Capitulo
Capitulo. 4: El Puente.
Yafel se retiró luego de verificar que el taxi tomaba su rumbo.
-Casi es hora, será mejor que me apresure a saber si en ese puente se encuentra quien me ha buscado todo este tiempo. Tengo el presentimiento de que es alguien que conocí en mis viajes. Sólo espero que no haya más gente involucrada.
Apenas había avanzado dos calles cuando divisó a varios sujetos corriendo rápidamente. Todos ellos vestían de la misma manera que los pandilleros con quienes se topó esa tarde. Yafel sonrió. –Bien, ellos me llevarán más rápido.
Y cauteloso pero con rapidez los siguió. Eran casi las ocho de la noche, la lluvia comenzó a amainar pero no así los relámpagos, era como si advirtieran que algo pasaría. Pero no todos ponían atención a la lluvia, a una calle de donde Yafel comenzó a seguir a los pandilleros se encontraba una camioneta estacionada. Por su aspecto se notaba que se utilizaba para una televisora; dentro de ella se encontraba tres persona, dos mujeres y un hombre.
-¡Diablos, parece que esta noche la única noticia que tendremos será cómo se ha calmado la lluvia! -Comentó ante el volante una de las mujeres. Su nombre era Jessica y su trabajo era el manejo de la cámara.
-Vamos, no seas impaciente, la noche todavía es joven. -La tranquilizó Vanesa, la otra joven que estaba en el asiento del copiloto. Ella como reportera era la encargada de tomar las noticias y aunque aun estaba lejos, su meta era ser la titular del noticiero de las ocho, el principal del día.
-Vanesa tiene razón, a lo mejor la noticia sale de donde menos te lo esperas, quizás de una esquina de esta calle. –Dijo Boss, el tercer compañero; así le gustaba que le llamaran. Él se encargaba de manejar todo lo relacionado a los enlaces televisivos. Justo en ese momento Jessica notó a los dos tipos y a Yafel corriendo detrás de ellos.
-¡Miren! -Dijo señalando hacia el lugar.
-¿Acaso no son miembros de la pandilla de la muerte? -Comentó Boss mientras los seguía con la mirada.
-Así es pero ¿qué hacen aquí? Tienen prohibido estar en la ciudad.
-Pero recuerda que se han oído reportes de la policía que indican la aparición de estos sujetos, incluso se dice que el líder de la pandilla tiene tratos con políticos de la ciudad, aunque nada se ha confirmando. –La respuesta que dio Vanesa a Jessica dejó sorprendido incluso a Boss.
-¿Y se puede saber cómo sabes tanto? -Preguntó Jessica. Vanesa sonrió.
-Eso es un secreto profesional, sólo les puedo decir que quien me lo dijo está relacionado con la política y es de mi plena confianza, además también le informa al jefe.
De pronto Boss colocó la mano en hombro de Vanesa; ella lo miró extrañada.
-Has comenzado a ser como tu madre, te felicito. -Vanesa sonrió.
-Gracias.
-Bueno, dejemos las felicitaciones para otra ocasión. Será mejor seguirlos, tengo el presentimiento que esta noche tendremos un gran reportaje. –Intervino Jessica al mismo tiempo que encendía la camioneta para seguir a los fugitivos. La noche era extraña o como algunos dirían, misteriosa. Aun cuando la lluvia se había calmado, la inquietud de las calles aumentaba y mientras la camioneta los seguía lentamente, los tres reporteros notaron que más pandilleros se reunían. Boss tocó el hombro de Jessica y simplemente con la vista le dio a entender que se detuviera ya que la situación se volvía cada vez más tensa. De inmediato apagó el motor y las luces, y lo hizo justo a tiempo ya que en ese momento pasaron junto a ellos por lo menos diez pandilleros. Los tres guardaron silencio y luego de un rato notaron que ya no se escuchaba ruido. Vanesa se incorporó con cuidado y miró a través de una de las ventanas. Aliviada, observó que en la calle no había nada más que las luces artificiales.
-Ya no están. -Dijo en voz baja, sus compañeros se incorporaron.
-Bueno, menos mal, nos salvamos. -Boss se quitó su gorra y se seco el sudor. –Será mejor irnos.
-¡¿Estás loco?! -Le reclamó Jessica-. ¡Esta es la historia que estábamos esperando!
Boss la miro sorprendido.
-La que esta loca eres tú, sabes lo peligrosos que son esos sujetos. -Ambos comenzaron a discutir en fuerte tono hasta que Vanesa intervino.
-¿Notaron que cuando los vimos sólo eran tres? Dos que iban adelante y el tercero de gorra negra con una placa de metal. Ese chico no se unió a los demás pandilleros.
-Es cierto, quizás no pertenece a ellos sino que los seguía… me pregunto por qué lo haría.
-Bueno, lo mejor será seguirlos pero sin la camioneta. -Les dijo Vanesa, esto no le pareció tan buena idea a Jessica.
-¡Debes estar bromeando! Sabes qué nos pasaría si nos atrapan.
-¿Acaso no es cierto que todo reportero vive de riesgos para obtener su exclusiva? -Sus palabras hicieron que Jessica comprendiera que su compañera sabía mejor que nadie el peligro que tenían enfrente y que tal como su madre cuando era joven, ella aprovecharía los riesgos. No por nada su madre era la directora general de la televisora principal de la ciudad.
"Escúchame, tú y yo nos conocemos desde de la secundaria, ambas tenemos un objetivo: ser las mejores en el periodismo. Aun cuando esto sea arriesgado, sé que podemos hacerlo y lo lograremos" –Continuó diciendo Vanesa. Jessica miró a su amiga y vio en ella la determinación que la distinguía. Más calmada dio un suspiro y sonrió.
-De acuerdo, lo haremos, pero te advierto que si sucede algo nos retiramos de inmediato. -Vanesa afirmó con la cabeza y ambas comenzaron a prepararse. Jessica tomo su cámara y Vanesa su micrófono. Boss se colocó en el panel y lo encendió. Una vez que verificaron que todo su equipo funcionaba bien Vanesa echo un vistazo hacia la calle, todo estaba tranquilo, las luces que iluminaban decían que no había peligro. El cielo aun estaba nublado, incluso parecía que seguiría lloviendo el resto de la noche.
-Bien, vamos. -Ambas descendieron de la camioneta y dieron un último vistazo.
-Tengan cuidado. -Les susurró Boss por el comunicador, se despidieron y se retiraron con cautela pero con rapidez.
-Ya no hay nadie, ¿por dónde se fueron? -Dijo Vanesa mientras miraba a todos lados hasta que Jessica se fijó en una de las calles.
-Oye Vanesa, ¿la calle que está más adelante no es la que lleva directo al puente principal, el que conecta a la ciudad? -Al mirarlo Vanesa vio que en efecto era la calle. Para ese momento ambas se habían alejado de la camioneta unas ocho cuadras. Vanesa sonrió como si supiera que esa calle las llevaría hacia los pandilleros.
-¿Qué pasa, por que sonríes? Le preguntó Jessica.
-Es simple, el puente del Ángel es el lugar más amplio para lo que sea que vayan a hacer. -Respondió mientras continuaba mirando la calle.
-De acuerdo, si ese es el caso será mejor apresurarnos.
Mientras caminaban percibían el misterio y el peligro en la calle, no había gente y la lluvia comenzaba a presentarse de nuevo. Quizás si fuera otro el caso la lluvia representara una relajación para la gente que llegaba de sus trabajos y se sentaba a oírla, pero esta vez la misma se mostraba como una advertencia de lo que pronto sucedería.
-O-O-O-O-O-O-
Faltaban veinte minutos para las ocho de la noche y Bunny aun no llegaba a casa. Bellota estaba muy inquieta.
¿Por que no llega? Pensaba mientras se acercaba a mirar en la ventana.
-Cálmate, Bellota, ella se encuentra bien. -Trataba de tranquilizarla Burbuja.
-¡Pero ya es tarde! Además la lluvia va empeorar y yo por estúpida no le entregué su impermeable ni su celular, creo que mejor será que la vaya a buscar. –Bellota se disponía a salir cuando Bombón la tomo del hombro.
-Ella esta bien. -Le sonrió al decirle eso.
-Pero... -Intentó discutir pero al ver la mirada de su hermana se controló.
-Presiento que Bunny ya viene en camino, además ya es hora de que ella comience a ser independiente y que resuelva sus propios problemas. Entiendo que quieras protegerla por todo lo que pasó en el pasado, pero Bunny ya puede salir adelante de todo lo que se ponga en su camino. Si, es cierto, no debimos dejarla sola en la escuela pero creo que es una buena oportunidad para ella. Además, sé que Bunny desea ser independiente así que deja de preocuparte.
-Pero… -Bellota trató de replicar de nuevo pero no sabía cómo.
-Te propongo algo: si cuando den las ocho aun no ha llegado, le diremos al profesor que nos lleve en auto a buscarla ¿De acuerdo? -Bellota suspiró y afirmó con la cabeza.- Bien, así quería verte.
Pero no sólo Bellota se encontraba al pendiente de su hermana, Butch y Boomer también estaban angustiados por su hermano Brick, su reputación de busca pleitos era bien ganada pues en el pasado casi a diario era llevado a la cárcel o llegaba a casa golpeado; pero hacia casi un año que se había tranquilizado por consideración a sus hermanos. Esto los había acercado más como familia. Ellos vivían solos, usando el dinero que le quitaron a Mojo Jojo, su creador, como una "auto-herencia" de quien los creara. Bueno, era dinero robado, pero es era sólo un detalle. Nunca se supo la cantidad, sólo los tres hermanos lo sabían; alguna vez Brick le comentó a Bombón que era tanto dinero que los tres llegarían a viejos y aun sobraría. Luego de arreglar sus documentos y demás papeles personales, los tres jóvenes se acoplaron a la sociedad y con ello a los problemas de la misma, igual que las demás personas.
-Pero ¿dónde demonios estará? -Butch caminaba de un lado a otro de la sala; su hermano, se mantenía en la puerta mirando a todos lados para ver si veía a Brick llegar pero ya no había nadie más en la calle, ni siquiera autos.
-A lo mejor se encontró con alguien en el camino. -Intentó calmar a su hermano. Butch se acercó y miró en la puerta, dio un suspiro y luego miró a Boomer.
-Si eso fuera cierto ya se habría comunicado con nosotros por su celular; tengo el presentimiento de que algo le sucedió y ¿sabes una cosa, hermano? Este sentimiento de miedo por lo que le pueda pasar lo he tenido desde el día que llegó golpeado y no quiso decirnos lo que le sucedió.
Butch hizo un gesto de desesperación y salió a la calle. Metió las manos a las bolsas de su pantalón para contrarrestar un poco el frío que levantó la suave llovizna que comenzaba en ese momento. Miró a su lado derecho donde la calle llevaba directo a la avenida principal y suspiró de preocupación. –Bommer… sé que está en peligro.- Dijo respondiendo a sus propios pensamientos. Su hermano se acercó a su lado y lo tomó por el hombro.
-Esperemos un poco más y si no llega iremos a buscarlo, yo también presiento que se encuentra en peligro. -Butch no dijo nada, lo que significaba que estaba de acuerdo. Simplemente se volvió a la calle que llevaba a la avenida principal. Algo de ese rumbo lo llamaba.
-O-O-O-O-O-O-O-
En la casa de Nozomi, por otro lado, las cosas tampoco estaban bien. Catalin y su nieta permanecían en la sala. Luego de terminar la cena era costumbre para los tres pasar el allí: Yafel y Nozomi haciendo sus tareas mientras que Catalin trabajaba en algún proyecto, pero al ser el primer día de clases Nozomi no tenia tarea así que se pasaba el rato leyendo un libro, Horizontes perdidos, mientras escuchaba música de Jazz. Nozomi levantó la vista para ver el reloj, faltaba poco para las ocho de la noche. Dejó su libro en la mesa de centro y con el control apagó el modular, tomó el otro control y encendió la televisión para ver el noticiario. Fue hasta ese momento que notó que encima de la televisión había una cinta de color negro. De inmediato se acercó y la tomó: era una de las cintas que usaba su hermano para sujetarse el cabello. A pesar de que el primer día transcurrió bien tanto para ella como para su abuela, Nozomi no se sentía a gusto y es que para ella el que su hermano no estuviera a su lado no le permitía estar tranquila; estaba tan nerviosa que incluso Catalin había dejado de ver los documentos que estaba estudiando al verla tan inquieta.
-Abuela.
-¿Si? ¿Qué pasa? -La mujer se levantó de la mesa y se sentó con Nozomi. –Él se encuentra bien, mi niña.
-Entonces ¿por qué no se ha comunicado con nosotras? -Dijo con voz llorosa. Catalin la abraso y Nozomi, al sentirse rodeada de los cálidos brazos de su abuela, se tranquilizo un poco.
-Nozomi, sabes bien que desde siempre él se aleja de esta forma, aunque no se comunica sabemos que está bien y aunque tarde, él siempre llega. Sé que estará pronto con nosotras, lo mejor que podemos hacer es esperarlo. –Nozomi no respondió, al contrario, la expresión de preocupación en su rostro se acentuó más.-Para que te sientas más tranquila –continuó Catalin, sonriendo suavemente-, si después del noticiero no llega mandará a algunos de los empleados a buscarlo, ¿te parece?
Al ver la tranquilidad de su abuela Nozomi se sintió con más confianza. Afirmó con la cabeza y ambas comenzaron a mirar la televisión.
-O-O-O-O-O-O-O-
La mayor parte de las personas de la ciudad lo hacían lo mismo en ese momento, sin imaginarse lo que estaba por suceder. En la casa de las chicas el reloj sonaba diciéndoles que ya eran las ocho de la noche. Bombón, quien se encontraba en la sala, sabia que Bellota se estaba alistando para salir en busca de su hermana, así que se dirijo a la cocina donde se estaban sus dos hermanas. Tal como lo pensó Bellota ya tomaba su impermeable. Burbuja miró a Bombón quien sólo movió la cabeza, dándole a entender que nada de lo que ellas le dijeran serviría para detenerla. Burbuja dejó una charola con galletas que acababa de preparar y se dirigió al perchero para tomar su impermeable, seguida de Bombón. Bellota las miró y cuando se disponía a hablar se escuchó el motor de un auto fuera de su casa. Las tres se miraron y de inmediato se dirigieron a la puerta. Al salir vieron que de un taxi descendía Bunny.
-¿Ves? Como dije, ella lograría resolverlo. -Dijo Bombón sonriendo. Mientras caminaba para entrar a su casa, Bunny notó que sus hermanas la miraban sonriendo excepto Bellota; ella se veía molesta y eso la preocupó. Dio un suspiro y se acercó a ellas.
-¿Y bien? -Le preguntó Bellota, su voz delataba lo enojada que estaba. Bunny le sostuvo la mirada.
-Bellota, tranquilízate. -Le pidió Burbuja. De inmediato Bellota recordó lo que la había dicho Bombón, ya es tiempo de ella resuelva sus propios problemas. Y se tranquilizó.
-Pasa, de seguro no has comido nada. -Bunny se sorprendió al ver cómo su hermana se calmaba y sonrió, aunque levemente, y todas entraron a la casa. Cuando Bunny se quitó el impermeable las demás notaron que no le pertenecía.
-Bueno, ¿nos dirás qué fue lo que te pasó? -Le preguntó Bellota.
-Y además ¿nos platicaras cómo obtuviste ese impermeable? -Burbuja, Bombón y Bellota se sintieron más intrigadas al ver que el tono pícaro de Burbuja hizo sonrojar a su hermana. Bunny se aferró al impermeable y sonrió.
-Mientras ceno les contaré todo lo que me sucedió desde que salí de la escuela. –Dijo y se dirigió a la cocina seguida de sus entusiasmadas hermanas.
-O-O-O-O-O-O-O-
Mientras tanto Vanesa y Jessica habían encontrado el rastro de los pandilleros por la misma calle que iba al puente y efectivamente, todos ellos se dirigían a ese lugar. Rápida y sigilosamente se encaminaron y cuando pudieron acercarse lo que vieron las dejó pasmadas: una enorme cantidad de pandilleros estaban reunidos y seguían llegado más.
-Esto es increíble. -Comentó Vanesa.
-Por lo menos son ciento cincuenta. -Respondió Jessica.
-Parece que será algo importante, es mejor que nos apresuremos a acercarnos. Jessica, ten preparada la cámara, esto será muy importante para nosotras. Voy a decirle a Boss que también esté listo.
Vanesa comenzaba a sacar su teléfono cuando sintió a alguien a su espalda. Al voltear el miedo se apoderó de ella: uno de los pandilleros estaba detrás de las dos. Jessica, al percatarse de la reacción de su amiga, volteo y casi deja caer su cámara. Se trataba del mismo tipo que se había presentado ante Brick.
-Vaya, así que tenemos mirones y especiales, será mejor que la llevé con el jefe. –Ambas chicas sabían que intentar hacer algo era inútil, cuatro pandilleros más aparecieron y se acercaron a ellas. Vanesa sujetó de la mano a Jessica, ambas tenían una mirada de terror al verlos sonreír con maldad.
-No se les ocurra hacerles algo, si lo hacen, yo personalmente los matare. –Amenazó el primer pandillero a sus compañeros. Ellos se molestaron visiblemente pero las escoltaron con tranquilidad.
-Gracias. -Le dijo Vanesa.
Mientras tanto el puente del lado este ya había sido cerrado en ambas direcciones por los pandilleros. La poca gente que intentaba transitar, al ver de quienes se trataba, se mantenían a distancia. En la ciudad ocurría lo mismo, para ese momento la policía sabia lo que estaba ocurriendo pero no se atrevían a hacer nada, sólo cerraron la entrada.
-¡Pero cómo es posible que ellos hayan entrado! -Comentó uno de los policías. En ese momento se encontraban por lo menos unas cincuenta patrullas así como los equipos especiales e incluso un grupo conocido como Los Guardianes, quienes representaban la fuerza policíaca más fuerte de la ciudad. Aun así, todos ellos mantenían la distancia.
-Teniente Elena, ¿qué hacemos? -Preguntó una mujer parte del equipo de Los Guardianes. Elena era quien los comandaba, de carácter fuerte en lo que correspondía a su trabajo, pero cuando no trabajaba era de carácter amable; sabía cómo resolver las situaciones que se le ponían enfrente pero en esta ocasión ni siquiera ella estaba segura de qué hacer. Miró a la compañera que le había hecho la pregunta.
-No haremos nada, al menos por el momento, así que no quiero que hagan ningún movimiento, es una orden. -Su equipo la obedeció. Mientras tanto la noticia de lo que estaba ocurriendo comenzó a extenderse por la ciudad y aun cuando era una noticia de ocho planas -como dirían los periodistas-, ninguno de los reporteros se atrevía a acercarse.
-¡Diablos, la noticia del año y no podemos acercarnos! Pero pensándolo bien es mejor así. -Comentó uno de los reporteros que ya había llegado a la barricada.
-Aun no se sabe qué es lo que está sucediendo, la única información que tenemos es que los pandilleros de La Sangre del Ángel de la Muerte cerraron el puente por ambos lados. Hasta ahora no nos hemos atrevido a mandar a alguien de nuestro equipo ni siquiera alguno de los helicópteros; el riesgo sería alto.
Todas las voces en los noticiarios coincidían con esta opinión.
-O-O-O-O-O-O-O-
-¡Dexter ven a ver esto! -Gritó Dee Dee. Hubo un tono singular en su voz que hizo que su hermano bajara de su habitación o, mejor dicho, salir de su laboratorio, entrar a su habitación y luego bajar a la sala. Al llegar notó que no sólo su hermana se encontraba allí, también sus padres.
-O-O-O-O-O-O-O-
-Padre, ¿qué estará sucediendo? -Preguntó Bell. Su padre la miró y la rodeó con su brazo derecho.
-No lo sé, lo mejor será esperar a ver qué pasa.
-O-O-O-O-O-O-O-
-¿Qué piensas, Grim? –Dijo Mandy a quien era raro que se encontrara viendo la televisión, pero había ocasiones que acompañaba a Grim quien si tenía la costumbre de verla.
-Parece que esta noche no llegaré a dormir. -Y después de decir eso tomó su hoz. En ocasiones anteriores esto hacía reír a Mandy, pero esta vez se mantuvo seria. Conocía a Grim desde que era una niña y nunca había visto esa expresión de preocupación en su rostro, parecía que presintiera algo.
-O-O-O-O-O-O-O-
-Padre, ¿crees que invadan la ciudad? - Princesa preguntó a su padre; ambos se encontraban en el estudio. El hombre se levantó de su sillón y se acercó a su hija y la tomó del hombro. Si algo así ocurría él sabía muy bien que sería un verdadero caos, especialmente para ellos ya que era los mas ricos de la ciudad, un blanco interesante para los delincuentes.
-Estoy seguro que todo estará bien, no te preocupes. –Aunque intentaba tranquilizar a su hija, lanzó una mirada significativa a uno de sus sirvientes; éste comprendió de inmediato, salió del estudio y minutos después regresó acompañado de dos sirvientas.
-Señorita, la cena está lista. Se ha colocado un televisor en el comedor para que siga viendo las noticias. Por favor, síganos.
-¿Vienes, padre? -Su padre le sonrió.
-Si, en un momento te alcanzó, sólo hago una llamada a un socio.
En cuanto Princesa salió de la habitación el rostro del hombre cambió de inmediato. Con seriedad total miró nuevamente a su sirviente; éste tomó el teléfono y marcó un número telefónico.
-El señor quiere hablar con usted. -Cuando terminó de decir esto le pasó el teléfono.
-Escúchame con atención, quiero que movilices a todos, ¿entiendes? A todos. Comunícate con los demás y dales mi orden. Además quiero que mandes a cincuenta de tus mejores hombres a proteger mi casa, la seguridad de mi hija y la mía dependen de tu vida, haz lo que tengas que hacer pero apoya a la policía y protege la ciudad. Me comunico en el transcurso de la noche así que mantente al pendiente y no dejes tu teléfono. –Dijo y colgó.
-O-O-O-O-O-O-O-
-Hermano, esto se pone peor, es mejor ir a buscarlo. -Dijo Bommer a Butch quien miraba en ese momento el noticiero; para ese momento se podía escuchar en las calles las sirenas de las patrullas que se movilizaban. Butch, sin moverse de la ventana, se acercó a su hermano.
-Bommer, por desgracia, para este momento es un riesgo enorme estar afuera.
-¿Y entonces que hacemos? -Preguntó Bommer.
-Creo que lo mejor es ir con las chicas. –Respondió Butch luego de titubear un momento-. Te soy sincero, no sé que hacer. –Dijo con la mirada baja.
Bommer se puso de pie y se dirigió al teléfono; lo tomó y marcó un número.
-¿Bueno? ¿Tom? -Que tal, amigo. Te hablo por lo siguiente: necesito que me hagas un favor, sino me equivoco estás viendo las noticias… ¿no? Bueno, pues deberías. ¿Crees que puedas hacerme un viaje? Sé que suena loco pero eres el mejor taxista que conozco y mi hermano y yo nos encontramos en una situación difícil, ¿puedes venir a mi casa? -Por un momento guardo silenció. Al escuchar la respuesta se alegró-. ¿En serio? Gracias, amigo, aquí te esperamos.
-¿A quien le hablaste? - Bommer sonrió.
-Con un amigo que ustedes no conocen. Su nombre es Tom y es taxista, lo conozco desde hace mucho tiempo y el nos llevará a casa de las chicas. Estoy seguro que con él no habrá mucho problema si la policía nos detiene. Es mayor de edad y nos apoyará, además creo que es mejor no estar solos. Mejor nos preparamos, la casa de las chicas esta un poco lejos y la ruta que vamos a tomar es seguro que habrá muchas patrullas.
De inmediato ambos sus chamarras y luego de diez minutos de espera se escuchó un claxon. Salieron de las casa y abordaron, ahora sintiéndose más tranquilos pues tener la compañía de las chicas los hacía sentirse menos solos.
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-Bueno, creo que es mejor no intervenir. Ni Dexter ni yo juntos logramos hacerles algo en el pasado. Sólo espero que no hagan nada grave.
A Cerebro le preocupaban sus padres, en especial su hermana menor. Meditaba mientras miraba con seriedad la situación. Luego de un rato se puso de pie y se dirijió a su habitación. Su hermana lo siguió y esperó a que su hermano quitara un libro –una copia de la forma en que Dexter accedía a su laboratorio- y entró junto con él. A diferencia de Dee Dee, la hermana de Cerebro no tocaba nada, sólo observaba y por eso no le negaban el acceso.
–Computadora, muéstrame la situación actual. Quiero una vista panorámica del puente. -La computadora encendió la pantalla principal.
"Datos recabados, el puente ha sido cerrado por ambos extremos. Cálculo aproximado de la multitud reunida: doscientos". –Respondió la computadora.
Cerebro tomó asiento y miró con detalle la imagen; colocó sus codos sobre el tablero y entrelazó sus dedos, recargando su rostro. Su hermana se sentó junto a el.
-¿Qué piensas? -Le pregunto con curiosidad e interés.
-La situación es más difícil de lo que creía. Por desgracia, a esos sujetos no les importa morir con tal de obtener lo que quieren y si te refieres a si estoy preocupado, pues si. Si después de esto deciden entrar a la ciudad todo se volverá un caos. Ustedes son muy importantes para mí, igual que Dee Dee, -dijo sin evitar sonrojarse-, y si para protegerlos debo usar cualquier medio así lo haré. Sólo espero que Dexter también piense lo mismo. Mientras, será mejor prepararme, ya una vez pasó algo que me perjudicó fuertemente y no pienso pasar por lo mismo otra vez. Computadora, quiero que prepares todas las defensas; si ellos cruzan y llegan los repeleré.
Su hermana lo miró y con tranquilidad se acercó, tomó el brazo de su hermano y recargó su cabeza en el hombro de Cerebro.
-Gracias. -Fue lo único que dijo; se sentía segura con él y eso le bastaba.
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-Vaya, Bunny, sí que es una gran historia. -Decía Bombón. Las cuatro hermanas estaban en la cocina sin que ninguna de ellas se percatara de lo que estaba sucediendo en la ciudad.
-¡Sí que es romántico…! -Suspiró Burbuja como siempre hacía con algo romántico.
-Pues a mi me parece que fue imprudente de tu parte, si te hubiera sucedido algo... -Bellota continuaba molesta aunque no enojada.
-Tienes razón y de nuevo me disculpo, afortunadamente no me sucedió nada. -Bunny le sonrió. Bellota sabía que ya no había nada de que preocuparse. Se encontraba en casa y eso era lo importante, pero esa tranquilidad pronto desaparecería. En ese momento se escuchó el timbre de su casa y el profesor Utonio fue a atender la puerta. Al principió sólo se escuchó la puerta abrirse y luego de un momento cerrarse, por lo que no llamó la atención de las chicas hasta que el profesor entró en la cocina.
-Chicas, necesito que vengan. Hay problemas.
Las cuatro lo miraron y en seguida, sin preguntar nada, lo siguieron.
