Disclaimer: La trilogía Los Juegos del Hambre no me pertenecen, todo es de Susanne Collins (por desgracia). Lo único que es mío es la variación de ideas y situaciones.
Este fic participa en el Reto "Pecados Capitales y Sentimientos" del foro Días Oscuros.
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—Te dije desde un principio que esa niña sólo nos iba a traer problemas —el Jefe de los Vigilantes tiene que morderse la lengua para no gritarle a la Presidenta Coin que cierre la boca y deje de reprocharle sus errores—. La Resistencia se desintegra y estamos perdiendo gente para la causa, o atacamos de una vez, mientras Snow está confiado en que ganó, o te olvidas de nuestra ayuda. La mayoría de mis colaboradores está convencido de que lo mejor es que el 13 no se exponga y dejemos las cosas como están: nosotros bajo tierra, austeros, pero a salvo; y ustedes con sus Juegos. Dame un motivo, una idea, un plan convincente que contrarresté las estupideces de esa chiquilla y seguirás teniendo mi apoyo, de lo contrario, está será nuestra última conversación.
Plutarch Heavensbee guarda silencio y aprieta la quijada, nervioso. Su más grande sueño de derrocar el gobierno de Snow está a punto de venirse abajo por completo. No lo hace por nobleza, o porque sea todo un revolucionario que mira por el bien ajeno, sus ambiciones son netamente eruditas, por decirlo de alguna manera. Él es un estudioso. Apasionado de los libros, de la Historia, de la política, y cree que el sistema de gobierno actual es obsoleto. Heavensbee desea ver con sus propios ojos como funciona algo llamado Democracia que existió hace muchísimos años: cree que es la mejor manera de sacar adelante un país tan rico como Panem. De seguir avanzado en la evolución de la sociedad. Él es un político, un erudito, que cree fervientemente en que hay mejores formas de ejercer el poder para resolver las necesidades que se producen dentro de una sociedad. Los Juegos del Hambre no es la respuesta porque, como ha visto –y ha leído en sus preciados libros-, la barbarie está condenada al fracaso porque siempre hay quién se resista, y tarde o temprano caerá.
Él sabe que el momento llegó.
Observa el televisor, el programa de espectáculos del momento, en donde reseñan la actividad principal del día. La imagen de Peeta Mellark y Finnick Odair "disfrutando animosamente" en una fiesta de una de las personas más ricas de la capital, le obliga a sentir algo que nunca ha sido parte de su repertorio de emociones: compasión. Un poco, sólo una pizca. Superficialmente, los ve sonriendo, bailando, incluso coqueteando con los presentes, pero logra captar el vacío, el hastío, la tortura, la pena, el grito de ayuda en la mirada de esos dos jóvenes.
Una idea surge, y sabe que Coin estará de acuerdo. A final de cuentas, ella apostaba por Peeta y no por Katniss.
—Nos centraremos en Mellark y Odair. Ellos son lo que necesitamos justo ahora—responde—. Cuando todos sepan lo que se han visto obligados a hacer, la gente se alzará. Te doy mi palabra.
—Seguiremos en contacto.
Y la comunicación se corta.
Usará a esos muchachos para sus fines, sí, pero también los sacará de ese infierno. Es lo justo.
