Ni ouat ni goth ni sus personajes me pertenecen, en cambio esta historia sí que es de mi invención.

Este fic va dedicado a mi petita, a mi familia del whatsapp swanqueen, a mi morena y por supuesto a Natalia.

Especialmente va dedicado a esthefybautista, sé que es feliz con estas pequeñas menciones en mis capítulos y, como la quiero con todo mi corazón, busco su felicidad por encima de todo aunque ahora mismo solo pueda dársela en forma de palabras, llegará el momento en el que pueda hacerla feliz sin necesidad de ellas. Te quiero mi princesita, disfruta del capítulo y sonríe porque si algo me hace feliz es ser el motivo de tu eterna sonrisa.

Gracias a los que me leéis y comentáis, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más disfrutad el capítulo y recordad pasaros por los fics de franchiulla, my dark queen y por supuesto el fic de mi princesa esthefybautista.

CAPÍTULO 4 LA OSCURIDAD

¿Qué estaban haciendo en el bosque oscuro? Emma se había olvidado hasta de su nombre ante la hermosa visión de la reina de los elfos, abrió la boca sin pronunciar palabra provocando que sus compañeros la miraran con asombro y estupefacción, ya que normalmente era bastante difícil que la rubia permaneciera callada. ¿Cómo contestar si no sabía ni cómo hablar? Su corazón latía desbocado en su pecho, su rostro estaba frío e impasible y sus ojos fijos en el rostro de esa mujer que había conseguido dejarla sin habla.

Ante el mutismo de su hermana, Cercei decidió interceder por el grupo y fue ella quien se dirigió a la reina, de la misma manera que le habían enseñado toda su vida que debía dirigirse a la realeza, con respeto y sobre todo sin olvidar que la tierra que pisaban era hostil y esa raza sus enemigos.

-"Majestad, disculpad a nuestra joven guía, ella puede llegar a ser muy impertinente pero tiene buen corazón, si vos me lo permitís yo seré la portavoz de nuestro pequeño grupo"

-Está bien muchacha, habla, ¿Qué empuja a un enano, un semielfo y cuatro humanos a internarse en mi bosque, en mi reino?

-"Estamos buscando el camino más corto para llegar al reino del Fuego, su majestad. Por desgracia el tiempo no corre a nuestro favor y tuvimos que atajar por sus dominios, mas no buscamos hostilidad, solo continuar nuestro viaje cuanto antes"

-Nadie en su sano juicio se aventuraría a viajar al reino del Fuego, ¿No conocéis las leyendas de ese lugar? Es un reino maldito, solo hallaréis la muerte en él.

-"Somos conscientes del peligro, su majestad, yo misma vi con mis propios ojos los estragos de la diosa oscura y su ejército, destruyeron mi reino y se llevaron a alguien preciado, ese es el motivo de este viaje"

El rostro de la reina, hasta el momento sereno e impasible, se tornó en una mueca de incredulidad que escondía el terror que sintió ante semejante noticia.

-Eso es imposible, mientes. Yo misma vi caer a la diosa hace más de un siglo, cuando solo era una niña.

-"Vos la visteis caer, yo la vi destruir todo lo que amaba, os lo ruego dejadnos continuar. Sabéis que si ella vuelve, vosotros los elfos también estaréis perdidos"

La reina no quería creer lo que estaba escuchando, se negaba a creerlo. Ella había vivido la era oscura, había visto arder el mundo bajo el dominio de la diosa, había visto la destrucción del Fuego. Esos extraños estaban mintiendo, estaba segura de que buscaban destruir a su pueblo y no podía permitirlo. Con un gesto los mandó encerrar mientras deliberaba que hacer con ellos.

Echó una última mirada sobre la joven rubia que permanecía atada, sin duda debía haber enfadado mucho a sus hombres para haberse ganado semejante castigo. En el último momento decidió que la encerraran sola, separada del resto, no sabía por qué pero la mirada de esa rubia le producía escalofríos.

Una vez sola, la reina se retiró a su hogar, escoltada por su guardia personal. No podía creer la historia de los forasteros mas si era cierta, nada ni nadie podría salvar el mundo de una nueva era oscura, no sin los dioses a su favor, dioses que hacía siglos habían desaparecido. Se sintió inquieta y no dejaba de recordar cuando ella era niña, el frío, la oscuridad maldita, el terror a las bestias aladas que arrasaban todo a su paso, no podía dejar de pensar en sus padres pereciendo en su lucha contra esa diosa maldita cuya única ambición era someter al mundo entero.

Por otro lado, Emma se sentía peor que una bestia enjaulada. La habían desatado mas estaba sola en su prisión, sufriendo en silencio, andando de un lado a otro sin poder estarse quieta. En su mente las facciones de la reina, grabadas a fuego en ella. Nunca nada en toda su vida le había causado tanta conmoción como esa majestuosa morena, ardía en deseos de volver a verla, de volver a escuchar su voz melodiosa, simplemente de tenerla cerca… esa ansiedad la estaba destrozando, así que decidió escapar, no podía permanecer más tiempo ahí encerrada sin ver a la reina, una fuerza desconocida la empujaba a no pensar en nada más que en la reina así que, con paciencia, se dedicó a forzar la cerradura de esa jaula donde estaba encerrada con el único objetivo de encontrar a la morena y poder mirarla una vez más.

Cuando finalmente abrió la puerta, se escabulló en la oscuridad de la noche. Los elfos jamás imaginaron que sus prisioneros intentaran escapar puesto que no darían ni un paso sin que los volvieran a atrapar, así que no había ni guardias ni vigilancia que custodiasen la celda donde Emma se encontraba.

Pronto se dio cuenta de que no tenía ni idea de cómo encontrar a la reina, así que la joven se dedicó a andar sin rumbo a escondidas por el poblado. Sus habilidades como ladrona le resultaron de gran utilidad pues podía ver sin ser vista, andar sin ser escuchada y así, sigilosamente, iba buscando una vez más a esa mujer que había embotado todos sus sentidos.

De pronto una sensación de que algo iba mal invadió a la rubia provocándole un escalofrío. La oscuridad del bosque, antes apacible, ahora se había tornado antinatural y terrorífica. Buscó los leves rayos de la luz de la luna pero estos se habían esfumado, incluso el leve tintinear de las luciérnagas se había extinguido.

Así como vino la oscuridad, de pronto Emma se encontró tiritando de frío y una mueca de terror se le dibujó en el rostro. Lo mismo que Cercei le había contado que sucedió en las Aguas estaba sucediendo ahí mismo y, después del frío, venía el fuego.

La rubia se olvidó de ser sigilosa, se olvidó de todo pues solo podía pensar que estaban siendo atacados y que la reina corría peligro. Escondida tras un árbol, pudo ver por primera vez las sombras. Esas criaturas demoníacas que servían a la diosa oscura, mitad hombres mitad lagartos, esclavos letales y sádicos, entrando al poblado con sigilo, buscando acabar con toda vida que se interpusiera en su camino.

Las sombras se dirigían a una casa en particular, no distinta a las demás pero con pequeños detalles señoriales. Emma entendió que ahí estaba la reina y se odió por no haber cogido su espada, estaba desarmada y sola ante esas cosas que querían destruir a los elfos y a su reina, cosa que Emma no podía permitir. Buscó por todas partes cualquier cosa que pudiera usar para defenderse o para abrirse paso entre esos monstruos y dar la voz de alarma.

Dentro de la casa, la reina seguía en sus cavilaciones sobre la historia que portaban sus prisioneros y no reparó en los cambios que se daban en la atmosfera de su reino hasta que fue demasiado tarde. De pronto cayó la puerta de sus estancias y, ante la mirada horrorizada de la reina, penetraron las sombras sin darle tiempo a pedir ayuda a su guardia. Estaba sola ante unas criaturas que antes de ese momento solo existían en sus peores pesadillas.

-"Vaya, mira que hemos encontrado, nuestra señora estará feliz de terminar ella misma con la vida de la última Mills. ¿Nos echabas de menos, Regina? Nunca te abandonamos del todo ¿Verdad?"

Regina sintió como se le helaba la sangre en las venas, no era una de sus pesadillas, era real. Las sombras habían venido a buscarla para que la diosa terminara lo que empezó siglos atrás, el exterminio de su raza.

De pronto, cuando se sintió perdida, todo se volvió demasiado confuso. Gritos de guerra sonaron en su pueblo y, antes de que las sombras pudieran reaccionar, un terremoto rubio de ojos azules penetro gritando en la estancia, creando un caos tan absoluto entre las sombras que dio tiempo a la reina a componerse y armarse para luchar contra ese temible enemigo.

Sin saber cómo había ocurrido, la rubia y la reina estaban peleando espalda contra espalda contra esos monstruos de la diosa, terminando con ellos a gran velocidad, mientras se les unían en la batalla todos los guerreros, alertados por los gritos de la rubia.

A pesar de que pronto cogieron ventaja sobre el enemigo, el reino elfo quedó totalmente destruido, arrasado por las llamas a medida que la lucha se volvía más cruda y sangrienta. Finalmente las sombras se retiraron, vencidas ante los gritos de victoria de los elfos. Habían ganado una batalla mas la guerra acababa de empezar y eso Regina lo sabía bien, todos sus temores se habían hecho realidad, la diosa había vuelto y no se detendría ante nada hasta haber destruido su pueblo.

Miró a la rubia que les había salvado la vida, estaba sentada en el suelo mirando hacia el infinito. La reconoció como la líder del grupo que tenía preso y se conmocionó. Ella la había encerrado y en lugar de huir ante semejante peligro se quedó a luchar con ella, sin duda era una muchacha valiente. Se acercó a ella pues había tomado una decisión, el ataque recibido la empujó a tomarla, debía ir con ellos y ayudarles a detener a la diosa, si no todo el reino estaba perdido.

-Muchacha, cuál es tu nombre.

-"Swan, Emma Swan, bastarde de las Aguas"

-Emma Swan, yo soy Regina Mills, la última de mi nombre, monarca del reino elfo y voy a ir contigo al Fuego, voy a ayudarte a detener a la diosa.