Ni ouat ni goth ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es de mi completa invención.
Este fic va dedicado a mi petita, al grupo de whatsapp swanqueen, a mi morena, a Natalia y por supuesto a mi manager adorada.
Especialmente se lo quiero dedicar a esthefybautista, porque no pasa un solo segundo que no piense en ella, cada día la quiero más. Me paso todo el tiempo soñando despierta, imaginando que está aquí conmigo y que por fin tenemos nuestro final de cuento de hadas, la extraño muchísimo. Para ella que es la niña de mis ojos va este pedacito de mi en forma de palabras, te quiero mi princesita.
Gracias a todos los que me leéis y comentáis, ayuda mucho conocer vuestra opinión sobre lo que voy escribiendo.
Sin más os dejo leer no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen y por supuesto a mi esthefybautista.
CAPÍTULO 9 AGUA Y FUEGO
Emma decidió que se quedaran en Invernalia para reposar y descansar tras el largo viaje a esas tierras inhóspitas y congeladas donde siempre era invierno.
Aprovecharían la estancia para escrutar arduamente la biblioteca del Norte, buscando cualquier tipo de información válida para terminar con la diosa oscura.
Sabían cuál era la única forma de acabar con ella, con la espada de la luz, a la que comúnmente denominaban Hielo, ya que era la espada de la diosa del invierno. Solo su hoja tenía las propiedades místicas y la fuerza necesaria para atravesar el corazón de la diosa y mandarla de vuelta al infierno donde permanecería eternamente.
Solo había un problema y era que nadie había visto esa espada, incluso se dudaba de su existencia. Tanto Emma como Regina pasaban horas enteras encerradas entre esos manuscritos, buscando dónde podría estar dicha espada. La reina era la única que trabajaba en ese escrutinio sin pausa pues, a pesar de su buena voluntad, Emma no sabía leer lengua común y mucho menos lenguaje culto y antiguo así que pasaba sus horas junto a la reina en esa biblioteca observándola, dando su opinión de vez en cuando y sin hacer más que preguntarse a sí misma cómo demonios podía ser ella hija de la luz, ella que no había sido nadie nunca, no tenía sentido y no terminaba de creerlo. Regina, entre pergaminos y documentos que databan de siglos atrás, de repente alzaba su mirada buscando a la rubia, como si pudiera leer en su rostro todas las incógnitas que encerraba esta en su cabeza, con esas pequeñas miradas a escondidas, la reina se dio cuenta de que Emma provocaba en ella sensaciones únicas, sensaciones que en su especie jamás se habían dado. Buscaba su cercanía, le pedía su opinión sobre la información que iba recopilando solo por tener el placer de escuchar su voz, de estremecerse ante el más mínimo gesto. No sabía nada de amor, entre los suyos esa palabra era inimaginable mas, en esos pequeños momentos a solas con Emma Swan alcanzó la certeza de que pasaría el resto de su vida amando como pudiera a esa muchacha tan llena de vida, a esa chiquilla que apareció de la nada en su mundo y lo puso patas arriba, a la que había salvado su vida con un tierno beso en aquella cueva. Estaba segura de que no había marcha atrás una vez empiezas a amar y estaba dispuesta a pagar el precio, la eternidad sin ella, la inmortalidad sin ella, solo por tener el gusto de vivir el resto de la vida de Emma a su lado.
Volvió a mirarla con una sonrisa y vio el rostro serio y pensativo de la joven, mirando hacia ninguna parte.
-¿Qué piensas Emma?
-"Estoy pensando en todo lo que dijo Robb, en lo de la luz y eso, no sé, no entiendo qué tiene que ver conmigo"
-Yo creo que tiene todo que ver contigo, Emma.
-"¿Por qué dices eso?"
-Porque todo lo que he visto desde que empezó esta extraña aventura apunta a que eres alguien excepcional y, el hecho de que seas hija de la luz tiene sentido.
-"¿A qué te refieres? No entiendo, es porque brillo ¿Verdad?"
-En parte sí, pero no es solo eso. Verás, cuando yo era niña viví una era oscura, lo sabes. Las sombras mataron a mis padres, solo les bastó con tocarlos y los sumieron en la oscuridad, siempre fueron mi peor pesadilla, durante siglos no he sido capaz de dormir una sola noche sin soñar con las sombras.
-"Esas cosas son terroríficas, pero sigo sin entender qué tiene que ver todo eso conmigo"
-Tiene que ver porque, aquella noche, en el bosque, tú te enfrentaste a ellas sin armas, sin temerlas. Eres el único ser humano que no teme a los esbirros de la diosa. Después está el episodio del Dragón, cualquiera habría huido o habría matado a esa criatura, aprovechando que estaba tan débil pero tú arriesgaste tu vida por salvarla. No es solo el hecho de que desprendas luz, es tu valor, y sobre todo tu corazón lo que me demuestra que esa historia es cierta, eres más especial de lo que crees Emma.
-"No quiero ser especial, yo era feliz siendo nadie"
-Yo me alegro que seas especial.
-"¿Por qué te alegraría algo así? Se supone que eres el ser más racional del mundo y esto no tiene ni pies ni cabeza"
-Me alegro de que seas especial, me alegro de tu cabezonería que te llevó a entrar en mi bosque, me alegro de haber cruzado mi camino con el tuyo, me alegro porque tú me has enseñado que una elfa se puede enamorar y eso no lo cambio por nada del mudo.
Con rubor en sus mejillas y una sonrisa tonta en su cara ante esa simple pero hermosa declaración de la morena, Emma la miró y vio que esta estaba sonriendo, mirándola con esos increíbles ojos negros. No dejaba de asombrarse ante la inmensa belleza de esa reina, una belleza sobria y majestuosa en concordancia con la frescura del los bosques, con toda la naturaleza. Regina era un milagro de la naturaleza y su belleza la dejaba siempre sin aliento.
La reina se acercó a ella y depositó en sus labios un suave beso, confirmando las palabras que había dicho hacía unos segundos, amaba a una mortal y no le importaba en absoluto hacerlo, era completamente feliz sin buscarle la razón a lo que estaba sintiendo.
Su beso se volvió más apasionado y, en medio de un pequeño forcejeo lleno de amor y pasión entre ambas mujeres, sin darse cuenta tiraron al suelo una gran pila de libros y pergaminos, provocando un escándalo que las hizo separarse de un salto, completamente sobresaltadas. Cuando vieron el desastre que habían organizado empezaron a reír y, juntas, se dispusieron a colocar todo donde estaba cuando de pronto Regina soltó un grito de exclamación. Ante ella uno de los libros que se había caído, abierto y proporcionándole la información que llevaban días buscando.
-Emma la encontré, Hielo, la espada de la diosa, encontré por fin un escrito que habla sobre ella.
-"¿Qué dice?"
-No sé, tengo que traducirlo, dame un segundo.
Al cabo de unos minutos que se hicieron eternos para la rubia, Regina volvió a mirarla, en sus ojos aún más confusión que antes.
-"Dime que pone, por favor, necesito saberlo"
-Pone que Hielo pertenece a la Diosa del invierno y solo la Diosa puede portarla, que si ella lo considera oportuno la prestará para librar batalla, solo a los pocos elegidos que lleven la luz en su interior.
Para poder alzar la espada de la diosa se debe probar que eres hijo de la luz, con actos que demuestren la pureza de tu corazón.
-"Y eso que diablos significa, Regina"
-No lo sé, solo sé que el único arma que pude derrotar a la diosa oscura no está en esta tierra. No podemos contar con la espada.
Ambas se miraron completamente agotadas y desilusionadas. Creían que tenían oportunidad mas no era así. Solo les quedaba continuar su viaje y rezar por que los dioses fuesen en su ayuda, no quedarse solas ante la maldad más pura y absoluta.
Mientras la joven rubia y la elfa habían pasado encerradas en la biblioteca varios días, en Invernalia, Cercei luchaba contra su orgullo herido. Odiaba vivir de la piedad de los Stark, enemigos de su familia desde mucho antes de que ella naciera. Ellos tenían reino, tenían hogar mientras ella era la reina de la nada, reina de un reino devastado y olvidado, no tenía hogar al que volver cuando esa empresa terminase, solo le quedaba su hermana y su pequeño sobrino. Dudaba y con motivo de que, una vez destituida la diosa oscura y toda esa aventura finalizada, su hermana quisiera volver a saber de ella, no después de haberla tratado como a un trapo tantos años, a pesar de que había aprendido a callar su orgullo y a admirarla, incluso a quererla a su manera.
Paseaba por las murallas de la fortaleza del invierno cuando se dio de bruces con la chica dragón, aquella niña con mirada de adulta que habían rescatado en el bosque, una reina sin reino como ella, la última de su familia igual que ella, tenían mucho en común exceptuando que una era agua y la otra era fuego.
-"¿Qué haces aquí, chica fuego?"
-Tengo frío, no estoy acostumbrada a estas temperaturas tan bajas.
-"¿Estás aquí arriba escondida solo por eso?"
-No…Yo…No quiero llegar al Fuego, no soportaría ver mi hogar destrozado.
-"Mi hogar también fue arrasado, ¿Sabes? Por eso empezó toda esta odisea"
-Cuando todo acabe, ¿Qué harás, dónde irás?
-"No lo sé, igual que tú yo soy una reina sin reino. ¿Y tú, Qué harás tú?"
-Marcharme lejos, cuando me salvasteis estaba de camino a dejar este reino y empezar al otro lado del mar angosto, ahí aún existen los dragones de noble corazón.
-"Eso suena bien, buscar a los tuyos, empezar de cero…"
-Quizás…quizás puedas venir conmigo, si no te da miedo volar en Droghon.
-"Quizás… ¿Te imaginas? Agua y Fuego juntas, sin duda es una combinación explosiva"
Cercei miró a esa niña de ojos violeta y cabellos color platino, con una cálida sensación en su vientre. ¿Sería posible que el agua y el fuego puedan convivir sin destruirse? Era una incógnita que aún no tenía respuesta.
