¡Hola! Gracias por las agradables revs que me habéis dejado, espero que el prólogo os haya dejado con ganas de más. Procedo a responder cada una de vuestras revs.

Por cierto, subo antes para agradecer las revs. Pero aún así subiré semanalmente a partir de ahora. Me emocionan vuestros comentarios tan motivantes, ¡gracias!

Ya de paso, os recuerdo que subo las historias ahora los martes de cada semana. Lo haré temprano, así tanto los de las américas y los españoles podréis leerlo temprano.

kiarika 94: Gracias por tu apoyo constante K, me encantan las revs largas. Y seeeeep, habrá drama... y que sepas que haces bien fijándote en lo del diario. Y me encantaría que dibujaras lo que dices, sería estupendo verlo.

alodp: Sí, voy a seguir esto. ¿Con éstos lectores tan maravillosos? Obvio.

mari: Sí, seguiré publicando nuevas historias después de terminar algunos proyectos, entre los cuáles está éste.

gogetass4: Sí, claro que sí. Si sigue teniendo éstas marcas (lecturas) lo haré encantada. Para mí los lectores son importantes y los valoro mucho.

Stefan: Muchísimas gracias. Lo actualizo semanalmente y me alegro de que te guste. Saludos a tí también.

LittleFan: Oh, ¡muchísimas gracias! Seguiré así y mejorando cómo siempre. O... intentándolo.

yuyi33: Hecho. Cada jueves semanal capítulo nuevo.

soniasc94: ¡muchas gracias! Sí, pobre Cloe. Pero Zak tiene sus razones.

LittleFan (2): Aprecio tu entusiasmo, pero no puedo subir diariamente. No me da tiempo a escribirlos, son larguísimos. Aparte, tengo cosas que hacer y me lleva un día escribirlos. Espero que lo entiendas.

Otra cosa es una cosa cosita -ahem que se me va la olla-. En algunos momentos, vereis un cambio de fuente concreto, y eso es por la forma de hablar del personaje. Hablando de personajes, el personaje principal será Cloe. Intentaré poner más a los otros personajes, y por ello os incluyo trozos de la historia anterior a lo que sería la situación presente. Ireis entendiéndolo a medida que avance la historia, capítulo a capítulo (btw que están siendo largos. Yo que siempre llego a los 1k palabros dificilmente, ahora llego al 4k con facilidad.)

Tengo muchas ganas de llegar a un capítulo en concreto. En serio.

¡Disfrutadlo y comentad! -icechipsx

Los grandes problemas requerían grandes remedios, se gritaba Zak a sí mismo. Las cosas hay que remediarlas desde el principio, se seguía diciendo mientras subía la escalinata.

La estación Remolino estaba a una vida a distancia si se lo preguntabas al Príncipe del Sol. Algo perdido y demasiado pensativo para su propio bien, el chico había acordado una cita con sus compañeros para ir Travallah en tren. Era la forma de transporte más rápida y la más accesible.

Travallah. El nombre empezaba fuerte y se esfumaba en un suspiro mientras Zak lo silabeaba en silencio. Era un nombre distante y sonaba a campanas de invierno.

La región era en sí una gran isla en el medio de un planeta árido y grandes océanos. Tenía la forma de una tarta cortada en trozos, y cada reino representaba un trozo de esa tarta. Sol, Hielo, Naturaleza, Neones, Viento, Cenizas, Agua, Astronomía. Ocho trozos de tarta. Cualquiera que se comiera esa tarta tan metafórica quedaría lleno. Había tres líneas de tren y seis trenes de vapor, cada uno teniendo un recorrido circular de mayor o menos radio. Si bien el tren de menor radio era más rápido, el de gran radio recorría las orillas de la región parando en cada reino y necesitando tres trenes para agilizar el proceso. El de radio medio usaba dos trenes y era el más usado, ya que paraban en los centros de cada reino.

Por ello, la ostentosa estación del Reino de los Vientos parecía estar desierta, hasta que vio a dos de sus compañeros sentados y esperando al tren de vapor. Pero, muy para su malestar, su adorada Princesa de los Hielos Eternos no era una de ellas, eran Fenzy y Kiet hablando de algo que parecía muy divertido por la manera en la que se reían.

Tenía que hablar con Cloe de una manera u otra. Pero con ésta nueva misión, parecía que iba a ser imposible.

Desde que Tämpo le entregó el diario de los Guerreros de la Estrella, había centrado sus pensamientos en el texto. Eran cosas sacadas del diario de Kento, maestro de la Oscuridad, lo que significaba todo lo malo que pudiera existir. La escritura dictaba la traición de uno de los elementos, que estallaría la guerra. Era algo que pegaba con el perfil de Senza, Príncipe del Agua, pero ese reino no tenía grandes recursos.

Pero el orbe de magia oscura que Kento había tirado a un abismo antes de desvanecerse podía fusionarse con alguien de grandes influencias y hacer estragos en la persona. Si ahora ellos mismos tenían que seguir lo que les decía un libro, no harían mucho.

Pero lo peor era aquella línea. Aquella línea. La que ordenaba la caída de uno de ellos. Y algo, simplemente algo le decía que esa persona sería, por razones obvias, Cloe.

Y es que no hacía falta mucha observación para ver que la soberana estaba recayendo en esa insana costumbre de tragarse sus agobios y nunca preocuparse por sí misma más que por los demás. Había congelado un trono. Un trono. Había magos en su reino que no hacían eso ni queriendo y todavía eran respetados. Pero no había sido por voluntad propia, lo que era indicio de recaída. E iba a necesitar a Cloe más que nunca, lo presentía.

Entre cháchara y cháchara, los chicos no notaron a Cloe llegar a la estación. Y todo hay que decirlo: iba tan perfecta y había llegado en un momento tan idóneo que parecía un ángel.

La chica llevaba el pelo tan suelto y brillante cómo siempre, haciendo un contraste etéreo con la luz solar. Llevaba el vestido azul de lunares blancos y las sandalias de atar por las piernas del día anterior, pero ahora no llevaba esa cinta del vestido atada, haciendo que el vestido pareciera más claro debido a la falta de contraste. La princesa no solía llevar vestidos tan alegres, pero se sentía con el espíritu más encendido de lo habitual y tenía las energías muy recargadas. Cualquiera diría que ella estaba medio deprimida hace no mucho.

A Zak se le quedó la mirada en blanco, observando como las telas del vestido se movían ligeramente por la brisa ligera y fresca de Orhen. Cloe vestía una sonrisa suave, esa que hacía que Zak se derritiera por dentro cada vez que la hacía sonreír.

De repente, el embobado sacudió la cabeza, recordando aquella tarde de reflexión sobre ella y después de que le dieran el diario: debía alejarse un poco de ella.

"¿Qué tal os va todo?" preguntó la peliazulada con alegría y sentándose al lado de Fenzy en el banco del andén y enfrente de aquel en el que Zak y Kiet se sentaban, "Nunca había estado en ésta estación."

El andén de aquella estación tenía dos carriles divididos por una acera y unas columnas de piedra. A un lado de los carriles, estaba la plaza, y al otro lado, bosque y un poco de prado. Orhen era un reino que se caracterizaba por el contraste entre urbanismo y naturaleza, y eso le encantaba a Kiet. Luego estaba el propio tren de vapor, que se acercaba a velocidad suave a medida que llegaba a la estación: era un milagro de la ingeniería, con un morro más que clásico y ornamentado con diseños de vientos y pájaros blancos en fondo negro. Las seis vagonetas eran de un color gris violeta con las mismas decoraciones, con ventanas y un mirador en el último vagón. Era un tren que enamoró a Cloe desde el primer momento en el que lo vio.

"¡Qué tren más bonito!" exclamó la peliazulada, "No sabía que hubiera algún tren tan bonito cómo el Gracius del reino de Uriah, ¡me encanta!"

"¿Quién diría que a Cloe le fascinaban tanto los trenes?" se preguntó Kiet asombrado por la actitud de su amiga, "Creo que no soy el único que está tan sorprendido, ¿no?"

"Subamos al tren y dejemos de divagar." cortó el rubio del grupo algo brusco, "Se hace tarde y debemos llegar a Travallah cuanto antes."

Fenzy y Cloe se miraron la una a la otra, preguntándose el porqué de la brusquedad repetina del Príncipe del Sol. A su vez, Kiet y Zak se montaron en el tren antes que sus amigas.

El interior del tren era bonito y digno de una foto, ya que no había ninguna combinación de elegancia y comodidad más adecuada. El interior era de un color beige suave, con dos ventanas muy grandes a cada lado del vagón y dos pares de sillones de color rosa palo al lado de cada ventana. Había un jarrón lleno de margaritas grandes encima de cada mesa entre los pares de sillones, posicionados un par enfrente del otro. La puerta al otro vagón estaba desbloqueada, pero la del piloto no lo estaba, ya que se entraba por fuera. La puerta se cerró detrás de Fenzy, quién admiró la decoración.

"Ésto es elegancia y lo demás son tonterías." dijo Fenzy sentándose en el sillón que no estaba al lado de la ventana para que Cloe se sentara al lado de la ventana, "Para que veais que la elegancia no sólo existe en Laynn."

"¿Debería recordarte que llevas mallas, falda y sandalias, y tu amiga lleva vestido?" le preguntó Kiet haciendo que Zak y Cloe rieran por lo bajo.

"Pero es que ese es su estilo y ese es el mío." insistió la Princesa del Viento, "Pertenecemos a mundos distintos."

"El del realismo y el de la fantasía." murmuró la Princesa del Hielo por lo bajo sin que nadie la oyera y mirando por la ventana mientras los bosques costeros de Orhen pasaban por su vista en un borrón de colores.

"Cloe es bastante más seria que yo, y digamos que más femenina." discutió la bajita soberana, "Para ella los vestidos son algo imprescindible."

"No me gustan tanto los vestidos cómo tú crees, Fenzy." le dijo Cloe mirándola, "Son incómodos pero bonitos. Es como el invierno: bonito pero frío."

"O cómo nuestro amor: verdadero pero distante." murmuró Zak sin que las chicas le oyeran pero Kiet sí que le oyó. Le dió un codazo y a su amigo se le torció el gesto.

"Pero dejemos el tema." insistió la peliazulada, "Tenemos una misión que cumplir. Tämpo nos espera y no tiene buena pinta."

La cabina cayó en un silencio calmado y comfortable, dando ese aire de cuadro clásico por la luz cálida y anaranjada de la tarde. Un pequeño deja-vù pasó rápidamente por la mente del rubio, aquella sensación de repetición de una situación que te dejaba con ganas de más. Los recuerdos de la aventura anterior pasaron por su cabeza.

Había ocurrido todo un día igual que éste, con temperatura neutra y en éste mismo tren. Después de tener que huir a Travallah, la isla ajena a la región, por que Kento atacaba la isla, tuvieron que usar éste mismo tren para ir a la isla. Estaban incluso en los mismos asientos que ahora, pero con diferente aspecto y la mitad de confianza.

Zak tenía el pelo más corto y la piel un poco menos bronceada, aunque seguía estando un tanto pálido para el lugar de dondo provenía, incluso sus compañeros se lo habían preguntado el primer día. Era un inexperto en magia y en la lucha, al igual que en la vida y en el amor. Pero Cloe le había enseñado el significado de esa palabra tan comparada con los fantasmas: mucha gente sabía lo que era, pero pocos lo habían visto. Aún así, se empezó a enamorar de ella aún más profundamente a lo largo del tiempo, a pesar de que supo cuál era la cara del amor nada más verla.

Y lo mismo pasó con la princesa. Con el pelo algo más corto, con menos volumen y tan principiante cómo Zak en general, Cloe era todo nervios y prisas. Era cierto que era muy inteligente, y que había demostrado que había gente que podía tener los pies en la tierra y muchísima imaginación, cómo ya demostró en muchos combates, pero el cambio entre ambas versiones era evidente. Si antes no podía estarse quieta y deseaba correr por todos lados cómo Fenzy hacía a veces, ahora era calmada y el deseo de poder volar era persistente y algo platónico para ella. Pero todos esos deseos quedaron atrás al empezar a conocer a Zak. Era obvio que ambos sentían algo el uno por el otro desde el primer día, incluso llegaron a dormir en la misma cabaña cuando la peliazulada tuvo una pesadilla perturbadora. Aún no la había olvidado: era sobre aquel día que Zak se puso en medio de Kento y Cloe cuando éste iba a atacarla. Tantas lágrimas derramó, que parecía que iba a deshidratarse.

Pero tantas luchas y cosas varias habían hecho a la pareja más fuerte, y ese cliché tan fundamental que era la declaración de amor se la saltaron, ya que ambos se habían dado cuenta de que sus sentimientos eran mutuos. Nunca anunciaron que fueran algo más ni amigos sin más. Aún así, esas sonrisas, miradas y abrazos poco habituales pero muy reveladores les delataban como amigos muy cercanos.

El final de la crisis de la Princesa de los Hielos Eternos parecía un paso adelante en su relación, pero Zak sabía que, después de lo que dijo hace dos días, Cloe lo consideraba cómo dos pasos hacia atrás. Y es que Zak tenía una razón muy fuerte para mantener las distancias, e iba a serle fiel por un bien común.

En cuanto a la Princesa de Orhen, tanto sus ansias por descubrir los mundos y recorrer toda la tierra que pudiera abarcar seguían ahí, esperando al momento para desenterrarlas y sacarlas a la luz. Seguía con esa valentía natural y la lealtad por delante, y sus modos de mostrarla y relacionarse eran las mismas. Pero se habían desencadenado una serie de pequeños cambios que la habían hecho una persona en la que algunos chicos se habían fijado. Después de tal viaje por los reinos en busca del maestro oscuro, había madurado, y ya podía ver lo secundario, útil, e innecesario. Pero la Fenzy de siempre estaba ahí, empujando contra los problemas de esa manera tan vivaz y fresca.

El que menos había cambiado era el soldado. Desde que el Príncipe Caleb de los Árboles había caído enfermo, había sido su mano derecha y le sustituyó en el viaje. Aunque fuera tachado de novato al principio, se había adaptado a las circunstancias y se había alzado cómo un buen luchador. Pero el líder siempre sería Zak y detrás estaría Cloe. El puesto que ocupó en la batalla final fue secundario, ya que el Príncipe del Sol se valió de sus aprendizajes y de las habilidades de su adorada princesa para ganar, respaldados con las defensas de Fenzy y Kiet. Y ahora parecía que iban a volver a rescatar esa costumbre de defender a sus amigos de nuevo.

Saliendo de su niebla de pensamientos, el rubio vio cómo Cloe observaba los paisajes con la mirada calmada. Hacía tiempo que no la veía así de tranquila, parecía que iba a cambiar en cualquier momento, ya que era una imagen algo irreal y algo inestable sabiendo los altibajos de la chica. Pero incluso así de calmada parecía frágil y en peligro, ya que esa maldita oración del diario de los Guerreros de la Estrella estaba grabada a fuego en su mente y temía por ella. No era nada oficial que fuera a caer, pero tampoco le sorprendería.

Estaba convencido de que todo ello estaba recopilado en el libro, y debía leerlo entero antes de que volviera a caer en la manos de la princesa de ojos azules. Si descubriera que su destino, ya fuera fatal o no, estuviera escrito en un papel, no podía imaginarse lo que pasaría.

Tämpo el Sabio tenía las respuestas y el libro. Sólo tenía que hablar con él en privado y coger el libro antes de que ella lo hiciera. Con lo curiosa que es y lo que le encanta leer, seguro que lo intentaría releer para sacar conclusiones.

El tren Tropicus era una inmersión en un viaje paradisiaco.

Después de un cambio de tren en Xénon, Reino de los Neones, el tren especial Tropicus apto para muy pocos miembros de la realeza partía hacia la lejana isla de Travallah. Las vías se encadenaban en un puente de madera que surcaba los mares por un conducto bajo agua de cristal sólido, saliendo a la superficie mojado y brillante bajo la luz del sol. El viaje seguía por un puente de madera que atravesaba los mares turquesas y transparentes en la costa. No había nubes en aquella zona y las gaviotas sombreaban las aguas y las rozaban con sus patas con vuelos gráciles y suntuosos en grupo. La brisa con toques veraniegos revolvía los cabellos de Cloe mientras ésta sacaba la cabeza por la ventana.

Las brisas frescas y frías pero a la vez con ese toque cálido eran muy agradables para la princesa. Travallah era un lugar semisecreto y paradisiaco, con ese aire de retiro eterno y pacífico. Cabía recordar que Cloe había definido a la isla como paradiso en vez de paraíso, ya que para ella aquel lugar era totalmente fuera de lo común para ser el típico paraíso que se menciona en noches de desesperación por una vida mejor.

Cloe intentó tocar el agua con la punta de los dedos desde la ventana, estando levantada del asiento y estable para no caerse. Pero Zak temía por un golpe de torpeza por su parte, así que la agarró de la cintura y consiguió que se volviera a encontrar completamente dentro del tren. A pesar de que estuviera a punto de rechistar, la princesa se contuvo: el acto del príncipe demostraba preocupación, lo que la agradó lo suficiente para callarse.

"Cómo te caigas vas a meterte en un lío." le aseguró Zak con una risa burlona, "Estáte quieta que llegaremos en poco tiempo."

"Cloe, parece que cada vez que llegamos a Travallah eres una niña de nuevo." le dijo Fenzy, "Estás tan nerviosa cómo antes y tan animada... pareces otra."

"Es el lugar dónde me encantaría estar siempre, encerrarme en... éste paradiso." les explicó Cloe sonriendo de oreja a oreja, "Digamos que me encantaría quedarme a vivir algún día."

"Quién sabe." Kiet se encogió de hombros, "No me sorprendería después de todo, ¡el mundo está rarísimo últimamente! ¿Recordáis que Senza canceló la Reunión Regional ayer? Igual algún día puedes venirte aquí a descansar."

Cloe mantuvo la mirada baja y algo apenada. El Príncipe del Agua había cancelado la reunión en su reino después que se confirmara que sería allí, y no se pudo llegar a ninguna conclusión sobre la supuesta rebelión por parte de su reino. Pero algo no cuadraba en el comportamiento por parte de Senza, y Cloe no podía evitar creer que igual el chico no empezaría la rebelión de la manera que ellos creían...

El tren paró en las arenas de la isla cuando las vías se hundían en la arena. Después de que todos se bajaran de un salto, el tren giró en una minúscula y cerradísima curva y observaron como se volvía a meter bajo el agua, dejando un vacío en el ambiente. Fenzy empezó a andar hacia el bosque tropical, parándose al ver que sus amigos no avanzaban.

"Tíos, no os quedéis allí cómo un pasmarote." les insistió la pelirosada, "¡Vamos!"

Los guerreros empezaron a caminar con paso acelerado hacia las entrañas del bosque. Las mariposas volaban por la verdura, dándole color al bosque y dándole vida al lugar. Las mariquitas se enganchaban a las mangas de la rebeca de Fenzy, quién las apartaba con indiferencia. Kiet, en cambio, estaba encantado con tanta vegetación en tan poco espacio. Las gigantes palmeras rebosaban y dejaban que huecos de luz calaran en el suelo de la isla, los árboles de hojas finas y muy verdes rebosaban vitalidad, y las rocas al margen del camino guiaban a los guerreros hacia su destino: la cabaña del Sabio Tämpo. Sabían que estaba en un claro del bosquecillo, y que una cueva presidía la parte final de la irregular isla.

De repente, Cloe se desvió del grupo y apartó unas hojas del camino, "Casi nos desviamos. La cabaña está aquí."

Todos salieron de la espesura para observar el claro. Una cabaña de muy pocos metros cuadrados estaba en el centro norte del claro, detrás de un lío de palos colocados de forma estratégica para hacer una hoguera rápida. Había cuatro troncos alrededor de la hoguera. La cabaña de madera de castaño tenía dos ventanas, una grande y una pequeña, y una puerta. Seguramente lo único que llenaba la casa era una cama y un escritorio, quizás algun suplemento alimenticio también. El tejado también era de madera, algo más grande que la base de la casa.

"¿Dónde está Tämpo?" se preguntó Zak en voz alta.

"No tengo ni idea." respondió Kiet mirando a sus alrededores, "Pero debe estar muy ocupado para dejar su campamento sin guardia ni nada."

"A mí también me parece raro." dijo Cloe concordando con su amigo, "La verdad es que- ¡ah!"

De la nada, Tämpo apareció en el claro, y tiró a la Princesa de los Hielos Eternos al suelo de una patada en la espalda. La chica cayó de bruces al suelo, y Zak tuvo que ayudarla a levantarse del golpe tan rotundo que se dió. El suelo era duro y el sabio había hecho demasiada fuerza.

"¡Pero-! ¡Tämpo, señor sabio! ¿A qué ha venido eso?" preguntó el príncipe claramente molesto por la sorpresa. Cloe le agradeció con una sonrisa esa preocupación un poco exagerada. Vamos, que se podía levantar ella sóla...

El hombrecillo hizo esa media reverencia característica y sonrió con un poco de maldad, "Lección número uno, Cloe: estar siempre alerta."

"¿Pero de veras era necesario hacer una demostración tan práctica?" le inquirió Kiet, algo molesto también.

"Es mejor empezar cuanto antes." insistió Tämpo, "Así os enseñé la última vez y no voy a cambiar el método."

"También es verdad..." dijo la Princesa de los Vientos mientras Cloe se levantaba, "Pero, creo que no soy la única que quiere respuestas sobre el diario de los Guerreros de la Estrella."

"Vaya. Me sorprende que lo hayáis leído." se asombró el sabio.

"En realidad... Sólo nos hemos leído la primera página." admitió Zak hablando por todos, aunque el hubiera leído un poco más, "La página siguiente eran dibujos y me quedé pensando en el texto." y en aquella oración. No podía sacársela de la cabeza.

"No necesitais leer el diario entero para entender lo que os voy a explicar." dijo Tämpo sentándose en un tronco. El grupo tomó la indirecta y se sentó en parejas: Zak se sentó con Cloe y Kiet con Fenzy. Aunque Kiet y Fenzy no se sentaron en el tronco, si no que se sentaron en el suelo y apoyaron sus espaldas en el tronco, "Bien es cierto que el diario contiene detalles impactantes que no os recomiendo leer a ciertas personas," explicó el sabio mirando a Cloe por el rabillo de su ojo, "pero no os lo impediré. En todo caso, el problema al que os enfrentaréis lo ha originado un miembro de la región."

"Ah, ¿pero esto ya ha empezado?" Tämpo asintió, "Y con un miembro te refieres a un ciudadano de los pueblos, ¿o a un miembro de la realeza?"

"No, Fenzy, me refiero a un miembro de la realeza." los ojos de los guerreros se agrandaron, intentando concentrar la información como si fueran oídos, "Alguien ha estado frequentando el Templo Central y ha hecho que se inunden los compartimentos interiores. Cómo ya sabéis, ese templo está medio en ruinas y alberga el orbe oscuro de Kento."

"Pero, ¿Kento no había tirado el orbe a los Abismos Nubosos?" preguntó el Prícipe del Hielo confuso.

"Sí, pero se recogió y almacenó en el templo. En esos compartimentos inundados estaba el orbe y muchas más cosas." explicó Tämpo, "Ahora ese orbe está en paradero desconocido. Lo que más me preocupa es que si el ladrón es príncipe o princesa, un reino podría caer."

"Un momento, señor sabio..." interrumpió Cloe, haciendo que sus compañeros la miraran, "¿dijiste inundar? ¿cuándo fue eso?"

"Ayer."

La línea de tiempo coincidía con la reunión que Senza canceló. De hecho, se decía a menudo que Punta Central, centro de la isla, era un páramo oscuro y seco, dónde los ríos se secaban y el aire fresco no corría. Ninguno de los guerreros había ido, pero sabían que si alguien podía inundar los sótanos de un templo, ese era Senza sin lugar a dudas. Era un mago muy poderoso y ambicioso, pero caer en el poder de una manera tan rara no le pegaba. Sería más previsible si lo hiciera Lon, ese chico tan hambriento de poder pero suave cuando quería.

"No creereis que..."

"¿Senza?" descifró el Príncipe del Sol a través del murmullo de Kiet, "Es capaz. Siempre supe que no era de fiar..."

"Tranquilo, Zak." le dijo la peliazulada al chico a su lado.

"No, es que-" viendo cómo Cloe intentaba tranquilizarle a pesar de todos los problemas que tenía, se calmó un poco y se intentó autosilenciar, "Vale."

"¿Qué haremos ahora?" preguntó Kiet impaciente.

"Ahora debeis prepararos para lo que será una carrera contrareloj para parar a Senza." respondió el hombrecillo levantándose y andando alrededor de las ramas de la hoguera, "Debe querer una inundación regional para que el agua domine todo. Inundará los reinos y se proclamará soberano absoluto."

"¿Y qué podemos hacer contra eso?" se preguntó la princesa de ojos rosas.

Tämpo suspiró, "Os entrenaré para potenciar vuestros poderes y después, os dirigiréis a los templos de vuestros reinos de procedencia por parejas. Obtendréis armas de ataque y aprendereis a usarlas. De éste modo, Zak, Cloe, alcanzareis vuestro zenit y estareis listos para el combate. Fenzy, Kiet, vosotros conseguiréis vuestro potencial en los templos."

"Sonará ambiguo, pero, ¿qué es el zenit?" preguntó la Princesa de los Hielos Eternos.

"Es... una situación en la que desbloqueas un logro, un deseo vital que además encadena un subidón de poder." explicó el sabio, "Dicho de otra manera: si lograis hacer algo que siempre ha sido muy difícil, algo que os frustra desde hace mucho tiempo. Ya sea sentimental, psicológico, físico, etcétera. Si es algo que os bloquea y lo rompéis, vuestro poder se multiplicará."

"¿De verdad pueden multiplicar su poder sólo por hacer algo que nunca pudieron?" dudó Fenzy.

"Tiene que ser algo que os cerrara un gran número de puertas en la vida, algo que os aterrorizara o algo que siempre quisierais hacer con toda vuestra alma." aclaró Tämpo, "Hay gente que lo logró al aprender el valor de la amistad. Otros lo hicieron al aprender a crear cosas increíbles con sus poderes. Había gente que lo logró al confesar un sentimiento. Algunos incluso sólo lo alcanzaron al superar traumas infantiles. Todo bloqueo tiene una razón detrás."

"Y... ¿por dónde empezamos?" preguntó la peliazulada con entusiasmo algo invisible.

"Bien, quiero que volváis a casa para pensar en eso que os bloquea en la vida. Recordad que puede ser cualquier cosa, ¿de acuerdo?" el grupo de guerreros se levantó, "Mañana empezaremos los entrenamientos y dormiréis aquí. No vereis vuestras casas, palacios, en bastante tiempo. Todo será cómo la última vez."

Los cuatro elementos, poderosos y algo desconfiados, salieron a la costa de Travallah en silencio, la luz del sol impotente ante el atardecer. El Tropicus avanzó hacia ellos con ese traqueteo leve. Todos subieron menos Cloe, que parecía desconcentrada.

"¿Cloe?" Zak se giró para mirar a su amiga con una mano en el vagón dispuesto a subirse, "¿Qué pasa?" le preguntó ya a su lado.

"Nada, cosas mías, cosas mías." dijo ella sacudiendo una mano estando de brazos cruzados, "Vámonos."

El tren se sumergió en el agua cristalina una vez más, ésta vez sin ninguna sensación de tranquilidad detrás.

Estar en casa de nuevo se sentía cómo algo raro ésta vez. Su habitación era para ella el caparazón dónde esconderse en momentos de crisis. Y ahora era su último momento de tranquilidad.

Sus prendas para dormir guardaban una suave semejanza entre ellos. Un camisón blanco con bordados negros en los bordes de la falda, que le llegaba por la mitad del muslo. Era coqueto y discreto, adecuado para ella. Pero el frío acechaba aquella noche, así que cogió un albornoz semitransparente y finísimo, casi deshecho al tocarlo y largo hasta donde su camisón alcanzaba. Las mangas largas y sueltas eran perfectas para ella, y le encantaba cada detalle de la chaquetilla.

La joven se agachó al lado de su cama, y sacó una caja gris con incrustaciones de joyas azuladas y plateadas, siguiendo un patrón lineal. Lo puso encima de la cama y se sentó a su lado. Después, le quitó la tapa a la caja y sacó el instrumento de la caja con gran delicadeza, apartando la caja a un lado.

El violin de Cloe era una pieza de artista, fino y barnizado con sustancias naturales procedentes de los árboles de Herfredon. La pieza única estaba hecha en el Reino de la Astronomía, Nollia, por artesanos que la propia Princesa de los Astros, Silenna había recomendado para ello. Cuando Cloe lo recibió era pequeña, y la soberana lo conservaba como oro en paño.

A pesar de tener talento para ello, tuvo que dejarlo, ya que ocupó el puesto de Princesa del Reino del Hielo Invernal demasiado pronto y sus padres la presionaron para que lo dejara. Sus padres siempre fueron algo agobiantes sobre sus propias metas en la vida, y nunca la dejaban decidir.

Pero ahora era de noche. Era la última noche.

La joven empuñó el violín al salir al balcón, y en la otra mano sujetaba el arco. Le temblaban las manos, se sentía insegura sobre ello. Entonces aquella melodía etérea inundó sus memorias y una puñalada atravesó su corazón, recordando las duras memorias que tendría que volver a superar para seguir adelante. Pero logró apartarlas de su mente y dejarlas en un rincón de sus pensamientos para centrarse en otra cosa.

Posicionó el cuerpo del violín en su hombro derecho, y deslizó la cuerda del arco contra las del propio violín. Una suave nota de bajo volumen sonó, y esa seguridad y calma que le daba el tocar volvió rápidamente.

Recordó la canción que quería tocar, y la reprodució en su cerebro, pero era una memoria rasgada, de la que solo recordaba pedazos musicales. ¿Debía dejarse llevar por el sentido común?

Cerró los ojos y dejó que las cuerdas rozándose crearan una dulce melodía, vibrante y alegre con notas agudas y graves. La peliazulada se dejaba llevar por todo lo que recordaba de aquella partitura perdida en algún rincón del sótano.

La canción hizo eco en el poblado desde la cima de Montañas Cuarzo y llegó al poblado, sonando en casas y tranquilizando los rumores de anarquía por parte del Reino del Agua. Todo se sentía tan tranquilo que parecía sacado de un cuento de fantasía.

Pero la Princesa de los Hielos Eternos sabía que sólo aquella noche sería así.

fin del capítulo uno.•