Ni ouat ni goth ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es de mi completa invención.
Este fic está dedicado a mi petita, al grupo de whatsapp swanqueen, a mi morena, a Natalia y por supuesto a mi manager adorada.
Especialmente va dedicado a mi niña adorada, a mi esthefybautista, mi amor, mi vida, la luz en mis sonrisas, mi todo. Qué voy a decir que ya no sepas, que te quiero como a nadie, que me mata tenerte lejos y a la vez me da esperanza e ilusión pues sé que en un futuro tú y yo juntas tendremos un final feliz. Te quiero princesita, desde la distancia te quiero.
Gracias a los que leen y comentan, es agradable saber que mis historias os gustan. Sin mas os dejo leer no sin antes recordar que debéis leer a franchiulla, my dark queen y por supuesto a mi amor, esthefybautista. Besitos.
CAPÍTULO 10 LA DIOSA OSCURA.
Tras unas intensas semanas de investigación, escrutando a fondo la biblioteca de Invernalia con escasos resultados, el grupo se decidió a partir hacia el Fuego, puesto que el tiempo se agotaba.
Marchaban sin ánimos, la información recogida no servía de nada sin la espada y esta se encontraba en paradero desconocido, muy posiblemente ni siquiera pertenecía a ese mundo. Sin el arma legendaria, sin ejército que los amparara, sin nada más que su determinación y su valor, marcharon a poner fin a esa intrépida aventura, sabiendo que sus posibilidades eran mínimas y que lo más probable era que perecieran en el intento, mas no se darían por vencidos, no cuando todo lo que amaban corría peligro.
Tras la breve charla sobre las murallas, Cercei y Daenerys se habían vuelto bastante cercanas, no mantenían mucha conversación pues eran muy diferentes, lo único que tenían en común era su rango de realeza y su carencia de pueblo al que retornar. Un lazo que, aunque ínfimo, las hizo inseparables. Se comprendían y se apoyaban, aun sin palabras. La chica dragón se empeñó en que Cercei volara con ella, asegurándole que era una sensación indescriptible y, tras muchos esfuerzos puesto que la reina de las Aguas era cabezota, por fin consiguió subirla al dragón con ella, haciéndole descubrir que no temía tanto a las alturas como creía y que viajar a lomos del dragón era más cómodo que por tierra, donde se fatigaba deprisa.
Emma no podía quitarse de la cabeza que sin la espada estaban perdidos. Intentaba que su ánimo no decayera puesto que ella era el alma del grupo, les daba fuerza y valor cuando estos querían rendirse, les animaba a seguir cuando querían abandonarlo todo y buscar un lugar donde esconderse. Al final siempre se quedaban con ella pues todos sabían que si no paraban a la diosa, esta destruiría todos los rincones del mundo y era mejor morir luchando y defendiendo aquello que amas a morir escondido y sin una pizca de honor.
Era esperpéntico imaginar que los únicos capaces de reunir el valor necesario para enfrentarse a ese mal fuesen ladrones y reinas sin reino, lo peor de la sociedad al final resultaba ser los que más honor tenían en su alma.
Ante el incierto destino que tenían frente a ellos y la certeza de la muerte, Kilian por fin reunió el valor necesario para declararse a Ruby quien, con una sonrisa en su rostro, simplemente le dijo que había tardado demasiado en decidirse y empezaron una relación ante la alegría de todo el grupo puesto que estaba muy claro que estaban hechos el uno para el otro.
No era tampoco un secreto desde hacía tiempo que su joven líder y la reina elfa eran más que amigas o compañeras de viaje. Siempre estaban juntas, hablando de todo o de nada, se dormían juntas y se protegían mutuamente, se buscaban con la mirada y se sonreían, a pesar de la incertidumbre, de no saber cuánto tiempo duraría ese romance idílico, sin saber en qué momento las alcanzaría la muerte.
Regina no temía su muerte, temía por Emma, por perderla y no poder seguirla, temía la maldición de la inmortalidad sin esa joven rubia a su lado, sin sus palabras irónicas, sin sus sonrisas, sin su mirada aguamarina. Sabía a lo que se enfrentaba cuando decidió dejarse llevar por sentimientos humanos, pero veía ese momento lejano y ahora estaba demasiado cerca.
Emma atesoraba cada segundo con la bella morena como lo más preciado, jamás en toda su vida había sentido tantísimo en tan poco tiempo y viendo cercano su fin, intentaba pasar todo su tiempo junto a ella, sintiéndola su hogar, su destino. Puede que su nacimiento fuese predicho hacía milenios para que fuera ella quien derrocara a la diosa oscura, mas ella sentía que había nacido con el único objetivo de amar a Regina Mills.
A solo un día de distancia del Fuego, pararon por última vez en ese extraño viaje y montaron el campamento. Hacía meses que habían partido del bosque de los renegados, meses intensos y llenos de cambios en ellos, ese viaje los había transmutado en personas distintas. Cercei, antes orgullosa y soberbia, ahora compartía su camino con ladrones sin despreciarlos, había dejado de sentirse superior a cualquiera e incluso había empezado a albergar sentimientos profundos por una muchacha nacida en el Fuego, cosa que hacía algunos años había considerado imposible, Kilian y Ruby habían dejado de lado todas las dudas y prejuicios que les impedía estar juntos y por fin se complementaban y eran felices, Hood había dejado de lado su odio enfermizo contra la raza de los elfos y ahora admiraba y respetaba a su reina con veneración, sería capaz de dar su vida por ella si fuese necesario, el pequeño Flint, siempre contento y alegre, cantando y animando al grupo, había aprendido a leer en el rostro de sus compañeros su angustia y su miedo, aprendió cuando callar, cuando hablar y cuando animarlos con sus baladas e historias. Emma se había convertido en una líder magnífica, siempre lo fue, mas en este viaje aprendió a escuchar a los demás y no encerrarse en sus propias decisiones, aprendió a respetar, a callar. Pero sin duda el cambio más drástico se dio en la reina elfa, ella aprendió a luchar contra su propia naturaleza y a amar, a pesar de que ese sentimiento para los de su raza era una maldición.
Cuando todos estaban empezando a ser vencidos por el sueño, Emma echó en falta a Regina junto a ella. Miró a su alrededor y no vio rastro de la reina en el campamento, así que decidió ir en su busca, no podía estar muy lejos.
Por fin la encontró, sentada junto a un arroyo, jugando con las cristalinas aguas y sumida en sus pensamientos. Desde lejos pudo ver como la reina alzaba la mirada y se la quedaba mirando, con esos ojos que escrutaban su alma entera, y esa sonrisa cristalina, tan hermosa que la dejaba sin aliento. Se acercó a ella y se sentó a su lado, atrayéndola a sus brazos y jugando tímidamente con su pelo.
-"¿Qué hacías aquí sola?"
-Pensar
-"¿Puedo saber en qué pensabas?"
-En ti, en mí, en mañana
-"Mañana…mañana es el día en que enfrentaré mi destino"
-Sí, lo es
-"También es el día en que puede que muramos todos ¿Tienes miedo?"
-Mucho ¿Y tú?
-"Lo único que me da miedo es que salgas herida"
-Será la tercera vez que nos enfrentemos a la muerte juntas, tengo miedo pero también esperanza, las veces anteriores me salvaste de un modo u otro, yo confío en ti.
-"Por si morimos mañana ¿Hay algo que desees con todo tu corazón Regina? Dime lo que sea y si está en mi mano te lo concederé"
-Hay algo, pero no sé cómo pedírtelo, me da mucha vergüenza.
-"Lo que sea"
-No quiero morir sin haber hecho el amor contigo.
Ante esa petición, la cara de Emma se volvió púrpura y empezaron a sudarle las manos, ella nunca había estado con una mujer, no en ese sentido y la reina era tan perfecta que le daba miedo tocarla, tenía la sensación de que se podía romper en cualquier momento. La miró a los ojos y pudo leer el ferviente deseo de Regina, el deseo de sentirse completamente suya, de sentir que era real lo que tenían y no un delirio ante la certeza de la muerte. Movida por la necesidad de demostrarle a la elfa que la amaba como nunca había amado a nadie, tomo su rostro y le regaló un intenso beso, un beso con sabor a la tormenta de emociones que ambas guardaban en su interior. Tras unos segundos se separaron con su respiración agitada y sus ojos brillando, llenos de amor y pasión descontrolada. Ya no había marcha atrás, iban a unirse en un solo ser, iban a entregarse la una a la otra. Entre susurros, Emma expuso sus temores a la reina.
-"Regina yo nunca hice esto con una mujer"
-Yo no lo hice con nadie, en mi raza es algo innecesario.
-"¿Por qué estamos susurrando?"
-No lo sé, empezaste tú
Entre risas ambas se besaron, mientras sus ropas iban cayendo, descubriendo poco a poco su desnudez, sin dejar de besarse y solo con la luna como vestido, ambas se amaron, tímidamente, torpemente, se descubrieron la una a la otra con paciencia y amor, se unieron en un solo ser, con el alma llena de dicha. Entre besos, caricias, suspiros y gemidos las encontró el nuevo día, unidas piel con piel, sobre la hierba amándose y olvidando por un momento que existía el mundo.
Cuando el sol rompió ese momento mágico entre ellas, volvieron a la realidad. Tenían un viaje que finalizar, una misión que completar. Se vistieron para reunirse con los demás, y emprender una nueva jornada que culminaría en el Fuego, ante la diosa oscura y posiblemente ante su fin.
El camino se hizo completamente en silencio, la tensión crecía a medida que se acercaban al reino maldito y la mono de Regina aferraba la de Emma cada vez con más fuerza. Si la perdía, si ella moría, su alma quedaría destruida por toda la eternidad en mil pedazos.
La triste aunque hermosa sonrisa de la rubia, llenó su corazón de esperanza. Emma era la persona más tozuda del planeta, no iba a morir, estaba segura. Se aferró a ella con más fuerza, no podía perderla, no podría soportarlo.
Finalmente llegaron al Fuego y se horrorizaron ante la desolación de ese reino, antaño glorioso y magnífico. Estaba reducido a cenizas y lo poco que quedaba en pie estaba ennegrecido y cubierto por la naturaleza que se había adueñado del lugar. El silencio abismal erizó la piel de todo el grupo y la sensación de ser observados desde las oscuras esquinas se acrecentaba a medida que se internaban en aquel lugar maldito.
Daenerys no pudo soportar la visión de ese lugar, del Reino de su familia, el que tendría que haber sido su hogar. Si no hubiese estado Cercei con ella se habría derrumbado, mas sintiendo su silencioso apoyo, siguió adelante sintiendo como se le partía el corazón a medida que se adentraban en las entrañas de ese reino.
Finalmente encontraron el único edificio que se mantenía en pie, majestuoso y maldito, oscuro y frío, el templo de la diosa oscura, el fin de su trayecto y el auténtico inicio de su aventura.
Emma fue la primera en entrar, seguida de cerca por Regina que no quería perderla de vista. El interior del templo era frío, macabro, los esqueletos de los dragones nobles lo decoraban, otorgando a la estancia un horror indescriptible para la lengua de los hombres.
Alzando la mirada hacia el altar de la diosa, Emma vio que sobre él se encontraba su pequeño, parecía dormido mas la rubia tenía un horrible presentimiento. Echó a correr hacia el altar sin escuchar la súplica de Regina de que permaneciera a su lado, mas no pudo llegar lejos pues, de pronto, en medio de una humareda negra como el infierno, apareció frente al altar una mujer hermosa a la par que terrorífica. De piel pálida, vestiduras negras y pelo rojo como la sangre, de ojos vacíos, huecos y sonrisa afilada, llena de crueldad. Ante ella, interponiéndose en su camino hacia su hijo, se encontraba la diosa oscura.
-Por fin tras tantos siglos de esperarte tengo el honor de conocerte, hija de la luz.
