Otro capítulo más. Disfruten.
Clarisse's Pov
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-Creo que ya hemos tenido suficiente emoción por hoy señorita La Rue- El centauro suena bastante tenso- Beckendorf, haga el favor de llevarla abajo. Annabeth, vaya a la cabaña 5 y recoja los efectos personales de Clarisse.- Cuando Quiron trata de usted a alguien sabes que definitivamente está enfadado y se está conteniendo.
Aun así me permito pedir algo que sé que nuestro director no me negará:
-Tengo que recuperar mi lanza del mar- Intento sonar firme pero en realidad sé que es una pregunta indirecta.
-Percy, cuando te hayas limpiado las heridas ¿Podrías traerla?- Suspira.
-Sí, señor- Sale por la puerta con Annabeth a la zaga susurrándole algo que no alcanzo a oír.
Noto que alguien tira de mí con cuidado para levantarme. Es Beckendorf, resulta impresionante que pueda ser tan silencioso con su estatura de armario empotrado. Tengo que reconocer que es de las pocas personas del campamento que me agradan de verdad. A veces entrenamos juntos y aprecio su silencio, más de una vez nos hemos ayudado sin que el otro lo pidiera, coincidimos en que nos fastidia tener que pedirle algo a la gente.
Cuando pasamos al lado de Quiron, yo apoyada en Beckendorf para poder andar, este me dice:
-Empiezo a cansarme de tu actitud, Clarisse- Está preocupado pero yo no quiero un discursito de los suyos ahora.
-¿De verdad no puede darme la chapa en otro momento?- Protesto.
Entonces, sin que pueda verlo venir, descarga su mano contra mi cara. Me quedo bloqueada, probablemente me lo merezca después de que me haya ayudado pero no puedo evitar sentirme humillada y me dan ganas de llorar (que, por supuesto, reprimo) porque en el fondo el director ha sido como mi padre durante todos estos años en el campamento y no puedo creerme que él también me odie ahora.
Beckendorf me coge en brazos cuando llegamos a la escalera e intento protestar pero él me corta:
-Hablas demasiado- Y no sé si sólo se refiere a mis quejas, a toda la escena con el centauro o a mi existencia en el campamento.
Me callo y cuando me suelta sobre el sofá de abajo me las apaño para dormir a pesar de todo.
Me desperté dos tres días más tarde. Me sentía mucho mejor, los cortes se habían cerrado sin problemas, volvía a tener la suficiente sangre en el cuerpo como para no estar mareada y mis músculos habían perdido su tensión inicial dejando tan sólo unas leves agujetas. Los hijos de Ares nos curamos más rápido que los simples mortales y por qué no decirlo: el néctar también ayuda.
Me puse de pie y vomité bilis. Al parecer no todo mi cuerpo estaba en buenas condiciones. Me sentía hambrienta así que después de lavarme y vestirme salí fuera con la esperanza de que faltara poco para la hora de comer.
Para mi desgracia el sol estaba demasiado alto en el cielo como para que tocara cenar y demasiado bajo como para almorzar.
Vi a Quiron dando un paseo con Annabeth y aceleré el paso para encontrarme con ellos cerca de la playa.
La primera en percatarse en mi presencia fue la hija de Atenea, el centauro sólo tuvo que seguir su mirada para encontrarse conmigo.
-Voy a volver a la cabaña 5, director- Fue lo primero que se me ocurrió decirle al recordar la bofetada.
De ninguna manera iba a volver a tratarle como antes así que intentaría ser cortante.
-Annabeth, déjame hablar a solas con Clarisse- Quiron me miró preocupado.
Ella se marchó y se hizo un silencio incómodo. Las olas sonaban flojito y había una brisa que removía ligeramente el césped. Todo parecía sacado de un cuadro. Cambié el peso de una pierna a otra.
-Quiero disculparme por el golpe que te di el otro día- Él habló con voz monótona- y entiendo que te sientas herida y que no quieras perdonarme por ahora- Me miró de reojo- Pero debes intentar comprender que llevas dando problemas desde que entraste. Sé que la convivencia con los demás no te resulta fácil.- Esperó a que yo aportara algo a su discurso.
-No me siento herida- Fue lo único que contesté.
-Ya... claro- Se rió resignado-¿Sabes, Clarisse? Estoy convencido de que eres una chica muy sensible y eso te hace las cosas más difíciles siendo una hija de Ares porque se espera que seas una máquina de guerra- No me miraba, contemplaba con una sonrisa afable el mar- Creo que por eso he dejado pasar algunas de las cosas que hacías, porque no te creas que no sé lo del ritual de meterles la cabeza en el váter a los nuevos ¡Eres un matona de cuidado!- Se rió un poco y negó con la cabeza.
Lo miré sorprendida. ¡Quién le había dado el chivatazo? ¿Cuándo!
Se giró hacia mí- No me mires así, te dejo hacerlo porque está bien que alguien espabile a los nuevos, para que no se queden pensando que aquí ya están a salvo de todo- Suspiró.
Ya no quedaba nada de la sonrisa en su rostro, de pronto parecía melancólico.
-En fin, lo que quiero decirte es que si en algún momento has sentido que no te he querido como a una más de mis hijos e hijas- Abarcó con un movimiento de brazos el Campamento Mestizo al completo- te equivocaste. Cada uno de los que estáis aquí me hacéis un poco más sabio y feliz, a pesar de las regañinas, las normas...etc. -Me miró con los ojos llorosos- Así que recordad siempre, recuerda, que enseñar es otra forma de ayudar, no busca ser una forma de castigo- En el último momento contuvo las lágrimas.
Nos quedamos en silencio. Sonó la campana que anunciaba la cena y entonces me di cuenta de que el sol acababa de ocultarse.
-Mañana me gustaría hablar con Percy y contigo a las 11 en la Casa Grande- Resumió- Ahora deberías reunirte con tus hermanos-
Empecé a subir la cuestecilla camino del comedor.
-Y, Clarisse, cuida lo que comes- Me llamó el centauro- Tu estómago aún no se ha recuperado de la puñalada que se llevó- Se aleja por la playa.
Toda la charla me hace sentir diminuta así que no pienso en nada hasta que mis hermanos me acogen con comentarios y preguntas sobre mi pelea con Prissy.
Sigo queriendo triturarle.
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The End.
