Disclaimer: La trilogía Los Juegos del Hambre no me pertenecen, todo es de Susanne Collins (por desgracia). Lo único que es mío es la variación de ideas y situaciones.
Este fic participa en el Reto "Pecados Capitales y Sentimientos" del foro Días Oscuros.
.
.
.
.
.
Una de las dos pantallas, dividida en cuatro recuadros, muestra el caos en los Distritos 4, 7, 8 y 11, aquellos en los que los levantamientos surgieron, tomando como ejemplo a la miserable muchacha de la Veta que, aunque nunca lo buscó, desafió al Capitolio. Esa gente pensó que Katniss Everdeen, La Chica en Llamas, el Sinsajo, la Voluntaria, se uniría a su causa; que pelearía por y con ellos; que era lo suficientemente rebelde como para atreverse a instigar el derrocamiento del gobierno más poderoso que se ha visto en años, en siglos.
Qué equivocados estaban.
Coriulanous Snow observa el final de toda esperanza con una sonrisa ladina en su rostro, bebiendo una copa del vino más fino y brindando para sus adentros por la victoria tan prematura. Es que, ¿cómo no brindar cuando son los propios instigadores rebeldes quienes ahora pelean entre sí, quienes se matan entre ellos, después de enterarse que su símbolo de la rebelión prefirió huir en lugar de luchar y que los tomó por idiotas con su teatrito de los Amantes Trágicos? ¿Cómo no sentirse excitado de felicidad al ver ese hermoso caos? Algunos la defienden, siguen creyendo fervientemente en ella y en que regresará; otros, simplemente están enojados, furiosos, rabiosos, decepcionados. Se sienten traicionados.
Da igual lo que crean, ver la imagen de la señorita Everdeen caer del pedestal en que la tenían fue la mejor estrategia para sofocar los brotes rebeldes, para demostrar que nada ni nadie, nunca, tendrían el suficiente valor para desafiarlos. Estúpidos, piensa el Presidente, he hecho tanto, he matado a tantos para lograr hacer de Panem lo que es, y pensaron que una insulsa chiquilla podría contra mí. Mátense entre ustedes, lo merecen… Y maten cualquier atisbo de esperanza que habitaba en su interior.
A veces es una mejor opción dejar que otros hagan el trabajo sucio y se manchen las manos de sangre. Como simples peones en un juego de ajedrez, analiza.
Ahora enfoca su atención en la segunda pantalla. Sus ojos brillan de satisfacción al ver a Peeta Mellark junto a su estilista, Portia, quien lo ayuda a prepararse para su quinta, sexta, o décima compra. No lo sabe con exactitud, tampoco es que importe mucho, porque lo verdaderamente importante es notar cómo la mirada del tonto muchacho enamorado se vacía cada día más y su reputación también se ensucia por aparecer en televisión junto a los habitantes del Capitolio, demostrando una vez más que hasta la persona más honorable tiene un precio.
Estrictamente hablando, nunca tuvo una razón personal para destruirlo, pero, vaya, uno tiene que hacer uso de todos sus recursos para ganar la partida.
Efectivamente, un peón más que protege al Rey.
La estridente carcajada hace eco en ese despacho digno de la madriguera de una soberbia serpiente que sólo se queda quieta, sopesando las posibilidades, admirando a su presa silenciosamente, y termina por atacar cuando menos –y por dónde menos- te lo esperas.
