¡Hola a todos! Aquí estamos con el segundo capítulo de ésta historia que pareceis estar disfrutando. Gracias por vuestro apoyo, os respondo a vuestras revs:
yuyi33: Ya lo siento, chiqui. Son cosas que pasan, pero aquí tienes capítulo nuevo.
gogetass4: ¡Muchas gracias! No es para decir que sea una gran escritora tampoco... hago lo que puedo.
Stefan: ¡eres amable en sobremanera! Muchas gracias por el apoyo constante. Y tampoco soy tan buena escritora.
kiarika94: Ya te respondí por PM. Gracias por la rev larga.
soniasc94: ¡Muchísimas gracias! Es un gran halago.
Ivy J. : ¡muchas gracias! Cada martes actualizo.
LittleFan: Qué ansias tienes, ¿eh? Martes, subo los martes.
juniorpro: Me alegro de que te guste. Y agradezco tus respetos, al igual que tus ansias, ¡gracias de nuevo! Y el suspense, tengo que ponerlo, ya lo siento. Saluda a tu equipo de mi parte~.
Por cierto, los uniformes de los guerreros son del mismo estilo que los segundos de Code Lyoko. Si no conocéis la serie, igual os resulta difícil imaginaroslos, ya que son difíciles de describir. Bastante.
Y bueno... éste capítulo es bastante malo para mí. No he puesto grandes detalles descritos y me he centrado más en la trama que en otra cosa. Es un poquito de relleno, porque está todo planeado de una manera.
(4999 palabras asdfghjk. Bue ahora 5041, pero sólo porque lo rescribí eh.)
¡Disfrutad y comentad! - icechipsx
•
Fenzy nunca supo lo que eran las prisas hasta aquel momento.
El reloj en su muñeca le gritaba que se diera prisa, pero a pesar de que la pequeña fuera veloz de por sí, no podía ir más rápido. Incluso tenía el viento de su parte, pero el hecho de ir corriendo por unas vías de tren le daba algo de pavor por varias razones: la posibilidad de tropezarse con un trozo de madera o que viniera el tren por detrás y tuviera que saltar a las frías aguas. Aún así, habiendo un carril de ida y uno de vuelta muy cerca, podía saltar si lo necesitaba.
El camino hacia la isla de Travallah era arduo y muy largo, y teniendo en cuenta que hacía un sol de narices, estaba empezando a cansarse. Equipada con sus mejores deportivas para correr y unas mallas blancas conjuntadas con una sudadera rosa, incluso el frío que guardaba la sudadera estaba empezando a calentarse. Las mallas le ayudaban con el movimiento, pero la verdad, habría preferido coger el tren.
La Princesa del Viento había tenido problemas con algunos documentos que debía firmar. Pero entre explicaciones de cláusulas y condiciones, había perdido la noción del tiempo. Intentando salvar lo que le quedaba de tiempo, corrió y corrió cómo nunca lo había hecho. Pero lo único que logró fue... nada. Ahora seguía corriendo, siendo capaz de divisar la isla con rapidez.
Entonces usó sus últimas fuerzas para hacer un sprint que le ahorrara energías. Pero la chica no tardó en darse cuenta de que en vez de correr como si quemara las vías, ni siquiera sentía l a madera de las prisas que llevaba. Parecía que volaba, y Fenzy llegó a un momento en el que más que correr, daba grandes saltos ayudada por la propulsión del viento.
Al ver la arena, Fenzy frenó un nanosegundo y dio un gran salto, aterrizando en la arena y empezando a correr de nuevo. Viendo que estaba en la dirección adecuada, se dirigió hacia adelante, saltando raíces de árboles y evitando ramas que le bloqueaban la vista. No pensaba ni razonaba: la necesidad de llegar estaba haciendo que actuara por instincto.
La chica apareció en el claro de un salto, saliendo de la maleza y aterrizando en frente de Kiet. La verdad es que todos se asustaron por la gran entrada de Fenzy, pero la molestia superaba a la sorpresa en el caso del Sabio Tämpo.
"Fenzy, estábamos esperándote." le dijo el hombrecillo, observando su atuendo, "Vaya, otra que no lleva la ropa adecuada."
La pelirrosada miró a sus compañeros. Kiet y Zak llevaban uniformes negros y verdes o naranjas respectivamente, que les cubrían todo el cuerpo menos las manos y el cuello. También llevaban mitones negros que les protegían las manos. Fenzy sabía que los uniformes habían sido hechos por el mismo costurero, sólo por los detalles.
El uniforme de Kiet era entero verde hierba, con dos rayas con relieve negras que subían desde sus tobillos hasta el pecho, dónde llevaba una pechera con un círculo dibujado. La tela llevaba dibujos tribales en serie, que creaban patrones llamativos. El de Zak era igual, sólo que lo verde era naranja y dónde había un círculo había un triángulo de gran base. Ambos miraban a la pequeña joven, queriendo pensar que la falta de tiempo la había hecho llegar tarde y no un descuido, cosa poco usual en ella, ya que era una persona puntual ante todo. Incluso la peliazulada estaba sorprendida.
Cloe no llevaba uniforme. Su conjunto no era tan sofisticado cómo era habitual: tenía puesta una camiseta azul claro por debajo de una cazadora de manga corta blanca, que hacía juego con sus pantalones cortos blancos. Aún así, llevaba unas deportivas blancas para correr. No iba tan elegante cómo iba habitualmente, ya que la situació
La Princesa del Hielo no se acható, y decidió defenderse, "Yo creía que nos darías una armadura adecuada."
"Y os la voy a dar. Pero sólo a vosotras dos; Zak y Kiet llevan el uniforme perfecto y sólo les hace falta algo de protección extra."
Con un meneo de sus manos, nuevas prendas se ciñieron a la piel de las guerreras, haciendo desaparecer las ropas anteriores. Los chicos se quedaron impresionados con el cambio.
Fenzy vestía un mono del color de las rosas que le cubría todo el cuerpo, incluso los brazos. Una línea con relieve dividía sus piernas en dos colores: un rosa claro y otro más fuerte. Llevaba unos pantalones morados más gruesos, con una cinta muy delgada negra. Una cinta metálica encima del pecho, con una raya rosa muy clara cruzando el material. Los pies, también cubiertos por la armadura, estaban amortiguados por una suela ligera negra. Tenía puesta una cinta por debajo del pelo de dónde salían un par de alas plateadas de cada lado, una más grande que otra y con la silueta algo más oscura.
La otra princesa llevaba un uniforme del mismo estilo que Fenzy, con las mismas rayas y zapatos, pero algunas cosas cambiaban. El uniforme no era rosa, era blanco muy azulado, siendo más oscura donde la de Fenzy también se oscurecía. La cinta que sólo le recubría el pecho tenía una cruz blanca horizontal. En vez de vestir un pantalón, llevaba una falda gris oscura azulada, que se coronaba con una cinta azul celeste y adornado con unos copos de nieve que colgaban de la cinta. Llevaba los mismos mitones que Zak y Kiet, pero los suyos eran blancos.
"¡Qué comodo!" exclamó Cloe dándo una medias vueltas y haciendo que su pelo se balanceara y acariciara su espalda, "¿Y ésto tiene la protección necesaria?"
Mientras Tämpo le respondía, Zak ya se había perdido en lo movimientos de la peliazulada para verse. El uniforme le sentaba como una segunda piel, haciendo que el chico se preguntara si algo le sentaba mal. Probablemente incluso unos pantalones de pana le quedarían bien, pero ahora eso no era importante ahora.
"Una cosa," interrumpió Kiet, y Zak volvió a la realidad, "¿podrías darnos detalles sobre el libro que nos diste?"
"Claro, no estará mal que hablemos antes del entrenamiento." afirmó Tämpo sentándose enfrente de Cloe, quien había tomado la delantera y ya estaba acomodada enfrente de un tronco. Fenzy se puso en frente de su amiga, y Zak se puso al lado de su amiga y detrás de Kiet,"No habéis visto el dibujo detrás del texto, ¿verdad?"
"Yo no." respondió Fenzy, "Y creo que nadie más. El texto era demasiado... impactante."
"Bien, empecemos con los dibujos." Tämpo sacó un libro, y pasó las páginas hasta llegar a una página con cuatro dibujos. Zak intentó no perderlo de vista para que el maestro se lo pudiera dar después, "Ésta es la equipación que conseguiréis en el templo."
En la página algo antigua había cuatro armas dibujadas. En la esquina superior derecha, había una espada naranja, cuyo filo tenía la forma de un ocho más delgado con la punta afilada. La silueta del filo era algo más oscura y la parte entre el filo y el mango era curvada, dorada y brillante.
En cuanto al arco, era una pieza que parecía estar congelada, con la parte semicircular helada y con partes que hacían sobresaltos geométricos. Al lado del arma, había una flecha con la punta afiladísima y congelada, el palo oscuro y dos tríos de plumas al final de la flecha.
El martillo era algo simple pero de gran embergadura. Era grande y parecía pesado. Estaba hecho de piedra y el palo estaba rodeado por una hiedra oscura y fértil.
El boomerang era de mediano tamaño, con un color castaño suave y rosa en las puntas. Había dibujos de pájaros en serie que recorrían la superficie, como si sobrevolaran el boomerang como si fuera el cielo de Travallah.
Kiet cogió el libro y le hechó una ojeada, "El martillo es increíble. Y el boomerang, y la espada, ¡y el arco!"
"Deja de flipar, Kiet." le dijo el rubio haciendo que sus compañeras rieran, "Y déjame ver."
Kiet le pasó el libro al chico, para que Cloe que también pudiera hecharle un ojo. El hombrecillo sonrió ante el entusiasmo del soldado de Hefredon, "Kiet, a tí te corresponde el martillo. Fenzy, para tí será el boomerang."
"¿Y nosostros?" preguntó la Princesa de los Hielos Eternos después de compartir una mirada con Zak.
"Zak se lleva la espada, y tú el arco." le contestó Tämpo, "Pero vuestras armas tienen cosas especiales que os debo explicar."
"¿Cómo que especiales?" el rubio de ojos miel arqueó una ceja en señal de sospecha.
"Zak, la Espada de Yunn tiene habilidades especiales para el dueño." le contó el hombrecillo, "Tu espada tiene resistencia al fuego y gran potencia de ataque. Además, te otorga un incremento en tus capacidades con la magia."
"Pero... yo sólo sé quemar cosas con llamitas. Aparte de eso, poco más." admitió Zak sintiéndose abrumado por la vergüenza de no ser el gran mago que se debía esperar.
Alejándose un poco de la situación, Cloe se paró a pensar, y no pudo evitar pero discrepar. Zak sabía hacer más cosas de las que él creía, "Sabes hacerme llorar y reír sin quererlo. Eso ya es toda una proeza estando cómo estoy." murmuró la peliazulada indiferentemente. Parecía mentira que Zak estuviera pensando eso después de salvarla de sí misma una vez, ¿es que ya no se acordaba? Con lo que la había ayudado, igual ella tenía razón y no se lo había tomado en serio.
"Aprenderás con el tiempo." sonrió el sabio de manera enigmática, "Los poderes se hacen más fuertes cuando hay una razón por la que usarlos. Cuanto más fuerte sea el sentimiento, más fuerte será el ataque o la defensa."
"¿Es por eso por lo que Cloe tiene tanto poder?" preguntó el soldado a su mentor. A la Princesa del Hielo le interesó que Kiet tocara ese tema, y volvió a centrarse en el tema.
"Parcialmente. Cloe ya tiene el poder de por sí, pero... digamos que los problemas que ha tenido ha hecho que perdiera el control de sus poderes." explicó el hombrecillo, "Hablando de tí, Cloe, el Arco de Saturno es muy certero y potente, pero es frágil a ataques de fuego."
"¿Eso no se sobreentiende?" Zak sacudió la cabeza, interrumpiendo a Cloe antes de que pudiera hablar, "Aún así, ¿qué haremos ahora?"
"Ahora empezaremos con los entrenamientos." replicó Tämpo seriamente, "Vayamos a la arena de la costa. El terreno de la playa amortiguará los golpes."
"¿Qué golpes?" preguntaron todos los guerreros al unísono mientras el maestro andaba hacia la espesura.
La tarde abierta en la costa hacía que los brillos de las olas resaltaran en la vista. No había nubes, cómo era habitual allí, y sólo las palmeras algo curvadas daban sombra al acalorado. El barullo de las olas chocando contra la arena de la playa era relajante, y las partículas de agua explotaban en las caras de los guerreros, que miraban a su maestro sentados en frente de la marea y de Tämpo.
"Bien, para entrenar, peleareis entre vosotros. Pero, cuando uno vaya a rematar al otro, parad el combate: ya se entiende el resto." narró el sabio con inflexibilidad, intentando ser claro sin extenderse mucho. El tiempo corría sin piedad y cualquier pérdida de tiempo era arriesgada, "Cloe, Zak. Vosotros primero."
Ambos se levantaron sin quererlo, intentando relentizar el hecho de que se iban a pelear entre ellos. Cloe se acercó al mar, con el agua por encima de los tobillos, y Zak la siguió inconscientemente. Ambos se miraron, disculpándose con antelación por si se causaban algun moratón. La princesa fue la primera en atacar, intentando tumbarle de un puñetazo en la cara. Pero Zak lo esquivó con rapidez y se dispuso a responderle.
Nadie se esperaba el brote de violencia suave por parte de la chica de los ojos azules, sobre todo siendo ella bastante más pacífica que su contrincante. De todas maneras, Fenzy supo al momento que Cloe estaba desahogándose por vía de movimientos muy fluidos y dinámicos, encadenando piruetas y esquivos para no salir escaldada. Pero Zak no tenía intención de hacerle daño ni mucho menos; tocarle un pelo a su adorada princesa ya sería demasiado, así que lo mejor sería ir suave. La chica que había llegado tarde aquella mañana torció el gesto cuando el rubio cayó al suelo al haberle dado Cloe una patada giratoria en los tobillos desde el suelo después de agacharse, y el rubio cayó de espaldas a la arena, de una manera brusca y algo dolorosa.
"Oiga, Señor Sabio..." el mencionado miró a Fenzy, sentado a su lado, "¿crees en la teoría de que los opuestos se atraen?"
Tämpo volvió a centrarse en el combate, viendo cómo Zak intentaba darle a Cloe una patada en el cuello, pero ella lo esquivó haciendo el pino hacia atrás y aterrizando en el suelo de un salto. Suspiró, "En absoluto. Lo dices por Zak y Cloe, ¿no?"
"Es que... Cloe está enamorada de él, y Zak la corresponde. Pero Zak está intentando alejarse de ella." le respondió la pelirrosada mirándoles fijamente, "No entiendo por qué, pero ha estado evadiéndola un poco. No me gusta ver a Cloe romperse un poco cada vez que él la deja atrás."
"Zak y Cloe comparten un sentimiento. El hecho de ser elementos opuestos no debería ser un obstáculo." le respondió el hombrecillo mientras Cloe casi le daba a Zak de lleno en el estómago de una patada.
"Entonces, ¿crees que lo arreglarán?" preguntó Kiet metiéndose en la conversación.
"Creo que si Zak se está alejando de Cloe, debe ser por algo muy fuerte. Seguro que sea lo que sea, conseguirán superarlo." Tämpo se quedó pensativo, "La verdad es que me pregunto que será eso que le obliga a Zak a alejarse de ella."
Mientras tanto, ambos guerreros estaban empatados. La Princesa de los Hielos Eternos iba a darle un puñetazo a Zak cuándo éste se protegió, pero ella intentó hacer fuerza mientras Zak le susurraba algo:
"Te juro que te voy a proteger pase lo que pase."
La peliazulada intentó sonreír de la fuerza que estaba haciendo, susurrándole algo en respuesta:
"Sabes que no voy a permitir que hagas algo que te haga daño por mi culpa."
Entonces el rubio abrió los brazos y la princesa perdió el balance, cayendo al agua con un sonoro ruido y haciendo que Zak cayera justo después encima de ella. Si el chico no hubiera estado atento, hubiera machacado a la chica con su peso claramente superior, pero pudo sujetarse con las manos, cada una a un lado de la cabeza de una Cloe algo sorprendida por la caída de Zak.
Estaban demasiado cerca y el tiempo se había detenido para la pareja, con ganas de reírse por lo absurdo que estaba siendo todo. Pero ninguno lo hizo por miedo a romper la atmósfera tan cómoda y bonita que se había formado por un descuido. A la peliazulada se le perdió la mirada en los ojos de Zak, tan brillantes cómo el ambar. Por un momento, a Cloe le pareció que el príncipe estaba inclinándose para besarla, pero nunca pudo averiguarlo.
"Buena pelea." concluyó Tämpo. Zak se levantó y ayudó a su amiga a estar de pie, satisfecho por haber ganado la batalla pero disgustado por haber perdido una oportunidad como esa para besar al amor de su vida. Pero pronto despertó de la amargura y recordó que debía alejarse un poco de ella.
"Fenzy, Kiet, os toca."
Pero antes de que el soldado pudiera hacer un comentario sarcástico porque Zak podía haberse levantado antes, alguien había entrado en la isla por el tren, y corría hacia ellos con emergencia. Todos reconocieron el uniforme del chico: era exáctamente el mismo que Kiet llevaba en sus días de soldado.
Nada más tomar el aire, el chico se ahogó en un grito:
"¡EL PRÍNCIPE CALEB ESTÁ CAYENDO!"
•
El ambiente en los alrededores del palacio real de Hefredon estaba en plena efervescencia.
Los guerreros corrían por el puente de piedra hacia el palacio, esquivando muchas personas. Los guardias vieron al soldado de antes y dejaron pasar a los chicos. Todos corrieron escaleras arriba.
La enfermedad que Caleb padecía era desconocida y exógena, que sacudía al príncipe con toses, convulsiones y gran debilidad. Todos le habían visitado, y todos sabían que el chico caería de un momento a otro. Y desde que pasó el asunto de Senza, se había debilitado aún más. Sólo Zak se había aventurado a relacionar ambos hechos.
Cloe abrió la puerta suavemente, el ruido de la visagras sin aceite sonando. Todos miraron al pobre chico. Tumbado en la cama, con tres médicos muy cualificados vigilándo sus últimos minutos de vida, Caleb estaba indefenso ante la realidad. Su piel había palidecido, su pelo castaño por las orejas despuntado y enredado, y sus ojos verdes muy claros habían perdido ese brillo de la vida y la luz de la esperanza. La pequeña luz del sol se colaba entre las cortinas.
"Caleb..." murmuró Cloe, acercándose al príncipe despacio y sentándose cerca de él en una butaca. Le tomó la mano, asustada por lo ligera que era, "¿C-Cómo estás...?"
Incluso Caleb notó el sinsentido de la pregunta, "Cloe... sabes que yo... ya no estoy."
"Su Majestad, ¡no diga eso!" exclamó el fiel soldado a su príncipe, "Se recuperará."
"Mi fiel amigo, Kiet..." susurró Caleb.
A la peliazulada le temblaba la mirada. Caleb había sido uno de sus amigos de su infancia, alguien en quién confiar y un hombro en el que llorar. Pero ahora no podía llorar en su hombro, porque su propio hombro se derrumbaba. Ahora su amigo estaba en las últimas y nadie podía ayudarle. Esa sensación de impotencia que tanto odiaba por no poder salvarle estaba haciendo que lágrimas frías recorrieran esas mejillas que hace rato estaban sonrojadas de alegría. ¿Qué hacer? ¿qué pensar?
"Lo siento pero... yo ya no puedo más." le dijo Caleb débilmente, "Ojalá hubiera disfrutado más del tiempo..."
"¡Caleb...!" medio gritó la peliazulada, apretando la mano de su amigo.
La mezcla de sentimientos que estaba experimentando la guerrera del hielo era algo entre la incapacidad y la tristeza. Ese sabor amargo en el cielo de la boca y las hormiguillas en el corazón, todo junto con las mejillas sonrojadas de tanto llorar estaba haciendo que temblara. Sin darse cuenta, el frío espectral estaba cosquilleandole el antebrazo y estresándola más.
En cambio, Fenzy intentaba apoyar a Kiet, mientras Zak estaba al lado de Cloe, dudando si darle la mano para apoyarla o darle la espalda para serle fiel a sí mismo pero hundir a su amiga. Se decantó por quedarse más quieto que una estatua. Y es que ni Fenzy ni Zak eran muy cercanos al enfermo, que saboreaba sus últimos respiros como agua bendita.
"Sed fuertes... no pareis hasta- hasta-" con un ligero cabeceo, el chico dejó de respirar y su mano cayó del agarre de Cloe, golpeando el futón con gran ligereza.
La despedida no había sido ni larga ni ostentosa, pero había dejado un silencio detrás y un caparazón sin vida de lo que era antes un gran príncipe. Cloe empezó a llorar suavemente, no mostrando la endereza de Kiet ante la muerte de Caleb.
El Príncipe del Sol dejó atrás esa promesa que se hizo hace ya días, y envolvió a Cloe en un abrazo para que ésta calara su uniforme con esas lágrimas de agonía que tanto odiaba. Fenzy le puso una mano en el hombro a su amigo, que temblaba un poco ante una realidad a la que se tendría que acostumbrar:
Caleb, Príncipe de los Árboles, había caído por una enfermedad. Ahora tendría que rellenar ese vacío que, al ser Kiet algo más sensible, debería rellenar más.
Miró a sus amigos, todos algo sacudidos por la marcha de un trozo de la tarta que era la región, y decidió que prefiriría estar solo.
"Chicos... ¿podríais... dejarme con él?"
Todos asintieron, y Fenzy, le dió una palmada a su amigo antes de irse al lado de Cloe y Zak, quién agarraba a la peliazulada por los hombros mientras ésta lloraba.
Después de que cerraran la puerta, a Kiet se le cayó el escudo de dureza y empezó a llorar a su lado.
El atardecer de Hefredon acentuaba la tetricidad del ambiente. Pero el soldado se preguntaba porqué el sol debía brillar en un día que terminaba tan triste.
•
Los tres guerreros, uno de ellos roto por dentro, llegaron al camping en la isla de Travallah después de un silencioso viaje en el Tropicus, sin que Cloe hiciera ningún comentario sobre la belleza del tren.
Tämpo les esperaba enfrente de la hoguera encendida. Todos se fijaron en las tiendas de campaña, que estaban montadas cerca de la hoguera, pero Cloe sólo tenía ojos para el suelo, ahora tan interesante. El hombrecillo les miró con sorpresa, sobre todo por la manera en la que Cloe temblaba. La chica se excusó con un leve murmullo, y se fue a su tienda de campaña.
Nada más que la princesa se metió en su sitio, Zak decidió seguirla y dejar que Fenzy explicara lo ocurrido. Tenía ese don para quitarle hierro a los asuntos espinosos.
El chico apartó la cortinilla y encontró a Cloe sentada en posición fetal, balanceándose hacia delante y hacia atrás. La pobre lloraba a sus rodillas con leves sonidos y gemidos, haciendo que Zak se preocupara y se acercara a ella.
"Cloe, eh, Cloe." la chica levantó la mirada y miró a su adorado príncipe, "Estoy aquí, tranquila."
"Es que... podría haber hecho algo para q-que Caleb sobre-eviviera." lloró la princesa con tortura.
"No fue tu culpa." le tranquilizó el rubio con gran estimo, acariciándole el pelo y abrazándola.
"Algo me dice que podría haber hecho algo por él, y que-" Cloe sacudió la cabeza. Recordando con quién estaba y en qué situación se encontraba, la chica no quiso que Zak la viera así. Si ya no la quería de verdad, sería mejor que la recordara como alguien valiente y no tan débil. Intentando alejarse de él, se secó las lágrimas y escapó de su presencia con una frase brusca y rápida.
"Es igual. Voy a dar un paseo para aclarar mis ideas."
"¿Qué ideas?"
La peliazulada empezó a andar hacia la espesura ignorando a su amigo con gran pesadez.
Los problemas estaban acabando con ella. Primero había perdido la cordura, luego había perdido a la persona que más quería por causas ajenas a su voluntad. Luego estaba la reunión fallida, en la que volvió a perder los papeles, y ahora había perdido a un amigo.
Llegando a un lago desierto diez minutos después con la mente en blanco, se miró las manos. No sabía si eran imaginaciones suyas, pero un humillo blanco estaba siendo emanado de sus manos. El frío estaba empezando a meterse dentro de ella, calando por sus poros como la última vez.
Antes de darse cuenta, notó que el suelo bajo sus pies crujía. Una capa de hielo muy fina estaba cubriendo el suelo en un metro a la redonda.
"No..." Cloe se tiró de los pelos, "Otra vez no... ¡otra vez no!"
La chica se cayó al suelo de rodillas y las lágrimas volvieron a inundar sus ojos, llorando de nuevo. ¿Podría empujar los problemas hacia abajo?
Ahora lo veía claro. Aquella ciega esperanza en la que confiaba no era nada más y nada menos que una ilusión fugaz, que no era duradera y se desvanecía con solo tocarla. Esa esperanza no existía, no era real. Por mucho que la chica dijera que sus problemas terminarían, nunca lo harían. Estaba derrumbándose, y para ella esas lágrimas, la familiar congelación que había sufrido hace no mucho, y la sensación de soledad e impotencia eran una sentencia clara y solemne, al igual que silenciosa y amarga.
Cloe sería el elemento que caería. Y ahora sólo podía esperar.
Pero lo que no sabía era que alguien la observaba. Desde los árboles del bosque, la figura fantasmagórica miraba como Cloe lloraba sus penas. Llevándose las manos a la boca, el fantasma semitransparente sentía gran empatía y pena por la guerrera. Suspirando y mirando a algo grande y delgado que tenía en sus manos, supo que debía esperar.
Se desvaneció en el aire con los últimos gemidos de Cloe.
•
"Zak, ¿puedo hablar contigo un segundo?"
El chico se giró hacia el sabio. Dubitativo y dudando si responder, porque la pregunta tendría respuesta positiva sin duda alguna, se acercó a Tämpo. Ambos se metieron en la cabaña del maestro.
"Fenzy me ha comentado que... te estás alejando de Cloe sin razón aparente." Zak bajó la mirada, "¿Hay alguna razón?"
"¿Podría dejarme el diario de nuevo?" le contraatacó Zak.
"Cuando me respondas."
El príncipe suspiró y se rascó la cabeza, "Quiero protegerla, Tämpo."
"¿Acaso crees que rompiéndole el corazón vas a lograr que Senza no la ataque?" le questionó Tämpo, "Creeme que no."
"¡No es eso!" exclamó Zak agobiado, "Es que..." suspiró, preparándose para una explicación, "Tengo mis razones, ¿vale? Digamos que es por..." el príncipe buscó la palabra adecuada con la mirada en un punto muerto del suelo, "un bien común."
Tämpo entendía la situación de Zak, y le conmovía el gesto, pero callarse no era lo mejor que podía hacer, "Zak, estás haciéndole el doble de daño a Cloe. No juegues con ella porque no está en el mejor estado mental cómo para andarse con chiquitas."
"Tämpo, yo sólo quiero que sea feliz." le aseguró el guerrero rubio, "Y tengo más razones para ello..."
"Tú verás, algún día deberás explicárselo... si llegas a tiempo, claro está."
Un escalofrío cosquilleante y tembloroso agitó la espalda del guerrero como una pluma arrugada y gastada. Ni siquiera se había parado a pensar en la fugacidad del tiempo que sufrían, ni en el hecho de que igual aquella que fuese la Princesa de los Hielos Eternos fuera a esfumarse cómo harina ante un soplido. Pero después de todo, lo que hacía era para... ¿evitarlo? ¿Y si caía por su culpa y estaba adelantando un hecho traumático para el que no estaba preparado? Ya la había perdido una vez, y no estaba dispuesto a dejarla marchar tan fácilmente. Pero ahora estaba dejándola escapar sin pensar en lo que ella sintiera. ¿Y si estaba tan agitada por su comportamiento? Era obvio que estaba mal por lo de Caleb, ese príncipe por el que Kiet ahora debía estar llorando, y ahora ella también debía estar llorándole con el corazón en un puño. Y él estaba jugando con su corazón. El débil y confuso corazón de su adorada Cloe.
En cuanto al diario," Tämpo se acercó a su escritorio y cogió el libro blanco de un cajón, ignorando los segundos de confusión de su púpilo, "aquí lo tienes. ¿Para qué lo necesitas?"
"Tengo que leerlo antes de sacar conclusiones." le explicó Zak saliendo de su trance y cogiendo el libro, "Gracias Tämpo. Le veré mañana."
"Claro. A propósito, Zak," el guerrero se giró con la puerta ya abierta y lista para su salida, "habla con Cloe. No quiero que por tu culpa pase algo de lo que te vayas a arrepentir."
El chico asintió y cerró la puerta, quedándose delante de ella con la duda y la vista en el libro. Ese archivo en sus manos parecía ser determinante en el destino de todos, en el suyo y en el de Cloe, al igual que en el de Fenzy y Kiet. Las escrituras de un guerrero del pasado, invadido por la codicia y la oscuridad que parecía ser un ejemplo a seguir por Senza, Príncipe de Drissa, que tomó nota de las andanzas de los Guerreros de la Estrella. ¿Pero qué les hacía creer que correrían su suerte? Un impulso, algo que no entendían. Aún así, si el sabio de sabios se lo había dado era por algo, y su sabiduría era crucial en la ecuación que eran los problemas: tienen fórmulas y maneras de resolverse, pero tienen soluciones, unas más correctas que otras.
Andando hacia la hoguera y llegando a la pequeña zona con las tiendas de campaña, había una nota pegada a la cabaña de Cloe, que estaba justo al lado de la suya. Inconscientemente y sintiendo un poco de culpa por invadir su intimidad, se acercó a la nota, "¿Qué es esto?"
"Me alegro de que te haya afectado lo del pobre Caleb. La verdad es que verte sufrir me ha llenado un hueco vital en mi corazón.
Espero saber que lloras pronto.
-S."
Zak agarró la hoja y gruñó con gran enfado. ¿Desde cuando era Senza tan insensible? ¿acaso el poder le había cambiado? Sin quererlo, la nota se envolvió en un haz de llamas incandescentes por la furia del guerrero, reduciendo el papel a cenizas mientras susurraba:
"Con que hacer llorar a mi princesa ¿eh? Pues si quieres guerra, la vas a tener."
•fin del capítulo dos.•
