Ni ouat ni goth ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es de mi invención.
Este fic va dedicado a mi petita, al grupo de whatsapp swanqueen, a mi morena, a Natalia y por supuesto a mi manager adorada.
Lo dedico especialmente a mi niña, esthefybautista. Daría todo lo que tengo por abrazarte en estos momentos, no sabes cómo me duele no estar contigo físicamente pues mi alma y mi corazón están contigo siempre. Te quiero mi princesita, quiero que sonrías a pesar de todo pues al otro lado del mundo tienes a alguien que día y noche no deja de pensarte.
Gracias a los que leéis y comentáis esta historia, vuestro apoyo es importante. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes decir que leáis a franchiulla, my dark queen y por supuesto a mi esthefybautista. Besos.
CAPÍTULO 8 INVERNALIA
Ambas se permitieron unos minutos de paz y soledad, en medio del bosque, abrazadas y unidas, sintiendo el latir de sus corazones tranquilos y en calma.
Las últimas semanas habían sido de caos y locura, demasiados acontecimientos difíciles de asumir que culminaron en aquel desesperado beso de despedida y en el descubrimiento de que Emma era mucho más de lo que creía ser.
En silencio y sintiendo la suave brisa acariciando sus cabellos, ambas mirando el firmamento, se permitieron soñar con el fin de esa extraña y arriesgada aventura. Mas la realidad las reclamaba, debían volver con el grupo, cambiar el rumbo hacia el Norte y rezar por encontrar en esa tierra helada las respuestas a tantas incógnitas sin resolver.
Quizás la solución se encontraría en la biblioteca de los Stark y, de ser así, tendrían ventaja sobre la diosa oscura.
Se levantaron del suelo, perezosamente, intentando alargar ese momento de armonía tanto como pudieran y, cogidas de la mano sin apenas darse cuenta de ello, se marcharon hacia el campamento, sabiendo que su aventura no hacía más que empezar.
Una vez reunido el grupo, Emma explicó el plan de Regina. Irían al Norte donde solicitarían buscar entre los manuscritos de la biblioteca toda la información posible sobre los dioses, con la esperanza de encontrar algo que desvelara por qué estaba la diosa oscura detrás de Emma exactamente.
Ni la rubia ni la elfa habían explicado cómo se habían salvado de las sombras. ¿Cómo explicar algo que no puedes comprender?
En cuanto escuchó las palabras norte y Stark, Cercei montó en cólera y entre gritos se negó a viajar a Invernalia.
-Emma, de ninguna manera, un Lanister jamás solicita ayuda de un Stark.
-"Entonces tenemos suerte de que mi apellido sea Swan y no Lanister."
-Te apellidas Swan, pero creciste y te criaste con los Lanister, Emma eres mi hermana, sabes que no podemos ir a Invernalia, nos mandarán a ser pasto de los lobos en cuanto lleguemos a sus puertas.
-"Bueno, ellos tienen lobos, yo tengo un dragón"
-Emma… no nos ayudarán, solo será perder el tiempo. Mientras tú te empeñas en seguir planes absurdos tu hijo está en manos de la diosa.
-"Precisamente porque mi hijo está en manos de la diosa iré al fin del mundo si es necesario para derrotarla, ahora mismo el mejor arma que podemos tener es el conocimiento, y ese arma está en Invernalia."
-Es una mala idea, como todas tus ideas, solo nos llevarás a la muerte.
-"Nadie te obliga a estar aquí, Cercei, márchate o sígueme a Invernalia."
Sin argumentos para rebatir a su tozuda hermana, Cercei calló, a pesar de que su rostro dejaba ver la inmensa cólera que la consumía. El ancestral odio que existía entre los lanister y los Stark la cegaba y solo le dejaba ver que era una locura ir al Norte, mas su hermana estaba completamente segura de querer viajar a esa tierra de invierno y no podía hacer ni decir nada para que cambiara de opinión. Sin duda el viaje se iba complicando por momentos.
Tras varios días de jornada en dirección norte, toda la compañía había observado el cambio en su joven líder con respecto a la reina elfa, las burlas y la ironía con las que normalmente solía obsequiarla se habían tornado en miradas dulces y alguna que otra palabra tierna y respetuosa, mientras Regina trataba a Emma de igual manera, intentando disimular las sonrisas y el rubor de sus mejillas cuando estaba con la rubia.
La mayoría no le dio importancia, el único que, asombrado, quiso saber el porqué de ese cambio de actitud en la reina fue Hood y, por primera vez desde que la morena se unió al grupo, se dirigió a ella para entender. Su voz estaba teñida de odio, odiaba a los elfos pues le habían despreciado toda la vida, solo porque era mitad hombre.
-"Majestad, no creáis que no me he dado cuenta de vuestra actitud con Emma, solo soy medio elfo pero mis sentidos están tan desarrollados como los vuestros. Ahora decidme ¿Qué hace una elfa, una reina como vos tonteando con una niña mortal?"
-No tengo por qué responderos, a vos no os interesa lo más mínimo.
-"Me interesa, Emma es mi familia, quizás la única persona de este mundo que no me juzgó por ser mestizo, sino por la persona que soy, no quiero que sufra. Los elfos no aman, no saben y si ella os ama a vos va a sufrir, no quiero que juguéis a ser lo que no sois y dañéis a una buena persona"
-Entiendo tus palabras, semielfo, mas no quiero dañarla en absoluto, yo… hace día que no soy la misma, desde que nos quedamos atrapadas en la cueva siento como si toda mi vida hubiese sido planeada para estar hoy aquí, con ella, para ayudarla en esta guerra y para amarla, aunque no sepa cómo hacerlo.
Hood no leyó mentira en ninguna de esas palabras y se conmovió, ¿Era posible que una elfa pudiera amar? Había visto tantas cosas imposibles esos últimos días que no le sorprendía y de pronto sintió pena, una pena inmensa por esa soberana y por su joven líder.
-"Majestad… ¿habéis pensado en que ella envejecerá y morirá mientras vos viviréis eternamente?" Es un destino horrible para vos si de verdad os lanzáis a amar."
-Horrible, mas lo abrazaré con gusto. Me da igual si es un año, si son diez o cincuenta, cada momento a su lado yo estaré viva y eso no lo cambio por nada del mundo.
Hood asintió y se marchó, dejando sola a la reina en medio de sus cavilaciones sin saber que acababa de ganarse la lealtad del semielfo, si la reina estaba dispuesta a sufrir toda la eternidad por amar a Emma Swan se merecía su cariño y su respeto.
El viaje al norte fue largo y pesado, mas con Droghon como vigía no tuvieron ningún peligro y la travesía se dio sin complicaciones. Incluso Emma se permitió volver a montar a lomos del dragón, puesto que la primera vez había quedado completamente enamorada de esa sensación.
Una vez en las puertas de Invernalia, fue Regina quien se anunció como reina del pueblo elfo y, por curiosidad dado que los elfos no solían salir nunca de su tierra, los dejaron entrar y los condujeron al salón principal donde estaba el señor de Invernalia presidiendo, Robb Stark. Conocido en todo el reino como el rey lobo pues su mascota era un lobo huargo de color gris que medía más de dos metros.
Robb los miró desde su trono, escrutando sus rostros, intentando entender por qué tenía en su casa a ese grupo tan extraño. Una elfa, un semielfo, un enano y cinco muchachas humanas, todos con claros síntomas de fatiga y de haber estado viajando durante días. Finalmente Regina fue la que se dirigió al joven señor.
-Señor, mi nombre es Regina Mills, la última de mi casa, monarca del reino elfo. Hemos venido hasta aquí con la esperanza de poder buscar entre su biblioteca información sobre los dioses, ya que tenemos la certeza del retorno de la diosa oscura y buscamos la manera de devolverla al infierno.
-"Aquí en el norte siempre supimos que ella volvería, hay una manera de detenerla y es con la espada de la luz, mas esa espada la otorga la diosa del invierno, también conocida como la luminosa o diosa de la luz, no todo el mundo puede portarla."
-Está en nuestro poder un antiguo manuscrito y queremos descifrar su contenido, quizás si pudiéramos ver la biblioteca.
-"No voy a enseñarle mi biblioteca a nadie que simpatiza con un Lanister, y menos con su reina, la he reconocido nada más ha entrado por la puerta. Me siento generoso y si os marcháis ahora no os lanzaré a mi lobo."
Creyendo que estaba todo perdido y que el viaje había sido en vano, Emma se adelantó para hablar con el joven señor, la brusquedad con la que se movió retiró su capucha dejando ver su rostro y, al verla, Robb Stark se quedó completamente trastornado.
-Eres tú… Es a ti a quien busca.
-"Soy yo, mas no sé quién soy y por qué me quiere a mí."
-Enseñadme el manuscrito, os lo ruego.
Emma le entregó el maldito pergamino por el que había empezado toda esa locura, y el señor de Invernalia se lo quedó mirando, como si estuviese frente a un dios, con la misma veneración y respeto.
-Tú eres la única que puede derrotarla, porque tú eres la hija de la Luz.
-"No, yo no soy hija de nadie, soy la bastarda de Twyn Lanister, me llamo Emma Swan, lo que dices no tiene sentido"
-Tu nacimiento fue profetizado, siglos antes de que nacieras, cuando la diosa cayó por primera vez se sabía que retornaría, que solo habría una manera de detenerla y la única que podría hacerlo sería la hija de la Luz, la que viene en este manuscrito, es decir tú.
-"¿Cómo la detengo?"
-Debes conseguir la espada de la diosa, la que mencioné antes.
"¿Dónde la consigo?"
-Solo ella puede dártela, y lo hará cuando tus actos sean dignos de portarla. Eso es lo que pone en el pergamino, lo siento no puedo hacer más por vosotros. Diré a mis hombres que os acomoden y os alimenten.
-"¿Aunque seamos Lanisters?"
-Sea cual sea el apellido que llevéis, la diosa del invierno os ha elegido para salvarnos a todos, lo menos que puedo hacer es daros mi hospitalidad y cobijo. Sed bienvenidos a la casa de los Stark, sed bienvenidos a Invernalia.
Y así fue como, por primera vez en siglos, los Stark y los Lanister dejaron al lado sus diferencias luchando contra un enemigo común, gracias a una joven bastarda que aun no entendía cuán grande era su destino.
