Ni ouat ni goth ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es de mi completa invención.

Este fic va dedicado a mi petita, al grupo de whatsapp swanqueen, a mi morena, a Natalia y por supuesto a mi manager adorada.

Va especialmente dedicado a esthefybautista, la luz de mi vida, mi niña, aquella que en la distancia me regala sonrisas, repara mis heridas y me hace creer que ser feliz es realmente posible. Te quiero princesita, siempre a tu lado aunque miles de kilómetros me separen de ti.

Gracias a todos los que me leéis y me dejáis mensajito, ayuda mucho conocer vuestras opiniones.

Sin más os dejo disfrutar del capítulo, no sin antes recordaros que leáis a franchiulla, my dark queen y por supuesto a mi princesa esthefybautista. Besitos.

CAPÍTULO 7 LUZ

Cada vez hacía más frío y la oscuridad se volvía más densa a su alrededor, como señal inequívoca de que las sombras se aproximaban, de que no había salida a esa situación, de que la muerte era una certeza inevitable. Estaban solas, apenas armadas con espadas y sin poder ver nada a su alrededor. Era el fin y ambas lo sabían.

Para Regina, ese momento no era más que poner fin a siglos de existencia, ningún elfo temía a la muerte pues sus largas vidas a menudo monótonas llegaban a hastiarlos, mas en ese momento se sentía demasiado culpable por haber seguido a Emma. Quizás la rubia sola habría tenido más oportunidad de escapar de esa situación si no hubiese tenido que preocuparse por ella. Tenía un nudo en el pecho y se sentía responsable por haber empujado a la rubia a ese suicidio.

-Emma, yo…lo siento mucho

-"¿Qué sientes?"

-No haberte escuchado, haberte seguido, haberte metido en este embrollo, de veras que lo siento. Cuando me ciega el orgullo no soy capaz de ver que mis actos pueden conducir al desastre, es mi culpa.

-"…"

-Por favor, no calles, dime lo que piensas

-"Vamos a morir, ¿Verdad?"

-Sí, dudo mucho que salgamos de esta con vida…

-"…"

-Quiero darte las gracias por salvarme aquella vez en el poblado, no tenías porqué.

-"Si no lo hubiese hecho me habría arrepentido toda mi vida, Regina"

-¿Hay… hay algo de lo que te arrepientas Emma?

Las lágrimas asomaron en los ojos de la rubia y no luchó por esconderlas puesto que la oscuridad las amparaba en esos momentos. Sintió la mano de Regina apretando fuerte la suya, no se había dado cuenta de que seguían tomadas de la mano hasta ese momento. Reconfortada por ese contacto íntimo entre ellas, la rubia tomó aliento para responder, para desahogar su alma ante una muerte segura.

-"Me arrepiento de muchas cosas, Regina. La que más me pesa es haber abandonado a mi hijo, a pesar de que lo hice con la mejor intención, ninguna madre debería desprenderse así de un niño. Me arrepiento de cada decisión errónea que, por mi cabezonería, acabó en desastre, me arrepiento de haberme empeñado en cruzar tu bosque aquel día, si no lo hubiera hecho, tu pueblo seguiría en pie y tú no tendrías que morir aquí conmigo, me arrepiento de demasiadas cosas y lo siento, siento haberte traído hasta aquí, siento que tenga que terminar tu vida por mi culpa."

Lágrimas amargas se derramaban sobre las mejillas de la joven, mientras la reina intentaba analizar y procesar las palabras de esta. Se culpaba por todo el dolor que había causado la diosa y eso no era justo, como liberar ese peso de su alma con tan poco tiempo, le dolía el corazón no poder aliviar el dolor de Emma y, por primera vez en su larga vida, la elfa se sintió completamente perdida e inútil.

De pronto, sumida en sus cavilaciones, la reina se sobresaltó al notar como Emma soltaba su mano y pasaba su brazo alrededor de su cintura, atrayéndola hacia ella en un improvisado pero tierno abrazo. Un abrazo que consiguió calmar la creciente tormenta en el interior de la morena.

Con la oscuridad cegándola, no pudo ver a que distancia estaba la rubia de ella y, a pesar de notarla tan cerca, se sobresaltó al escuchar su voz, susurrándole directamente en los labios.

-"Regina, ¿vamos a morir?"

-Creo que sí, Emma.

"Entonces hay algo de lo que no quiero arrepentirme…"

Antes de que la morena pudiera reaccionar, los suaves labios de Emma buscaron los suyos regalándole su último beso antes de dormir eternamente. A pesar de la conmoción del momento, Regina no se apartó de ella, se abrazó a su cintura y se dejó llevar, profundizando ese gesto y perdiendo por completo la capacidad de pensar y razonar. Las espadas cayeron al suelo puesto que ambas se aferraban la una a la otra de manera frenética y apasionada. Si iban a morir sería besándose, sería amándose, sería poniendo por fin nombre a todas las emociones confusas y todos los sentimientos que habían despertado en ellas desde que se vieron por primera vez.

Con los ojos cerrados y disfrutando de ese dulce contacto íntimo, no vieron como de ellas, salía una luz cegadora, una luz que eclipsaba los rayos del sol, una luz que las envolvió y transformó en piedra a las sombras que habían conseguido encontrarlas y no tuvieron tiempo ni de pestañear antes de verse atrapadas por esa magia nunca vista.

Cuando les faltó el aliento, se separaron. Su respiración estaba agitada y los latidos de sus corazones completamente fuera de control. Frente contra frente y con los ojos cerrados intentaban atesorar ese último momento, que no se rompiera la magia de ese beso cargado de tantísimas emociones.

Regina fue la primera en abrir los ojos, al notar que el frío glaciar de hacía unos instantes había desaparecido. En cuanto miró a Emma sus ojos se abrieron desmesuradamente sin poder creer lo que estaba viendo, la rubia resplandecía y ella jamás había visto nada igual.

Miró a su alrededor y su asombró fue acrecentado al descubrir las estatuas de las sombras, completamente convertidas en piedra. Sin duda se habían salvado pero ¿Cómo?

-Emma, Emma mira, mira que has hecho.

-"¿Ya estamos muertas?"

-No, y no vamos a morir, nos has salvado. No sé cómo lo has hecho pero nos has salvado.

Emma abrió los ojos y lo primero que le sorprendió fue que la estancia, hace unos minutos completamente negra, estaba levemente iluminada. Fijó su mirada en la reina elfa, a la que aún tenía entre sus brazos, y pudo ver como esta tenía el rostro completamente maravillado y su mueca era del más puro asombro. Dirigió su mirada hacia el lugar donde Regina estaba mirando y entendió la cara de la reina al ver ella misma las estatuas de las sombras.

-"¿Qué diablos ha pasado?"

-No lo sé.

-"¿Por qué has dicho que he sido yo?"

-Emma, mírate, la luz la provocas tú.

La rubia se miró y pudo ver que la claridad de la cueva provenía de ella, sintió vértigo y se mareó. ¿Qué le estaba pasando? ¿Tendría algo que ver con el manuscrito? Ella solo era una bastarda y ahora, de pronto, brillaba y convertía demonios en piedra. Era demasiado para procesar.

-"Vámonos de aquí, el resto debe estar preocupado por nosotras"

Cogiendo de la mano una vez más a la reina, salieron como pudieron de la cueva y sin peligro y buscaron a sus compañeros.

Con el lío que se armó en el reencuentro donde todos hablaban a la vez queriendo saber qué había pasado con ellas, cómo habían escapado y mil preguntas más a las que la rubia no tenía respuesta, no pudieron hablar entre ellas de lo que había ocurrido en la cueva, de ese beso que, al menos para Emma, había significado demasiado.

Agotada por tantas emociones vividas, la rubia ordenó descansar esa jornada así que se dispusieron a levantar el campamento, mientras Droghon sobrevolaba la zona, vigilando que no corrieran ningún peligro. En medio del ajetreo de levantar las tiendas, buscar algo para comer y leña para encender el fuego, Emma se dio cuenta de que Regina había desaparecido y, con el corazón en un puño, se marchó a buscarla. Inconscientemente su alma la empujaba a buscarla puesto que necesitaban hablar, las dos solas, de lo que había acontecido en la cueva. Cuando por fin la encontró, Regina estaba sentada en medio del bosque, mirando a ninguna parte, completamente perdida en sus propios pensamientos.

Bañada por la luz de la luna, tan majestuosa, tan magnífica, era una criatura completamente fascinante. Emma había perdido la capacidad de respirar una vez más, pero al ser humana, Regina la había escuchado llegar desde hacía bastante rato. La elfa se giró lentamente hasta clavar su mirada oscura en la mirada aguamarina de la rubia y, con un gesto, la invitó a sentarse a su lado. Emma obedeció en silencio y, durante unos instantes, ambas se quedaron mirando las estrellas, cada una analizando sus propios sentimientos, hasta que la rubia rompió el silencio.

-"Majestad yo… lo siento"

-¿Ahora vuelvo a ser majestad?

-"En esa cueva, creí de verás que íbamos a morir"

-Yo también lo creí, no debes disculparte

-"Te besé…"

-¿Te arrepientes?

-"Jamás lo haré, fue el momento más intenso y feliz de toda mi vida"

-¿Qué sentiste?

-"Paz, serenidad, sentí que estaba donde debía estar, sentí que estaba en casa"

-Yo sentí lo mismo, y me desconcierta porque sale de toda razón lógica

-"El amor es ilógico e irracional"

-Los elfos no nos enamoramos, no forma parte de nuestra naturaleza.

-"Entonces, ¿Cómo te sientes?"

-Extraña, por primera vez en mi vida hay algo en mí que no puedo comprender, es raro pero me gusta, ¿Y tú? ¿Cómo te sientes?

-Yo siento que me muero de ganas de probar una vez más tus labios.

Esa tímida aunque directa respuesta hizo sonreír a Regina, su sonrisa era algo que Emma aún no había visto, siempre tan seria y majestuosa, sin duda ese bello gesto la dejó sin aliento. Se atrevió con delicadeza a apartar los mechones de pelo de la reina para descubrir su rostro, levemente sonrosado y sus miradas volvieron a cruzarse. Finalmente fue Regina quien rompió la leve distancia que separaba sus labios, regalándole un tierno y dulce beso a la rubia. Un beso muy distinto al primero, más suave y delicado, sin las prisas o la desesperación de alguien que espera la muerte.

Cuando finalmente se separaron, no dijeron una sola palabra, no era necesario hablar. Emma atrajo a la reina a sus brazos y volvieron a mirar al infinito, abrazadas. Finalmente Regina volvió a hablar, pues había estado cavilando un nuevo plan. Necesitaba saber por qué Emma llevaba luz en su interior y por qué salía su rostro en ese manuscrito. Todo apuntaba a la diosa de la luz y quizás las respuestas a sus preguntas estaban en el origen.

-Emma, creo que deberíamos ir al Norte.

-"Vamos al Fuego, eso está al sur Regina, en el Norte no se nos ha perdido nada, además ahí siempre es invierno"

-El Norte es la tierra de la diosa de la luz, quizás en la biblioteca de Invernalia hallemos respuesta a todo este enigma.

-"Está bien, confío en tu juicio, quizá con más información sobre ese manuscrito o sobre por qué me convierto en una antorcha cuando te beso pueda sernos de utilidad"

-Entonces ¿Vamos al Norte?

-"Vamos al Norte, aunque a Cercei no le va a hacer ninguna gracia."

-¿Por qué?

-"Digamos que los Lanister y los Stark nunca fueron buenos amigos"