En este capítulo se descubre todo (QUE SALUDOS NI QUE LECHES, AQUÍ AL GRANO). Bueno, muchas partes que igual no entendíais...

Y bueno... Tengo que deciros que pronto esto se acaba. Si. Se me ha hecho muy corto esto, lo cual es buena señal. Pero seguramente haré secuela y podreis tener más de esto pronto. A esta parte no le deben quedar muchos capítulos... 3 o 4 seguramente. Tirando a 4.

Os respondo,

soniasc94: ¡Muchísimas gracias! Y sí, hacen buena pareja, pero tampoco les veo mucho futuro... Un poco duro, pero es verdad... No son muy chocantes, pero la serie original les da demasiada poca relevancia argumental para hacerles pareja oficial. Lo veo así: les quiero, pero...

Ivy J: Menuda review más bonita que me has dejado. Tengo los colores a flor de piel. Tu apoyo es maravilloso, florecilla. Muchísimas gracias por enésima vez.

juniorjpro: voy a responderte con la misma emoción: YAY MUCHAS GRACIAS, AQUÍ TIENES UNA ESCRITORA EMOCIONADA. Harigato (gracias)

Guest: ¡Muchas gracias, querido desconocido! Y ya lo he respondido arriba.

Kiarika94 (sé que ya no te llamas así, pero me gusta seguir llamándote así): cielo, me has dejado boquiabierta con tantas cosas bonitas... Yo siempre miro las revs por email y te cortaron un poco la review. Pero eso no importa, porque me encantan las revs largas como la tuya. Me encanta que aprecies tanto la historia y sobre todo que la vivas algo individualmente. Y sí, me cuesta su tiempo terminar cada capítulo. ¡Millones de gracias!

alodp: ¡muchas gracias!

sendokai lover: Ñe, es una semana. Lo releo muchas veces para que esté bien. Me gusta que se aprecie.

Empecemos con los «feels».

¡Disfrutad y comentad! - icechipsx

Habían tardado un día en hacer su tour por la región en busca de los templos.

Se decía poco teniendo el cúmulo de emociones por los que habían pasado. Era una cantidad minúscula y muy poco impresionante. Tú les dices a tus hijos que has tardado un día en rebuscar en tu interior sobre tu vida y no causaba el mismo efecto que decir "Tardé mil días con sus noches en encontrar el qué me empujaba a seguir. Al final logré encontrarlo, y resultó ser mi pasión por la lasagna."

Y lo más gracioso de todo... era que habían avanzado más de camino a casa que en los templos en sí. Aquellos lugares habían actuado como camas para sueños reparadores y filosóficos.

Era noche cerrada en Travallah. Cloe estaba sentada en un tronco frente a la hoguerilla, viendo los fueguillos desvanecerse en la inmersidad del oxígeno. Una especie de sensación reparadora la conquistaba al mirar las llamas, que quemaban los palos debajo de ellas y hacían ruidillos de crujidos que sólo alimentaban la anestesia mental por la que ahora la chica pasaba. Tenía un soponcio encima que no podía con él, y había experimentado un cambio brusco que la hizo empezar a cuestionarse demasiadas cosas. En su caso, nunca fue bueno pensar demasiado.

Empezó por analizar lo principal, algo en lo que no pensaba desde hace tiempo. Se trataba el diario de los Guerreros de la Estrella. Tenía tantas preguntas, y las respuestas debían estar ahí dentro. Se sentía algo estúpida por no haberse dado cuenta de la relevancia del librillo cuando lo tenía en sus manos. Por lo que sabía, el que más avanzado estaba en ese campo era Zak, quién le había prohibido (entre líneas en conversaciones, que era aún más raro al no mostrar esa espontaneidad que le carecterizaba) que se acercara al diario. Eso sólo le levantó sospechas, pero lo siguiente acabó por confirmarlas.

Hace unas horas, la peliazulada se había acercado a la tienda de campaña de Zak con paso de paloma, sin hacer ruido alguno y agachada para que éste no le viera desde la hoguera. Cloe se metió en la tiendecilla como un topo en su madroguera, buscó y buscó, y se dió de cabeza con un poste. Dicho poste era algo así como el muro de carga de un edificio, que lo sostenía y nunca debía ser alterado. El poste se cayó en su cabeza y derrumbó la tiendecilla, haciendo que el rubio corriera a ver quién había sido la ardilla traviesa que había entrado. Imagina su sorpresa al ver a Cloe dentro y el grado de rojez de sus mejillas cuando todos rieron. Desde fuera, no tenía sentido, pero Zak ya se había dado cuenta de qué pasaba.

"No vas a tocar el diario." le había dicho con demasiada seriedad, "Ni se te ocurra volver a intentarlo."

Y así pasaron las horas, con la duda como bandera. La seriedad del chico parecía tan sólida que era hasta palpable, pegándose a su cerebro como una medusa. Algo, definitivamente algo, estaba mal con ese diario. Parecía mentira que no se hubiera dado cuenta de ello antes, y ahora tenía el deber moral de descubrirlo. Y una cosa era segura: si lo descubría y era algo con sustancia, iba a enfadarse mucho con el Príncipe del Sol. ¿No se suponía que había confianza entre ellos? ¿De veras la creía tan débil?

Pero la duda se acababa esa noche.

Cloe miró al libro después de mirar sus alrededores para asegurarse de que nadie la veía. Estaba sentado a su lado, a modo de compañero incómodo al que no podías hablar con seguridad. Y qué narices, que era un libro. Si le hablara, parecería que estaba loca. Aunque después de todo... no estaba del todo cuerda. Un 96% de cordura era suficiente. Había casos peores. Pero chalados aparte, ahora las respuestas que buscaba estaban a unas páginas de distancia. Le estaba costando cogerlo, se sentía como si estuviera tomando la última de las decisiones equivocadas, como si las solapas quemaran y desmenuzaran a cualquiera que lo tocara.

En una acción rápida y sin pensárselo dos veces, cogió el libro y lo abrió por una página aleatoria. Empezaba con algo sobre las nubes de plasma, y eso, sinceramente, no era el tema que más le interesaba. Pasó las páginas, una tras otra, hasta que unas páginas con letra elegante y femenina interrumpieron su búsqueda. Era bonita y regia, como la de una princesa.

Lunna.

«Nunca creí que diría ésto, y sigo sin creerme que esté diciendo esto, pero las verdades de cara: esto de tener a Quimera encima de mí (no literalmente, menos mal) me está quemado viva.

Por alguna razón, el Oscuro ha empezado a frecuentar los ataques, y una teoría loca por parte de Zafiro en la que decía que iban para mí hizo saltar las alarmas. Julius se ve algo más tranquilo que ellos, y es el único que me defiende un poco. ¿Comprensión? Vagueza, seguramente.

El frío por el que sufro fue identificado hace días por un curandero como gélisis neactiva. El nombre era tan raro que me costó un par de horas creermelo, pero los ataques de la enfermedad aún eran más escalofriantes. Se confirmó que dicha patología se causaba por un elemento en el aire llamado gelidinsis. Dicha información me dejó patidifusa, y aún más el hecho de no haber visto los síntomas: el vacío interior, los aires gélidos, la congelación de partes exteriores del cuerpo, la pérdida de visibilidad...

Lentamente, empiezo a perder la noción de la realidad. Se dice que nadie se da cuenta de ello, pero yo me agobio aún más con saberlo. Quimera lo está notando, yo creo, y eso no está bien. Lo pasa mal, y en parte le agradezco la preocupación, pero aún me agobio más. No le deseo este mal a nadie.

Poco a poco... mis nudos con ellos se van desvaneciendo. Zafiro ha empezado a escribir poemas y textos basados en mi percepción. No la capta del todo, pero lo intenta y cada día me enseña sus progresos. Desde que su casa en Orhen fue destruida por unos monstruos, pasa más tiempo conmigo.

Lo peor de todo es... que eso que dijo el curandero no es muy afín a la realidad. Dudo mucho que los aires de Laynn tuvieran algo que ver. "El prisma" de Zafiro me ha ayudado a encontrar respuestas sobre mí misma que nunca creí poseer. Algo está mal conmigo. Estoy rota, destruída, hecha añicos y aplastada por la situación. Soy la versión dramatizada de cualquier princesa.

Me parece que no voy a durar mucho en éste mundo. Temo porque los ataques a mi persona sean para herir a Quimera mentalmente. No puedo permitir que le pase nada. No... esa es mi máxima prioridad ahora mismo.»

El final de la página estaba arrancado a malas maneras, lo que obstaculizó la lectura. Pasó la página, y vio que la siguiente parte estaba escrita por Zafiro. El nombre de Quimera le sonaba demasiado, alguien se lo había mencionado. Las casualidades cuadraban tanto que daban miedo:

Zak estaba tan pesado con ella como Quimera con Lunna, Kiet actuaría como Julius y Fenzy (la mitad de culta) como Zafiro. Lunna sufría de la misma manera de Cloe y tenía una prosa similar, expectativas paralelas pero en distinta línea de tiempo. Y sus prioridades eran muy similares.

Entonces comprendió. Se le cayó el libro de las manos y se le fue la mirada.

Zak no podía ser tan imbécil... ¿no?

Pues claro que sí. Y algo, simplemente algo, le hacía molestarse y fruncir el ceño-

"¡CLOE!"

Un momento dramático se apoderó de la pareja. Cloe se giró lentamente, congelada en el sitio y con el miedo en la espalda. Zak la miraba con la mayor de las desaprobaciones en la cara, con los puños cerrados y toda su concentración en decepcionarse por el comportamiento de Cloe. ¿No le había exigido que se alejara de aquella fuente de información tan mala para su salud?

"Te dije que te alejaras del diario." le gruñó dándole un pequeño puñetazo en el hombro, sintiendo el enfado subir como la espuma, "¿Porqué lo has hecho?"

La Princesa de Laynn se levantó. Le temblaban las manos con nerviosismo, con esa sensación de que le pesaban más por el flujo incrementado de sangre y las hormiguillas en el estómago, le costaba mantenerlas quietas. Su cerebro le gritaba que le plantara cara, pero su corazón frágil y aplacado por la historia de Lunna le susurraba dulcemente que le dijera qué sentía. Pero por una vez, la única vez y la última seguramente, decidió que su cerebro tomara las riendas y se enfrentara a él.

La chica se rió con ironía transcrita, "¿Que por qué? Vaya, quizás porque no podía con el hecho de que mi mejor amigo me esconda cosas que son un tanto importantes para mí. O igual porque-"

"¿Igual porque no quería hacerte daño?" le contraatacó el otro.

Ese regustillo amargo en el estómago empezó a subir, le recorrió la garganta y le invadió la mente. Sus pies dieron un paso hacia él, amenazantes y firmes en su sitio. Un dedo acusador dio un fuerte toque en el pecho como señal de molestia. Eso no era buena señal. Las pocas veces que Cloe se enfadaba, lo hacía a lo grande, y ahora el maldito Vesubio acababa de explotar en su interior, segregando adrenalina.

Cloe se tiró de los pelos, "DIME TÚ COMO VAS A HACERME DAÑO CON UN ASUNTO MÍO."

"¡PUES IGUAL POR QUE NO QUERÍA QUE HICIERAS LO MISMO QUE QUERÍA HACER LUNNA!" gritó Zak de vuelta.

"¿¡Porqué iba a hacer yo eso!?"

"QUÍTATE LOS GUANTES, PRINCESA."

Cloe se los quitó suavemente, y una sustancia anónima daba tirones que frenaban la acción. Con mucha cautela, descubrió, una vez más, como no había prestado atención a su salud y como había descuidado su estado mental. Había un montón de escarcha recubriendo su mano, llegando hasta la muñeca. ¿Por qué narices tenía que destapar lo malo?

"Vale." refunfuñó tapándose la mano congelada, "Y qué."

"¿¡Es que crees que no me ha vuelto loco el hecho de que pudieras jugártela y seguir el ejemplo de Lunna!?" siguió gritando Zak con la voz ya gastada.

"¡VAYA! ¡Así que el señorito tiene una pizca de consideración ante mí! ¡INIMAGINABLE DESPUÉS DE CÓMO ME HAS TRATADO!"

Esta vez, fue el turno de Zak para echarse algo atrás, "¿Qué quieres decir?"

La chica empezó a reírse. El rubio ni siquiera sabía que la estaba tratando como el barro y se atrevía a atacarla después de todo. La ira más absoluta empezó a cosquillearle la médula espinal, y esa sensación de tener algo que echarle en cara empezó a vacilar en su cerebro, produciendo una sensación de placer muy extraña, semejante a la que te dan cuando ganas una larga batalla.

"¿¡Quieres de veras que te haga una lista!?" exclamó Cloe, "Quizás empezara cuando creía que me querías por tu comportamiento en el Bosque de Cristal, igual me sentí querida por una vez en mucho tiempo por alguien, QUE LE IMPORTABA A ALGUIEN. ¿¡Pero sabes qué hiciste con todo eso!? ¡Jugaste con mis sentimientos y luego negaste sentir algo por mí! Me prometiste algo nuevo, un cambio de vida, la felicidad que siempre quise; ¡ni siquiera te pedí que cambiaras, te quería como eras! Pero no, tú directamente te olvidaste de todo eso, y me veo en la misma situación que antes pero con la mitad confianza, y empezaste a dejarme atrás y a distanciarte. ¿¡Y AÚN ME PIDES QUE CONFÍE EN TÍ!? ¿CÓMO QUIERES QUE CONFÍE EN TÍ?"

Incluso teniendo en mente que a Cloe le debía sentar mal su comportamiento, nunca pensó que fuera a llegar a extremos como esos. La chica estaba harta, y la verdad... Zak también lo estaba. Pero el motivo seguía ahí, y era importante. Se erigió como una torre y recurrió a sus últimas agallas.

"No es tan fácil cómo se ve por fuera, Cloe." afirmó el chico de ojos miel, "No tienes ni la menor idea." Zak avanzó un par de pasos y cogió la muñeca de Cloe, "Dejémos el tema y vamos a dormir."

Pero por una vez, no quiso hacerle caso. Su corazón aún observaba con intranquilidad como Cloe se desenvolvía de su envoltorio de inseguridad, "¡No! No soy nada tuyo, así que no tienes derecho a mandarme. Y aquí se acaba esto, amigo mío."

Zak volvió a agarrarle el brazo a su amiga, o al menos, a aquella chica que estaba empezando a cortar lazos, "¿Qué quieres decir con eso?"

La Princesa de los Hielos Eternos que ahora recurría a su apodo como referente se soltó con enfado, girándose y dando pasos hacia atrás, "Me he intentado rendir ya más de una vez y no ha funcionado... he intentado huir, escapar..." dijo ella moviendo la mano hacia alante, "A... ¡Abandono!"

Y ahí fue cuando la situación dejó de ser un juego y se tornó tan oscura como las expectativas de la peliazulada que se alejaba de él con terror en la mirada. ¿Se había cumplido la teoría de Kiet? ¿Le había dado la cuerda que estaban tensando en la cara?

"Cloe... no- no digas tonterías." el Príncipe alzó una mano para que ella la tomara, pero ésta seguía avanzando, "Vamos."

De repente, Zak se dio cuenta de un dato esclarecedor y a la vez no sorprendente. La tierra delante de Cloe se había cristalizado por completo. Parecía un flash-back de aquella fatídica boda en el pasado, que salió tan mal pero terminó más o menos bien. Pero... para ella había sido el comienzo de ésta pesadilla que nunca parecía acabar.

La chica de los ojos del color del delfín no le hizo caso, "No." y se giró, "Lo siento pero... adiós."

Y con esa última palabra, Cloe empezó a correr por la inmersidad del bosque, no sabiendo a donde iba ni por dónde terminaría. Por un nanosegundo, le dio un pequeño ataque de pánico pensar en que algún bicho grande y ruidoso se le pegara al pelo, pero luego logró deshacerse del miedo. Sus pies volaban y saltaban por el prado del bosque, saltando ramas y esquivando raíces en su camino.

Lo peor de todo era que Zak la seguía algo detrás, pero ella era más rápida y algo más inteligente. La princesa decidió despistarle un poco, así que empezó a jugar al despiste con él sin maldad alguna, sólo la esperanza de que dejara de seguirla y pudiera preocuparse de otras cosas. Giró en varios sentidos en la oscuridad, creyendo por momentos que estaba yendo en círculos. Fuera de la nada, oyó al chico caerse, igual por el cansancio de llevar un cuarto de hora corriendo a toda velocidad y saltando piedras, pero por alguna razón, una luz naranja y brillante iluminó su camino y Cloe no se tropezó durante unos segundos. La luz se esfumó, y ahí ella cayó en la cuenta de que Zak debía haberse hecho daño. A pesar de querer socorrerle, Cloe le dejó allí y siguió corriendo, sintiendo mosquitos chocándose con su frente.

La figura de la chica se perdió en la oscuridad, y sin quererlo ni beberlo, estaba corriendo por la metáfora de su vida: un lugar oscuro en el que la gente que se metía acababa mal.

Ni siquiera se dio cuenta de ello, pero su corazón ya no temblaba de ternura. Parecía aprobar la reacción de Cloe y tranquilizarse al haber perdido a Zak de vista. Escondida detrás de un árbol y tomando aire, la chica sostenía su puño encima de su pecho, con los ojos cerrados y la respiración entrecortada. Andó unos pasos, y vio una luz colarse entre los árboles.

Cloe se sostenía, fatigada y asombrada, en frente de un lago. El Lago Nunsa, completamente virgen en cuanto a visitas se refiere, tenía un aire reparador y fresco, ligero y algo seco.

El gran claro en el bosque se acentuaba por la incrementada disminución en el tamaño de los árboles, que rodeaban el lago con verdes hojas. La brisa mecía las aguas cristalinas del lago, que tenía un borde algo bajo y una cuestilla delante de Cloe. Había una falta de Reketts estimable, pero la luna hacía su trabajo con profesionalidad. Brillaba grande y redonda, totalmente clara y sin nubes que obstaculizaran su paso por la vista de la guerrera, que estaba algo cansada y estupefacta por el repentino cambio de luces en el escenario.

La chica cayó rendida, con sus piernas haciendo una W perfecta y sus pies cerca de sus costados. Sus manos fueron a parar a sus muslos, juntas en un solo puño, tenso por la cantidad de drama que Zak le acababa de regalar de repente. Era demasiado injusto que el príncipe le estuviera echando en cara que quisiera saber más sobre el pasado de los anteriores héroes, sobre su figura de ejemplo que era Lunna. Cierto, la chica parecía ser algo masoquista por ese tema de tener la idea de que su vida estaba en punti muerto y sólo servía de escudo, pero eso no le daba ninguna razón para creer que ella haría de lo mismo. ¿Sería capaz? Por sus amigos, lo que fuera. Pero... ¿por eso tenía Zak que ser así con ella? Si se estaba olvidando de ella, que no lo hiciera de esa manera tan intermitente.

Parecía que el futuro se había doblado delante del pasado para reflejar la misma situación de hace tiempo. La princesa se frustraba, la princesa empezaba a perder los papeles, la princesa era sometida a una situación horrible, la princesa huía. La princesa acababa dándose cuenta de la valía de todo lo que le rodeaba, la princesa volvía. Era el cuento de nunca acabar, girando alrededor de ella como una incesante vuelta a su destino. Como si alguna magnitud que lo controlara todo le diera la vuelta a una tortita con lados que representaban las mismas situaciones.

Y lo peor de todo... era que nunca aprendía. Seguía cometiendo esos errores que poco a poco, la convertían en algo que ella nunca quiso ser. En esas personas que no sabían qué era la vida y cometían errores sin cesar.

Siempre evitó acercarse a esos ambientes de furor y efervescencia desde pequeña. Con un futuro como prometedora violinista en la palma de su mano (aunque se vería frustrado pronto), la chica evitaba acercarse a los suburbios de Laynn, llenos de instituciones médicas y lugares extraños. Pero un día, se acercó, cediendo a la curiosidad. Vio la vida: vio a gente junta, gente llorando, gente corriendo, gente riendo. Era la esencia del vivir representada en un simple barrio de su reino, al que nunca se le permitió acercarse por razones que nunca se atrevió a descubrir. Pero ese día, cedió, curiosa por aquel barrio.

"¡Hola!" Cloe, con trece años por aquel entonces, miró hacia abajo para ver a un niño y a una niña pequeños delante suya, con la mirada viva y resplandeciente, "¿Tú eres la hija de los reyes?"

"¡Bobo!" le reprimió la niña, de pelo rojizo castaño y los ojos azules verdosos y pecas que recubrían sus mejillas, "Es la princesa entonces."

La que sería la futura princesa de Laynn en poco tiempo sin tener gran certeza de ello ignoró la reprimenda de la niña a quién debía ser su hermano. Sólo bastaba mirarles y comparar sus rasgos físicos, "Es igual." dijo el niño pequeño, "Te vi andando por aquí y me sonaba de haberte visto rondando por el palacio. Mi padre trabaja de panadero en las calles altas, ¿sabes?"

"Ah..." asintió la peliazulada con una sonrisa, "Quizás le compremos el pan a él todos los días..."

"Es igual. Yo vivo aquí con mi madre... no tenemos mucho dinero y por eso mi padre pasa todo el tiempo que puede allí. Una vez te ví y me dijeron que eras de la realeza, así que intenté recordar tu cara."

"Fui yo la que te lo dijo..." murmuró la otra.

El niño le soltó una mirada molesta a la otra y a Cloe le hizo mucha gracia el gesto, "Te he recordado nada más verte y te hemos cogido estas flores al instante."

La niña le subió el ramo a Cloe hasta que rozaban su cuello, y la futura soberana las cogió con delicadeza, "Son preciosas, chicos. Muchas gracias, sois muy amables. Pero, ¿por qué?"

"Tus padres deciden a diario lo que pasa en el reino. Las cosas van mejor de lo que la gente creía y gracias a tu familia nuestro padre trabaja y nos alimenta." le contestó la niñita con una sonrisita y mirando a su hermano, "Queremos que te quedes éstas flores para que sigas siendo como eres. Supongo que serás una mini-réplica de tus padre y tendrás su mismo comportamiento."

A Cloe se le abrieron los ojos como platos, y vio a los pequeñines dar palmaditas con entusiasmo, "Es un detalle... pero no soy igual que ellos. El hecho de que hagan bien su trabajo no quiere decir que yo algún día vaya hacerlo igual."

Los niños se encogieron de hombros, "Creemos en la fe de la gente." habló el niño por los dos hermanos, "Me han dicho que eres buena persona, y no queremos que cambies tu manera de ser porque te lo impongan. Igual te critican, pero gente como nosotros estarán apoyándote desde casa."

Antes de que Cloe pudiera responderles a aquellas preciosas palabras, los niños oyeron la voz de su madre llamándoles desde los bordes del parque en el que la peliazulada se había parado. Nada más oírla, corrieron hacia ella después de un adiós rápido y algo forzado. Miró a las flores. No sabía si podría cumplir su promesa de no cambiar, pero aquella visita al Parque Manzana le hizo cambiar su punto de vista. Cada partícula de polen reprensentaba a alguien en apuros, alguien con el triple de problemas que ella y con perspectivas diferentes de la vida. Mientras ella se preocupaba por sus clases de violín, vestido y libros, había niños que se preocupaban por tener un amigo con quién jugar y un pan que comer. Gente que valoraba más lo que tenía que lo que podían tener, gente que tenía que hacerse sus propias alas de la imaginación, gente que daba lo que no tenía a los que estaban por debajo de ellos.

Y ahora Cloe se preguntaba:

¿Habría hecho llorar a aquellos niños de pelo rojizo cuando se fugó de su boda con Lon al renunciar a su pose quieta? ¿Habría decepcionado a todos los que creían en ella por razones que igual no eran tan importantes?

"No lloraron. Sabían las razones por las que hicieste lo que hiciste."

Despacio como nunca antes, Cloe alzó la cabeza para dejarse a sí misma sin aliento.

La chica del espejo, encerrada en el Templo Nieve, flotaba translúcida en el agua del lago con las manos agarradas en frente suya y una sonrisa tranquilizadora dibujada al milímetro. Vestía una parte de arriba corta, hasta las costillas, azul cielo con lunares blancos y sin mangas ni tirantes. Unas mallas hasta dónde la vista alcanzaba y lo que el agua parecía esconder estaban adornadan con dos tríos de plumas blancas a grises atadas a las caderas, que le llegaban hasta las rodillas. Cloe calculó la longitud de las plumas sólo con proporciones, ya que a partir de algo antes de las rodillas, el cuerpo de la chica desaparecía. De hecho, la princesa sólo pudo verla por el contraste con la luna. Era un milagro que pudiera distinguirla entre la borrosidad de las lágrimas en sus ojos.

"Tú." articuló ella sin aliento.

"Te dije que nos veríamos pronto, y, al igual que tú, cumplo con mis promesas." dijo el fantasma suavemente, "Es una de las muchas cosas en común,y como consecuencia, soy de las pocas que puede entenderte."

"Eres Lunna... ¿cierto?" la otra peliazulada asintió. Cloe y ella eran casi idénticas, aunque la cara del espectro mostrara todas las guerras por las que pasó, "Guerrera de la Estrella de la que no sé mucho más porque la parte de abajo de tu diario estaba arrancada."

"Éste Quimera..." rió Lunna suavemente. Eso confundió a Cloe, ya que no entendía mucho de lo que había pasado por aquel entonces, "Nunca llevó bien la ansiedad..."

"¿Qué haces aquí?" preguntó la soberana, interrumpiendo sus risillas.

"Verás... digamos que todo pasa por una razón. Te debo una explicación bastante compleja que supongo que entenderás." respondió la otra arrodillándose ante Cloe.

Después de un pequeño silencio, Cloe dió a entender que estaba preparada, y Lunna tomó un respiro.

"Podría empezar diciéndote que ésta es la historia de mi vida, pero estaría equivocada al decirte ésto, porque mi historia se contruye con pedazos de los demás y mis asuntos no son tan importantes como parece." empezó la chica translúcida. Empezó con una introducción tan curiosa que despertó la curiosidad de la Princesa de los Hielos Eternos, "Yo pasé por cosas muy parecidas a las tuyas, principalmente porque tanto tú cómo Zak, Kiet y Fenzy nacisteis a modo de reencarnación a lo que eramos los Guerreros de la Estrella. Naturalmente, no eres una especie de copia mía cómo puede parecer. Todo lo contrario: a pesar de estar hecha con los mismos ingredientes que yo, tenemos nuestras diferencias que nos hacen únicas. Eres una reencarnación... de una leyenda, por así decirlo. Uso el término reencarnación para expresar nuestros parecidos físicos y mentales, pero no lo eres en términos literales."

"Yo soy... ¿una especie de clon tuyo pero con identidad propia pero muy parecida?" preguntó la joven princesa resumiendo la explicación de Lunna.

"Podríamos decir que sí. Tienes buena retentiva." afirmó la otra chica, "Tuve problemas parecidos a los tuyos, sólo que yo huí de mi puesto de princesa con más edad, cosa que tú no has hecho. Así, yo conocí a Quimera, Zafiro y Julius. Tú tuviste tu encuentro con ellos algo más prematuramente. Así, Zak representa a Quimera; Fenzy a Zafiro y Kiet a Julius. Nuestras almas se refugiaron en los templos cuando nos llegó la hora, buscando algún lugar que nos alimentara con la esencia de nuestros elementos. Por ello, seguramente tus amigos se encontraran a sus 'antepasados', por llamarlos de alguna forma, y les ayudarían a superarse o a enfrentarse a sus miedos."

"¿Todos habeis fallecido?"

"Yo morí por una causa diferente al resto, por eso puedo estar fuera del templo y no necesito tanta esencia como ellos." aclaró Lunna, "Pero de todas formas, eso no es muy importante. Yo también pasé por cosas parecidas a tí y también sufrí por Quimera tanto como tú lo haces por Zak, pero te aseguro que eso al final no importará tanto como importa ahora. Las heridas físicas se cierran con el tiempo, y las mentales también. Fue algo que Zafiro me enseñó con su don para la poesía. Es la 'réplica' menos exacta del tu grupo, pero también la que ayudó cuando lo necesitaba. ¿Sabes? Escribía textos buenos que ella odiaba, porque se consideraba un alma torturada con una mente equitativa a ella. Seguro que Fenzy se la ha encontrado en el templo de Orhen, que estaba al lado de casa de Zafiro."

"¿Y qué era de Quimera y Julius?" preguntó Cloe con mente y curiosidad florecientes a la par.

"Ambos tenían una gran amistad. Yo estaba enamorada de Quimera, y él decía corresponderme. El problema es que ambos desconfiabamos tanto el uno del otro que nunca pudimos ser algo más... nos habían hecho mucho daño en el pasado y sufrímos mucho por eso. En cuanto a Julius, él sí que salió con Zafiro, y tuvieron una preciosa hija de la cuál no recuerdo el nombre." explicó el fantasma. Aquello no debía ser muy importante, ya que no hizo muchos esfuerzos por recordarlo.

"Me dijiste que las heridas se curaban. Entonces, ¿por qué explicarme todo ésto si no importa mucho?" preguntó Cloe con las manos aferradas al pecho.

"Quiero que dejes atrás ese miedo a estropearlo todo. Por mucho que parezca que tengas miedo al cambio... sé que tienes más miedo a cambiar tú las cosas y liarlo todo, pero sólo puedes evitarlo si no tienes miedo. Si te he dicho todo ésto es porque a pesar de ser muy parecidas, no tenemos porqué compartir la dirección de nuestros destinos. En parte estoy intentando soportar tu idea de que la rabieta de Zak porque leyeras mis memorias es algo incomprensible, pero normal al fin y al cabo. Es normal que creyera que me imitarías."

"El problema es que no tenía que haberme ido." afirmó la peliazulada más joven con rotundidad, "Me he enfadado por algo que no venía a cuento en ese momento, y él sólo quería que no hiciera algo mal."

"Cloe... ¿tú porqué crees que estoy aquí?"

La otra intentó pensar con cabeza esta vez. Quitando esas anécdotas y alguna lección suelta, Lunna no había hecho mucho allí, "No lo sé. Aconsejarme, ¿no?"

"El día que murió Caleb, cuándo te refugiaste en el lago en búsqueda de tranquilidad, yo estaba allí, observándote." dijo el fantasma, "Desde entonces, estuve más atenta de lo habitual, viéndote a veces caer y otras veces siendo feliz. Me disgustó que no te viera tan feliz cómo te conocía, pero acabé entendiendo tus razones."

"Pero... ¿qué haré ahora? No he encontrado mi zenit aún, y se acaba el tiempo." Cloe se tiró de los pelos, con el punto de estrés ya cerca de ella.

"Una cosa es que no lo hayas encontrado, y otra es que lo sepas."

La princesa se apartó las manos de la cara y miró a la otra con una pizca de pánico, "No te entiendo."

Lumma rió como si fuera lo más fácil del mundo, "Cloe, quizás no lo parezca, pero lo único que necesitabas era darte cuenta de que tus problemas afectaban a la gente más de lo que parecía, y enfrentarte tanto a los problemas como a la gente que se metía en ellos." explicó, "Te has enfrentado a Zak, le has dicho lo que sientes y has visto tus miedos en tus pensamientos. Dímelo tú, ¿no crees que es hora de darte una oportunidad?"

Fue la primera vez que una sonrisa genuina encontró su camino hasta la cara de la afligida peliazulada, "Entonces... ¿ya está?"

"Obviamente no... tengo algo para tí." Lunna hizo aparecer un cetro en su mano, "Lo he llevado durante años, y creo que ahora es tu momento." sonrió la translúcida, "El Cetro de Andrómeda es poderoso y se maneja con la imaginación. Si puedes imaginarte algo con ello, se hará realidad."

El cetro consistía en una larga y sólida rama que medía una una cabeza y media menos que Cloe, con un semicírculo que apuntaba a un lado y una voluta blanca dentro del semicírculo. El cetro de madera oscura terminaba en punta, y congelaba parte del suelo con toques en el suelo. La Princesa de los Hielos Eternos miró la pieza, y lo agitó por el aire con altanería. Después, lo pasó horizontalmente por el aire con rapidez, creando una barrera de hielos punzantes que apuntaban a la luna desde el borde del lago.

"Muy bonito. Ahora... creo que ya sabes qué debes hacer." le dijo Lunna, ahora seria.

Y ahora, Cloe lo tenía muy claro, "Senza está en Punta Central. Los demás irán allí mañana, seguramente." afirmó la soberana con seguridad, "Debo volver con ellos y ayudarles."

"Quieta ahí, ovejita." le paró el espectro cuando la peliazulada viva iba a irse, "Lo más seguro es que les tiendan una trampa nada más llegar al templo. Deberías quedarte aquí y entrenar con el cetro y sus habilidades."

"Es verdad... Si mañana atacan, ¿cómo va a sobrevivir Zak si no ha encontrado su zenit?" se preguntó Cloe enfrente de Lunna.

"La luz que viste detrás de tí mientras huías era la luz de Quimera dándole su poder a Zak. Es posible que el chico estuviera rendido y al caerse acabara por rendirse. Quimera debe haberle dado energía al haber perseverado y haberte seguido durante un rato. Si ambos tienen cosas en común, pensar que lo tienen todo debe ser algo que tienen en común. Seguramente ya tendrá el Bastón de Capricornio en sus manos..."

"Si Quimera le ha dado el bastón es porque estaba materializado aquí, ¿no?" Lunna asintió, "Me dijiste que como tú moriste de una manera distinta a ellos sólo tú podías salir del templo."

"Es posible que haya hecho un gran esfuerzo para salir. No tengo ni idea." divagó la Guerrera de la Estrella.

"¿Por qué no aprovechas para hablar con él?" el fantasma miró a Cloe, fuera de su estupor, "Podrías arreglar las cosas."

"Quimera no me puede ver. Es cierto que podría ver a Zafiro y a Julius por lo que tengo entendido, pero no a mí. Es raro, siendo todos fantasmas, pero hay razones que te explicaré después." dijo Lunna con un tinte de tristeza, "De momento, debo explicarte algunas cosas."

"¿Como cuáles?"

"Cómo el desenlace de mi historia."

fin del capítulo siete.•

¿Os he aclarado algunas dudas? Igual no os han quedado claras... pero si no podeis preguntar.