¡Buenas a todos! ¿Cómo os va todo? Ya se acaba el verano. Por mí ni tan mal... tengo ganas de ver a ciertas personas en el instituto.

Os respondo, corasones de azúcar.

soniasc94: Pues aún no se va a resolver nada. Hoy dejamos paso a Fenzy y Kiet, que también tienen su espacio aquí. Gracias, cielo.

Ivy J: Uis, hoy no eres la primera. Y Quimera es importante... bastante de hecho. Gracias por el comentario, Ivy.

juniorjpro: Me alegro de haberte alegrado la semana. A mí me la alegrais con tanto apoyo, qué menos que devolveroslo. ¡Muchas gracias por el comentario!

Guest: ¡Muchísimas gracias! Y ya lo siento por el error. Por lo demás, igual sí, igual no; igual habla ruso (obviamente no). Lo verás pronto...MUY MUY PRONTO. Y ese saludins del final me recuerda a mi querida K demasiado... *confusión*

Stefan: ¡Muchísimas gracias! Lo mismo digo.

Sigamos. Si veis que este capítulo está hecho algo mal, gomen (perdón) pero no me matéis. Soy muy fangirl de Zak y Cloe y no me acostumbro a escribir sobre Fenzy y Kiet. Les quiero mucho, pero son aún más contrarios que el fuego y el hielo (IBA CON SEGUNDAS, EN EFECTO) y tengo que ingeniármelas muy bien para que se vayan juntando a una velocidad lenta y apropiada. Digamos que es divertido pero a la vez algo tedioso. Espero que lo entendais.

Lo dicho.

¡Disfrutadlo y comentad! - icechipsx

"¿Estás seguro de que es por aquí?"

El soldado se giró, recibiendo la mala cara de Fenzy justo cuando creía que iba a verla sonreír por primera vez. Una pequeña expresión de felicidad no le iba a hacer daño, ¿no?

Perderse por los bosques de Hefredon no era algo fácil. Cierto que Kiet no era el chico que tuviera más luces, pero de ahí a perderse por su propio reino había un abismo de diferencia. Se sintió algo ofendido por el simple comentario que seguramente no quería hacerle daño, e intentó responderle lo más tranquilo posible.

"Fenzy, estoy seguro de que estamos por el buen camino. Siento el templo muy cerca." le aseguró Kiet andando por la espesura.

"También sentías una mesa libre para desayunar esta mañana y estaban todas ocupadas. Ah, ¿y qué hay de tu sincronización para-?"

"Fenzy, ya pasó." le calmó el guerrero subiendo por una roca cercana.

Ambos cayeron en un incómodo silencio que ninguno se veía capaz de llenar. "Y luego dicen que es imposible entendernos." pensaron ambos a la vez, refiriéndose a ese auge por decir que las mujeres eran complicadas y la desesperación de una mujer por entender a un hombre.

Fenzy no sabía cómo lo hacía. Podía considerarse la primera chica del Universo que cada día entendía menos a la gente y su manera de comportarse. Y mira que Kiet es alguien simple, pero ¡no!. Ella tenía que ser la única que no entendiera qué empujaba a los hombres a ser como son, y en ese caso entraba de cabeza el chico más idiota del reino: Zak.

Cloe debía ser la diosa de la paciencia para no congelar a Zak en el sitio por andar fastidiando todas las oportunidades con ella. Hasta la Princesa de los Hielos Eternos lo sabía por dura experiencia en el sector del amor. Y es que si vieras a la pareja, con lo enamorada que está, nadie se imaginaría que tuvieran la montaña de problemas que tenían. Siendo los tortolitos consagrados de la región ya hace meses, aún había dudas sobre su relación actual. No eran novios ni amigos, parecían ser algo en medio. Pero tanto Fenzy como Kiet tenían miedo de que ese punto intermedio no existiera y acabaran liándose a puñetazos y barbaridades.

Y esa era la exacta razón por la cuál Kiet no había movido un dedo con Fenzy.

La clara inestabilidad entre los soberanos enamorados, hielo y fuego, le asustaba en ámbitos personales y amistosos. Le asustaba la idea de que su sólida amistad con la Princesa de los Vientos se estancara al igual que la de Zak y Cloe, que naufragaba sin rumbo en una tempestad de locura y alejamientos sin sentido. Porque seamos sinceros, ¿qué excusa lo suficientemente válida puede tener Zak para estar fastidiando a Cloe de esa manera? Hasta a Kiet, no muy afín a la afectada, le empezaba a irritar el comportamiento de Zak. Sacaba teorías él sólo, algunas tan estúpidas que le daba escalofríos creer en ellas. Si se lo contara a Cloe, a la chica le daría un paro cardíaco.

¿Protección? ¿Destino incierto? ¿Pura diversión? ¿Desamor? Nadie menos Zak tenía la respuesta, y algo debía andar mal en su mollera si de veras creía que merecía la pena sacrificarla.

Perdido entre un mar de preguntas que no creía poder responder, el chico se dio de bruces con un árbol que ni siquiera recordaba que estuviera ahí. Miró hacia arriba: era una secuoya de altura indefinida y de gran anchura. Había unas hendiduras en su tronco que escalaban el árbol hasta dónde la vista se perdía.

"Madre mía, qué árbol." comentó la pelirosada intentando calcular la altura del colosal árbol, "¿Crees que es casualidad encontrarnos con esto aquí?"

"Es una secuoya en un bosque de bonsais gigantes y avellanos en flor. Mucha casualidad diría yo." dijo Kiet aún dudando sobre el porqué de aquella secuoya.

"¿Y si tu templo está allí arriba?" se preguntó la chica, "Igual esa prueba que tienes que pasar es escalar-"

"¿Qué prueba?"

"Estuve hablando con Cloe por el transmisor mientras Zak estaba en el Templo de Fuego." explicó Fenzy, "Parece ser que debes pasar unas pruebas para conseguir las armas. No lo pasó muy bien por lo que ha contado."

"¿Cómo le fue en general?"

"Casi ni se acordaba de qué pasó en concreto, pero que pasó." contó Fenzy, "Dijo que era como un sueño, que no recuerdas en qué momento entraste ni qué pasó en él, pero tienes la certeza de que ocurrió."

"¿Me estás diciendo que allí arriba me voy a dormir?" le preguntó el soldado con un pie ya en una hendidura.

"O de camino." a Kiet se le revolvió la mente sólo con pensar en dormir en un árbol, a lo koala, "Es broma. Tú escala y ya se verá que te encuentras arriba."

Dedicándole a su amiga una pequeña sonrisa, empezó a subir por el tronco de la secuoya. Si no encontraba allí el templo, al menos tendría una vista bastante más amplia que desde el pie del bosque.

Llevaba diez minutos escalando.

Diez minutos.

Habían sido los peores momentos de su vida después de la muerte de Caleb, cosa que aún no tenía del todo asimilado. ¿Quién ocuparía el puesto del chico ahora? No habría nadie más capaz que él de defender el reino como lo hizo. Ahora todas esas ganas de descubrir el templo se esfumaban con cada respiro de cansancio.

Le escocían las manos y juraría tenerlas en carne viva, llenas de heridas y enrojecidas por el roce de la madera y los guantes. Hacía tanto calor que ya confundía si las ondulaciones en la vista eran por el calor o de lo cansado que estaba. Tenía dos opciones: dejarse caer o seguir escalando. Estaba empezando a considerar dejarse caer, ya que le costaba impulsarse y le flaqueaban las piernas. El sol le daba en la nuca y le quemaba la espalda, haciéndole sudar y empezar a desesperarse.

Recibió una agradable brisa desde abajo. Si había sido Fenzy la que había desviado el trayecto del viento a su favor, debía recordar agradecérselo. Se le erizó la piel por el cambio brusco de temperatura, pero no tardó en volver a sentir el calor abrasante. Bien es cierto que podía haberle pedido a su amiga del pelo rosa que le ayudara, pero tampoco quería molestarla.

Se volvió a impulsar, suspirando con la cabeza gacha. Estaba empezando a marearse con tantas olas de calor. Le rodeaban y abrasaban la piel, como una tostadora enchufada a la más alta corriente. Le estaba costando seguir, ya no tenía ganas de subir. ¿Qué valor tendría el Martillo de Opis después de todo?

"¡Ánimo, Kiet!" se imaginó Kiet, con la imagen de Fenzy animándole con la voz en grito, "¡Vamos! ¡Tú puedes tío!"

Sólo imaginarse a la chica de la que estaba enamorada animándole y confiando en él le devolvía un poco de energía. Poco a poco, el mareo fue disipándose, y una copa frondosa parecía que acogería a Kiet en su sombra. El soldado se motivó por la sombra que le daría, y trepó más rápido que nunca. En ningún momento de su vida le había motivado más una maraña de hojas frescas que una buena bandeja de comida fresca de Icadún, Reino de las Cenizas. Allí la comida era excelente y basada en la carne, repleta de buenos bocados de cielo.

El borde de la secuoya estaba a una hendidura de distancia, así que se impulsó y cayó redondo en el suelo del tronco. Respiraba fuerte entre gemidos bajos, tumbado boca abajo. Daría un riñón por quedarse bajo la copa de hojas, dónde una agradable brisa parecía llevar la sonrisa de Fenzy.

"Bien hecho."

Una voz grave y algo rasposa le sobresaltó, y el soldado no tuvo más remedio que levantarse lentamente por el cansancio. Una réplica muy similar a Kiet le miraba, semitransparente y con un martillo en la mano. En el martillo había manchas de algo rojo, y Kiet quiso creer que no era sangre. El fantasma le miraba duramente, apuntándole con el martillo desafiante.

"Querrás saber mi nombre. Muchos osados que vienen aquí lo preguntan, y estoy muy cansado de la preguntita. Que yo sepa, es algo contradictorio preguntarle a un fantasma su nombre si tarde o temprano desaparecerá."

Asombrarándose demasiado poco, intentó corregir la anécdota del otro, "Si eso fuera cierto, no merecería la pena conocer a nadie."

"Tú debes ser Kiet." habló el espectro cruzándo los brazos y dejando el martillo en el suelo.

"¿Puedes decirme qué se supone que debo-? ¡Argh!"

Una larga tirada de ramas y tallos verdes se envolvieron alrededor de Kiet, que intentó liberarse de la captura sin aviso sin ningún resultado eficaz. ¿Acaso era ese chico parecido a Kiet una amenaza?

"Soy el guardián de éste lugar." le dijo el libre, "El hecho de que hayas llegado aquí me hace creer que debes tener un objetivo claro. Sin ayudas. La mayoría de la gente viene volando."

"¿Para qué me atas?" le preguntó el soldado, calmado por filosofía propia, "Déjame, ¡tengo cosas mejores que hacer que discutir contigo!"

"¿Te estás quedando conmigo?" le preguntó la réplica acercándose a Kiet con la mirada acechando a la moral del otro, "¡No estás aquí por casualidad! Tu misión es conseguir el martillo de Opis, y yo soy el que guarda éste lugar. Estoy aquí para ayudarte, y por lo que sé, ninguno de vosotros cuatro ha conseguido las armas sin algo de ayuda. Aunque la chica del pelo rosa no ha llegado aún, no tardará en pasar por lo mismo que vosotros."

"¿Eres tú el que se está quedando conmigo?" le preguntó Kiet imitando su cara, "¿A qué viene tanto cuestionario?"

"A que quiero ver si mereces el martillo tanto como crees merecer."

"¿Y cómo quieres que te lo demuestre?"

La réplica rio y señaló al lío de ramas que ataban a Kiet, "¿No es obvio?"

Kiet miró a las ramas y empezó a sacudir los pies como un bebé en plena rabieta. No tenía ninguna idea para salir de ahí, y era obvio que tendría que salir de ahí para conseguir el martillo. El espectro dejó el martillo justo delante del guerrero, y se esfumó con las manos al lado de la cabeza y la postura presumida.

Teniendo las manos atadas, no podría usar mucha magia. Los tallos rodeaban sus muñecas, los brazos enteros y el pecho. Menos mal que no se acercaron al cuello. Abrió los puños y concentró su fuerza en la energía vital del árbol, pero algo andaba mal. Sentía al árbol débil, casi no notaba sus constantes vitales al ritmo de su corazón, ahora encogido con sufrimiento. Podía notar la savia quieta, la secuoya sufriendo. Cualquiera que le oyera dudaría sobre su cordura, pero era un sexto sentido que Kiet no podía evitar. Todos los soberanos y algunos soldados y semejantes estaban conectados de alguna forma a sus respectivos elementos con un cordón invisible.

Zak sentía el calor más de lo normal, y Cloe tenía una percepción del frío muy desarrollada. Lon notaba los movimientos más minúsculos, como los de la ceniza, y Fenzy se unía al viento con cada vuelo. Silenna tenía una vista hiperdesarrollada para ver los astros y las estrellas, y Uriah debía ser el chico más rápido gracias a un mineral único que volaba en el aire, filtrándose por las fosas nasales del chico y aumentando su energía. Por último, Senza sentía los ruidos más fuertes por su sensibilidad, debida a su audición aguda y delicada, acentuada por el porcentaje de agua en su organismo. Kiet notaba la energía en las plantas. Eran cabos que nunca podían ser deshechos.

La secuoya sufría, estaba agotada de luchas que Kiet desconocía. ¿Acaso ese espectro podría, en efecto, ser una amenaza? No lo sabía, pero lo que sí sabía era que debía salir de allí cuanto antes. No quería quedarse allí una eternidad con el objetivo de su misión delante de él. Metáfora que tenía delante: tan cerca, tan lejos. Cerca físicamente y lejos mentalmente. Era algo así como la relación que tenía con Fenzy: cercana en cuanto amigos pero algo lejos de ser algo más. No sabía qué le daba más rabia: ¿tener a Fenzy abajo esperando a que cogiera un martillo a dos metros de distancia o el propio hecho de que no pudiera cogerlo? Ambos eran estúpidos y ninguno merecía tiempo de reflexión.

Lo que estaba claro era que si ese tipo le había dejado el martillo tan cerca, era porque salir de esa trampa sería una aunténtica proeza.

Justo al pensar en esa última palabra se le ocurrió una solución algo basta al problema. Podría llamar a Fenzy a voces, pero ni la chica le oiría. Claro, ¿por qué no poner el templo algo más abajo a una distancia humana, y no en el maldito cielo? Las nubes estaban a ocho metros de distancia. La solución que se le había ocurrido era envenenar la hiedra, pero, ¿cómo? No quería herir al árbol, y... tampoco tenía veneno.

Entonces empezó a razonar. La única manera de vencer al espectro sería dándole su propia medicina. Por algo su elemento era el único que podía vencerse con más de lo mismo. El chico volvió a abrir las manos e intentó concentrarse. Unas bolas de luz verde salieron del suelo, que empezaron a rodear a Kiet mientras otras conjuraban otra hiedra a un metro de él. El soldado de Hefredon le ordenó a la planta que desenredara ese lío de plantas que le ataba. Era como controlar un clon de morfoplasma: lo hacías con la mente con la cara más inexpresiva que pudieras poner.

Aunque a la planta de Kiet le costara un poco deshacer las ataduras, logró quitar las suficientes para que pudiera moverse y liberarse por sí solo. Sin más ni más, el soldado cortó la conexión con el vegetal y corrió a por el martillo. Eso de manejar un elemento con soltura y sin límites era algo nuevo para el joven del pelo verde, ya que al no ser príncipe, era hombre de armas y no de magia. Ahora entendía a su amiga Cloe: ¡qué gusto expresarse al fin!

Orhen. Tierra de nubes y vientos rápidos. Era raro ver a alguien peinado decentemente por ese lugar.

El Reino de los Vientos estaba compuesto por el mejor combo de llanuras, pedazos de tierra flotantes y estructuras de piedra. Era grande y llano, con un castillo de piedra justo al final del reino y una estación al principio. Las casas eran bonitas y rústicas, unifamiliares y no muy grandes. La gente era comunmente bajita y agradable, muy espontáneos y con gracia en los movimientos que hacían. Las tierras flotantes eran muy difíciles de alcanzar y algo inestables a simple vista, pero parecía que los dioses hubieran dejado trozos de terreno sin plantar. ¿Casualidad? No. Alguna razón habría pero nadie quería meterse en el tema. Mejor dejarlo estar.

«Bienvenidos los que se esfuerzan por subir siendo bajitos y malaventurados los que se dejan bajar siendo altos. -Z.» rezaba un cartel al lado de una casa abandonada justo al lado de una colina de piedra. La casa estaba hecha ruinas y todo apuntaba a que la persona que la habitara no era muy alta, pero sí muy sabia. La colina justo al lado era de piedra brillante, y un agujera estaba algo oculto tras una cortina de hiedras. El hecho de que una casa estuviera al lado de una colina tan siniestra era raro, pero curioso. Era uno de esos misterios que Fenzy disfrutaba resolviendo.

"Sonará raro," se giró Fenzy justo en la entrada de la colina, "pero tengo una corazonada. Aquí hay algo raro y... prefiriría ir yo sola."

"Ah, y luego soy yo el de los impulsos." bromeó Kiet jugando con el martillo en su mano, "Ve anda. No sueles tener muchos impulsos por corazonadas y quizás que tengas uno te vendrá bien."

Fenzy corrió la cortina de un manotazo sin ninguna palabra más, ojeando el interior de la abertura. No se dio cuenta, pero justo al pasar por delante de él, el símbolo oculto del Viento brilló en la oscuridad.

La colina resultó ser un caparazón lleno de piedra y arena para el suelo.

Cinco minutos después, no había absolutamente nada. Las paredes estaban pintadas y hacía calor dentro de la gruta. La chica andó un poco, acariciando las paredes con la mano y sintiendo las memorias que los dibujos traían consigo. Sentía amor en el aire, también melancolía, quizás alguna risa pero también alguna lágrima. Las pinturas estaban gastadas y debían de haber aguantado allí muchos años. Algunas incluso tenían palabras sueltas: azul, diamante, amor, estrella. Eran palabras que la chica creyó que tenían importancia, pero no le dedicó mucho tiempo a pensarlo, y siguió analizando las paredes.

Pero su paseillo no duró mucho. Un sonido, como un respiro o el aire recorriendo el agua, alertó a Fenzy. Ésta se dio cuenta de que venía de arriba, y decidió levantar la vista muy lentamente. Igual había un monstruo y no lo sabía. Aún así, tenía las defensas del organismo muy desarrolladas, así que igual no le harían mucho daño. Pero ella se encontró con algo muy diferente a una criatura del infierno.

Una manta de plasma estaba ceñida a la colina, que ahora había desarrollado un agujero, tapado por el plasma. La capa era de color rosa salmón, que incorporaba el sonido de gotas cayendo y el respiro agudo de alguien. Desprendía volutas diminutas de aire que chocaban contra la piel de Fenzy, ahora tensa por el descubrimiento.

"¿Qué narices...?" el portal se onduló por un momento, como si alguien lo hubiera tocado, "¡Ah! Está vivo..."

El portal era claramente transparente, muy bonito y tal, pero si era transparente como el plasma siempre había sido, algo no cuadraba. Era mañana cerrada, y el color de lo que sería el cielo era de color rosa atardecer. La chica sacudió la cabeza, "No entiendo nada."

Decidida a enfrentarse a cualquier cosa que hubiera tras la manta del misterio, Fenzy pasó la mano por encima de su brazalete y las alas se desplegaron, moviéndose para llegar al portal. La sensación que Fenzy experimentó al atravesar la manta fue una mezcla de repugnancia y presión: sentía que estaba siento absorbida para luego ser escupida rudamente.

Y eso fue exactamente lo que pasó. La chica salió propulsada del portal y aterrizó en una plataforma de piedra de bruces contra el suelo. Tenía miedo de mirar a su alrededor.

"¿Fenzy?"

Aquella voz con eco hizo que reaccionara y se sentara para mirar a su alrededor. Estaba flotando en el cielo, en una plataforma de piedra redonda e inmóvil. Había una serie de bloques que también levitaban cerca de ella, pero eso no era lo mejor del paisaje.

Lo último que vio fue a la chica que la había llamado. Era algo más alta que Fenzy, le debía sacar una frente de altura. Tenía el pelo más largo y claro que ella, la cara más madura y los ojos más oscuros. Llevaba puesto um vestido blanco que le llegaba hasta los tobillos, y por como le quedaba, no le debía agradar mucho llevar ese tipo de prendas. El vestido tenía tirantes muy finos bordados blancos, y la parte de arriba era blanca y ceñida, con pedrería incrustada en la cintura. La falda consistía en una tirada de millares de plumas blancas que brillaban inmaculadas, cosquilleando el tobillo de la chica que, por cierto, era semitransparente. Si los demás habían conocido a gente con cierto parecido a ellos, ésta era seguro la representación menos fiel al aspecto de Fenzy.

Y fue la única que se le ocurrió preguntar lo más obvio:

"¿Cómo sabes mi nombre?" preguntó Fenzy ya levantada, en posición defensiva.

La otra chica, más mayor que Fenzy, rio ligeramente. Y Fenzy nunca reiría así; definitivamente, no se parecía mucho a ella, "Estaba esperándote y no esperaba que actuaras así. Prefiría no decirte mi nombre para evitar controversias, pero puedes llamarme como quieras. Yo que tú intentaría ser amable."

"No confío en desconocidos, y mucho menos en gente que se ríe como delfines enamorados." soltó la Princesa de los Vientos con algo de acritud.

"Enamorados... ¿como tú?" la chica de los ojos rosas y puramente viva abrió mucho la boca, "No tienes que esconderlo. Puedes confiar en mí, Fenzy."

"¿Por qué?"

"No lo entenderías, es demasiado temprano para explicártelo." se disculpó la otra con una extraña sonrisa, "Pero recuerda que estás aquí por algo. Y es que me gustaría que jugáramos a algo las dos juntas, ¿qué te parece?"

"Mientras no sea a pintarnos las uñas y a hacernos peinaditos entre risitas, que si jiji y jajaja, paso." espetó la otra aún más borde, pero un poco más abierta.

"A mí tampoco me solían gustar esos juegos." de repente, una oleada de aires hicieron que piedras cayeran alrededor. Todas dispararon láseres blancos que crearon una barrera que separaron a la princesa del fantasma, "Por ello tampoco me gusta que jueguen conmigo."

"¿¡Qué haces!?" exclamó Fenzy atrapada entre el vacío y la barrera.

"No me gusta nada de nada que jueguen por mis territorios sin merecerlo." le gruñó la chica, reforzando el escudo al apretar el puño, recorrido por una banda rosa que reforzó la barrera "Y menos si son niñas pijas como tú."

"¿Y qué quieres que yo le haga?"

Muchísimos aros de plasma rosa empezaron a coronar algunos bloques de piedra flotantes, que giraban esperando a que alguien les atravesara. A pesar de que ya hubiera captado la indirecta, el fantasma intentó aclararle sus ideas.

"Alza las alas y atraviesa los aros en el menor tiempo posible. Yo que tú empezaría a correr, porque no es fácil impresionarme."

No dudó de la palabra de aquella chica, y alzó el vuelo pasando por el primer aro en un santiamén. El fantasma no se parecía en nada a Fenzy físicamente, pero era una versión de lo que era en cuanto a ideales y comportamiento. La princesa era valiente y muy extrovertida, además de algo impulsiva. Pero ésta... lo intensificaba tanto que parecía bipolar y algo irritante. ¿Era Fenzy así para todos? Menuda faena entonces. Aún así, aquella chica le era muy familiar, y le sonaba mucho la cara, y no por mirarse al espejo a diario.

Fenzy siguió delizándose por el aire como un pingüino en el hielo, atravesando aros con gran habilidad. Cada uno iba desapareciendo a medida que la princesa los atravesaba, volando a través de ellos a gran velocidad. De los ocho aros que había, Fenzy logró quitarse cinco de encima en menos de un minuto. Ya podía ver al espectro gruñiendo, que sería lo que haría si de veras la representaba.

Aterrizó justo en frente de la réplica, a dos metros de ella, sorprendida por su pose y expresión. No gruñía ni se rebelaba en gritos, si no que se guardaba la rabia en su interior con la cara serena y pacífica. Cualquiera diría que casi la hecha de aquel lugar en otra dimensión.

"Bien hecho, te estás superando." afirmó la otra, con el boomerang blanco ya en una mano listo para dárselo, "Pero, ¿sabes?" miró al boomerang, "No me da la gana dártelo." y se dirigió al borde de la plataforma.

"¡No!" y el fantasmo lo lanzó antes de que Fenzy pudiera alcanzarlo. Pero lo que aquella desconocida no sabía era que la otra pelirrosada ya había tomado la iniciativa. No pensó ni razonó: se tiró al vacío de aquel lugar en eterno atardecer.

El aire aplastaba su pelo mientras la chica se tiraba al vacío en caída libre, que caía algo más rápido debido a su peso más alto que el del boomerang. Veía el mundo pasar rápidamente en borrones de colores y nubes dulces de gas anaranjado. No sabía cuando pararía ni cuando lo alcanzaría.

Pero de repente, las leyes textuales del boomerang lo obligaron a girarse, contradiciendo y volando hacia arriba pasando justo al lado de Fenzy, quién se giró dramáticamente para verlo volver con el fantasma, "Maldita réplica de pacotilla..." La gravedad estaba dándole tan fuerte que no podía moverse para sacar las alas.

Y otra vez, las leyes gravitatorias volvieron a contradecirse, y el viento inferior sopló con fuerza colosal para devolverla a la plataforma de donde había caído. Era como rebobinar una cinta, donde volvías al principio, dónde aún no se habían cometido errores y podías retomar las decisiones que cambiaban tu destino.

Aterrizó en la plataforma de piedra por segunda vez algo más brusca, de cara al suelo y los brazos en posición del ángel. El fantasmase inclinó hacia la aturdida guerrera, inaparentemente preocupada por la pequeña chica. Pero Fenzy pudo ponerse de pie antes de que se pudiera cuestionar su salud. Nada más ver la pose tan rígida y tensa de la fantasma, la chica supo a quién dar las gracias.

"¿Has sido... tú?"

"¿Acaso lo dudabas?" volvió a reirse como al principio. Vuelta a su ser algo más... normal rozando lo pijo, "Creía que toda la situación en la que está te parecería una tontería, pero veo que no."

"Entonces, ¿vas a darme el boomerang?" inquirió Fenzy.

"Es todo tuyo, pero antes, debo avisarte de algo." interrumpió el clon. Y por una vez, Fenzy decidió arriesgarse y escuchar, "Sé que pronto os enfrentareis a Senza, y lo apruebo, de veras, pero debes tener cuidado con cosas que pasarán en un futuro muy próximo."

"¿Próximo?"

El fantasma se cruzó de brazos, mostrando un ligero toque de debilidad, cosa que asustó a Fenzy, ya que si debía parecerse a ella, la noticia tenía que ser importante, "Sí, en muy poco tiempo. Escúchame detenidamente, ¿de acuerdo?" la Princesa de Orhen asintió, "Alguien de tu entorno va a hacer algo muy arriesgado para ella. Puede traer cosas muy buenas o muy malas para el grupo, así que tienes que intentar suavizar su ansiedad, ¿vale?"

"De acuerdo, pero... ¿porqué no me diste el boomerang antes de nada?" preguntó la princesa ya con el boomerang en la mano.

"Por esto."

El fantasma dió un fuerte toque en la frente de Fenzy, que la dejó seca e inconsciente. Cayó a cámara lenta al suelo, desapareciendo en un haz de destellos que desvanecieron a la chica de aquel mundo parcialmente irreal, llevándose consigo cualquier rastro de aquel mundo. Lo único que prevaleció fueron los últimos pensamientos del fantasma.

"Espero que logren salvarla antes de que sea demasiado tarde... No quiero que acabe como- como..."

Alguien de tu entorno va a hacer algo muy arriesgado para ella.

...así que tienes que intentar suavizar su ansiedad

"¡CLOE!"

A la vez que se desmayaba, Fenzy se levantó en el regazo de alguien. Y honestamente, por muy dura que fuera la princesa por fuera, le derritió la cara de Kiet cuando se despertó.

"¡Fenzy! Por fin despiertas- un segundo, ¿qué pasa con Cloe?" habló el soldado a gran velocidad, sentado en el suelo de la gruta. Fenzy aún estaba tumbada, y vio con gran desgana que la manta de plasma estaba fuera de alcance y había desaparecido. Aún así, notó el boomerang en su mano derecha, esbozó una sonrisa suave.

"No lo he pasado muy bien allí." afirmó la pelirrosada sin venir a cuento. No tardó en recordar esas últimas palabras de su clon (no muy parecido a ella), y se levantó de sopetón sin agradecerle a Kiet su paciencia, cosa que le habría encantado hacer, "¡No hay tiempo para esto! ¿Cloe y Zak nos llevan ventaja?"

"Deben estar a medio camino hacia Travallah, ¿qué pasa?" volvió a preguntar Kiet saliendo del lugar.

"¡Debemos llegar cuanto antes!" exclamó la princesa accionando las alas y elevándose, "Vamos rápido, te contaré todo por el camino o llegaremos demasiado tarde. ¡No me extrañaría que acaben discutiendo antes de que lleguemos nosotros!"

Ambos empezaron a correr hacia Travallah, pasando por delante de la casa abandonada de antes. Pero de lo que no se habían dado cuenta era de que el contenido había cambiado algo, y que ahora mostraba una idea distinta, impresa en un folio:

«Nuestras debilidades pueden acabar con nosotros o hacernos más fuertes. Pueden hacernos ver la realidad de una manera más oscura, o anestesiarnos para tiempos más difíciles y poder pasarlos sin mucho dolor.

La vida es un prisma de cristal transparente que nos protege, algo que nos ayuda a ver a las cosas de una manera u otra, dependiendo de tus debilidades. Por ello, la gente con las ideas nubladas no suele tener una percepción adecuada de las personas ni de lo que les rodea, rotos por las debilidades que todos tenemos. Se acaban ahogando en un cristal que nunca se rompe y les sobreprotege. Nunca ceden - y por eso acaban solas y cometiendo locuras que nadie querría.

Por eso es necesario la compañía para romper el cristal. Dos personas rompen el cristal mejor que una sola, y sólo con un pequeño gesto se hacen grandes trazos en el cristal que es la vida de alguien.

Las acciones son algo que cambian el cristal. Es como pintar un cuadro, lleno de pintadas que describen las actitudes de la persona y empiezan a colorearla con acrílicas y témperas. Todo junto, es precioso. Podríamos decir que las debilidades son la pintura negra de la paleta que es la amistad.

Hay gente que se encierra en un prisma y se rinde. Hay gente que intenta romper el cristal, pero no acaban por conseguirlo. Ahora está en su mano pintar sus cristales y decidir lo que pasará a partir de ahora. Sea lo que sea que hagan, ahora sólo puede llevar a un punto que luego discurrirá en línea recta. -Z.»

fin del capítulo seis.•

Hay tantas cosas importantes en este capítulo que ni siquiera os dareis cuenta de que están.

Y no os estreseis. El texto este es importante aunque parezca palabrería. PREPARAROS PARA EL SIGUIENTE CAPÍTULO QUE VIENEN CURVAS.