetas a una misma persona, y a la que había llegado a amar.

Sus manos en mi cuerpo me sacaron de mi estupefacción, porque aún me resultaba increíble que hubiéramos llegado tan lejos —y luchado tanto— para estar donde estábamos. Sí, en esa décima de segundo, también supe que quería pasar el resto de mis días con Sakura. Que aunque en este momento pudiera hacerla mía, nada era suficiente hasta tenerla solo para mí, y en mi egoísmo, supe que lo sería, porque haría todo lo que fuera malditamente posible para mantenerla a mi lado, permanentemente.

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Sakura Kinomoto P.O.V

Lo que habíamos compartido con Shaoran hasta el momento, había sido algo fácil, natural, tan automático como lo era parpadear. Estaba demás decir que nos amábamos, pero hasta que no nos separamos nunca habíamos compartido algo tan intenso — y no sólo de la manera sexual— como lo hacíamos ahora.

Cada nervio en mi cuerpo parecía querer salirse de control, mis impulsos eran casi instintivos, poco razonamiento involucrados entre ellos.

Cuando mis piernas volvieron a rodear su cintura, y volví a sentir su erección, juro que casi me abandono ahí mismo. Quería suplicar, rogar, ponerme de rodillas, sólo para exigirle que nos uniéramos, de la única manera que conocía.

El abandono que había sentido desde que habíamos estado separados, poco a poco fue llenándose, con una sensación cálida, apacible, y totalmente contradictoria a la que mi cuerpo sentía. Porque mi cuerpo quería estallar. Estaba en llamas y no era capaz de apagarlas.

Lo sentí separarse de mí por un momento, y escuché el sonido de un empaque rompiéndose. Pronto, Shaoran regresó a mí. Aún me sorprendía cómo él podía acordarse de algo así, justo cuando yo sólo podía pensar en arrancarme la piel y de una vez unirme a él. Ésa era parte de su descripción, Shaoran, responsable, siempre precavido. Mucho más pensante de lo que yo era.

Y era en estos momentos cuando más me gustaba sorprenderlo. Cuando él finalmente podía perder el control por el cual regía su vida —con su familia, con su antiguo equipo, con sus amigos— y podía unirse a mi mundo de caos. En donde yo, por la mirada en sus ojos, era todo lo que deseaba, y él, para mí, era todo lo que quería y más.

Estudié con mis manos cada uno de los rincones de su cuerpo. Mordí, lamí y besé cada lugar de éste que estaba a mi alcance. Su cuello, sus hombros, su pecho. Todo en su gloria, más plenos y hermosos de lo que mi memoria me traía.

Escuchaba sus rugidos, cuando mi boca se deslizó hasta su pecho, y mordí su piel. Deslicé mi boca hasta llegar a su abdomen, en donde el mito se volvía realidad y sus abdominales de ensueño se estremecían a cada caricia que mi lengua propinaba. Llevaba deseando saborear a Shaoran por más de lo que podía recordar, y saber que ahora podía hacerlo a mi gusto, sólo saber que podía hacer lo que quería, era suficiente para dejarme más excitada que en cualquiera de mis sueños húmedos.

Busqué su mirada, sus ojos castaños más intensos que nunca, antes de besar la punta de mi órgano favorito. Quise soltar una risa, al saber que era lo suficientemente valiente como para besarlo aquí abajo, y aún así no ser capaz de nombrar… lo que sabemos… ni siquiera en mi mente.

Shaoran no le encontró el chiste a la situación. Cuando estaba apunto de introducirlo —muy lento, muy suave previamente haberle quitado el protector— en mi boca, sólo porque sabía el placer que nos daría a ambos, tiró de mi cabello, no de una forma brusca, sino apasionada. Había estado tan cerca…

—"No, Sakura" Lo vi colocarse el condón nuevamente, mientras sus garganta tragaba, y me habló en la voz más sensual del mundo. —"No resistiré mucho si haces eso,"

Por un instante sólo parpadeé, confundida. Luego, me di cuenta que en verdad, estaba demasiado estimulado —escondí una sonrisa— como para cualquier clase de juegos.

Para poder disfrutarlo a mi placer, había contenido los gritos desesperados que mi propio cuerpo estaba dando, así que cuando él declaró que no, todo mi traicionero organismo pareció gritar en victoria.

Después de eso, no fui consciente de muchas cosas más. Sólo del placer que cada una de sus caricias en mi cuerpo, me provocaba.

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Shaoran Li P.O.V

¿Por qué, oh, por qué Sakura decidía hacer eso cuando estaba jugando con mi cordura sólo por contenerme? Era como si quisiera probarme digno de estar con ella. Y es que quizás ella no se percataba que para mí, era igual de placentero sentir su lengua en el lugar más íntimo de mi cuerpo, como lo era observar su dulce y hermosa boca rodearme, mientras me introducía sin ninguna clase de pudor. El sólo pensarlo ya era suficiente para hacer que mi cuerpo explotara.

Conteniendo con aplomo lo que mi cuerpo me suplicaba —que Sakura no cambiara su posición— ignoré mis impulsos y la atraje a mi cuerpo. La tumbé en la cama, y supe que sus piernas se abrirían y rodearían mi cintura, en bienvenida.

Podía ver en sus ojos que ambos ya habíamos esperado lo suficiente, y que ahora era la verdad.

Sus manos se agarraron de mis hombros, mientras nuestras anatomías se juntaban en perfecta armonía. Nuestros labios se juntaron, como si estuviéramos sedientos el uno del otro, y su cuerpo se estrechó al mío. Sentí sus paredes rodearme, su humedad y calidez estrujando por sacarme de la poca paciencia que me quedaba, sus manos aruñando mis espalda, mezclando todo el placer en el que mi cuerpo estaba sumergido con una pizca de dolor, que mantenía mi concentración.

Comencé a moverme, la necesidad de llegar más adentro, más profundo, más fuerte, era inagotable, mi instinto de posesión era demasiado para ignorarlo. Aferré con mis manos cada lado de sus caderas, empujándola hacia mí con toda la fuerza de mi ser, en movimientos lentos, deliberados, que sólo hicieron que la escuchara gemir con más fuerza.

Después, fui yo quien no pude contener mis gemidos. Simplemente había… demasiado. Demasiado placer, que por mucho tiempo había sido negado. Y cada uno de nuestros encuentros se fue haciendo más rápidos, más frecuentes, hasta que la presión en donde se encontraban nuestros cuerpos fue más de lo que ella pudo soportar.

Sentí cómo sus paredes me estrecharon, hasta que supe que si en ese momento hubiera querido separarme, habría sido imposible, tan apretada se encontraba. Sus uñas se hundieron más en mis hombros y sus dientes mordieron mi labio inferior.

Y debajo de toda esa violencia, mi cuerpo entró en una convulsión de goce, donde el dolor y el placer eran uno sólo.

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Sakura Kinomoto P.O.V

Abrí mi boca para decir algo y con gusto, encontré que no podía. Mi cerebro había procesado más de lo que seguramente podía, y ahora no encontraba la fuerza para mover los labios.

Después de lo que pareció un año, nuestras respiraciones volvieron a niveles normales, y Shaoran se apartó de mí. Lo vi levantarse para el baño y pude suspirar.

Parpadeé, para poder creer que éste era el mismo Shaoran. Había mucha más pasión de lo que nunca antes había habido, y eso me agradó. Si tener sexo que nos hacía explotar como un volcán era la consecuencia de pasar pocas semanas separados, deberíamos pasar meses sin vernos.

Tomando cada onza de fuerza que aún me quedaba, pude esconder mi desnudez debajo del cobertor. No hacía frío —todo lo contrario— pero me sentía súbitamente confortada por él. Me confirmaba que esto no era algo sacado de mis sueños. Era la dura y hermosa realidad.

Shaoran regresó del baño, con una de las sonrisas más brillantes que hubiera visto en su rostro. Sólo verlo sonreír puso una sonrisa en mi rostro, y me pregunté si lucía tan satisfecha como me sentía.

Lo abracé por la cintura, y fue agradable que para variar, podríamos quedarnos así, cuanto tiempo quisiéramos.

Pero por supuesto, alguien tenía que arruinar el momento.

Y denle a Kero el título de 'Oportuno del año'.

—"¡Oye, Sakura! ¿No has visto dónde dejé mi cámara? Juro que la vi por aquí…" Apenas y pude recubrirme con el cobertor, cuando Kero entró en mi habitación, sin molestarse en tocar la puerta, y mucho menos, cerrar la boca para esconder su sorpresa.

Al parecer, nunca tendríamos suficiente de interrupciones, ¿no?

Suspiré, luchando por controlar mi fastidio. A mi lado, vi que Shaoran mantenía su sonrisa —algo que no había esperado— y que se relajaba incluso más.

Déjenle a Shaoran el título de 'Celoso del año'. Al parecer, encontraba divertido que Kero nos viera juntos y con poca ropa de por medio.

Una vez más, respiré profundo intentando, aclárese que digo intentando, no molestarme.

—"Shaoran, éste es Kero. Kero, como bien sabes, éste es Shaoran. Aunque creo que está demás volverlos a presentar porque se conocen muy bien, ¿no? Y Kero, ¿ya intentaste buscando el cuarto oscuro? Y sí, tuvimos sexo. Y no, Shaoran, no podemos mudarnos a otro lado" Saber lo que estaban pensando no era trabajo para superdotados.

Kero finalmente cerró la boca, para mostrar una sonrisa maliciosa.

—"Gusto en verte, Li. No sabía que llegarías hoy. Debí haberlo supuesto, porque Sakura andaba algo inquieta," Si hablábamos de venganzas, Kero era el experto. Sentí mis mejillas arder por la vergüenza.

Shaoran, me envió una mirada curiosa por encima de su hombro y asintió. —"Al parecer, nos vamos a llevar bien, ¿no, Mizuki?"

Kero levantó una ceja y se encogió de hombros —"Por supuesto. ¿Quién podría resistirse a mi carisma?"

—"Kero es gay, Shaoran" Dije, porque la venganza es dulce.

Pero Shaoran me ignoró —"Y si logras mantenerte alejado de ella, nos llevaremos aún mejor,"

Kero sonrió aún más brillantemente, y se volvió encoger de hombros. —"Te ahorrarías la advertencia Li, si la hubieras visto en la pubertad, como lo hice yo. El cisne que ves ahora, era todo un patito feo… y de una manera u otra, todo lo que sigo viendo es al pato feo,"

Ugh. ¿No podría utilizar otra analogía?

Y aunque le envié la mirada más ponzoñosa que tenía, Kero continuó con su parloteo, aparentemente animado de poder hablar mal de mí frente a mi novio.

—"Piernas como palillos de dientes, piel más pálida que la de un muerto, ojos desorbitados…"

Fue más de lo que pude soportar. Agarré la almohada, y la lancé en su dirección.

—"¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡FFFFFUUEERAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!"

Y al parecer, el cisne resultaba más aterrador que el pato feo.

Bueno, al menos éste cisne.

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Shaoran Li P.O.V

Cuando la vida te da limones, aprende a hacer limonada. Ésa había sido mi filosofía durante los últimos tres años.

Convivir con Sakura no había sido lo más fácil que había hecho durante mi vida, pero definitivamente sí lo más placentero.

Convivir con Kero…era totalmente otra cosa.

Conocer a su padre había sido relativamente fácil, porque cuando Sakura me había presentado a Fujitaka, el hombre creía que lo nuestro no iba en serio. Qué equivocado estaba, por supuesto.

Quizás tampoco había reaccionado de una manera brusca, porque Sakura había escogido el apropiado momento en su recepción de boda con Kiki, para anunciarle que estábamos juntos.

Su hermano, una pesadilla desde el principio. Aún agradecía que Sakura sólo lo viera ocasionalmente.

En cada festividad, mis hermanas y mi madre nos arrastraban hasta Japón, fue precisamente hace dos semanas que había tenido esta conversación con Feimei.

FEIMEI: Sakura estuvo hermosa en ése último desfile.

YO: Lo sé

FEIMEI: Habrán hombres pretendiéndola.

—Gruñidos— YO: A mí me lo dices.

FEIMEI: ¿Y qué esperas para atar el nudo? ¿A que ambos estén decrépitos y tengan que intercambiar placas dentales en vez de alianzas?

—Más gruñidos— YO: Mira quién habla.

Pero apartando el hecho de que mi hermana se acerca peligrosamente a los detestados treintas, y que nos habíamos mantenido en un tono bromista, el pensamiento no me había dejado en paz durante los últimos quince días. No el de intercambiar placas dentales, sino… atar el nudo, citando las palabras de Fei.

No era un idiota, y sabía muy bien que Sakura —irresistible, como parecía ponerse cada vez más— era observada con más deseo que admiración. El que estuviera modelando prendas que podrían ser vetadas en países más conservadores, no ayudaba para nada a mi cordura y paz mental. Y me había resultado bastante frustrante el hecho de que no había nada de mí en ella, cuando se encontraba arriba, en las pasarelas, y era devorada por las asquerosas miradas de cerdos adictos al sexo. Ajá. Como si yo no fuera uno de ellos.

Finalmente había llegado a entender el por qué del anillo en el dedo, utilizar un diamante lo suficientemente grande para que gritara por mí, cuando no estuviera presente, a cualquier pelafustán que quisiera acercársele '¡lárgate, ya tiene dueño!' o algo parecido.

Y era precisamente por eso que me encontraba sentado en el restaurante más ridículamente romántico que pude encontrar —sugerencia de Kero— para hacer a Sakura mía, de una vez por todas.

En el fondo de mi cabeza, había una voz que me decía que no debía estar tan confiado. Esa misma voz insegura que me había interrumpido tantas otras veces, que me había hecho titubear, que no había dejado terminar mi proposición.

La misma voz paranoica me preguntó si no estaba siendo muy impulsivo, si no era muy pronto, quizás ella tendría miedo. ¿Qué cambiaría si nos casáramos? Ya vivíamos juntos, teníamos una cuenta bancaria juntos, dormíamos juntos, viajábamos juntos. Y a ambos nos faltaba un año en la universidad. Y ambos teníamos trabajos que consumían nuestro tiempo.

Me negué a retractarme en mi decisión. Y la voz traicionera me dijo que sería fácil, llamar para cancelar nuestra cita, decirle que me sentía mal, que me dolía la cabeza. Decirle que tenía cosas que…

Y justo cuando me estaba levantando —tras otro intento fallido, como lo sería este dentro de unos segundos—, llegó la criatura más bella de todo el planeta. Su cabello estaba recogido en un moño alto, y estaba usando el vestido rojo más ajustado que hubiera visto —y que entraba en la calificación de ilegal— y con tacones altos y puntiagudos. Escote, escote, y escote. La palabra que definía en perfección al vestido.

Llegó apresurada, con la misma caminata con la que se deslizaba por las pasarelas, la mirada firme en mí.

Sólo el nudo en la garganta que se me formó al verla tan…suculenta, fue el peso que necesité para volver a sentarme.

Y el toque final, que me hizo prácticamente coser mi pantalón a la silla, fue su sonrisa. No la sonrisa que siempre ofrecía con libertad a las cámaras, sino esa sonrisa íntima, que tenía, después de haber estado conmigo en la habitación.

¿Había pensado en huir de esto? La mirada de envidia de las personas a nuestro alrededor fue suficiente para hacerme olvidar de mis estúpidas inseguridades.

Ésta era Sakura. La chica de la que me había enamorado, la mujer con la que había aprendido a amar.

Y nunca querría a nadie más. Porque olvidar a Sakura Kinomoto sería algo virtualmente imposible de realizar.

—"Shaoran," Su sonrisa se transformó en una arrepentida —"Lamento el retraso. La revista me pidió que me cambiara de traje seis veces. ¿Puedes creerlo? Y estoy segura que sólo saldrá una foto," La vi suspirar, mientras me levantaba a abrirle la silla.

Una vez, su delicado perfume me incitó a demostrar cuánto le disculpaba el retraso, públicamente.

—"No te preocupes," Dije con más calma de la que sentía.

¿Y si en verdad me rechazaba? ¿Y si teníamos que terminar nuestra relación porque el idiota había abierto la bocota?

La vi fruncir el ceño, —"Luces algo verde. No estarás celoso otra vez, ¿verdad?" Me preguntó, y aunque su tono era reprobador, en el fondo sabía que se divertía de sobremanera al verme celoso.

Y por primera vez pude responder honestamente a esa pregunta —"No estoy celoso,"

Pero su expresión… era más contenta de lo que había anticipado.

—"Vamos, Shaoran. Dilo. No me trajiste a este restaurante sólo para mentirme acerca de tus celos. No es tu estilo," Y bajó y subió sus cejas para enmarcar cuál era mi estilo. Sí, llevarla a restaurantes caros no era mi estilo. Mi estilo era llevarla a sábanas caras.

Quizás hubiera aumentado mis posibilidades de que me aceptara, si la tenía más ocupada pensando en el sexo, que analizando todo críticamente. Maldición, ¿por qué no se me había ocurrido? Maldito Kero y malditas sus sugerencias.

Respiré, porque supe que era ahora o nunca.

Sí, mi lema era, cuando la vida te da blah, blah, blah. Particularmente ahora, no quería esperar a que la vida me entregara los limones del rechazo de Sakura. No sabría qué diablos hacer, mucho menos una maldita limonada.

—"Sakura, sólo quiero decirte una cosa." Sus ojos se tornaron expectantes, y dije la única verdad que tenía. Lo único que servía.

—"Te amo," Acaricié su rostro con mi dedo, y la vi estremecerse ante el contacto. Siempre sucedía, y sólo para verla estremecerse ante mis caricias por el resto de nuestros días, estaba dispuesto a correr este riesgo.

Porque quería despertarme junto a ella, besarla todos los días, escuchar su cháchara sobre diseñadores y revistas y sobre cómo su madrastra quiere llamar a su próximo hermano, o sobre cómo Touya la saca de quicio.

Me levanté, y caí sobre mi rodilla, tal como lo había planeado. Por un momento, vi sus ojos abrirse en sorpresa y fascinación ante cada una de mis acciones. Saqué el anillo que de estar en su dedo, alejaría fans más efectivamente que mis puños.

—"¿Te casarías conmigo?" Pronuncié las palabras, y por el silencio de todo el restaurante —teníamos todas sus miradas encima— mi susurro llegó hasta sus oídos.

Sorpresa. Silencio. Escuché su respiración acelerarse, vi sus ojos bailar.

Y por el instante en que ella se tardó en contestar, yo estaba derretido en el piso.

Vi sus ojos brillar… con… ¿lágrimas?

¡Estúpido! Me reclamó al instante la vocecilla.

Por supuesto. Sakura estaba triste porque tendría que echarme el anillo en la cara y largarme del departamento.

—"Qué bien" Dijo de una manera ligera, que no iba de acuerdo a su expresión. ¿Estaba jugando conmigo?

Y antes de que pudiera atormentarme o peor, arrodillarme a suplicar, ella me abrazó, y luego me besó.

La vi quitarme el anillo y ponérselo en el dedo, yo estaba en shock como para hacerlo.

—"Qué bien." Volvió a decir, una lágrima arruinando su maquillaje. —"Porque estoy embarazada,"

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Sakura Kinomoto P.O.V

Parpadeé, una, y otra vez, pero Shaoran seguía tan de piedra como lo había estado desde que pronuncié las palabras que ahora me arrepentía de haberlas dicho. Me sequé la única lágrima que había dejado escapar, y esperé a que empezara gritar de manera histérica.

Era precisamente por esto que no le había mencionado nada al respecto. Porque sabía como reaccionaría y no estaba segura que me amara lo suficiente —baja la autoestima, lo sé— como para poder afrontar conmigo una responsabilidad tan grande. Dios, aún no habíamos terminado la universidad. Faltaban algunos meses todavía para la incorporación, pero serían los suficientes como para que no tuviera que verme con un bulto en la panza más grande que la de mi cabeza.

Aún no llegaba a comprender cómo había ocurrido. Siempre éramos cuidadosos. Y por más que mi embarazo fuera completamente inesperado y algo inoportuno, nunca podría arrepentirme de éste.

Acaricié mi abdomen, aunque sabía que no había ninguna diferencia. Todavía. Habían pasado dos meses y sólo porque mi período no había descendido como de costumbre, me había tomado la molestia de hacerme la prueba casera. No tenía ningún síntoma, hinchazón o bulto que corroborara físicamente lo que el médico y la prueba me habían confirmado.

Vi que Shaoran me escaneaba, sentí su escrutinio y supe lo que veía. Lo que todos veían. Una modelo en el vestido menos maternal posible. Bueno, si quería aprovechar mi figura ahora es cuando, una indulgencia, porque probablemente no vería otro de estos vestidos hasta el próximo año.

Y después de cinco minutos —no los conté por reloj— pude ver a Shaoran parpadear. Respirando con fuerzas, me armé de ánimos. Quizás Shaoran me amara lo suficiente como para verme gorda, hinchada y fea durante los —aproximadamente— próximos nueve meses. O quizás no. Hace cinco minutos, le había propuesto matrimonio a una modelo, estudiante, igual que él, no a una modelo embarazada.

El dolor en mi pecho se agudizó, imaginándome qué pasaría conmigo si… si… Shaoran no…

—"¿Es verdad?" El susurro fue tan leve, que casi no lo escuché. Mi estúpido corazón latía con más fuerza de lo que mis oídos escuchaban.

—"Sí,"

Sus ojos me miraron, y así pudimos haber estado, hasta el fin de los días. Nunca estaría dispuesta a sacrificar tanto por un hombre si no estuviera completamente convencida de cuánto lo amaba.

Y con cada segundo que pasaba, estaba segura de que nunca olvidaría a Shaoran Li. Porque él había sido mi primer y mi único amor. Que sin importar cómo se resolvería todo, si él me aceptaría o no, había una razón por la cual nuestros mundos habían colapsado el uno con el otro.

Mi mundo, lleno de egoísmo se había transformado en uno de amor desinteresado, incondicional. Mi mundo, en el que la venganza a mi madre había predominado por más tiempo del que podía recordar, ahora era uno lleno de paz.

Y en mi mundo, me había enamorado del chico más magnífico del mundo.

Me levanté de mi asiento, y nuestras miradas se encontraron la una con la otra.

Me levanté, a esperar mi destino.

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

FIN

-."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".--."º".-

Notas de Autora:

Oh, por Dios. Tengo un nudo atravesado en la garganta. Tengo ganas de llorar. Y por primera vez no puedo distinguir si serían lágrimas de felicidad o de tristeza. Okay, chicos, aquí va mi último testamento.

Antes que nada, les agradezco todo el apoyo que he recibido por esta historia. Ha sido masiva la cantidad personas que han leído y por primera vez no he tenido que utilizar la coerción —al menos no mucha— para obligarlos a dejar review. No saben cuánto agradezco cada una de las palabras que me escriben, hace que el esfuerzo de sentarme durante horas a escribir valga la pena.

Quisiera incluir a todas las personas que han agregado este fic a sus favoritos y a las alertas. Muchas gracias por estar pendientes y por demostrar su preferencia.

Eso es con respecto a los agradecimientos de My World.

Ahora, a los agradecimientos por todos mis años en fanfiction.

Se siente extraño abandonar algo que te es familiar. Se siente aún más extraño dejar de hacer algo que te ha ocupado durante años. Muchos de ustedes se han preguntado por qué Sakki abandona el fanfiction, y me ha tomado un montón de análisis detectar que mi razón principal —la falta de tiempo— es sólo una excusa, detrás de la verdadera razón.

Me he percatado, que con el tiempo, mis personajes se han vuelto más OOC, cada vez menos parecidos a los personajes originales de Card Captor Sakura, cada vez más Sakki, al punto de que casi no los reconozco. Les cambio el nombre por el de un personaje original y boom, tengo mi propia novela. ¿Qué clase de fanfic es aquel que no guarda ni siquiera un leve vestigio de lo que son los personajes? Me entristece aceptar que CCS ya no satisface mis necesidades con respecto a lo que es autoría.

En muchos de los reviews han expresado que soy talentosa —¡muchas gracias!— y es por eso que me dirijo a ustedes, en lo que probablemente será mi última nota de autora. Y me gustaría que respondan la siguiente pregunta… ¿leerían algo escrito por mí si no incluyera a los personajes de CCS? Por favor, sean honestas.

Otro punto que quería tratar, es que he notado que se sienten atemorizadas de que no continúe traduciendo Head Over Heels. No se preocupen. Cuando/si la autora decide continuar con este fic, yo seguiré traduciéndolo. Como noto que la autora Shinsei Kokoro tampoco se ha manifestado recientemente, considero que estamos a mano.

No piensen que no los voy a extrañar, porque sé que será así. Sé que probablemente me queden ganas de escribir algún one-shot, así que tampoco descarto la posibilidad, no más que la alimento.

Creo que eso es todo, les deseo una Feliz Navidad, disfruten mucho con sus familias y amigos.

Sé que me deben estar odiando por el final del fic, y sé que mencioné un epílogo. Bueno, éste depende de si creo que a la historia le faltan cosas por decir, o no.

¡Feliz Navidad!

Se despide,

Sakki Chan