Ni ouat ni goth ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es de mi invención.

Este fic va dedicado a mi petita, a todas mis chicas del grupo swanqueen de whatsapp, a mi morena, a Natalia y especialmente a mi manager adorada.

Como cada uno de mis escritos desde hace unos días, va dedicado a mi queridísima esthefybautista, porque encontrarla es lo mejor que me ha podido pasar y porque, a pesar de los muros que nos pone la vida, ella es mi final feliz y la quiero.

Gracias a todos los que leen y comentan el fic, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar de la lectura, no sin antes recordaros que leáis a franchiulla, my dark queen y por supuesto a mi niña esthefybautista.

CAPÍTULO 5 LA HIJA DEL FUEGO

Desde la celda donde estaban encerrados, los renegados estaban nerviosos y tensos puesto que su destino era incierto. No sabían que pretendían hacer con ellos los elfos y sin duda los desvaríos de Hood sobre esa raza no servían para nada más que acrecentar la angustia.

Cuando vino la oscuridad, Cercei la reconoció como el signo premonitorio del ataque de la diosa y se le congeló el rostro en una mueca de terror. Tenían que salir de ahí como fuera o estaban perdidos.

Con la reina de las Aguas completamente fuera de sí, Hood gritando insultos a diestro y siniestro y Flint cantando baladas enanas, ninguno de los renegados se dio cuenta de la batalla campal que acontecía fuera de su celda. Ninguno intuyó que a pocos metros de donde se encontraban, su joven líder junto a la reina elfa estaban librando una lucha a muerte contra los esbirros de la diosa oscura, que el poblado elfo estaba en llamas y prácticamente destruido. Desde su celda estuvieron protegidos sin saberlo, hasta que se abrió la puerta de golpe y penetró Emma en la estancia. La joven estaba agotada, su rostro negro por el hollín del incendio que había arrasado el pequeño poblado de los elfos, su ropa rasgada y manchada de sangre, su pelo alborotado y también ennegrecido y, tras ella, la reina elfa cuyo aspecto no era muy distinto al de Emma.

Cercei, al verla con vida, se aferró a su cuello con fuerza pues interiormente había estado preocupada por ella. La joven líder, aun conmocionada por la batalla y, sobre todo, por las palabras de la reina, se dejó abrazar sin inmutarse. Sin cambiar un ápice su rostro, se dirigió a Hood con autoridad.

-"Hood, tú eres semielfo, ella es medio reina tuya, dile que de ninguna manera se viene con nosotros que a mí no me escucha"

Hood se negó a hablar, provocando la cólera de la rubia. Desde que la reina morena le había dicho que iría con ellos, había intentado disuadirla pues era muy peligroso y, a parte, ella no se centraría en su objetivo teniéndola tan cerca, la desestabilizada. Tenía que impedir que fuera con ellos a toda costa o pondría en peligro la misión y no podía permitirlo.

Para exasperación de la rubia, aquella reina era mucho más terca y cabezota que ella misma, había decidido acompañarlos y no pensaba escuchar las excusas de una niña mortal para no hacerlo.

-Swan, te recuerdo que yo viví una era oscura, solos no vais a conseguir ni tan siquiera acercaros a una milla del Fuego, iré con vosotros y no se hablé más.

-"No puedes venir conmigo, tu pueblo te necesita"

-Si no voy, pronto no tendré pueblo.

Emma sabía que no podía rebatir a la reina porque esta tenía razón, pero se negaba a aceptarla en esa misión. Finalmente tras un largo e incomodo silencio en el que el enfado de la rubia se hacía bastante notable, fue Cercei quien lo rompió, dirigiéndose a su hermana.

-Emma, ella tiene razón. Si fracasamos no habrá hogar al que volver y no nos vendrá mal la ayuda de un elfo, debes dejar que venga con nosotros.

Tras un momento deliberando, Emma supo que dijera lo que dijera, a morena iba a seguirlos así que, resoplando decidió dejar que les acompañara.

-"Puedes venir, morenita, pero te digo lo mismo que a Cercei, con nosotros tú no eres reina de nada, contribuyes y trabajas como todos y por supuesto aceptas mis órdenes sin rebatirlas y sin molestarme, yo dirijo esta empresa"

Tragándose su orgullo, la reina de los elfos asintió, algo dentro de ella la empujaba a viajar hacia el fuego, a pesar de que estaba aterrada. Tras ponerse de acuerdo, tuvieron que decidir qué hacer con los elfos supervivientes a la masacre de las sombras puesto que el poblado había sido reducido a cenizas. Emma decidió mandarlos al bosque de los renegados, donde ella era la máxima autoridad. Ahí daba igual quién fueras o de que raza, los acogerían y les darían cobijo hasta que todo terminase y pudiesen volver a su hogar.

Así se hizo y los elfos partieron, dejando al reducido grupo atrás pues iban en dirección contraria. Ninguno de los renegados hablaba y el mal humor de Emma era bastante evidente. Rehuía la mirada de la reina constantemente, fingía que no estaba con ellos en todo momento, intentando no volver a perder los sentidos al mirarla, tenía algo que la idiotizaba y eso la rubia no podía permitirlo.

Hood también la rehuía pues su odio hacia los elfos era bastante notable y, tener una elfa como compañera de viaje no le hacía ninguna gracia. El resto de la expedición simplemente seguían el camino sin molestarse por tener uno más en sus filas, lógicamente contar con la ayuda de un elfo era mejor que nada. Nadie reparo en que su joven líder, cuando nadie prestaba atención, miraba a la reina intentando entender porqué tenía ese efecto sobre ella, porqué se le aceleraba el corazón de esa manera, porque nacía en ella la necesidad imperiosa de protegerla, de estar cerca de ella, la necesidad de poder mirarla a todas horas… estaba confusa pues jamás le había pasado algo así, ni siquiera con los hombres con los que había estado se había sentido así.

Por otro lado, la morena sentía la mirada de Emma clavada en ella cada vez que esta la miraba, fingía no darse cuenta pero siempre sabía cuando la rubia la estaba mirando porque se le aceleraba el corazón. Desde el primer momento que la vio, sintió escalofríos y sus reacciones no las podía comprender. Lo achacaba a que la rubia había salvado su vida y a que la sacaba de quicio prácticamente todo el tiempo con sus burlas, hiriendo su orgullo y el de su raza, era una niña completamente insoportable pero valiente y eso la reina se lo tenía que reconocer. Sonreía inconscientemente al recordar cómo entró en su casa gritando y pegando patadas y puñetazos a las sombras, gracias a esa actuación frenética y completamente improvisada estaban vivas, por lo que a pesar de lo idiota que podía llegar a ser Emma, Regina no podía odiarla por mucho que quisiera, no cuando se dormía con una sonrisa recordando cómo le había salvado la vida.

Tras varios días de viaje, habiendo dejado atrás el bosque oscuro y entrando en el reino del Aire, lugar donde moraban los magos y hechiceros, Regina, quería encontrar la respuesta al enigma del manuscrito en el que salía Emma en la biblioteca del Viento, la ciudad más grande de ese reino. Desde que Cercei le había contado todo lo que pasó en las Aguas y le enseñó el manuscrito con la esperanza de que ella pudiese leerlo, l reina no dejaba de darle vueltas al asunto. Lo único que había podido leer era algo sobre la diosa de la luz, pero no entendía que tenía que ver Emma en toda esa historia y necesitaba más información.

Decidieron detenerse a descansar y comer algo, con esa intención empezaron a buscar un claro en el bosque que fuese de su agrado cuando Ruby, alertada por sus sentidos de loba, les hizo esconderse. No sabía qué era lo que había olfateado pero tenía el olor del sudor, la sangre y el azufre, no podía ser nada bueno.

Tras algunos minutos escondidos, Emma se aburrió y decidió investigar. No podía quedarse quieta más tiempo así que salió de su escondite, seguida por Cercei y Regina que intentaban detenerla. Iba a empezar a discutir con ellas cuando vio a lo lejos una criatura inmensa, una criatura que solo había visto en pinturas, a lo lejos había un dragón enorme, de color negro igual que el carbón. Era majestuoso, tanto que Emma se quedó sin aliento al verlo mientras Cercey y Regina se quedaban estáticas, congeladas por el terror que les invadió en ese momento.

Emma, que rara vez tenía miedo, se acercó un poco más para poder ver mejor a la criatura y así descubrió que estaba herida y no solo eso, sobre su lomo había una chiquilla, herida también, parecía que necesitaban ayuda y, sin pensarlo dos veces, corrió hacia ellos, exponiendo su propia vida sin dudarlo, su corazón la empujaba a salvar a esa niña y a su dragón.

Tras ella, todo el grupo salió corriendo, intentando detenerla, pues acercarse a esa criatura y más estando herida, era un suicidio.

Cuando llegó a la altura de la bestia, pudo ver que estaba muy débil, no era peligroso en ese estado. De un salto agarró a la muchacha de su lomo, vio varias heridas profundas y se dispuso a curarlas. En ello estaba cuando Regina la alcanzó y, a pesar del miedo que le inspiraba la bestia, decidió ayudar con sus conocimientos de las plantas y pronto las heridas de la muchacha estuvieron curadas. Emma la dejó en brazos de su hermana para que la cuidara y se dirigió a curar también al dragón, algo en su interior le decía que eso era lo correcto, que no podía dejar desamparada a esa magnífica criatura y, ante el silencio de los suyos que la miraban con la veneración más absoluta por su valor, Emma curó las heridas de esa bestia que, abrió los ojos y se la quedó mirando. Era una mirada ardiente, sus ojos parecían lava fundida mas no era una mirada hostil. El animal reconoció en Emma a su salvadora y estaba en deuda con ella.

-Dará su vida por ti, le has salvado.

Emma dio un salto ante el sonido de esa voz, ronca y cansada, se giró y vio a la muchacha rubia de ojos violeta mirándola, desde los brazos de Cercei.

-"¿Quién eres pequeña?"

-Daenerys Targaryen es mi nombre, la última de mi familia, la última de la sangre del dragón y tú me has salvado la vida.