Ni ouat ni goth ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es de mi completa invención.

Este fic va dedicado a mi petita, al grupo de whatsapp swanqueen, a mi morena. A Natalia y por supuesto a mi manager adorada que quiere armar un motín contra Xebett si hace que Neal se meta con Emma.

Está especialmente dedicado a mi princesa, a lo mejor que me ha pasado en la vida, esthefybautista. Te extraño y lo sabes pero entiendo que las cosas son difíciles y eso, en lugar de asustarme, me incita a luchar por lo que tenemos pues cuanto más difícil sea, más valdrá la pena, te quiero y aunque no coincidamos y hablemos poco siempre estás en mi cabeza.

Gracias a los que me leen y comentan, su opinión es muy preciada para mí. Sin más os dejos disfrutar del penúltimo capítulo de la historia, no sin antes recordaros que tenéis que leer a franchiulla, my dark queen y por supuesto a mi amor esthefybautista.

CAPÍTULO 11 DE CORAZÓN PURO

-Por fin tras tantos siglos de esperarte tengo el honor de conocerte, hija de la luz.

Emma se quedó congelada, como una estatua, frente a la diosa oscura. Ante ella estaba ese ser que había arrasado su tierra, destruido el lugar donde nació, el ser que había devastado el hogar de Regina en su busca y, por encima de todo, el ser que se había llevado a su hijo y lo mantenía preso con el único fin de poder acabar con ella.

Se sentía pequeña y completamente atemorizada, no tenía ninguna posibilidad contra la diosa, era un ser inmortal y su espada no le causaría rasguño alguno. Lo único que tenía era su fortaleza y su valor, a pesar de que estos parecían empequeñecer ante la presencia de ese ser salido del mismísimo infierno.

Las palabras de Daenerys resonaban en su cabeza, "Quiere someterte y si no lo consigue matarte pues eres un peligro para ella". Someterla, arrastrarla a la oscuridad eterna junto a ella, era un destino demasiado horrible y no iba a consentirlo, prefería la muerte antes que entregarse a la diosa para que esta tomase su alma y la corrompiese.

Tenía miedo de haber llegado tarde, de que su hijo estuviese muerto, pues la diosa no le dejaba avanzar hacia él, no le dejaba acercarse a ver si seguí con vida y eso provocaba en la rubia un odio y una rabia descomunales.

Su desbocado corazón solo se calmó cuando sintió el cálido contacto de la mano de Regina, que por fin había llegado junto a ella y, silenciosamente, le entregaba sus fuerzas para no desfallecer. Con la reina a su lado, volvió a sentirse fuerte y poderosa, volvió a tener temple y valor, con la morena a su lado volvía a sentirse capaz de derrotar a la diosa.

La diosa oscura no apartó su vacía mirada de la rubia en ningún momento. Sus ojos negros como el abismo podían leer el alma de esa muchacha como si fuese un libro abierto. Con una sonrisa de victoria, sabiendo que no podían con ella, se dedicó a atesorar los miedos y las dudas de Emma, se complació al ver que esta iba decayendo en su valor, que la iba consumiendo el miedo, quedaba poco para que se derribara por completo cuando se entrometió la maldita elfa. Mills, odiaba ese apellido con todas sus fuerzas. Siglos atrás creyó haberlos aniquilado a todos mas una niña se le escapó, Regina, la misma que estaba junto a la rubia, regalándole fuerza y coraje.

Miró con atención la mirada que ambas se regalaron y su sonrisa se ensanchó. Amor, el amor que se tenían sería la causa de su destrucción, las cosas estaban saliendo mejor de lo previsto. Nunca imaginó que la muchacha elegida para acabar con ella sería tan débil. Sus sentimientos serían los que la condujeran directamente a sus fauces, y ya no podía esperar más. Ansiaba con todo su ser robarle a Emma su alma y ennegrecerla, una vez fuese suya, la rubia misma sería quien matase a Regina Mills, un destino horrible que llenaría de gozo su negro corazón.

Decidió jugar con ellos, distraerlos, causar confusión… Al final todos acabarían muertos y la rubia sería suya eternamente. Con una sonrisa que helaba la sangre, habló y su voz retumbó en todo el templo, haciendo que todo el grupo temblara de terror.

-Veo que recibiste mi invitación, me alegro que te decidieras a venir a verme, hija de la luz.

-"¿Qué es lo que quieres de mí?"

-De ti ahora ya nada, tengo a tu hijo, ¿Qué más puedo desear?

-Devuélvemelo.

-Si lo quieres tendrás que darme algo a cambio, es lo justo, la ley del trueque.

Emma apretó más fuerte la mano de Regina para darse fuerza, sabía que venía a continuación, la diosa pediría su alma y tendrían que luchar. Veía su fin demasiado cerca y estaba completamente aterrorizada.

-"¿Qué quieres a cambio de la vida de mi hijo?"

-Si te doy a tu hijo, tú me das a Regina Mills, para que viva su vida inmortal sumida en la oscuridad. Si me la entregas puedes marcharte junto al resto de bobos que has traído contigo y tu hijo.

Emma esperaba cualquier cosa de la diosa, lo que fuese menos eso. ¿Entregar a Regina para salvarse? Era impensable, no podía hacerle eso a la reina. Su cara era de completo terror mirando incrédula a la diosa que no dejaba de reír ante esa situación.

Se sobresaltó al oír a su lado la voz de Regina, una voz quebrada y derrotada, dirigiéndose a la diosa.

-"Si me entrego a ti ¿Los dejarás ir?"

-Exacto, tú te quedas y ellos se van.

Regina, resignada, dio un paso en dirección a la diosa para entregarle su vida y salvar a Emma y a su hijo, cuando de pronto la rubia la agarró por el brazo y, con una voz cargada de tristeza y dolor, se dirigió a la diosa para proponerle un trato nuevo.

-"Mi alma a cambio de la vida de mi familia"

-¿Sabes cuál es la consecuencia de entregarme tu alma?

-La eternidad a vuestro lado, sin volver a ver la luz, mi alma ennegrecida y sin una gota de humanidad en mí ser, conozco las consecuencias. Mi alma es vuestra a cambio de que ellos vivan.

-Tenemos un trato, ven aquí hija de la luz o debería decir, hija de la oscuridad.

Emma miró a Regina con todo el amor que sentía en su corazón, una mirada que decía tantas cosas sin palabras. Acarició lentamente su mejilla, recogiendo las lágrimas que la elfa ya no podía retener y depositó un dulce beso en sus labios, el último que podía regalarle. Cuando se separó de ella, le susurró un te quiero ahogado y le suplicó que cuidara de todos los renegados, de su hijo, de su familia. Un tierno adiós que estaba destrozando el alma de la reina elfa, sin poder hacer nada por salvar a Emma puesto que un trato con un dios es inquebrantable. Estaba a punto de perderla para siempre.

Emma avanzó hacia la diosa, debía tener miedo mas estaba serena, estaba tranquila. Se sentía como aquella vez en la cueva cuando con un beso de amor despertó la luz que había en ella y petrificó a las sombras. Ese sentimiento de paz y bienestar se fue acrecentando a medida que se acercaba a la diosa y, cuando estaba a escasa distancia de esta, se detuvo al sentir un hormigueo cada vez más intenso recorriendo su piel. Tanto la diosa como los renegados, miraban a Emma completamente asombrados, pues pequeños hijos de luz la iban envolviendo, cambiando las rasgadas vestiduras que llevaba por una hermosa armadura blanca, que resplandecía como la luna, una armadura con las insignias de la diosa del invierno. Finalmente, con una explosión cegadora, la luz se extendió por toda la estancia obligándolos a todos a cerrar los ojos para no quedar ciegos.

Al abrirlos de nuevo, gritos de sorpresa y admiración salieron del grupo de los renegados al ver a su joven líder, majestuosamente vestida para la batalla y, en sus manos, la legendaria espada de la diosa, Hielo. La diosa oscura gritó de pánico al ver dicha arma, la conocía bien, sabía que su hoja era la única que podía devolverla al infierno.

-¿Cómo…Cómo la has conseguido? Esa espada no pertenece a este mundo, tú no puedes portarla.

-"Puedo portarla, me gané el derecho, demostré ante el juicio de los dioses que soy de corazón puro pues estuve dispuesta a entregarme a cambio de aquellos a los que amo, ese tipo de entrega, ese tipo de actos son los que tú jamás entenderás, y por eso hoy puedo mandarte directa al infierno"

Dicho esto, Emma arremetió contra la diosa, que se defendió como pudo, con su propia espada oscura. Todos los renegados miraban ensimismados a su líder, sabiendo que esa batalla, pasaría a los libros de historia y que Emma Swan acababa de convertirse en una leyenda.

Tras un largo tiempo, demasiado para los renegados que solo deseaban ver vencer a la rubia, Emma desarmó a la diosa y la acorraló contra la pared. Miró directamente a los ojos vacíos de ese ser, esos mismos ojos que habían enloquecido a caballeros mucho más preparados que ella, esos mismos ojos que iban a dejar de existir en su mundo para siempre. De un empujón, atravesó el pecho de la diosa con Hielo y, entre un grito de horror que destruyó gran parte del templo, la diosa desapareció, directa hacia el infierno del que no podría salir. Una vez desaparecida la diosa, una vez todo había acabado solo se podía escuchar el silencio sepulcral del recinto. Emma, aun con la espada en sus manos, miraba al vacío donde minutos antes había estado tan peligrosa enemiga, analizando lo que acababa de hacer. Ella, una bastarda sin nombre, ella que no era nadie, portaba la espada y la armadura de la luz y había matado a la diosa oscura. Era demasiado que asimilar en esos momentos.

Mientras, los renegados, miraban a Emma con auténtica veneración, pues su hazaña había sido épica y ellos habían podido presenciarla.

Cansada del silencio y recuperada de la conmoción, Regina corrió hacia su rubia y se lanzó directamente a sus labios, sin poder dejar de llorar, una mezcla de la alegría al haber sobrevivido a ese horror y del dolor que había sentido al estar a punto de perder a Emma.

-Eres idiota, Emma Swan. Tenías que ser el héroe, tenías que entregarte.

-"He cumplido con mi destino, Regina. Demostré que soy de corazón puro"

-Lo sé, eso no quita que eres idiota, no vuelvas a hacerlo nunca más, no busques la muerte Emma, por favor, no creo que pueda soportarlo.

Con una sonrisa, la rubia se dispuso a besar una vez más a su reina, cuando una voz la sacó de sus ensoñaciones de un sobresalto y la obligó a mirar hacia el altar.

-¿Mamá, eres tú?