¡Buenas! ¿Cómo os va todo? Me alegro de veros. Hoy... La (única) batalla final en la que se pone todo en el asador. Os hago un recordatorio para los que estén perdidos:

Zak y Cloe están enfadados porque Zak quería protegerla, y ahora ella ha huído para pensar y se ha retirado del equipo, encontrandose a Lunna, Guerrera de la Estrella que también vivió cosas parecidas a ella. Después de una larga charla, le da el Cetro de Andrómeda y empieza a entrenarla después de una misteriosa historia que debía terminar.

Como se me da muy mal las escenas de acción, he preferido meter algo de sentimiento... lo siento. Y también me disculpo por el día de retraso, he tenido muchísimos problemas y viajes, libros etc. Ya solo quedan 2 capítulos aparte de este. dun dun dun (?

Todo claro, ¿no?

soniasc94: ya ves. Lo arreglarán... o no.

yuyi33: PEROPERO ¿porquieee? El suspense alimenta la ansiedad, corazón. Me gusta la ansiedad. Y no te preocupes, no busco respuestas, si no opiniones.

Ivy J: gracias cielo.

kiarika humqwerfidnsla: me encantan tus revs tanto que las suelo leer 2 veces. Eres muy perspicaz y te diste cuenta de lo de Zafiro, ¡buena lectora! Muchas gracias, te aprecio mucho. Lo digo muy en serio. Debes ser la única que dice cosas tan bonitas por aquí con tanto sentido.

Guest: gracias... que bonita manera de escribir.

Seguimos.

¡Consejo! Escuchar:

Say Something - A Great Big World feat. Christina Aguilera

mientras leeis.

¡Vividlo y comentad! - icechipsx

El tiempo se había acabado.

Cómo quién observa un reloj de arena durante mucho tiempo, la espera se había hecho eterna y las cosquillitas de la emoción y el miedo no se hicieron esperar.

Con las alas desplegadas en acción, el pelo recogido y las ideas claras, Cloe era la portadora de la verdad. Ni por un segundo se le había olvidado qué iba a hacer a Punta Central, ni por un minuto se le había olvidado lo importante que era su presencia en el combate final. Llevaba un cargamento de valentía y una buena historia que contar después de una victoria. Tenía tantas cosas que preguntar, tantas preguntas que responder y tantas cosas que debían ser respondidas.

Las cosas como son: Cloe volaba valiente, pero no al cien por cien confiada.

Dejando atrás las pequeñas vías de Icadún, la chica sabía que había llegado a su destino. El terreno se hacía más seco y la vegetación desaparecía, junto al aire caliente y afilado que recorría los terrenos. Se sabía que todos los malignos se escondían allí, pero nadie lo podía demostrar. De hecho, ni siquiera los guerreros actuales sabían si Senza estaría de verdad, y ahora Cloe dudaba que sus amigos estuvieran allí.

¿Y si no estaban allí y hacía una entrada hacia una trampa?

No quería ni pensarlo. Senza era manipulador como él sólo, seductor con algunas (incluída ella. Pero sólo lo intentó una vez y milagrosamente mantuvo las distancias al día siguiente sin que ella supiera por qué. ¿Algún rubio rabioso con dificultades para la ansiedad?) y poderoso, pero no tan inteligente como parecía. Con la que había armado con sólo dejar el trono, ya intentar inundar la región era desproporcionado. ¿Qué le impulsaba a querer acabar con miles de vidas inocentes?

Suspiró. Era una de las cosas que la impulsaban a seguir y no mirar atrás. ¿Estaría Lunna observándola y juzgándola? A la Princesa de los Hielos Eternos le daba bastante igual que la criticaran por su trabajo, pero había veces que le carcomía por dentro que hablaran mal de ella sin conocerla. Aunque muchas opiniones pudieran ser ciertas, no le hacía mucha gracia de todas formas. Le daba igual, pero no completamente.

Punta Central era ahora una erosión masiva de lo que fue en un pasado. Cloe lo recordaba perfectamente:

La entrada repleta de plantas y rosas. El camino recto hacia el orondo templo, con setos cuadrados a los lados que lo hacían parecer un laberinto de gran sencillez. Los cielo claros y concisos, con un simple tono azul que a pesar de ser común, era especial coloreando el cielo. La gente riendo de camino o de vuelta del templo, aquel edificio que tenía muchos nombres pero la peliazulada siempre llamaba Templo Iris.

En ese preciso momento cuando Cloe aterrizó en lo que sería la entrada de Punta Central por aquel entonces, un escalofrío se detuvo para admirar la escena. Llamarlo reino era tontería y llamarlo bonito escocía en la conciencia. El suelo tenía un color rojizo gastado, ya no había platas bonitas ni setos cuadrados, si no un desierto árido con rocas picas. El cielo no era azul, pero tenía un color rojo por encima como un manto semitransparente. Igual había azul detrás de la nebulosa, al igual que humanidad detrás de la persona que era Senza. El templo parecía un castillo sacado de una película medieval, rojo como marte y con una sola entrada oscura para entrar, entristecido por el silencio que mataba el ecosistema.

Parecía que no, pero algo le decía a Cloe que la naturaleza no había sido la causante de esto al completo. La madre naturaleza habría tenido piedad, Senza no.

El ex Príncipe de las Aguas Perpetuas no parecía una gran amenaza desde fuera, pero la chica de ojos azules sabía mucho más. Tenía tratos con él desde hace más tiempo y mucha paciencia para aguantar su filosofía, lo cual ayudó bastante para entenderlo. Senza tenía una mente preciosa, pero un alma torturada. Manipulador y engañoso siempre acompañaban su nombre como eterno acosador, y la chica no podía negarlo. Era muy manipulador, osado, todo un complot de lo que ella no soportaba. Quiso romperla una vez y parecía buscar la revancha en cada momento de su vida, incansable y monótono como una piedra rodando cuesta abajo. La molía, la destruía, la amargaba. Era malo siendo amigo, era el diablo como enemigo.

Pero algo, algo le decía que había una razón detrás, y no iba a parar hasta encontrarle las cosquillas.

La princesa de Laynn estaba a dos metros de la fortaleza que una vez fue templo. Se sentía como en los videojuegos antes del jefe final... ahora se supone que podría guardar la partida, ¿no? Pero en absoluto. La siguiente batalla no era un juego y solo tenía un intento. Por ello, decidió jugar astuta y precisa, usando el vuelo como baza ganadora.

Cloe se impulsó un poco para asomarse por la ventana al lado de la entrada, y miró un poco, con los nervios de quien juega al escondite y no quiere ser descubierto. En lo primero en lo que se fijó fue en Senza. Tenía el pelo más corto y del color de la medianoche, la piel más palida y más masa muscular. Le daba miedo especular que se veía más atractivo, pero algo le paró el pulso cardíaco.

Sus amigos estaban encerrados en una jaula cúbica de cuatro metros cuadrados de base y una sólida pared de hielo un poco débil. Pensó porqué Zak no atacaba, pero luego vio un pulsador cerca de Senza, y le dio pavor que al rubio le diera por romper la jaula. Fenzy y Kiet estaban cansados, sentados en el suelo respirando. Debían haber pasado por una gran batalla antes de caer en la trampa, pero algo parecía impulsar al Príncipe del Sol que le daba energías. Un brillo en su mirada, sus embestidas contra el cristal, ¿qué le recargaba?

Agradeció a Lunna que llegara tarde, pero lo sintió por sus otros dos amigos. Ojalá pudiera haber ayudado.

Ahora ella sabía que hacer. Sacó su arco y dos flechas encantadas de hielo y cristal reforzado, tensando la cuerda y cerrando un ojo para apuntar. Se sentía como un francotirador, su puntería diría el destino de sus amigos, de la región.

Entonces disparó. La flecha recorrió el espacio y dió en el centro de la armadura de Senza antes de que Cloe se apeara y entrara por la ventana. Sus piernas se estremecieron por la caída, pero sobrevivieron después de una sacudida. La guerrera aún sostenía el arco y una flecha, mirando a Zak, quien estaba sorprendido y a la vez alegre de que estuviera allí. Igual sus dudas sobre su fuerza ya no eran tan persistentes.

"Vaya, vaya. ¡Vaya!" aplaudió Senza quitándose la flecha de la armadura bajo la incrédula mirada de Cloe, "Resulta que la gallinita de la región vuelve a las andadas. No me adelantes información, ¿huirás o me soltarás una charla sobre algo que no me interesa?"

Justo cuando iba a decirle algo, recordó que hacerla rabiar era lo que el chico quería. No podía permitirse cometer errores esta vez. No.

"Ahora te callas, curioso." se regodeó Senza, "Dímelo tú, ¿te ha comido la lengua el gato?"

El vacile de su enemigo le hacía sentir como una colegiala acosada por los pijos de su instituto. ¿Diría algún día algo bueno que no fuera sobre sí mismo? Apretó los puños y juntó los dientes. Tenía que darse una oportunidad a sí misma, no dudar y no seguirle la corriente. Seguía sintiendo rabia, seguía sientiendo ese enfado y esa corriente caliente por todo el cuerpo. Aún así, esta vez no era hacia su incapacidad para plantarle cara, si no por el enemigo que ahora se acercaba a ella tenaciente y grotesco.

El Cetro de Andrómeda apareció en su mano derecha por invocación involuntaria, que apartó a Senza de su zona de prepotente y le hizo retroceder unos pasos, "¿Qué haces con eso?"

Cloe sonrió, sintiendo que ahora tenía la sartén por el mango, "Esto."

La peliazulada dió dos toques en el suelo con el cetro y una cola de hielo persiguió el suelo hasta llegar a la jaula, trepando por ella y recubriéndola con una capa blanquecina que emborronó la vista de los guerreros dentro de la jaula. Pero no por mucho tiempo. Con la mano izquierda, Cloe hizo un movimiento horizontal imitando a un cuchillo, que rompió la jaula e hizo que trozos de pared volaran al suelo y liberara a sus amigos, que la miraron agradradecida con las armas ya empuñadas.

Fenzy se reunió con Cloe, chocaron palmas y volvieron a contraer una pose de batalla imitando a la que tenían Zak y Kiet detrás del enemigo con la espada y el martillo mas el bastón del rubio listos para combatir.

Zak empezó a atacar, intentando atravesar a Senza con la espada, pero éste lo bloqueó, sabiendo su rival directo al instante. El rubio dio las órdenes necesarias antes de volver a atacar:

"¡Kiet! Busca la palanca para abrir el techo, ve con Fenzy ¡y hazlo rápido! Cloe, tú-"

Cuando Zak se calló, la peliazulada se atrevió a mirar hacia atrás, sintiendo un aliento frío en la nuca. Un clon de Cloe, completamente oscuro y con los ojos blancos sin alma, sujetaba el mismo arco que ella en una mano, el doble de grande y con una flecha en la otra mano, llena de pinchos. El clon hizo un ademán de atacarla, pero Cloe reaccionó y saltó a un lado por si acaso, con una flecha lista para ser disparada y su bastón atado a su espalda, apuntando a la cabeza del ser oscuro.

La imitación corrió hacia ella con la flecha como espada y una sonrisa cruel y despiadada. La batalla por los reinos acababa de empezar.

Un cuarto de hora después, el reto aún no parecía haber empezado.

El clon ahora estaba acorralado, sin armas ni maneras de salir. El problema: Cloe no tenía flechas. No tenía armas salvo el cetro, pero la materia oscura no se podía congelar ni quemar, sólo atravesar. Y estaba cansada, tan cansada, que la cabeza no le daba para pensar. Ojalá diera más de sí, pero no podía, era imposible. Estaba despeinada, con la coleta un tanto deshecha y la cara roja de tanto moverse. Si el clon estaba siendo duro de roer, el maestro debía estar siendo coser y cantar para Zak, sarcásticamente hablando.

Cloe dejó que el cansancio se apoderara de su mente y actuara con sus instintos primitivos. Cogió el arco con cara de dolor, echó el brazo hacia atrás y lo lanzó contra el monstruo de materia oscura, que se desvanecía entre ruidos que parecían una mezcla entre gruñidos y gritos.

Una vez concluida la misión, la chica miró hacia arriba para darse cuenta de que el techo estaba abierto y el sol daba plenamente en el suelo de la fortaleza y bañaba los cuerpos de Zak y Senza, aún en una pelea dura de pelar. Hacía sol por un día entre muchos, y Cloe juraría no haberlo visto antes de entrar. Se cubría los ojos para no quedarse ciega, con una leve sensación de cansancio por las venas.

Ese sol le recordó algo... un fragmento de una memoria que Lunna compartió con ella...


"¿Lunna?"

Sentada al borde del Lago Nunsa, la chica miraba la luna con aprecio hacia la tenue luz que emitía, iluminando las olillas del agua que se estrellaban contra el borde del lago, creando un murmullo que hacía el silencio transformarse en tranquilidad. Ella tenía una flor blanca en la mano, de pétalos plateados como las estrellas y estambres amarillos como el sol que su acompañante, ahora a su lado, representaba tan fielmente con su cariño y respeto. Cosas de la vida, que Quimera fuera como el señor Sol: a veces suave y agradable, a veces abrasante e insoportable.

"¿Me llamabas?" preguntó Lunna con una sonrisa en la cara y la cabeza inclinada hacia atrás y mirándole, como si estuviera en un trance. El viento acariciaba el pelo de Quimera con suavidad y le otorgaba ese aspecto tan vulnerable que al principio nunca sospechó que tuviera, ya que al principio era una roca dura y áspera que el tiempo transformó en algo maravilloso.

El rubio rió, "Te buscábamos." aclaró él, "Mañana partiremos a los confines de Punta Central para visitar al Oscuro. Creíamos que habías huído o algo."

El silencio por parte de la chica le susurraba a Quimera que algo no andaba bien, ya que miraba al agua y se le había entristecido la expresión en demasía. Estaba tan rara últimamente, todo el día tomando brebajes extraños y haciendo ejercicios que deberían hacerle bien, pero parecían hacerle el efecto contrario. La vida de Lunna pendía de un hilo que se debilitaba por momentos y los ejercicios la erosionaban poco a poco como una rueda a ras de suelo. La chica cambiaba, antes no era así... Esa no era ni de lejos la chica de la que Quimera se había enamorado.

"¿Todo bien?" preguntó él, haciéndola levantar la mirada, "Pareces... apagada."

"¿Tú crees... que merece la pena?"

"¿El qué?"

Suspiró, "Seguir luchando." dijo ella, "Estoy tan cansada, Quimera, tan vulnerable. Soy el objetivo de todos los equipos del Oscuro, ya no doy nada bueno al equipo." y volvió a suspirar, "No lo entiendo. No me entra en la cabeza como he terminado así."

"Lunna..." resopló Quimera, posando su mano encima de la de su amada, "Ojalá pudiera convencerte, ojalá pudiera hacerte ver lo valiosa que eres para todos, pero sé que eres un caso perdido. Pero como yo tampoco tengo remedio, lo intentaré una última vez." la peliazulada rió con suavidad, dejando que su compañero le pasara su brazo izquierdo por sus hombros, "Te juré que te protegería, y aún pienso hacerlo. Juré ser buen amigo y creo que lo he cumplido. No voy a dejarte caer así, lo entiendes, ¿no?"

La chica sonrió, pero no podía sentirse agraciada por sus palabras. Lo deseaba con mucha energía, pero es que no podía. Le habían roto muchas veces el corazón y ya no podía confiar en él. No sabía qué era sentirse amada, quería sentir ese calor del amor que a veces sentía de parte de Quimera, quería amar con todas sus fuerzas. Pero... ya no tenía las mismas fuerzas que hace unas semanas. Se le había acabado el tiempo y las oportunidades, y no podía continuar. Armarse de valor y luchar por un día más ya no era tan sencillo como abrir los ojos.

"Lo entiendo... pero no quiero que te metas demasiado en el papel de héroe." le explicó Lunna, "Sabes perfectamente que yo también te protegeré cueste lo que cueste."

Y él lo sabía, "Por eso, te haré una promesa." dijo Quimera, serio como un rey, "Aquí mismo y ahora te juro que si no te protejo con mi vida y mi salud, estallará una tormenta voraz y salvaje que perjudicará a cualquier ser oscuro sobre la faz de la región."

"Me... ¿me lo prometes?"

Quimera besó su frente, "Te lo prometo." Lunna posó su cabeza sobre el hombro de su compañero, intentando fingir sentir ser querida por una vez.

"Es mi promesa." susurró él.

"Llegué a oír esa frase. Me estremecí por la seriedad con la que lo dijo todo..." terminó Lunna de relatar.

"Y... ¿qué pasó después?" preguntó Cloe.

Lunna calló, y miró a un lado con la expresión solemne y sombría.


Recordaba la memoria como si estuviera ahí, pudiera agarrarla y estrujarla. Miró a su lado, dónde Zak y Senza seguían chocando espadas. Le asustaba la idea de que el villano le ganara la batalla, y se quedara sola contra ese chico, claramente más fuerte. Todo pendía de su mano ahora mismo. Lo único que podía hacer era ayudar.

"¡Dímelo! ¡Explícamelo!" el rubio avanzó unos pasos, haciendo a Senza retroceder con una gran estocada, "¿¡Por qué tienes que ser así con todo lo que te rodea!? ¿Por qué el dolor? ¡el rencor!"

Senza respondió tirándole la espada al suelo con gran fuerza, dejandole a Zak desarmado exceptuandosu bastón. Rugió como un león en libertad, "Desde tu trono de oro todo se ve perfecto, ¿a que sí? ¿Sabes lo que es vivir en la sombra de todo lo que te rodea? ¿Sabes lo que es que te machaquen a golpes en el colegio por ser diferente y tener un potencial mayor? Abusaban de mi confianza, mis padres me abandonaron por que se avergonzaban de mí por ser poderoso, la gente empezó a temerme. Huí de casa al Bosque de Cristal, reprimido y manejando planes para empezar a ascender de nuevo, ¡y largas noches después, lo logro! La rabia, el dolor de ser apartado, el miedo por ser rechazado que antes no tenía. ¡Ninguno de vosotros llegaría a entenderlo, todos salvo Cloe! Ella es la única que entiende la presión social, la soledad que encierra a la persona por ser diferente." Senza hizo desvanecer su espada, deteniendo la batalla para agarrarse de los pelos, "Es tan malo ser marginado, ¡la tristeza del vivir! Pero ahora todo ha cambiado, ¡yo manejo todo lo que ocurre fuera y dentro de mis barreras!"

Con el cetro en mano, Cloe había escuchado cada palabra con la boca entreabierta. Tenía miedo a admitirlo, pero sí que le entendía. La soledad, el miedo a la inseguridad, la inseguridad por el miedo, la agonía de no querer seguir adelante. Todo ello podía oscurecer a alguien como Senza, pero no a la peliazulada que le temblaba el pulso. Tenía una mente virgen, sin pensamientos oscuros ni deseos prohibidos. Pero... quién sabe. ¿Y si algún día ella misma está en su lugar?

Zak sabía que toda esa historia iba con segundas, cómo no reconocer ese deje de convicción que llevaba oyendo toda su vida, ¿tan vil era su sordera? Ojalá no hubiera mermado a Cloe de ninguna manera, ojalá esa seguridad que ella parecía haber recuperado no la bajara de la nube en unos pocos segundos que sabían a puro metal. Zak le puso el bastón bajo la barbilla, preparado para quemarle vivo como siguiera así, "Ni se te ocurra." le dijo de regañadientes, "No sigas por ese camino."

El enemigo invocó su espada de nuevo, apartando el bastón del guerrero de un golpe y obligándolo a correr para recoger su espada. El bastón había caído en frente de Cloe tintineando en el suelo un par de veces, "¡Zak! Tu-"

Viéndole ocupado con su batallita de príncipes, ella recogió el bastón con el suyo propio en la otra mano, mirando las diferencias entre ellos. El de Zak era mucho más antiguo y claro, con hendiduras a los lados y un fin puntiagudo. Una llama latía dentro de una esfera de cristal dentro de una C que miraba al cielo. Ambos eran similares. Mirándolo con perspicacia, juntando ambos bastones, las partes de arriba casi completaban una circunferencia perfecta. Casi. Habría sido muy bonito que coincidieran.

Entonces recordó algo que le dijo Lunna antes de irse,

"Encuentra un nexo común entre tú y Zak. Hazme un favor... y cumple la promesa de Quimera en su nombre."

¿Y si los bastones eran la clave del enigma que el espectro le planteó la noche anterior? ¿Y si para cumplir la promesa de Quimera debía encontrar una manera de unir sus almas de una manera más espiritual de lo normal? ¿Y si tenía a respuesta delante?

Entonces entendió, sujetando ambas armas con la cara asombrada, sintiendo la tensión de ambos poderes conectándose, anulándose entre ellos en una voluta en el corazón de Cloe. Sentía sus manos iluminarse, con cables de plasma iluminando sus venas con perlitas azules o naranjas desde cada torrente. Era como un pelo que rozaba entre los dedos, creando una suave sensación.

Ambos cetros empezaron a temblar, quizás por la contrariedad de sus elementos, y un láser salió de cada voluta y se unieron en un bucle. Ambos empezaron a atraerse como imanes, y por mucha fuerza que ella hiciera, ambos seguían moviéndose el uno hacia el otro. Cloe intentó varias veces separarlos con tirones, pero no logró nada, "¡Agh!"

El enemigo dejó de luchar, al igual que Zak cuando oyó a Cloe gritar, "¡No! ¡Para, o nos mataras a todos!"

Inocentemente, Cloe soltó los bastones para poner las manos en su cintura, con las cejas juntas, "¿Que los pare o los deje juntarse?"

Los bastones adquirieron más inercia, expulsando luces al suelo que carecían de peligro pero no de magia. En un intento de parar lo inevitable, la chca agarró los cetros casi fusionados, produciendo haces de luz por toda la magia junta, "¡No!" y los cetros se unieron en uno, en medio de una luz amarilla radiante en las manos de Cloe.

El cetro resultante era blanco con haces rojos que recorrían el cetro alrededor de su cuerpo, con una bola negra sólida arriba que estaba completamente hueca almacenando algo que todos desconocían. No pesaba y se acomodaba en la mano derecha de la guerrera como un guante. Así que... esas eran las almas de Quimera y Lunna, ¿no? Tenía sentido: algo fuerte con una parte algo más débil, bonito y con gracia, muy versátil y cómodo. El hielo debía ser lo blanco, y el rojo enfurecido el fuego. Lo negro, aún así, era un misterio. Pero eso poco le importaba, ya que ahora sabía que tenía que hacer.

El chico oscuro palideció al ver el cetro, "¿Qué vas a hacer con eso?"

La chica movió un poco el cetro, viendo como una estela blanquecina lo seguí fielmente y creaba patrones en el aire, "Ésto."

Dándo un gran salto al cielo ante la atónita mirada de los guerreros, la peliazulada de ojos del color de los delfines levitaba en la suave brisa, y contempló que el cielo por encima de ella se había abierto como una bóveda y que las nubes empezaban a desaparecer. ¿Acaso habían sido vistas sus intenciones y el cielo empezaba a clarear como consecuencia? De todas formas, seguía estando confusa, con terror a matar a todos los que la rodeaban. Pero... de repente, todo aquello desapareció. El miedo, la inseguridad, y la ira se abrió camino en su mentr para establecer un nuevo destino. Algo brillante, algo que sacara la luz de la oscuridad y la hiciera desaparecer.

Apuntó con el cetro al sol, y viento se levantó desde debajo suyo y la empujó algo más arriba, acercándose algo más a la divinidad. Quería hacer llegar un mensaje, quería decirle a Quimera que estaba cumpliendo aquella promesa que él no pudo llegar a cumplir. Quería hacerle saber que su misión había sido llevada a cabo y ahora Lunna estaba feliz por una vez en mucho tiempo. Que había traído a ambos a la faz del reino por unos segundos. El cetro vibraba, marcando el momento de la venganza, el momento de que la justicia brillara antes de que ella dijera dos palabras significativas.

Vamos Cloe...

sé que puedes...

¡HAZLO!

"¡TORMENTA PROMETIDA!"

Y el escenario se bañó en una luz brillante y cegadora, que absorbió la energía de todos y explotó con un gran ruido sordo, justo antes de que el cetro se comiera la voluntad de Cloe y esta cayera fuertemente en el suelo, inconsciente pero no dormida como todos los demás.

Pero sólo una persona tuvo esperanza, se arrastró aún conservando algunos ápices de consciencia y envolvió a la Princesa de los Hielos Eternos en un abrazo, que por una vez, era completamente genuino, "Cloe..." se inclinó suavemente, reposando su frente encima de la de la chica inconsciente, llena de heridas de guerra por la luz y el espectro de antes, "...te recuperarás..."

Y por una vez, por una vez, el silencio y la paz reinaron en aquella zona.


La zona de batalla siempre había sido un lugar de heridas y sufrimiento. Quimera estaba preparado para todo: para las heridas, la sangre, todo lo físico que se le ocurriera.

Pero desde luego, no estaba preparado para esto.

"¡LUNNA!" gritó él desesperadamente.

El Templo Hiralda se derrumaba a pedazos, sacudiéndose entre golpe y golpe. Y la chica que antes sonreía, sabiendo que tenía los segundos contados, yacía a unos metros, con los ojos cerrados y un feo corte en el estómago y mucha sangre cerca. Se había metido en una batalla que el rubio creía que nunca ganaría, pero mataba poder decir que una grave herida había sido lo único que costó. Porque Lunna dejó que la capturaran para distraerle, y que el guerrero pudiera coger su arma que las bestias le arrebataron. La barrera de Julius y Zafiro aguantó la energía del oscuro para que no afectara al exterior mientras el interior moría.

Quimera quería pensar que la sangre era del Oscuro, quería pensar que era todo un sueño. Pero cuando el templo dejó de derrumbarse y el techo ya había caído al completo, supo que era el final y no había vuelta atrás.

"Lunna, ¡Lunna!" Quimera la acogió en sus brazos, sacudiéndola como una muñeca, "¡Respondeme! ¡Dime algo!"

Cuando la sintió moverse un poco, respiró aliviado, pero ella no abría los ojos y parecía estar dormida. Todo su cuerpo estaba inerte de cuello hacia abajo, y Quimera, muy en el fondo, sabía que era el adiós. No volvería a verla sonreír, ni pestañear ni reír a su lado o llorar sus desgracias. No más Lunna.

Sólo un vacío a su lado que nunca podría llenar.

Nunca lo admitiría, pero reconocía para sí mismo que todo aquello había sido para distraerle de algo más valioso. Le había dado la espalda, la había dejado atrás. Y eso era lo que ella quería. Había dejado al Oscuro agarrarla y clavarle sus uñas hasta desangrarla mientras Quimera recogía su arma. Había dejado que la trataran como un perro trata a un juguete roto por los mazazos de la vida.

Había intercambiado una victoria por el amor de su vida sin verlo con claridad. Había cambiado tres minutos de placer de una batalla ganada por un amor eterno.

La chica había abierto los ojos, viendo al chico llorar su dolor como muchas otras veces había deseado que hiciera. El rubio no había estado allí en esos tiempos que le necesitaba, y nunca se lo reprochó. Nunca dijo una palabra, nunca llegó a despedirse a pesar de saber su destino como si ella misma lo hubiera escrito. Ojalá hubieran podido confiarse sus sentimientos, ojalá hubieran hecho todas esas cosas que Lunna siempre quiso hacer. Ojalá hubiera experimentado ese sentimiento de sentirse amada, querida y protegida, y hubiera pasado sus idas y venidas con Quimera en vez de sola por no querer que alguien sintiera pena.

"Escúchame, ¿vale?" le dijo él claramente, aún sabiendo que ella igual no podía escucharle, "Te pondrás bien, te curarás... lo sient-to... te he fallado, ¡te he fallado!"

Y ahí Quimera rompió a llorar la promesa que no llegó a cumplir, sintiendo ese remordimiento de perder a la persona que más te importaba. El no volver a ver el sol debía doler... pero el traicionar a aquella que tanto querías era peor que eso. La necesitaba tanto que dolía, cada respiración sin su aroma a vainilla acompañando el aire aburrido le asfixiaría. Sentir sus manos delicadas dentro de las suyas ya no sería rutina, compartir las estrellas como si fueran suyas se esfumaría. Llorar sin estar a su lado sería aún más amargo, las comidas no tendrían sabor en su ausencia. El mundo no tendría color sin su sonrisa en su mente, porque el panorama actual se le grabaría en la mente y no lo olvidaría nunca. La gente ya no importaba si Lunna no estaba en ella, la música estaría vacía sin sus tarareos sin sentidos y su voz de seda.

Era todo tan exagerado que tenía sentido. Era todo tan real que daba pánico estar sin ella en cualquier momento del día.

Su imagen cubriría el sol y las voces de los niños le recordarían aquel júbilo de tenerla a su lado. El verdor de los valles eran su optimismo, la rojez de atardecer siempre le persiguirían como el color se su sangre, secándose mientras ella cerraba los ojos. La primavera no tendría sentido sin que ella paseara bajo los cerezos agarrada a su brazo; el verano dolería sin su hielo para calmarle; el otoño le recordaría a lo seca que se le quedaba la garganta cada vez que le abrazaba, abrumado por su cariño; el invierno le mataría sin las bufandas que Lunna le tejía y no tendría a nadie a quién dejarle su abrigo. Nadie se quejaría del calor de algunos días para luego echarlos de menos a la primera ola de frío. ¿Quién le reiría los chistes sin ser graciosos y discutiría con él para luego reirse sin más?

Nadie en absoluto. Nadie le entendía como ella. Pero nunca pudo decírselo, sólo se dedicó a herirla sin darse cuenta. Era tan frágil, siempre lo había sido.

"¿L-Lunna?" no obtuvo respuesta, si no miradas de pena de Julius y Zafiro, sorprendidos porque no hubiera roto nada aún, "No, no no no no ¡¡NO!"

Lunna dió su último respiro, dejándo el mundo tal y como lo conocía y haciendo un viaje hacia el mundo siguiente. Pero detrás de ella entre lágrimas y sangre, dejó a alguien roto por su marcha.

Quimera nunca llegó a recuperarse por la muerte de Lunna. Nunca se lo perdonó, el haberla dado la espalda sabiendo que ella no lograría ganar la batalla.

Pero ahora, su promesa ya había sido cumplida. Las almas de Lunna y Quimera se habían unido para un último baile de magia y secretos a la luz de un poderoso hechizo, que logró neutralizar a Senza de una vez por todas. En un rincón del universo, había sitio para el amor de Lunna y Quimera.

Pero la verdadera pregunta es,

¿sería duradero el silencio del enemigo?

fin del capítulo ocho.•

Odio este capítulo. Mal escrito y demasiado triste al final. Ay.